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  En Puntos de vista |Yo desvelo  hoy 

redacción
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Yo desvelo

                                                                                                                             

                                                                                                                                

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4

(CLXXXI - CCXLI)

 

CLXXXI

CLXXXII

CLXXXIII

CLXXXIV

 

Ya no queda

de ti sino

desdicha. Tus

fuerzas no son

suficientes para

vencer tu dolor.

Vuelve tu

rostro hacía

mi Padre y

ora. Él te

ayudará en

tu desgracia.

 

 

Padre de lo

creado no

dejes solo

al más

humilde de

tus siervos

en  nombre

de tu Hijo,

María y del

Espíritu Santo.

Así sea.

 

No hay bien

que de ti

no provenga.

Ni mal

al que no

venzas.

Ayuda a tu

siervo en

esta hora

amarga.

Así sea.

No vine

a reinar,

sino a servir

a mi Padre.

En mi nombre

y por mi intersección

podrás acceder

a Él. Él te

colmará de dicha

y aliviará

tu dolor.

CLXXXV

CLXXXVI

CLXXXVII

CLXXXVIII

Los dones del

Espíritu Santo

se derramarán

en la tierra.

Los hijos de

la tierra que

crean en mi

Padre

los recibirán.

 

Viviendas arrasadas

cuerpos quemados

estruendos espantosos.

Sólo la Gracia

Infinita de mi

Padre podrá

detener la

hecatombe

venidera: ora.

 

Cabezas desgajadas

de sus cuerpos

volarán por el

aire. No habrá

refugio seguro

para los seguidores

del mal.

Busca en ti

el ser nuevo

que llevas

dentro. Sólo

el que renace

de sus miserias

y se eleva

llega a mí.

CLXXXIX

CXC

CXCI

CXCII

Sólo hay

un camino

a la Gloria:

Creer. El que

crea se salvará

y el que no,

no alcanzará

la Luz Eterna.

Mis palabras no

son para llenar

el vacío, sino

para que sean

guardadas en el

corazón de los

hombres que las

amen.

 

Mis apóstoles y

seguidores quedaron

prendados por mis

hechos y olvidaron

mis palabras. Ellas

son más importantes

que mis señales

y quien crea en

ellas se salvará.

 

Nací porque

estaba escrito.

Padecí porque

estaba escrito

y morí porque

así se escribió:

Lo dicho fue

por mi Padre.

CXCIII

CXCIV

CXCV

CXCVI

No hay hombre

que nazca que

no padezca y

muera como yo

mismo hice.

Por eso fui

llamado El

Hijo del Hombre.

 

Los que sean

iluminados por

la Gracia del

Espíritu Santo

serán llamados

como yo: Hijos

del Bien. Mi

Padre estará

con ellos.

Si el Mal se

ceba contigo,

recurre a mi

Padre a través

de la oración.

Ora en nombre

de quienes te

anuncié y el

Mal se alejará

de ti.

 

 

El nombre de

mi Padre y Señor

de todo lo creado

no se puede decir

ni pronunciar por

los que no acceden

a su presencia

infinita.  El

hombre  le da

los nombres que

se le ocurren.

Más Él es el

Innombrable y

jamás será dicho

ni invocado su

nombre en vano.

 

CXCVII

CXCVIII

CXCIX

CC

 

Yo soy vuestro

Señor, el que

os ama y al

que necesitáis.

Yo fui hombre

como vosotros y

a mí podéis

recurrir siempre.

Mi amor por

los hijos de la

tierra os abarca

a todos: Creed

en mí y nunca

pereceréis, ya que

estaréis a mi lado

en la Eternidad

y cerca de mi

Padre.

 

Lo que ha de

hacerse, se hará

y lo que ha de

cumplirse, se

cumplirá. Nada

ni nadie podrá

prescindir de mí

para alcanzar su

perfección permanente.

Si fui hijo del

hombre, fue por

acercarme a vosotros

y pudierais acceder

a mi Padre a

través de mí, mi

Madre o el Espíritu

Santo. Yo fui

el Mensaje vivo

que Él os envió

y a mí debéis

acercaros para

acceder a sus

cualidades inmutables.

 

No temáis morir

pues os acercará

 a la Verdad de

mi Padre y a

lo creado por Él.

Sin mí no hay

salvación. Yo soy

El Salvador, vuestro

Salvador eterno.

 

CCI

CCII

CCIII

CCIV

Quien sirva al

Espíritu del Mal

le será difícil

librarse de su

influjo maligno,

pero podrá hacerlo

si renuncia a él

y se acerca a mí.

 

Yo fui el anuncio

que mi Padre envió

al hombre para que

pudiese acceder a

su Presencia Infinita.

Me hice hombre

y mi carne y mi

sangre se confundió

con la vuestra. El

mensaje fue dado.

 

Yo soy la voz

de la Verdad y

la vida eterna.

Quien me oiga

creerá y quien

crea, se salvará.

Nadie se ha

atrevido a hablar

en mi nombre.

Mis palabras son

las que salen de mí

para que las

albergue el corazón

de los que las esperan.

CCV

CCVI

CCVII

CCVIII

 

Señor tu luz

iluminará nuestro

titubeante camino.

Contigo el peso

es liviano y los

pies se aligeran.

Mientras crea

en ti el mal

no se acercará

y las espinas

se tornarán rosas.

La paz del Bien

nos llenará.

 

Yo soy el

profeta de los

profetas. Lo

anunciado se

cumplirá. Los

que lo ignoren

lo conocerán y

los conocedores

lo sabrán.

La Verdad sólo

es una, aunque

posee muchas

caras, tantas

como la miren:

Una Verdad

que todos

alcanzarán,

aunque muchos

pretenderán

no verla.

De entre lo creado

el hombre es lo

preferido de mi

Padre, en ellos

se haya tanto

el bien como el

mal. El hombre

elige.

CCIX

CCX

CCXII

CCXIII

En todo lo

nacido hay

dos padres. Uno

el natural

y otro la

voluntad de

mi Padre.

Porque así

sea.

Quien no crea

en las cualidades

de mi Madre

María, no creerá

en las mías,

ya que de ella

nací.

 

Mi Madre es

la virtud y

de ella han

de tomar

ejemplo las

mujeres y

tratar de

parecerse

a ella.

En los silencios fríos de

 los sepulcros no

hay vida. Allí sólo

mora lo que fue. Restos

de grandezas y flaquezas.

 Sus poseedores están lejos

 y cerca.

 

A los adoradores

del poder no les

importa ser esclavos

del que surge de

las pezuñas. Ellos

se rinden a la

Maldad y son sus

servidores fieles: No

verán a mi Padre

y no sabrán de

la Gracia de la

Gloria Eterna. 

 

CCXIV

CCXV

CCXVI

CCXVII

 

Espíritus ruines

tratan de atraer

con sus cánticos

a los debilitados.

No caigáis en sus

trampas y permaneced

fuertes ante ellos:

Los que se rindan

no verán a mi

Padre y no sabrán

de la Luz Eterna.

El Espíritu Santo

que impregna e inunda

lo amado por Él,

es llamado también

el Espíritu de la

Verdad, pues Él

tiene acceso al

Saber Eterno:

Quien quiera

Saber, sabrá.

 

Un vendaval recorre

las orillas del mundo.

Los ojos no pueden

mirar lo que se avecina.

Las aves se refugian  en la

tierra, los animales

no saben donde guarecerse.

El viento es un viento

sagrado pues lleva el

nombre de mi Padre.

Los oídos no amados

no soportarán su

grandeza y no lo

oirán. Mis elegidos

lo escucharán y esa

será mi señal

suprema.

 

Aunque los hombres

en su maldad

busquen destruirse,

no lo conseguirán.

Mis hijos son

indestructibles y

la muerte sólo

afecta a su

exterior humano.

CCXVIII

CCXIX

CCXX

CCXXI

No deseo que

mis palabras

sean interpretadas

por gentes escogidas,

sino que los que

las escuchen las

guarden en su

corazón para ellos

y las entiendan

como son.

 

 

El hombre levanta

edificios, yo montañas.

El hombre construye

acequias, yo ríos.

El hombre realiza

embalses, yo mares.

El hombre mira

al cielo, yo lo creé.

¿Por qué osa compararse

a mi Gloria?¿De dónde

nace su soberbia

si no de Zoeltebec

que lo confunde con

falsas alabanzas?

 

Yo hablo a

muchos, pero

pocos escuchan.

Los que me

quieran oír me

oirán y los

que quieran

seguirme me

seguirán.

Los que hacen

oídos sordos

a mis palabras

no merecen

escucharlas.

 

Los espíritus

afines se

encontrarán si

así lo desean.

En mi Reino

no hay almas

solitarias, pues

tienen la compañía

de los que las

aman.

CCXXII

CCXXIII

CCXXIV*

CCXXV

 

Muchos son los

que hieren y

pocos los que

curan. Muchos

son los que

ofenden y pocos

los que perdonan.

Muchos son los

que sufren y

pocos los que

consuelan. Sólo

esos pocos se

sentarán a mi

lado.

 

Igual que la gota

de agua horada la

roca o el viento

y la lluvia desgasta

la montaña. La

Paciencia Infinita

de mi Padre no

conoce merma.  Para

el hombre que lo

ame habrá un lugar

a su lado.

Mis ángeles velan

por los hijos de

la tierra. Su

indefensión y frágil

vida hacen necesario

sus cuidados. Sin

ellos la vida sería

aún más breve.

Ellos son antiguos

parientes, ancestros

que gozan de mi

Gloria.

Yo soy la Luz

que vence las

tinieblas. Luz

Eterna y Benéfica.

Quien crea en mí

será guiado por

mi luz hasta

mí. Su alma

estará con los

elegidos y mi

Padre. La

paz eterna

alumbrará

su Gloria.

CCXXVI

CCXXVII

CCXXVIII

CCXXIX

Mi Espíritu es Luz

que emana del

Espíritu Santo.

El que siga la

estela de la Luz

será uno en la

Gloria y todos

mis seguidores

serán iluminados

por la Luz del Bien

que nunca cesa.

Los hijos de la

tierra al morir

quedan liberados

de sus ataduras.

Sus espíritus

van libres en

busca de su

destino perpetuo.

Ya no es Tiempo

de decidir ni

de retroceder o

avanzar. Su

elección prevalecerá.

 

Roncas son las

voces y hosco

el rugir de las

bestias que quieren

retroceder en su

contenido humano.

Serán sus hordas

vencidas por los

sucesores del Bien.

Que vendrán hacia

mí liberados de

su yugo de maldad.

La lucha dejará

los campos cubiertos

de cadáveres putrefactos.

El Mal no volverá

a aparecer nunca.

 

No vengo a

inmiscuirme

en la apariencia

vital del hombre,

sino a qué

conozca que

no muere y

que su cuerpo

y su alma se

unirán en la

presencia del

qué todo lo sabe

y todo lo ve.

CCXXX

CCXXXI

CCXXXII

CCXXXIII

Mientras la mano

del hombre se manche

de la sangre del

hombre, no habrá

paz: No dañes

a tu hermano,

él es como tú

y merece su

estancia en paz.

 

Quien crea en mí,

cree en lo que yo

digo y en mis obras.

Cree en mi Madre

María y en mi

nacimiento esperado.

Cree en las Antiguas

Escrituras y en mi

Padre y el Espíritu

Santo que nos acoge.

Cree en los profetas

que anunciaron mi

llegada. Cree en la

vida eterna y en

la inmortalidad

del alma. Cree

más allá de cualquier

duda y su fe lo

llevará junto a mí

a la Gloria Infinita.

 

No dejes que la

oscuridad te

envuelva con su

tela invisible

y te haga su

prisionero: Reclama

tu Luz y ella

te iluminará.

Sigue su haz

y te llevará

a mí.

Mi luz siempre

vencerá las

tinieblas.

Vine a desvelar

lo que permanecía

oculto. Vine para

acercar al hombre

a mi Padre. Vine

para derrotar el

poder del Mal.

Vine para que

el hijo del hombre

confiase en la

Eternidad Luminosa.

Vine para que el

hijo del hombre

supiese que no

estaba solo en

su debilidad

humana.

CCXXXIV

CCXXXV

CCXXXVI

VCCXXXVII

 

Dos son las

condiciones que

los hijos de la

tierra han de

poseer para

acercarse a mi

Padre: Querer

acercarse a Él

y prescindir de lo

innecesario para

ello.

 

El don de la

vida no es nada

comparado al don

de la muerte y

su eternidad inmutable.

Muchas son las almas

y pocas las que

acceden a Él.

Los hijos de la

tierra deberán

regresar a ella

hasta su purificación.

Las batallas de la

tierra no repercuten

fuera de ella. El

daño al hombre

es la perdición del

hombre.

CCXXXVIII

CCXXXIX

CCXL

CCXLI

Para venir a mí

has de llevar el

corazón puro de

un niño con la

misma sencillez

de su inocencia.

 

Muchas veces habrás

de nacer y morir

para ser el que

puede acercarse a

mi Padre y gozar

de su Gloria

Inmanente.

 

Desprenderse de lo innecesario

es quedarse con lo esencial.

Sólo siendo tu esencia

eres tú y sólo siendo

tú podrás llegar a lo

que debes ser para llegar

a Él.

Dos son las vidas

del hombre: la

que acaba y la

que no, una es

camino obligado

de la otra.

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