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En Puntos de vista | F.J. DÍAZ REVORIO  hoy 

redacción

EL MIRADERO

F.J. Javier DÍAZ REVORIO




RINCONES DEL TOLEDO DESAPARECIDO
 

Mis lectores saben que periódicamente me gusta dedicarme a temas toledanos, y entre ellos la reseña de libros recientes, o de fotografías o imágenes de la ciudad. Por ello esta semana dedico con mucho gusto el "miradero" a una obra que aúna de alguna manera las características apuntadas, ya que es un libro relativamente reciente (editado en 2011 y asequible en nuestras librerías), cuyo objeto central son dibujos que tienen como motivo diversos lugares y escenas del Toledo histórico y presente. Se trata de la obra de Fernando Aranda Rincones del Toledo desaparecido. Es un libro cuidadísimo cuyo objeto central son los 261 dibujos a plumilla en blanco y negro realizados por su autor, pero en el que también ocupan un lugar importante los textos que explican la historia y alguna de las características de cada lugar. Creo que es sin duda una obra única que va a constituir una referencia ineludible en la bibliografía local, y en la que se percibe la labor de investigación y documentación necesaria tanto para las explicaciones textuales como para las propias imágenes, sobre todo para las históricas.

Hoy, por suerte, contamos con excelentes libros de imágenes del Toledo actual, e incluso se anuncia (ya hablaremos) una excepcional obra fotográfica sobre el Toledo histórico con el título de "Toledo olvidado". Pero estos preciosos y delicados dibujos a plumilla tienen un valor excepcional, no solo porque en algunos casos muestran escenas y lugares que ninguna fotografía puede ya reflejar, sino porque todos y cada uno de ellos transmiten una visión personal del autor, única y conscientemente idealizada de nuestra ciudad. El prologuista Gabriel Mora del Pozo destaca la idealización de estas perspectivas "con una espiritualidad sentida y deseada que nos hacen relacionar esta obra con algunos de los ideales del romanticismo histórico". Y el propio Fernando Aranda reconoce sin ambages que el libro "es ante todo un homenaje a la belleza y el romanticismo que atesora la ciudad de Toledo". En efecto, yo diría que el libro rezuma romanticismo en estado puro, y es una autentica joya que todo aficionado a la bibliografía toledana debería poseer, porque sus páginas son la única manera de viajar a un Toledo histórico, tal vez a mitad de camino entre la imaginación y la realidad, pero en todo caso irrecuperable por cualquier otra vía. Y a veces pienso que ojalá fuera así nuestro Toledo de hoy...

 

LORCA Y BELAUNDE EN LA VENTA DE AIRES

 

La vinculación de Federico García Lorca con Toledo es conocida, ya que estuvo entre los fundadores de la llamada "orden de Toledo", de la que formaron parte también Dalí, Buñuel o Alberti. Esta orden era en realidad un grupo de amigos amantes de Toledo y un tanto juerguistas, pues entre sus preceptos estaban vagar una noche completa por Toledo, borracho y en soledad, o amar Toledo por encima de todas las cosas. Uno de los lugares favoritos de esta orden para comer era la Venta de Aires, donde solían pedir tortilla, perdiz y vino blanco de Yepes. Pero ahora quiero referirme a la amistad de García Lorca con el político peruano Víctor Andrés Belaunde, que sin embargo su biógrafo Ian Gibson confunde erróneamente con Fernando Terry Belaunde, quien sería mucho más tarde presidente del Perú en los períodos 1963-68 y 1980-85. Mi amigo y colega Domingo García Belaunde, nieto de Víctor Andrés, demuestra esa incorrección de la que seguramente es la mejor biografía de Lorca, aduciendo como prueba (aparte de que Fernando Terry en 1936 no era político ni estaba desterrado como señala Lorca en una carta) el encuentro que en febrero de 1936 mantuvo Lorca con Víctor Andrés y sus hijas Mercedes y Sofía, así como con Raúl Porras. Este encuentro se produjo precisamente en la Venta de Aires y del mismo hay constancia documental (una fotografía y un dibujo realizado por el propio Lorca). Todo esto se narra con más detalle en www.garciabelaunde.com/articulos.htm o www.ventadeaires.com/historia-de-garcia-lorca-en-venta-de-aires.

Domingo García Belaunde ha querido conocer el lugar de aquel encuentro, y en una visita a Toledo este mismo año 2012 le he acompañado al restaurante, donde comimos junto con otras personas. La Venta de Aires es sin duda uno de los más antiguos restaurantes toledanos, y se ha ganado su condición de lugar absolutamente tradicional de nuestra ciudad. La actual gerente del mismo, Cuca Díaz de la Cuerda, nos atendió de forma excelente y fue muy receptiva a esa historia, aunque el actual libro de registro de firmas ilustres del restaurante comienza justo poco después de aquel encuentro, pues los anteriores se perdieron por la guerra. Y allí reeditamos de alguna manera aquella foto histórica, pues aunque el escenario haya cambiado ligeramente y los personajes fuéramos distintos, mi amigo Domingo servía de algún modo de enlace con la pequeña historia de aquel encuentro entre su abuelo, su madre, su tía y el genial poeta al que le quedaban -aunque no cabía imaginarlo- pocos meses de vida.

 

ISABEL

 

Es posible que después de la serie “Toledo” el listón de las producciones históricas españolas para televisión haya caído tan bajo que cualquier producto un poco serio y riguroso tienda a ser valorado de manera indulgentemente positiva. Pero a mí me parece que la serie “Isabel”, que Televisión Española está emitiendo desde hace unas semanas, se sitúa claramente en un buen nivel desde las perspectivas artística, argumental, y de la pedagogía histórica. Para ser sincero, tuve inicialmente mis dudas debidas a la elección de algunos actores, y en particular porque Michelle Jenner no me recordaba demasiado a la imagen que yo tenía de la Reina Católica. Desde luego, una simple revisión de imágenes a través de un buscador de internet me confirmó que mi memoria no me fallaba, y que por tanto ese parecido no es el punto fuerte de la serie, aunque a decir verdad resulta más guapa la actriz que la verdadera Isabel de Castilla. Pero esta circunstancia pierde enseguida relieve porque tanto la actriz protagonista como el resto de los actores resultan pronto creíbles, merced a un buen trabajo de los mismos, y también a una adecuada ambientación de los personajes y de los escenarios.

Desde el punto de vista propiamente histórico, aunque no soy especialista en la materia creo que la serie resulta suficientemente rigurosa, lo que he confirmado cuando he intentado profundizar en la biografía de algunos de los personajes (lo cual ya es un mérito atribuido a la serie, pues logra generar la curiosidad). Además no se intenta tomar partido en hechos que históricamente no están zanjados, como por ejemplo en el asunto de la paternidad de Enrique IV en relación a Juana llamada “la Beltraneja”. Pero lo que más me gusta de “Isabel” es el tratamiento psicológico de la mayoría de los personajes. Lejos del maniqueísmo y la simplicidad de producciones en las que los personajes o son puramente buenos o están por completo dominados por la búsqueda del poder, el dinero o el sexo (o todo ello), esta serie nos muestra las luces y las sombras que hay en la mayoría de los seres humanos, y en algunos de ellos aparecen, junto a la capacidad para la intriga, la firmeza o la autoridad en ciertas situaciones, sentimientos como la fe, el respeto a la familia o el amor a la patria. Y por esta vía, por ejemplo, el personaje protagonista, sin llegar a ser un dechado de virtudes que resultaría increíble, logra generar admiración porque el espectador alcanza a vislumbrar la formación de la personalidad de quien sería más tarde capaz de convertir un convulso reino medieval en la primera potencia mundial del Renacimiento.

 

TÓPICOS

 

Me llama la atención cómo algunos estudios artículos de opinión publicados en medios extranjeros ofrecen una imagen de España un tanto distorsionada, según la cual parecería que aquí nadie trabaja realmente y no hay verdadero interés en esforzarse en salir de esta situación; ello cuando no se insinúa o se afirma claramente que existen fenómenos de corrupción más o menos generalizadas en los medios políticos o económicos. Paralelamente diversos estudios sociológicos realizados periódicamente, suelen incidir en que la imagen que de los españoles tienen nuestros vecinos europeos es la de un pueblo alegre y amante de la diversión, pero igualmente tendente a la vagancia en lugar de al esfuerzo y al trabajo duro. Naturalmente, todos sabemos que esta imagen está basada en una serie de tópicos generalmente apartados de la realidad mayoritaria. Y aunque es posible que paralelamente los españoles tengamos una imagen más o menos tópica y distorsionada de nuestros vecinos (aunque yo desde luego no lo suscribo, puede que muchos españoles piensen que en general los alemanes son serios y aburridos, los franceses presumidos y chovinistas, los ingleses irónicos y arrogantes, y así un largo etcétera), me pregunto si estos tópicos tienen algún sentido en una Europa en la que se supone que la integración debería llevar a un mayor conocimiento mutuo.

Sin duda ese conocimiento debe empezar por el propio país, y tal vez cabría pensar en que, aunque toda generalización sea injusta, puede que haya un sustrato parcialmente real, aunque tal vez algo obsoleto, para sustentar esos tópicos que no obstante conviene erradicar. Yo, desde luego, cuanto más viajo más me doy cuenta, por un lado, de que las diferencias que tanto tendemos a veces a acentuar son en realidad nimias en muchos aspectos, y que en un mundo globalizado los europeos formamos cada vez más una comunidad bastante homogénea en no pocos aspectos, y aunque el “Spain is different” caló demasiado dentro y fuera de nuestras fronteras, en realidad es mucho más lo que tenemos en común con nuestros vecinos y socios europeos, que lo que nos separa. Y por otro lado, viendo mundo también he comprobado que en España, el que todavía tiene la suerte y la oportunidad de trabajar, trabaja, y que dedicamos posiblemente más horas que la mayoría de los países a la actividad laboral, pues aunque puede que nuestro horario comience un poco después que en otras latitudes, la jornada termina en general bastante más tarde.

 

REPRESENTACIÓN Y DEMOCRACIA

 

Los sistemas democráticos actuales se rigen por el principio de la representación política, de modo que los ciudadanos eligen a sus representantes, que son quienes adoptan las decisiones políticas más trascendentes, sin perjuicio de la presencia eventual de fórmulas de participación directa. Ello es así en todo el mundo, porque la democracia directa, si bien puede resultar idealmente más “pura” desde el punto de vista de la participación y el protagonismo del pueblo en la adopción de decisiones políticas, resulta impracticable en las sociedades modernas como forma única o principal de ejercer la soberanía. Aunque Rousseau opinaba que cuando el pueblo elige a sus representantes “ya no es libre, ya no existe”, la verdad es que hoy se entiende en todos los sistemas que la elección de representantes es precisamente la forma principal que tiene la soberanía popular de manifestarse. Por ello el artículo 1.2 de nuestra Constitución dispone que “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.

Por supuesto, lo anterior es perfectamente compatible con formas de participación directa como los referéndums o la iniciativa legislativa popular, así como con la posibilidad de que cualquier persona ejerza sus derechos fundamentales, como la libertad de expresión o la de reunión y manifestación. Y, desde luego, ese ejercicio puede producirse en un sentido crítico hacia los representantes políticos, el Gobierno o cualquier institución del Estado, o las actitudes o decisiones de los mismos (de lo contrario, los derechos fundamentales no tendrían sentido). Pero estas formas de ejercicio de los derechos deben ser compatibles con el normal funcionamiento de las instituciones democráticas, y por supuesto no pueden suponer una forma de coacción a las mismas o a sus integrantes. Por eso mismo el Código Penal establece como delito la manifestación ante las Cámaras cuando están reunidas, y la misma es todavía menos admisible si pretende coaccionar o forzar a los diputados o senadores a hacer o no hacer algo, o impedirles entrar o salir del recinto parlamentario. En estos casos, y mucho más si algunos de los manifestantes utilizan medios violentos, está perfectamente justificado que las fuerzas de orden público repelan, si es necesario usando la fuerza física de forma proporcionada, la amenaza que la propia manifestación supone para personas concretas y en general para la propia democracia representativa. Y, por descontado, la representación del pueblo sigue encarnada en el órgano parlamentario, y no en los pocos o muchos manifestantes que infringen la ley.

 

 

DOCTORANDOS E INVESTIGADORES

 

Tras el artículo de la pasada semana sobre el valor ejemplar de los deportistas, una lectora me sugiere que escriba sobre la dura labor del investigador, y en especial de quienes durante años realizan su tesis doctoral. Acepto la propuesta, porque además el paralelismo parece razonable: en ambos casos, para obtener el éxito es necesario un intenso y prolongado esfuerzo, sostenido solo a base de amplias dosis de disciplina, perseverancia, capacidad de trabajo y sacrificio, y sobre todo ideas muy claras para mantener siempre el objetivo y organizar los más diversos aspectos de la vida al servicio del mismo. Desde luego, hay también diferencias entre ambas actividades, y en este ámbito (además de la obviedad de su distinta naturaleza), conviene señalar el distinto nivel de reconocimiento social. En este aspecto, en general, parecen estar en peor situación los investigadores, pues con la excepción de algunos trabajos que por diversas razones logran alguna difusión mediática, en la mayor parte de los casos los resultados de las tesis y de otras investigaciones son solo conocidos por la reducida comunidad científica; e incluso en aquellos supuestos en los que los medios prestan atención a algunas investigaciones, suelen hacerlo dedicándoles un espacio o un tiempo bastante discretos, y sin duda incomparablemente menores que el ocupado por los éxitos de los deportistas de élite. Por ello es justo reconocer el enorme valor que tiene la investigación y quienes la llevan a cabo, y nunca un país debería menospreciar la importancia de este pilar esencial para su desarrollo.

Hace años que leí mi tesis, y luego siempre he seguido desarrollando labores de investigación; además recibo a investigadores de los más diversos países que vienen a Toledo a realizar su tesis doctoral u otras estancias investigadoras. En estos casos soy testigo del esfuerzo y la dificultad adicional que supone el separarse durante años del lugar de origen, de la familia, amigos y seres queridos y emprender, aunque sea durante un tiempo limitado, una nueva vida, en la que a las dificultades inherentes a cualquier investigación hay que añadir las de ese brusco cambio personal. A todos ellos (incluyendo, por supuesto, a todas ellas) les quiero dedicar este “miradero”, como homenaje a su sacrificio y a sus aportaciones al desarrollo científico del país.

 

CONTADOR

 

El deporte actúa a veces como forma de exaltación del sentimiento nacional, lo que provoca una identificación más o menos irracional con los deportistas patrios. Pero creo que lo que verdaderamente hace que admiremos a los deportistas es que estos pueden mostrar virtudes o cualidades excepcionales, que la mayoría de las personas no poseemos o no hemos sido capaces de desarrollar en la misma media. Por eso creo en el valor ejemplificador de los verdaderos deportistas, del mismo modo que pienso que la verdadera afición nace de la capacidad de admirar esas cualidades y comportamientos extraordinarios. En mi opinión, el ciclismo es uno de los deportes que mejor encarna esos valores, lo que se manifiesta muy especialmente en las largas competiciones de tres semanas. Cualquiera que se haya subido a una bicicleta, haya recorrido algunos kilómetros y haya subido alguna que otra cuesta puede imaginar las excelentes condiciones y el enorme espíritu de sacrificio que requiere recorrer cerca de doscientos kilómetros cada día, muchas veces con puertos que exigen un enorme sacrificio. Sin embargo, en los últimos tiempos, las investigaciones, sospechas, casos reales o imaginados de doping están amenazando muy seriamente la imagen de este deporte.

Sin duda alguna, la vuelta a España 2012 ha servido para recuperar la más noble imagen del sacrifico y la competitividad que exige el ciclismo. Los tres españoles que han ocupado los peldaños del podio (Joaquim Rodríguez, Alejandro Valverde y Alberto Contador) merecen la más rendida admiración, por su ejemplo de constancia, de sacrificio y de competitividad. Pero mi especial simpatía ha estado siempre con Contador, antes y después de que se enfundase la camiseta roja de líder. Porque creo que lo más admirable no es que finalmente haya ganado la Vuelta a España, sino que haya mostrado, junto a las excelentes cualidades y el espíritu de sacrificio que los tres han puesto de manifiesto, una especial capacidad de superación y de lucha contra la adversidad y la injusticia. Y es que no solo ha superado la dura competencia de sus rivales deportivos, sino el más difícil obstáculo de una resolución injusta que, aun sin encontrar muestra de culpabilidad ni alteración posible de su rendimiento, le sancionó por dos años y le desposeyó de dos grandes títulos. Alberto, para mí y para la mayoría, también tienes 7.




IKER Y XAVI
 

Soy muy aficionado al fútbol, y por tanto he celebrado con gran alegría los recientes y grandes éxitos de la selección española. Desde luego, mi afición no me impide darme cuenta de las memeces que a veces dicen algunos de los futbolistas profesionales (las recientes declaraciones de Cristiano Ronaldo señalando que no celebra los goles porque “está triste” constituyen un ejemplo antológico), ni apreciar que sus sueldos muchas veces astronómicos pueden resultar incluso hirientes para profesionales y trabajadores de tantos sectores, que demuestran la misma o más entrega con una compensación infinitamente más modesta. Dicho lo cual, y teniendo en cuenta el valor ejemplificador del deporte y los muy merecidos éxitos de nuestra selección, me he alegrado de todos los reconocimientos que han recibido sus jugadores y el entrenador, desde el honoris causa que la Universidad de Castilla-La Mancha concedió a Vicente del Bosque, hasta el Príncipe de Asturias que en 2010 se otorgó a la selección, pasando por un sinfín de premios, condecoraciones y reconocimientos individuales a jugadores habituales en el equipo nacional, incluyendo el reciente balón de oro a este nuevo manchego universal que es Andrés Iniesta.

Sin embargo, la reciente concesión del premio Príncipe de Asturias del Deporte a Iker Casillas y Xavi Hernández me parece excesiva. Aunque me alegro sinceramente por los dos jugadores, que además “me caen” bien, creo que esta distinción es reiterativa y chovinista. Lo primero, porque obviamente ambos estaban incluidos en el “Príncipe de Asturias” que hace dos años premió a toda la selección, y no se ve por qué motivo precisamente ellos dos merecen un nuevo reconocimiento especial. En cuanto al chovinismo, me temo que esa característica viene siendo una tendencia muy poco disimulada en los Príncipes de Asturias del Deporte, al menos si estos pretenden reconocer a deportistas cuyos éxitos y logros tengan una dimensión mundial (otra cosa sería si pretendieran premiar solo a los mejores españoles, pero la misma lista de premiados desmiente esa posibilidad). Por poner algunos ejemplos, Fernando Alonso recibió este premio antes de ganar su primer mundial, y antes que Michael Schumacher; Arantxa Sánchez Vicario antes que Steffi Graf, y la selección de baloncesto lo hizo cuando ganó el mundial en 2006, pero no se ha entregado un galardón similar a la de Estados Unidos, cuyos éxitos en este deporte no tienen parangón. Este premio a Iker y Xavi, cuando no lo tienen por ejemplo Messi ni Cristiano Ronaldo (ni antes Maradona, Ronaldo o Zidane, por ejemplo), acentúa el carácter “casero” de estos reconocimientos.



DE SUPERMERCADOS
 

En algún sitio he leído, a raíz de los últimos casos de robos en supermercados para donar lo robado a los necesitados, algo así como que los que piensan que los “mercados” por definición son malos deben creer, en coherencia, que los supermercados serán “supermalos”. Pero bromas aparte, estos actos, liderados por algún representante político que no se sabe si va de Robin Hood o de Curro Jiménez, no son “símbolos” de solidaridad o justicia social, sino atracos absolutamente injustificados. El que quiera dar ejemplo de caridad, que lo haga a costa de su peculio. Más allá de eso, el que quita algo a otro, sea cual sea el fin, es un ladrón. Solo el Estado puede imponer la “solidaridad forzosa” consistente la justicia distributiva que debe derivar del sistema fiscal, donde el que más tiene aporta mucho más a los gastos comunes, entre los cuales estará apoyar al que más lo necesita. Es tan obvio que no debería ser necesario precisarlo.

Por eso prefiero centrarme en comentar otra noticia que en España ha pasado casi desapercibida, a pesar de ser un ejemplo mucho más hermoso. Sucedió en Siena, Italia, hace unas semanas. Un joven de veintisiete años, de origen egipcio, con mujer y dos hijos pequeños, intentó robar en un supermercado. Pasta, leche y pañales. El propietario lo descubrió y llamó a la policía. Cuando llegaron los agentes y comprobaron la situación, decidieron hacerse cargo del pago de lo que el joven quiso llevarse. De esta manera no fue detenido y su compra fue pagada a través de un acto de caridad auténtica, digno (este sí) de todo elogio y admiración. Podría ser que el acto del joven entrase dentro de lo que la doctrina y jurisprudencia penales llaman “hurto famélico”, que en definitiva exime de responsabilidad a quien, sin fuerza ni violencia, sustrae por hambre lo que necesita para comer. En todo caso, lo que me interesa destacar es la noble actuación de los policías, en contraste con la supuesta solidaridad de los ladrones de supermercados que hemos podido ver en alguna localidad andaluza. La caridad es voluntaria. Pero tal vez sería buena idea que se generalizase en los supermercados la iniciativa consistente en dejar carros vacíos para que los clientes que lo deseen puedan donar alimentos que luego se destinen a los más necesitados. Con que cada uno dejase un kilo de arroz, pasta o legumbres, entre todos contribuiríamos a paliar algo las necesidades de los demás.



JURAMENTOS SUSTANTIVOS
 

Dejando de lado el contenido de algunos juramentos o promesas de carácter más privado, en realidad casi todo lo que he jurado o prometido en mi vida con alcance oficial o público tiene un carácter básicamente formal. Es verdad que cuando accedí a la condición de funcionario juré respetar la Constitución y el resto del ordenamiento, pero como ha explicado el Tribunal Constitucional esto no implica un compromiso con su contenido, sino más bien la mera aceptación de las reglas de modificación que establece la norma fundamental, de manera que puede jurar o prometer la Constitución quien esté en contra incluso de sus principios fundamentales (aclaración probablemente innecesaria: desde luego no es mi caso), siempre que acepte que intentará cambiarlos siguiendo el procedimiento previsto en la propia Constitución. Y algo parecido podría decirse del juramento de la Universidad de Castilla-La Mancha, que exige respetar los Estatutos de la Universidad “que ahora son o por el tiempo se hicieren”, de manera que al jurar respetarlos parece que uno acepta todo posible cambio de los mismos, sea cual sea la nueva regulación, y que se compromete incluso si (Dios no lo quiera) unos futuros Estatutos disponen, por ejemplo, que el cargo de rector es hereditario…

En realidad, y tras un análisis minucioso de las fórmulas empleadas, he llegado a la conclusión de que solo he jurado, en el ámbito público, dos cosas realmente sustantivas: por un lado, la lealtad a la Corona, contenida en el juramento o promesa de los funcionarios; y por otro, “guardar la orden de los asientos y ancianidades sin pervertirlos y llevar los derechos de los grados por entero y no soltarlos a persona alguna”, curioso inciso incluido en el juramento de los doctores en mi Universidad. Probablemente alguno encuentre en estos dos ejemplos reminiscencias feudales, pues ambos tienen en común la expresión de lealtad y respeto a quienes tienen por diversas razones un mayor rango que el que jura. Y puede que algo haya de cierto en esa impresión, pero yo acepto con gusto el significado de esos juramentos, porque si bien es cierto que una sociedad moderna debe estar regida por el principio de igualdad, el mismo es compatible con el respeto que ha de merecer la institución que mejor simboliza la unidad y permanencia del Estado (la Corona), así como quienes por su mayor edad y experiencia deben ser considerados maestros...



LONDRES 2012: LOS ESPAÑOLES
 

El comentario de lo acontecido en Londres daría para muchos artículos, pero dado el carácter semanal de esta contribución y su pretensión de referirse a temas que mantengan cierta actualidad, cerraré ya esta “miniserie” refiriéndome a la participación española. En una consideración global, si comparamos los resultados obtenidos (tres medallas de oro, diez de plata y cuatro de bronce, además de los diplomas) con las expectativas creadas últimamente al calor de la euforia de nuestro éxito en determinados deportes, tendríamos que afirmar que los mismos resultan bastante decepcionantes. Pero también es cierto que los primeros días de celebración de los juegos resultaron tan nefastos que parecía que nuestra representación deportiva iba a ser la expedición más fracasada en Inglaterra desde la Gran Armada de 1588, de modo que si comparamos los resultados con las perspectivas que en ese momento se planteaban, podrían considerarse hasta buenos. Todo es relativo, pero yo creo que no conviene ni incurrir en la arrogancia de aquel eslogan “soy español, ¿a qué quieres que te gane?”, ni en el derrotismo de pensar que nuestra situación deportiva es penosa.

Creo que finalmente, y gracias sobre todo a la muy destacada participación femenina (las mujeres españolas han obtenido más medallas que nunca), hemos estado en un nivel que puede considerarse intermedio en la era “post-Barcelona´92”. Es verdad que deberíamos aspirar a ocupar en el medallero posiciones similares a países como Alemania, Francia, Italia o el Reino Unido, pero también es cierto que eso solo ha sucedido precisamente en Barcelona, donde con un sexto lugar superamos a todos los países mencionados excepto Alemania. En suma, aunque los resultados han sido finalmente decorosos, hay que aprender que, más allá de determinados éxitos aunque sean muy destacados, para ser globalmente una potencia deportiva hay que apoyar decididamente el deporte en todas sus facetas, y hacerlo de forma mantenida en el tiempo. Yo, desde luego, he vibrado con nuestros atletas, he sentido rabia cuando no hemos conseguido los objetivos esperados (especialmente en fútbol y atletismo), me he alegrado enormemente con cada una de las medallas, y me he emocionado las tres veces que nuestro himno ha sonado en honor de un compatriota, pero me gustaría poder hacerlo algo más…




LONDRES 2012: LOS DESTACADOS
 

Casi todos los juegos olímpicos terminan por asociarse a la imagen de uno o unos pocos atletas que han demostrado méritos sobresalientes, o cuyo ímprobo esfuerzo y entrega son dignos de recuerdo por diversos motivos. Probablemente este recuerdo selectivo no es del todo justo, pues son numerosísimos los deportistas que hacen esfuerzos muy notorios, y desde luego no pocos los que ven recompensados los mismos con marcas muy destacadas. Pero no todos los deportes tienen la misma audiencia o interés en las olimpiadas, de manera que el atletismo o la natación tienen muchas mas posibilidades de ofrecernos a atletas y escenas destacadas; y además los logros previos de algunos deportistas generan en algunos casos mayores expectativas que justifican una mayor atención para los éxitos que puedan conseguir en la actualidad.

Dicho lo cual, y si tenemos en cuenta que cuando escribo estas líneas aún quedan algunos días para que Londres 2012 llegue a su fin, cualquier intento de destacar unos pocos nombres será subjetivo y parcial. Pero parece ya razonable aventurar que algunos atletas se vincularán sin duda en el recuerdo futuro a Londres 2012. Aunque la elección es difícil -y me atrevo a sugerir a mis lectores que hagan propuestas complementarias o alternativas- si hasta este momento tuviera que decidir yo quiénes son los más destacados atletas en esta cita, mi elección sería la siguiente (aunque no quisiera establecer un orden entre ellos): por un lado, Michael Phelps, porque aunque parte de sus medallas y logros se han producido en anteriores citas olímpicas, ha sido en Londres 2012 cuando finalmente ha pasado a la Historia como el deportista con más medallas olímpicas de todos los tiempos, al conseguir la vigésima segunda. Por otro lado, creo que hay que incluir en este breve elenco a Usain Bolt, no solo porque los 100 metros lisos es la prueba de la velocidad pura y siempre hay que mencionar a su ganador (además conviene apuntar que ha sido la primera vez que siete de los ocho corredores de la final han recorrido la distancia en menos de diez segundos), sino también por haber conseguido un nuevo y destacado récord olímpico, solo superado por… el propio Usain Bolt. Pero en fin, también me parece imprescindible ubicar en lugar muy destacable a quien probablemente ofrecerá una imagen que siempre se vinculará a este encuentro olímpico: el sudafricano Pistorius, que a pesar de no llegar a la final de los 400 metros, ha sido el primer amputado en correr en las olimpiadas, y con sus piernas de fibra de carbono ha demostrado que todo es posible…




LONDRES 2012: LA INAUGURACIÓN
 

Tras la espectacularidad de la ceremonia inaugural de las olimpiadas de Pekín 2008, había expectación por conocer qué nos deparaba la ceremonia de los Juegos de Londres. Dado que resultaba muy difícil competir en fasto y vistosidad –y además el presupuesto debió ser sensiblemente menor- se buscó una ceremonia con más estilo. Y creo que resultó destacable en ese aspecto, pero en mi opinión, el “listón más alto” estaba en este ámbito todavía en Barcelona´92. Así que –siempre en mi modesto criterio- la comparación resultaba inevitable. Y en la misma, aunque la pretensión de resultar objetivo es sin duda inalcanzable, conviene evitar dos tendencias tan comunes, ambas presentes en diversas opiniones en las redes sociales: por un lado, el chovinismo que tendería a valorar mejor todo lo español, y por otro, el “complejo” de inferioridad que siempre encuentra más clase, categoría y calidad en lo que hacen los demás.

Desde mi punto de vista, y como he sugerido, la ceremonia de Londres ha resultado atractiva por diversos motivos. No me parece criticable, ni mucho menos, que se centrase en parte en destacar algunas aportaciones de los ingleses a la cultura universal, desde la revolución industrial hasta los Beatles. E incluso en este ámbito la representación se quedó corta, obviándose aspectos tan destacables como la invención del fútbol y en general la decisiva contribución británica al concepto contemporáneo de deporte, fruto precisamente de la revolución burguesa y del ocio. Además es de alabar que, por una vez, no se destacase la Carta Magna y la contribución inglesa al parlamentarismo, pues ya va siendo sabido que el mismo no surgió en realidad en Inglaterra, sino en León. Por otro lado, la coreografía fue acertada y repertorio musical amplio y variado, destacando también las aportaciones inglesas a la música sobre todo en las últimas cinco décadas, y fue notorio el excelente sentido del humor inglés con Rowan Atkinson; la forma de aparición de la Reina fue simplemente insuperable. Además la forma se encender el pebetero destacó por su originalidad. Pero creo que en todos estos terrenos las ceremonias de Barcelona 1992 fueron superiores: se destacaron los orígenes míticos de las culturas mediterráneas, hubo una excelente coreografía con la participación de la Fura dels baus, el humor se hizo presente con El tricicle, en el aspecto musical los tenores pusieron el mejor nivel, y la flecha ardiendo hacia el pebetero permanecerá siempre en el imaginario de los juegos olímpicos. Siendo Londres estimable, hubo, en suma, mas arte y estilo en Barcelona.




PECES-BARBA
 

El fallecimiento de Gregorio Peces-Barba el pasado día 24 de julio ha generado una gran cantidad de reseñas, obituarios y semblanzas biográficas de este gran político y universitario madrileño y amante de Asturias. Desde luego, el hecho de haber sido miembro de la ponencia que redactó la Constitución española de 1978 es argumento suficiente para pasar a la Historia, aunque además se han venido destacando otros relevantes cargos que ocupó, como la presidencia del Congreso de los Diputados entre 1982 y 1986; y, más recientemente y no sin algunas polémicas en su actuación, el Alto Comisionado para el Apoyo a las Víctimas del Terrorismo. A mí me apetece más destacar su faceta académica y universitaria. En este ámbito, se destaca con justicia su papel en la puesta en funcionamiento de la Universidad Carlos III, de la que fue Rector casi dos décadas desde su fundación en 1989, logrando convertir esta institución académica pública recién creada en una de las más sólidas y reconocidas del país.

Yo quisiera mencionar especialmente su labor como autor de publicaciones jurídicas de referencia, en su condición de catedrático de Filosofía del Derecho. Resultaría aquí imposible ofrecer siquiera una mención de las más relevantes, de modo que me limitaré a comentar los tres libros que por diversas razones a mí más me han interesado o influido, y que además considero obras cuya comprensión está al alcance de personas no especializadas en el ámbito jurídico, algo poco frecuente en textos con este perfil académico. En primer lugar, Los valores superiores, Tecnos, Madrid, primera edición de 1984, cuya lectura me introdujo en el análisis de lo que luego sería mi tema de tesis, los valores mencionados en el primer precepto de nuestra Constitución, cuya inclusión en el texto final de la misma se debe al propio Peces-Barba. En segundo lugar, citaré su Curso de derechos fundamentales. Teoría general, primera edición en Eudema en 1991, un compendio riguroso pero sencillo de los principales problemas que plantea hoy este concepto. Y, por último, destaco La elaboración de la Constitución de 1978, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1988, obra en la que, al igual que otros ponentes hicieron, narra algunos entresijos del proceso de aprobación de nuestra norma fundamental que él vivió en primera persona. Descanse en paz.



NAVAS DE TOLOSA 1212
 

Hace tiempo tenía pensado dedicar un “miradero” al octavo centenario de la batalla de las Navas de Tolosa. Pero he leído un emotivo texto que yo no podría superar, y dado que su autor es mi hijo Francisco Javier Díaz Majano, lo reproduzco con su consentimiento, extractándolo mínimamente para adaptarlo al formato disponible y cediendo, por primera vez en doce años, este espacio a otro autor. Ahí va la cita: “Domingo, 15 de Julio. Quizás a muchos no les diga nada una fecha como esa. Puede que, por problemas de memoria, no hayan sentido al levantarse la tensión y el agobio que se respira. Haciendo un esfuerzo, creo que cualquiera puede empezar a sentir el estresante calor de la sierra, el intenso olor del sudor de miles de personas y de las idas y venidas de los caballos en el que es, para muchos, el domingo más largo de sus vidas. Esas vidas desaparecieron hace siglos. Más de setenta mil cristianos y entre ciento veinticinco mil y doscientos cincuenta mil almohades libraban hoy las escaramuzas previas a la que sería la batalla más grande y decisiva de la Reconquista.

El camino ha sido largo. Empezó el veinte de Junio, al salir de Toledo. Malagón, Calatrava, Benavente, Alarcos y Caracuel han caído (…). La Mesa del Rey alberga el campamento cruzado. Por fin, en un territorio dividido, castillos o barras en gules y oro, águilas negras o leones se ven por doquier en las banderas y pendones que reposan a las puertas de las tiendas, junto a todo tipo de cruces. El Rey Glorioso, Alfonso VIII, ha conseguido lo que ningún Rey de la cristiandad peninsular antes que él: unir a los reinos españoles contra el enemigo común. Y es que no está solo, las tiendas de Pedro II de Aragón y de Sancho el Fuerte de Navarra también se encuentran en la Mesa (…). La batalla se librará mañana, en el que pasará a la Historia como el Lunes de las Navas.

Puede que a la mayoría no les diga nada ese nombre. No más que un párrafo de su libro de Historia. A ellos, les pido que recuerden. Afinad el oído. Oiréis las cigarras, los pasos, las espadas, los caballos, la intranquilidad. Sentiréis el sudor en la frente, y un calor que hace desfallecer bajo el sol castigador de Castilla. Hoy, Domingo de 1212, se celebrarán eucaristías. Suerte para aquellos que salgan vivos de mañana. Gloria para los que no será su última comunión. Árabes, tribus magrevíes y soldados almohades, elevan sus oraciones a Alá (…). Muchos de ellos solo defienden el que consideran su hogar. Castellanos, Aragoneses, Navarros, Leoneses, Portugueses y Ultramontanos, rezan a Dios y a la Virgen (…). 15 de Julio, víspera de un enfrentamiento que se celebrará en toda la Europa cristiana, justo cuando en Tierra Santa el poder cruzado comienza a derrumbarse”.



BLADE RUNNER
 

Algunas películas no pierden interés con el paso del tiempo, sino que más bien van mejorando. Es el caso de Blade runner, cuyo resultado inicial en las taquillas fue más bien discreto, pero que ha ido ganando, y ahora que se cumplen justamente tres décadas de su estreno puede decirse que está considerada como una de las mejores “clásicas” de la ciencia ficción, alcanzando la categoría de “película de culto”. En mi opinión (las preferencias subjetivas nunca son falsas como tales opiniones) forma parte junto a 2001: Una odisea en el espacio, El planeta de los simios, y tal vez, más recientemente, Matrix, del grupo de las mejores películas que jamás se hayan hecho en este género. Y más allá de este ámbito, es una de mis favoritas de siempre, por tantos motivos que no cabrían todos aquí. Pero puedo apuntar la excelente ambientación en esa sombría ciudad de Los Ángeles en 2019; la soberbia interpretación de los cuatro actores principales, dos hombres y dos mujeres, tres “replicantes” (a los que dan vida Rurger Hauer, Daryl Hannah y Sean Young como la muy enigmática y ya “emocional” Rachel) y un “humano” (o probablemente humano) encarnado por Harrison Ford.

También cabe destacar los muy inteligentes y profundos diálogos entre los que destaca esa escena inmensa que se hace en sí misma merecedora de que la película sea siempre recordada, y en la que Batty (Deckard) tras salvar -acaso siguiendo un instinto humano- la vida de Deckard (Harrison Ford), se sincera con él y le hace comprender todo lo que se irá con el inminente final de su vida: “he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá de Orión. He visto rayos-c resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos…momentos se perderán…”

Por descontado, todas estas circunstancias destacables no tendrían el mismo valor si no formasen parte de una excelente historia, que supo plantear con antelación algunos de los temas más relevantes del siglo XXI, como la capacidad del ser humano, a través de la Genética y de la Robótica, para crear entes con formas de inteligencia (e incluso de sentimientos) cada vez más parecidas a sí mismo. El gran mérito del trabajo de Ridley Scott es que, adentrándose en esta temática ya de por sí interesante, acierta a plantear cuestiones aun más trascendentales como la de cuáles son los rasgos que permiten definir la condición humana, poniendo de relieve que, a diferencia de cualquier otro ser, el hombre se hace consciente de su esencial finitud y tiende a reclamar a Dios por haberle creado con esa molesta característica tan difícil de asumir.




HACIENDO HISTORIA
 

En el aspecto futbolístico, esta España campeona de Europa ya ha marcado una época. Como la Brasil del período 1958-70, la Alemania de los primeros años 70, la Argentina de los últimos 70 y los 80, o la Francia del cambio de siglo, desde finales de la primera década del siglo XXI España viene liderando de forma incuestionable el fútbol mundial. Pero ese nuevo período hegemónico tiene algunas características diferentes a los anteriores. Ya son conocidos los records que han caído en esta Eurocopa: primera vez que una selección encadena tres títulos consecutivos en torneos continentales y mundiales, primera victoria por cuatro goles de diferencia en una final europea o mundial, sin goles en contra en las eliminatorias de los últimos dos torneos… Yo quiero destacar otro aspecto muy significativo: si en los cuatro ejemplos antes mencionados, es muy fácil vincular al equipo con su jugador más emblemático (nadie dudaría en señalar a Pelé, Beckenbauer, Maradona y Zidane, respectivamente, como los líderes de aquellos equipos ya históricos), en el caso de España es muy difícil señalar un solo jugador que destaque de forma notoria sobre los demás.

Podríamos apuntar a Casillas, pero también a Iniesta o Xavi, y aunque no hayan tenido la misma continuidad, a Villa o a Torres; incluso cabría mencionar a Del Bosque, pero tampoco sería correcto dejar de lado el papel de Aragonés… Ello quiere decir, en mi opinión, que el equipo está notoriamente por encima de cualquier individualidad, y esa es su mayor virtud. Por eso los hechos han demostrado que Del Bosque tenía toda la razón en el intenso debate sobre quién debía ser el “9”, porque en realidad son muchas las opciones para ese puesto… si el equipo funciona. Y aunque es verdad que entre nuestras características propias también hay algunas que podríamos considerar “limitaciones” (por ejemplo, “contragolpe” o “verticalidad” no son palabras que entren en nuestro vocabulario), el dominio absoluto del toque de una forma nunca antes vista hace que los rivales no alcancen a encontrar una forma de juego capaz de superar a España.

Por supuesto, si al aspecto meramente deportivo añadimos el social, aunque estos éxitos no sirvan para hacernos superar nuestra situación económica, es incuestionable que favorecen la idea de la “marca España” y contribuyen de forma notoria a que muchos ciudadanos muestren su orgullo por ser españoles y luzcan sin complejos los símbolos patrios. Es absurdo que tenga que ser el fútbol el que nos haga superar esos insólitos reparos que no he visto en ningún otro lugar del mundo, pero el caso es superarlos…



TOLEDO MÁGICO
 

Toledo es incuestionablemente una ciudad vinculada a la leyenda, la magia y el mundo esotérico, y no hace falta ser crédulo en materia de espíritus, fantasmas y fenómenos paranormales para percibir el misterio y la leyenda que forman parte de ella. Muchas leyendas tienen su escenario en las calles, iglesias y conventos de la imperial ciudad. La mayoría de los toledanos de mi generación las hemos conocido de forma oral, porque nos las han contado nuestros familiares, amigos o profesores, aunque siempre hay excepciones como algunas leyendas de Bécquer o el poema de Zorrilla dedicado a la leyenda del Cristo de la Vega (“A buen juez, mejor testigo”). Hoy, afortunadamente, algunos libros recogen algunas de las más interesantes leyendas toledanas, más o menos conocidas según los casos. Es recomendable en este sentido el libro de los autores Juan Carlos Pantoja Rivero y Joaquín García Sánchez-Beato, Paseo por las leyendas de Toledo, Imágica, 2009, y a mí me gusta especialmente, por su carácter didáctico, amenos y en cierto sentido “interactivo”, el libro de Javier Mateo y Álvarez de Toledo y Luis Rodríguez Bausá, La vuelta a Toledo en 80 leyendas, DB ediciones (yo tengo la tercera edición, 2007). Por lo demás, las leyendas, artículos y otros textos de Bécquer vinculados a Toledo están hoy recogidos en una publicación muy cuidada (Leyendas. Toledo. Artículos, Antonio Pareja Editor, 2002).


También me parece muy recomendable el trabajo de Ángel Santos Vaquero, Historia, mitos y leyendas de Toledo, ediciones Covarrubias, 2008, una auténtica historia mítica y legendaria de la ciudad, desde sus desconocidos orígenes vinculados al Tajo, hasta el romanticismo. Muy completo es el libro de Luis Rodríguez Bausá titulado Toledo insólito, ediciones Bremen, 2003. En fin, termino con un libro más reciente que amplía en objeto de análisis, desde el punto de vista geográfico a toda la provincia, y desde la perspectiva del contenido a la práctica totalidad de los aspectos misteriosos (leyendas, cuevas, momias, hechicerías, alquimia y un largo etcétera), una auténtica enciclopedia mágica, de los ya citados Luis Rodríguez Bausá y Javier Mateo, Guía mágica de Toledo y su provincia, ediciones Covarrubias, 2010. Imprescindible para quien quiera profundizar en estos temas con criterio y sentido.

 

SAN PEDRO MÁRTIR, GARCILASO Y BÉCQUER (Y IV)

Como decíamos, parece que fue el sepulcro de “la malograda” la inspiración de la rima LXXVI de Bécquer. Así lo afirma por ejemplo José Luis Pérez López (“Bécquer y Garcilaso en San Pedro Mártir”), o Walter A. Dobrian (“Bécquer: modelos de intensificación y cierre en sus rimas”); aunque E.B. Hastings, en “El enigma de la mujer de piedra de Bécquer”, apunta algunas dudas al respecto, si bien señala que en su opinión hay tal relación, aunque Bécquer transforma la dama medieval en una heroína romántica. Yo, en cualquier caso, prefiero quedarme, como el poeta, con la hermosura mítica e ideal de la joven dama. Y cada vez que tengo la oportunidad de acercarme al bellísimo sepulcro gótico, haciendo tal vez una breve pausa en una vida repleta de ocupaciones, no puedo dejar de recitar los últimos versos de la rima: “Cansado del combate/ en que luchando vivo,/ alguna vez me acuerdo con envidia/ de aquel rincón oscuro y escondido./ De aquella muda y pálida/ mujer me acuerdo y digo:/ ¡Oh, qué amor tan callado el de la muerte!/ ¡Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo!”

En fin, otro texto de Bécquer pudiera tener alguna relación con los monumentos de San Pedro Mártir, aunque en este caso se trata más bien, según todos los indicios, de una descripción imaginaria o idealizada de un lugar que no concuerda con ninguno conocido; aunque no por ello está exenta de posibles inspiraciones más o menos conscientes. Es “La mujer de piedra”, aparentemente un relato inacabado incluido en el Libro de los gorriones, y en el que una estatua femenina vuelve a enamorar al poeta. Hastings, aunque admite el carácter probablemente fantástico de la ubicación del relato, tras varias relecturas apasionadas del mismo, parece desesperarse en la búsqueda “real” de esa estatua y de ese lugar. En fin, espero que esta miniserie de artículos haya logrado transmitir la enorme capacidad inspiradora de la iglesia de San Pedro Mártir, cuyas figuras pétreas nos transmiten serenidad y paz. Yo, cuando me encuentro en ese lugar, además de mostrar las esculturas y mencionar sus vínculos literarios, trato siempre de buscar a la hermosa dama que Bécquer afirma ver junto al enterramiento de Garcilaso, escudriño el expresivo y sereno rostro de doña Elvira de Castañeda buscando acaso un gesto o un guiño de vida, o miro con compasión a la “malograda” en la que logro fácilmente imaginar a la joven de incomparable belleza y pureza que creemos pudo ser.

 

SAN PEDRO MÁRTIR, GARCILASO Y BÉCQUER (III)

Veníamos recordando algunos textos de Bécquer relativos a la iglesia de San Pedro Mártir en Toledo, en los que describía, con su personal estilo romántico, diversos monumentos funerarios de la iglesia. En otros casos, la relación entre la iglesia y la obra becqueriana es más sutil, y se manifiesta más bien en que alguno de los elementos del templo sirve de inspiración a alguna leyenda, rima o relato, y de algún modo se incorpora al mismo como objeto o incluso como sujeto protagonista, pues como no puede ser de otro modo se trata casi siempre de personajes femeninos, si bien en este caso las hermosas damas son pétreas figuras que forman parte de diversos grupos escultóricos, pero que de alguna manera logran cobrar vida propia en la obra del poeta sevillano. El supuesto más conocido es el de la leyenda “el beso”, que no vamos a contar porque es sobradamente conocida, y quien aún no la conozca ha de ir a la fuente original para disfrutarla, pues resumirla o contrala con otras palabras sería destrozarla. El caso es que en esa narración, los personajes de las esculturas están de forma inspirados en los sepulcros de doña Elvira de Castañeda y su esposo don Pedro López de Ayala, conde de Fuensalida, que están representados en el monumento funerario que figura en la nave del Evangelio de la iglesia. Aunque Bécquer ignora o altera algunos datos históricos (hace a don Pedro López de Ayala vencedor en Ceriñola, para mayor escarnio de los franceses), la inspiración de la leyenda en el monumento de la iglesia de San Pedro Mártir está fuera de controversia, pues entre otros datos la misma cita expresamente a doña Leonor de Castañeda, aunque el mismo personaje dice ignorar el nombre de su marido.

Y siguiendo con damas enterradas en San Pedro Mártir que inspiraron a Bécquer, hoy parece admitirse que el sepulcro de “la Malograda” es la “gótica tumba” a la que se refiere la rima LXXVI. Se trata de un sepulcro del siglo XIV, que corresponde a doña María de Orozco. Y si bien la denominación de “la malograda” parece basarse en una leyenda según la cual fue una joven fallecida poco después de contraer matrimonio, la Historia nos dice más bien que fue una noble dama de larga vida, y que tuvo incluso nietos ilustres, como el cardenal don Pedro González de Mendoza.

 

SAN PEDRO MÁRTIR, GARCILASO Y BÉCQUER (II)

Comentábamos el último día la conocida relación entre el convento de San Pedro Mártir y Garcilaso de la Vega, y apuntábamos también que la misma era notoria en diversas obras de Gustavo Adolfo Bécquer. Podríamos mencionar varias obras, inspiradas especialmente en los distintos monumentos funerarios ubicados en la iglesia del convento, aunque en algunos casos la influencia del templo en el relato o rima de Bécquer esté más contrastada que en otros. Entre los trabajos que hacen referencia expresa a la iglesia de San Pedro o sus elementos, además de su ya mencionada descripción en la Historia de los templos de España, hay que destacar un artículo dedicado al “Sepulcro de los condes de Mélito en Toledo”, publicado en La Ilustración el 12 de enero de 1870, y otro dedicado a los “Enterramientos de Garcilaso de la Vega y su padre en Toledo”, publicado el 27 de febrero del mismo año en el mismo periódico. Ambos son hoy accesibles en el volumen Leyendas. Toledo. Artículos, Antonio Pareja Editor, Toledo, 2002, con introducción de Luis Béjar.

En el último de estos artículos hay que destacar la emocionada narración del descubrimiento casual del sepulcro del gran poeta en una capilla en la esquina del templo, en la cual oraba ¡cómo no! una mujer en la penumbra, “hermosa, alta, severa que parece una figura bajando del pedestal de un claustro gótico”; que hizo al poeta “sentir toda la poesía que irradia y la hace aparecer encarnación humana del mundo de idealidad que vive en Toledo”. Enseguida, el poeta sevillano cree descubrir junto a la hermosa dama el enterramiento del gran vate toledano, de quien afirma: “¡Qué hermoso sueño de oro su vida! ¡Personificar en sí una época de poesías y combates, nacer grande y noble por la sangre heredada, añadir a los de sus mayores los propios merecimientos, cantar el amor y la belleza en un nuevo estilo y metro…!” Y luego se sorprende porque ninguna indicación señala el lugar: “¡Ni una letra, ni un signo que recuerde tu nombre! ¿Qué importa? ¡El curioso vulgar pasará indiferente junto a la tumba en que reposas; pero nunca faltará quien te adivine, nunca faltará alguna mujer hermosa que arrodillada en ese rincón, tan propio para la oración y el recogimiento, venga a rezar a tus pies, regalándote el oído con la música de sus dulces y fervorosas palabras…!”

 

SAN PEDRO MÁRTIR, GARCILASO Y BÉCQUER  (I)

Hace una semana hablábamos de espíritus en San Pedro Mártir, y la verdad es que este convento nos muestra tantas facetas diferentes, que podríamos dedicar muchos “miraderos” a abordarlos. Pero son ya abundantes y mucho más rigurosos los estudios que lo han hecho, y modestos los propósitos de este espacio y los conocimientos y energías de su autor. Así que mucho más que exámenes profundos o ensayos divulgativos, prefiero dedicarme a ofrecer, sobre algunos de esos aspectos, algunas pautas, siempre personales y subjetivas, al lector interesado. En esta ocasión me apetece referirme al aspecto literario de la iglesia del mencionado convento, y en particular a sus relaciones con algunos grandes poetas españoles. En este sentido, probablemente el vínculo más conocido por los toledanos es el que se une a esta iglesia con Garcilaso de la Vega, que está hoy enterrado en la misma, bajo un hermoso monumento funerario que le representa a él y a su padre. Una placa recuerda que sus restos, que habían sido exhumados en 1865 para ser conducidos al Panteón Nacional, fueron restituidos en el año de 1900 a ese lugar, tan próximo a aquel en el que había nacido y vivido este insigne poeta toledano. Yo, que tengo mi despacho ubicado poco más o menos sobre ese sepulcro, cada vez que paso a verlo le recito a Garcilaso una de sus églogas, siempre con el Tajo presente.

Pero los vínculos literarios y poéticos de San Pedro Mártir no acaban ahí. El sevillano Gustavo Adolfo Bécquer y parte de su obra aparecen muy vinculados a esta iglesia, acentuando el carácter romántico de la misma. En algunos casos, la inspiración de esa obra en la toledana iglesia está absolutamente contrastada, mientras que en otros esa relación es más difusa y susceptible de diversas teorías e interpretaciones, sobre todo en algunas poesías cuyas fuentes de inspiración acaso fueron múltiples. Voy a mencionar algunas de esas relaciones, y aunque la limitación del espacio me conduce ya a la próxima semana, dejo apuntado que el convento era bien conocido por Bécquer, que dedica varias páginas a su historia y arte en el volumen de su Historia de los templos de España dedicado a Toledo, y que fue el inicio de lo que debía haber sido una magna obra...

 

LOS ESPÍRITUS DE SAN PEDRO MÁRTIR

Hace algunas semanas, el programa de televisión “Cuarto Milenio” emitió un breve debate con un reportaje sobre los espíritus que pueblan el convento de San Pedro Mártir de Toledo, hoy sede de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha. No es la primera vez que los medios se hacen eco de este fenómeno, del que obviamente no hay pruebas científicas, pero que con frecuencia está en boca de quienes conocemos el convento y pasamos tiempo en el mismo; aunque cada uno sabrá si se refiere a ellos realmente en serio, o si los ha percibido de forma más o menos clara. Lamentablemente, el citado programa, acaso uno de los primeros de ámbito nacional que han abordado la cuestión, ha tratado el tema con ligereza y falta de rigor, mezclando en el reportaje imágenes del lugar con otras que no se sabe de dónde proceden, así como algunas opiniones serias, fundamentadas e interesantes (aunque acaso solo merecieran ese calificativo las de Luis Rodríguez Bausá, experto en la magia y las leyendas de Toledo), con testimonios de desconocidos que resultan no solo inverosímiles, sino también grotescos.

Siempre he escuchado comentarios sobre “la monja” que en las noches se pasea por el interior del convento, así como sobre el espíritu del gran Garcilaso, la “malograda” o los condes de Mélito. Y tras leer a Bécquer no resulta difícil imaginar que el conde de Fuensalida tenga todavía “ánima” suficiente (y suficiente ánimo) para sacudir un tortazo a un francés embriagado que quiere propasarse con su esposa. Estoy dispuesto a creer que todos estos espíritus vagan a veces por las estancias y pasillos de San Pedro Mártir, o del anexo convento Madre de Dios en el que descansan algunas monjitas. Por lo demás, después de casi dos décadas en este privilegiado lugar de trabajo, nada de ello me altera ni me asusta, aunque reconozco que la adusta mirada del inquisidor Pedro Soto me hace temer un espíritu inquietante y tal vez un tanto incordiante. Pero desde luego no resulta en absoluto creíble, como insinúa el citado programa, que casi todo el personal que allí trabaja esté seguro de la existencia de estos espíritus; o que cualquiera que se quede un rato por la noche puede cruzarse con lo que incuestionablemente es un monje, o una niña abandonada por sus padres en el hospicio. Los espíritus de San Pedro Mártir son, en mi criterio, mucho más sutiles, su presencia es mucho menos ostentosa, y no causan temor ni sobresalto, tal vez incluso reconfortan…
 

 

TOLEDO 19000

Hace tiempo que no dedico este espacio a “temas toledanos”, pero tengo intención de retomar, con más o menos frecuencia, esa costumbre. Me consta que estos temas interesan a muchos lectores, no solo a quienes viven habitualmente en Toledo, sino también a algunos que conocen nuestra ciudad imperial o tienen lazos personales o afectivos con ella, y gracias a las nuevas tecnologías tienen acceso a esta modesta contribución a decenas de miles de kilómetros de distancia. Entre otros aspectos, hay algunas recomendaciones bibliográficas sobre Toledo que me gustaría hacer, a veces se acumulan y finalmente la pérdida de actualidad me hace desistir del comentario, aunque en realidad pienso que una buena sugerencia de lectura puede hacerse con independencia del tiempo que haya pasado desde que el libro salió a la venta…

Esta semana no quiero perder la ocasión de recomendar un libro que, aunque con fecha de edición de 2010, fue presentado hace unos días y creo que es fácilmente accesible. Se titula El amanecer de un siglo. Toledo 1900, y su autor es un experto toledanista, Jorge Miranda Encinas. Tuve el placer de participar en su multitudinaria presentación junto a José Antonio Marina, Antonio Illán y Julio Porres, además del autor. Hay muchos motivos por los que merece la pena su lectura, y es poco el espacio disponible; además mi propósito fundamental es dar a conocer el trabajo a mis lectores, para que sean ellos quienes descubran su valor e interés, pues un libro es tantos libros como lectores tiene, y cada lector extrae de la obra lo que más le sirve, y recibe de la misma una aportación diferente. A mí, por ejemplo, lo que más me ha interesado del trabajo de Jorge Miranda es el excelente análisis sociopolítico de la realidad toledana en el tránsito del siglo XIX al siglo XX, que pone de relieve cómo nuestra sociedad se enmarcaba, aun con peculiaridades, en la realidad española y europea de la época, y nos aporta reflexiones útiles incluso para valorar la actual coyuntura. El libro desgrana las distintas clases y categorías sociales (nobleza, ejército, burguesía, proletariado…) y a través de ese análisis van apareciendo personas y familias relevantes en el Toledo de la época. Por lo demás, las numerosas fotografías históricas, tomadas de diferentes archivos, son excelentes y aportan un valor adicional a esta publicación.

 

DE FÚTBOL, EL "EUROATLETI"... Y FALCAO

Mis lectores más asiduos acaso recuerden algún esporádico artículo dedicado a temas futbolísticos, y quienes me conocen saben de mi afición por el “deporte rey”, y en especial por el equipo colchonero. Podría pensarse que, en el contexto económico y social tan difícil que estamos viviendo, los éxitos futbolísticos no deberían ser objeto de preocupación (y tal vez ni siquiera de “ocupación”), ya que pueden ser utilizados como un nuevo “opio del pueblo” que permite al poder desviar la atención desde los temas verdaderamente importantes, hacia cuestiones baladíes. Y tampoco faltan voces que insisten en el carácter poco menos que inmoral del sueldo que perciben algunos deportistas de élite, aunque es verdad que eso se critica con menos frecuencia que los elevados emolumentos percibidos por otras categorías más o menos “profesionales”, como algunos banqueros o políticos. Desde luego, yo mismo me hago alguna vez reflexiones de este tipo, y de hecho pienso que es posible que el fútbol tal vez esté inmerso en otra “burbuja” que algún día pinche…

Pero al final, como aficionado al fútbol y “apasionado” del Atleti, no puedo dejar de disfrutar de los momentos extraordinarios que nos brinda este equipo y sus jugadores. Estos momentos de éxito, precisamente por ser menos frecuentes que los que ofrecen otros clubes más acostumbrados a grandes victorias y títulos, se valoran muy especialmente. Escribo estas líneas el día siguiente de la memorable victoria del Atlético de Madrid en la final de la llamada “Europa League” (un nombre, por cierto, ridículo cuando lo mal-pronunciamos en español, y que fácilmente podría sustituirse por “Liga Europa”), en un partido bonito entre dos grandes y bravos equipos. Y si, en su día, a pesar de no sentirme nada “culé”, dediqué un artículo a Messi tras una de sus actuaciones épicas, hoy quiero rendir homenaje a las dos “obras de arte” (espero no escandalizar a nadie) del colombiano Radamel Falcao, y sobre todo su primer gol, una obra maestra para enmarcar y volver a ver una y otra vez. Y también hay que destacar el excelente trabajo del Cholo Simeone, que en media temporada ha transformado completamente a un equipo. Ejemplos de la grandeza del fútbol, cuyo valor no se debería medir en dinero. Así que, lo dicho, aupa Atleti, y felicitaciones a los atléticos...

 

DE DÍAS, PADRES Y MADRES

Como muchas otras personas, pienso que es un poco absurda la costumbre de dedicar un día al año a determinadas personas, colectivos, situaciones o problemas. Tenemos un abuso de “días de”, como los dedicados al padre, la madre, la mujer trabajadora, el medio ambiente, la lucha contra el cáncer, las más diversas enfermedades, y un larguísimo etcétera. Parecería que solo hay que pensar, preocuparse o atender a esas personas o temas en las fechas que se les han reservado; pero, por otro lado, también pudiera parecer que solo hay que ocuparse de las cuestiones o personas que tienen “día”, y de este modo, no habría que interesarse en quienes carecen de él, como por ejemplo sucede, de forma bastante llamativa, con los hijos.

En este contexto, se comprende que no sienta particular apego por señalar el “día de la madre” que estamos a punto de celebrar; ni tampoco por el “día del padre”, al que en España reservamos el 19 de marzo. Son fechas que alguien quiso señalar en el calendario con propósitos principalmente comerciales, para generarnos mala conciencia si no compramos algo. No obstante, me dejo contagiar por la ocasión, y por supuesto me considero feliz de poder felicitar a mi padre y a mi madre. Hasta incluso un año viví el día del padre en México, que se celebra si no recuerdo mal en junio, y aunque la fecha no tenía ningún significado para mí, no pude evitar “extrañar” especialmente a mis hijos, y a mi padre, al ver cómo las familias se reunían felices a mi alrededor en el restaurante en el que comí. En realidad, formo parte de una familia en la que nunca hemos necesitado decirnos expresamente lo que ya sabemos. Y no por no decirlo hemos dudado jamás de ello. Por eso sé perfectamente que mis padres no necesitan ni esperan nada especial en los días en que a alguien se le ocurrió que convenía hacer regalos, de la misma manera que yo no pido ni espero nada en particular de mis hijos precisamente en una fecha. Lo que no quita para que a veces aprovechemos el momento para hacer un regalo o transmitir una felicitación. Del mismo modo que, aunque tampoco me gusta expresar públicamente mis sentimientos, puedo utilizar esta ocasión para decir eso que ya sabemos y no necesitamos expresar: mamá, papá, os quiero, muchas gracias por todo, y gracias a Dios por darme a estos padres. Y estos hijos.

 

LA PESCA DE SALMÓN EN YEMEN

En materia de cine, seguramente muchos compartimos la impresión de que a veces no parece haber nada de interés en la cartelera, o bien encadenamos experiencias decepcionantes; mientras que en otras oportunidades encontramos de forma simultánea, o sucediéndose con mucha proximidad, varios estrenos recomendables por diversas circunstancias (o eventualmente por motivos más o menos similares, a pesar de las diferencias temáticas y de planteamiento). Esta es la sensación que tengo en las últimas semanas, en las que he visto tres películas bastante interesantes y atractivas. Las tres tienen en común el ser europeas, pero sobre todo, y en mi opinión, un adecuado tratamiento de diversos problemas humanos, en el que se combina el realismo que conlleva una consideración frontal de los mismos, lejos de todo intento de “edulcoración”, con un fino y sutil sentido del humor que permite abordarlos sin ningún dramatismo. Estas tres películas, todas ellas recomendables, son Intocable, El exótico hotel Marigold, y La pesca del salmón en Yemen. La primera de ellas, una película francesa en el nivel de las mejores comedias, pero mucho más profunda de lo que podría aparentar, supone probablemente uno de los más afortunados planteamientos cinematográficos de la cuestión de la discapacidad o limitación física, y sirve tanto para entender la situación de una persona aquejada de tetraplejia, como los muchos prejuicios de la sociedad al respecto. Por su parte, en El exótico hotel Marigold se afrontan, con cierta ironía pero de forma profunda, los problemas, temores y sentimientos de personas de edad, considerando a cada una como un universo con sus peculiaridades, contradicciones y dilemas, y se lanza también una idea positiva sobre la capacidad del ser humano para conseguir los retos y objetivos que se propone en firme.

Esta última característica es compartida por La pesca del salmón en Yemen, que he elegido para dar título a esta contribución semanal por ser la más reciente, y acaso la única que todavía permanece en la gran pantalla en nuestra ciudad. En ella, Ewan McGregor y Emily Blunt dan vida a seres cuyas vidas personales se ven muy afectadas por diversos motivos, pero que logran encontrar estímulo en un proyecto común, aparentemente un disparate absoluto auspiciado por un jeque que podría pensarse quiere meramente hacer realidad un exótico capricho personal, pero en realidad demuestra tener una fe e ilusión contagiosas. Y no digo más: un mensaje de optimismo muy conveniente en estos tiempos.

 

¡VIVA EL REY!

“Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Para cualquiera suele resultar difícil pronunciar estas sencillas palabras, pues implican el reconocimiento expreso de un error y la petición de perdón, y eso supone un ejercicio de autocrítica y un propósito de enmienda que siempre cuesta hacer. En el caso de los responsables políticos, es aun más difícil encontrar ejemplos tan claros y directos de disculpa, y de hecho no recuerdo ninguno tan evidente en nuestro país, donde casi ningún político reconoce errores propios, y si lo hace es con tibieza y ambigüedad. Y si nos referimos al Jefe del Estado, que en España ha sido casi siempre un rey, me parece que simplemente no cabe encontrar un precedente similar (el reconocimiento de posibles errores de Alfonso XIII tras la proclamación de la República, “sin duda yo erré alguna vez”, no es comparable ni por su contexto ni por su sentido). Todo ello sirve para destacar el valor de las palabras que recientemente ha pronunciado Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, al salir del hospital tras ser intervenido de la fractura de cadera después de caerse en Botsuana, adonde había ido a cazar elefantes.

Es tan notorio que el viaje del monarca resultaba por muchas razones poco acertado y no ofrecía una buena imagen, como que el mismo no conllevó ninguna irregularidad ni ilegalidad. Tratar de extraer del mismo la conveniencia de la abdicación del Rey, o más aún, de retomar el debate sobre monarquía o república en España, me parece carente de sentido. El Rey y la monarquía tienen la plena legitimidad que deriva de la Constitución, que por supuesto puede reformarse, pero no creo que esa opción cuente hoy ni mucho menos con un apoyo mayoritario, para lo cual basta comprobar la muy escasa presencia parlamentaria de los partidos republicanos. En todo caso, lo importante es que don Juan Carlos ha sabido una vez más ir más allá de las meras exigencias legales, conectar de manera natural y espontánea con el sentir mayoritario de la población, y dirigirse al pueblo de forma sencilla y directa para, con una humildad jamás mostrada por un monarca, pedir disculpas. Estoy seguro de que la mayoría del pueblo (y yo, desde luego), ya ha perdonado todo lo que hubiera que perdonar.

 

EL "OTRO MIRADERO"

Cuando hace ya doce años comencé a elaborar estas colaboraciones semanales, elegí el título de “El Miradero” porque, por un lado, el mismo alude a un lugar que todo toledano conoce y ubica y, por otro, tiene un sentido genérico y figurado que permite identificar el lugar desde el que se observa algo, en este caso algo así como “nuestra ciudad y nuestro mundo”, en definitiva nuestra sociedad, que es, de uno u otro modo, el objeto de este espacio. Nunca me he sentido ni mucho menos “propietario” de esta denominación, pero cuando he conocido que recientemente abría un blog -dedicado fundamentalmente a Toledo- con el mismo nombre, poco antes de su presentación oficial esta misma semana, no he podido resistir la curiosidad de dirigirme a su responsable, mi tocayo Francisco Javier Martín Fernández, para compartir, no solo la denominación del espacio y nuestro nombre propio, sino también inquietudes.

La respuesta de Martín Fernández cuando le destaqué la existencia de “otro” Miradero (así me referí a esta columna en mi comunicación), ha sido tan positiva que me abrió las puertas del blog, y de hecho hemos iniciado una colaboración que me ha permitido ya aportar algunas de mis modestas contribuciones fotográficas al excelente blog de mi tocayo, ubicado en http://elmiradero.es/. Como tengo afición por Toledo y por la fotografía –de hecho ya dediqué esta contribución alguna vez a recomendar algún libro en la materia- espero poder seguir contribuyendo en el futuro; aunque sé que mis fotos no compiten con las magníficas imágenes que de nuestra ciudad ofrece este blog, ni con otras excelentes que podemos ver gratuitamente en internet o en las redes sociales merced a la generosidad de sus autores (destaco ahora por ejemplo las de David Utrilla), tema al que acaso dedique un monográfico en este mismo espacio. De momento, este “miradero” tiene como propósito dar a conocer entre mis lectores y recomendar muy enfáticamente ese “otro” miradero (me permitirá mi tocayo que en esta ocasión y para mis lectores el “otro” sea el suyo, en realidad creo que lo mismo da cuál sea el uno y el otro), que no solo contiene excelentes imágenes de la ciudad, sino comentarios escritos siempre juiciosos, oportunos e interesantes.

 

PENSAMIENTOS DE UN JUEVES SANTO

Lo bueno que tiene vivir en un país libre es que, dentro del respeto a la ley y a los derechos de los demás, cada uno puede hacer lo que estime conveniente, y vivir como considere preferible. Por eso durante la Semana Santa pueden llenarse tanto las playas como las estaciones de esquí, pero también los oficios religiosos y las procesiones. Desde luego, tan erróneo sería pensar que todos los que acuden al mar y a la montaña demuestran carecer de sentimientos religiosos, como creer que quienes acuden a iglesias y procesiones son por definición creyentes fervorosos. Por eso pienso que el debate más o menos recurrente en estas fechas sobre si el pueblo español es o no mayoritariamente religioso resulta un tanto absurdo e innecesario. Cada uno elige libremente lo que hacer, y sea lo que sea resulta respetable. En cuanto a las procesiones y actos religiosos, no solo deben respetarse en virtud del derecho a la libertad religiosa, sino que constituyen, como es notorio, una manifestación casi siempre multitudinaria de fe, creencias populares, tradiciones, ritos, folclore y todo lo que se quiera añadir, y por la misma razón está justificada, cuando lo consideren conveniente, la participación de las autoridades y representantes populares que libremente quieran implicarse en dichos actos. En cuanto a los ciudadanos, cada uno puede vivir estas fechas como prefiera.

Por mi parte, encuentro significado a estos días no solo como cristiano, sino como ser humano. Porque el Dios-Hombre que nos impuso el mandato del amor, expresó así la condición esencialmente social de la persona, que simplemente no puede entenderse sin otros seres de su misma naturaleza, y la dignidad radicalmente igual de todo ser humano, que, con independencia de sus defectos, faltas o errores es hijo de Dios, y debe considerar a cualquier otro como un hermano. Por lo demás, es cierto que el Viernes Santo pone de relieve las debilidades y miserias de la condición humana, que fue capaz de condenar y ejecutar al mismo Dios a quien días antes había recibido entre aclamaciones en Jerusalén (y creo que hoy volveríamos a hacerlo igual); pero también lo es que el mismo día se manifiesta la grandeza del ser hecho a imagen de Dios, y para quien siempre existe la posibilidad de la rehabilitación y la salvación
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CRISIS E IDEOLOGÍAS
 

Una de las características de esta crisis que seguimos padeciendo es que permite muy diversas interpretaciones ideológico-políticas y económicas, y en definitiva permite “echar la culpa” a la aplicación de las ideas contrarias a las que uno defiende. Así, para unos, el “neoliberalismo” y la pasividad del Estado son las causas de que ahora estemos como estamos, mientras que otros piensan que han sido precisamente las excesivas actuaciones y las exageradas dimensiones del sector público las que han provocado un gasto público desbocado que nos metió en la crisis. Lógicamente, estas diferencias de apreciación no son irrelevantes, pues de ellas dependen en buena medida las “recetas” que se consideren en cada caso idóneas para salir de esta situación.

Pero lo que más me llama la atención en la mayoría de los enfoques imperantes es la radicalidad con la que se simplifican hasta el ridículo las ideas que se quieren criticar. No creo que hoy nadie defienda un modelo tan liberal que no requiera que el Estado intervenga para corregir desigualdades y garantizar determinados servicios y derechos sociales básicos (al menos en Occidente, pues en algún país al menos formalmente comunista parece regir hoy una especie de capitalismo manchesteriano). El Estado social nació hace casi un siglo y quedó afianzado y asumido por todas las ideologías moderadas tras la segunda guerra mundial, y por cierto el “Estado del bienestar” no es precisamente un invento soviético, sino más bien norteamericano y occidental. Por otro lado, quiero pensar que son ya muy pocos los que defienden un socialismo de corte o inspiración marxista en el que una igualdad real y absoluta, siempre pretendida pero jamás lograda, se impone y aniquila a la idea de libertad. Si fuéramos capaces de aprovechar la experiencia del último siglo en lugar de mantener el debate en términos decimonónicos, tal vez podríamos convenir en que entre las causas de esta crisis están tanto la falta de regulación pública en ciertos sectores como el bancario, que durante mucho tiempo parecen haberse regido por la ley del “far west”, como en el exceso de un sector público y de un gasto público aplicado a fines que han ido mucho más allá de la garantía de los derechos sociales y servicios públicos, financiado además de forma ilimitada por la misma banca a la que no se controlaba…

 

EL TESORO

Hace algunas semanas conocimos la resolución de la Justicia norteamericana favorable a España, en el caso del tesoro encontrado por la empresa Odissey frente a las costas españolas. Como es sabido, el Estado español pudo demostrar procesalmente que el barco hundido en el que se encontraban más de 500.000 monedas (el tesoro más grande jamás encontrado en el mar) era el pecio español “Nuestra Señora de las Mercedes”, hundido por los ingleses a principios del siglo XIX y ubicado en aguas españolas. Poco después de confirmarse la sentencia, hemos visto como las veintiuna toneladas que componían el tesoro han viajado a España en un avión del Ejército. Quienes, en nombre de España, han estado encargados de llevar a cabo la ejecución de la sentencia y traer a nuestro país el tesoro, narraban la emoción que experimentaron al sentir que, dos siglos después, pudieron completar la misión que los españoles que entonces habían de acometerla vieron frustrada, y por la que entregaron sus vidas.

El asunto ha sido una victoria jurídica para España, pero también supone la satisfacción moral de recuperar algo perdido por un acto ilegítimo de terceros. El simbolismo del enorme tesoro llegando finalmente a su destino es muy grande, y en esta época tan crítica tiene, más allá del valor económico (que de por sí es difícil de calcular, pero no se hará probablemente efectivo nunca), un significativo valor anímico y emotivo para España. Algunos países iberoamericanos, y especialmente Perú, reclaman el tesoro debido a la procedencia de los metales y al lugar de acuñación de las monedas. Creo que jurídicamente esa pretensión es, por muchas razones, inviable. En aquel momento no existía ningún Estado distinto a España que ahora pueda justificar en Derecho una continuidad que fundamente la propiedad de aquel tesoro; pero como eso es así porque tan español era el territorio peninsular como el americano, y tan españoles (como decía la Constitución de 1812, ahora tan recordada) unos y otros ciudadanos, moralmente sería justo –y además reforzaría nuestros lazos fraternales con Hispanoamérica- que hoy se encontrase alguna fórmula para compartir esas monedas, y que sean disfrutadas no solo en museos españoles, sino también en otros de los países iberoamericanos actualmente ubicados en el territorio del que procedían.

CÁDIZ 1812
 

Probablemente el bicentenario de la Constitución aprobada en Cádiz sea una de las conmemoraciones más destacadas del presente año 2012, y es mucho ya lo que con este motivo se ha hecho, dicho y escrito. Pero ya está encima el día de San José, y este año mis lectores han de comprender que no puedo dejar pasar la ocasión sin dedicar a “la Pepa” uno de mis “miraderos”. Es mucho lo que podría decir, y muy poco el espacio disponible, así que voy a intentar sintetizar los motivos por los que creo que el texto gaditano es importante y merece la pena recordarlo en este momento.

En primer lugar, porque es realmente la primera Constitución española (cabe exceptuar aquí el Estatuto de Bayona de 1808), y fue la forma en la que España entró en la Edad contemporánea, y en el elenco de países que establecían un régimen liberal y democrático (aun con carencias o limitaciones), basado en el principio de la soberanía nacional. Y la dificultad para lograr imponer estos valores frente al Antiguo Régimen explica nuestra Historia contemporánea entera. En segundo lugar, porque constituyó una vía propiamente española de entrada en el constitucionalismo democrático, quizá a mitad de camino entre la francesa y la inglesa, pues las Cortes gaditanas encontraban su legitimidad en ser continuadoras de las instituciones representativas de origen medieval que formaban parte de la “constitución histórica” española, y el resultado de su labor fue un texto con perfiles propios, a pesar de la fuerte influencia de la Constitución francesa de 1791. Y en tercer lugar, porque la Constitución de Cádiz tuvo vigencia en todos los territorios españoles de ultramar, evitándose la idea de las “colonias” para referirse a una nación española ubicada en ambos hemisferios, y aunque por muy diversas razones quizá esa idea era imposible de materializar, la Constitución de 1812 no dejó de ser, en cuanto su vigencia, una “Constitución planetaria”.

En su bicentenario, es inevitable pensar en lo que durante tanto tiempo “pudo ser y no fue” (una España realmente liberal y democrática, una comunidad hispanoamericana), pero también procede señalar que hoy la Constitución de 1978 recoge, actualizados y desarrollados, algunos de aquellos valores, y resulta posible una “comunidad iberoamericana de naciones” que, libres, iguales y soberanas, son capaces de abordar empresas comunes.

 

EL ENFERMO

 

Imaginemos una persona cuya adicción a las drogas le ha creado graves problemas de salud. Durante mucho tiempo, quien debería encargarse de ofrecerle un tratamiento adecuado, se ha limitado a suministrarle la droga necesaria para evitar el síndrome de abstinencia. Para lograr este objetivo, cada vez son necesarias dosis mayores, pero el médico no plantea objeción alguna y las sigue suministrando, y el paciente vive en un estado cada vez más permanente de falsa euforia provocada por el consumo de las sustancias que le administran, y que sin embargo van poniendo dañando cada vez más su salud. A partir de cierto momento, el médico intenta cambiar el tratamiento, pero los tímidos y titubeantes intentos, no regidos por un criterio claro, quedan en nada y no logran aportar beneficio alguno al paciente adicto. Este decide finalmente cambiar de doctor, y el nuevo galeno le somete a un tratamiento radicalmente diferente, que implica retirarle rápidamente la droga; aunque al comprobar su delicado estado de salud, finalmente el doctor prefiere escalonar en alguna medida el proceso, manteniendo el claro objetivo de suprimir en última instancia el suministro de toda droga adictiva, y ofreciendo también tratamientos paliativos y medidas para su recuperación. Comprensiblemente, el nuevo tratamiento resulta muy duro y doloroso, y el paciente pasa por momentos en los que sufre el síndrome de abstinencia, en los cuales haría lo que fuera por aumentar la dosis de la droga y volver a sentir aquella lejana sensación de bienestar, aunque sabe que era ficticia. Sin embargo, en los momentos en los que está más sereno es capaz de entender que el duro tratamiento al que ahora esta sometido constituye la única posibilidad de superar su adicción y recuperar su salud.

Por si alguien tiene dudas: el paciente enfermo y adicto es España y su economía. La “droga” es el endeudamiento sin límites, que permite un gasto absolutamente descontrolado y provoca una falsa sensación de bienestar. El médico que solo sabe suministrar más droga es el Gobierno anterior, aunque también muchos Gobiernos autonómicos y locales de todo signo durante demasiado tiempo, sin olvidar a la banca, que es quien proporcionaba efectivamente esa “droga” sin cuestionar nada y beneficiándose por ello. El nuevo médico que cambia la terapia es el Gobierno actual. Aunque el tratamiento sea doloroso, ¿deberíamos culpar y pedir responsabilidades a quien por primera vez toma las medidas adecuadas para la curación del enfermo?

 

RESPETO A LAS INSTITUCIONES

 

En un Estado democrático, el respeto a las instituciones legítimas y a su labor constituye una auténtica piedra basilar. Por descontado, este respeto es perfectamente compatible con la crítica, con el legítimo ejercicio de la libertad de expresión, e incluso con la posibilidad de instar la corrección o anulación de las decisiones de instituciones legítimas que, sin embargo, se consideren incorrectas. Pero siempre hay que aceptar las resoluciones de quien tiene, de acuerdo con el ordenamiento democrático, la palabra para resolver cualquier tipo de impugnación, aunque sin duda puedan también ser objeto de crítica. Hace algunas semanas comentamos que el hecho de que, por poner varios ejemplos, el juez Garzón o Iñaki Urdangarín tengan que responder ante la Justicia, es (respetando siempre la presunción de inocencia hasta que se produce una sentencia condenatoria) una muestra de que la propia Justicia es igual para todos.

Hoy, respecto a la primera de las personas mencionadas, han recaído ya tres sentencias con un sentido diferente, aunque todas ellas han puesto de relieve irregularidades y errores que cometió en el ejercicio de su actividad jurisdiccional. Se puede o no estar de acuerdo con estas sentencias (yo, de hecho, tengo algún reparo desde el unto de vista jurídico en alguno de los casos) y, por descontado, las mismas son susceptibles de crítica desde diversas perspectivas. Pero algunas de las actitudes y comentarios que hemos escuchado están totalmente fuera de lugar. No es en absoluto de recibo acusar de franquistas a los magistrados del Tribunal Supremo (en algún caso con declaraciones quizá delictivas o muy próximas a serlo) cuando condenan a un juez determinado, y luego decir que son muy buenos si lo absuelven. Por otro lado, afirmar, como ha hecho alguna responsable política, que la absolución de Garzón en el caso de los crímenes del franquismo demostraba que era adecuada la investigación penal de estos, solo es concebible en alguien que, o no se ha leído la sentencia (que dice muy claramente justo lo contrario, es decir, que es jurídicamente rechazable la investigación penal de delitos prescritos según la normativa aplicable, amnistiados y cometidos por fallecidos), o tiene intención de engañar o confundir. A mi juicio, el Tribunal Supremo ha demostrado con estas tres sentencias actuar con criterios jurídicos y ser capaz de resistir a presiones políticas de cualquier signo, y además del incuestionable respeto institucional que merece, ha dejado en alto lugar su imagen social.

 

DEPORTE, NACIÓN Y SENTIDO COMÚN

 

Dicen que el sentido común es el menos común de todos los sentidos, pero cuando su ausencia es tan palmaria que el exceso suplanta a todas luces a lo que aconsejaría un criterio de mesura y proporcionalidad, los resultados pueden ser nefastos. Lo que ya podríamos denominar “caso Contador”, y sus consecuencias en diversos ámbitos son, a mi juicio, prueba de lo que digo. Un tribunal deportivo, tras reconocer que no hay prueba ninguna de que Contador consumiera a sabiendas las sustancias dopantes que se habían detectado en su sangre en cantidades absolutamente irrelevantes, apela a un entendimiento absolutamente riguroso del principio de responsabilidad objetiva, y le sanciona llegando al extremo máximo que la norma permite. Una resolución a mi juicio carente de sentido y desproporcionada. Si cada vez más las garantías aplicables a la imposición de sanciones penales se van extendiendo –mutatis mutandis- a la determinación de responsabilidades administrativas, creo que un tribunal estrictamente jurisdiccional podrá arreglar el atropello cometido con el ciclista español.

A partir de ahí, un exceso llama a otro exceso, y todo ha sido excesivo. Una famosa emisora de televisión francesa ha aprovechado el asunto para, a través de sus guiñoles, parodiar a los deportistas españoles, e insinuar que nuestros éxitos deportivos son consecuencia del dopaje. Un incuestionable exceso en el ejercicio de la libertad de expresión -esta no protege un “derecho a insultar”- que permitiría respuesta jurídica por parte de los afectados, y que ha provocado ya una respuesta política y diplomática, proporcionada al caso, del Gobierno español. Pero muchos españoles han articulado diversas respuestas que han circulado en los medios y en las redes sociales. Algunas son más o menos equilibradas, e incluso pueden resultar simpáticas. Pero otras, incurriendo de nuevo en un exceso injustificable, suponen una nueva generalización que resulta ofensiva para todos los franceses, y que es tan inapropiada como el exceso al que trata de responder. Está muy bien que el deporte genere un sentimiento de “comunidad nacional”, de apego a nuestros símbolos, y de apoyo a quienes en ese ámbito representan a nuestra nación, pero por favor ¡un poco de mesura y de sentido común!

 

OLA DE FRÍO

 

 Los que saben de periodismo dicen que la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro. Puede ser, pero los informativos de la televisión tienen tendencia a tratar los asuntos meteorológicos como noticia de portada, con amplio desarrollo, precisamente cuando hace mucho calor en verano, o mucho frío en invierno. Llevamos algo más de una semana viendo amplios reportajes sobre los efectos del intenso frío en el hemisferio norte. Y aunque es verdad que en algunos países estos efectos han sido realmente trágicos, no es menos cierto que estos fenómenos se producen en algún momento de prácticamente todos los inviernos. Naturalmente, para que la noticia resulte realmente llamativa, hay que presentarla con la terminología adecuada. Así nos hablan de “ola de frío siberiano”, “lengua de aire frío que penetra en la Península Ibérica”, “mapa de presión en altura”, y no simplemente -como se decía antes- de “crudo invierno”, que es el que suele tocarnos pasar en Castilla. Lo curioso es que esta técnica parece funcionar, pues según los estudios durante estos días la información meteorológica suele encabezar los ránquines de audiencia.

Y es que en este mundo globalizado damos credibilidad a la información que nos llega en un instante de una fuente lejana que creemos solvente, y dejamos de lado la más cercana y particularizada, cuyo limitado ámbito de aplicación acaso nos hace pensar que es menos fiable, cuando es justamente al revés. Antes, bastaba preguntar a un paisano experimentado (o si uno mismo lo era, observar el cielo o sentir el aire), para predecir con poco margen de error el tiempo de las próximas horas en un lugar exacto, y si alguien quería datos más “científicos”, se miraba el termómetro o el barómetro. Ahora, confiamos más en las imágenes televisivas (quizá de Soria o de Polonia) o en un programa conectado a internet que nos manda exhaustiva información de nuestra ciudad desde Estados Unidos. Y así en Toledo, si vemos estos días la televisión o consultamos internet sin salir de nuestra casa o de la oficina, estaríamos viviendo los efectos de una terrible ola de frío siberiano. Pero si simplemente salimos a dar un paseo por la calle y miramos el soleado cielo, nos limitaríamos a decir que hace frío en invierno.