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  En Puntos de vista |Yo desvelo  hoy 

redacción
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Yo desvelo

 

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6

(CCCII - CCCLX)

 

CCCII

CCCIII

CCCIV

Lo bello cansa al

hombre, sólo la

Bondad infinita

de mi Padre es

un gozo incansable.

 

Cuando el hombre se

cree solo, no lo está,

su ángel guardián

vela por él en su

abandono. Él te

guiará por el camino

seguro. Confía en él.

No permitas que tu

miedo te dañe:

No hay nada que temer

si el hombre confía

en lo enseñado por mí.

CCCV

 

Bienaventurados los abandonados,

pues ellos podrán  ser acogidos.

Bienaventurados los humildes,

pues ellos serán enaltecidos.

Bienaventurados los desdichados,

pues ellos conocerán la dicha.

Bienaventurados los enfermos,

pues ellos podrán ser sanados.

Bienaventurados los apartados,

pues ellos podrán unirse a otros.

Bienaventurados los perdidos,

pues ellos podrán ser encontrados.

Bienaventurados los despreciados,

pues ellos hallarán aprecio.

Bienaventurados los olvidados,

pues ellos serán recordados.

Bienaventurados los tristes,

pues de ellos será la alegría.

Bienaventurados los apocados,

pues ellos tendrán seguridad.

Bienaventurados los maditos,

pues ellos serán benditos.

Bienaventurados los odiados

pues ellos serán amados.

Bienaventurados los proscritos,

pues serán recibidos en amor.

 Bienaventurados los sencillos

de corazón,

pues ellos serán amados.

Bienaventurados los expulsados,

pues ellos serán recibidos.

Bienaventurados los necesitados,

pues de ellos será la abundancia.

Bienaventurados los que tienen

hambre y sed de mí,

 

pues ellos

serán saciados.

Bienaventurados los que aman,

pues ellos serán amados por

siempre.

Bienaventurados los diferentes,

pues hallarán su igualdad.

Bienaventurados los torcidos,

pues podrán enmendarse.

Bienaventurados los turbios

de corazón pues encontrarán

la Luz en sus almas.

Bienaventurados los melancólicos

pues hallarán su verdad.

Bienaventurados los enemigos del

Mal, pues ellos vencerán.

Bienaventurados los secos de

corazón, pues el suyo se inundará.

Bienaventurados los que buscan

la paz, pues será siempre suya.

Bienaventurados los ciegos y

los sordos, pues ellos verán y oirán.

Bienaventurados los paralíticos,

pues ellos serán sanos.

Bienaventurados los que lloran,

por los demás, pues ellos reirán.

Bienaventurados los que odian,

pues ellos serán amados.

Bienaventurados los que sufren,

pues ellos hallarán consuelo.

Bienaventurados los que

 

 

 

luchan por los demás,

pues lucharán por ellos.

Bienaventurados los que aman

a su prójimo,

pues será amados.

Bienaventurados los que

cuidan a otros,

pues ellos

serán cuidados.

Bienaventurados los que

aman, luchan y trabajan

por los suyos,

pues lo

harán por ellos.

Bienaventurados los faltos,

pues ellos serán hartos.

Bienaventurados los heridos

de nacimiento o vida,

pues ellos serán curados.

Bienaventurados los crueles

pues ellos recibirán bien por

mal.

Bienaventurados los violentos,

pues ellos ganarán la paz.

Bienaventurados los locos,

pues de ellos será la cordura.

Bienaventurados los que busquen

perdón, pues ellos lo encontrarán

para sus faltas.

Sólo necesitarán fe en mi Padre,

 el Espíritu Santo, María

 mi madre o en mí

y amar lo que odien con

la misma fuerza y medida.

 

 

 

CCCVI

CCCVII

CCCVIII

CCCIX

Qué tu fe, nacida de la

inocencia de la infancia,

no se vaya de tu lado ante

las inclemencias de la vida.

Qué sea para ti

como una nave que supera

la ira de las olas y llega

salva a puerto.

Todo lo del hombre es

humo, nada queda de

él ni de su obra, excepto

lo que de él pertenece a

mi Padre, su esencia

espiritual. Esa parte

incorruptible del hombre

permanecerá siempre.

 

Aunque el hombre sepa

a qué atenerse, seguirá

por un camino equivocado,

pues lleva en sí el error

como maldición al gozar

del poder superior de elegir

según su voluntad se incline

a uno u otro lado. Él

irá por el sendero

más fácil, aunque no

sea el adecuado para

él.

 

No temas volver a empezar,

es preferible iniciar de nuevo

el camino a continuar

por el sendero que no

lleva sino a nuestra

perdición.

CCCX

CCCXI

CCCXII

CCCXIII

El hombre no busca

justicia ni verdad, sino

ser comprendido, ser

amado pese a cometer

faltas impropias de un

espíritu superior. Ansía

el perdón a sus flaquezas

antes que enmendar

su mal proceder.

 

La vida del hombre es

como subir un monte del

cual hay que descender para

llegar al inicio. En su

ascenso haya obstáculos

que ha de salvar y en

su descenso también. Al

pie del monte le espera

su descanso.

Si pierde pie se despeñará

por lo que ha de obrar

con la cautela necesaria

para cumplir su objetivo.

 

Mi Padre no permite

el mal, ni lo impide.

Ésta es la más dura

prueba que ha de

resistir la fe del

hombre, si la supera

nada podrá vencerlo.

 

El mal es consecuencia

de la Naturaleza o de la

acción de Zoeltebec. Ambos

actúan de forma independiente

y nada interfiere en sus

resultados, excepto la voluntad

de cambiar sus designios

por parte de quien puede.

CCCXIV

CCCXV

CCCXVI

CCCXVII

 

Es equivocado creer

que nos merecemos

el bien o el mal

que nos suceda. Ambos

son pruebas de la

voluntad de creer:

A quien más se le da,

más se le exigirá.

 

No hay don más preciado

para el hombre y para

cualquier otro ser viviente

que la vida. El hombre

debe dedicarla al bien

hacia su prójimo. Su

disfrute sin dañar a otros

seres y honrar a sus

padres en la tierra y

a su Padre Eterno

a través de María mi

madre, el Espíritu Santo

o yo, el Hijo del Hombre.

 

Hay un tiempo para ser

y otro para dejar de ser,

tal como se fue, se será

en otra forma e igual

contenido esencial.

No te lamentes por su

pérdida, nada se pierde

en el Reino de mi Padre.

El mal existe desde el

inicio, mi Padre quiso

que existiera y la capacidad

de elegir del hombre escogerá

el camino que crea merecer

su voluntad.

CCCXVIII

CCCXIX

CCCXX

CCCXXI

 

El mal existe porque

así lo quiso El Que Puede.

En la lucha contra el

Mal, el Bien se fortalece

y realza a los ojos de

mi Padre. El mérito

del Bien es su lucha

contra el Mal, al que

siempre vencerá al final

del tiempo.

 

En la hora final el Mal

será pisoteado y no

osará levantar cabeza.

Su destino es hundirse

en los infiernos con sus

acólitos perversos.

El Mal se vale de la

debilidad nacida de la

inseguridad del hombre.

Un hombre fortalecido por

su fe, es un

difícil obstáculo para

el mal, aunque éste

buscará su punto débil

para atraerlo junto a él.

Sé clemente en tu justicia

como desearías que lo fuesen

contigo. No descargues tu odio

en la debilidad del hombre

o de la mujer, pues su

debilidad es la tuya.

CCCXXII

CCCXXIII

CCCXXIV

CCCXXV

 

El hombre nunca ha

sabido lo que hace, ni

por qué lo hace. Se ve

impelido por una fuerza

irresistible. Esa fuerza

es el Espíritu Santo

o el Espíritu del Mal.

Aún así su voluntad

de Bien puede resistirse

a su voluntad de Mal:

Su elección prevalecerá.

 

 

No hay verdad en el

hombre que no la cree.

Quien no cree es un

ciego de espíritu y su

vida será un continuo

errar. Si el Espíritu

del Mal le impide

que la verdad asome

en él y él está

de acuerdo, morirá

en la peor ceguera

y nunca verá el

Bien ni sabrá de

la Verdad eterna

junto a mi Padre.

 

En el universo hay otros

seres vivos. Muchos seres

son los que habitan en otros

planetas. Aunque ninguno

es como el hombre, es el

único con raciocinio y alma

por ese hecho es el preferido

de mi Padre.

No vine para juzgar al

hombre, sino para perdonar

sus faltas y que supiera

que nunca estará solo.

Que estamos a su lado

María, el Espíritu Santo,

Yo y mi Padre y que será

guiado hacia el Bien

eterno por su fe.

CCCXXVI

CCCXXVII

CCCXXVIII

 
 

Nadie es propietario de la vida

propia o ajena. La vida no

pertenece a quien la da, ya que

la ha dado, ni a quien la recibe

ya que sólo es su custodio. Es

obligado para el hombre respetar

y amar la vida, tanto la propia

como la ajena. En la vida humana

se unen cuerpo y espíritu y ese

bien sólo corresponde al hombre

entre todos los seres vivos.

Lo nuestro pertenece al

Todopoderoso y a Él irá

cuando quiera recibirlo.

 

No hay secreto ni misterio,

nada ha de ocultarse:

Todo lo creado procede

 de Él, el Creador. Su

conocimiento es luz que

todo lo sabe y todo lo

comprende. Su negación

es oscuridad que todo

lo duda y todo lo

ignora: Deja que tu

espíritu se inunde de la

Luz de la Plena Sabiduría

y sé luminaria de Él.

El secreto y el misterio

sólo conviene al hijo de

las tinieblas. El hijo de

la bruma pretende ocultar

el verdadero saber tras

la oscuridad para obtener

una posición de privilegio

entre los hombres. Ellos

sirven los mismos intereses

que Satanás y a él se deben.

 

CCCXXIX

CCCXXX

CCCXXXI

Lo más valioso del hombre

es su vida, ya que sin ella

no existiría, y de su vida,

lo más importante es el

amor a los demás seres.

Ese amor enriquece su

espíritu y lo acerca al

Bien.

 

Lo material en el hombre

es menos importante de

lo que supone, ya que

sólo sirve para asegurar

lo que ya se posee, es

decir, su bienestar físico.

El bienestar espiritual es

superior al físico, aunque

depende del mismo para

su sustento corporal en la

vida conocida por el ser.

 

Poseer bienes no es acapararlos.

Lo que se acumula a nadie

sirve, ya que el hombre

sólo tiene un cuerpo y el

sobrante no lo puede usar.

Sólo queda repartirlo entre

los necesitados.

 

CCCXXXII

CCCXXXIII

CCCXXXIV

 

Al existir la nada,

ya es. Lo que existe

es y lo que es existe,

luego, qué es la nada

si no el vacío de la

existencia agotada

donde subsiste la

materia inmaterial

en forma inexistente.

Algo así como el

vacío insostenible

del hueco del espacio

silencioso. Tan silencioso

y oscuro porque no hay

nada que pueda transmitir

la luz o cualquier sonido.

¡Es la tristeza más apagada,

la tristeza infinita e

inconmensurable de la nada!

 

Más daño me hicieron

las burlas, risas y mofas

de los que me veían,

que el de los causados en

mi cuerpo exhausto. Ellos

creían que eran libres cuando

así procedían y era el

espíritu del Mal el que por

ellos actuaban. Ese día

el Mal creyó vencer al

Bien y fue al contrario

mi Padre no me abandonó

en ningún instante y yo

perdoné a los que con

tanta crueldad me trataron.

Querer ver morir a un

hombre es la más refinada

de las crueldades y si de

ello se mofan es un insulto

a la misma vida y principio

del que ellos proceden: Ellos

insultaron, golpearon y se

burlaron de ellos mismos

cuando a mi me insultaban,

golpeaban o se burlaban.

 

Bienaventurados los escarnecidos,

los humillados, los diferentes, pues

ellos han sufrido como yo y

serán llamados a la Gloria

Eterna por la misericordia

de mi Padre, donde serán

enaltecidos para siempre en

el Gozo Infinito de su Presencia. 

CCCXXXV

CCCXXXVI

CCCXXXVII

Bienaventurados los que padecen

hambre, sed, frío o calor, pues

ellos serán satisfechos y no

sufrirán los males de la

tierra.

Bienaventurados los que mueren

en agonía, pues ellos son

iguales en mi sufrimiento

y alcanzarán la Luz de

la Eternidad.

 

Quien quiera aprender,

aprenderá y quien quiera

saber, sabrá y quien

quiera comprender, comprenderá.

Las enseñanzas están dichas

y sólo al hombre toca

su cumplimiento. En su

ejecución, según lo dicho

por quien puede decirlo,

se haya la salvación

eterna del hijo de la tierra.

 

CCCXXXVIII

CCCXXXIX

CCCXL

 

Muchas son las torpezas del

hombre y pocos sus aciertos

más yo digo: Cualquier

acierto que sea grato a los

ojos del que puede verlo,

pesará en la balanza a

su favor más que mil

torpezas que haya cometido.

Sus faltas no serán tales

si obra conforme a lo que

se espera de él. Una sola

buena acción sobre los demás

hombres le abrirá las

puertas de la Gloria Infinita.

Muchas son las batallas

y pocas las victorias, pero

cualquiera de ellas bastará

para acercarlo a quien

le espera.

 

Cuando tu dolor por el

hombre que padece sea

superior a su padecer,

serás elegido por mi

Padre para estar a su

lado en la Gloria Eterna.

El arrepentido de su falta

y daño, es escuchado y

perdonado. El hombre

no es culpable de su

debilidad, pero sí de

persistir en su torpeza

sin querer arrepentirse.

Una mala voluntad

es caer en el poder

del Mal. De ese

 influjo puede salir

si invoca el poder

del Bien y de la Verdad

que emana del Espíritu

Santo.

CCCXLI

CCCXLII

CCCXLIII

 

Yo soy la luz de los

ciegos.

Yo soy la voz de los

mudos.

Yo soy el oído de los

sordos.

Yo soy el consuelo de

los dolientes.

Yo soy el perdón del

arrepentido.

Yo soy la esperanza

del desesperado.

Yo soy la vida

para el moribundo.

Yo soy el amar

de los despreciados.

Quien me busque,

me hallará dentro

de sí y en la

mano amiga que

le ayuda y en la

voz y el oído que

le habla y escucha.

Tu aflicción ya no

lo será. Yo estoy

a tu lado y en

los que te ayuden

y te amen.

 

Yo soy el que soy,

el que está, estuvo

y estará, el que es

fue y será. En mi

no hay medida, pues

yo soy la medida

de lo existente,

de lo que existió y

existirá. Soy

de mi Padre

y del Espíritu Santo y

ellos lo son de mí.

Cuando tu debilidad

y torpeza te lleven

lejos de mí

estarás

más cerca mío. Pues

yo estoy no con los

que aciertan, sino

con los que yerran,

no con los que triunfan,

sino con los que fracasan.

No con los que ríen,

sino con los que sufren

y lloran. Ellos son los

que me necesitan y  a

ellos debo ser el

Enviado y ser llamado

el Hijo del Hombre.

CCCXLIV

CCCXLV

CCCXLI

CCCXLVII

 

La oración en sí misma

no basta, hay que ayudar

al prójimo con todas las

fuerzas que seamos capaces

para ser gratos a los ojos

del que todo lo ve.

Igual que el día

vence a la noche

y su luz descubre

lo engañoso de las

formas. Mi palabra

abrirá las sombras

de la mente que

tratan de ocultar

mi Verdad. Mi

Luz se abrirá paso

en las conciencias

como un rayo

luminoso que quiebra

las tinieblas.

 

Igual que la noche

envuelve las sombras

y la claridad sucede

a la oscuridad, mi

Luz resplandecerá

entre las tinieblas

eternas. Los sumidos

en la oscuridad de

sus almas perdidas,

en mí hallarán el

camino verdadero

que le aparta del

precipicio. De ellos

es la voluntad de

seguirlo o no:

Yo soy el consuelo

del doliente, la

libertad del oprimido

y la salvación del

condenado.

 

Aunque tapes la verdad

para no verla, llegará

a ti y habrás de aceptarla

en su desnuda esencia:

El fruto de la tierra

volverá a ella y lo

que no es de la tierra

volverá a su lugar.

No hay más verdad

en la vida del hombre.

CCCXLVIII

CCCXLIX

CCCL

 

Hubo un tiempo en el que

la vida sonreía al hombre,

ese momento pasó con la

brevedad de lo que se aleja

para siempre. Su recuerdo

pervive en el fondo del

recuerdo y a él recurre

el hombre en sus horas

sombrías para mitigar

el dolor de su pena.

En ese tiempo el hombre

convivía en armonía con

los demás seres, la ambición

y la avaricia, aún no

habían nacido en el corazón

humano y el único egoísmo

que ambicionaba era el de

continuar igual y en no

perturbar el equilibrio natural.

Aunque aún no lo sabía,

el hombre era feliz y la

añoranza de lo bueno no

existía, pues disfrutaba de

lo mejor. Un día el hombre

se cansó de la pureza

de su alma y quiso ser

diferente. Su desafío lo

arrojó fuera y nunca pudo

recobrar su lugar, pues lo

perdido, cuando es voluntario,

no se recobra nunca igual.

 

Hay dos luces: Una

que entra por los ojos

y otra que entra por

la mente. La luz de

los ojos es para ellos y

la luz de la mente es

para el pensamiento.

Ambas iluminan, pero

sólo una de ellas  lleva

al hombre a donde debe

ir, la otra muestra la

belleza del mundo. Sólo

la luz que alumbra el

espíritu iluminará

la oscuridad del corazón

humano.

Eres un hombre entre los

hombres. Un grano de arena

en una vasija llena de arena.

Uno más entre la multitud.

Sin embargo no hay dos granos

de arena iguales y tampoco

dos hombre iguales. En tu

distinto, en tu contrario estáis

tú y él. Sois parecidos y

distintos y todos habréis de

pasar por el mismo cedazo

para alcanzar el momento

del Bien. La Verdad es

una y distinta según sea

apreciada por una u otra

persona, más sólo hay una

Verdad y es la que mi Padre

muestra a los limpios de corazón

para que accedan a Él

CCCLI

CCCLII

CCCLIII

CCCLIV

 

La duda de la certeza

sólo conduce a la

certeza de la duda.

Ésta corroe la verdad

como la carcoma a la

madera, hasta conservar

su exterior intacto y su

interior plagado de

agujeros. La verdad

es incapaz de soportar

no la mentira, sino

la duda, pues quien

duda pierde la fe

en la verdad y ésta

se tambalea insegura

ante los ojos.

Mira ante ti y verás

la verdad. Ella no

admite duda, pues

la vida está aquí

para atestiguarlo.

Todo misterio halla

su inicio en una

Verdad simple: Todo

procede del mismo

lugar y ese lugar

de común procedencia

es Él, el Todopoderoso

Señor de la Creación.

 

La duda es un fruto

corrompido de

la inteligencia,

pues nos lleva a la pérdida

de la pureza inocente de

la fe: Qué el Espíritu

Santo fortalezca tu

Espíritu.

Si la duda envuelve

tu razón y sientes

como se apodera de ti,

invoca al Espíritu

de la Verdad, el Espíritu

Santo acudirá a tu lado

y tu fe no sufrirá merma:

La Verdad estará contigo.

Todo es muerte y vida,

la vida se nutre de la

muerte y la muerte de

la vida. Más hay una

vida que no conoce el

fin y esa es la vida

eterna del espíritu

CCCLV

CCCLVI

CCCLVII

 

Cuando llegue el momento

se desvelará la oscuridad

que nubla el entendimiento

y el hombre entenderá.

El hijo de la tierra podrá

expresar su pensamiento más

oculto y nada impedirá

su comprensión por otros

hombres. Lo pensado se

podrá expresar y lo dicho

y oído se entenderá. El

don de la palabra se

acompañará con el don

de la comprensión. Ese

tiempo no será de dudar,

sino de creer. No será

tiempo de hablar por hablar,

sino de orar por nosotros

y nuestros hermanos: El

hombre sabrá lo que debe

de saber y habrá de aprovecharlo

para su salvación eterna.

 

 

Si quien invoca

lo hace con el corazón,

su plegaria llegará a mi

si lo hace con el entendimiento

llegará debilitada, y si la

invocación es en bien de

otros, llegará a mi con la

fuerza del Espíritu del Bien

que lo inunda todo con su

Bondad Infinita. 

Igual a las piedras

del desierto que por

el día arden de calor

y por la noche se

enfrían y apagan el

corazón del hombre

arde por la fe que

la duda enfría. Así

el mismo hombre es

a la vez Luz y Verdad

y Duda y penumbra.

Nadie puede evitar

que su razón le engañe

y le muestre el camino

cerrado de la duda.

La fe ha de apoyarse

en el Espíritu de la

Verdad o Espíritu Santo

para fortalecer su creencia

en mis palabras eternas.

CCCLVIII

CCCLIX

CCCLX

 

Más dañino es el hombre

con el hombre que la

naturaleza catastrófica.

Mientras el hombre persista

en su afán de dañarse y

dañarme a mi a través

del daño causado a los otros

hombres, no conocerá la

dicha. La paz entre los

hombres es la primera

condición para acceder

al Reino Eterno. La

segunda condición es

amar a su prójimo y la

fe en la Vida Eterna.

Y en la Verdad Suprema

que representa. Si su

fe sustenta al hijo

de la tierra, alcanzará

el Reino del Espíritu

Santo que es el Espíritu

de mi Padre y mío:

La bondad y la fe

te acercarán a Él.

Qué tu debilidad y

la flaqueza de tu duda

no te venzan.

Soy Él y soy yo,

soy yo y soy los

hijos de la tierra

a los que quise

unirme para

acercarlos a mi

Padre el Señor

de lo Creado. Soy

el Espíritu de la

Verdad y del Bien

y fui el Enviado

por el Todopoderoso

de quien formo

parte indisoluble.

Soy el hijo del hombre

porque así fui concebido

y Hijo del Todopoderoso

del que poseo su

propia sustancia

inmutable y Eterna:

Soy el que soy.

 

Quien quiera saber

de dónde procede el hombre,

ha de preguntarse también

de donde proceden el resto

de seres vivos y de dónde

proceden las rocas, estrellas

y planetas que se ven desde

la Tierra y la misma

tierra y el agua de los

mares. El origen de

lo que existe es el

mismo: El Creador del

Universo. Él creó el

mundo y su contenido

y la permanencia de

lo creado despende

sólo de Él. Aunque

el saberlo es sólo

condición y privilegio

del hombre, no todos

llegan a entenderlo y

viven y mueren en la

misma ignorancia que

el resto de lo creado:

Quien quiera ver verá,

y quien quiera entender,

entenderá, y quien quiera

saber, sabrá.

 

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