jaime colomina, toledo, castilla-la mancha, castillalamancha, webtoledo, webs de toledo, puntos de vista, comentarios

¡Recomienda esta página a tus amigos!
cortesia de miarroba.com

  En Puntos de vista |Nicodemus  hoy 

redacción
webmaster


Yo desvelo:

 

 

                                             pulsar 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,18y19

 

20

(MCXLV-  )

MCXLV

MCXLVI

MCXLVII

 

Qué solos, qué tristes,

qué desamparados se

quedaron mis seguidores

más fieles. Ellos creían

en mi y esperaron de

mi una defensa, una

rebelión, una señal. Se

decepcionaron al ver

mi aceptación de los

hechos. No les quedaba

nada, habían dejado

sus trabajos, familias

y amigos para seguirme

por inhóspitos caminos.

No les importaron las

penalidades por estar

conmigo, por estar cerca

de mi. Ellos en su

ignorancia creyeron en

mi más allá de lo que

pensaban, oían y veían.

Ellos supieron y confiaron

en mi. Mi muerte no sólo

fue dolor al ver mi sufrir,

sino que se unió ese dolor

a la íntima decepción.

Dudaron de mi, se creyeron

engañados y que todo

lo que habían visto y oído

era una ilusión de sus

cansados cuerpos, un

sueño de cruel despertar.

Por eso volví, volví

para ellos y entonces

ellos creyeron sin

ningún reparo ni duda.

Y entonces ellos me

siguieron en la Verdad

y en el Bien. Y ellos

realizaron prodigios

y hablaron a otros hombres

con la verdad de sus

corazones y los hombres

les escucharon y siguieron

y mi Bien y mi Verdad

se  extendió entre los

hombres.

 

Cuando fui expulsado

del mundo de los hombres

con dolor y aprobio. Mis

seguidores sintieron que

su fe se tambaleaba y que

la duda sembraba la

desesperanza en sus corazones

doloridos. Mi mensaje ya

no era, sino el parecer

de un hombre y como tal

sería recogido. Mis palabras

se desvanecerían entre las

sombras del recuerdo y lo

que llegase a los hombres,

que no la oyeron, nada

o poco significarían. La

fe es una flor delicada

que puede marchitarse

con un aire demasiado

frío o caliente y ese aire

arrasó los corazones de mis

seguidores al saber de mi

muerte. Con mi presencia

recuperaron la fe y la flor

mostró sus colores y perfume

al mundo atormentado

de los hombres. Y la Luz

de la esperanza brilló de

nuevo para ellos.

No temas Peregrino de Tierra

de que la semilla de mi

palabra no prenda en la

esterilidad del corazón

humano. Mi palabra prenderá

y florecerá como una flor

hermosa entre espinas de

ingratitud y desaliento. La

duda del hijo de la

 tierra dará paso a la

fe de su esperanza y la

inquietud de maldad

del corazón humano se

tornará paz de su espíritu

atormentado. No le quedará

al hombre más que seguir

a la Luz de mi mensaje

y él le llevará a la Luz

de mi presencia. Tú

Peregrino de Tierra lo verás

con los ojos del alma.

 

MCXLVIII

MCXLIX

MCL

 

Caminará el hombre

por el camino de su

ignorancia hasta que

se atreva a ir por

el camino de su

verdad. Para llegar

a él deberá escoger

entre el camino de

su maldad y el de

su bondad. Si escoge

el de su maldad, su

ignorancia le acompañará

mientras vida y si

escoge su camino de

bondad, la verdad

se le mostrará en

él y esa verdad

le llevará a mi

Verdad y a mi. 

Vosotros Peregrinos de Aire

llevareis mi palabra al

hombre. Ella se extenderá

como el polen de las flores

por el viento y llegará al

corazón de los hombres

que quieran oírla. A los

espíritus que las necesiten

para alcanzar la verdad

que reclama. Vosotros

alcanzaréis a ver mi

Verdad prender en el alma

necesitada de los hombres

ya que mi Verdad antes

llegó a vosotros y en vosotros

quedará para siempre. Mi

Bien os cubrirá con su Luz

de amor y eternidad.

 

El hombre se alza

en el pedestal de su

ignorancia en busca

de su nada. Ese hombre,

busca acabarse en sí mismo

y que su fin sea su

propio final y cualquier

otro pensar que sea distinto

al suyo, lo apaga con su

indiferencia. Ese hombre

no cree, ni con la razón

de su inteligencia, ni con

la razón de su corazón.

Su vacío lo domina

y su esperanza acaba

en lo inmediato o

lo próximo. Ese hombre

sin esperanza en él

ni en mi, no acabará

en él como cree, sino

que llegará a mi en

su momento de eternidad,

si así lo desea en

su alma. Nadie está

tan vacío de bien que

no me quiera en él.

 

MCLI

MCLII

MCLIII

 

La duda desconcierta

e inmoviliza la razón.

La duda hace que el

hombre detenga su camino

antes de iniciarlo y aun

iniciado, lo detiene.

La duda es el impulso

negativo del espíritu

del hombre que recurre

a su razón para poder

explicarse lo inexplicable.

La duda apaga, o no

quiere ver, la luz que

señala el destino del

hijo de la tierra, tan

seguro como su nacer

y tan cierto como su

morir. Después de la

mentira, la duda

es el desconcierto de

la razón y del espíritu.

En la duda, en el

temblor de la flaqueza

y debilidad humana,

se halla la mano

del Mal, la mano

que desvía la esperanza

de la fe hacia el

abismo estéril de la

nada, hacia el vacío inconsistente

del camino distinto,

del camino desviado

de su Verdad y certeza.

 

Lágrimas de sangre

derraman los ojos

doloridos de los que

ven morir a sus hijos.

Lágrimas de silencio

que sus espíritus sufrientes

vierten ante su pérdida.

Dolor insoportable,

dolor inconsolable, dolor

inmenso. Ese fue mi

dolor ante mi hijo,

y ese s el dolor, dolor

del alma, pena más

profunda que el propio

morir, más intenso

que la propia ausencia.

Dolor sin límites,

dolor continuo, dolor

de la memoria y

desconsuelo hasta el

final del camino, hasta

el fin de la vida, el

dolor que sienten, lo

que padecen los que ven

morir, los que ven sufrir

a sus hijos y no pueden

evitarlo. Su dolor, como

el mío, se tornará en

gozo eterno: Quien sufre

en vida, tendrá Gloria infinita.

En la duda se mueve

sinuoso, entre el miedo

a la verdad y la inseguridad

de la propia certeza, el

espíritu de la maldad

que porta el hijo de la

tierra. Él detendrá su

camino de fe y lo llevará

hasta el sendero de la

indiferencia y de allí

lo envolverá con su

mentira hasta hacerle

olvidar su verdadero

y único camino, el

de su destino infinito.

La duda cegará la luz

de su verdad y sus ojos

no verán la verdad más

cierta que esté ente ellos.

Su razón despreciará la

verdad en beneficio de

la duda y la mentira

cierta: Quien apaga

su duda, enciende la

luz de su fe con el

brillo de su esperanza

eterna.

MCLIV

MCLV

MCLVI

 

El hombre que alcanza

su armonía interior

y es capaz de oír y

sentir su propia música

vital, podrá escuchar

lo que le rodea y será

capaz de sentir a otros

seres y a los demás

hombres. T de él

partirá la paz de su

espíritu a los demás

seres. Ese hombre será

capaz de sentir la

naturaleza y el mundo

cercano y aún sentirá

el Universo dentro de

él. Sabrá que todo

lo que existe, está hecho

de la misma materia:

mi amor hacia lo

creado, y en ese amor

se fundirá su conciencia

de bien hasta formar un

solo cuerpo y un solo

espíritu con lo existente.

Ese hombre ya ya llegado

a él y ha llegado a mi.

 

Los frutos de la tierra

son de la tierra y

a ella vuelven. Lo

que no es de la tierra

se queda en ella.

Los frutos que no son

de la tierra vuelven

a su lugar, al lugar

al cual pertenecen.

El hombre como hijo

de la tierra, en ella

vida es y a ella

volverá, pero lo que

del hombre no es de

la tierra en ella no

se queda, viene a

mi, ya que a mi

pertenece. Dad a la

tierra lo que es de ella

y a mi lo que a mi

es.  Cuando llegue

su tiempo, la tierra

y todo lo que a ella

pertenece a mi volverá,

ya que de mi todo

proviene y de mi todo

es.

Cuatro son las verdades

que el hijo de la tierra

debe saber: Todo lo que

hay es de mi y a mi

volverá. El hombre es

suyo, ya que su voluntad

prevalece en su obrar, es

de la tierra, ya que en

ella nace, vive y muere,

y es mío, ya que de

mi procede y a mi

volverá. Yo estoy en

el hombre y él está

en mi, lo que él

pase, yo lo paso, lo

que él viva, yo lo

vivo, lo que el muera,

a mi vendrá. Si el

hombre es fiel a él,

cumplirá su destino

con él y con los demás

ya que el hombre no

es sólo él, sino lo que

de los demás es. Si el

hombre se ama y ama

será amado y en él

me complaceré. 

MCLVII

MCLVIII

MCLIX

 

Cada vez que el hombre

venza al mal y se

venza a sí mismo, más

fuerte se hará y cada vez

que el hombre se deje

vencer, más débil será.

En su fortaleza el hombre

me tiene en él y más

aun en su debilidad, ya

que en sus momentos

de flaqueza más me

necesita y más me sentirá

a su lado en su interior

de bien. Yo soy el Espíritu

Santo, el Espíritu del Bien

y de la Verdad que siempre

le acompaña, ya que en él

estoy. En mi hallará su

fortaleza  y yo seré su

escudo. Mi mano lo

alzará en su caída y

señalará su camino de

bien, de él depende su

paso y su dirección.

 

En el lamento apagado

de la inteligencia, en el

suspiro de la razón dolida,

en el trozo de cerebro

perturbado por la locura,

en el suplicio de la injusticia,

en el malestar del sinsentido,

en el goteo inacabado

que destila la desdicha,

en la tristeza de la

inconsistencia de la melancolía,

en el fruto amargo del dolor

del alma, en la pasión

delicada de quien ama

sin esperanza, en la pérdida

de la confianza de lo confiado,

en el último deseo de vida,

en la piedad absurda del

cruel. En esos lugares

insospechados del hombre

que no son lugares, sino

estados compungidos de

su alma, se halla la

parte de verdad que el

hombre necesita par

completar la verdad

de su vivir y la verdad

de su morir.

 

Un velo invisible cubre

como una neblina,

la verdad en la razón

del hombre. Esa neblina

se retira de él cuando

acepta la verdad de

su verdad y desvela,

entonces, la verdad de

Verdad. El hijo

de la tierra que me

coma y me beba, como

y bebe de la fuente de

la Verdad y del alimento

que nunca sacia. Esa

agua que calmará su

sed de eternidad y ese

pan que formará parte

de su ser, se hallan en

mi palabra que nunca

sacia, ya que en ella

estoy y en ella vivo

para él. Mi palabra

desvelará  la neblina

y descubrirá a su

razón mi Verdad,

quien quiera beberla,

la beberá y quien quiera

comerla, la comerá:

En ella estoy.

 

MCLX

MCLXI

MCLXII

 

En la pureza más pura

y limpia del corazón del

hombre, estoy. Allí, dentro

de su bondad de bien,

estoy. En lo desvelado

al hombre, estoy. Lo

dicho es para él, para

que sepa lo que sabía

y olvidó en su desesperanza.

Quien vuelve a él,

vuelve a mi y quien

de nuevo a él se encuentra,

a mi me encuentra de

nuevo, yo nunca me alejé

de él, sino que él se

marchó de mi, aunque

no se fuera, ya que de

él no me fui y en él

siempre estuve. Si el

hombre se elige a él

y ser el que era, me

elije a mi con él,

aunque siempre me

tuvo.

Yo no inspiro ni revelo

ni desvelo, yo doy. Doy

al hijo de la tierra lo

que es, lo que posee de

mi, su ser que no acaba,

su bueno en la quietud

de su alma. Yo no soy

inquietud, sino paz. Yo

no soy pesadumbre, sino

alivio, yo no soy desilusión,

sino esperanza continua,

yo no soy temor sino

alegría de venir a mi.

Yo no soy culpa, sino

perdón al alma compungida.

Quien de mi sabe,

sabrá para siempre

y quien a mi me busque,

en su corazón de bondad

me hallará. Yo estoy

en él y en todos los

hombres que quieran tenerme

en sí, y aunque no lo

deseen, estaré en ellos.

 

La furia del mal

daña el corazón

del hijo de la tierra

y le arrebata lo mejor

de sí. No hay bien

en su mal, ni en

su daño que perturbará

su corazón de bien 

mientras viva y

ensombrecerá su razón

calma de bien. El

mismo no sabrá

explicarse las causas

de su mal, Y yo

digo: Su mal está

en la soberbia de su

corazón que ciega su

razón de bien y de

existencia y pretende

imponer su violencia

de mal. No sólo

daña a su hermano,

sino a  si mismo y

no sólo ha de curar

a su hermano, sino

a su mismo corazón

de bien, fracturado

por su maldad y

violencia.

 

MCLXIII

MCLIX

MCLX

 

Los sacrificios que el hombre

ha de realizar para poder

perdonarse sus faltas, son los

que su corazón de bien,

herido por su mal, indiquen

a su arrepentimiento. El

hombre necesita ser admitido

en su bien por el mismo,

ya que para el bien fue

creado y sin el bien su

razón se oscurece por su

maldad. El hijo de la

tierra necesita recuperar

su bien, perdido por su

soberbia, debilidad o

flaqueza, para no ser

despreciado por el mismo.

Las excusas de su razón

no sirven a su corazón

de bien y ha de volver

a su equilibrio de bien.

Su verdad ha de

prevalecer en él, si quiere

ser el que es y no el

reflejo perdido de su

maldad.

 

Mi palabra sanará el corazón

enfermo. Mi Luz alumbrará

la sombra de su corazón

y el hijo de la tierra sentirá

que estoy con él. Nunca

mi espíritu lo dejará solo

en su desolación. Él sabrá

que estoy en él y con él

y aunque el Mal quiera

eliminar cualquier bien

de su corazón con su daño,

no lo logrará. Lo que su

razón no entiende, lo

sabrá su corazón, ya que mi

Luz alumbra de saber lo

que su razón ignora y la

verdad apartará a la mentira,

y el bien a la maldad,

y el  daño no lo será, pues

puse más allá de su mal y su

daño estoy yo, y en su

existencia de bien, sólo

bien hay: El hombre no

ha de temer el mal de

otros, sino el suyo hacia

lo demás y hacia él.

Yo no he de perdonar

al hombre, sino es él

el que ha de perdonarse,

pues a su bien ha ofendido

con su mal.

MCLXI

MCLXII

MCLXIII

 

No hay daño ni mal

que el hombre cause

o pueda causar, que

pueda apartar mi

bien de él: Quién

reciba mal y daño,

recibirá Bien y Gloria

Infinita y quién haga

mal o daño, habrá

de arrepentirse de él,

tanto en su razón

como en su corazón,

o el mal lo arrastrará

al Mal: Quien no

enmiende el mal

de su corazón, no será

digno de él.

 

El mal no presta

consuelo, sino angustia

y desolación en el

corazón conturbado por

él. Cuando el hombre

deja a su razón de

bien y a su espíritu

de bien en manos de

su mal, conoce su

propia humillación en

su debilidad y flaqueza

y aunque su soberbia

pretenda engañar a

su verdad, no lo

consigue. Si quiere

ser el que es, deberá

recuperarse a sí

mismo y defender

su bien ante su mal

y su verdad ante

su mentira. Sólo

siendo el que es,

se tendrá y sabrá

y recuperará la paz

y la armonía de su

bien y de su verdad.

 

El mal del hombre

hace llorar los corazones

y los ojos de los hombres

y no encuentran consuelo

ni excusa a su maldad.

Lo que al hombre hiere,

a mi me hiere, lo que

al hombre hace sufrir,

a mi me daña, lo

que al hombre ofende,

a mi me ofende, lo

que al hombre tortura

en su dolor, a mi me

duele. Cuando el hombre

daña al hombre, se

daña a sí, lo daña a él

y a mi daña. La

voluntad de mal del

hijo de la tierra es

poderosa, ya que  el

Espíritu del Mal que lo

guía en su mal, lo es.

Si el hombre se deja

llevar por su maldad,

el Mal se apoderará

de él y sólo mal verá.

Sólo quien quiera volver

a mi, me hallará y se

hallará.

 

MCLXIV

MCLXV

MCLXVI

Quien quiera verlo, lo verá,

quien quiera oírlo, lo oirá.

Nada se ocultará a los

ojos y oídos del alma

esperanzada. Su destino

se demostrará en lo

profundo de su espíritu

de bien antes de que llegue.

su momento de eternidad.

Él verá y oirá lo que

es para él. Su espíritu

de bien palpará mi Gloria

infinita antes de llegar

a ella, sentirá el bien

en su bien y sabrá del

Bien, verá el Bien y lo

oirá y nada más

deseará pues poseerá

El Todo y El Todo lo

tendrá a él. Quien

de mi quiere saber,

sabrá, quien a mi quiere

venir, vendrá, quien a

mi quiere tener, me

tendrá. Quien a mi

busca en todo lugar,

allí me hallará.

 

No puede el hombre

imaginar a lo que

no alcanza su pensar.

Ante lo infinito y

ante lo eterno, no

es capaz de imaginar

un espacio inacabable

e inabarcable y un

tiempo que no acabe

ni empiece. Yo soy

para el hombre y para

todo lo que exista y

es, Luz inabarcable

e inacabable, Luz que

vencer cualquier oscuridad

posible e imposible. Luz

de infinita claridad

y bondad, Luz de

Verdad, Luz de Amor

y Cuidado eterno.

Luz que llega a lo

existente y a lo que

no. Luz que todo lo

abarca y Amor que

todo lo da. Está

imposibilitado el hijo

de la tierra para

saber lo indecible y

conocer lo inimaginable.

La razón de su

inteligencia y la

inteligencia de su razón

limitan su pensar

y sólo con la Luz de

su bien y de su verdad

y la bondad de su

conciencia y la claridad

de su espíritu, podrá

llegar a donde no llega

y alcanzar a donde  no

alcanza. Así podrá

sentir mi presencia

en él y en cuanto le

rodea y percibir el

sentido de mi Gloria

antes de llegar a ella

y mi amor por los

seres que hay y existen

que han habido y existirán.

Quien me sienta en

sí, me sabe y conoce

antes de su momento,

y después de su momento

de eternidad me tendrá

en él y en mi. 

 

 

Sólo a la luz de la razón

y a la claridad de la

bondad del espíritu de

Bien y de  Verdad que

el hombre lleva en sí,

es capaz de percibir lo

que de mi hay en él

y lo que le rodea

de mi en los demás

y en lo demás, ya que

en todo estoy. Sólo

la ceguera de la razón

y la oscuridad del

alma, nublan lo que

debe ver y sentir para

verme y sentirme en

él y en cuanto le

rodea. Quien mira

con el corazón, verá

con los ojos del alma.

Quien sólo mira con

los ojos de la razón,

verá confusión y quien

mire con los ojos de

su cara, verá a donde

lleve su vista, nunca

más allá de ella.

Quien mire con los

ojos de su imaginación,

verá lo que su fantasía

quiera que vea. Sólo

quien mire con los

ojos del alma, podrá

verme y sólo quien

me sienta en su

corazón de bien, sabrá de mi.

MCLXVII

MCLXVIII

MCLXIX

 

No debe buscar el hombre

donde no hay. Nada

diferencia con los ojos

del alma, a un hombre

de otro. Mis enviados,

mis profetas que toman

mi palabra y la dan

entre los hombres, son

iguales a los que las

reciben, unos y otros

son hombres que están

hechos de espacio y

tiempo como las sombras

del firmamento ellos

se acabarán entre los

hombres ya que hombres

son y de heridas de sus

indefensas almas brota

su sufrir. Mi mensaje

no son ellos, sino mis

palabras por ellos dichas.

Quien me reciba, me

 oirá y quien me oiga,

me tendrá en él, en

su espacio y en su

tiempo de eternidad

y de vida.

Se diluye el tiempo

entre los recovecos de

la ignorancia del hombre,

nada puede el hijo

de la tierra contra

él, pero sí contra la

ignorancia que asola

su espíritu. Si el

hombre quiere en su

voluntad de bien ser

el que es, habrá de

abrir su corazón a

su esperanza de

eternidad. Su vida

de bien le llevará

a su eternidad de

Bien. Mi mensaje.

mis palabras, son para

él y si las escucha

y las sigue, seguirá

su camino de verdad

y él le llevará a

mi. Y ellas iluminarán

su soledad. 

 

Mis enviados  no saben

que lo son y mis profetas

hablan por mi, no porque

quieran hacerlo, sino

porque hallan la felicidad

de la Verdad en sus

corazones. Ellos son los

primeros que reciben mi

palabra y sus corazones

sedientos de verdad y

sus espíritus hambrientos

de esperanza y consuelo,

de mi son hartos.

A mis enviados  es

encomendado abrir las

fuentes de la inspiración

humana y ellos son reconocidos

por los hombres como

bienhechores, ya que bien

procuran con su ciencia

y su saber. Quien usa

mi Bien para su mal,

será maldito, ya que mi

Bien sólo bien ha de

procurar a los hombres

y no su daño.

Quien use mi palabra

para su burla o desprecio,

será despreciado allí

donde no llegan las

maldades, ya que al

hombre no compete lo

que hay más allá de él,

y nada pude contra

la maldad de su alma,

sino mi Bien y mi

Verdad es lo único

que prevalecerá más allá

del Mal y de la Mentira.

 

MCLXX

MCLXXI

MCLXXII

 

Quien traspasa la puerta

de la vida, traspasará

la puerta de la muerte,

y quien ésta pasa, llega

a su eternidad, al

fin de su camino de

existencia y al inicio

de ella.

 

Yo desvelo, descubro

al alma cerrada

por la ignorancia,

lo que quiere saber,

lo que necesita

conocer para guiar

la luz de su razón

más allá de ella

misma. Yo no

hablo al oído

confundido del

hombre, sino a

su espíritu necesitado,

a su alma solitaria

y perdida entre

mentiras. Mi Verdad

es la verdad del

hombre y si la escucha,

a él llegará. Con mi

Verdad, con mi Palabra,

a mi me halla y

al hallarme, me

tiene en él y si

el hombre no rechaza

lo que le ofrezco,

en él estaré, en él

viviré y será reconfortado

por mi Esperanza en

vida y más allá

de ella. El hombre 

llega a mi y yo

llego a él.

 

Mi Espíritu alcanza

al alma desvalida

del hijo de la tierra,

la sustenta y la lleva

a mi en su momento

de eternidad, nada

separará de mi esa

alma, su espíritu se

unirá al mío y uno

solo será. La paz

infinita de la Gloria

será en él, nada

turbará su presencia

en mi. No hay

sufrir que no acabe,

ni mal que lo

impida. En mi se

halla el Todo y él

en El Todo estará.

El Bien Absoluto será

en él: el alma que

me siga y quiera hasta

la eternidad, a mi

llegará y en mi estará

por la eternidad de

su existencia infinita.

MCLXXIII

MCLXXIV

MCLXXV

 

No hay dolor que a mi

no llegue, no hay lamento

que no escuche, no hay

gemido que no oiga,

no hay dolor que yo

no sienta, no hay

padecer que no padezca,

no hay suspiro que se

pierda, ni negrura

que no ilumine mi

Luz, no hay llanto

ni dolor que no consuele,

ni pena que no se

aplaque al llegar a

mi. Yo se del sufrir

del hombre y digo:

Ese sufrir se acabará

en mi, ya que en

mi no hay sufrimiento

ni dolor, sino lo

contrario hasta donde

no acabe el tiempo.

El que a mi llega,

llega al amor absoluto

y será Gloria Infinita.

No vendrá a mi

quien no no quiera venir,

y vendrá a mi quien

quiera venir.

 

 

No te alejes del mundo

de los hombres, pues

ellos se alejarán de ti,

y a la soledad de tu

alma indefensa se unirá

la de tu lastimado ser.

No huyas del miedo

y afronta tu temor con

el valor que te infunde

el saber de tu eternidad.

Comparte tu alegría

con los demás y guárdate

tu pena, ya que sólo

a ti debe atener. No

propagues la tristeza

pues de nada vale

en extender tu ignorancia,

ya que no es más que

ignorancia de mi.

Yo soy alegría de vivir

y alegría de morir,

pues el don de la vida

es aumentado con el

don de la existencia

eterna hasta el infinito.

No sigas los dictados

de los hombres, pues

todos yerran, ya que

de esa materia están

hechos. Sigue el dictado

de tu razón de bien y

de tu conciencia de

bondad y verdad y ellas

te llevarán a mi y la

bondad y verdad te harán

resplandecer entre los

demás hombres: Ama y

serás amado.

No temas hablar a los hombres

de lo que no conocen, pues

aunque el temor de su

ignorancia los haga alejarse,

otros regresarán y se unirán

a ti por su deseo de saber

y conocer lo ignorado.

No temas perderte por el

mundo, pues si a mi me

has hallado, yo te hallaré.

No te apartes de los

hombres, pues tu los

necesitas y ellos a ti.

No te apartes de mi,

pues yo en ti estoy.

 

Busca el hombre y no

halla una razón de su

vivir, de su ser. Busca

alumbrado por la luz

apagada de su ignorancia.

Busca y no ve lo que

se le muestra a sus

sentidos. Busca una señal

que le muestre la Verdad,

su verdad y con ella,

seguir su camino de vida.

No es capaz de ver lo que

le rodea y no es capaz

de verse el mismo en

su esencia de ser y de

sentir. Espera una señal

y está rodeado de ellas,

y él mismo es una

señal para él y no ve,

y no se ve, y no siente,

y no se siente. Todo es

orden, exactitud, simetría

desde lo más mínimo a

lo más máximo. En ese

orden no es capaz de ver

mi deseo de que así fuese,

y que no sea de otro

modo. Sino es capaz de

verlo, está ciego del alma

y ciego de la razón y no

podrá ver y sentir mi

mano en todo lo que

hay y más aún en él

mismo. Quien no crea

en él, no creerá en

mi, quien no vea lo

que ve, no me verá

a mi, quien no sienta

la maravilla de su

alma iluminada, no

me sentirá en todo

cuanto hay y no gozará

con la maravilla de

su vivir, con el don

de la vida y de la

no vida a su alrededor.

MCLXXVI

MCLXXVII

MCLXXVIII

 

Tú que puedes curar,

no podrás curarte a ti,

tú que puedes salvar,

no podrás salvarte a ti,

a ti habrán de curarte

y habrán de salvarte.

Sólo en mi está la

curación y la salvación

eterna, si el alma

enferma y necesitada,

confía en mi, se salvará

y curará, sino

enfermará y nadie podrá

curarla y se perderá y

nadie, podrá salvarla.

 

En mi está el consuelo,

en mi está la piedad

infinita, la piedad

eterna, mi sola y

única piedad para

el hijo de la tierra,

en ella y más allá

de ella. No hay

pena, ni dolor, ni

desesperanza amarga

que no cese ante

mi consuelo, no hay

desdicha que no deje

al hombre ante mi

presencia. Yo soy el

consuelo del afligido

que me busca y la

piedad del que me

necesita e implora.

 

Mi Piedad es para

el hombre y para las

demás criaturas, ya que

todo abarca y a todos

alcanza. Mi consuelo

va más allá de la vida

y mi perdón a todos

lo que lo quieran alcanza

en mi Gloria: Quien

sienta gratitud hacia mi

por el don de su vida,

será y estará en mi, en

vida y en existencia.

 

MCLXXIX

MCLXXX

MCLXXXI

 

Y digo: El hombre

que se compadezca

de su hermano necesitado

de ello, tendrá mi

compasión infinita y

mi piedad será para

él un manto que le

cubra hasta en su eternidad.

Mis ojos están puestos

en el hijo de la tierra

y todo cuanto haga,

diga o piense, será recogido

para él en su eternidad

y formará parte de él

cuando sea esencia de

su ser. Nada del hombre

se pierde y lo que es él,

él será. Yo soy la piedad

y el consuelo infinitos y

el infinito consuelo y

piedad. Mi perdón es

eterno y mi Gloria infinita.

 

Quien quiera ser perdonado

en su culpa y en su mal,

lo será, para ello deberá

enmendar el daño hecho

en la medida que pueda

enmendarse. Si persiste

en su mal y en su daño,

sin propósito de bien ni

de arrepentimiento por ello,

el mal y el daño con

él irán y a él irá, y

formará parte de él y él

y el Mal serán uno

en su eternidad infinita:

No hay culpa sin perdón,

ni perdón sin culpa, siempre

que así lo desee y quiera

la conciencia de bien del

hacedor del mal o daño.

Mi Espíritu de Bien y Bondad

lo guiará en su búsqueda

de su bien y bondad y

en su perdón estaré. Nada

ha de temer quien se

guíe de su conciencia de

bien y aparte de sí su

mal.

 

La compasión de mi piedad

a todos llega y a todos

alcanza, ya que todos

necesitan de ella. Aún

el que la rechaza la

tiene en sí, siempre que

esté arrepentido de su

mal o culpa y sus

consecuencias no pueda

cambiar, ya que su voluntad

de mal fue más fuerte

en él que su voluntad

de bien. Su conciencia

de bien prevalecerá en su

perdón.

MCLXXXII

MCLXXXIII

MCLXXXIV

 

Cuídanos Señor del Universo,

Señor del Cuidado Infinito,

Señor del Amparo Absoluto,

Señor de Todo lo Creado,

Señor de la Eterna Protección,

Señor de la Inmensidad

Visible y de la Invisible,

Señor de la Verdad

y del Bien Ilimitados.

Líbranos del desamparo

de la soledad y de la

perfidia del Mal, de la

aflicción dolorosa que daña

el corazón y la razón del

sufriente, de la vanidad

y la soberbia que nos

debilitan ante el poder

del Mal. Líbranos de

la ignorancia que envuelve

nuestras almas y de la

flaqueza de nuestro espíritu

y nuestro cuerpo. Danos

tu Gloria Infinita y la

Paz de tu certidumbre

que anhela nuestra razón.

Danos tu Verdad que anule

la indiferencia y la ponzoña

de la mentira. Danos

tu Bien Absoluto y eterno.

Aleja de nosotros el Mal

que corroe los corazones

y anula las conciencias.

Muéstranos tu camino

de Bien y Verdad y Guía

nuestro perdido espíritu.

Acércanos a ti en todo

momento  tanto en vida

como en existencia eterna.

Haz que tu Espíritu Santo

de Bien y Verdad, nos

inunde de su Paz y Amor

y nada más necesitamos,

pues Todo en Ti se halla

y Todo en Ti tenemos.

Que tu Esperanza nos

lleve a ti y la duda

se desvanezca de nuestra

razón y nuestros corazones.

Tú eres mi Certeza y sin

Ti, nada es. Que tu Verdad

nos llene de luz, de Tú

Luz de Bondad y Amor

Perpetuos.

 

Sólo cuando tu aliento

huela a rosas, podrás

predicar mi Verdad

y decir mi Palabra a

los hombres. Sólo entonces

serás escuchado y mis

palabras en tu boca

fructificarán en los que las

oigan, serán comprendidas

y seguidas y vencerán

a la indiferencia que sobrecoge

al hombre. Mi Bien

descenderá sobre ti y

serás reconocido por los

hombre como su hermano

y ellos te seguirán a donde

vayas, ya que mi Palabra

y yo están contigo y ellos

lo sabrán y querrán verte

y oírte, ya que en ti

me oirán y verán a mi.

Mi Palabra saldrá de

tu boca sin necesidad

de pensarla, ya que yo

Soy quien por ti habla.

Sólo serás reconocido

cuando seas tan puro

que merezcas llevarme

y hablarme, entonces

los que te oigan sabrán

quien habla y escucharán

tus palabras que salen

de tu boca y que no

serán tuyas, sino mías

y dichas por ti.

MCLXXXV

MCLXXXVI

MCLXXXVII

 

Mis palabras son rosas sin

espinas que hará florecer a

los corazones que las acojan.

Ellas portarán mi Luz y

sentirán mi Bondad en

su interior y los demás

lo percibirán en sus

semblantes y querrán ser

como ellos. Mi Luz

se extenderá entre los

hombres y se amarán

con sus almas de Bien.

 

Señor Santo y Bendito

te amo con el corazón.

Señor Santo y Bendito

te amo con el corazón.

Señor Santo y Bendito

te amo con todo mi

corazón y todo mi ser.

Señor Santo y Bendito

llévame a ti.

Señor Santo y Bendito

ven a mi.

Señor Santo y Bendito

estoy en ti.

Señor Santo y Bendito

nunca te vayas de mi

sin mi.

 

Yo soy la Certeza de lo Cierto,

La Esperanza de lo Oculto,

La Luz que Siembre Brilla,

La Verdad de la Verdad,

La Respuesta a Todas las

Preguntas, La Seguridad

de Todas las Dudas. El

Bien de Todos los Bienes.

La Bondad de Todo lo

Bueno. La Serenidad

de Toda Paz. La Presencia

que Confía y Nunca

Decae. El Amor de Todo

Amor. La Felicidad de

Toda Alegría, La Memoria

del Universo, La Causa

de las Causas. El Principio

y Fin de la Vida y la

Propia Vida. El Hacedor

y Dador Universal. Yo

soy la lágrima que asoma

en el ojo del Mundo

ante el dolor y el sufrir

de lo creado por mi.

 

MCLXXXVIII

MCLXXXIX

MCXC

 

Saldrán ligeras las palabras

de tu boca como palomas

mensajeras, ellas llevarán

por ti mis palabras a

los que quieran oírlas,

a los que sepan oírlas

y no ensordezcan sus

oídos con el zumbido

de la indiferencia y la

mentira. Quien quiera

verme, me ve donde

mire, ya que en todas

partes estoy, me verá

en el firmamento,

me verá en la naturaleza,

me verá en todos los

hijos de la tierra, me

verá en las piedras, en

el agua y en el aire,

y me verá más aún

en su hermano y en él

mismo. Quien no

quiera verme, permanecerá

ciego y tampoco querrá

oírme y será también

sordo. Su espíritu se

agostará entre sus manos

y su pecho sólo

albergará materia y

su corazón no

brillará luz de esperanza

alguna. Sus ojos mirarán

sin ver y sus oídos

escucharán sin oír.

Sólo la piedad de sus

actos podrá llevarlos

a mi en su momento

de eternidad.

 

Muchos son los hijos de la

tierra que caminan por ella

sin esperanza. Ellos llevan

cansados sus cuerpos y sus

espíritus y son incapaces

de ver más allá de sus

doloridos pensamientos.

Para ellos son mis

palabras más consoladoras

y para ellos son mi

siembra, pues su tierra

es fértil y en ella

prenderá mi Luz que

iluminará sus corazones

sedientos de Bien y

Verdad. Ellos son mis

preferidos, pues me

necesitan en su árido

caminar y la Luz

de mi Esperanza a

ellos llegará antes que

a los demás. Mis

puertas se abrirán a su

paso y donde irán, nada

les será negado, pues su

sufrir y padecer a mi

llega. Mi piedad los

acogerá en mi Gloria.

Los que me usan en su beneficio,

y los que se escudan y guarecen

en mi para sus negocios, y se

creen por ello que tienen

ganada la tierra y la eternidad,

para ellos y los suyos, les digo:

Nada de lo que ellos hagan,

para ellos  o los suyos, cuenta

más allá, ya que no quieren

saber mi mensaje, sino sólo

quieren su lucro sin importarles

nada más allá de él: Quien

no ame a su hermano

como a él mismo o como

si fuese de su misma

sangre, no me verá y

no sabrá de mi Gloria,

y su eternidad no será

de Paz, sino de tratar  de

llegar a mi.

MCXCI

MCXCII

MCXCIII

 

Quien no mitigue en su medida

el dolor de los demás, cualquier

dolor que les afecte, se aleja de

mi, ya que yo estoy en sus

hermanos tanto como en él,

y si no ama a su hermano,

no me ama a mi y si

no merece a su hermano, no

me merece a mi.

Por muy despreciable que parezca

a sus ojos cualquier otro ser,

debe recordar que estoy en él

tanto como en él y que lo

amo tanto como a él y

que él debe amarlos igual

que a él se ama: Ama a

tu hermano y serás amado

por él y por mi infinito.

 

El que me usa para su mal

o su beneficio y se escuda

en mi, ha de saber y

conocer que en mi no

hay mal, no existe la

mentira ni el beneficio,

yo todo lo doy y todo

lo perdono. El que cause

dolor o aflicción en mi

nombre, sigue una senda

equivocada, ya que a quien

llama y a quien se encomienda,

es el Espíritu del Mal que

lo posee desde su interior

y las palabras que cree

dirigir a mi, las dirige

a él por lo que solo

mal se obtendrá de ellas

y de los actos que cometa.

Su espíritu se alejará de

mi, aunque él crea que

está cerca de mi. En mi

no hay protección ni ayuda

para ejercer el mal: Yo soy

el Bien Eterno y Absoluto

y sólo Bien en mi hay.

 

MCXCIV

MCXCV

MCXCVI

 

Yo sólo Bien y Verdad

concedo, quien busque

el mal y la mentira

para sentirse fuerte y

seguro en su beneficio,

a mi no me llama

ya que su voz es oída

por el Espíritu del Mal

Eterno que le concederá

lo que su espíritu de

mal ansía. Aunque

a mi se dirija, yo

no oigo al que mal

me implore, ya que

sólo Bien soy y sólo

Bien doy.

 

No hay paz en el corazón

del Mal, no hay paz en

nada que proceda del mal,

ya que su Espíritu porta

la inquietud que el mal

genera. En el corazón

de bien brilla la Luz

de la esperanza eterna

y esa Luz guía al hombre

en las desventuras de su

vida y le concede la paz

a su espíritu, ya que

sabe que nada puede

el Mal hacia él y

que en mi Esperanza

se halla su Gloria.

Es estrecho y tenebroso

el camino del Mal y

venturoso, ancho y luminoso

el amino del Bien. Cuando

camines hombre, elige bien

tu camino y no te desvíes

de tu senda de bien, aunque

tu mal te empuje a ello,

no lo oigas y sigue sólo tu

voz de Bien, bondad y  verdad.

En esa voz está mi Espíritu

en ti.

 

Todo en el Universo tiene

su camino, su senda de

destino. Las estrellas del

firmamento siguen su camino

de cielo y los planetas y

demás astros del espacio

siguen su órbita marcada

de antemano por Él

Que Puede Hacerlo. Las

aves, peces e insectos

siguen sus migraciones

igual que otros animales.

Las semillas brotan de

la tierra cálida cuando

llega su momento y todo

cuanto hay y existe, está

marcado en el Libro del

Destino. Sólo el hombre

es capaz de elegir su camino,

ya que así está dispuesto

por El Que Puede Disponerlo,

el hombre podrá elegir entre

su camino de Bien o de Mal,

sólo él elige ya que de esta

cualidad fue dotado por

mi.

MCXCVII

MCXCVIII

MCXCIX

 

Quien se niega al Mal

refuerza su espíritu de

Bien, su voluntad de

bien y su conciencia de

bien. Quien se resiste

al Mal y logra vencerse

y vencerlo, se acerca a

su propio bien y a

través de él, se acerca

a mi. La negativa

al Mal es la fuerza

secreta que abre la

entrada a su propio

bien, a través de su

voluntad de bien. A

mayor fortaleza de bien,

más voluntad de bien

y más corazón de bondad.

Él me sentirá en sí

y su espíritu sentirá

tocarme.

 

Nunca llegará el hombre

más allá de él mismo,

sino me busca en él,

en los demás y en lo que

le rodea. Yo soy lo que

busca, la respuesta a su

eternidad, la respuesta

a todas sus preguntas,

a sus dudas y temores.

Yo soy la Certeza de

lo Cierto, la Respuesta

de Eternidad, lo Cierto

que disuelve la duda,

el Valor de la Verdad

que acaba con cualquier

temor. Si busca la verdad

sin mi, no la hallará,

pues sólo yo soy la

Verdad, la única que

comprende todas las

verdades y acaba con

todas las dudas, temores

y mentiras. Fuera de

mi nada hay y en

esa nada estoy, ya

que Todo Soy. El hombre

que quiera saber, habrá

de buscarme con la inteligencia

de su espíritu de bien,  sino,

no me sabrá y navegará

en el mar de su ignorancia

hasta su momento de

eternidad.

 

Cuando el Mal visita

el corazón del hombre,

lo hace para quedarse

en él y anular su

espíritu de bien. Su

insidia corromperá su

razón y su pensamiento

será guiado por el mal

que anida en su interior.

Su conciencia de bien

será apartada y su

espíritu de mal tratará

de apoderarse de su ser.

Si el hombre no se opone

a su mal, se verá arrastrado

por él y guiará su vida.

Sólo podrá vencerlo si

implora la ayuda a su

espíritu de bien del Espíritu

Santo, Espíritu de Bien,

Verdad y Bondad Eternos.

El Mal se alejará de él

y podrá obrar con su

voluntad de bien.

MCC

MCCI

MCCII

 

El hombre que en la torpeza

de su mal, dañe, hiera

o mate en cualquier forma

y manera, con la intención

de causar ese mal a otro

hombre, le priva del Don

de la vida dado por mi.

Su voluntad de mal se

ha impuesto a él y no

es capaz de discernir la

gravedad de su acción

realizada a su hermano.

Todo en él, su mente,

su razón y su inteligencia,

se ha rendido a su mal,

su espíritu de bien ha sido

apartado por su maldad

y su ser ya no es él, ya

que su conciencia y su

voluntad de bien han sido

alejadas de él por su

espíritu de maldad y su

voluntad de mal prevalece.

Eses hombre deberá arrepentirse

de su mal en lo más profundo

de su ser y por todo su tiempo

de vida o en su momento

de eternidad será apartado

de mi por toda la eternidad,

sólo si busca mi perdón

desde su conciencia de bien,

podrá acceder a mi.

 

Recuerda, te llamé y no

viniste a mi, te mostré

mi Gloria y no la quisiste,

te mostré mi rostro y lo

olvidaste. Te señalé con mi

intención de bien y no

lo aceptaste. Te elegí entre

muchos y te apartaste.

Te hablé y no quisiste

oírme. Ahora hablo

a tu pensamiento porque

sé que quieres verme,

oírme, sentir mi bien y

saber mi Gloria. Sé que

ahora estás dispuesto a

seguirme, pero no estás

preparado, ni es tu momento

para ello. Cuando llegue

lo sabrás y tu camino

no será solitario ni numeroso,

pocos te creerán y menos

aún querrán seguirte:

Haz de saber que el hombre

teme a la verdad y tus

palabras lo serán, ya que

de mi son, aunque salgan

de ti.

Querías saber quien soy

y ya lo sabes, querías

reconocerme y ya me

reconoces, querías saber

de mi y ya sabes,

querías ser más sabio

y ya lo eres, querías ser

mejor y ya lo eres,

querías conocer el alma

humana y ya la conoces,

pues tu alma es como

la de los demás. Querías

distinguirte de los otros

y ya lo eres, pues nadie

es igual a ti. Querías

una prueba de mi y

ya la posees, pues mi

palabra es compartida

por otros. ¿Quieres amar

a tu hermano?, lo

amarás. ¿Quieres volver

a tu pureza primigenia?,

la poseerás. ¿Quieres amarme?,

me amarás  amando lo que te

 rodea, a tus hermanos

y a ti mismo. ¿Quieres

verme?,  mira en tu recuerdo,

pues allí estoy.

MCCIII

MCCIV

MCCV

 

Señor del Universo:  No somos

dignos los hijos de la tierra

de tu Gloria infinita, ni

merecemos los dones de tu

cuidado, ni tu Santa Palabra

Perpetua que nos muestra

lo que no alcanzamos

a ver y nos dice lo que

no podemos saber sino

es por ti, por la Gracia

de tu Verdad. Tu Palabra

de lo que ignorancia

del hombre no alcanza:

Paz, Verdad y Bondad.

 

Caminan los hombres

a oscuras buscando

su luz, la Luz que

mana como un manantial

de Bien que nunca

se acaba del Espíritu

de la Bondad Eterna.

Sólo les llega en su

camino la luz tenue

y débil que sus  espíritus

les donan. Luz que las

debilidades y flaquezas

del hombre mengua

hasta casi desaparecer.

Los Peregrinos de Luz

guiarán sus doloridas

almas hasta la Luz

que no cesa. La Luz

del Bien Eterno donde

sus espíritus se reconfortarán

y se inundarán de la

Gloria Infinita. Su

esperanza les llevará

a mi.

 

No temas al mundo

ni temas al hombre,

él es como tú, es tu

hermano y a ti está

unido por lazos invisibles

que van más allá de

la apariencia. Al mundo

tampoco debes temerle, ya

que tu perteneces a él y

él a ti. Conoce lo que

te rodea y no te sorprenderá,

pues siempre hay señales

que lo anuncian y sentidos

capaces de distinguir esas

señales. No temas ni a

lo visible ni a lo invisible,

pues tu vida discurre

por ambos cauces. Siente

al mundo de la naturaleza

en ti, pues a él perteneces

y de él formas parte indisoluble.

Habla al corazón de tu

hermano y su corazón te

hablará, ríe con tu hermano

y contigo reirá, llora con

él y también lo hará.

No dejes que las alabanzas

desvíen tu camino cierto,

pues no debes apartarte

de ti, te perderías.

Sigue tu sendero de luz

y no te apartes de su haz,

pues es tu camino de

bien, de verdad. No

temas dejar tu mundo

de vida, pues viniste

para dejarlo y seguir

otro mejor. No envidies

lo efímero, pues tú

eres esencia de eternidad.

No temas amar en exceso,

pues nunca es bastante

para el hijo de la tierra.

No dejes que tu elección

de bien sea distinta

a tu bondad de corazón.

No tardes en recurrir a

mi cuando tu corazón

sea mecido por la angustia

y el viento del Mal quiera

alejarte de mi. Mi Espíritu

acompaña al tuyo para

confortarlo y consolarlo

en su tristeza y que mi

Esperanza sea la  Luz

del túnel de tu amargura.

 

MCCVI

MCCVII

MCCVIII

 

En la invisible oscuridad

del Mal Absoluto se disuelven

las esperanzas del alma

dolorida por su propia decisión.

El mal se funde con el Mal

y forman una única forma

y conforman la desesperanza

de lo perdido. Habrá de

esperar más allá del tiempo,

al inicio del inicio y al

final del final para ser

el alma que fue, pura

como toda alma en su

principio. Entonces ya no

habrá Mal, pues no existirá

ni tendrá razón de ser, ni

su influjo influirá en nada

de lo visible ni de lo invisible.

El Bien  Absoluto será lo Único

y en ese Único  se disolverá

como la sal en el agua

el Mal que ya no será más,

sino Bien Absoluto y Eterno:

El Inicio volverá a su Principio.

 

Quien no quiere ver la verdad,

no la ve, aunque la tenga

delante de sus ojos. Sólo

el que quiera verla, sentirla

y escucharla, la verá, la sentirá

y la escuchará, si no con sus

ojos de vista, con los de su

corazón y con los de su razón.

La verdad no se hurta al

hombre, es el hombre el que

se aparta de ella porque no

cree convenirle a sus falsos

intereses. El que no quiere

ver la verdad, se deja mecer

por el viento de la mentira

y la falsedad que anida en

su razón y llega hasta su corazón.

Pero por mucho que quiera

disimular y hacer como que

no la ve y no existe, la

verdad se le presentará de

forma inevitable en su momento

de verdad, cuando la vida

del hijo de la tierra no sea

ya sino existencia de eternidad.

 

El hombre que llora, estremecido

por la belleza que le rodea,

me siente en sí y me tiene

en sí, pues me reconoce en

lo que ve, oye o siente. Ese

hombre ama hasta lo más

profundo de su ser, el don

de su vida y con él, me

ama a mi, ya que yo

estoy en su vida y en lo

que le rodea. Ese hijo de

la tierra sabe ver lo que los

demás no ven, sabe oír lo

que los demás no oyen y

sabe sentir lo que los demás

no sienten, y por eso me

sabe y me reconoce, aún

sin saberlo.

MCCIX

MCCX

MCCXI

 

Yo soy la única medicina

que cura el alma dolorida

del hombre, el único alimento

que necesita su espíritu, la

única agua que sacia su

sed de saber. La única

Luz que ilumina su camino

de soledad. La única presencia

que siempre está y estará. El

único amor que siempre ama,

la única Verdad que nunca

defrauda. El único fin

que nunca acaba. El único

camino que no yerra. La

única Esperanza Cierta:

Quien de mi come, nunca

se harta, quien  de mi bebe

jamás se sacia. Yo soy la

Luz de su luz y el Espíritu

de su espíritu.

 

Se estremeció la tierra

pesarosa de su culpa,

sus hijos no creyeron  ni

palabras, ni prodigios. Sólo

quisieron oír lo que les

convenía y ver lo que les

ayudaba a sus torcidos

intereses. Mis ojos, vacíos

de vida, ya no los veía

y mi cuerpo, vacío de

alma, no sentía. Pero

sabía que los míos, los

más míos, seguían allí.

A los míos no los expulsó

ni la oscuridad, ni el

temblor, esperaban mi

última señal, la que

abatiera a mis enemigos

y me salvara de morir.

Ellos tampoco habían

comprendido, no los

culpo, su esperanza era

mi vivir, y mi morir

los sumía en la tiniebla

de su duda, ellos deberían

esperar, así estaba escrito.

 

Yo estoy en lo eterno

del hombre, yo soy

la sustancia de su

insustancia. Su visible

de su invisible. Su

eterno y lo eterno, lo

que siempre está y nunca

dejará de Ser y Existir,

Su Infinito Verdadero

y su Inmensidad de su

insignificancia. El hombre

es de mi y por mi,

y a mi ha de tender

sus manos hasta alcanzar

las mías en su momento

de eternidad. Su bien

ha de ser más poderoso

que su mal y alcanzar

el Bien Eterno en mi

Gloria Infinita.

MCCXII

MCCXIII

MCCXIV

 

Igual que las hierbas

y árboles y arbustos crecen

libres sin el cuidado

del hombre y aceptando

que la tierra y el cielo

les deparan, el hombre

debe crecer libre en la

tierra y aceptar lo que

la naturaleza les

ofrece. Yo procuro por

todos los seres y más

aún por el hombre que

debe aceptar  su destino

como ser vivo y su

destino de existencia,

ya que yo estoy en ambos

 y le acojo en mi, en su destino

de vida y de existencia.

 

Mi palabra no es sólo

aire que se lleva el

viento del olvido del

hombre. Mi palabra es

mi mensaje al hijo de

la tierra y mi enseñanza

de vida y de existencia.

Mi mensaje es mi Verdad

desvelada a la ignorancia

de la mentira y a la niebla

de su razón, con mi mensaje

se abre el aire puro de

la Verdad y el aire perfumado

del Bien al corazón que

de mi quiera saber. Mi

palabra es el aire que aparta

el vuelo del Mal y descubre

al hombre lo que quiere

y debe saber y que ha sido

ocultado a sus ojos y

oídos. Mi palabra es la

desvelación de lo que estaba

velado al hombre y que el

hombre debe y merece conocer:

Mi Palabra soy yo.

 

No temas hijo de la tierra

que tu ignorancia te lleve

por caminos distintos a

los que tu razón te obliga,

tu mente es tan libre como

el viento y se dirige a donde

tu razón la guíe. Si tu

razón ama y busca su verdad,

la verdad, la única y verdadera

razón de ser y existir, tu

razón vendrá a mi y tu

mente en mi se reconfortará.

Tu ser buscará el bien que

en él hay  y lo usará en

los demás y en él mismo,

ya que el  bien no se agota

en el hombre, ni la verdad

deja de serlo. Tu espíritu

seguirá a tu razón y tu

mente querrá oírme, verme

y saberme y tú me sabrás

y conocerás porque así lo

deseas en tu razón y en

tu corazón de bien y de

verdad.

MCCXV

MCCXVI

MCCXVII

 

Una luz incandescente,

un resplandor infinito,

un bienestar incalculable,

una dicha de inmensidad,

una paz inconmensurable,

un amor de bien al Bien,

una alegría ilimitada

nacida de la profundidad

del Bien eterno, así es

mi Gloria Bendita en

la intemporalidad del

perpetuo.

 

Lo que del hombre viene,

es del hombre. Lo que de

mi viene, también es para

el hombre, aunque de él

no provenga, ya que yo

soy de él y él es de mi.

El hombre no es más

que el niño que fue, más

lo que aprende en su

vivir. En su aprendizaje

vital gana en conocimientos

y pierde o adormece

cualidades suyas que aparta

o esconde. El hombre

complica su propia vida

sencilla, ya que su ambición

de poseer lo pasajero envuelve

su razón, hasta distraerla

de su camino de bien y

verdad. Haz de mirar

a tu hermano con los ojos

que ven su corazón y descubrir

sus cualidades de niño que

esconde en él, entonces verás

lo hermoso de su corazón y

lo más valioso de su ser,

descubrirás  lo que de mi

posee y la belleza de su alma

inocente. Y aunque él

no se vea, tu podrás verlo.

 

Quien desprecia el don de la

vida, me desprecia a mi,

ya que ese don es por mí

dado. El que desprecia su

salud y se perjudica en

ella, me desprecia a mi,

ya que su salud es parte

de su vida dada por mí.

El hijo de la tierra ha de

 cuidar su vida y salud

y de los que de él dependan,

ya que toda vida me lleva

en sí, ya que de mi proviene.

Plantas y animales llevan mi

soplo vital y como tales han

de ser tratados por el hijo

de la tierra que podrá usar

de ellos y no destruirlos

por utilidad caprichosa

o estéril.

MCCXVIII

MCCXIX

MCCXX

 

Busca el hombre en otros

hombres el remedio a su

ignorancia y cree hallarlo

en otros como él mismo.

Y yo digo: Nada hay

donde no hay nada, no

hay agua en un pozo

seco y de él nada

puede extraerse que

no sea arena o piedras

o lo arrojado allí.

De la ignorancia

sólo puede sacarse lo

mismo y del saber puede

el hombre aprender lo

que ignora. No hay saber

que de mí no provenga,

y el hombre que quiera

saber, a mí ha de venir.

No hay verdad en el

hombre, ya que la mentira

usa sus mil disfraces

para penetrar en su razón

y en su corazón. Yo soy

la Verdad y en mi está

el Saber que el hombre

busca. Fuera de mi

prospera la mentira

y la ignorancia, pues

sin mí nada es cierto

y con mi todo es: Busca

en mi y me hallarás,

busca en ti y te hallarás

y me hallarás,

busca en ti y te hallarás

y me hallarás. En ti

está la verdad y la

vida, mi Verdad y

tu eternidad: En ti

estoy yo y en mi

estás tú.

Es inútil que el hombre

busque en el hombre lo

que no tiene. Lo que es

de mí, sólo  en mí

se halla y sólo en mí

ha de buscarlo quien

quiera hallarlo o saberlo.

El hombre posee lo que

es del hombre y su saber

sólo llega hasta donde

él puede llegar. Más

allá de su saber estoy

yo y el que quiera

saber, a mi habrá

de venir, pues el saber

del Universo en mí

se halla: Yo soy El Saber

Infinito. Hombre, busca

en tu razón y en la

razón de tu razón y allí

me sentirás y allí sabrás.

 

En el desierto contrito

del alma atormentada

en su desesperanza, late

el corazón de su despertar

y brilla la luz de su

verdad. Yo soy el agua

que mitigará su sed

y el pan que saciará

su hambre. No hay

ninguna alma solitaria

de mi, pues yo estoy

en cada una de ellas

y en todas. Quien me

aparte de sí, no saciará

su hambre ni su sed,

pues fuera de mi nada

hay que pueda satisfacer

al espíritu del hombre.

Yo conformo al afligido,

al triste en su despertar

apagado por su melancolía,

al alegre en la fuerza

secreta de su vitalidad

y fortaleza, yo soy la

espiga que despunta

entre la arena desnuda

de vida, la gota de

rocío que acude a la

hierba sedienta. El

aire que respiras en

la fiesta de la vida.

La voz que guía en

la luz y en la oscuridad,

el pozo amargo de los

que no desean saber

de mí en su ignorancia

de maldad. Yo soy

para ellos, la sal que

seca sus campos, la

tempestad que derriba

sus casas, la ola que

hunde su barca, el

movimiento que mueve

la tierra hasta hundirla,

el rayo que parte sus

árboles, la enfermedad

que quita la vida, la

muerte que asola la

tierra. Yo soy para

ellos el sufrir de la

pobreza y la angustia

de su final, el causante

de tanta desdicha y

sufrimiento. El hacedor

de Mal Perpetuo que

Nunca Cesa.  El horror

agazapado que no

descansa en su dañar.

Y yo digo al hijo de

la tierra. No hay sufrir

en el que no esté la

mano agazapada del

Espíritu del Mal. Él

hiere y herirá la vida

de muerte y destrucción.

Él daña y dañará lo

que existe, su poder de

mal trata y tratará de

borrar todo Bien que de

mi proviene. No hay mal

que no proceda del Mal.

Su influjo es poderoso

y atrae al hombre de

mil formas y maneras,

pero mi Espíritu de Bien

es más poderoso que Él

y lo vence y vencerá

siempre en vida y en

existencia de eternidad.

Quien en mi confía,

confía en la verdad y

en el bien de su Espíritu

de Bien y Verdad que

en él se halla. Él lo

protegerá de todo mal.

En la apariencia de la

vida se halla la realidad

del espíritu del hombre

y esa realidad es una

realidad eterna.

 

MCCXXI

MCCXXII

MCCXXIII

 

Cae el hombre en el pozo

sin fondo de su desdicha

sin una mano amiga

que lo rescate. Su desconfianza

lo empuja más allá de

su razón y su miedo lo

hunde más en el abismo

sin límite. Sus espinas

se hunden en su frente

y los clavos atraviesan

sus miembros. Sangra

por la herida del costado

y nadie es capaz de

ver su dolor, de sentir

la tremenda soledad

de su espíritu perdido,

la grandeza de su alma

empañada por la incredulidad

de su existencia. Su conciencia

sometida como las demás

a los dictados de su razón.

La desesperanza que anima

su temor y la ignorancia

que aprisiona su ánimo.

Cree que está solo, abandonado

por todos y en la ceguera

de su desánimo es incapaz

de ver más allá de su dolor,

más allá de la pena que

asfixia y sobrecoge a su

hermano. No ve, no siente

que yo deshago sus espinas

sin que las sienta perderse,

desclavo sus clavos y libero

sus cansados miembros,

devuelvo la sangre a su

costado y curo sus heridas,

seco su sudor y enjuago

su frente con agua fresca,

de mi agua bebe hasta

saciar su sed y sus labios

y boca reseca ya no están,

sino dispuesta a recibir

mi alimento que no harta.

Mi agua de Luz que es

la suya, la que nunca

le abandona y cubre de

amor y verdad su ignorancia,

la que guía su camino

a través de su miedo, de

su dolor, de su desesperanza

y de las flaquezas que rinden

su ánimo hasta llevarlo

a mi.

 

Se estremece la tierra

sacudida por la maldad

sin culpa hacia los

desheredados de los hombres,

hacia los desprotegidos

y desamparados de los

bienes de la tierra, hacia

los perseguidos por la

adversidad, hacia los

que no poseerán sino

dolor y daño, hacia

los perjudicados por

la injusticia de la

desgracia, hacia los

que el sol de la

ignorancia amenaza

con quemar y abrasar

sin remedio, para sus

espíritus, engañados por

hombres sin conciencia,

estoy yo. Ellos me

tienen, me portan en

sí y ellos se hartarán

de mi dicha infinita

que nunca sacia. Yo

estoy en ellos y ellos

en mí.

Todo bien de mi viene,

pues yo soy el Bien.

Toda verdad de mi es,

pues yo soy la Verdad.

Todo saber de mi proviene,

pues yo soy El Saber Eterno.

El Bien, la Verdad y el Saber

del hijo de la tierra, son

de mi Bien, Verdad y Saber

que él lleva en sí, en su

Espíritu y en su fortaleza

de su voluntad de bien,

verdad y saber. Mi Espíritu

está en el hombre y con él,

todos sus dones. Su conciencia

de bien, de mi procede

y su sacrificio de bondad,

es de la luz de su interior.

El bien emana bien y a

su alrededor la paz calma

a los hombre y consuela

sus doloridos espíritus.

Lo que no es verdad,

bien y saber y fortaleza

ante la adversidad, no

viene de mi, sino del

Espíritu del Mal que

sobrecoge la debilidad

del hombre en su flaqueza.

No hay culpa en el

hombre que no venga

de la maldad de su

propio mal: En mi Bien

no hay debilidad, ni

flaqueza, ni culpa, sino

fortaleza, voluntad de bien

y perdón de mal. Yo soy

El Amor del Universo.

MCCXXIV

MCCXXV

MCCXXVI

 

Doce son los estados del alma.

Doce son las puertas que el

hijo de la tierra ha de

abrir. Doce son los pasos que

el hombre ha de dar para

llegar a mi. Doce son

los momentos en los que

el hombre ha de vencerse

a sí mismo, a su propia

debilidad y naturaleza, a

sus miedos y temores y

a sus enemigos que acechan

en él y fuera de él. Si

el hombre llega a ese

estado, se fundirá en mi,

pues su alma ha recuperado

su pureza y fortaleza de

amor y él y yo seremos

uno mismo, ya que de

mi es. En ese su camino,

su alma habrá de desprenderse

de lo que no es suyo y que

a lo largo de la vida ha

ido incorporando a ella de

forma accesoria y siempre

contraria a su propio ser

y sentir: Cuando su alma

sea la suya, vendrá a mi.

 

Los estados del alma son

los momentos por los que

atraviesa el alma del

hombre hasta llegar a mi.

Esos momentos de pureza

son: Momento de verdad,

en ese estado el hombre

llega, tras prescindir de la

mentira, a fortalecerse

y a fortalecer a los que

le rodean, pues su ejemplo

de verdad prende en

otros corazones que lo

imitarán en su valor y

lucha contra su mentira.

Nada que no sea verdad

saldrá de sus labios o gestos

y esa su verdad lo acercará

a la Verdad de mi.

En la verdad se halla

el bien del hombre y en

la mentira se hallan tanto

su mal como su cobardía

de bien: Lo que no deba

ser dicho, no se dirá, lo

que deba ser dicho, se dirá.

En la mentira se cobija

el Mal en los corazones

débiles de la cobardía o

del interés. En la verdad

no hay mal, sólo bien

en ella y valor humano.

Para llegar a ese Estado

no has de mentir. La

verdad adorna el alma

como una guirnalda de

flores adorna la cabeza.

Si la verdad es en ti

norma de vida, te

ganarás el respeto de

los hombres y tu alma

se engrandecerá con ella.

 

Quien descubre mi Palabra,

me descubre. Quien encuentra

mi palabra, me encuentra.

Quien halla mi palabra,

me halla. Mi Palabra es

distinta a la de los hombres,

aunque venga de ellos, pues

no procede de ellos, sino

de mi. Sólo mi Palabra,

soy yo, lo que no es mi

palabra es de los hombres,

aunque muchas pretendan

ser de mi, no lo son y

sólo sirven para engañar

al hijo de la tierra con

su falsedad.

MCCXXVII

MCCXXVIII

MCCXXIX

 

La conciencia de bien

lleva al alma al estado

de bien, para ello el

hombre ha de guiarse

por su voluntad de bien.

La bondad de espíritu

es la cualidad del hombre

más necesaria, ya que

ayuda a otros seres

necesitados de ella. La

Bondad de Bien de mi

proviene y con ella el

alma del hijo de la

tierra conoce el Estado

de Bien Perpetuo, el que

ya nunca le abandona

pues vive en él, en ese

Estado de su alma, la

benéfica influencia y el

bienestar de espíritu se

llenan de él y se extiende

a los demás. Ese Estado

del Alma es un Estado

de Amor Perdurable en

lo eterno de su Bien.

 

En el camino de la esperanza

el hombre me halla, me siente

y sabe de mi. La esperanza

es querer saber de mi, querer

hallarme, querer encontrarme y

buscarme para ello. Ese

momento de búsqueda, ese

camino es el Estado de

Esperanza. En ese estado

el alma apesadumbrada

en su soledad del hombre,

me busca hasta hallarme

y sentirme. En ese estado

del alma que es el Estado

de Esperanza se abre a mi

el alma esperanzada. Y

ese abrirse en mi búsqueda,

ese querer hallarme es ya

hallarme y tenerme en sí.

Cuando el sueño y la ilusión

del hijo de la tierra es

hallarme y llegar a mi,

alcanza el alma buscadora

del hombre el Estado de

Esperanza en el cual me

siente en sí y en lo que

le rodea.

 

En el Estado de Amor del

Alma, el alma de bondad

del hombre ama cuanto le

rodea, pues reconoce mi mano

en lo que hay y sabe que

de mi proviene. Esa forma

de amor es hacia mi, ya

que a mi me siente y a

mi viene. En ese Estado

del Alma el hijo de la

tierra me reconoce en su

hermano y en los demás

seres y en ellos me ama a

mi. El espíritu de su amor

le precede y es reconocido

por los que ama. Su

amor viene hacia el mío

y en ese Amor Supremo

se fundirá en Gloria

Absoluta y Eterna. El

será yo y yo él. No

temas hijo de la tierra

amar en el vacío, pues

el amor no se pierde

nunca, queda para reconfortar

a la humanidad.

MCCXXX

MCCXXXI

MCCXXXII

 

No hay un Estado Absoluto

del alma sin la piedad

hacia el dolor, hacia el

daño que asola al hombre

y lo sumerge en el pozo de

la desesperación de su soledad,

en la negrura de su noche

inacabada. En el Estado

de Piedad del Alma, el alma

se conturba y siente como

propio el mal ajeno, y en

esa piedad hacia el hermano

necesitado, el alma se

engrandece y se une al alma

del dolor ajeno y su alma

es la suya, su bien es el

suyo y su dolor a él atañe

hasta la última fibra de su

ser. En ese sentir con el

apesadumbrado, el alma se

eleva hasta mi y su desgracia

es tanta o mayor que la

de su hermano y por ello

su Gloria y la del sufriente

serán en mi una sola

Gloria eterna. Mi piedad

está con la desgracia y

no hay dolor que a mi

no llegue, ni consuele.

 

En el Estado de Luz, el alma

ha de ser guía de tinieblas,

sólo así el hombre verá su

propia luz, la que emana de

él y le muestra su sendero

de eternidad. Quien se deja

guiar de su luz encuentra

su camino y él le llevará

a mi, pues su luz de mi

procede y a mi lleva.  Cuando

el hijo de la tierra esperanzado

de mi, llega a su Estado de

Luz, se le abre un infinito

de Verdad y un eterno de

Bien y Amor y ha de seguir

por su sendero de Luz hasta

alcanzar su infinito y su

eterno, en donde a mi se

unirá. Hijo de la tierra,

no temas caminar por tu

luz, pues a mi lleva y

en mi no hay temor, sino

Gloria Infinita y Eterna.

En ese Estado el hombre

es Peregrino de Luz y su luz

alumbrará a otros hombres

sedientos y hambrientos de

ella.

En su camino de Perfección

el hombre y su alma han

de sobrepasar su Estado de

Perdón. En ese Estado el

hijo de la tierra ha de ser

capaz de perdonarse sus

culpas y las de los demás,

él sabe que no hay culpa

que yo no perdone y así

como yo perdono, él debe

perdonar. El hombre sabe

que no hay perdón sin

arrepentimiento, ni

arrepentimiento sin perdón.

En su culpa lleva su dolor

y su sufrimiento de esperanza

en su perdón. En el

Estado de Perdón, la

conciencia de bien y la

voluntad de bien han

superado cualquier momento

de mal y el alma del

hombre se presenta limpia

y tan pura como su alma

llegó a él. Así llegará

a mi. Yo soy la Misericordia

del Perdón y de la compasión.

MCCXXXIII

MCCXXXIV

MCCXXXV

 

Yo soy la Misericordia

Infinita y eterna y

quien a mi viene,

tiene mi perdón. Quien

a mi viene, me ama

y quien me ama, me

lleva en sí, él es de mi

y yo de él. En mi

no hay culpa ni pena,

ni temor oculto, yo

soy la Claridad del

Bien y de la Verdad.

Si quien porta Mal viene

a mi, portará Bien y

el Mal de él se irá.

 

Es el Estado de Pureza del Alma

el Estado que más se acerca a su

Estado de Perfección, pues en él

el hijo de la tierra lleva la

pureza de su alma al momento

en que la recibió en sí. Su alma

limpia de las impurezas de la

culpa y del Mal, se presenta

a mi con la inocencia pura

de la infancia y esa alma

entrará en mi y de mi se

hará. Para lograr esa pureza

el hombre debe recuperar lo

perdido y limpiar lo ensuciado

en el camino de su vida.

No sólo habrá de renunciar

al Mal, sino que habrá de

enfrentarse a él donde lo

halle. Deberá cubrir su alma

con un manto de bien que

atraiga más bien en él y en

el arrepentimiento y el sacrificio

de su lucha por la verdad

y la razón de su bien tendrá

a su lado la fuerza de mi

Bien en forma de mi Espíritu

Santo de Bien y Verdad: La

Bondad de su Alma lo llevará

a su Estado de Pureza.

En su alma no se albergará

ni una sola mota de culpa

o debilidad. Su Pureza será

su fortaleza y nada que no

sea Bien y Verdad podrá

entrar en ella. El Mal

huirá de ella, pues su luz

hiere a la tiniebla en lo

más profundo de su Mal.

 

Sólo cuando el espíritu del

hombre es capaz de entregarse,

es capaz de su Perfección y

capaz de llegar a mi. Para

llegar al Estado de Entrega

del Alma, el hijo de la tierra

ha de amar a su entrega

tanto o más que a él mismo.

Esa Entrega ha a de ser sin

esperar por ello ninguna Gracia

o recompensa, ha de ser

con convencimiento de razón

y de corazón. Su conciencia

de bien y su voluntad de

bien lo superan a él mismo.

La Entrega ha de ser hacia

el Bien y con el Bien y

por el Bien y en esa acción

de Bondad el hombre llega

a mi. Quien recibe el bien

del Estado de Entrega del

Alma, me recibe a mi y

quien entrega el alma, me

entrega a mi, pues yo ya

estoy en él y mi Gracia

Eterna lo inundará de mi

en su momento de eternidad.

Su Alma de Entrega será tan

llena de mi que rebosará

mi Gracia Infinita.

MCCXXXVI

MCCXXXVII

MCCXXXVIII

 

Cuando la angustia recorra

tu alma, recurre a mi.

Cuando la desolación

asole tu espíritu, recurre

a mi. Cunado la pena

sobrecoja tu corazón, recurre

a mi. Cuando la desesperanza

halle en ti cobijo, recurre

a mi. Cuando la tristeza

conturbe tu ánimo, recurre

a mi. Cuando la ausencia

de la muerte te arrebate

lo querido por ti, recurre

a mi. Cuando la debilidad

te venza, recure a mi.

Cuando la culpa se apodere

de tu paz, recurre a mi.

Cuando la muerte amenace

tu vida, recurre a mi.

Cuando el peligro de cualquier

mal te amenace, recurre

a mi. Cunado el miedo

a lo desconocido haga temblar

tu cuerpo, recurre a mi.

Yo estoy siempre en ti

y fuera de ti. Yo soy

tu Bien, tu Verdad

y tu Fortaleza. Yo

soy el Espíritu de tu

espíritu. Tu Espíritu

de Bien y Verdad. El

Que Siempre Está, El

Que nunca Abandona,

El Que Consuela al

que a Él se encomienda,

El Que Siempre Está

y Estará y ha Estado

Contigo.

 

En el Estado de Paz,

el alma alcanza la

beatitud perfecta y

está conforme y segura

en la fortaleza de su

bien. A este Estado

llega el hombre, una

vez recorridos los demás

Estados del Alma. En

el Estado de Paz, la luz

irradia del alma hacia

el cuerpo y la felicidad

del espíritu se trasluce

hacia los demás. El

Estado de Paz del Alma,

es previo al Estado

de Perfección y es un

Estado cercano al Bien

Supremo o Estado de

Unión Perfecto. En el

Estado de Paz del Alma,

el hombre ya no lucha

ni consigo, ni con los

demás, pues sólo su deseo

es venir a mi.

En la tremenda soledad

de la mente perdida,

siempre brilla la luz

de una esperanza cierta.

No te niegues a verla

viajero del tiempo,

porque en esa luz

se halla tu salvación

del vacío de la nada,

acércate a ella sin miedo,

además, para qué temerlo

si todo para ti ya está

perdido. Síguela y esa luz

te llevará a mi, te llevará

a donde tu imaginación

no es capaz de imaginar,

donde tus ojos no son

capaces de ver y donde

tu mente no es capaz

de vislumbrar en su ceguera.

Allí no existe el temor,

ni la soledad agarrotará

tu alma, allí se te abrirá

el infinito y allí volverás

a donde vinistes. Allí

estaré yo siempre contigo.

MCCXXXIX

MCCXL

MCCXLI

 

En la angustia del alma

angustiada, el hombre teme

lo que supone, lo que cree

que le va a pasar, sin

pensar que lo que le vaya

o pueda ocurrir, él no

lo sabe y no puede imaginarlo,

por lo que no puede prevenirse

de ello o protegerse de sus

consecuencias. Nada de lo

que ocurra o pueda pasar está

en las manos del hombre

y el creerlo así, es sólo

soberbia y vanidad humana:

Lo que acontece a mi

concierne y sólo yo lo sé.

 

Al Estado de Perfección llega

el alma una vez llegado

a los otros Estados anteriores,

es un Estado Pleno de Verdad,

Bien, Esperanza, Amor, Piedad,

Luz, Perdón, Pureza, Entrega

y Paz, el alma llena de mi,

se acerca a mi, se acerca

a su último momento de

Perfección Infinita y Eterna.

En este Estado del Alma,

el hombre ya no es

cuerpo, sino alma. Su

cuerpo es sólo albergue

de su etéreo, no siente

frío ni calor, hambre ni

sed ni otras necesidades.

Su alma ocupa su espacio

visible y su invisible, se

comunica conmigo y yo con

ella, pues es más alma que

ser, está conmigo y sabe que

nada podrá ya contra ella

el Mal, está dentro del bien,

de mi Bien y mi Gloria

está ya cercana. Su camino

llega a su fin.

 

Cuando el alma del hombre

se entrega en su totalidad

a mi, llega el Estado de

Unión Plena o Estado de

Eternidad o del Bien Supremo.

El Alma ha conocido los

Bienes del Espíritu del Bien

y los ha seguido hasta

llegar a mi. Ya no es el

Alma de un hombre, pues

ya forma parte de mi,

es yo y en mi está como

yo estoy en ella. Mi Gloria

es suya y no hay Gloria

que se le pueda comparar,

pues en ella están todos

los Bienes que hay y que

el hombre ni siquiera puede

imaginar. Yo soy El Bien

Inimaginable y en mi Bien

está el Alma unida a mi.

La Gloria de la Infinita

Felicidad del Bien y de la

Verdad ha iluminado su

camino hasta llevarlo a

mi. Nuestro Espíritu y

nuestro Bien y Verdad es la

misma. El Alma a mi

unida, está en mi Absoluto

Infinito y Eterno.

 

MCCXLII

MCCXLIII

MCCXLIV

 

Fuera del tiempo y del espacio

conocido por el hombre, fuera

del amanecer del tiempo y

del ocaso de lo infinito,

se hallan las almas de los

hombres. Ellas van hacia su

Luz, hacia mi y yo

las acogeré en mi, pues de

mi son y a mi vuelven

 

Una mota en el espacio,

un suspiro en el tiempo,

un rayo de luz que ilumina

como un destello la tiniebla

y después se apaga para siempre.

Nada más que eso es el hombre,

aunque él se crea mucho más

porque su sueño de esperanza

le habló de mi y de mi

predilección por él.

A qué viene su orgullo

y su soberbia, su vanidad

y su indeferencia. Yo lo digo,

son las muestras de su ignorancia

y de la maldad que tantas

veces anida en los corazones,

son el pulso de quien se cree

la realidad que fabrica

en su torpe pequeñez

y en la crueldad egoísta

de los espíritus sin piedad.

 

Yo soy lo Imposible y quien

a mi me busca, busca la

belleza de lo imposible y

quien a mi me halla, halla

su imposible y lo Imposible.

Lo posible es apreciación del

hombre y para el hombre, lo

imposible es sólo lo que a

mi concierne y es. Lo que

no alcanza a la razón del

hombre es su imposible y

su sola mención inquieta

al hombre y lo aleja con

temor de lo que desconoce

y no alcanza. Donde

el hombre no llega, llego

yo, donde el hombre no

alcanza, yo alcanzo. Si

buscas en tu imposible,

alcanzarás tu posible y a

través de él llegarás a

mi, El Imposible de lo

Imposible.

 

MCCXLV

MCCXLVI

MCCXLVII

 

Cuando el mal prende en

el corazón de un hombre

indefenso ante su influjo,

en él germina la semilla

de la maldad y crece en

su interior hasta vencer su

resistencia de bien. El árbol

de la maldad extiende sus

ramas dentro del espíritu

del hombre entregado, hasta

hacerlo suyo. Su corazón

se tiñe de maldad y se

hace uno con el Mal. Nada

parecer poder detener su

influjo y la crueldad de

su condición de mal. Pero

sigue en él su Luz de Bien,

la Luz que señala su camino

a mi. Si renuncia al

Mal su Espíritu de Bien

y Verdad lo llevará a mi.

No hay ningún Mal que

pueda vencer a mi Bien,

si la voluntad de bien

del hombre y su conciencia

de bien así lo quiere.

Yo soy el Saber de lo Ignorado,

la Sabiduría de la Verdad

y de mi alcanzan al que

de mi quiere saber. Quien

bebe de mi, a mi me tiene

y quien de mi no bebe,

a mi me ignora y su

corazón y su alma permanecerán

cerrados a la luz de la

Verdad y del Saber. Quien

fuera de mi busca el saber

y la verdad, sólo halla el

fruto amargo de la desesperanza

tan amargo como la hiel

y tan salobre como el agua

del mar. La ignorancia

cerrará su razón y será incapaz

de ver más allá del alcance

de su mirar. Fuera de mi

nada hay y fuera de mi

nada hallará quien allí

busque.

 

En lo infinito de lo increado

se abate la permanencia inconclusa

de la nada, de lo que no

ha sido, no es y no será. Allí

no busques Peregrino del Tiempo,

allí en la nada, nada hay,

ni siquiera una sombra de

desdicha es capaz de penetrar

en la inconstancia de lo que

no fue, no ha sido, ni será.

Sólo la inconsistencia de la duda

puede quebrar el velo de la

nada y comprender su

inexistencia, el valor de lo

neutro, la desesperación de

su no ser y no llegar a ser

ni siquiera un poco de algo,

un soplo de existencia, un

hálito de vida,  un silencio

apagado en un tiempo ni

acaecido, ni por acaecer, un

imposible perdido en el vacío.

De allí nada parte y allí

nada llega, ya que no hay

espacio ni tiempo, ni energía,

es un hueco ilimitado y

ausente de cualquier sustancia

o materia, sin forma de

hueco o de cualquier otra

forma.

 

MCCXLVIII

MCCXLIX

MCCL

 

Yo desvelo el fruto amargo

de la maldad en el corazón

del hombre y cómo se vuelve

dulce ante la presencia de

su bien. No hay mal que

no se venga en bien ante

la voluntad de bien. No

hay desdicha que no se torne

en paz en el corazón herido,

ante la presencia de la

conciencia de bien. No hay

bien que de mi no provenga,

ni mal que pueda vencerlo.

Yo soy El Bien que guarda

el hombre en sí. Y por

muy pesada que sea la

piedra de su mal, se

volverá liviana hasta

desaparecer ante mi

presencia de Bien en

mi Espíritu de Bien

y Verdad. No ha de temer

el hombre su mal, sino

que su bien no se apreste

a vencerlo. No ha de

temer al fuego, sino que

su pozo esté seco de

mi agua.

 

El camino del Bien fortalece

y el camino del Mal debilita.

Uno y otro son ofrecidos al

espíritu del hombre. Uno es

lento y dificultoso, es como

la ascensión sinuosa a un

monte que prueba los

músculos y la fortaleza

del espíritu, es el camino

del Bien y de la Verdad.

El otro es un camino de

 descenso en el que es muy

difícil ascender, ya que todo

parece ayudar más y más

para que se caiga el espíritu,

para que llegue a los espacios

más bajos del ser y que

no pueda remontar su

caída. Es el camino del

Mal. Es el camino de la

Perdición humana y sólo

el que logre detener su caída

y mirar hacia arriba, podrá

enmendar su destino y

comenzar su Camino de

Bien y Verdad, su Camino de

Perfección.

El Mal se nutre de la

debilidad y flaqueza

humana. Nada puede

contra la fortaleza del

espíritu, ya que su propio

bien lo arrojará fuera

de sí. Al contrario,

en la debilidad de

espíritu, el Mal se

afianza y se fortalece

hasta hacerlo suyo,

hasta fundirse en él

y destruir su humano,

su bien, su voluntad

y conciencia de bien,

hasta que el hombre,

mi preferido, sea sólo

una sombra de lo que

es, una sombra de lo

que fue,  y sólo será

si se vuelve hacia

mi, si se vuelve hacia

sí, hacia su bien y

hacia mi Bien.

MCCLI

MCCLII

MCCLIII

 

Todo lo que nace y es,

tiene su razón de ser

y existir y aun lo

no vivo la posee, pues

lo no vivo, lo inerte,

es el asiento de lo vivo

y sin lo no vivo, no

existiría lo vivo y latente.

Todo lo que hay y

existe de mi procede

y por mi causa es.

En un principio nada

había excepto yo, las

tierras se separaron del

espacio al que se hallaban

unidas y formaron astros

y estrella. El fuego se

separó de la tierra y

el aire y fue en si

mismo materia incandescente.

Del aire se formó el

agua y del agua y la

tierra la vida acaeció.

Nada de lo hecho fue

sin mi, en todo estuve

y en todo estoy y estaré

pues el espacio, el tiempo,

la luz, la energía, la

vida y la no vida,

de mi son. Es de

mi lo que hay y es,

y lo que no es, y

será, lo pasado y lo

venidero, lo actual y

lo que nunca será y

lo que siempre es y

será: Yo soy el Todo

y la Nada. 

 

No debe el hombre temer

su eternidad, pues en ella

estoy yo y en ella están

lo que le precedieron en

mi y los que le sucederán

en mi. No hay desdicha,

ni pena, ni temor en

la eternidad. No existe

en ella ni la culpa ni

el dolor. No hay mal

alguno que pueda

interponerse o entrar en

mi eternidad. En mi

Todo es Bien, Un Bien

eterno e infinito que

llena pero no harta,

que inunda el espíritu

y que no sacia al

que en mi Gloria está.

Todo se vendrá a mi,

pues lo que de mi es,

a mi volverá.

Es más fácil no creer mi

palabra en el hombre que

creerla, ya que no creerla

no produce ningún efecto

distinto y creerla sí, ya

que obliga a modificar el

principio de existencia y

vida y comportamiento,

y todo cambio profundo

causa desazón e inquietud,

ya que no sabe a donde

le llevará en su falsa

y artificial realidad.

El hombre débil flaqueará

y el hombre fuerte

sabrá que en mi sólo

hay verdad, ya que soy

la Verdad y que en mi

todo es vida, ya que soy

la Vida más allá de la

vida. Sólo el que me

siga en mi Palabra,

llegará a mi, sólo

el que crea en mi, me

sabrá, sólo el que me

sepa, conocerá mi Verdad,

mi Bien y mi Gloria.

MCCLIV

MCCLV

MCCLVI

 

Hombre, no dudes de ti

cuando te hablo a tu

oído inaudible, el oído

de tu alma, el oído

de tu espíritu invisible.

Te hablo a ti porque

así deseo hacerlo. Mi

palabra no es sólo

para ti, sino para darla

y repartirla entre los

que la esperan, entre los

que la desean, entre los

que la necesitan, entre

los que la quieran seguir,

entre los que busquen

su consuelo, mi consuelo,

entre los que busquen

su verdad, mi Verdad,

entre los que busquen su

bien, mi Bien, entre

los que sepan que yo

estoy en ellos y ellos

en mi.

 

Hay dos hombres en tu

mismo cuerpo, uno visible

y otro invisible. Uno

humano y de forma

física y otro invisible

y de forma no física,

aunque igual a ti.

El hombre humano

es de vida limitada

en su espacio y tiempo.

Ha de vivir sujeto

a vicisitudes físicas

que no puede evitar.

El hombre no físico

que hay en el hombre,

no está sujeto a sus

mismas limitaciones

y su vida no muere

con el cuerpo, ya que

no lo posee, es sólo

espíritu y en él se

halla lo no visible

del hombre. Ese hombre

igual al hombre físico,

aunque inmaterial y

de sustancia y esencia

distintas, será el que

queda en su eternidad. 

 

Yo no hablo al hombre

palabras invisibles, mis

palabras el hombre no

sólo ha de verlas, sino

tocarlas y sentirlas en

él. Cuando el espíritu

 del hombre me siente,

me vea y me toque,

sabrá de mi y sabrá

que no está solo y

que nunca lo ha estado,

ya que yo estoy en él

desde antes de nacer y

seguiré en él después

de su muerte corporal.

Yo no hablo con

palabras misteriosas

o difíciles de entender,

yo hablo para cualquier

hombre que me quiera

oír, que quiera ver la

Luz de Verdad y Bien

que en ellos hay: Mi

palabra yo soy, pues de

mi viene. 

MCCLVII

MCCLVIII

MCCLIX

 

Doce son los impulsos

principales del hombre:

Impulso del Bien, en el

que el hijo de la tierra

se inclina hacia la bondad

de su espíritu. Impulso

de la Verdad, en el que

la verdad de su verdad

no admite dudas en

él y hacia su razón

se vuelve. Impulso

de Amor, en el que su

afecto hacia otros seres,

le hace entregarse a ellos

sin ninguna condición

que lo limite.  Impulso

de Esperanza, en el que

lo venidero se abre ante

su espíritu claro y

luminoso en su Luz de

eternidad. Impulso

de Fe, en el que la

fuerza y poder de su

creencia ante lo que

cree, es tan firme y

duradero que hacia

él encamina su vida,

sin nada que lo pueda

menoscabar o impedir.

Impulso de Entrega,

en el que su cuerpo y

espíritu se entrega en

bien y beneficio de otros

sin considerarlo sacrificio,

sino deber querido.

Impulso de Ambición,

que empuja al hombre

en poseer más de lo

que puede abarcar o

poseer. Impuso del Mal,

que en los espíritus vencidos

por él los lleva hacia

 su maldad.  Impulso de

Odio, que en los espíritus

subyugados por él, los hace

suyos. Impulso de Poder,

que hace que el hombre

quiera hacer suyos a los

demás y manejarlos a su

antojo y capricho. Impulso

de Vanidad, en el que

el hombre se esfuerza por

distinguirse de los demás

y parecer más que ser, ya

que la apariencia es su

fin. Impulso de Crueldad,

en el que el Mal empuja

a su espíritu en unión

a él, hacia el sufrimiento

a otros seres y en afán de

su dominio perverso.

 

Mientras más camina y

se adentra el hombre

en su mal, más se

aleja de él y de mi.

Deberá desandar su

camino mal andado

y volver a su comienzo

y principio para ser él,

el que fue y el que es.

No habrá de desfallecer

en su camino de vuelta,

ya que si no logra llegar,

se quedará en su mal

y no será él, si no una

sombra apagada de sí.

Su identidad única se

quedará prendida en

la mentira del Mal y

él nunca será él, un

espíritu de bien y verdad

creado para el bien y la

verdad, será una mentira

de sí mismo y una

maldad adquirida en

su errado camino.

Hijo de la tierra, no dudes

de tu fortaleza de bien. Ella

te llevará hasta tu bien. Ella

será suficiente para vencer

cualquier mal que te

aflija en tu camino de

bien. Tu bien es más

fuerte que tu mal y tu

mentira es menos fuerte

que tu verdad, la verdad

que llevas en tu corazón,

la verdad con la que

naciste y de la que te

has alejado. Tu valor

es más fuerte que tu

cobardía y aunque tu

camino de bien y verdad

sea largo y difícil, lo

deberás emprender, ya que

mientras más te hayas

alejado de ti, más te

costará volver a ser tu.

Mi Espíritu de Bien y

Verdad sostendrá tu bien

y verdad. Tu voluntad

de bien y tu espíritu de bien

y verdad prevalecerá en ti.

MCCLX

MCCLXI

MCCLXII

 

Sólo es valioso en el hombre

lo que es él, lo que es verdad,

lo que proviene de mi desde

que fue concebido. Lo que

el hijo de la tierra adquiere

durante su vida, nada

tiene que ver con él ni

conmigo. Son los frutos

artificiales y engañosos del

mal que lo tientan en

su camino de vida y le

convencen de su cierto,

de su importancia y de la

duración de sus bienes.

De su falsa verdad y de

su cierta mentira. El

hombre en su necesidad,

debilidad y flaqueza se

ve inclinado a seguir los

caminos que acaban en

sí mismos, caminos que

no van a parte alguna.

Son los caminos vacíos

del hombre en los cuales

entretiene su vida y que

nada tienen que ver

con él ni conmigo.

El hombre deberá retroceder

hasta él y hallarse a

sí mismo y al hallarse,

me hallará: Quien no

se halle, no sabrá quien

es y vagará en su

mentira, la mentira

que creyó y siguió, la

mentira de los demás

que venció su verdad

y su cierto.

Señor del Universo, abre

mis ojos que permanecen

ciegos a ti, abre mi

mente que permanece

cerrada de tu Luz,

de tu Bien, de tu

Esperanza y de tu

Verdad. Abre mis

oídos a tu Palabra,

a la obediencia de

tu Voz y a tu Suprema

Sabiduría de Bien.

Haz que perciba lo

que mis sentidos me

niegan. Haz que

comprenda lo que mi

razón desea. Haz que

ame lo que de ti

hay en todo lo

que hay. Haz que

mi duda se disuelva

con el aire de tu

Infinita Presencia.

 

Doce son las inquietudes

del alma de hijo de

la tierra. Inquietud

de vida, en ella el

hombre lucha por ser

uno más entre los hombres,

por ser reconocido entre

sus iguales y por dejar

una constancia de

su paso vital, por perpetuarse

en hechos, objetos o personas,

es un impulso vital que

lo lleva a protegerse de

los peligros con los que se

encuentra. Inquietud

de pensamiento, por el

que cada hombre piensa

en él y para él. Inquietud

de sentimiento, por el que

se inclina su sentir ante

lo que ve o piensa. Inquietud

de hacer, esa inquietud

de su alma le lleva a

realizar lo que piensa o

siente y sin ella ninguna

obra humana existiría.

Inquietud creativa, es un

impulso del alma que se

trasluce al exterior de si

y nos muestra parte de

su oculto. Impulso que

crea prosperidad, comodidad

y belleza alrededor del

hombre. Inquietud de

saber, por el que desea

conocer lo que ignora y

se esfuerza en conseguirlo.

Inquietud de futuro, en

el que la incertidumbre

de su duda le abrirá

su esperanza. Inquietud

de porvenir, en la que

siente sobre sí la espada

de la muerte amenazando

su conseguido y su vida.

Inquietud de muerte,

por la que siente el aleteo

de su final y el principio

de su esperanza. Inquietud

de enfermedad, por la que

teme que el mal de la

salud se apodere de él, de

su bien de salud. Inquietud

de espíritu, por el que su

espíritu recorre su principio

vital, su principio de vida

hacia su eternidad. Inquietud

de eternidad, por la que

el espíritu eterno del

hombre se va hacia su fin

último. Su Principio de

eternidad, en ese estado

cesa toda inquietud.

 

MCCLXIII

MCCLXIV

MCCLXV

 

Doce son los misterios

que envuelven el alma

humana: Misterio de

Vida, Misterio de Muerte,

Misterio de Sabiduría,

Misterio de Santidad,

Misterio de Bien, Misterio

de Mal, Misterio de

Infinito, Misterio de

Eternidad, Misterio de

Existencia Eterna, Misterio

de Inicio, Misterio

de Final, Misterio

de Mi. Esos Misterios

le serán devueltos al

hijo de la tierra cuando

su visible y su invisible

se separen y cada uno

siga su eternidad.

 

Si escuchas la voz de tu alma,

oirás mis palabras en los oídos

de tu razón, ellas elevarán tu

espíritu por encima de la cadencia

apagada de tu alma y por

ellas, abandonarás la voz

simple de tu cotidianidad.

En ellas descubrirás lo que

de mi hay en ti y lo que

de ti hay en mi. Mis

palabras te dirán quién eres

y quien soy, y por ellas

te sabrás y me conocerás.

Mis voz no desprende sonido

alguno y mis palabras pueden

ser rechazadas por ti en tu

pensamiento y entregarte

tú a tu sencillo y aparente,

a tu conocido, a lo que

poco a nada te exige,  ya

lo que poco o nada elevará

tu ser: Puedes vivir apegado

al suelo de tu falsa realidad

o escuchar la razón de tu

alma y ascender en vida

los peldaños de tu escalera

de eternidad.

 

Sólo quien sea capaz de

prescindir de sí, de renunciar

a su realidad, a la seguridad

de su cotidiano, podrá hallarme

y hallarse. Sólo quien entregue

su alma y su razón a su

verdadero, podrá hallar la

verdad de lo cierto. Sólo

quien sea más de los demás

que de sí, podrá verme

en los demás y en sí.

Sólo quien se escuche, podrá

oírse y oírme. Sólo quien

sienta a los demás, podrá

sentirme en él.

MCCLXVI

MCCLXVII

MCCLXVIII

 

Sólo el hombre que es capaz

de ver lo invisible en el

hombre, es capaz de saber

su visible, es capaz de

distinguir su distinto,

su valioso, su poder de

espíritu único. Sólo quien

ve y siente lo invisible,

puede verme y sentirme,

en lo que ve y toca.

Sólo quien oye lo inaudible,

es capaz de oírme en

su callado espíritu y

en el silencio de su

alma. Sólo quien sufre

por el sufrimiento de los demás,

es capaz de sentirme en

su alma atormentada, es

capaz de percibir mi

Gloria en su aire y mi

Haz en su olvido. Sólo

quien ama al hombre,

es capaz de amarme

en ellos.

Una palabra me sanará,

una mirada, me salvará.

Luz de las Tinieblas, Luz

de Luz. Un pensamiento

en ti, me elevará. Tu

Verdad me confortará

y tu Bien me inundará

de dicha eterna. 

 

Mi Palabra, la Verdad

de mi Palabra no es

para ser guardada, sino

para ser dicha, para

ser mostrada, para ser

conocida por quienes

busquen llevarla en su

corazón y albergarla

en lo más cálido

de su alma. Mi

Palabra no sólo es

guía de vida para

el hombre, sino esperanza

de eternidad y parapeto

de Bien contara las

acechanzas del Mal.

Mi Palabra es la sonrisa

en la noche eterna

del hombre, el sueño

inacabado de una vida

que se acaba y la razón

más poderosa de la razón,

capaz de abrir la inteligencia

a la razón eterna y capaz

de descubrir lo que de

oculto posee el hombre

de mi.

 

MCCLXIX

MCCLXX

 
 

Quien albergue mi Palabra

en su corazón, no temerá

la vida ni nada de lo

que de ella provenga, no

temerá el Mal, pues mi

Palabra lo protege y no

temerá la muerte, pues

nada muere lo que es

de mi, ya que en mi

no hay muerte, sino

Gloria infinita y

eterna.

Quien alberga mi Palabra

en su alma, me lleva

en sí.

Al descorrerse las cortinas

del velo de ignorancia

que asola al hombre,

se descubre un manto

de luz de esperanza que

ilumina su camino, un

empedrado de amor y

una antorcha de Verdad

que guiará su tránsito

de eternidad. Ninguna

alma irá sola, ya que

yo iré con ella.

 

                                                             pulsar 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,18y19

^