Yo desvelo
pulsar 1,2,3,4,5,6,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17y18 7 (CCCLXI - CDXIX) CCCLXI | CCCLXII | CCCLXIII | | Lo que no existe no puede existir, luego toda vida nueva ya existía en su precedente, aunque en forma invisible o preexistente. En el primer hombre y en la primera mujer preexistía toda la humanidad, tanto la pasada como la actual y la futura. En sus células están nuestras células y somos parte de ellos y ellos de nosotros. Lo que existe, existía y esa existencia celular lleva incorporada las instrucciones de la especie de la que se trate, incluida la humana. El pasado es un avance del futuro. Por ese motivo el hombre es tan parecido en cualquier época y se haya sujeto a similares condicionantes. El pasado es el presente y el futuro y están implícitos en cada ser. | Donde no existe el tiempo. Donde no existe el frío o el calor. Donde no existe la noche ni el día. Donde no existe lo conocido ni lo desconocido. Donde no existe la existencia. Donde no existen las pasiones ni los deseos. Donde no existe lo animado ni lo inanimado. Donde no existe lo vivo ni lo muerto. Donde no existe el espacio, ni espacio, ni lugar. Donde no existe luz ni sombra. Donde no existe ni algo ni nada. Donde no existe ni una mota de polvo. En ese fatídico lugar que no es lugar ni nada que se le parezca, en esa nada entre la nada moran las almas de los desgraciados que fueron condenados al silencio de la ignorada. Ignorados por la eternidad en una perpetua inexistencia tan invisible como inútil: Condenados a no ser ni siguiera almas condenadas, sino sólo un fracaso infinito. | Bienaventurados los que extienden un mensaje, pues ellos serán oídos más allá de donde llega la palabra. Bienaventurados los que creen, pues ellos serán creídos en sus hechos y palabras. Bienaventurados los que se atreven a proclamar un mensaje diferente a su realidad, pues ellos se encontrarán con sus palabras y en ese encuentro hallarán su paz. Bienaventurados los que buscan la Verdad, pues ésta es única y desinteresada y ellos la hallarán. |
CCCLXIV | CCCLXV | CCCLXVI | Muchos son los desiertos del corazón humano, más entre ellos surge el vergel de la esperanza que le ofrece no acabarse nunca en la Gloria de su Creador. | Quien cree en mí, cree en lo mejor de sí, y quien no cree en mí, ha de buscar refugio a su maldad en su propio corazón atormentado. Su precario cobijo se deshará como el humo al viento. | Quien confía en lo que de mi hallen en él, no morirá y vivirá en la Gloria Infinita más allá del fin de los tiempos. |
CCCLXVI | CCCLXVII | CCCLXVIII | | Muchos son los hombres que utilizan sus creencias para obtener ventajas sobre los otros hombres. Ellos imploran al Señor del Universo para conseguir predominio. Son iguales a los siervos de Zoeltebec que pretenden privilegios a través de su maldad: Los que quieran lo que no pueden tener por otros medios, no serán oídos y sus peticiones se perderán sin querer ser escuchadas: Sólo lo justo que nace de la desolación llegará a mi Padre. | Sólo la oración que nace en el interior de la necesidad angustiosa llega hasta mi Padre el resto se difumina como humo al viento. | Así como el alma inmortal es prisionera de un cuerpo mortal y corruptible. El hombre es prisionero de sus propios deseos y pasiones de las cuales sólo podrá liberarse mediante la intercesión del Espíritu del Bien que le otorgará la fortaleza necesaria para vencerlos. Y pueda presentarse libre y limpio a la Gloria de su Creador |
CCCLXIX | CCCLXX | CCCLXXI | | | Quise que el hombre comprendiese, por eso vine. Los hombres no quisieron oírme, sólo querían mi ayuda para aliviar sus dolores. Aunque me oían, sus mentes no recibían mi mensaje, pues su voluntad era reacia a lo nuevo. Las creencias antiguas les bastaban en su ignorancia. Sólo unos pocos quisieron abrirme sus corazones y mentes y en ellos germinaron mis palabras. Muchas de mis palabras se olvidaron y perdieron y otras se ocultaron. Muchos no entendían el sentido de mis palabras, y las malinterpretaban. Lo dicho por mi no les importaba, sólo querían ver mis señales. Cuando me fui el hombre siguió sumido en su ignorancia, más mis semillas dieron frutos que llenaron la tierra. | No hay vida sin muerte ni muerte sin vida para el hijo de la tierra. Igual que la semilla duerme en la tierra hasta su momento de germinar, la vida del hombre duerme hasta que llega su momento de despertar a la vida de la tierra. Una vez cumplido su curso, vuelve a su origen terreno. Su alma regresa a su lugar, intacta en los niños y purificada en los demás por sus obras y sentimientos o por purificar de sus culpas hasta ser admitida en su origen inmortal. | El paraíso terrenal para el hombre es su inocencia. Su pérdida conlleva la expulsión de lo ideal. Nadie que no recupere la inocencia de su infancia, podrá regresar a él. El Paraíso terrenal es una forma única de ver y sentir la vida y no importa el lugar o la circunstancia en la que se esté: Es la ausencia de malicia y de la maldad que lleva consigo. Tu paraíso está en ti y de su pérdida nace el hombre o la mujer que eres. Quien no me busque con esa misma inocencia, no me verá. | |
CCCLXXII | CCCLXXIII | CCCLXXIV | | | La Verdad no es para guardarla para sí, sino para compartirla con quien la acepte. La Verdad avanza despacio en el corazón de los hombres, pero una vez llegada a él, no lo abandona. La Mentira avanza rápida, más al final sucumbe a la Luz y descubre su maldad oculta. | Dos son las misiones del hombre: Buscar la Verdad y proclamarla a los que la buscan, una vez hallada ésta. Para que su camino sea más fácil debe buscar en mi palabra, pues en ella se halla lo que el hombre busca. Fuera de mi no hay salvación. Fuera de mi todo es oscuridad y mentira y quien sigue el camino de la mentira se perderá. Muchos profetas no son sino Zoeltebec o enviados suyos plenos de palabras engañosas. | Dos son los corazones puros: El corazón de la inocencia que no conoce la maldad dentro de sí, y el corazón del hombre que sí la conoce y la rechaza al reconocerla dentro de sí. Es mayor el mérito de quien la rechaza, pues lucha contra sí mismo, ya que su maldad está dentro de él. Quien se vence a sí mismo, se acerca a mi y la fuerza de su victoria estará guardada por el Espíritu Santo que la presentará a mi Padre. | |
CCCLXXV | CCCLXXVI | CCCLXXVII | | Cuando supieron de mi muerte, muchos de mis discípulos y seguidores dejaron de creer en mi. Incluso mis apóstoles, a los que elegí para extender mi doctrina dudaron de mi. Mi muerte me igualó, a sus ojos, a los demás hombres y se preguntaron ¿Sí es como nosotros, a qué adorarlo y seguirlo? Ellos me eran necesarios y para vencer su desilusión sobre el Hijo del Hombre, me aparecí a ellos en otra apariencia y les hablé sobre lo que esperaba de ellos. Desde ese momento dejaron de dudar y de temer por sus creencias. Mi nueva fue extendida por el mundo y los hombres supieron de la existencia de lo Inconmensurable y de lo que de ellos se esperaba para ganar la vida eterna: La Verdad fue dicha. | Muchos conocen la Verdad más pocos la siguen en sus dificultades para acercarse a mi. Y yo os digo: Quien no se venza, no vencerá a su enemigo. Quien no se entregue, no recibirá ningún fruto pues su árbol se secará. Sólo el que beba de mi agua apagará su sed y sólo el que coma de mi cuerpo y beba de mi sangre sabrá de mi y de la Gloria eterna que le ofrezco. | Sólo las almas del bien y los espíritus de la bondad se aceptarán en la eternidad. Los cuerpos de los hijos de la tierra volverán a ella: Invoca al Espíritu del Bien y de la Verdad y Él te iluminará y te mostrará lo que de mi hay en ti. |
CCCLXXVIII | CCCLXXIX | CCCLXXX | Sólo los hijos del Mal se niegan a aceptar mi Verdad y huyen de mi palabra. Sólo su voluntad de bien puede acercarlos a mi, para ello deben renunciar a Zoeltebec. Con la ayuda del Espíritu Santo recobrarán su voluntad de bien y el camino de la Verdad. | La batalla nunca cesará, el hijo del hombre porta el bien y el mal y esa lucha continua le acompaña durante su vida. Su voluntad de bien debe vencer a su espíritu de maldad para alcanzar la Bondad Suprema, para ello debe buscar la ayuda del Espíritu Santo con esta invocación: Espíritu Santo acude a mi y no me abandones nunca. Fortalece mi brazo para vencer a mi enemigo más poderoso y sutil. Hazme merecedor de tu Bien y de tu Verdad para que pueda alcanzarlo. | La fuerza del Espíritu vence las leyes de la materia y lo que no parece posible lo es. La energía intrínseca de la materia no se pierde y la energía de nuestra materia se une a nuestro espíritu y forma un cuerpo inmaterial pleno de luz y energía. Ese cuerpo conserva la imagen aunque no la materia original de la que se formó, que se une a la tierra y en ella se fundirá. La materia se queda en la materia y la energía se une al espíritu en un alma inmortal, intangible e imperecedera: No hay más vida para el hombre que la que emana de él y de su espíritu. |
CCCLXXXI | CCCLXXXII | CCCLXXXIII | | | No hay misterio para quien lo conoce, ni mentira para el que conoce la verdad. Para ocultar el vacío de su ignorancia el hombre se protege con el misterio. La imaginación trata de vislumbrar lo oculto a la inteligencia, más el no saber y el no conocer hace supersticioso al hombre. Los misterios no son sino verdades ignoradas: Sólo la fe mitiga la ignorancia del hijo de la tierra. No hay misterios, sino ignorancia. Sólo el hombre es culpable de su ignorancia al no querer aceptar mi mensaje de luz y amor. | Como sarmientos retorcidos así se retuercen las almas de los condenados ante los suplicios eternos. Ellas aún podrán salvarse si lo imploran y se arrepienten de sus maldades y reniegan de Zoeltebec, el inspirador de su maldad. Si piden su perdón serán perdonados por El que Todo lo Puede. | Quien de mí come no querrá otro alimento. Y quien de mi bebe no buscará otra fuente para su sed. Si aplacas tu hambre y tu sed con mi alimento, no precisarás otro y serás saciado hasta la eternidad. | |
CCCLXXXIV | CCCLXXXV | CCCLXXXVI | | | Padre mío, tú que me oyes porque quieres oírme en tu Gracia Soberana, escucha mi súplica: Sea tu nombre innombrable por los blasfemos y demás hijos del Mal. Cuida de tus desvalidas criaturas y conduce a tu Reino Inmortal a lo que así lo merezcan. Perdona sus faltas y protégeles del Mal. Padre mío que estás en todo, cuida de tus criaturas en la Tierra como cuando ya no estén en ella. Llévalas a tu Reino. Perdona sus faltas, y líbralos del Mal. | Muchos son los pesares del hijo de la tierra y pocas sus alegrías. Aunque él tiene reservada la mayor gloria si cree. Su fe le llevará a la Gloria junto al Todopoderoso y su Bien no tendrá merma. | Señor del Universo y Padre de lo creado, escucha la súplica de tus criaturas los hijos de la tierra: Ellos necesitan de tu Soberana Presencia y de tu Bondad Infinita. Ellos viven en la penumbra y necesitan de tu Luz y de tu Verdad Eterna. Necesitan de la guía del Espíritu Santo de María y del Hijo del Hombre para acceder a tu Presencia y al Amor Eterno de tu Gloria | |
CCCLXXXVII | CCCLXXXVIII | CCCLXXXIX | | Lo que se espera de ti es que tu fe sea más poderosa que tu duda y que sigas mi camino en tu corazón con la fuerza del Espíritu de la Verdad que alienta tu espíritu. | Aunque no quieras acercarte a Él y la certeza de tu duda te lleve a su renuncia, Él seguirá a tu lado y cuando veas su Luz no dudarás en seguirla. | Señor, Señor apiádate de los indefensos hombres que tanto te ofenden. Señor dales las fuerzas para vencer al Espíritu del Mal que quiere arrebatarles de tu lado. Señor muéstrales tu camino luminoso para que salgan de las sombras tenebrosas. |
CCCXC | CCCXCI | CCCXCII | | Los aliados de la muerte son espíritus de la bruma. Ellos causan el dolor de su Maldad en los hijos de la tierra: Hay dolor, más no hay muerte, hay ausencia, más no abandono, hay pérdida, más sólo aquí en los encarnados. Si los que mueren fueron amados en vida, lo serán en la Eternidad. Y si no lo fueron, lo serán en deuda a su amargura por el que Todo lo Ama. | Si el hombre en su duda no posee ninguna fe en la existencia eterna y en que pueda existir un Creador de todo, y sólo es capaz de creer en lo que ve y toca. Eses hombre incrédulo, incapaz de ir más allá de si mismo y de lo cercano, debe mirar el firmamento en una clara noche estrellada. Una infinidad de estrellas le dirán de su pequeñez y de su insignificancia y de que hay un Ser Superior capaz de ordenar ese mundo, tan descomunal para el hombre que es incapaz de comprenderlo o asumirlo. Cuando ese hombre en su contemplación sienta el vértigo de lo imposible, sabrá que no está solo, que nunca lo ha estado y nunca lo estará. Él pertenece al Universo y el Universo le pertenece y cuando se sienta uno y todo, comprenderá lo indescifrable de su ser y su unión más allá de lo que la armonía de su unión le ofrece, en ese momento sabrá de lo eterno y que lo eterno siempre ha sabido de él. Ese Eterno es su Creador que le espera más allá de su insignificante pequeñez. Desde ese instante creerá y nada ni nadie podrá apartarlo de lo que siente en lo más profundo de su ser. Su espíritu está presto para su unión con el Universo más allá de su razón. | La fe no se pierde es la razón de la duda y la duda de la razón lo que la distrae y dispersa. Pero la fe sigue ahí, presta a creer lo que no ve, no sabe y no comprende. Esa fe es el instrumento más valioso que la Gracia del Espíritu Santo deposita en nuestra alma. |
CCCXCIII | CCCXCIV | CCCXCV | | En la nada no hay nada ni siguiera un poco de algo, un algo de ilusión, de esperanza. En la nada sólo hay vacío. Es un hueco aterrador, un gigantesco agujero negro donde se hunden vida y consuelo arrastrados por el torbellino de la muerte. En la nada ni siguiera hay muerte. | Si el hombre ve las estrellas es porque necesita verlas ya que los órganos y sentidos del hombre están adaptados a sus necesidades. Y si necesita verlas es porque en ellas está la constancia de la Infinitud de su Creador. Quien mire al Cielo a de creer y si no es capaz de ello es porque su mente se distrae en detalles insignificantes y trata así de huir de la Verdad Universal que se presenta ante sus ojos. | Lo cotidiano distrae al hombre y le impide tomar conciencia plena de sí mismo. Al mismo tiempo lo cotidiano muestra al hombre su realidad más cercana y le ayuda a sortear las flaquezas de su espíritu. Lo cotidiano da fuerzas para seguir y vencer la desesperación y al mismo tiempo lima las armas para luchar contra esa misma desesperación ya que lo cotidiano se inicia y acaba en sí mismo. El hombre debe saber combinar ambas energías y que una no prevalezca sobre la otra, ya que cuerpo y espíritu van juntos y son inseparables del ser. |
CCCXCVI | CCCXCVII | CCCXCVIII | | | Igual que el hombre se beneficia de la bondad humana y se perjudica con su maldad. Su beneficio, si acepta los dones del Espíritu Santo, será inconmensurable y eterno y su perjuicio, si acepta al Espíritu de la Maldad, será del mismo modo inconmensurable y eterno: El hombre elige. | El enemigo del hombre es fuerte aunque su aliando lo es aún más. No hay maldad que venza en el tiempo, su victoria es la del instante y su perjuicio, aunque parezca duradero, es tan amargo como efímero En su perpetua insatisfacción el mal nunca consigue su propósito, ya que el hombre es indestructible y si lo ataca el mal es porque su aliado es el Espíritu eterno del Bien al que jamás el Mal podrá vencer. El Mal deberá retirarse a su morada de sombras eternas para no ser deslumbrado por la Luz emanante del Bien y de la Verdad, y desde la oscuridad sabrá de su derrota perpetua. | Los amantes de la materia quieren hurtar al hijo de la tierra su espiritualidad. Los amantes de la materia son aliados de la tierra y sólo aceptan lo que de ella proviene. Niega lo que no pueden tocar, ver, oler, oír o saborear. Los hijos de la materia no puede percibir fuera de sus sentidos lo que hay más allá. Ante su carencia, optan por negar a lo que no alcanzan. Los hijos de la materia no saben que son instrumentos del Espíritu del Mal que los usa para que nieguen lo que ellos mismos poseen y que ignoren lo que los distingue de los demás seres. El Espíritu del Mal oscurece su raciocinio y les ofrece pequeñas satisfacciones para su halago momentáneo: Los amantes de la materia habrán de buscar en ellos y reencontrase con su espíritu, ya que será lo único que les quede. El Espíritu es la única propiedad humana no humana. | |
CCCXCIX | CD | CDI | | Igual que la semilla surge del árbol y forma parte independiente de él, ya que conserva en sí los caracteres del árbol no siendo éste, el hijo del hombre y mujer posee su independencia como ser distinto y conserva las características heredadas de su padre que lo hacen igual y distinto a un tiempo. Ser hijo es condición indispensable para nacer y para morir pues quien no nace, no puede morir ya que carece de vida. Igual que no hay ser humano sin vida, no hay espíritu que no viva en el hombre, ya que fuera de él es un espíritu sin vida ni muerte. Un espíritu eterno que conservaría las características de cuando era un espíritu vivo albergado en un hombre. Todo lo que vemos lo anima el Espíritu de la Creación, tenga o no vida. | El espíritu forma parte intrínseca de la vida del hombre, ya que sin él sólo sería materia y no se distinguiría del resto de los seres vivos. Pero el espíritu del hombre, mientras vive es un espíritu vivo, un espíritu unido a la materia hasta que la materia muere. El espíritu no nace, por lo que no muere, pero vive en el hombre y con él permanece desde su inicio a la vida hasta su término. Es la esencia misma del hombre, lo que lo hace distinto y único, igual y eterno, pues a todo hombre adorna un único espíritu, único y distinto a cualquier otro. | Lo que ha de decirse, se dirá, lo que ha de oírse, se oirá, y lo que ha de saberse, se sabrá. El hijo de la tierra sabrá a qué atenerse sin duda alguna y si él elige el camino de la duda o el de quien prefiere ignorar lo evidente o el camino del que acepta la certeza de la Verdad que se le ofrece, es sólo su elección y su facultad soberana lo decidirá en uno y otro camino. La Verdad es una e igual llegará a todos. |
CDII | CDIII | CDIV | | El hombre no viene al mundo, pues ya estaba en la tierra, desde antes de nacer, en sus ancestros. El hombre conoce la vida para mejorar su condición. Cuando el hombre alcanza su punto mayor de bondad muere, pues ya ha cumplido su ciclo y nada ha de atarle a la tierra. Su alma conocerá la Verdad pues ya está preparado para afrontarla y aceptarla y la Verdad lo aceptará a él. El camino hacia la máxima bondad es la vida y en su recorrido se van dejando a un lado las maldades que aprisionan al Espíritu. Los que no renuncian al Mal en su recorrido, y prefieren e Reino de la Oscuridad, a él irán. | Sólo hay una verdad para el hombre: la muerte. Esa verdad única y a la que todos accederán, es el paso a la otra verdad, la Verdad Suprema de la eternidad, donde a los espíritus del Bien les serán abiertas las puertas de la Gloria junto al Creador de lo creado y a los espíritus del Mal les llevará a la presencia de Zoeltebec, el Espíritu del Mal, eterno e indescifrable para los espíritus puros y consecuente con ellos para sus espíritus afines. | Cuando el hombre muere sólo le queda su espíritu que igual que cuando vivía es único. Sólo se vive y se muere una vez y el cuerpo se destruye una vez se retira de él la vida. La vida del más allá no es una vida como se entiende por el hombre, la que vive entre los suyos, sino una contemplación del infinito del que se forma parte. Unos espíritus irán a su Creador y con Él permanecerán y otros preferirán el Reino Eterno de las Sombras: La elección es del hombre. |
CDV | CDVI | CDVII | | Nadie nace otra vez ni nadie se reencarna ni se reencarnará. Sólo fue privilegio de María mi madre y de mí. Por Gracia de mi Padre el Señor de la Creación. Cuando volví a la tierra lo hice en una forma distinta y no fui reconocido por los míos. Así supe de ellos y ellos no de mi hasta que quise ser reconocido y les hablé: Ellos me creyeron y creyeron mis palabras. Las Escrituras y las palabras de los profetas se cumplieron en mi. | Los muertos no resucitarán ya que lo único muerto son los cuerpos, sus espíritus permanecerán vivos en su lugar que no es lugar, ya que no ocupa espacio. Los cuerpos necesitan de espacio y en la tierra ya no lo habrá, por lo que nadie recuperará cuerpo y espíritu: Nadie vivirá de nuevo. La vida es única. | El espíritu del hijo de la tierra conserva su imagen, más no su envoltura terrenal. Esa imagen es vaporosa y no es la última del cuerpo, sino la que prefiera el hijo de la tierra del transcurso de su tiempo vital. |
CDVIII | CDIX | CDX | | Sabe de mi el que me busca dentro de sí. Yo estoy en el interior del hombre, pues cuando vine al mundo dejé mis palabras y señales para el hombre que los lleve en su corazón. El que quiere oírme me oye y quien no quiere es tan sordo como una piedra del arroyo, y tan ciego como una luz apagada. Cuando vuelva por tercera vez al hombre, no será motivo de alegría, pues será la Señal del principio del fin para el hijo de la tierra. Ya sólo quedará arrepentirse y buscar el Bien. Será tiempo de oración continua y mi Padre las escuchará pues yo las elevaré al lugar y momento de su Gloria. | Quien elige el camino de la Verdad, la hallará y quien elige el camino de la ignorancia o de su verdad, también lo hallará, más este camino no le llevará a parte alguna, ya que se acaba en sí mismo. El camino de la Verdad conduce hasta el Principio y el camino de la ignorancia lleva al fin, sin conocimiento de la propia realidad que es hurtada por la realidad aparente del mundo. | Cuando el hombre puede pensar, piensa y ese pensamiento lo acerca y lo aleja de mi, pues se contraponen la lógica de su razón y la esperanza de sus deseos. Cuando ambas se unen, el hombre cree y al creer se hace mejor y se acerca a la sabiduría de la tierra, a la ciencia de lo creado, y en ese conocimiento se haya la base de la vida y la razón última de su existencia. |
CDXI | CDXII | CDXIII | | Cuando el hombre implora al Señor del Universo debe hacerlo con sus propias palabras y no con palabras de otros, pues la de los otros no serán escuchadas y las suyas sí, si salen del corazón desesperado del hombre. | El que va contra sí, pierde su paz de espíritu. Para recuperarla debe de confiar en lo que es por encima de sus propios errores o faltas. Su culpa no debe empujarle a ir contra sí mismo, sino a perfeccionarse para superar su propia debilidad. | Muchas bellas palabras que surgen de la esencia del alma, se las lleva la neblina del olvido que envuelve el viento inconstante del recuerdo. Esas palabras giran incontroladas por los resquicios de la razón hasta hallar su espacio en en que depositarse y formar parte indeleble del espíritu de quien las recibió. |
CDXIV | CDXV | CDXVI | | Tú peregrino de luz que tanteas en la oscuridad de tu mente en busca de la senda luminosa del camino a la Verdad. Tú que buscas la claridad de tu alma entre las tinieblas de tu ser. Tú la hallarás y podrás seguirla desde la claridad engañosa de las palabras hasta la Luz cierta del Bien y la Verdad. Allí estaré yo que te espero desde que emprendiste tu áspero camino. | El hijo de la tierra siempre ha tratado de hablar con lo que presentía, eso lo hizo grato a los ojos del que Puede. | Quien cree goza de la palabra del Creador y su pensamiento se acerca al infinito, pues allí se dirige lo que piensa el hombre. En ese infinito se halla todo ya que Todo él es Verdad y su dicha al hallarla no tendrá límites. La Verdad se recrea en la posesión de lo inconmensurable y en la Bondad de lo eterno y primigenio. |
CDXVII | CDXVIII | CDXIX | | Cuando el hombre se vuelve ángel, muere, ya que el Creador lo reclama para sí en su Gloria interminable. Quien persiste hasta el fin de su tiempo en su maldad, queda apartado de la presencia del Bien y de su Gloria inmanente. Sólo los espíritus puros gozan de la Presencia del Infinito. Dentro del hombre hay un ángel y un demonio: El hombre elige. | Sólo hay vida verdadera y está más allá de ésta. Vive el hombre en un sueño provocado por el mismo en un deseo de realidad a la que nunca alcanza. El hijo de la tierra es prisionero de su propia comedia y no logra evadirse de su prisión hasta que muere. En ese momento su comedia acaba y empieza su realidad intangible, la que no quiso o no pudo afrontar mientras vivía. | Muchos son los hombres que emplean su tiempo en conseguir bienes materiales, sin dedicar ni un minuto a lo que más debería importarles: Su espíritu, su bienestar espiritual. Estos hombres aún ignoran que la felicidad no está en poseer, sino en no necesitar porque no lo desea: Dedica tiempo a tu espíritu y él te fortalecerá. |
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