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Yo desvelo

 

 

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9

(CDLXXXIII -DXLI

 

CDLXXXIII

CDLXXXIV

CDLXXXV

 

Qué quedará de mi

si no huesos, polvo

y desolación. Quién

sabrá que viví y

sufrí como él. Ya

nada quedará de mi,

a lo sumo, un recuerdo

fugaz de alguien que

me conoció y que a

su vez será otro

recuerdo fugaz. Para

qué tanto sufrir, tanto

luchar, a quién beneficia

ese esfuerzo baldío, perdido,

ese esfuerzo de mis músculos

y de mi cerebro por destacar,

para ser alguien entre

los hombres, por llegar

a una falsa meta

echa por hombres y para

hombres. Quién llenará

mi vacío, el que soporto

y el que dejaré. Sólo

me queda la esperanza

que me enseñaron otros,

la fe de mis mayores

y que he transmitido

a mis sucesores. Esa

fe es una fina cuerda

que me evita caer en

el abismo de mi desesperación.

 

Cuando la mentira

se deshace ante nuestros

ojos como los flecos de

la niebla ante la fuerza

del sol, es el momento

de recapacitar sobre

lo que nos espera. Nadie

conoce su tiempo y nadie

puede detenerlo o detenerse.

La corriente de la vida

nos arrastra, lenta o rápida

pero imparable. Sacude

tu miedo y vence tu

duda, lo que nos espera

es mejor de lo que conoces

aunque por lo que vemos

nos parezca lo contrario.

Nuestro amado cuerpo

se acabará para siempre

de forma atroz. Más lo que

es nuestro yo, lo que no es

cuerpo, esa materia inmaterial

no se perderá, llegará hasta

el abrigo de las almas. Los

espíritus hallarán su morada

y esta será luminosa

y perfecta. Sólo nos quedará

esperar a que vengan nuestros

seres queridos para unirnos

a ellos para siempre, con

El Que Todo lo Acoge.

Creen que la obra

humana es importante

pero eso no es más

que polvo entre el polvo.

Lo único verdadero es

lo que no se pierde o

se destruye, lo que

queda en la eternidad,

lo que perdura aunque

el mundo ya no exista.

Y eso es lo que el hombre

ha de cuidar ya que

es lo más valioso que

posee: Es su posesión

de eternidad.

CDLXXXVI

CDLXXXVII

CDLXXXVIII

 

Igual que el trueno

rompe el aire y

disgrega las nubes y

el relámpago ilumina

la oscuridad de la noche

y el rayo quiebra la

piedra, mi voz sonará

como el trueno, iluminará

con su luz la oscuridad

del hombre perdido y

la fuerza del rayo de

la Verdad disgregará

y quebrará las nubes

de la duda y las

piedras de la maldad.

Después, una nueva era de

paz renacerá en la tierra.

 

Sólo nos llegará el eco

de las palabras del destino.

Quien lo escuche se

salvará y quien haga

oídos sordos, se perderá.

Su alma vagará por

los senderos insondables

y oscuros hasta que sea

rescatada de su soledad

por los ángeles de luz.

Cuando el hombre ya

no exista sobre la

tierra, aún brotará

la hierba mil años

más, antes de ser borrado

cualquier signo de vida

y las piedras resecas

y quemadas sean su

único habitante.

CDLXXXIX

CDXC

CDXCI

 

Brillan las tinieblas

perpetuas y la oscuridad

ya no existe. La Luz

reina donde antes no.

El mal ya no existe

ni existirá. Todo ha

empezado. Es el fin

del comienzo y el

principio de lo esperado.

 

No hay mayor debilidad

que el mal. El bien

es fortaleza y el mal

es sucumbir a las propias

tentaciones. El bien es

esfuerzo recompensado

en su propio hacer.

Estamos hechos para

el bien y todo mal es

cobardía. Es ir contra

nuestra propia naturaleza.

El bien es lucha por los

demás, el mal es la molicie

que nos obliga a perder

y refugiarnos en nuestra

propia flaqueza. 

 

A quien su debilidad arrastra

obtendrá perdón, a quien

su maldad obliga, obtendrá

su merecido castigo. Una

voluntad débil es digna

de perdón, una voluntad

de mal, no es digna

de él. Sólo si su

voluntad se arrepiente

y enmienda su daño,

obtendrá perdón.

CDXCII

CDXCIII

CDXCIV

El bien no se oculta

a los ojos de los hombres,

sólo el mal se esconde

tras el secreto la

desconfianza a ser

descubierto y rechazado.

Lo indiferente también

actúa sin máscara que

lo esconde. Detrás de

cada secreto se halla

la vergüenza de lo oculto

o el interés de la ventaja

del falso conocimiento

de la verdad.

 

Muchas son las vueltas

del alma humana y muchas

las vueltas que ha de dar

para conocer una simple

verdad. El hombre hace

del disimulo y del

fingimiento un arte

que a todos gusta y

entretiene, por lo que

resulta difícil para

cualquier hombre

distinguir la verdad

de la mentira, ya que

ambas se entrecruzan

como una red, por

lo que es fácil ser

prendido de ella y

resultar su prisionero.

Sólo la tenacidad es

capaz de librar al hombre

de su máscara y descubrir

al ser sencillo que hay

detrás de cualquier mentira.

 

Del torbellino de luz

del caos del Universo

surgió el orden y el

Todo ocupó su lugar

en el espacio y Todo

se cubrió con un halo

de su luz. Sólo la

nada quedó en la

más oscura de las

negruras, en la noche

más sola del mundo.

CDXCV

CDXCVI

CDXCVII

Aunque se oculte, la voz

de la culpa atravesará

montañas y llegará a

su destino. Nadie podrá

silenciar su potente clamor.

Los pensamientos de bien

y de mal, hasta Él

llegarán. La voz de la

inocencia se oirá lejos,

tan lejos y clara, que

ni los más poderosos

truenos podrán acallarla.

La voz de la mentira

dañina, resonará descubierta

y el mentiroso será escarnecido

por su maldad: Nada

puede ocultarse a los ojos

o los oídos de Quien Todo

lo ve y Todo lo oye.

El temor del hombre

a descubrir su pequeñez

le hace no mirar en

su interior, ya que

sólo halla en él

cuestiones domésticas

o sin importancia.

 

El hombre huye

asustando de su

trascendencia y prefiere

el refugio seguro de

lo inmediato o lo

próximo, a perderse

en su propio espíritu.

El temor a salirse

de la corriente de los

demás hombres, le hace

mirar con desconfianza

a lo que trasciende

de la materia y

dentro de sí sólo deja

anidar lo nimio de

la ambición intrascendente,

sólo hay cabida en él

para lo doméstico y lo

simple.

 

CDXCVIII

CDXCIX

D

 

El hombre poderoso

cree flotar sobre su

propio poder, más es

una sensación engañosa

que le hace creer lo que

no es y pierde contacto

con su propia realidad.

El poderoso es uno más

entre los hombres al que

su  suerte  ha influido a

su posible favor. Aunque

su beneficio sea mucho,

también lo es su perjuicio

ya que el poderoso se

cree lo que no es y eso

le hace sentirse superior

a los demás hombres, lo

cual es tan falso como

su poder al que un

soplo fuerte de viento

puede derribar. El más

poderoso de los hombres

es tan minúsculo como

el más desfavorecido de

ellos, y los mismos males

que aquejan a uno, serán

sufridos por él: El poderoso

es un hombre alzado por

los hombres y su presunto

poder es tan humano

como él.

 

Dos son los cuerpos

del hombre: El

que ve y siente,

su cuerpo material

y el que no ve ni

siente, su cuerpo

inmaterial que se

unirá a su espíritu

a su muerte.

Dos son los interiores

del hombre: El próximo

o cercano que ordena

su vida ordinaria y

común y el profundo

y lejano, al que no

tiene acceso sino es

buscado para alejarse

de su inmediatez

cotidiana y saber de sí

y de su unión con

el Infinito Perpetuo.

DI

DII

DIII

 

Quien no busca

en lo profundo de

sí, sólo sabe de su

pequeñez e insignificancia.

Quien busca en lo

profundo de su espíritu,

descubre su interior

verdadero, quién es

y lo qué se espera

de él, más allá

de su cercano inmediato.

Todo hombre es poderoso

en esencia, aunque pocos

son capaces de adentrarse

en las profundidades de

su espíritu y no caer

en la pérdida de su

equilibrio mental y

espiritual: El riesgo

es mucho, ya que no

todos están preparados

para encontrarse con

su propia esencia y no

sufrir las consecuencias

de su atrevimiento

en su acceso a su yo

inmanente y oculto. 

 

Quien sólo piensa sobre

lo que ve y siente,

sobre la inmediatez,

pasada o futura de lo que

hay, no llegará a mi,

ya que yo soy lo que

no ve ni siente de

forma fácil ni inmediata.

A mi hay que buscarme

más allá de los objetos

o las personas: Dentro

de lo vivo y de la materia,

yo estoy y no estoy, soy

al que hay que buscar y

al que pocos son capaces

de hallar. Yo soy la

esencia de Todo. El

éxtasis primigenio.

El orden del desorden.

Lo que es y lo que

no es. Lo que vive

y lo que no. Soy

y no soy. Estoy y

no estoy. Soy fácil

y difícil. Soy el anverso

y su contrario. Soy el

Todo y la Nada.

 

DIV

DV

DVI

 

Quien piensa sobre lo

que hay, sigue un camino

fácil. Quien piensa sobre

lo que no hay, sigue el

camino imposible del

espíritu, ese será capaz

de acercarse a mi y

sabrá de sí antes de

que llegue su momento

de Luz.

 

 

Todo hombre espera

algo que no sabe

o puede definir. Esa

espera cierta de un

incierto, entretiene y

esperanza su vida,

ya que sabe que su

espera es por algo

mejor que lo que vive.

Ese algo que posee

suspendido de su

memoria perdida,

no es, sino su

retorno a su pasado,

al pasado en el que

aún no era y al

que volverá cuando

acabe su tiempo y

deje de ser el que

es y sea el que

fue: La esencia pura

de sí.

 

Quien quiera buscarme,

habrá de hacerlo con la

mirada de niño y con

la inocencia de espíritu

de los inocentes. Me

hallará en donde alcanza

su mirada o su corazón

y dentro de todo lo que

existe. Deberá mirar con

los ojos del alma esperanzada

de los que nada temen

y anhelan hallarme.: Una

vez sepa de mi, nada

les alejará de mi lado.

El Espíritu del Bien lo

protegerá de las asechanzas

del mal y llegará a

mi sin mácula, tal

como nacieron.

 

DVI

DVII

DVIII

 

No hay vida más

allá de la vida.

Más allá de la vida

hay existencia, no

vida. Esa existencia

no es breve y finita

como la propia vida,

sino que es eterna.

Esa existencia no muere

ya que para morir

es necesario la vida

y si no hay vida, no

hay muerte. Los espíritus

no conocen la muerte,

no hay muerte del

alma. No lo que

existe ha de vivir,

tampoco ha de ser

materia inerte o

inanimada, puede

ser y no vivir, sino

sólo ser y existir sin

ser animado ni

inerte. 

 

Igual que del árbol

caen las hojas y

otras nuevas las

sustituyen, del árbol

de la tierra caen

las generaciones y

otras las sustituyen

en la continuidad

de las especies. Esa

cadencia seguirá y

aunque parezca distinta

es igual.

Lo que se acaba

no termina, ya

que queda grabado

de forma indeleble

y perpetua en el

libro espiritual

del comportamiento

del alma, más allá

de la simple intención

del humano obrar

o existir.

DIX

DX

DXI

 

Todo lo humano

es permanente, nada

se pierde en el vacío

de la nada, ya que

queda para distinguir

a los espíritus en

su singularidad única

y eterna.

Temer a la muerte es

propio de cualquier ser,

nada quiere ser privado

de su condición y de

su lucha por continuar

en su estado vital.

 

La trascendencia del

hombre es inevitable

para él, ya que la

lleva en su propia

condición humana.

Esa trascendencia

lo distingue de los

demás seres vivos

y lo hace ser

portador de eternidad.

 

DXII

DXIII

DXIV

 

No oyen los oídos

que pueden oír, ni

ven los ojos que

pueden ver, sino

los que deben ver

y oír porque es

necesario que así

sea.

 

Lo que no es ahora

es recuerdo o profecía.

Qué tu instante sea

tan bello como tus

más hermosos recuerdos

y tu futuro tan feliz

como tus más bellos sueños.

 

La inspiración pasa

veloz, más el recuerdo

permanece en la memoria

ennoblecida por el

tiempo. Tu fe debe

ser para ti, como

un hermoso recuerdo

de tu infancia o

juventud, al que recurras

en tus momentos

de pesar.

 

DXV

DXVI

DXVII

 

Todo está en ti,

si tu te respetas y

respetas, serás respetado.

Si tu te amas y amas,

serás amado. Si tu

te odias y odias,

serás odiado. Tu eres

y serás lo que desees

ser: Lo que sea de

ti es parte tuya y

en ti quedará.

 

Falsas ideas alimentan

el espíritu de muchos

y se extiende entre

los hijos de la tierra.

Las falsas creencias

equivocan a los hombre

y los desvían de su

camino. La fe en

el error es el error

más extendido: Cuando

el hombre recupere

su verdad  hurtada,

será él.

 

Mezclar mentira y

verdad confunde al

hombre. El hijo de

la tierra ha de

buscar su camino

dentro de sí, ayudado

por el Espíritu de

Bien que iluminará

su ceguera y mitigará

su soledad.

DXVIII

DXIX

DXX

 

Yo soy la Verdad

y la vida, el sueño

y el recuerdo, el

Bien esperado, el

sueño eterno del

hombre. La esperanza

a su dolor, el remedio

de su angustia, el

calor de su frío y el

frío de su calor: Sigue

el camino del Bien

y mi Espíritu irá

a tu lado hasta mi.

 

Cuando el hombre

vence sus debilidades,

se acerca a mi.

Cuando el hombre

ayuda a su hermano

desfavorecido se acerca

a mi. Cuando el

hombre no odia a

su enemigo, se acerca

a mi. Cuando el hombre

se perdona y persona,

se acerca a mi.

El hombre necesita

asirte a la seguridad

de la materia, así

cree que sus cimientos

no se tambalearán

por la evanescencia de

su espíritu: Prefiere

ignorarse a conocerse.

DXXI

DXXII

DXXIII

 

De entre todos los

seres del Universo, sólo

el hombre es capaz

de quebrar la oscuridad

de su ignorancia y

lanzar un rayo de

su inteligencia hacia

el lugar que hay más

allá de si mismo. Esa

tenue luz le guiará

entre las tinieblas de

su opacidad y abrirá

un camino a su espíritu

que lo alejará de sí y

lo acercará a mí.

 

Lo intrascendente del

hijo de la tierra, volverá

a la tierra y su trascendencia

no, ya que no pertenece

a ella, sino a los

espacios ocultos que hay

más allá de la razón

humana. Ese otro

espacio o lugar, que

no es espacio ni

lugar, se le abrirá

luminoso o sombrío

según la condición de

su espíritu.

En el paso Leve de la no

vida a la vida, está Él.

En el paso de la vida

a la no vida, está Él.

Antes de la vida y

después de ella, está Él.

Él es el momento del

inicio y del fin, el

Principio del Principio y

el Fin del Fin. El inicio

y el final  y el momento

del momento.

DXXIV

DXXV

DXXVI

 

No hay vida más

allá de la vida,

ni muerte más

allá de la muerte.

Más allá es eternidad,

más allá es infinitud,

más allá es el origen

del Principio y del

Fin. Más allá está

la única razón de

la vida y la muerte.

Más allá está la

respuesta a toda duda.

Más allá no hay

vida ni muerte.

Más allá es el Reino

del Espíritu. Más

allá están los que

se fueron. Más allá

está el Todo y la

Nada. Más allá está

el Reino del Bien

y del Mal. Más allá

está el fin de todo

temor y de toda

duda. El más allá

nos espera a todos.

El más allá es Él.

 

Nada es sin Él,

nada existe fuera

de Él. Todo es Él,

la piedra, el planeta,

la estrella o el

insecto es Él. La

planta, el animal,

el agua, es Él.

El hálito de la

vida es Él. El

aire es Él. Lo

que existe y lo

que no, es Él. Lo

que se ve y lo

que no, es Él.

Lo que se sabe

y lo que no, es Él.

Nada hay sin Él.

El hombre sólo

entiende lo que

conoce. Lo desconocido

es una barrera para

él. Esa es la causa,

la razón por la que

vine a los hombres

para que conocieran

y entendieran a través

de mis palabras y

hechos lo desconocido

y lo cercano.

DXXVII

DXXVIII

DXXIX

 

Espíritu del Bien:

Socórreme.

Espíritu de la Verdad:

Ilumíname.

Espíritu de Él:

No me dejes.

Espíritu Santo:

Dame santidad.

Espíritu de Bondad:

Perdóname.

Espíritu de Luz:

Vence mi

oscuridad.

Espíritu de Amor:

Inúndame.

Espíritu de Perdón:

Alivia

mis culpas.

Espíritu Todo Poderoso:

Guíame.

Espíritu de Paz:

Sosiégame,

detén mi lucha.

Espíritu Puro:

Elimina

mi impureza.

Espíritu Guía:

Guía la

oración de mi espíritu y

llévala hasta El Que Todo

lo Sabe y

Todo lo Ama y

cuando llegue mi momento

condúceme ante Él.

Espíritu del Consuelo:

Consuela mi aflicción.

 

Un rey sin reino es

un orgullo perdido,

una escalera sin

peldaños, un abejorro

sin alas. Un hombre

sin oficio distrae su

inútil tiempo en los

juegos de su mente.

Pero tanto uno como

otro, dependen de la

caridad de los demás

hombres. Ambos son

seres sin orgullo y no

son capaces de valerse

por ellos mismos. Han

perdido o dejado perder

sus habilidades y su

castigo es su inutilidad:

Lo estéril no da fruto.

 

Lo diferente es frágil

y delicado, ya que su

diferencia lo separa y

lo aísla de los otros

tan parecidos entre sí.

El diferente sufre

en su rareza ya que

no puede evitarla

aunque lo desee: El

diferente es un distinguido

de Él.

DXXX

DXXXI

DXXXII

 

No hay estrella que no

se apague, ni estrella

que no nazca. Nada

surge ni acaba sin

la voluntad del Que

Así lo Quiere. La

importancia del hombre

en la Creación es que

es el único ser que

lo sabe o puede saberlo:

La ignorancia sobre ello

de cualquier otro ser,

no impide ni dificulta

su existencia.

 

No hay placer ajeno

al hombre ni dolor

que no le afecte. Su

sensibilidad le permite

llegar a alcanzar lo

ignorado de lo oculto,

aunque su inteligencia

lo rechazará por ser

contrario a su razón

y lo ignorado seguirá

siéndolo.

Las voces de los pensamientos

sólo cesarán cuando el

emisor las una en su

espíritu y se las lleve

consigo a donde deban ir:

No hay pensamiento

perdido ni oculto para

El Que Todo lo Sabe.

DXXXIII

DXXXIV

DXXXV

 

La historia del hombre

queda grabada en el

espacio invisible para

El Que Puede Verla

y Oírla: No hay imagen

ni sonido, pensamiento

o gesto que no quede

donde debe quedar.

 

El misterio de la vida

es para el hombre un

enigma igual que el

de la muerte, porque

¿qué hace a la semilla

germinar, pasar de ser

un grano de trigo o

de otra planta a

ser una planta viva?.

En la semilla duerme

el árbol, y la tierra

al acogerla en su seno

materno, le presta lo

que necesita para brotar.

Aún así si no se le

otorga el don de la vida,

no germinará y permanecerá

inerte en la tierra. Ese

don vital es el que

separa lo no vivo de lo

vivo. Al contrario

cuando el ser vivo muere,

de la vida pasa a la

no vida, y nada puede

la tierra o su madre

para volverlo a la vida.

Esos dones, tanto el de

la vida como el de la

muerte, los otorga El

Que Puede Hacerlo y el

hombre es instrumento

de ello igual que la

Naturaleza.

 

El hombre cierra los

ojos en un inútil

gesto para no ver lo

que tiene ante sí. No

por no querer ver, deja

el mundo su camino.

El hombre sigue montado

en el caballo del error

que lo lleva hasta el

precipicio y nada

parece poder detener

a la bestia, más

un sólo instante

de Luz detendrá su

loca carrera y la bestia

cederá su presa. Para

ver la Luz el hombre

ha de abrir los ojos

de su inteligencia y los

de su corazón. Su

humildad le salvará,

su orgullo le perderá.

DXXXVI

DXXXVII

DXXXVIII

 

Cuando la tiniebla perpetua

se abata sobre el mundo,

sólo el Espíritu Puro

alumbrará con su Luz

de eternidad. Las tinieblas

se abrirán a su fulgor y

ni uno solo de los hijos

de la tierra se quedará

sin ver lo Inconmensurable.

 

Cada alma elige su camino

y ningún juicio existe fuera

de los juicios de los hombres

en los que dirimen sus

cuestiones. Los espíritus

tienen ocasión de acercarse

a uno u otro según sus

preferencias: Los espíritus de

bien, al Bien y los espíritus

de mal al Mal, su elección

es eterna, si no reniegan del

suyo los del Mal.

 

 

Todo lo que en el hombre

parece seguridad, no lo

es y su situación puede

tornarse en un instante.

Sólo son seguros dos

momentos suyos, el del

nacer para los que nacen

y el de morir para

los nacidos, todo lo

demás es tan cambiante

como el propio viento,

y el hijo de la tierra

nada puede hacer para

cambiarlo.

 

DXXXIX

DXL

DXLI

 

Todo lo existente tiene

su finalidad y nada

existe sin causa. En esa

finalidad y en esa causa

el hombre es un instrumento

más entre los demás y sólo

se distingue por su voluntad

de bien o de mal.

 

Ir contra la vida

es ir contra la

naturaleza y contra

el Creador de ella.

La vida no es

nuestra, ni siquiera

la propia: Toda

vida ha de seguir

su curso hasta el final.

 

La vida es Él.

La muerte es Él.

La no vida es Él.

Nada acontece

sin Él y en todo

mal se halla

el Espíritu del Mal

que pretende hurtar,

y a veces lo consigue,

la iniciativa del

Bien que al final

vencerá en el Reino

del Espíritu: El

Mal es transitorio,

el Bien perdura más

allá de aquí. El

Mal sólo para sus

afines perdurará.

 

DXLII

DXLIII

DXLIV

 

Él no acusa,

Él no daña,

Él no reclama,

Él no juzga,

Él no ataca,

Él no exige,

Él no se venga,

Él no condena.

Él ama,

Él perdona,

Él acepta,

Él cura,

Él da.

Él se ofrece al

hijo de la tierra

para fortalecer

su voluntad de

Bien y su anhelo

de Verdad: Él

ilumina con su

Luz la oscuridad

del hombre y la

llena de Bondad

eterna.

Quien no cree, no

halla consuelo en sus

horas amargas. Sólo

el olvido aliviará

sus males y curará

sus heridas. El que

cree no necesita el

consuelo del tiempo

que olvida, ya que

su esperanza en

el más allá y en

la Providencia le

permitirá afrontar

su desdicha y

apurar hasta el

fondo su ración de

hiel, porque Él así

lo quiere: Su aflicción

lo elevará y su abatimiento

se disolverá.

 

En el más allá, nada

hay más lejano. En el

más allá se halla todo

lo que falta en el mundo.

En el más allá nada

falta ni nada sobra. En

el más allá los espíritus

afines se encuentran. En

el más allá reina la

armonía de las almas

libres. En el más allá

se recogen todos los

pensamientos y sensaciones

humanas desde su

nacimiento, hasta su

muerte. En el más

allá se halla el ser

humano entero en todo

su tiempo vital. En el

más allá no hay temor

ni ambición, deseo ni

dolor. En el más allá

nos hallamos los hombres

donde la Creación del mundo.

En el más allá se halla

la plenitud humana. En

el más allá no hay tiempo

ni espacio. En el más

allá se halla Él,

el Creador de Todo

lo Posible y de lo

Imposible: En el

más allá Todo se sabe y

nada se ignora.

 

DXLV

DXLVI

DXLVII

 

Nada de lo que el

hombre piensa, siente o

hace, se pierde. Todo

lo humano queda recogido

en el Libro Invisible

del más allá, el Libro

donde las almas se

refugian en busca de

su yo. La maldad

y la bondad humana

quedan consignadas

de forma indeleble. La

voluntad de mal o de

bien y su expresión terrena.

Los espíritus irán desnudos

ante los demás espíritus

y todo se sabrá. No habrá

intención oculta que no

se sepa y los propios

espíritus se juzgarán

a sí mismos ante los

demás. La vergüenza del

mal los avergonzará y

el bien los liberará con

su mayor peso en la

balanza: No hay bondad

ni maldad pura, excepto

la Bondad del Hijo del

Hombre, de María y la

del Creador, que son

Absolutas, y la absoluta

maldad del Espíritu

del Mal que seduce

y esclaviza a los que se

valen de él.

 

En el origen del origen,

en el principio del principio,

antes que la nada fuese

la nada, estaba Él.

Antes del inicio del

inicio, cuando el vacío

se apoderaba del Universo,

estaba Él. Antes de la

existencia, estaba Él.

Él es lo primero, lo

primigenio y antes de

Él estaba sólo Él y

después de Él, seguirá

Él, ya que Él no

tiene inicio ni final:

Él es el Ser Supremo

y Único del que parte

lo demás.

El hombre ha de mirar

fuera de él para hallar

lo más valioso de sí.

Más allá del hombre

me hallará, y en mi

se hallará a sí mismo:

Yo soy él cuando cree

en mi y él es yo

cuando ayuda a los

que así lo necesitan.

 

DXLVIII

DXLIX

DL

 

Nada acerca más

al hombre a Él,

que cuando el

hombre ayuda al

hombre.

 

No hay vida sin cuerpo,

el espíritu existe sin

un cuerpo que lo sustente,

más no vive, ya que

el espíritu no es materia,

sino inmateria y no

puede vivir por sí mismo

independiente de un

soporte físico humano.

El no vivir permite no

morir y lo que no muere

es eterno: Una vez

que acabe la vida,

comienza la existencia continua.

 

En el mundo de la materia

existe la inmateria, en

el mundo de la inmateria,

no existe la materia.

El mundo de la inmateria

no acaba, no sufre

desgaste y la palabra

siempre, es su definición,

ya que existe desde siempre

y siempre existirá.

DLI

DLII

DLIII

 

Igual que las venas

de los ríos llevan  su

agua por todo el

cuerpo de la tierra

para nutrirla y

apagar su sed, mi

palabra se extenderá

por la tierra como

agua vivificadora y

apagará y saciará

la sed de saber que

consume al hombre

desde su creación: Mi

palabra será el agua

del conocimiento y del

consejo para el hombre

ausente de mi. Quien

me bebe, sabrá.

No pierden al hombre

sus virtudes y buenas

obras, sino sus debilidades

y ambiciones. De lo bueno

hacia el hombre, se derivará

bien y del mal que se

le ocasione, producirá mal.

El mal al hijo de la

tierra por obra de otro

igual, causará daños

inútiles, ya que todo

esfuerzo negativo o

malvado es inútil

en sí, y cualquier esfuerzo

a favor del hombre, será

grato para Él y válido

para su hacedor.

 

Hombres sin humanidad

van entre los humanos.

Se confunden entre ellos

ya que es difícil distinguirlos.

Una profunda maldad

les hace distintos a los

demás: Ellos no aman, su

indiferencia hacia el

necesitado no lo hace

grato a los ojos de Quien

Todo lo Ve. Esos hombres

pueden ser injustos o

crueles con sus hermanos

y no percibir el dolor

ajeno causado por ellos.

Su corazón está seco como

los sarmientos de la vid

antes de reverdecer, pero

igual que la vid, pueden

florecer de nuevo y dar

dulces frutos sin son regados

por el agua del Bien y

beben sus raíces de esa

Verdad única.

 

DLIV

DLV

DLVI

 

Él siempre escucha

al corazón que sangra,

la voz dolorosa del

sufriente llega hasta

El Que Todo lo Sufre,

Él escucha en el silencio

los gemidos del hijo de

la tierra. Él toma sus

lágrimas, sean húmedas

o secas, y las guarda para

sí. Lo que parece mal

al hijo de la tierra, no

lo es y lo que le parece

bien, puede que no lo sea:

Él es el Bien Supremo y

su obrar supera el saber

del hombre.

 

Los hijos de Caín abaten

con furia sus espadas

sobre las cabezas de sus

enemigos. Los hijos de

Caín se han enseñoreado

de la tierra y la sangre

tiñe los campos y aguas.

Los hijos de Caín son los

herederos del Mal y ellos

no poseerán la tierra, sólo

la herirán con su saña

maldita.

 

Nada apiada al malvado

cuando realiza su mal,

ni los gritos, lamentos o

lloros de sus víctimas.

Ellos hacen de sus oídos

muros de piedra y de sus

ojos no se les escapa un

gesto de bondad. Son los

instrumentos elegidos por

el Espíritu del Mal y nada

les aparta de él. En el

mal no hay risas ni

alegría, sólo el silencio

eficaz de la destrucción:

El silencio es el sonido

del Mal cuando finaliza

su daño. Sólo queda el

silencio y la pena de los

sobrevivientes a él. El

Mal parece alejarse, pero

sigue ahí, cerca del hombre,

dentro de él.

 

DLVII

DLVIII

DLIX

 

El mal es la quiebra del

orden del Universo. El mal

perturba la exactitud del

bien y altera lo interno

de los seres. El mal es

el desafío de lo armónico,

es la ruptura de lo unido,

la nota discordante sin

otro objeto que la destrucción.

Su fin es el caos del

Universo en el que todos

sus seres poseen su razón

de existir, es la pérdida

de la confianza y el triunfo

de la duda. La única ley

que acata el mal es la

destrucción continua.

 

La voz oscura del

Mal se oirá en la

tierra. Es la insidia

pérfida del que trata

de rebajar al hombre

a su más baja expresión.

Su voz es la voz de

las torcidas razones

que hacen dudar al

hombre de su espíritu

eterno. El Mal dice:

Tú, hombre, eres el

fruto indeseado o no

de la fornicación y por

ello tu origen es tan

impuro como tú. Tus

hijos al conocer

su origen te despreciarán

y ellos a su vez

serán despreciados

por sus hijos. Nada en

el origen del hombre

señala o indica su

vocación de bien o su

instinto de eternidad.

Sin embargo así es

y el hombre, es capaz

de elevarse por encima

de sus necesidades humanas

en busca de la fe de su

espíritu en el Espíritu

Puro.

¡Oh hijos de Zoetelbec!

Vosotros sois conscientes

de vuestra impureza y

de la imperfección de

vuestros deseos y sentimientos,

vosotros sois los verdaderos

hijos del Mal, fruto de

la fornicación como

lo son los demás animales

que se gruían del instinto

de la especie. Para vosotros

nada hay más allá de

vosotros mismos, excepto

la satisfacción de vuestras

apetencias más rastreras.

Vosotros os creéis los

seguidores supremos de la

realidad y despreciáis a

los que siendo como vosotros,

se creen portadores de más.

Vosotros sois los hijos

de la fornicación y jamás

podréis significar más de lo

que sois, ya que así lo

queréis. El hombre es

mucho más de los creéis

ser, ya que su vida es

antesala de eternidad

de Bien o de Mal.

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