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  En Puntos de vista |Nicodemus  hoy 

redacción
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Yo desvelo:

 

 

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20

(MCXLV-  )

MCXLV

MCXLVI

MCXLVII

 

Qué solos, qué tristes,

qué desamparados se

quedaron mis seguidores

más fieles. Ellos creían

en mí y esperaron de

mí una defensa, una

rebelión, una señal. Se

decepcionaron al ver

mi aceptación de los

hechos. No les quedaba

nada, habían dejado

sus trabajos, familias

y amigos para seguirme

por inhóspitos caminos.

No les importaron las

penalidades por estar

conmigo, por estar cerca

de mí. Ellos en su

ignorancia creyeron en

mi más allá de lo que

pensaban, oían y veían.

Ellos supieron y confiaron

en mí. Mi muerte no sólo

fue dolor al ver mi sufrir,

sino que se unió ese dolor

a la íntima decepción.

Dudaron de mí y se creyeron

engañados y que todo

lo que habían visto y oído

era una ilusión de sus

cansados cuerpos, un

sueño de cruel despertar.

Por eso volví, volví

para ellos y entonces

ellos creyeron sin

ningún reparo ni duda.

Y entonces ellos me

siguieron en la Verdad

y en el Bien. Y ellos

realizaron prodigios

y hablaron a otros hombres

con la verdad de sus

corazones y los hombres

les escucharon y siguieron

y mi Bien y mi Verdad

se  extendió entre los

hombres.

 

Cuando fui expulsado

del mundo de los hombres

con dolor y oprobio. Mis

seguidores sintieron que

su fe se tambaleaba y que

la duda sembraba la

desesperanza en sus corazones

doloridos. Mi mensaje ya

no era, sino el parecer

de un hombre y como tal

sería recogido. Mis palabras

se desvanecerían entre las

sombras del recuerdo y lo

que llegase a los hombres,

que no las oyeron, nada

o poco significarían. La

fe es una flor delicada

que puede marchitarse

con un aire demasiado

frío o caliente y ese aire

arrasó los corazones de mis

seguidores al saber de mi

muerte. Con mi presencia

recuperaron la fe, y la flor

mostró sus colores y perfume

al mundo atormentado

de los hombres. Y la Luz

de la esperanza brilló de

nuevo para ellos.

No temas Peregrino de Tierra

de que la semilla de mi

palabra no prenda en la

esterilidad del corazón

humano. Mi palabra prenderá

y florecerá como una flor

hermosa entre espinas de

ingratitud y desaliento. La

duda del hijo de la

 tierra dará paso a la

fe de su esperanza y la

inquietud de maldad

del corazón humano se

tornará paz de su espíritu

atormentado. No le quedará

al hombre más que seguir

a la Luz de mi mensaje

y él le llevará a la Luz

de mi presencia. Tú

Peregrino de Tierra lo verás

con los ojos del alma.

 

MCXLVIII

MCXLIX

MCL

 

Caminará el hombre

por el camino de su

ignorancia hasta que

se atreva a ir por

el camino de su

verdad. Para llegar

a él deberá escoger

entre el camino de

su maldad y el de

su bondad. Si escoge

el de su maldad, su

ignorancia le acompañará

mientras vida y si

escoge su camino de

bondad, la verdad

se le mostrará en

él y esa verdad

le llevará a mí

Verdad y a mi. 

Vosotros Peregrinos de Aire

llevareis mi palabra al

hombre. Ella se extenderá

como el polen de las flores

por el viento y llegará al

corazón de los hombres

que quieran oírla. A los

espíritus que las necesiten

para alcanzar la verdad

que reclaman. Vosotros

alcanzaréis a ver mi

Verdad prender en el alma

necesitada de los hombres,

ya que mi Verdad antes

llegó a vosotros y en vosotros

quedará para siempre. Mi

Bien os cubrirá con su Luz

de amor y eternidad.

 

El hombre se alza

en el pedestal de su

ignorancia en busca

de su nada. Ese hombre,

busca acabarse en sí mismo

y que su fin sea su

propio final y cualquier

otro pensar que sea distinto

al suyo, lo apaga con su

indiferencia. Ese hombre

no cree, ni con la razón

de su inteligencia, ni con

la razón de su corazón.

Su vacío lo domina

y su esperanza acaba

en lo inmediato o

lo próximo. Ese hombre

sin esperanza en él

ni en mí, no acabará

en él como cree, sino

que llegará a mí en

su momento de eternidad,

si así lo desea en

su alma. Nadie está

tan vacío de bien que

no me quiera en él.

 

MCLI

MCLII

MCLIII

 

La duda desconcierta

e inmoviliza la razón.

La duda hace que el

hombre detenga su camino

antes de iniciarlo y aun

iniciado, lo detiene.

La duda es el impulso

negativo del espíritu

del hombre que recurre

a su razón para poder

explicarse lo inexplicable.

La duda apaga, o no

quiere ver, la luz que

señala el destino del

hijo de la tierra, tan

seguro como su nacer

y tan cierto como su

morir. Después de la

mentira, la duda

es el desconcierto de

la razón y del espíritu.

En la duda, en el

temblor de la flaqueza

y debilidad humana,

se halla la mano

del Mal, la mano

que desvía la esperanza

de la fe hacia el

abismo estéril de la

nada, hacia el vacío inconsistente

del camino distinto,

del camino desviado

de su Verdad y certeza.

 

Lágrimas de sangre

derraman los ojos

doloridos de los que

ven morir a sus hijos.

Lágrimas de silencio

que sus espíritus sufrientes

vierten ante su pérdida.

Dolor insoportable,

dolor inconsolable, dolor

inmenso. Ese fue mi

dolor ante mi hijo,

y ese es el dolor, dolor

del alma, pena más

profunda que el propio

morir, más intenso

que la propia ausencia.

Dolor sin límites,

dolor continuo, dolor

de la memoria y

desconsuelo hasta el

final del camino, hasta

el fin de la vida, el

dolor que sienten, lo

que padecen los que ven

morir, los que ven sufrir

a sus hijos y no pueden

evitarlo. Su dolor, como

el mío, se tornará en

gozo eterno: Quien sufre

en vida, tendrá Gloria infinita.

En la duda se mueve

sinuoso, entre el miedo

a la verdad y la inseguridad

de la propia certeza, el

espíritu de la maldad

que porta el hijo de la

tierra. Él detendrá su

camino de fe y lo llevará

hasta el sendero de la

indiferencia y de allí

lo envolverá con su

mentira hasta hacerle

olvidar su verdadero

y único camino, el

de su destino infinito.

La duda cegará la luz

de su verdad y sus ojos

no verán la verdad más

cierta que esté ante ellos.

Su razón despreciará la

verdad en beneficio de

la duda y la mentira

cierta: Quien apaga

su duda, enciende la

luz de su fe con el

brillo de su esperanza

eterna.

MCLIV

MCLV

MCLVI

 

El hombre que alcanza

su armonía interior

y es capaz de oír y

sentir su propia música

vital, podrá escuchar

lo que le rodea y será

capaz de sentir a otros

seres y a los demás

hombres. Y de él

partirá la paz de su

espíritu a los demás

seres. Ese hombre será

capaz de sentir la

naturaleza y el mundo

cercano y aún sentirá

el Universo dentro de

él. Sabrá que todo

lo que existe, está hecho

de la misma materia:

mi amor hacia lo

creado, y en ese amor

se fundirá su conciencia

de bien hasta formar un

solo cuerpo y un solo

espíritu con lo existente.

Ese hombre ya ha llegado

a él y ha llegado a mí.

 

Los frutos de la tierra

son de la tierra y

a ella vuelven. Lo

que no es de la tierra

se queda en ella.

Los frutos que no son

de la tierra vuelven

a su lugar, al lugar

al cual pertenecen.

El hombre como hijo

de la tierra, en ella

vida es y a ella

volverá, pero lo que

del hombre no es de

la tierra en ella no

se queda, viene a

mí, ya que a mí

pertenece. Dad a la

tierra lo que es de ella

y a mí lo que a mí

es.  Cuando llegue

su tiempo, la tierra

y todo lo que a ella

pertenece a mí volverá,

ya que de mí todo

proviene y de mí todo

es.

Cuatro son las verdades

que el hijo de la tierra

debe saber: Todo lo que

hay es de mí y a mí

volverá. El hombre es

suyo, ya que su voluntad

prevalece en su obrar, es

de la tierra, ya que en

ella nace, vive y muere,

y es mío, ya que de

mí procede y a mí

volverá. Yo estoy en

el hombre y él está

en mí, lo que él

pase, yo lo paso, lo

que él viva, yo lo

vivo, lo que el muera,

a mí vendrá. Si el

hombre es fiel a él,

cumplirá su destino

con él y con los demás

ya que el hombre no

es sólo él, sino lo que

de los demás es. Si el

hombre se ama y ama

será amado y en él

me complaceré. 

MCLVII

MCLVIII

MCLIX

 

Cada vez que el hombre

venza al mal y se

venza a sí mismo, más

fuerte se hará y cada vez

que el hombre se deje

vencer, más débil será.

En su fortaleza el hombre

me tiene en él y más

aun en su debilidad, ya

que en sus momentos

de flaqueza más me

necesita y más me sentirá

a su lado en su interior

de bien. Yo soy el Espíritu

Santo, el Espíritu del Bien

y de la Verdad que siempre

le acompaña, ya que en él

estoy. En mí hallará su

fortaleza  y yo seré su

escudo. Mi mano lo

alzará en su caída y

señalará su camino de

bien, de él depende su

paso y su dirección.

 

En el lamento apagado

de la inteligencia, en el

suspiro de la razón dolida,

en el trozo de cerebro

perturbado por la locura,

en el suplicio de la injusticia,

en el malestar del sinsentido,

en el goteo inacabado

que destila la desdicha,

en la tristeza de la

inconsistencia de la melancolía,

en el fruto amargo del dolor

del alma, en la pasión

delicada de quien ama

sin esperanza, en la pérdida

de la confianza de lo confiado,

en el último deseo de vida,

en la piedad absurda del

cruel. En esos lugares

insospechados del hombre

que no son lugares, sino

estados compungidos de

su alma, se halla la

parte de verdad que el

hombre necesita para

completar la verdad

de su vivir y la verdad

de su morir.

 

Un velo invisible cubre

como una neblina,

la verdad en la razón

del hombre. Esa neblina

se retira de él cuando

acepta la verdad de

su verdad y desvela,

entonces, la verdad de

la Verdad. El hijo

de la tierra que me

coma y me beba, come

y bebe de la fuente de

la Verdad y del alimento

que nunca sacia. Esa

agua que calmará su

sed de eternidad y ese

pan que formará parte

de su ser, se hallan en

mi palabra que nunca

sacia, ya que en ella

estoy y en ella vivo

para él. Mi palabra

desvelará  la neblina

y descubrirá a su

razón mi Verdad,

quien quiera beberla,

la beberá y quien quiera

comerla, la comerá:

En ella estoy.

 

MCLX

MCLXI

MCLXII

 

En la pureza más pura

y limpia del corazón del

hombre, estoy. Allí, dentro

de su bondad de bien,

estoy. En lo desvelado

al hombre, estoy. Lo

dicho es para él, para

que sepa lo que sabía

y olvidó en su desesperanza.

Quien vuelve a él,

vuelve a mí y quien

de nuevo a él se encuentra,

a mí me encuentra de

nuevo, yo nunca me alejé

de él, sino que él se

marchó de mí, aunque

no se fuera, ya que de

él no me fui y en él

siempre estuve. Si el

hombre se elige a él

y ser el que era, me

elije a mí con él,

aunque siempre me

tuvo.

Yo no inspiro ni revelo

ni desvelo, yo doy. Doy

al hijo de la tierra lo

que es, lo que posee de

mí, su ser que no acaba,

su bueno en la quietud

de su alma. Yo no soy

inquietud, sino paz. Yo

no soy pesadumbre, sino

alivio, yo no soy desilusión,

sino esperanza continua,

yo no soy temor sino

alegría de venir a mí.

Yo no soy culpa, sino

perdón al alma compungida.

Quien de mí sabe,

sabrá para siempre

y quien a mí me busque,

en su corazón de bondad

me hallará. Yo estoy

en él y en todos los

hombres que quieran tenerme

en sí y, aunque no lo

deseen, estaré en ellos.

 

La furia del mal

daña el corazón

del hijo de la tierra

y le arrebata lo mejor

de sí. No hay bien

en su mal, ni en

su daño que perturbará

su corazón de bien 

mientras viva y

ensombrecerá su razón

calma de bien. El

mismo no sabrá

explicarse las causas

de su mal, Y yo

digo: Su mal está

en la soberbia de su

corazón que ciega su

razón de bien y de

existencia y pretende

imponer su violencia

de mal. No sólo

daña a su hermano,

sino a  si mismo y

no sólo ha de curar

a su hermano, sino

a su mismo corazón

de bien, fracturado

por su maldad y

violencia.

 

MCLXIII

MCLIX

MCLX

 

Los sacrificios que el hombre

ha de realizar para poder

perdonarse sus faltas, son los

que su corazón de bien,

herido por su mal, indiquen

a su arrepentimiento. El

hombre necesita ser admitido

en su bien por el mismo,

ya que para el bien fue

creado y sin el bien su

razón se oscurece por su

maldad. El hijo de la

tierra necesita recuperar

su bien, perdido por su

soberbia, debilidad o

flaqueza, para no ser

despreciado por el mismo.

Las excusas de su razón

no sirven a su corazón

de bien y ha de volver

a su equilibrio de bien.

Su verdad ha de

prevalecer en él, si quiere

ser el que es y no el

reflejo perdido de su

maldad.

 

Mi palabra sanará el corazón

enfermo. Mi Luz alumbrará

la sombra de su corazón

y el hijo de la tierra sentirá

que estoy con él. Nunca

mi espíritu lo dejará solo

en su desolación. Él sabrá

que estoy en él y con él

y aunque el Mal quiera

eliminar cualquier bien

de su corazón con su daño,

no lo logrará. Lo que su

razón no entiende, lo

sabrá su corazón, ya que mi

Luz alumbra de saber lo

que su razón ignora y la

verdad apartará a la mentira,

y el bien a la maldad,

y el  daño no lo será, pues

puse más allá de su mal y su

daño estoy yo, y en su

existencia de bien, sólo

bien hay: El hombre no

ha de temer el mal de

otros, sino el suyo hacia

lo demás y hacia él.

Yo no he de perdonar

al hombre, sino es él

el que ha de perdonarse,

pues a su bien ha ofendido

con su mal.

MCLXI

MCLXII

MCLXIII

 

No hay daño ni mal

que el hombre cause

o pueda causar, que

pueda apartar mi

bien de él: Quién

reciba mal y daño,

recibirá Bien y Gloria

Infinita y quién haga

mal o daño, habrá

de arrepentirse de él,

tanto en su razón

como en su corazón,

o el mal lo arrastrará

al Mal: Quien no

enmiende el mal

de su corazón, no será

digno de él.

 

El mal no presta

consuelo, sino angustia

y desolación en el

corazón conturbado por

él. Cuando el hombre

deja a su razón de

bien y a su espíritu

de bien en manos de

su mal, conoce su

propia humillación en

su debilidad y flaqueza

y aunque su soberbia

pretenda engañar a

su verdad, no lo

consigue. Si quiere

ser el que es, deberá

recuperarse a sí

mismo y defender

su bien ante su mal

y su verdad ante

su mentira. Sólo

siendo el que es,

se tendrá y sabrá

y recuperará la paz

y la armonía de su

bien y de su verdad.

 

El mal del hombre

hace llorar los corazones

y los ojos de los hombres

y no encuentran consuelo

ni excusa a su maldad.

Lo que al hombre hiere,

a mí me hiere, lo que

al hombre hace sufrir,

a mí me daña, lo

que al hombre ofende,

a mí me ofende, lo

que al hombre tortura

en su dolor, a mí me

duele. Cuando el hombre

daña al hombre, se

daña a sí, lo daña a él

y a mí daña. La

voluntad de mal del

hijo de la tierra es

poderosa, ya que  el

Espíritu del Mal que lo

guía en su mal, lo es.

Si el hombre se deja

llevar por su maldad,

el Mal se apoderará

de él y sólo mal verá.

Sólo quien quiera volver

a mí, me hallará y se

hallará.

 

MCLXIV

MCLXV

MCLXVI

Quien quiera verlo, lo verá,

quien quiera oírlo, lo oirá.

Nada se ocultará a los

ojos y oídos del alma

esperanzada. Su destino

se demostrará en lo

profundo de su espíritu

de bien antes de que llegue.

su momento de eternidad.

Él verá y oirá lo que

es para él. Su espíritu

de bien palpará mi Gloria

infinita antes de llegar

a ella, sentirá el bien

en su bien y sabrá del

Bien, verá el Bien y lo

oirá y nada más

deseará pues poseerá

El Todo y El Todo lo

tendrá a él. Quien

de mi quiere saber,

sabrá, quien a mi quiere

venir, vendrá, quien a

mi quiere tener, me

tendrá. Quien a mi

busca en todo lugar,

allí me hallará.

 

No puede el hombre

imaginar a lo que

no alcanza su pensar.

Ante lo infinito y

ante lo eterno, no

es capaz de imaginar

un espacio inacabable

e inabarcable y un

tiempo que no acabe

ni empiece. Yo soy

para el hombre y para

todo lo que exista y

es, Luz inabarcable

e inacabable, Luz que

vencer cualquier oscuridad

posible e imposible. Luz

de infinita claridad

y bondad, Luz de

Verdad, Luz de Amor

y Cuidado eterno.

Luz que llega a lo

existente y a lo que

no. Luz que todo lo

abarca y Amor que

todo lo da. Está

imposibilitado el hijo

de la tierra para

saber lo indecible y

conocer lo inimaginable.

La razón de su

inteligencia y la

inteligencia de su razón

limitan su pensar

y sólo con la Luz de

su bien y de su verdad

y la bondad de su

conciencia y la claridad

de su espíritu, podrá

llegar a donde no llega

y alcanzar a donde  no

alcanza. Así podrá

sentir mi presencia

en él y en cuanto le

rodea y percibir el

sentido de mi Gloria

antes de llegar a ella

y mi amor por los

seres que hay y existen

que han habido y existirán.

Quien me sienta en

sí, me sabe y conoce

antes de su momento,

y después de su momento

de eternidad me tendrá

en él y en mi. 

 

 

Sólo a la luz de la razón

y a la claridad de la

bondad del espíritu de

Bien y de  Verdad que

el hombre lleva en sí,

es capaz de percibir lo

que de mi hay en él

y lo que le rodea

de mi en los demás

y en lo demás, ya que

en todo estoy. Sólo

la ceguera de la razón

y la oscuridad del

alma, nublan lo que

debe ver y sentir para

verme y sentirme en

él y en cuanto le

rodea. Quien mira

con el corazón, verá

con los ojos del alma.

Quien sólo mira con

los ojos de la razón,

verá confusión y quien

mire con los ojos de

su cara, verá a donde

lleve su vista, nunca

más allá de ella.

Quien mire con los

ojos de su imaginación,

verá lo que su fantasía

quiera que vea. Sólo

quien mire con los

ojos del alma, podrá

verme y sólo quien

me sienta en su

corazón de bien, sabrá de mi.

MCLXVII

MCLXVIII

MCLXIX

 

No debe buscar el hombre

donde no hay. Nada

diferencia con los ojos

del alma, a un hombre

de otro. Mis enviados,

mis profetas que toman

mi palabra y la dan

entre los hombres, son

iguales a los que las

reciben, unos y otros

son hombres que están

hechos de espacio y

tiempo como las sombras

del firmamento ellos

se acabarán entre los

hombres ya que hombres

son y de heridas de sus

indefensas almas brota

su sufrir. Mi mensaje

no son ellos, sino mis

palabras por ellos dichas.

Quien me reciba, me

 oirá y quien me oiga,

me tendrá en él, en

su espacio y en su

tiempo de eternidad

y de vida.

Se diluye el tiempo

entre los recovecos de

la ignorancia del hombre,

nada puede el hijo

de la tierra contra

él, pero sí contra la

ignorancia que asola

su espíritu. Si el

hombre quiere en su

voluntad de bien ser

el que es, habrá de

abrir su corazón a

su esperanza de

eternidad. Su vida

de bien le llevará

a su eternidad de

Bien. Mi mensaje.

mis palabras, son para

él y si las escucha

y las sigue, seguirá

su camino de verdad

y él le llevará a

mi. Y ellas iluminarán

su soledad. 

 

Mis enviados  no saben

que lo son y mis profetas

hablan por mi, no porque

quieran hacerlo, sino

porque hallan la felicidad

de la Verdad en sus

corazones. Ellos son los

primeros que reciben mi

palabra y sus corazones

sedientos de verdad y

sus espíritus hambrientos

de esperanza y consuelo,

de mi son hartos.

A mis enviados  es

encomendado abrir las

fuentes de la inspiración

humana y ellos son reconocidos

por los hombres como

bienhechores, ya que bien

procuran con su ciencia

y su saber. Quien usa

mi Bien para su mal,

será maldito, ya que mi

Bien sólo bien ha de

procurar a los hombres

y no su daño.

Quien use mi palabra

para su burla o desprecio,

será despreciado allí

donde no llegan las

maldades, ya que al

hombre no compete lo

que hay más allá de él,

y nada pude contra

la maldad de su alma,

sino mi Bien y mi

Verdad es lo único

que prevalecerá más allá

del Mal y de la Mentira.

 

MCLXX

MCLXXI

MCLXXII

 

Quien traspasa la puerta

de la vida, traspasará

la puerta de la muerte,

y quien ésta pasa, llega

a su eternidad, al

fin de su camino de

existencia y al inicio

de ella.

 

Yo desvelo, descubro

al alma cerrada

por la ignorancia,

lo que quiere saber,

lo que necesita

conocer para guiar

la luz de su razón

más allá de ella

misma. Yo no

hablo al oído

confundido del

hombre, sino a

su espíritu necesitado,

a su alma solitaria

y perdida entre

mentiras. Mi Verdad

es la verdad del

hombre y si la escucha,

a él llegará. Con mi

Verdad, con mi Palabra,

a mi me halla y

al hallarme, me

tiene en él y si

el hombre no rechaza

lo que le ofrezco,

en él estaré, en él

viviré y será reconfortado

por mi Esperanza en

vida y más allá

de ella. El hombre 

llega a mi y yo

llego a él.

 

Mi Espíritu alcanza

al alma desvalida

del hijo de la tierra,

la sustenta y la lleva

a mi en su momento

de eternidad, nada

separará de mi esa

alma, su espíritu se

unirá al mío y uno

solo será. La paz

infinita de la Gloria

será en él, nada

turbará su presencia

en mi. No hay

sufrir que no acabe,

ni mal que lo

impida. En mi se

halla el Todo y él

en El Todo estará.

El Bien Absoluto será

en él: el alma que

me siga y quiera hasta

la eternidad, a mi

llegará y en mi estará

por la eternidad de

su existencia infinita.

MCLXXIII

MCLXXIV

MCLXXV

 

No hay dolor que a mi

no llegue, no hay lamento

que no escuche, no hay

gemido que no oiga,

no hay dolor que yo

no sienta, no hay

padecer que no padezca,

no hay suspiro que se

pierda, ni negrura

que no ilumine mi

Luz, no hay llanto

ni dolor que no consuele,

ni pena que no se

aplaque al llegar a

mi. Yo se del sufrir

del hombre y digo:

Ese sufrir se acabará

en mi, ya que en

mi no hay sufrimiento

ni dolor, sino lo

contrario hasta donde

no acabe el tiempo.

El que a mi llega,

llega al amor absoluto

y será Gloria Infinita.

No vendrá a mi

quien no no quiera venir,

y vendrá a mi quien

quiera venir.

 

 

No te alejes del mundo

de los hombres, pues

ellos se alejarán de ti,

y a la soledad de tu

alma indefensa se unirá

la de tu lastimado ser.

No huyas del miedo

y afronta tu temor con

el valor que te infunde

el saber de tu eternidad.

Comparte tu alegría

con los demás y guárdate

tu pena, ya que sólo

a ti debe atener. No

propagues la tristeza

pues de nada vale

en extender tu ignorancia,

ya que no es más que

ignorancia de mi.

Yo soy alegría de vivir

y alegría de morir,

pues el don de la vida

es aumentado con el

don de la existencia

eterna hasta el infinito.

No sigas los dictados

de los hombres, pues

todos yerran, ya que

de esa materia están

hechos. Sigue el dictado

de tu razón de bien y

de tu conciencia de

bondad y verdad y ellas

te llevarán a mi y la

bondad y verdad te harán

resplandecer entre los

demás hombres: Ama y

serás amado.

No temas hablar a los hombres

de lo que no conocen, pues

aunque el temor de su

ignorancia los haga alejarse,

otros regresarán y se unirán

a ti por su deseo de saber

y conocer lo ignorado.

No temas perderte por el

mundo, pues si a mi me

has hallado, yo te hallaré.

No te apartes de los

hombres, pues tu los

necesitas y ellos a ti.

No te apartes de mi,

pues yo en ti estoy.

 

Busca el hombre y no

halla una razón de su

vivir, de su ser. Busca

alumbrado por la luz

apagada de su ignorancia.

Busca y no ve lo que

se le muestra a sus

sentidos. Busca una señal

que le muestre la Verdad,

su verdad y con ella,

seguir su camino de vida.

No es capaz de ver lo que

le rodea y no es capaz

de verse el mismo en

su esencia de ser y de

sentir. Espera una señal

y está rodeado de ellas,

y él mismo es una

señal para él y no ve,

y no se ve, y no siente,

y no se siente. Todo es

orden, exactitud, simetría

desde lo más mínimo a

lo más máximo. En ese

orden no es capaz de ver

mi deseo de que así fuese,

y que no sea de otro

modo. Sino es capaz de

verlo, está ciego del alma

y ciego de la razón y no

podrá ver y sentir mi

mano en todo lo que

hay y más aún en él

mismo. Quien no crea

en él, no creerá en

mi, quien no vea lo

que ve, no me verá

a mi, quien no sienta

la maravilla de su

alma iluminada, no

me sentirá en todo

cuanto hay y no gozará

con la maravilla de

su vivir, con el don

de la vida y de la

no vida a su alrededor.

MCLXXVI

MCLXXVII

MCLXXVIII

 

Tú que puedes curar,

no podrás curarte a ti,

tú que puedes salvar,

no podrás salvarte a ti,

a ti habrán de curarte

y habrán de salvarte.

Sólo en mi está la

curación y la salvación

eterna, si el alma

enferma y necesitada,

confía en mi, se salvará

y curará, sino

enfermará y nadie podrá

curarla y se perderá y

nadie, podrá salvarla.

 

En mi está el consuelo,

en mi está la piedad

infinita, la piedad

eterna, mi sola y

única piedad para

el hijo de la tierra,

en ella y más allá

de ella. No hay

pena, ni dolor, ni

desesperanza amarga

que no cese ante

mi consuelo, no hay

desdicha que no deje

al hombre ante mi

presencia. Yo soy el

consuelo del afligido

que me busca y la

piedad del que me

necesita e implora.

 

Mi Piedad es para

el hombre y para las

demás criaturas, ya que

todo abarca y a todos

alcanza. Mi consuelo

va más allá de la vida

y mi perdón a todos

lo que lo quieran alcanza

en mi Gloria: Quien

sienta gratitud hacia mi

por el don de su vida,

será y estará en mi, en

vida y en existencia.

 

MCLXXIX

MCLXXX

MCLXXXI

 

Y digo: El hombre

que se compadezca

de su hermano necesitado

de ello, tendrá mi

compasión infinita y

mi piedad será para

él un manto que le

cubra hasta en su eternidad.

Mis ojos están puestos

en el hijo de la tierra

y todo cuanto haga,

diga o piense, será recogido

para él en su eternidad

y formará parte de él

cuando sea esencia de

su ser. Nada del hombre

se pierde y lo que es él,

él será. Yo soy la piedad

y el consuelo infinitos y

el infinito consuelo y

piedad. Mi perdón es

eterno y mi Gloria infinita.

 

Quien quiera ser perdonado

en su culpa y en su mal,

lo será, para ello deberá

enmendar el daño hecho

en la medida que pueda

enmendarse. Si persiste

en su mal y en su daño,

sin propósito de bien ni

de arrepentimiento por ello,

el mal y el daño con

él irán y a él irá, y

formará parte de él y él

y el Mal serán uno

en su eternidad infinita:

No hay culpa sin perdón,

ni perdón sin culpa, siempre

que así lo desee y quiera

la conciencia de bien del

hacedor del mal o daño.

Mi Espíritu de Bien y Bondad

lo guiará en su búsqueda

de su bien y bondad y

en su perdón estaré. Nada

ha de temer quien se

guíe de su conciencia de

bien y aparte de sí su

mal.

 

La compasión de mi piedad

a todos llega y a todos

alcanza, ya que todos

necesitan de ella. Aún

el que la rechaza la

tiene en sí, siempre que

esté arrepentido de su

mal o culpa y sus

consecuencias no pueda

cambiar, ya que su voluntad

de mal fue más fuerte

en él que su voluntad

de bien. Su conciencia

de bien prevalecerá en su

perdón.

MCLXXXII

MCLXXXIII

MCLXXXIV

 

Cuídanos Señor del Universo,

Señor del Cuidado Infinito,

Señor del Amparo Absoluto,

Señor de Todo lo Creado,

Señor de la Eterna Protección,

Señor de la Inmensidad

Visible y de la Invisible,

Señor de la Verdad

y del Bien Ilimitados.

Líbranos del desamparo

de la soledad y de la

perfidia del Mal, de la

aflicción dolorosa que daña

el corazón y la razón del

sufriente, de la vanidad

y la soberbia que nos

debilitan ante el poder

del Mal. Líbranos de

la ignorancia que envuelve

nuestras almas y de la

flaqueza de nuestro espíritu

y nuestro cuerpo. Danos

tu Gloria Infinita y la

Paz de tu certidumbre

que anhela nuestra razón.

Danos tu Verdad que anule

la indiferencia y la ponzoña

de la mentira. Danos

tu Bien Absoluto y eterno.

Aleja de nosotros el Mal

que corroe los corazones

y anula las conciencias.

Muéstranos tu camino

de Bien y Verdad y Guía

nuestro perdido espíritu.

Acércanos a ti en todo

momento  tanto en vida

como en existencia eterna.

Haz que tu Espíritu Santo

de Bien y Verdad, nos

inunde de su Paz y Amor

y nada más necesitamos,

pues Todo en Ti se halla

y Todo en Ti tenemos.

Que tu Esperanza nos

lleve a ti y la duda

se desvanezca de nuestra

razón y nuestros corazones.

Tú eres mi Certeza y sin

Ti, nada es. Que tu Verdad

nos llene de luz, de Tú

Luz de Bondad y Amor

Perpetuos.

 

Sólo cuando tu aliento

huela a rosas, podrás

predicar mi Verdad

y decir mi Palabra a

los hombres. Sólo entonces

serás escuchado y mis

palabras en tu boca

fructificarán en los que las

oigan, serán comprendidas

y seguidas y vencerán

a la indiferencia que sobrecoge

al hombre. Mi Bien

descenderá sobre ti y

serás reconocido por los

hombre como su hermano

y ellos te seguirán a donde

vayas, ya que mi Palabra

y yo están contigo y ellos

lo sabrán y querrán verte

y oírte, ya que en ti

me oirán y verán a mi.

Mi Palabra saldrá de

tu boca sin necesidad

de pensarla, ya que yo

Soy quien por ti habla.

Sólo serás reconocido

cuando seas tan puro

que merezcas llevarme

y hablarme, entonces

los que te oigan sabrán

quien habla y escucharán

tus palabras que salen

de tu boca y que no

serán tuyas, sino mías

y dichas por ti.

MCLXXXV

MCLXXXVI

MCLXXXVII

 

Mis palabras son rosas sin

espinas que hará florecer a

los corazones que las acojan.

Ellas portarán mi Luz y

sentirán mi Bondad en

su interior y los demás

lo percibirán en sus

semblantes y querrán ser

como ellos. Mi Luz

se extenderá entre los

hombres y se amarán

con sus almas de Bien.

 

Señor Santo y Bendito

te amo con el corazón.

Señor Santo y Bendito

te amo con el corazón.

Señor Santo y Bendito

te amo con todo mi

corazón y todo mi ser.

Señor Santo y Bendito

llévame a ti.

Señor Santo y Bendito

ven a mi.

Señor Santo y Bendito

estoy en ti.

Señor Santo y Bendito

nunca te vayas de mi

sin mi.

 

Yo soy la Certeza de lo Cierto,

La Esperanza de lo Oculto,

La Luz que Siembre Brilla,

La Verdad de la Verdad,

La Respuesta a Todas las

Preguntas, La Seguridad

de Todas las Dudas. El

Bien de Todos los Bienes.

La Bondad de Todo lo

Bueno. La Serenidad

de Toda Paz. La Presencia

que Confía y Nunca

Decae. El Amor de Todo

Amor. La Felicidad de

Toda Alegría, La Memoria

del Universo, La Causa

de las Causas. El Principio

y Fin de la Vida y la

Propia Vida. El Hacedor

y Dador Universal. Yo

soy la lágrima que asoma

en el ojo del Mundo

ante el dolor y el sufrir

de lo creado por mi.

 

MCLXXXVIII

MCLXXXIX

MCXC

 

Saldrán ligeras las palabras

de tu boca como palomas

mensajeras, ellas llevarán

por ti mis palabras a

los que quieran oírlas,

a los que sepan oírlas

y no ensordezcan sus

oídos con el zumbido

de la indiferencia y la

mentira. Quien quiera

verme, me ve donde

mire, ya que en todas

partes estoy, me verá

en el firmamento,

me verá en la naturaleza,

me verá en todos los

hijos de la tierra, me

verá en las piedras, en

el agua y en el aire,

y me verá más aún

en su hermano y en él

mismo. Quien no

quiera verme, permanecerá

ciego y tampoco querrá

oírme y será también

sordo. Su espíritu se

agostará entre sus manos

y su pecho sólo

albergará materia y

su corazón no

brillará luz de esperanza

alguna. Sus ojos mirarán

sin ver y sus oídos

escucharán sin oír.

Sólo la piedad de sus

actos podrá llevarlos

a mi en su momento

de eternidad.

 

Muchos son los hijos de la

tierra que caminan por ella

sin esperanza. Ellos llevan

cansados sus cuerpos y sus

espíritus y son incapaces

de ver más allá de sus

doloridos pensamientos.

Para ellos son mis

palabras más consoladoras

y para ellos son mi

siembra, pues su tierra

es fértil y en ella

prenderá mi Luz que

iluminará sus corazones

sedientos de Bien y

Verdad. Ellos son mis

preferidos, pues me

necesitan en su árido

caminar y la Luz

de mi Esperanza a

ellos llegará antes que

a los demás. Mis

puertas se abrirán a su

paso y donde irán, nada

les será negado, pues su

sufrir y padecer a mi

llega. Mi piedad los

acogerá en mi Gloria.

Los que me usan en su beneficio,

y los que se escudan y guarecen

en mi para sus negocios, y se

creen por ello que tienen

ganada la tierra y la eternidad,

para ellos y los suyos, les digo:

Nada de lo que ellos hagan,

para ellos  o los suyos, cuenta

más allá, ya que no quieren

saber mi mensaje, sino sólo

quieren su lucro sin importarles

nada más allá de él: Quien

no ame a su hermano

como a él mismo o como

si fuese de su misma

sangre, no me verá y

no sabrá de mi Gloria,

y su eternidad no será

de Paz, sino de tratar  de

llegar a mi.

MCXCI

MCXCII

MCXCIII

 

Quien no mitigue en su medida

el dolor de los demás, cualquier

dolor que les afecte, se aleja de

mi, ya que yo estoy en sus

hermanos tanto como en él,

y si no ama a su hermano,

no me ama a mi y si

no merece a su hermano, no

me merece a mi.

Por muy despreciable que parezca

a sus ojos cualquier otro ser,

debe recordar que estoy en él

tanto como en él y que lo

amo tanto como a él y

que él debe amarlos igual

que a él se ama: Ama a

tu hermano y serás amado

por él y por mi infinito.

 

El que me usa para su mal

o su beneficio y se escuda

en mi, ha de saber y

conocer que en mi no

hay mal, no existe la

mentira ni el beneficio,

yo todo lo doy y todo

lo perdono. El que cause

dolor o aflicción en mi

nombre, sigue una senda

equivocada, ya que a quien

llama y a quien se encomienda,

es el Espíritu del Mal que

lo posee desde su interior

y las palabras que cree

dirigir a mi, las dirige

a él por lo que solo

mal se obtendrá de ellas

y de los actos que cometa.

Su espíritu se alejará de

mi, aunque él crea que

está cerca de mi. En mi

no hay protección ni ayuda

para ejercer el mal: Yo soy

el Bien Eterno y Absoluto

y sólo Bien en mi hay.

 

MCXCIV

MCXCV

MCXCVI

 

Yo sólo Bien y Verdad

concedo, quien busque

el mal y la mentira

para sentirse fuerte y

seguro en su beneficio,

a mi no me llama

ya que su voz es oída

por el Espíritu del Mal

Eterno que le concederá

lo que su espíritu de

mal ansía. Aunque

a mi se dirija, yo

no oigo al que mal

me implore, ya que

sólo Bien soy y sólo

Bien doy.

 

No hay paz en el corazón

del Mal, no hay paz en

nada que proceda del mal,

ya que su Espíritu porta

la inquietud que el mal

genera. En el corazón

de bien brilla la Luz

de la esperanza eterna

y esa Luz guía al hombre

en las desventuras de su

vida y le concede la paz

a su espíritu, ya que

sabe que nada puede

el Mal hacia él y

que en mi Esperanza

se halla su Gloria.

Es estrecho y tenebroso

el camino del Mal y

venturoso, ancho y luminoso

el amino del Bien. Cuando

camines hombre, elige bien

tu camino y no te desvíes

de tu senda de bien, aunque

tu mal te empuje a ello,

no lo oigas y sigue sólo tu

voz de Bien, bondad y  verdad.

En esa voz está mi Espíritu

en ti.

 

Todo en el Universo tiene

su camino, su senda de

destino. Las estrellas del

firmamento siguen su camino

de cielo y los planetas y

demás astros del espacio

siguen su órbita marcada

de antemano por Él

Que Puede Hacerlo. Las

aves, peces e insectos

siguen sus migraciones

igual que otros animales.

Las semillas brotan de

la tierra cálida cuando

llega su momento y todo

cuanto hay y existe, está

marcado en el Libro del

Destino. Sólo el hombre

es capaz de elegir su camino,

ya que así está dispuesto

por El Que Puede Disponerlo,

el hombre podrá elegir entre

su camino de Bien o de Mal,

sólo él elige ya que de esta

cualidad fue dotado por

mi.

MCXCVII

MCXCVIII

MCXCIX

 

Quien se niega al Mal

refuerza su espíritu de

Bien, su voluntad de

bien y su conciencia de

bien. Quien se resiste

al Mal y logra vencerse

y vencerlo, se acerca a

su propio bien y a

través de él, se acerca

a mi. La negativa

al Mal es la fuerza

secreta que abre la

entrada a su propio

bien, a través de su

voluntad de bien. A

mayor fortaleza de bien,

más voluntad de bien

y más corazón de bondad.

Él me sentirá en sí

y su espíritu sentirá

tocarme.

 

Nunca llegará el hombre

más allá de él mismo,

sino me busca en él,

en los demás y en lo que

le rodea. Yo soy lo que

busca, la respuesta a su

eternidad, la respuesta

a todas sus preguntas,

a sus dudas y temores.

Yo soy la Certeza de

lo Cierto, la Respuesta

de Eternidad, lo Cierto

que disuelve la duda,

el Valor de la Verdad

que acaba con cualquier

temor. Si busca la verdad

sin mi, no la hallará,

pues sólo yo soy la

Verdad, la única que

comprende todas las

verdades y acaba con

todas las dudas, temores

y mentiras. Fuera de

mi nada hay y en

esa nada estoy, ya

que Todo Soy. El hombre

que quiera saber, habrá

de buscarme con la inteligencia

de su espíritu de bien,  sino,

no me sabrá y navegará

en el mar de su ignorancia

hasta su momento de

eternidad.

 

Cuando el Mal visita

el corazón del hombre,

lo hace para quedarse

en él y anular su

espíritu de bien. Su

insidia corromperá su

razón y su pensamiento

será guiado por el mal

que anida en su interior.

Su conciencia de bien

será apartada y su

espíritu de mal tratará

de apoderarse de su ser.

Si el hombre no se opone

a su mal, se verá arrastrado

por él y guiará su vida.

Sólo podrá vencerlo si

implora la ayuda a su

espíritu de bien del Espíritu

Santo, Espíritu de Bien,

Verdad y Bondad Eternos.

El Mal se alejará de él

y podrá obrar con su

voluntad de bien.

MCC

MCCI

MCCII

 

El hombre que en la torpeza

de su mal, dañe, hiera

o mate en cualquier forma

y manera, con la intención

de causar ese mal a otro

hombre, le priva del Don

de la vida dado por mi.

Su voluntad de mal se

ha impuesto a él y no

es capaz de discernir la

gravedad de su acción

realizada a su hermano.

Todo en él, su mente,

su razón y su inteligencia,

se ha rendido a su mal,

su espíritu de bien ha sido

apartado por su maldad

y su ser ya no es él, ya

que su conciencia y su

voluntad de bien han sido

alejadas de él por su

espíritu de maldad y su

voluntad de mal prevalece.

Eses hombre deberá arrepentirse

de su mal en lo más profundo

de su ser y por todo su tiempo

de vida o en su momento

de eternidad será apartado

de mi por toda la eternidad,

sólo si busca mi perdón

desde su conciencia de bien,

podrá acceder a mi.

 

Recuerda, te llamé y no

viniste a mi, te mostré

mi Gloria y no la quisiste,

te mostré mi rostro y lo

olvidaste. Te señalé con mi

intención de bien y no

lo aceptaste. Te elegí entre

muchos y te apartaste.

Te hablé y no quisiste

oírme. Ahora hablo

a tu pensamiento porque

sé que quieres verme,

oírme, sentir mi bien y

saber mi Gloria. Sé que

ahora estás dispuesto a

seguirme, pero no estás

preparado, ni es tu momento

para ello. Cuando llegue

lo sabrás y tu camino

no será solitario ni numeroso,

pocos te creerán y menos

aún querrán seguirte:

Haz de saber que el hombre

teme a la verdad y tus

palabras lo serán, ya que

de mi son, aunque salgan

de ti.

Querías saber quien soy

y ya lo sabes, querías

reconocerme y ya me

reconoces, querías saber

de mi y ya sabes,

querías ser más sabio

y ya lo eres, querías ser

mejor y ya lo eres,

querías conocer el alma

humana y ya la conoces,

pues tu alma es como

la de los demás. Querías

distinguirte de los otros

y ya lo eres, pues nadie

es igual a ti. Querías

una prueba de mi y

ya la posees, pues mi

palabra es compartida

por otros. ¿Quieres amar

a tu hermano?, lo

amarás. ¿Quieres volver

a tu pureza primigenia?,

la poseerás. ¿Quieres amarme?,

me amarás  amando lo que te

 rodea, a tus hermanos

y a ti mismo. ¿Quieres

verme?,  mira en tu recuerdo,

pues allí estoy.

MCCIII

MCCIV

MCCV

 

Señor del Universo:  No somos

dignos los hijos de la tierra

de tu Gloria infinita, ni

merecemos los dones de tu

cuidado, ni tu Santa Palabra

Perpetua que nos muestra

lo que no alcanzamos

a ver y nos dice lo que

no podemos saber sino

es por ti, por la Gracia

de tu Verdad. Tu Palabra

de lo que ignorancia

del hombre no alcanza:

Paz, Verdad y Bondad.

 

Caminan los hombres

a oscuras buscando

su luz, la Luz que

mana como un manantial

de Bien que nunca

se acaba del Espíritu

de la Bondad Eterna.

Sólo les llega en su

camino la luz tenue

y débil que sus  espíritus

les donan. Luz que las

debilidades y flaquezas

del hombre mengua

hasta casi desaparecer.

Los Peregrinos de Luz

guiarán sus doloridas

almas hasta la Luz

que no cesa. La Luz

del Bien Eterno donde

sus espíritus se reconfortarán

y se inundarán de la

Gloria Infinita. Su

esperanza les llevará

a mi.

 

No temas al mundo

ni temas al hombre,

él es como tú, es tu

hermano y a ti está

unido por lazos invisibles

que van más allá de

la apariencia. Al mundo

tampoco debes temerle, ya

que tu perteneces a él y

él a ti. Conoce lo que

te rodea y no te sorprenderá,

pues siempre hay señales

que lo anuncian y sentidos

capaces de distinguir esas

señales. No temas ni a

lo visible ni a lo invisible,

pues tu vida discurre

por ambos cauces. Siente

al mundo de la naturaleza

en ti, pues a él perteneces

y de él formas parte indisoluble.

Habla al corazón de tu

hermano y su corazón te

hablará, ríe con tu hermano

y contigo reirá, llora con

él y también lo hará.

No dejes que las alabanzas

desvíen tu camino cierto,

pues no debes apartarte

de ti, te perderías.

Sigue tu sendero de luz

y no te apartes de su haz,

pues es tu camino de

bien, de verdad. No

temas dejar tu mundo

de vida, pues viniste

para dejarlo y seguir

otro mejor. No envidies

lo efímero, pues tú

eres esencia de eternidad.

No temas amar en exceso,

pues nunca es bastante

para el hijo de la tierra.

No dejes que tu elección

de bien sea distinta

a tu bondad de corazón.

No tardes en recurrir a

mi cuando tu corazón

sea mecido por la angustia

y el viento del Mal quiera

alejarte de mi. Mi Espíritu

acompaña al tuyo para

confortarlo y consolarlo

en su tristeza y que mi

Esperanza sea la  Luz

del túnel de tu amargura.

 

MCCVI

MCCVII

MCCVIII

 

En la invisible oscuridad

del Mal Absoluto se disuelven

las esperanzas del alma

dolorida por su propia decisión.

El mal se funde con el Mal

y forman una única forma

y conforman la desesperanza

de lo perdido. Habrá de

esperar más allá del tiempo,

al inicio del inicio y al

final del final para ser

el alma que fue, pura

como toda alma en su

principio. Entonces ya no

habrá Mal, pues no existirá

ni tendrá razón de ser, ni

su influjo influirá en nada

de lo visible ni de lo invisible.

El Bien  Absoluto será lo Único

y en ese Único  se disolverá

como la sal en el agua

el Mal que ya no será más,

sino Bien Absoluto y Eterno:

El Inicio volverá a su Principio.

 

Quien no quiere ver la verdad,

no la ve, aunque la tenga

delante de sus ojos. Sólo

el que quiera verla, sentirla

y escucharla, la verá, la sentirá

y la escuchará, si no con sus

ojos de vista, con los de su

corazón y con los de su razón.

La verdad no se hurta al

hombre, es el hombre el que

se aparta de ella porque no

cree convenirle a sus falsos

intereses. El que no quiere

ver la verdad, se deja mecer

por el viento de la mentira

y la falsedad que anida en

su razón y llega hasta su corazón.

Pero por mucho que quiera

disimular y hacer como que

no la ve y no existe, la

verdad se le presentará de

forma inevitable en su momento

de verdad, cuando la vida

del hijo de la tierra no sea

ya sino existencia de eternidad.

 

El hombre que llora, estremecido

por la belleza que le rodea,

me siente en sí y me tiene

en sí, pues me reconoce en

lo que ve, oye o siente. Ese

hombre ama hasta lo más

profundo de su ser, el don

de su vida y con él, me

ama a mi, ya que yo

estoy en su vida y en lo

que le rodea. Ese hijo de

la tierra sabe ver lo que los

demás no ven, sabe oír lo

que los demás no oyen y

sabe sentir lo que los demás

no sienten, y por eso me

sabe y me reconoce, aún

sin saberlo.

MCCIX

MCCX

MCCXI

 

Yo soy la única medicina

que cura el alma dolorida

del hombre, el único alimento

que necesita su espíritu, la

única agua que sacia su

sed de saber. La única

Luz que ilumina su camino

de soledad. La única presencia

que siempre está y estará. El

único amor que siempre ama,

la única Verdad que nunca

defrauda. El único fin

que nunca acaba. El único

camino que no yerra. La

única Esperanza Cierta:

Quien de mi come, nunca

se harta, quien  de mi bebe

jamás se sacia. Yo soy la

Luz de su luz y el Espíritu

de su espíritu.

 

Se estremeció la tierra

pesarosa de su culpa,

sus hijos no creyeron  ni

palabras, ni prodigios. Sólo

quisieron oír lo que les

convenía y ver lo que les

ayudaba a sus torcidos

intereses. Mis ojos, vacíos

de vida, ya no los veía

y mi cuerpo, vacío de

alma, no sentía. Pero

sabía que los míos, los

más míos, seguían allí.

A los míos no los expulsó

ni la oscuridad, ni el

temblor, esperaban mi

última señal, la que

abatiera a mis enemigos

y me salvara de morir.

Ellos tampoco habían

comprendido, no los

culpo, su esperanza era

mi vivir, y mi morir

los sumía en la tiniebla

de su duda, ellos deberían

esperar, así estaba escrito.

 

Yo estoy en lo eterno

del hombre, yo soy

la sustancia de su

insustancia. Su visible

de su invisible. Su

eterno y lo eterno, lo

que siempre está y nunca

dejará de Ser y Existir,

Su Infinito Verdadero

y su Inmensidad de su

insignificancia. El hombre

es de mi y por mi,

y a mi ha de tender

sus manos hasta alcanzar

las mías en su momento

de eternidad. Su bien

ha de ser más poderoso

que su mal y alcanzar

el Bien Eterno en mi

Gloria Infinita.

MCCXII

MCCXIII

MCCXIV

 

Igual que las hierbas

y árboles y arbustos crecen

libres sin el cuidado

del hombre y aceptando

que la tierra y el cielo

les deparan, el hombre

debe crecer libre en la

tierra y aceptar lo que

la naturaleza les

ofrece. Yo procuro por

todos los seres y más

aún por el hombre que

debe aceptar  su destino

como ser vivo y su

destino de existencia,

ya que yo estoy en ambos

 y le acojo en mi, en su destino

de vida y de existencia.

 

Mi palabra no es sólo

aire que se lleva el

viento del olvido del

hombre. Mi palabra es

mi mensaje al hijo de

la tierra y mi enseñanza

de vida y de existencia.

Mi mensaje es mi Verdad

desvelada a la ignorancia

de la mentira y a la niebla

de su razón, con mi mensaje

se abre el aire puro de

la Verdad y el aire perfumado

del Bien al corazón que

de mi quiera saber. Mi

palabra es el aire que aparta

el vuelo del Mal y descubre

al hombre lo que quiere

y debe saber y que ha sido

ocultado a sus ojos y

oídos. Mi palabra es la

desvelación de lo que estaba

velado al hombre y que el

hombre debe y merece conocer:

Mi Palabra soy yo.

 

No temas hijo de la tierra

que tu ignorancia te lleve

por caminos distintos a

los que tu razón te obliga,

tu mente es tan libre como

el viento y se dirige a donde

tu razón la guíe. Si tu

razón ama y busca su verdad,

la verdad, la única y verdadera

razón de ser y existir, tu

razón vendrá a mi y tu

mente en mi se reconfortará.

Tu ser buscará el bien que

en él hay  y lo usará en

los demás y en él mismo,

ya que el  bien no se agota

en el hombre, ni la verdad

deja de serlo. Tu espíritu

seguirá a tu razón y tu

mente querrá oírme, verme

y saberme y tú me sabrás

y conocerás porque así lo

deseas en tu razón y en

tu corazón de bien y de

verdad.

MCCXV

MCCXVI

MCCXVII

 

Una luz incandescente,

un resplandor infinito,

un bienestar incalculable,

una dicha de inmensidad,

una paz inconmensurable,

un amor de bien al Bien,

una alegría ilimitada

nacida de la profundidad

del Bien eterno, así es

mi Gloria Bendita en

la intemporalidad del

perpetuo.

 

Lo que del hombre viene,

es del hombre. Lo que de

mi viene, también es para

el hombre, aunque de él

no provenga, ya que yo

soy de él y él es de mi.

El hombre no es más

que el niño que fue, más

lo que aprende en su

vivir. En su aprendizaje

vital gana en conocimientos

y pierde o adormece

cualidades suyas que aparta

o esconde. El hombre

complica su propia vida

sencilla, ya que su ambición

de poseer lo pasajero envuelve

su razón, hasta distraerla

de su camino de bien y

verdad. Haz de mirar

a tu hermano con los ojos

que ven su corazón y descubrir

sus cualidades de niño que

esconde en él, entonces verás

lo hermoso de su corazón y

lo más valioso de su ser,

descubrirás  lo que de mi

posee y la belleza de su alma

inocente. Y aunque él

no se vea, tu podrás verlo.

 

Quien desprecia el don de la

vida, me desprecia a mi,

ya que ese don es por mí

dado. El que desprecia su

salud y se perjudica en

ella, me desprecia a mi,

ya que su salud es parte

de su vida dada por mí.

El hijo de la tierra ha de

 cuidar su vida y salud

y de los que de él dependan,

ya que toda vida me lleva

en sí, ya que de mi proviene.

Plantas y animales llevan mi

soplo vital y como tales han

de ser tratados por el hijo

de la tierra que podrá usar

de ellos y no destruirlos

por utilidad caprichosa

o estéril.

MCCXVIII

MCCXIX

MCCXX

 

Busca el hombre en otros

hombres el remedio a su

ignorancia y cree hallarlo

en otros como él mismo.

Y yo digo: Nada hay

donde no hay nada, no

hay agua en un pozo

seco y de él nada

puede extraerse que

no sea arena o piedras

o lo arrojado allí.

De la ignorancia

sólo puede sacarse lo

mismo y del saber puede

el hombre aprender lo

que ignora. No hay saber

que de mí no provenga,

y el hombre que quiera

saber, a mí ha de venir.

No hay verdad en el

hombre, ya que la mentira

usa sus mil disfraces

para penetrar en su razón

y en su corazón. Yo soy

la Verdad y en mi está

el Saber que el hombre

busca. Fuera de mi

prospera la mentira

y la ignorancia, pues

sin mí nada es cierto

y con mi todo es: Busca

en mi y me hallarás,

busca en ti y te hallarás

y me hallarás,

busca en ti y te hallarás

y me hallarás. En ti

está la verdad y la

vida, mi Verdad y

tu eternidad: En ti

estoy yo y en mi

estás tú.

Es inútil que el hombre

busque en el hombre lo

que no tiene. Lo que es

de mí, sólo  en mí

se halla y sólo en mí

ha de buscarlo quien

quiera hallarlo o saberlo.

El hombre posee lo que

es del hombre y su saber

sólo llega hasta donde

él puede llegar. Más

allá de su saber estoy

yo y el que quiera

saber, a mi habrá

de venir, pues el saber

del Universo en mí

se halla: Yo soy El Saber

Infinito. Hombre, busca

en tu razón y en la

razón de tu razón y allí

me sentirás y allí sabrás.

 

En el desierto contrito

del alma atormentada

en su desesperanza, late

el corazón de su despertar

y brilla la luz de su

verdad. Yo soy el agua

que mitigará su sed

y el pan que saciará

su hambre. No hay

ninguna alma solitaria

de mi, pues yo estoy

en cada una de ellas

y en todas. Quien me

aparte de sí, no saciará

su hambre ni su sed,

pues fuera de mi nada

hay que pueda satisfacer

al espíritu del hombre.

Yo conformo al afligido,

al triste en su despertar

apagado por su melancolía,

al alegre en la fuerza

secreta de su vitalidad

y fortaleza, yo soy la

espiga que despunta

entre la arena desnuda

de vida, la gota de

rocío que acude a la

hierba sedienta. El

aire que respiras en

la fiesta de la vida.

La voz que guía en

la luz y en la oscuridad,

el pozo amargo de los

que no desean saber

de mí en su ignorancia

de maldad. Yo soy

para ellos, la sal que

seca sus campos, la

tempestad que derriba

sus casas, la ola que

hunde su barca, el

movimiento que mueve

la tierra hasta hundirla,

el rayo que parte sus

árboles, la enfermedad

que quita la vida, la

muerte que asola la

tierra. Yo soy para

ellos el sufrir de la

pobreza y la angustia

de su final, el causante

de tanta desdicha y

sufrimiento. El hacedor

de Mal Perpetuo que

Nunca Cesa.  El horror

agazapado que no

descansa en su dañar.

Y yo digo al hijo de

la tierra. No hay sufrir

en el que no esté la

mano agazapada del

Espíritu del Mal. Él

hiere y herirá la vida

de muerte y destrucción.

Él daña y dañará lo

que existe, su poder de

mal trata y tratará de

borrar todo Bien que de

mi proviene. No hay mal

que no proceda del Mal.

Su influjo es poderoso

y atrae al hombre de

mil formas y maneras,

pero mi Espíritu de Bien

es más poderoso que Él

y lo vence y vencerá

siempre en vida y en

existencia de eternidad.

Quien en mi confía,

confía en la verdad y

en el bien de su Espíritu

de Bien y Verdad que

en él se halla. Él lo

protegerá de todo mal.

En la apariencia de la

vida se halla la realidad

del espíritu del hombre

y esa realidad es una

realidad eterna.

 

MCCXXI

MCCXXII

MCCXXIII

 

Cae el hombre en el pozo

sin fondo de su desdicha

sin una mano amiga

que lo rescate. Su desconfianza

lo empuja más allá de

su razón y su miedo lo

hunde más en el abismo

sin límite. Sus espinas

se hunden en su frente

y los clavos atraviesan

sus miembros. Sangra

por la herida del costado

y nadie es capaz de

ver su dolor, de sentir

la tremenda soledad

de su espíritu perdido,

la grandeza de su alma

empañada por la incredulidad

de su existencia. Su conciencia

sometida como las demás

a los dictados de su razón.

La desesperanza que anima

su temor y la ignorancia

que aprisiona su ánimo.

Cree que está solo, abandonado

por todos y en la ceguera

de su desánimo es incapaz

de ver más allá de su dolor,

más allá de la pena que

asfixia y sobrecoge a su

hermano. No ve, no siente

que yo deshago sus espinas

sin que las sienta perderse,

desclavo sus clavos y libero

sus cansados miembros,

devuelvo la sangre a su

costado y curo sus heridas,

seco su sudor y enjuago

su frente con agua fresca,

de mi agua bebe hasta

saciar su sed y sus labios

y boca reseca ya no están,

sino dispuesta a recibir

mi alimento que no harta.

Mi agua de Luz que es

la suya, la que nunca

le abandona y cubre de

amor y verdad su ignorancia,

la que guía su camino

a través de su miedo, de

su dolor, de su desesperanza

y de las flaquezas que rinden

su ánimo hasta llevarlo

a mi.

 

Se estremece la tierra

sacudida por la maldad

sin culpa hacia los

desheredados de los hombres,

hacia los desprotegidos

y desamparados de los

bienes de la tierra, hacia

los perseguidos por la

adversidad, hacia los

que no poseerán sino

dolor y daño, hacia

los perjudicados por

la injusticia de la

desgracia, hacia los

que el sol de la

ignorancia amenaza

con quemar y abrasar

sin remedio, para sus

espíritus, engañados por

hombres sin conciencia,

estoy yo. Ellos me

tienen, me portan en

sí y ellos se hartarán

de mi dicha infinita

que nunca sacia. Yo

estoy en ellos y ellos

en mí.

Todo bien de mi viene,

pues yo soy el Bien.

Toda verdad de mi es,

pues yo soy la Verdad.

Todo saber de mi proviene,

pues yo soy El Saber Eterno.

El Bien, la Verdad y el Saber

del hijo de la tierra, son

de mi Bien, Verdad y Saber

que él lleva en sí, en su

Espíritu y en su fortaleza

de su voluntad de bien,

verdad y saber. Mi Espíritu

está en el hombre y con él,

todos sus dones. Su conciencia

de bien, de mi procede

y su sacrificio de bondad,

es de la luz de su interior.

El bien emana bien y a

su alrededor la paz calma

a los hombre y consuela

sus doloridos espíritus.

Lo que no es verdad,

bien y saber y fortaleza

ante la adversidad, no

viene de mi, sino del

Espíritu del Mal que

sobrecoge la debilidad

del hombre en su flaqueza.

No hay culpa en el

hombre que no venga

de la maldad de su

propio mal: En mi Bien

no hay debilidad, ni

flaqueza, ni culpa, sino

fortaleza, voluntad de bien

y perdón de mal. Yo soy

El Amor del Universo.

MCCXXIV

MCCXXV

MCCXXVI

 

Doce son los estados del alma.

Doce son las puertas que el

hijo de la tierra ha de

abrir. Doce son los pasos que

el hombre ha de dar para

llegar a mi. Doce son

los momentos en los que

el hombre ha de vencerse

a sí mismo, a su propia

debilidad y naturaleza, a

sus miedos y temores y

a sus enemigos que acechan

en él y fuera de él. Si

el hombre llega a ese

estado, se fundirá en mi,

pues su alma ha recuperado

su pureza y fortaleza de

amor y él y yo seremos

uno mismo, ya que de

mi es. En ese su camino,

su alma habrá de desprenderse

de lo que no es suyo y que

a lo largo de la vida ha

ido incorporando a ella de

forma accesoria y siempre

contraria a su propio ser

y sentir: Cuando su alma

sea la suya, vendrá a mi.

 

Los estados del alma son

los momentos por los que

atraviesa el alma del

hombre hasta llegar a mi.

Esos momentos de pureza

son: Momento de verdad,

en ese estado el hombre

llega, tras prescindir de la

mentira, a fortalecerse

y a fortalecer a los que

le rodean, pues su ejemplo

de verdad prende en

otros corazones que lo

imitarán en su valor y

lucha contra su mentira.

Nada que no sea verdad

saldrá de sus labios o gestos

y esa su verdad lo acercará

a la Verdad de mi.

En la verdad se halla

el bien del hombre y en

la mentira se hallan tanto

su mal como su cobardía

de bien: Lo que no deba

ser dicho, no se dirá, lo

que deba ser dicho, se dirá.

En la mentira se cobija

el Mal en los corazones

débiles de la cobardía o

del interés. En la verdad

no hay mal, sólo bien

en ella y valor humano.

Para llegar a ese Estado

no has de mentir. La

verdad adorna el alma

como una guirnalda de

flores adorna la cabeza.

Si la verdad es en ti

norma de vida, te

ganarás el respeto de

los hombres y tu alma

se engrandecerá con ella.

 

Quien descubre mi Palabra,

me descubre. Quien encuentra

mi palabra, me encuentra.

Quien halla mi palabra,

me halla. Mi Palabra es

distinta a la de los hombres,

aunque venga de ellos, pues

no procede de ellos, sino

de mi. Sólo mi Palabra,

soy yo, lo que no es mi

palabra es de los hombres,

aunque muchas pretendan

ser de mi, no lo son y

sólo sirven para engañar

al hijo de la tierra con

su falsedad.

MCCXXVII

MCCXXVIII

MCCXXIX

 

La conciencia de bien

lleva al alma al estado

de bien, para ello el

hombre ha de guiarse

por su voluntad de bien.

La bondad de espíritu

es la cualidad del hombre

más necesaria, ya que

ayuda a otros seres

necesitados de ella. La

Bondad de Bien de mi

proviene y con ella el

alma del hijo de la

tierra conoce el Estado

de Bien Perpetuo, el que

ya nunca le abandona

pues vive en él, en ese

Estado de su alma, la

benéfica influencia y el

bienestar de espíritu se

llenan de él y se extiende

a los demás. Ese Estado

del Alma es un Estado

de Amor Perdurable en

lo eterno de su Bien.

 

En el camino de la esperanza

el hombre me halla, me siente

y sabe de mi. La esperanza

es querer saber de mi, querer

hallarme, querer encontrarme y

buscarme para ello. Ese

momento de búsqueda, ese

camino es el Estado de

Esperanza. En ese estado

el alma apesadumbrada

en su soledad del hombre,

me busca hasta hallarme

y sentirme. En ese estado

del alma que es el Estado

de Esperanza se abre a mi

el alma esperanzada. Y

ese abrirse en mi búsqueda,

ese querer hallarme es ya

hallarme y tenerme en sí.

Cuando el sueño y la ilusión

del hijo de la tierra es

hallarme y llegar a mi,

alcanza el alma buscadora

del hombre el Estado de

Esperanza en el cual me

siente en sí y en lo que

le rodea.

 

En el Estado de Amor del

Alma, el alma de bondad

del hombre ama cuanto le

rodea, pues reconoce mi mano

en lo que hay y sabe que

de mi proviene. Esa forma

de amor es hacia mi, ya

que a mi me siente y a

mi viene. En ese Estado

del Alma el hijo de la

tierra me reconoce en su

hermano y en los demás

seres y en ellos me ama a

mi. El espíritu de su amor

le precede y es reconocido

por los que ama. Su

amor viene hacia el mío

y en ese Amor Supremo

se fundirá en Gloria

Absoluta y Eterna. El

será yo y yo él. No

temas hijo de la tierra

amar en el vacío, pues

el amor no se pierde

nunca, queda para reconfortar

a la humanidad.

MCCXXX

MCCXXXI

MCCXXXII

 

No hay un Estado Absoluto

del alma sin la piedad

hacia el dolor, hacia el

daño que asola al hombre

y lo sumerge en el pozo de

la desesperación de su soledad,

en la negrura de su noche

inacabada. En el Estado

de Piedad del Alma, el alma

se conturba y siente como

propio el mal ajeno, y en

esa piedad hacia el hermano

necesitado, el alma se

engrandece y se une al alma

del dolor ajeno y su alma

es la suya, su bien es el

suyo y su dolor a él atañe

hasta la última fibra de su

ser. En ese sentir con el

apesadumbrado, el alma se

eleva hasta mi y su desgracia

es tanta o mayor que la

de su hermano y por ello

su Gloria y la del sufriente

serán en mi una sola

Gloria eterna. Mi piedad

está con la desgracia y

no hay dolor que a mi

no llegue, ni consuele.

 

En el Estado de Luz, el alma

ha de ser guía de tinieblas,

sólo así el hombre verá su

propia luz, la que emana de

él y le muestra su sendero

de eternidad. Quien se deja

guiar de su luz encuentra

su camino y él le llevará

a mi, pues su luz de mi

procede y a mi lleva.  Cuando

el hijo de la tierra esperanzado

de mi, llega a su Estado de

Luz, se le abre un infinito

de Verdad y un eterno de

Bien y Amor y ha de seguir

por su sendero de Luz hasta

alcanzar su infinito y su

eterno, en donde a mi se

unirá. Hijo de la tierra,

no temas caminar por tu

luz, pues a mi lleva y

en mi no hay temor, sino

Gloria Infinita y Eterna.

En ese Estado el hombre

es Peregrino de Luz y su luz

alumbrará a otros hombres

sedientos y hambrientos de

ella.

En su camino de Perfección

el hombre y su alma han

de sobrepasar su Estado de

Perdón. En ese Estado el

hijo de la tierra ha de ser

capaz de perdonarse sus

culpas y las de los demás,

él sabe que no hay culpa

que yo no perdone y así

como yo perdono, él debe

perdonar. El hombre sabe

que no hay perdón sin

arrepentimiento, ni

arrepentimiento sin perdón.

En su culpa lleva su dolor

y su sufrimiento de esperanza

en su perdón. En el

Estado de Perdón, la

conciencia de bien y la

voluntad de bien han

superado cualquier momento

de mal y el alma del

hombre se presenta limpia

y tan pura como su alma

llegó a él. Así llegará

a mi. Yo soy la Misericordia

del Perdón y de la compasión.

MCCXXXIII

MCCXXXIV

MCCXXXV

 

Yo soy la Misericordia

Infinita y eterna y

quien a mi viene,

tiene mi perdón. Quien

a mi viene, me ama

y quien me ama, me

lleva en sí, él es de mi

y yo de él. En mi

no hay culpa ni pena,

ni temor oculto, yo

soy la Claridad del

Bien y de la Verdad.

Si quien porta Mal viene

a mi, portará Bien y

el Mal de él se irá.

 

Es el Estado de Pureza del Alma

el Estado que más se acerca a su

Estado de Perfección, pues en él

el hijo de la tierra lleva la

pureza de su alma al momento

en que la recibió en sí. Su alma

limpia de las impurezas de la

culpa y del Mal, se presenta

a mi con la inocencia pura

de la infancia y esa alma

entrará en mi y de mi se

hará. Para lograr esa pureza

el hombre debe recuperar lo

perdido y limpiar lo ensuciado

en el camino de su vida.

No sólo habrá de renunciar

al Mal, sino que habrá de

enfrentarse a él donde lo

halle. Deberá cubrir su alma

con un manto de bien que

atraiga más bien en él y en

el arrepentimiento y el sacrificio

de su lucha por la verdad

y la razón de su bien tendrá

a su lado la fuerza de mi

Bien en forma de mi Espíritu

Santo de Bien y Verdad: La

Bondad de su Alma lo llevará

a su Estado de Pureza.

En su alma no se albergará

ni una sola mota de culpa

o debilidad. Su Pureza será

su fortaleza y nada que no

sea Bien y Verdad podrá

entrar en ella. El Mal

huirá de ella, pues su luz

hiere a la tiniebla en lo

más profundo de su Mal.

 

Sólo cuando el espíritu del

hombre es capaz de entregarse,

es capaz de su Perfección y

capaz de llegar a mi. Para

llegar al Estado de Entrega

del Alma, el hijo de la tierra

ha de amar a su entrega

tanto o más que a él mismo.

Esa Entrega ha a de ser sin

esperar por ello ninguna Gracia

o recompensa, ha de ser

con convencimiento de razón

y de corazón. Su conciencia

de bien y su voluntad de

bien lo superan a él mismo.

La Entrega ha de ser hacia

el Bien y con el Bien y

por el Bien y en esa acción

de Bondad el hombre llega

a mi. Quien recibe el bien

del Estado de Entrega del

Alma, me recibe a mi y

quien entrega el alma, me

entrega a mi, pues yo ya

estoy en él y mi Gracia

Eterna lo inundará de mi

en su momento de eternidad.

Su Alma de Entrega será tan

llena de mi que rebosará

mi Gracia Infinita.

MCCXXXVI

MCCXXXVII

MCCXXXVIII

 

Cuando la angustia recorra

tu alma, recurre a mi.

Cuando la desolación

asole tu espíritu, recurre

a mi. Cunado la pena

sobrecoja tu corazón, recurre

a mi. Cuando la desesperanza

halle en ti cobijo, recurre

a mi. Cuando la tristeza

conturbe tu ánimo, recurre

a mi. Cuando la ausencia

de la muerte te arrebate

lo querido por ti, recurre

a mi. Cuando la debilidad

te venza, recure a mi.

Cuando la culpa se apodere

de tu paz, recurre a mi.

Cuando la muerte amenace

tu vida, recurre a mi.

Cuando el peligro de cualquier

mal te amenace, recurre

a mi. Cunado el miedo

a lo desconocido haga temblar

tu cuerpo, recurre a mi.

Yo estoy siempre en ti

y fuera de ti. Yo soy

tu Bien, tu Verdad

y tu Fortaleza. Yo

soy el Espíritu de tu

espíritu. Tu Espíritu

de Bien y Verdad. El

Que Siempre Está, El

Que nunca Abandona,

El Que Consuela al

que a Él se encomienda,

El Que Siempre Está

y Estará y ha Estado

Contigo.

 

En el Estado de Paz,

el alma alcanza la

beatitud perfecta y

está conforme y segura

en la fortaleza de su

bien. A este Estado

llega el hombre, una

vez recorridos los demás

Estados del Alma. En

el Estado de Paz, la luz

irradia del alma hacia

el cuerpo y la felicidad

del espíritu se trasluce

hacia los demás. El

Estado de Paz del Alma,

es previo al Estado

de Perfección y es un

Estado cercano al Bien

Supremo o Estado de

Unión Perfecto. En el

Estado de Paz del Alma,

el hombre ya no lucha

ni consigo, ni con los

demás, pues sólo su deseo

es venir a mi.

En la tremenda soledad

de la mente perdida,

siempre brilla la luz

de una esperanza cierta.

No te niegues a verla

viajero del tiempo,

porque en esa luz

se halla tu salvación

del vacío de la nada,

acércate a ella sin miedo,

además, para qué temerlo

si todo para ti ya está

perdido. Síguela y esa luz

te llevará a mi, te llevará

a donde tu imaginación

no es capaz de imaginar,

donde tus ojos no son

capaces de ver y donde

tu mente no es capaz

de vislumbrar en su ceguera.

Allí no existe el temor,

ni la soledad agarrotará

tu alma, allí se te abrirá

el infinito y allí volverás

a donde vinistes. Allí

estaré yo siempre contigo.

MCCXXXIX

MCCXL

MCCXLI

 

En la angustia del alma

angustiada, el hombre teme

lo que supone, lo que cree

que le va a pasar, sin

pensar que lo que le vaya

o pueda ocurrir, él no

lo sabe y no puede imaginarlo,

por lo que no puede prevenirse

de ello o protegerse de sus

consecuencias. Nada de lo

que ocurra o pueda pasar está

en las manos del hombre

y el creerlo así, es sólo

soberbia y vanidad humana:

Lo que acontece a mi

concierne y sólo yo lo sé.

 

Al Estado de Perfección llega

el alma una vez llegado

a los otros Estados anteriores,

es un Estado Pleno de Verdad,

Bien, Esperanza, Amor, Piedad,

Luz, Perdón, Pureza, Entrega

y Paz, el alma llena de mi,

se acerca a mi, se acerca

a su último momento de

Perfección Infinita y Eterna.

En este Estado del Alma,

el hombre ya no es

cuerpo, sino alma. Su

cuerpo es sólo albergue

de su etéreo, no siente

frío ni calor, hambre ni

sed ni otras necesidades.

Su alma ocupa su espacio

visible y su invisible, se

comunica conmigo y yo con

ella, pues es más alma que

ser, está conmigo y sabe que

nada podrá ya contra ella

el Mal, está dentro del bien,

de mi Bien y mi Gloria

está ya cercana. Su camino

llega a su fin.

 

Cuando el alma del hombre

se entrega en su totalidad

a mi, llega el Estado de

Unión Plena o Estado de

Eternidad o del Bien Supremo.

El Alma ha conocido los

Bienes del Espíritu del Bien

y los ha seguido hasta

llegar a mi. Ya no es el

Alma de un hombre, pues

ya forma parte de mi,

es yo y en mi está como

yo estoy en ella. Mi Gloria

es suya y no hay Gloria

que se le pueda comparar,

pues en ella están todos

los Bienes que hay y que

el hombre ni siquiera puede

imaginar. Yo soy El Bien

Inimaginable y en mi Bien

está el Alma unida a mi.

La Gloria de la Infinita

Felicidad del Bien y de la

Verdad ha iluminado su

camino hasta llevarlo a

mi. Nuestro Espíritu y

nuestro Bien y Verdad es la

misma. El Alma a mi

unida, está en mi Absoluto

Infinito y Eterno.

 

MCCXLII

MCCXLIII

MCCXLIV

 

Fuera del tiempo y del espacio

conocido por el hombre, fuera

del amanecer del tiempo y

del ocaso de lo infinito,

se hallan las almas de los

hombres. Ellas van hacia su

Luz, hacia mi y yo

las acogeré en mi, pues de

mi son y a mi vuelven

 

Una mota en el espacio,

un suspiro en el tiempo,

un rayo de luz que ilumina

como un destello la tiniebla

y después se apaga para siempre.

Nada más que eso es el hombre,

aunque él se crea mucho más

porque su sueño de esperanza

le habló de mi y de mi

predilección por él.

A qué viene su orgullo

y su soberbia, su vanidad

y su indeferencia. Yo lo digo,

son las muestras de su ignorancia

y de la maldad que tantas

veces anida en los corazones,

son el pulso de quien se cree

la realidad que fabrica

en su torpe pequeñez

y en la crueldad egoísta

de los espíritus sin piedad.

 

Yo soy lo Imposible y quien

a mi me busca, busca la

belleza de lo imposible y

quien a mi me halla, halla

su imposible y lo Imposible.

Lo posible es apreciación del

hombre y para el hombre, lo

imposible es sólo lo que a

mi concierne y es. Lo que

no alcanza a la razón del

hombre es su imposible y

su sola mención inquieta

al hombre y lo aleja con

temor de lo que desconoce

y no alcanza. Donde

el hombre no llega, llego

yo, donde el hombre no

alcanza, yo alcanzo. Si

buscas en tu imposible,

alcanzarás tu posible y a

través de él llegarás a

mi, El Imposible de lo

Imposible.

 

MCCXLV

MCCXLVI

MCCXLVII

 

Cuando el mal prende en

el corazón de un hombre

indefenso ante su influjo,

en él germina la semilla

de la maldad y crece en

su interior hasta vencer su

resistencia de bien. El árbol

de la maldad extiende sus

ramas dentro del espíritu

del hombre entregado, hasta

hacerlo suyo. Su corazón

se tiñe de maldad y se

hace uno con el Mal. Nada

parecer poder detener su

influjo y la crueldad de

su condición de mal. Pero

sigue en él su Luz de Bien,

la Luz que señala su camino

a mi. Si renuncia al

Mal su Espíritu de Bien

y Verdad lo llevará a mi.

No hay ningún Mal que

pueda vencer a mi Bien,

si la voluntad de bien

del hombre y su conciencia

de bien así lo quiere.

Yo soy el Saber de lo Ignorado,

la Sabiduría de la Verdad

y de mi alcanzan al que

de mi quiere saber. Quien

bebe de mi, a mi me tiene

y quien de mi no bebe,

a mi me ignora y su

corazón y su alma permanecerán

cerrados a la luz de la

Verdad y del Saber. Quien

fuera de mi busca el saber

y la verdad, sólo halla el

fruto amargo de la desesperanza

tan amargo como la hiel

y tan salobre como el agua

del mar. La ignorancia

cerrará su razón y será incapaz

de ver más allá del alcance

de su mirar. Fuera de mi

nada hay y fuera de mi

nada hallará quien allí

busque.

 

En lo infinito de lo increado

se abate la permanencia inconclusa

de la nada, de lo que no

ha sido, no es y no será. Allí

no busques Peregrino del Tiempo,

allí en la nada, nada hay,

ni siquiera una sombra de

desdicha es capaz de penetrar

en la inconstancia de lo que

no fue, no ha sido, ni será.

Sólo la inconsistencia de la duda

puede quebrar el velo de la

nada y comprender su

inexistencia, el valor de lo

neutro, la desesperación de

su no ser y no llegar a ser

ni siquiera un poco de algo,

un soplo de existencia, un

hálito de vida,  un silencio

apagado en un tiempo ni

acaecido, ni por acaecer, un

imposible perdido en el vacío.

De allí nada parte y allí

nada llega, ya que no hay

espacio ni tiempo, ni energía,

es un hueco ilimitado y

ausente de cualquier sustancia

o materia, sin forma de

hueco o de cualquier otra

forma.

 

MCCXLVIII

MCCXLIX

MCCL

 

Yo desvelo el fruto amargo

de la maldad en el corazón

del hombre y cómo se vuelve

dulce ante la presencia de

su bien. No hay mal que

no se venga en bien ante

la voluntad de bien. No

hay desdicha que no se torne

en paz en el corazón herido,

ante la presencia de la

conciencia de bien. No hay

bien que de mi no provenga,

ni mal que pueda vencerlo.

Yo soy El Bien que guarda

el hombre en sí. Y por

muy pesada que sea la

piedra de su mal, se

volverá liviana hasta

desaparecer ante mi

presencia de Bien en

mi Espíritu de Bien

y Verdad. No ha de temer

el hombre su mal, sino

que su bien no se apreste

a vencerlo. No ha de

temer al fuego, sino que

su pozo esté seco de

mi agua.

 

El camino del Bien fortalece

y el camino del Mal debilita.

Uno y otro son ofrecidos al

espíritu del hombre. Uno es

lento y dificultoso, es como

la ascensión sinuosa a un

monte que prueba los

músculos y la fortaleza

del espíritu, es el camino

del Bien y de la Verdad.

El otro es un camino de

 descenso en el que es muy

difícil ascender, ya que todo

parece ayudar más y más

para que se caiga el espíritu,

para que llegue a los espacios

más bajos del ser y que

no pueda remontar su

caída. Es el camino del

Mal. Es el camino de la

Perdición humana y sólo

el que logre detener su caída

y mirar hacia arriba, podrá

enmendar su destino y

comenzar su Camino de

Bien y Verdad, su Camino de

Perfección.

El Mal se nutre de la

debilidad y flaqueza

humana. Nada puede

contra la fortaleza del

espíritu, ya que su propio

bien lo arrojará fuera

de sí. Al contrario,

en la debilidad de

espíritu, el Mal se

afianza y se fortalece

hasta hacerlo suyo,

hasta fundirse en él

y destruir su humano,

su bien, su voluntad

y conciencia de bien,

hasta que el hombre,

mi preferido, sea sólo

una sombra de lo que

es, una sombra de lo

que fue,  y sólo será

si se vuelve hacia

mi, si se vuelve hacia

sí, hacia su bien y

hacia mi Bien.

MCCLI

MCCLII

MCCLIII

 

Todo lo que nace y es,

tiene su razón de ser

y existir y aun lo

no vivo la posee, pues

lo no vivo, lo inerte,

es el asiento de lo vivo

y sin lo no vivo, no

existiría lo vivo y latente.

Todo lo que hay y

existe de mi procede

y por mi causa es.

En un principio nada

había excepto yo, las

tierras se separaron del

espacio al que se hallaban

unidas y formaron astros

y estrella. El fuego se

separó de la tierra y

el aire y fue en si

mismo materia incandescente.

Del aire se formó el

agua y del agua y la

tierra la vida acaeció.

Nada de lo hecho fue

sin mi, en todo estuve

y en todo estoy y estaré

pues el espacio, el tiempo,

la luz, la energía, la

vida y la no vida,

de mi son. Es de

mi lo que hay y es,

y lo que no es, y

será, lo pasado y lo

venidero, lo actual y

lo que nunca será y

lo que siempre es y

será: Yo soy el Todo

y la Nada. 

 

No debe el hombre temer

su eternidad, pues en ella

estoy yo y en ella están

lo que le precedieron en

mi y los que le sucederán

en mi. No hay desdicha,

ni pena, ni temor en

la eternidad. No existe

en ella ni la culpa ni

el dolor. No hay mal

alguno que pueda

interponerse o entrar en

mi eternidad. En mi

Todo es Bien, Un Bien

eterno e infinito que

llena pero no harta,

que inunda el espíritu

y que no sacia al

que en mi Gloria está.

Todo se vendrá a mi,

pues lo que de mi es,

a mi volverá.

Es más fácil no creer mi

palabra en el hombre que

creerla, ya que no creerla

no produce ningún efecto

distinto y creerla sí, ya

que obliga a modificar el

principio de existencia y

vida y comportamiento,

y todo cambio profundo

causa desazón e inquietud,

ya que no sabe a donde

le llevará en su falsa

y artificial realidad.

El hombre débil flaqueará

y el hombre fuerte

sabrá que en mi sólo

hay verdad, ya que soy

la Verdad y que en mi

todo es vida, ya que soy

la Vida más allá de la

vida. Sólo el que me

siga en mi Palabra,

llegará a mi, sólo

el que crea en mi, me

sabrá, sólo el que me

sepa, conocerá mi Verdad,

mi Bien y mi Gloria.

MCCLIV

MCCLV

MCCLVI

 

Hombre, no dudes de ti

cuando te hablo a tu

oído inaudible, el oído

de tu alma, el oído

de tu espíritu invisible.

Te hablo a ti porque

así deseo hacerlo. Mi

palabra no es sólo

para ti, sino para darla

y repartirla entre los

que la esperan, entre los

que la desean, entre los

que la necesitan, entre

los que la quieran seguir,

entre los que busquen

su consuelo, mi consuelo,

entre los que busquen

su verdad, mi Verdad,

entre los que busquen su

bien, mi Bien, entre

los que sepan que yo

estoy en ellos y ellos

en mi.

 

Hay dos hombres en tu

mismo cuerpo, uno visible

y otro invisible. Uno

humano y de forma

física y otro invisible

y de forma no física,

aunque igual a ti.

El hombre humano

es de vida limitada

en su espacio y tiempo.

Ha de vivir sujeto

a vicisitudes físicas

que no puede evitar.

El hombre no físico

que hay en el hombre,

no está sujeto a sus

mismas limitaciones

y su vida no muere

con el cuerpo, ya que

no lo posee, es sólo

espíritu y en él se

halla lo no visible

del hombre. Ese hombre

igual al hombre físico,

aunque inmaterial y

de sustancia y esencia

distintas, será el que

queda en su eternidad. 

 

Yo no hablo al hombre

palabras invisibles, mis

palabras el hombre no

sólo ha de verlas, sino

tocarlas y sentirlas en

él. Cuando el espíritu

 del hombre me siente,

me vea y me toque,

sabrá de mi y sabrá

que no está solo y

que nunca lo ha estado,

ya que yo estoy en él

desde antes de nacer y

seguiré en él después

de su muerte corporal.

Yo no hablo con

palabras misteriosas

o difíciles de entender,

yo hablo para cualquier

hombre que me quiera

oír, que quiera ver la

Luz de Verdad y Bien

que en ellos hay: Mi

palabra yo soy, pues de

mi viene. 

MCCLVII

MCCLVIII

MCCLIX

 

Doce son los impulsos

principales del hombre:

Impulso del Bien, en el

que el hijo de la tierra

se inclina hacia la bondad

de su espíritu. Impulso

de la Verdad, en el que

la verdad de su verdad

no admite dudas en

él y hacia su razón

se vuelve. Impulso

de Amor, en el que su

afecto hacia otros seres,

le hace entregarse a ellos

sin ninguna condición

que lo limite.  Impulso

de Esperanza, en el que

lo venidero se abre ante

su espíritu claro y

luminoso en su Luz de

eternidad. Impulso

de Fe, en el que la

fuerza y poder de su

creencia ante lo que

cree, es tan firme y

duradero que hacia

él encamina su vida,

sin nada que lo pueda

menoscabar o impedir.

Impulso de Entrega,

en el que su cuerpo y

espíritu se entrega en

bien y beneficio de otros

sin considerarlo sacrificio,

sino deber querido.

Impulso de Ambición,

que empuja al hombre

en poseer más de lo

que puede abarcar o

poseer. Impuso del Mal,

que en los espíritus vencidos

por él los lleva hacia

 su maldad.  Impulso de

Odio, que en los espíritus

subyugados por él, los hace

suyos. Impulso de Poder,

que hace que el hombre

quiera hacer suyos a los

demás y manejarlos a su

antojo y capricho. Impulso

de Vanidad, en el que

el hombre se esfuerza por

distinguirse de los demás

y parecer más que ser, ya

que la apariencia es su

fin. Impulso de Crueldad,

en el que el Mal empuja

a su espíritu en unión

a él, hacia el sufrimiento

a otros seres y en afán de

su dominio perverso.

 

Mientras más camina y

se adentra el hombre

en su mal, más se

aleja de él y de mi.

Deberá desandar su

camino mal andado

y volver a su comienzo

y principio para ser él,

el que fue y el que es.

No habrá de desfallecer

en su camino de vuelta,

ya que si no logra llegar,

se quedará en su mal

y no será él, si no una

sombra apagada de sí.

Su identidad única se

quedará prendida en

la mentira del Mal y

él nunca será él, un

espíritu de bien y verdad

creado para el bien y la

verdad, será una mentira

de sí mismo y una

maldad adquirida en

su errado camino.

Hijo de la tierra, no dudes

de tu fortaleza de bien. Ella

te llevará hasta tu bien. Ella

será suficiente para vencer

cualquier mal que te

aflija en tu camino de

bien. Tu bien es más

fuerte que tu mal y tu

mentira es menos fuerte

que tu verdad, la verdad

que llevas en tu corazón,

la verdad con la que

naciste y de la que te

has alejado. Tu valor

es más fuerte que tu

cobardía y aunque tu

camino de bien y verdad

sea largo y difícil, lo

deberás emprender, ya que

mientras más te hayas

alejado de ti, más te

costará volver a ser tu.

Mi Espíritu de Bien y

Verdad sostendrá tu bien

y verdad. Tu voluntad

de bien y tu espíritu de bien

y verdad prevalecerá en ti.

MCCLX

MCCLXI

MCCLXII

 

Sólo es valioso en el hombre

lo que es él, lo que es verdad,

lo que proviene de mi desde

que fue concebido. Lo que

el hijo de la tierra adquiere

durante su vida, nada

tiene que ver con él ni

conmigo. Son los frutos

artificiales y engañosos del

mal que lo tientan en

su camino de vida y le

convencen de su cierto,

de su importancia y de la

duración de sus bienes.

De su falsa verdad y de

su cierta mentira. El

hombre en su necesidad,

debilidad y flaqueza se

ve inclinado a seguir los

caminos que acaban en

sí mismos, caminos que

no van a parte alguna.

Son los caminos vacíos

del hombre en los cuales

entretiene su vida y que

nada tienen que ver

con él ni conmigo.

El hombre deberá retroceder

hasta él y hallarse a

sí mismo y al hallarse,

me hallará: Quien no

se halle, no sabrá quien

es y vagará en su

mentira, la mentira

que creyó y siguió, la

mentira de los demás

que venció su verdad

y su cierto.

Señor del Universo, abre

mis ojos que permanecen

ciegos a ti, abre mi

mente que permanece

cerrada de tu Luz,

de tu Bien, de tu

Esperanza y de tu

Verdad. Abre mis

oídos a tu Palabra,

a la obediencia de

tu Voz y a tu Suprema

Sabiduría de Bien.

Haz que perciba lo

que mis sentidos me

niegan. Haz que

comprenda lo que mi

razón desea. Haz que

ame lo que de ti

hay en todo lo

que hay. Haz que

mi duda se disuelva

con el aire de tu

Infinita Presencia.

 

Doce son las inquietudes

del alma de hijo de

la tierra. Inquietud

de vida, en ella el

hombre lucha por ser

uno más entre los hombres,

por ser reconocido entre

sus iguales y por dejar

una constancia de

su paso vital, por perpetuarse

en hechos, objetos o personas,

es un impulso vital que

lo lleva a protegerse de

los peligros con los que se

encuentra. Inquietud

de pensamiento, por el

que cada hombre piensa

en él y para él. Inquietud

de sentimiento, por el que

se inclina su sentir ante

lo que ve o piensa. Inquietud

de hacer, esa inquietud

de su alma le lleva a

realizar lo que piensa o

siente y sin ella ninguna

obra humana existiría.

Inquietud creativa, es un

impulso del alma que se

trasluce al exterior de si

y nos muestra parte de

su oculto. Impulso que

crea prosperidad, comodidad

y belleza alrededor del

hombre. Inquietud de

saber, por el que desea

conocer lo que ignora y

se esfuerza en conseguirlo.

Inquietud de futuro, en

el que la incertidumbre

de su duda le abrirá

su esperanza. Inquietud

de porvenir, en la que

siente sobre sí la espada

de la muerte amenazando

su conseguido y su vida.

Inquietud de muerte,

por la que siente el aleteo

de su final y el principio

de su esperanza. Inquietud

de enfermedad, por la que

teme que el mal de la

salud se apodere de él, de

su bien de salud. Inquietud

de espíritu, por el que su

espíritu recorre su principio

vital, su principio de vida

hacia su eternidad. Inquietud

de eternidad, por la que

el espíritu eterno del

hombre se va hacia su fin

último. Su Principio de

eternidad, en ese estado

cesa toda inquietud.

 

MCCLXIII

MCCLXIV

MCCLXV

 

Doce son los misterios

que envuelven el alma

humana: Misterio de

Vida, Misterio de Muerte,

Misterio de Sabiduría,

Misterio de Santidad,

Misterio de Bien, Misterio

de Mal, Misterio de

Infinito, Misterio de

Eternidad, Misterio de

Existencia Eterna, Misterio

de Inicio, Misterio

de Final, Misterio

de Mi. Esos Misterios

le serán devueltos al

hijo de la tierra cuando

su visible y su invisible

se separen y cada uno

siga su eternidad.

 

Si escuchas la voz de tu alma,

oirás mis palabras en los oídos

de tu razón, ellas elevarán tu

espíritu por encima de la cadencia

apagada de tu alma y por

ellas, abandonarás la voz

simple de tu cotidianidad.

En ellas descubrirás lo que

de mi hay en ti y lo que

de ti hay en mi. Mis

palabras te dirán quién eres

y quien soy, y por ellas

te sabrás y me conocerás.

Mis voz no desprende sonido

alguno y mis palabras pueden

ser rechazadas por ti en tu

pensamiento y entregarte

tú a tu sencillo y aparente,

a tu conocido, a lo que

poco a nada te exige,  ya

lo que poco o nada elevará

tu ser: Puedes vivir apegado

al suelo de tu falsa realidad

o escuchar la razón de tu

alma y ascender en vida

los peldaños de tu escalera

de eternidad.

 

Sólo quien sea capaz de

prescindir de sí, de renunciar

a su realidad, a la seguridad

de su cotidiano, podrá hallarme

y hallarse. Sólo quien entregue

su alma y su razón a su

verdadero, podrá hallar la

verdad de lo cierto. Sólo

quien sea más de los demás

que de sí, podrá verme

en los demás y en sí.

Sólo quien se escuche, podrá

oírse y oírme. Sólo quien

sienta a los demás, podrá

sentirme en él.

MCCLXVI

MCCLXVII

MCCLXVIII

 

Sólo el hombre que es capaz

de ver lo invisible en el

hombre, es capaz de saber

su visible, es capaz de

distinguir su distinto,

su valioso, su poder de

espíritu único. Sólo quien

ve y siente lo invisible,

puede verme y sentirme,

en lo que ve y toca.

Sólo quien oye lo inaudible,

es capaz de oírme en

su callado espíritu y

en el silencio de su

alma. Sólo quien sufre

por el sufrimiento de los demás,

es capaz de sentirme en

su alma atormentada, es

capaz de percibir mi

Gloria en su aire y mi

Haz en su olvido. Sólo

quien ama al hombre,

es capaz de amarme

en ellos.

Una palabra me sanará,

una mirada, me salvará.

Luz de las Tinieblas, Luz

de Luz. Un pensamiento

en ti, me elevará. Tu

Verdad me confortará

y tu Bien me inundará

de dicha eterna. 

 

Mi Palabra, la Verdad

de mi Palabra no es

para ser guardada, sino

para ser dicha, para

ser mostrada, para ser

conocida por quienes

busquen llevarla en su

corazón y albergarla

en lo más cálido

de su alma. Mi

Palabra no sólo es

guía de vida para

el hombre, sino esperanza

de eternidad y parapeto

de Bien contara las

acechanzas del Mal.

Mi Palabra es la sonrisa

en la noche eterna

del hombre, el sueño

inacabado de una vida

que se acaba y la razón

más poderosa de la razón,

capaz de abrir la inteligencia

a la razón eterna y capaz

de descubrir lo que de

oculto posee el hombre

de mi.

 

MCCLXIX

MCCLXX

MCCLXXI

 

Quien albergue mi Palabra

en su corazón, no temerá

la vida ni nada de lo

que de ella provenga, no

temerá el Mal, pues mi

Palabra lo protege y no

temerá la muerte, pues

nada muere lo que es

de mi, ya que en mi

no hay muerte, sino

Gloria infinita y eterna.

Quien alberga mi Palabra

en su alma, me lleva

en sí.

Al descorrerse las cortinas

del velo de ignorancia

que asola al hombre,

se descubre un manto

de luz de esperanza que

ilumina su camino, un

empedrado de amor y

una antorcha de Verdad

que guiará su tránsito

de eternidad. Ninguna

alma irá sola, ya que

yo iré con ella.

 

Sólo el que sea capaz

de saber de mi, sabrá.

Sólo el que sea capaz

de sentir en mi, me sentirá.

Sólo el que sea capaz

de oírme, oirá mi palabra.

Sólo el que sea capaz

de sentirme en él, me tendrá.

Sólo quien se atreva

a hablar por mi, hablará.

Sólo quien se atreva a

ponerse en mi lugar, me

conocerá. Sólo quien

rinda su corazón y su

espíritu a mi, me llevará.

Sólo quien se entregue

a mi bien, conocerá

su bien, mi Bien. Sólo

quien ame más que odie,

vencerá su mal. Sólo

quien quiera tenerme

en él, oirá mi voz

en su corazón y sentirá

en mi.

 

MCCLXXII

MCCLXXIII

MCCLXXIV

 

Haz que tu Luz ilumine

mi ignorancia. Haz

que tu voz alivie mi

pesar. Haz que tu Bien

venza mi mal. Haz

que sea quien debo ser.

 

 

No hay muerte más allá

de la vida, ni vida

más allá de la muerte.

Hay vida y existencia

de eternidad, vida en

la vida y existencia en

la no vida, en la muerte.

Todo vuelve a su origen,

el ser a su no ser, y lo

inerte, a la esencia de su

inmutabilidad, el algo a su

nada y la nada a su

Todo, el Supremo Creador

de lo Creado.

 

No hay vida más allá

de la vida. Y quien la

busque allí, no la hallará.

La vida tiene su lugar

y su tiempo y fuera de

ese lugar y ese tiempo

no hay vida, hay existencia

de eternidad, hay infinitud

para la esencia de lo que

fue vida. Allí no existe

la materia. Allí es el lugar

del no lugar y Allí se halla

lo invisible, todo lo invisible

que existe y es, ha sido y

será. Allí el hombre y la

mujer, ya no son hombre

ni mujer. Allí los animales

no son y los vegetales no

hay. Allí todo es distinto,

todo es esencia de ser,

existencia inmaterial. Allí

no hay vida, hay espíritu

de vida, y ese espíritu es

el que el hombre posee

en su mayor desarrollo.

Allí unos me querrán saber

y otros permanecerán en

la ignorancia de mi ser.

Unos vendrán a mi y

otros no.

 

MCCLXXV

MCCLXXVI

MCCLXXVII

 

En todo lo que ames, estoy.

En todo lo que aborrezcas, estoy.

En todo lo que vive, estoy.

En toda verdadera alegría, estoy.

En toda tristeza del alma, estoy.

En todo bien que te alcance, estoy.

En todo mal que te aflija, estoy.

Yo en ti para ti, estoy.

 

Cuando se cierre la noche

de tus ojos. Cuando se apague

la vida de tu cuerpo, una

luz resplandeciente llenará

la duda de tu alma

y abrirá la puerta de tu ser

y entonces sabrás lo que no

sabes y sentirás lo esperado,

y ya nada será igual que fue.

 

Yo soy la luz de tu

pensamiento, la bondad

de tu corazón, la alegría

incansable de tu alma

de eternidad. Yo soy

lo intuido por ti, lo

vislumbrado, lo esperado.

La Verdad de la Esperanza

del ser. La bondad

intrínseca del Bien que

nunca cesa.

 

MCCLXXVIII

MCCLXXIX

MCCLXXX

 

Igual que se inclina

hacia el hombre la

rama cargada de frutos

del árbol de la vida,

igual que las estrellas

nos señalan misterios

por descubrir, más

allá de nosotros existimos.

Nuestros frutos se ofrecen

sin condición ni reparo

al viajero hambriento, al

caminante deseoso de

calmar la inquietud de

su corazón y la duda

de su alma. Muchos

serán los que comerán

de ti y todos ellos

serán saciados por el

fruto que nunca cansa.

Y tu fruto y tú seréis

uno y quien coma de

ti, comerá de tu fruto

y comerá de mi. Y quien

te lleve en si, me llevará

en él, pues tú, él y yo

somos uno en mi.

 

Yo soy la fortaleza de tu bien,

la piedad de tu espíritu, la

esperanza en la noche más

apagada, la continuidad

de tu ser que en mi

descansa, el latido alegre

de tu corazón, la diadema

que ceñirá tu frente y

alejará de ti los malos

presagios, la voz que suena

en lo profundo de tu

silencio y que sólo tú

oyes, lo que sabes y lo

que ignoras, la belleza que

te conmueve y lo que te

hace llorar de agradecimiento,

la risa que ahuyenta tu

temor, la satisfacción que

sientes por lo hecho por ti,

el perdón de tu mal

y el beneficio de tu bien. 

En la pureza más pura,

en la belleza más bella,

en lo más inmaculado

y limpio, en la bondad

más sincera, en el

bien más profundo,

en la gracia que no

acaba, en la alegría

infinita, en el amor

más intenso, en el

perfume más dulce,

en la luz más luminosa,

en el canto que flota

en el aire de tu bien,

en la risa más alegre

en lo más tierno del

corazón del alma, en

lo más acariciante y

embriagador, en la

suavidad de los pétalos

de aire, allí está ella.

MCCLXXXI

MCCLXXXII

MCCLXXXIII

 

Un fino e invisible velo

cubre la razón del hombre

y le impide ver con la

claridad de la vista limpia.

Para verme con los ojos

de su razón, habrá de abrir

la razón que le confunde

y la claridad que le ciega

desvelará su verdad, la verdad,

la única verdad que es

incapaz de vislumbrar, aunque

su brillo ciegue a quien

la sienta en su corazón

de bien. Igual que las

piedras más duras se funden

con el fuego de la tierra,

así ha de fundirse la

dureza de la razón ante

mi palabra, ante la

Verdad de la Verdad.

 

En la angustia de tu pena,

en la tristeza de tu culpa,

late el corazón de tu voluntad

de bien, y mientras siga en

ti, yo estoy en ti y tu pena

se disolverá como las gotas

de rocío al sol, y la tristeza

por tu mal, dará paso a la

alegría de tu bien. Tu mal

se volverá bien  y la oscuridad

de tu corazón se volverá

Luz y esa luz alumbrará

tu alma y la llenará de

su claridad. El corazón

dolorido ya no lo será,

pues yo estoy en él, ya

que él me ha llamado

con la fuerza de la culpa

compungida, con la voz de

su espíritu de bien, de tu

dolor por el mal causado,

y ese dolor es la venda que

cubrirá tu herida y la sanará,

pues yo así lo quiero.

 

En la aflicción desconsolada,

en el invisible tribunal

de la culpa, en la tragedia

de la pérdida, en la desgracia

que sobrecoge el ánimo.

En la aciaga tribulación

del desencanto. En el

sufrir insufrible de la

crueldad. En la impaciencia

del perdón que nunca

parece llegar al espíritu

sufriente. En la desidia

de la razón que acoge

a la duda de mi. En

la verdad que se deshace

ante la indiferencia de

la burla. En el sacrificio

estéril del que lo da todo

por nada. En el amanecer

del Bien que todo lo

llenará con su nube de

amor. En la luz que no

llega a los corazones

endurecidos por la maldad.

En la oscuridad del alma

angustiada, incapaz de sentir

su espíritu de bien. En la

noche eterna del alma

perdida en la inmensidad

de la desesperanza de su

culpa. En las tinieblas que

un tiempo envolverán hasta

la luz más poderosa, para

ser vencidos por mi Luz,

en el ocaso de lo que el

hombre conoce como tal.

En la insufrible y dañina

risa y sonrisa del Mal

que de todo lo débil

se apodera. En todo

lo que de mi se aleja

o quiera huir. En la

inutilidad de cualquier

duda, de cualquier mentira

que lleve al error a la

razón titubeante del

hombre. En todo ello

mi Espíritu de Bien

y Verdad estará para

vencerlo y llevar al

hijo de la tierra a mi

Gloria Eterna.

 

MCCLXXXIX

MCCXC

MCCXCI

 

En el corazón dolorido

ante el desamparo de

la culpa. Ante el misterio

del alma atormentada

por la constancia de su

mal, se eleva, ante ellos,

la figura invisible de

mi Bien que calmará

su dolor y reconfortará

la desdicha que aflige

al hombre en la soledad

perpetua de su ser: en

mi hallará su paz

 

En la inquebrantable

esperanza del que sufre,

en la contrita amargura

de la pérdida insuperable,

en la angustia del

corazón atribulado por

el oscuro designio a

él encomendado, en la

duda que corroe toda

certeza. En la posibilidad

de lo posible y en el posible

de lo imposible. En la

luz apagada de la desesperanza,

en el inicio de la voluntad

de bien del hijo de la tierra.

En la ceguera del Mal que

todo lo arrasa a su paso.

En el valor del hombre

ante lo inconmensurable a

él encomendado. En la

agonía de la duda y en

la certeza de su mal. En

cualquier ocasión y momento

el hombre me tendrá

en él. 

 

Yo soy la Verdad y la Vida

y quien a mi me niegue

niega su verdad y su vida.

Mi Luz alumbra la Verdad

de la Vida e ilumina la

razón del hombre. El que

quiera verme, habrá de verme

con la razón y con el

corazón, sólo así me verá

en él, pues en él estoy.

Mi verdad es Luz de

Verdad y en ella está y

se halla toda verdad.

En la mentira se refugia

la negrura de la tiniebla

y la cobardía del corazón

del hombre, la mentira

es el arma del Mal y

quien de ella use en su

beneficio, se priva del

valor del Bien y de la

Verdad. Quien se aparta

del Mal, se aparta de

la mentira y todo en él

es verdad, es él y es

yo: Mi Verdad es Luz,

la mentira es tiniebla:

Elige.

 

MCCXCII

MCCXCIII

MCCXCIV

 

Mi Luz es la misma

luz que ilumina al

hombre. Mi Luz no es

el resplandor del cielo

ni nada parecido a

lo que conoce el hijo

de la tierra. Mi Luz

es distinta, es Luz de

Verdad y Vida, es Luz

de Amor y es Luz de

Bien y Gloria eterna.

Mi Luz vence las tinieblas

del Mal. Ilumina

la eternidad de las almas

que a mi vienen. Mi

Luz es invisible a la

vida y sólo es percibida

por los espíritus que a

mi se encomiendan.

Quien siente mi Luz

en su interior, me siente

a mi, y quien me

sienta, me tiene en él:

Yo soy la Luz eterna,

yo soy la Luz infinita.

Él es la gran fuerza que

cohesiona el universo de

la materia y el mundo

de la inmateria. Sin Él

la materia se esparciría

por el espacio y  nada

sería lo que es. Lo que

no es materia, sino es

invisible a los ojos de ella,

es la inmateria, es lo que

el hombre conoce como su

invisible, su unión es una

vez el hijo de la tierra

deja de vivir. Su invisible,

su inmateria, se busca a

sí misma y se une en un

todo en su existencia de

eternidad. Ese todo forma

el espíritu del ser y del

no ser, su alma eterna.

 

Nada de lo hecho por el hombre

para el hombre, va más allá

de él, ya que el hijo de la

tierra nada puede crear más

allá de ella. Sólo lo hecho

por mi, lo creado, va más

allá de lo conocido por el

hombre y viene de más

allá de lo sabido por él.

Aunque el hombre conoce

lo hecho por mi, su ceguera

natural le impide reconocerlo

y busca excusas para

interpretar lo que hay en él

y fuera de él que no son

él, sino yo, ya que de mi

partieron y a mi volverán.

Donde la razón del hombre

no alcanza, llega su ignorancia

reforzada por el espíritu de

la Maldad, que la vuelve

 incapaz de ver lo que sus ojos

ven y comprender lo que su

razón no puede o no quiere

entender: mi Obra infinita

y eterna.

 

MCCXCV

MCCXCVI

MCCXCVII

 

Yo soy la Verdad de la

Verdad y quien busque

la Verdad, a mi habrá

de acudir. Muchos son

los hijos de la tierra y

los hijos del mundo

que buscan donde

no está, que miran

fuera de mi y allí

sólo hallarán mi

huella de Verdad,

no la Verdad que

ansían sus corazones

sedientos de mi.

Muchos son los que se

atribuyen la verdad

y bajo su amparo se

cobijan otros deseosos

de llegar a ella, de

llegar a mi. Pero es

más sencillo para el

que quiera conocerla,

debe buscar su bueno,

el bien de su bien y

allí estoy yo en él,

y allí estoy en lo

más profundo de su

Espíritu de Bien,

de su bien de bondad.

Cuando el hijo de

la tierra, cuando el

hijo del mundo conozca

su bondad, me

conocerá a mi y

me sentirá en él

y sabrá de la felicidad

del instante y podrá

vislumbrar por él,

la intensidad de

mi Gloria última.

 

Quien no me sienta

en él, no me sentirá

en nada de lo que vea

u oiga. Indiferente será

a su mirada lo que

sea maravilla a su alrededor

y sus oídos permanecerán

cerrados a lo que oiga y

su corazón no sentirá

lo que no sea capaz de

sentir en él. No será

capaz de ver más allá

de la belleza, ni de sentir

más allá de lo inmediato.

Su espíritu permanecerá

dormido dentro de su

cuerpo y sólo despertará

cuando me sienta en él.

La quietud de su alma

cesará cuando a través

de su bien siente en él

mi Bien, sólo entonces

comenzará a vivir lo

que él mismo apagó

en él: Sólo a través

de la voluntad de bien

se llega a mi Bien.

Hay un enviado de vida

y hay un enviado de

muerte. Hay un tiempo

de vida y hay un tiempo

de muerte, nada puede

el hombre hacia lo que

es más poderoso que él.

La vida vence a la muerte

y la muerte a la vida,

ambas son momentos de

existencia en la eternidad

de los tiempos. Mis enviados

existen por mi y todo

lo que de ellos viene, a

mi viene.

MCCXCVIII

MCCXCIX

MCCC

 

Mis ángeles te recogerán

en sus alas y te llevarán

ante mi.  Para ti no

habrá sino Gloria, mi

Gracia toca tu frente

y vendrás a mi con

la pureza de bien con

la que saliste. Ningún

abismo, ningún vacío

aterrador se abrirá

ante ti, sólo la unción

de mi Gracia te elevará

por encima de cualquier

mal, de cualquier

acechanza que mis

enemigos pudieran

pensar hacia ti.

 

Lo invisible te protegerá

del Mal, ese invisible

es mi mano protectora

que te liberará del peligro.

Los que no quieran saber

de mi, los que me eviten

y los que se hallen alejados

de mi, a mi volverán,

yo soy su único camino,

el Único Camino de Bien

y de Verdad, tanto para el

hijo de la tierra como

para el hijo del mundo.

Fuera de mi sólo existe

el vacío aterrador, el

abismo perpetuo e infinito

donde las almas vagan

perdidas y donde no

hay consuelo, verdad

ni bien. Yo soy la

mano siempre tendida,

la Luz acogedora,

la Verdad del Bien.

El Amor que nunca cesa,

la Verdad de Bien que

no se apaga. El fuego

de calor para tu frío.

 

Quien se complace en el mal,

se aleja de mi Bien. Yo soy

lo invisible de lo visible y lo

visible de lo invisible. En

mi todo está y en todo estoy.

Estoy en la vida y en la

existencia más allá de ella.

El hijo de la tierra me

hallará en un árbol, en una

flor o en una piedra, en una

montaña o en una acción

de bien, en todo estoy, ya

que todo soy y para verme

habrá de sentirme en lo más

profundo de su ser y me

verá con los ojos de su bondad

de bien y me sentirá con

su sentimiento de bien: Yo

estoy en él y en el infinito

de su ser eterno. 

MCCCI

MCCCII

MCCCIII

 

Todo lo que ha de pasar,

ha de ocurrir, ya que

así ha de ser.

 

Lo que no es presente,

pasado o futuro, es

siempre, Yo soy siempre

para el hijo de la

tierra, ya que siempre

he estado, estoy y

estaré. Lo que es aquí

y allí, lo cercano y

lo lejano, lo mínimo

y lo máximo, es todo,

Yo soy Todo para el

hijo de la tierra, ya

que en todo estoy y

Todo soy. Lo que

nunca cesa lo que

no se acaba y está

más allá del tiempo

y del espacio, es lo

infinito y eterno,

Yo soy lo Infinito

y Eterno. Lo que

no es relativo, sino

absoluto, es lo que todo

lo ocupa, Yo soy lo

Absoluto y Todo lo

lleno con mi Presencia

Absoluta, Infinita y

Eterna.

 

Quien soy, se preguntarán,

y yo respondo, soy Quien,

Quien mantiene unida

la materia, Quien todo

lo ha hecho, Quien todo

lo ama, Quien antes

de ser Quien es, ya era,

Quien creó lo creado,

Quien en todo está,

pues soy el Todo, Quien

crea lo Increado, Quien

Ama lo Inanimado, Quien

no sólo está en Él, sino

en lo que existe y en

lo que no: Soy Quien

mantiene unida la

materia a la inmateria

en el hombre y en

todo lo que es y lo

que no.

MCCCIV

MCCCV

MCCCVI

 

Me sentirá el hombre

en él, cuando se aparte

del mal de su dentro

y de su fuera, sólo

entonces podrá sentir

su bien dentro y fuera

de él. Y en su bien

estoy.

 

Yo soy la Luz de la Verdad,

la Verdad de la verdad, la

Luz de la luz, la Razón

de la Razón, la Luz de

la Razón y la Razón de

la Luz. En mi no hay

doblez ni dolor, yo soy

el Amor Puro, el Amor

Infinito y Eterno. Sin mi

las tinieblas reinarían y

el hijo de la tierra no

sería lo que es, sino una

sombra del Mal, una luz

apagada que no quiso ni

pudo ser. El camino del

hombre es mi camino y

todo lo que le separe de él,

lo separará de mi y todo

lo que le acerque a él, lo

llevará a mi.

 

No hay misterio sin desvelo,

ni sombra ni oscuridad

sin luz que la descubra.

Todo es y será desvelado

al hijo de la tierra y

nada le será extraño ni

ajeno. Mi Luz deslumbrará

al Mal y mi Amor lo

alejará del hombre, nada

habrá en él que lo aparte

de mi, de mi Luz de

Bien y Verdad. Mi Gloria

Infinita y Eterna lo espera

en mi. No hay culpa

para el hombre, sin perdón,

mi Bien vencerá a su

Mal y mi mano de

Amor lo traerá a mi.

MCCCVII

MCCCVIII

MCCCIX

 

Mi palabra, La Palabra,

no está dicha al hombre

para ser analizada y

discutida por él, sino

para se entendida y

creía por el hijo

de la tierra que en

mi cree, ya que a él

está destinada. Quien

no crea en mi, no

creerá mi palabra y

la ignorará en su ser,

mis palabras resbalarán

en sus oídos como

el agua resbala por

las piedras del arroyo,

ya que su corazón

nada quiere saber

de mi, su espíritu

está seco como los

sarmientos de la vid,

aunque en su interior

fluya la sabia o la

sangre que lo alimenta.

Quien no beba de mi

agua y coma de mi,

llegará a mi tan vacío

como un pozo seco

en el desierto de su

ignorancia desesperanzada:

Quien no  oiga mi

palabra, no me oirá.

Quien no siga mi

palabra, no me hallará.

Quien no ame mi

palabra, no me ama.

Mi palabra es para ser

cumplida por el que

me ame en todo

su ser. Mi palabra

soy yo y yo soy

mi palabra: Quien

siente mi palabra,

a mi me siente y

en él estoy.

 

Sé del dolor del hombre,

de la desesperación de las

conciencias, del abandono

de la vida y del

recogimiento de la muerte.

Sé que nada de lo que

es, será más y que la

carne se deshará entre

el horror de los que la

amaron. Sé que la vida

no tiene retorno para

el hijo de la tierra y

que su esperanza en mi

no le librará de su

último dolor, ni de su

última duda, ni de su

último deseo de asirse

a lo que se acaba para

él: Todo está escrito

y todo ha de seguir su

curso y nada puede el

hombre para evitar lo

inevitable: Mi Esperanza

lo recogerá de su sueño

eterno y lo llevará a mi.

Su materia será la mía:

Ésa es mi respuesta.

 

La palabra del Mal

se retuerce sinuosa

para entrar en los

corazones indefensos.

Penetra en ellos e

inocula su veneno,

contra el que nada

pueden los corazones

débiles. Ellos serán

sus esclavos mientras

no expulsen la hiel

de sus corazones y

abran de par en par

las puertas de su alma

al Bien y la Verdad

de mi Palabra.

 

MCCCX

MCCCXI

MCCCXII

 

Miráis y  no veis,

oís y no escucháis,

escucháis y no

entendéis, vuestros

ojos están cerrados,

vuestros oídos tapados,

y vuestras inteligencias

siguen caminos

torcidos. Vuestros

corazones no sienten

y vuestras almas

carecen de su alimento,

ya que no les dais

de mi y vuestros

espíritus necesitan

de mi y de lo

que de mi viene.

Mientras vuestros

espíritus no se

empapen de mi,

no saciarán su sed

y mientras vuestras

almas no coman

de mi, no saciarán

su hambre. Yo

soy lo que miráis

y no sois capaces

de ver, lo que oís

y no sois capaces de

oír, lo que escucháis

y no sois capaces

de entender, lo que

vuestras inteligencias

no quieren saber

ni admitir, el

alimento que colmará

el hambre y la sed

de vuestros espíritus,

el Bien y la Verdad

que ansían vuestros

dormidos corazones.

Cuando el hombre

sepa de mi, sabrá

de él

 

Nada de lo que existe

permanece igual y todo

lo que es será. Nada

acaba  y nada comienza,

ni siquiera la vida

que vemos morir a

nuestro lado acaba,

ya que comienza de

nuevo bajo otra forma

tan distinta como

igual. La constancia

del Universo es la

misma que su variable,

ya que todo es tan

constante como distinto,

nada puede el hombre

hacia su constante y

hacia su variable, ya que

forma parte del mismo

cuerpo del Universo y

está sujeto a sus mismos

principios. No hay principio

en el que no esté, ni

orden que no se cumpla

en la constancia universal.

Yo soy el Todo y en mi

Todo es.

Nada hay casual, ya

que todo está sujeto a

su causa, a su origen

y en ese origen estoy.

Cuando el hombre

sepa de lo pequeño,

de lo mínimo de lo

mínimo, sabrá de lo

grande, ya que su

constante y variable,

es la misma en lo

minúsculo y en lo

grandioso. Una vez

conocida la materia

por el hijo de la

tierra, querrá saber

de la inmateria,

de su invisible y

allí, me hallará.

MCCCXIII

MCCCXIV

MCCCXV

 

Todo saber de mí

proviene y el hijo

de la tierra ha de

alcanzar su saber

pleno cuando a mí

llegue. Antes sólo podrá

vislumbrarlo entre las

sombras de su ignorancia.

Lo que de saber llegue

al hombre en su vida,

de mi es. Nada de

lo sabido por el hombre

se perderá. Su luz

alumbrará a otros.

 

No busques en la senda

del error, pues sólo error

hallarás. No busques en

el camino de la ignorancia,

pues sólo ignorancia hallarás.

No busques en el camino

del Mal, pues sólo mal

hay. No busques donde

nada hay, pues nada

hallarás. No busques en

el hombre lo que el

hombre no posee, pues sólo

hallarás vacío. No busques

en el corazón humano lo

que no pueda dar ni

ofrecer, pues no reconfortará

tu sedienta alma. Donde

no hay Bien, sólo hallarás

indiferencia o mal y donde

no hay saber, sólo error e

ignorancia verás. No busques

beneficio en la duda que

envuelve las conciencias y

las voluntades, pues sólo

hallarás el fruto podrido

de tu mentira y sólo

obtendrás la seguridad

de tu mal. Busca a tu

Espíritu de Bien y Verdad

en tu espíritu y me hallarás

a mí, y al hallarme, lo

habrás hallado Todo.

 

Almas sedientas de

esperanza recorren los

caminos del mundo.

Son, han sido y serán

presas fáciles de los

embaucadores sin piedad

que buscan su provecho.

Los hijos de la tierra

han de saber que  mi

Verdad y mi Bien

a todos alcanza y

Todos la llevan en sus

corazones. Nada pueden

ofrecer los que sólo

usan de su mentira

y de su maldad y

pretenden usar su

espíritu de bien y

verdad en su beneficio,

ellos serán prisioneros

de su mentira y la

duda mortificará su

razón de bien. A ellos

les costará más hallarme,

ya que su mentira

sembrará de dudas su

alma.

 

MCCCXVI

MCCCXVII

MCCCXVIII

 

No me hallará el hombre

que me busque en las

palabras engañosas de otros

hombres, pues yo no estoy

en la mentira, yo soy

La Verdad de lo Cierto

y tanta es mi Verdad

como seres y no seres

hay. El que me quiera

hallar, habrá de buscar

en la Gloria de su

corazón anhelante de mi

y mi Palabra que a él

llega, soy yo, pues yo

soy mi palabra para

el hijo de la tierra

y quien me alcanza

a oír, sabe mi palabra

y sabe de mi. Los

hombres que me usan

para encantar las mentes

débiles de otros hombres

y sacarles provecho, no

creen en mi, ni en mi

palabra, ellos sólo creen

en su provecho y beneficio.

Esos hombre serán los

últimos en hallarme,

ya que no verán mi Luz

en las tinieblas de su alma.

 

Quien tiene que hablar

habla, quien tiene que

escuchar, escucha, quien

tiene que hacer, hace,

quien tiene que recibir

mi palabra, la recibe,

quien tiene que saberla,

la sabe, todo tiene

su fin y todo fin

tiene su principio.

Nada de lo que el

hijo del hombre

hace, dice, piensa

u oye, es señalado

por él, sino por mí.

Su voluntad y su

conciencia de bien

me seguirán, su

voluntad y conciencia

de mal, lo apartarán

de mí: Yo señalo,

él elige.

Muchos son los que me oyen

y pocos los que me escuchan.

Muchos son los que de mí

saben y pocos los que de mí

son.  Muchos son los que

se dejan convencer y pocos

los que de verdad me siguen,

ya que no se convencen

de mi. Cuando el hombre

siga su camino de bien

y de verdad, seguirá

mi camino, cuando

el hombre se aparte de

él, se parta de mí.

Yo estoy en ese lugar,

y ese lugar es la gloria

para el hombre que la

busque en sí y la siga

en mí.

MCCCXIX

MCCCXX

MCCCXXI

 

Hijo de la tierra: No

escuches las palabras

engañosas de los hombres,

sino las mías. No

sigas las mentira de los

que viven de ella, sino

mi Verdad que Es.

No sigas los pensamientos

torcidos de otros, sino

los tuyos rectos y verdaderos.

No pretendas vivir

la vida de otros, sino

la tuya, ya que a ti

pertenece en sentido

de bien y verdad. 

 

Quien no cuida su vida,

no cuida el objeto de

mi Bien. Quien daña

su vida, desprecia mi

don hacia él al no

poder soportarla por no

seguir mi camino,

aunque sea de dolor

y sacrificio para él:

No hay vida sin

objeto, ya que toda

vida del hijo de la

tierra, viene a mí y

de mí viene.

No hay dolor que a mí

no llegue. No hay

desesperanza que yo

no sepa. No hay

tristeza que yo no

perciba. No hay angustia

ni pena que yo no sienta.

Todo lo que hay en

mí, es, yo soy El

Todo  y la Nada y en

mí Todo es.

MCCCXXII

MCCCXXIII

MCCCXXIV

 

Claman los perdidos

en medio de la llanura

infinita. Nadie parece

escuchar ni siquiera

el eco de sus lamentos.

La agonía de los

sin rostro, estremece

las entrañas del vacío.

Sólo cuando ellos sean

de mi, yo seré de ellos.

Sólo cuando ellos se

entreguen a mi, me

tendrán: Mi Bien nunca

abandona a los que

de mi son.

 

 

 

Tan invisible como

el amor que disimula

su presencia para no

ser descubierto y se

deja entrever en gestos

y miradas, así es

mi presencia en el

hijo de la tierra,

él me ve y no me

mira, él me oye

y no escucha, él

me siente y no lo

aprecia, él me ama

y no lo sabe, él

disimula mi presencia

en sí, él trata de

no ser necesitado

de mi: Su soberbia

lo aparta de mi y

su cobardía lo aleja

 

Hay un camino de fe

que surge del corazón

y otro que proviene

de la razón, ambos

caminos surgen de mí

y son iguales, ya que

a mi se dirigen.

Nada es capaz de

enturbiar la claridad

de mí que a mí

viene y esa claridad

es la fe que guía

al hijo de la tierra

de su esperanza a

mí.

MCCCXXV

MCCCXXVI

MCCCXXVII

 

Yo no di al hombre

preceptos, ya que ya

los lleva en su corazón

y en su razón. El

hombre de fe me

busca en la llama

de su esperanza eterna

y en la luz equívoca

de su razón. En su

ignorancia, une lo humano

con lo que de mi es

y conforma lo que es

de él y cree que es

de mí. Yo no di

formas ni significados

ocultos, pues en mí

todo es claridad de

fe y de esperanza. Yo

no di ceremonias

ni sacrificios, sino

sólo señalo un camino

que a mi viene y ese

camino lo lleva el

hijo de la tierra en

el Bien de su corazón

y en la Verdad de su

alma. Ese camino

a mí, es el Espíritu

de Bien y Verdad.

 

Nace el hombre puro

como las aguas del

río que nace arroyo

en la montaña. Su

alma es tan limpia

como es limpia el

agua pura. Y como

el río que al descender

al valle va recogiendo

impurezas, así el hombre

en su recorrido de vida

recibe y toma la materia

que enturbia su alma

y daña su ser. El

hijo de la tierra que

llegue a mi, habrá

de librarse de las

impurezas del camino

y volver a ser el

alma pura que fue,

el alma pura que es.

 

No lo envié para que

sufriera por el hombre,

sino que el hombre

lo hizo sufrir. No lo

envié para morir por

los hombres, sino que

los hombres lo mataron.

No lo envié para que

los hombres vieran sólo

sus signos y mis señales,

sino para ser escuchado

y amado como él y

yo os amamos. No

lo envié para que fuese

ignorado y odiado,

sino para que fuese

conocido y amado.

No lo envié para que

el hombre ignorase,

sino para que supiera

de mi a la Luz

de su Bien y su

Verdad. No lo envié

para que brotase

el mal de los hombres,

sino para que venciera

su bien y que se uniera

a mi Espíritu de

Bien y Verdad.

Lo envié para acercar

al hombre a mi y

para alejarlo del mal

que elige. No lo envié

para evitar al hombre

su camino de mal,

sino para que eligiera

su camino de bien.

No lo envié para que

el hombre devolviese

sólo bien por bien,

sino para que perdonase

y diera bien por mal.

Lo envié para que

su amor, mi amor,

fuera conocido por

el hombre. Yo lo

envié para que os

fuera mostrado el

bien del Bien y para

que el hombre se

sintiera más cerca

de mi. 

 

MCCCXXVIII

MCCCXXIX

MCCCXXX

 

Todo saber ha de extenderse

como el aceite sobre

el mar de la duda.

Nada de lo que el hombre

conoce le pertenece y

no debe guardarlo para

sí, sino darlo a conocer

entre los demás hombres

y así mitigar el sufrir

de su ignorancia. Sólo

debe guardarse lo que no

deba decirse, lo que pertenece

a su particular e íntimo

afecto o defecto y lo puede

dejar en inferioridad

ante los otros hombres y

por ello, ser sujeto y objeto

de su maldad e ignorancia:

El saber ha de saberse.

 

Igual que cambia el color

del cielo y de la tierra

y de las aguas, ante los

ojos del hombre, cambia

el color de los días y

de las noches y cambia

el mismo hombre. Todo

lo que existe es y todo

lo que es, es sujeto de

cambio. El hijo de la

tierra ha de saber que

igual que un día se

acuesta enfermo y se

levanta sano por la

mañana, sin poder

explicarse ni lo uno

ni lo otro, su mismo

espíritu cambia y lo

que hoy no es capaz

de comprender o saber,

mañana lo comprenderá

y sabrá. Así está

escrito: Todo lo que

no sabéis, lo sabréis,

y todo lo que no

comprendéis, lo

entenderéis.

 

Caminan los hombres

por senderos aislados,

por senderos solitarios,

por caminos sólo hechos

para ellos, quieran o no,

sólo por haber nacido.

El hijo no podrá

vivir la vida del

padre, ni el padre

la del suyo. El hermano

seguirá otro camino,

sólo hecho para él,

que su hermano igual.

MCCCXXXI

MCCCXXXII

MCCCXXXIII

 

No hay dos vidas iguales,

ni dos caminos iguales.

Cada uno habrá de

conformarse con el

señalado para él y

sólo él deberá recorrerlo

hasta su final en mi.

El hijo de la tierra

ha de saber que aunque

sea solitario, duro e

inhóspito su caminar,

mi mano invisible

le acompaña y lo

levantará cuando

tropiece y caiga: Hay

un camino distinto

para cada distinto.

 

No des importancia a nada,

pues nada es para siempre.

Todo lo que es, agotará

su plazo y será algo

distinto a lo que fue.

Quien me busque con

el deseo de su alma,

me hallará, su anhelo

se mitigará y mi

palabra llegará a él

y mitigará el hambre

y la sed que lo consume.

Mitigará a su espíritu

pero no lo saciará, ya

que nada de lo que es

y existe se sacia de

mí.

El ser que sigue su

camino no es dueño

de la senda que camina,

ni siquiera es dueño

de la insignificante huella

que su paso deja. Sí es

dueño y elige la dirección

de su paso y su paso

mismo. No engaña a

ningún ser la realidad,

sino el deseo que de

ella se hace, y ese deseo

hace que se mienta

así mismo y obre en

error de sí.

MCCCXXXIV

MCCCXXXV

MCCCXXXVI

 

Los Espíritus de Luz tomarán

mi Luz, mi Palabra, y

la llevarán al corazón

de los hombres que la

ansíen. Por ellos no

quedará un rincón de

la tierra sin la Luz

de mi Verdad, sin la

Luz de mi Bien. Mi

Palabra llegará a los

desnudos y fríos corazones

de los hijos e la

tierra y los vestirá

y abrigará con el calor

de mi dicha y la

Verdad de mi Bien. No

habrá penumbra

ni tiniebla que no

sucumba a mi Luz,

que no se deje guiar

por la verdad de la

Verdad, por la razón

de la Razón, por la

bondad de mi Bien.

El futuro del hombre

se abrirá ante el amor

del Amor. Y los Espíritus

de Luz me portarán en

ellos.

 

Mis Mensajeros de Luz

la llevarán allí donde

la desdicha asola al

hombre, donde la desgracia

desesperanzada quiera

hacer sucumbir lo más

preciado, lo más valioso

del hijo de la tierra.

Allí mi Palabra será

escuchada y consolará

de su aflicción a los

desdichados, a los olvidados

de la mano del hombre,

allí llegará la fuerza

de mi Luz y devolverá

la esperanza y mi

consuelo eterno.

Tu alma no se perderá

en el vacío de las sombras

eternas, mi Luz detendrá

tu caída y en ella llegarás

hasta mi Gloria, llegarás

hasta mi. No temas tu

caída, pues mi Luz la

detendrá, pues mi Luz

es la Luz de mi Amor

y a todos acoge. No

temas al venir a mi,

no caerás en el pozo

infinito de las sombras,

mi Luz rescatará tu

alma y tu espíritu

yendo a ti, vienes a mi.

MCCCXXXVII

MCCCXXXVIII

MCCCXXXIX

 

Yo soy la venda que cubre

la herida de tu alma,

Yo soy el remedio de

tu mal. Conmigo el

Mal desaparece, pues yo

soy el Bien del Bien y

Todo en mi es Bien y

Verdad: Mi Amor a todos

acoge.

 

Quien no quiere ver

ni oír, caminará ciego

y sordo por los caminos

del mundo y aún más

allá. Sólo si abre sus

ojos y oídos a lo que

de mi hay en él, podrá

sentirme en él, en lo

profundo de su misterio

absoluto. Podrá saber que

yo soy de él y él de

mi.

 

Gracias Señor por alumbrar

para mi mis torpes pasos

de ciego. Gracias Señor por

alzarme cuando caigo.

Gracias Señor por recoger

este fruto de la tierra

y llevarlo hasta ti. Gracias

Señor.

MCCCXL

MCCCXLI

MCCCXLII

 

Las cavernas tenebrosas

del Mal serán vencidas

por mi Luz. Cuando

el tiempo no sea tiempo

y se acabe lo que es y

lo que fue, mi Luz,

mi Bien, resplandecerá

en Todo y lo que antes

no fue, será y lo que

fue me hallará en sí y

lo que es, lo que fue y

lo que será, lo será en

mi. Todo volverá a

su Ser, Todo volverá a

mi: La Gloria de mi

Bien a Todo alcanza.

 

En las oscuras cavernas

del alma perdida, brilla

el rayo latente de la Luz

de mi esperanza que

será capaz de iluminar

la desolación más amarga

de las tinieblas del Mal.

La Luz eterna de mi Amor

será la Gloria de mi Bien

y la Gloria tomará el bien

eterno del alma perdida

y lo llevará a mi: Lo

que de mi es, a mi

volverá.

 

Igual que se retuercen

las llamas de la hoguera

ante el viento cambiante

se retuerce el espíritu

del hombre ante la duda de

su alma. Sólo se calmará

ante el Saber del Bien

Eterno que llegue a él.

MCCCXLIII

MCCCXLIV

MCCCXLV

 

Busca el hombre perdido

en su nada, encontrarse

en su algo, en su todo,

para llegar más allá de él,

más allá de su barrera

invisible y reconocerse

en su siempre esperado,

en su esperanza esquiva,

en su camino encontrado,

en su verdad hallada,

en su verdad perdida.

 

Igual que la tenue Luz

del amanecer, acaba

por deshacer las tinieblas

de la noche y se abre

a la claridad del día,

así el hijo de la tierra,

vencerá su tiniebla y

se abrirá a la Luz de

mi esperanza eterna.

Más igual que el día

pierde su luz y se cierra

a la oscuridad de la

noche, así el hijo de la

tierra volverá a la tiniebla

de su ser y se cerrará a

cualquier esperanza más

allá de su ser. La oscuridad

más tenebrosa se abatirá

sobre su alma, y no será

capaz de ver lo que le rodea.

Más de nuevo mi Luz lo

rescatará de su tiniebla y

será capaz de ver, lo que

no ve y sentir, lo que su

alma le desea de mi.

Y en la noche más tenebrosa

y oscura, por encima de

las nubes que los ocultan,

mis astros y estrellas le harán

llegar mi esperanza de eternidad

infinita. Mi Luz que no

cesa.

 

Como el día se pierde

en la noche y la noche

se acaba en el día,

el corazón cambiante

del hombre se busca

y se olvida de sí, me

busca y se olvida de

mi.

MCCCXLVI

MCCCXLVII

MCCCXLVIII

 

Muchos son los hombres

que dicen hablar por mi,

ellos no pueden hacerlo

ya que no escuchan

sus conciencias de bien

ni a su espíritu de bien

y verdad, ellos hablan

por ellos y su palabra

no es la mía, es suya.

Ellos utilizan mi nombre,

el que ellos me dan, para

sus beneficios e intereses.

Mi palabra solo se vierte

en las conciencias de bien

y en los pensamientos

alados que me buscan.

Ellos dicen actuar en

mi nombre, el que me

den, y dicen conocer mis

deseos y pensamientos y

nada más alejado de

ellos y de mi. Mi palabra

es ésta, la que doy, la

que regalo al hijo de la

tierra, al hijo del mundo

para que sepa de él y

de mi, para que no

camine a ciegas por el

sendero de su vida. Mi

palabra es la mano que

lo guía a través de

su duda y de la

oscuridad de su ignorancia.

Mi palabra es Verdad,

la única y verdadera

Verdad y quien la

escucha, me escucha a

mi y quien la ignora,

me ignora, y quien la

sigue, me sigue y quien

la ama, me ama:

Mi palabra soy yo y

yo soy mi palabra.

 

Sangra el corazón herido

por la mano cobarde

del odio y la mentira.

Sangra la razón herida

por la ignorancia que

arranca dudas a la

verdad de lo evidente.

Lloran los espíritus

amados por las almas

silenciosas de los suyos.

Gritan las voces perdidas

en el vacío de su nada,

sin ser oídas por nada

ni por nadie. La inquietud

se desangra de su olvido

y recuerda desolada que

la esperanza se tornó

duda y la duda, miedo.

El temor se apodera de

cuanto ve y oye, siente

y piensa. No hay refugio

para el mal de espíritu

y sólo queda entregarse

a las iras de la tempestad.

Ser vencido por la

desesperanza es fácil, pero

se ha de luchar o se sucumbirá

al influjo de lo pernicioso

que en ti hay, que se

apodera de la debilidad

y en ello se fortalece hasta

que el espíritu se niegue

a escuchar los lamentos

de su fortaleza herida.

No te resistas a lo

que a ti viene, cede

a lo que a ti llega.

Espera abierto a la

Luz que te llevará lejos

de lo que conoces, lejos

de lo que sabes y que

te acerará a mi.

No temas a lo desconocido,

a tu ignorado, a tu

esperado. Detrás de cada

sonrisa de esperanza

estoy yo, detrás de cada

temor está mi mano

segura. Detrás de cada

llanto está mi Gloria

infinita. Detrás de

cada desconsuelo está

mi consolación eterna,

mi dicha infinita.

No hay dolor que a mí

no llegue, no hay desdicha

que no sea vencida,

no hay injusticia que

no se ajuste, no hay

pena que en mí no

se extinga. Yo estoy

en ti para ti. Y quien

en mí está, está para

siempre.

 

MCCCXLIX

MCCCL

MCCCLI

 

Si andas entre las flores

y no las pisas. Si andas

por la nieve y no la

hundes, si andas por el

agua y no entras en ella.

Si el aire, la tierra, el

agua y el fuego son

elementos amigos y

no te alcanzan, es que

estás en mí y quien

en mí está y me lleva,

nada ha de

temer, pues nada ya

puede herirle o pesarle,

ya no es lo que era,

sino lo que es, lo que

guardaba en él para

mí y en mí para él:

Su esencia infinita.

 

En mi eterno no hay

espacio, ni tiempo ni

nada de lo que el

hombre ha visto, ha

sentido o a creído

ver o sentir. Mi eterno

soy yo y yo soy

lo eterno y quien

a mí llega, se funde

en mi eternidad

imperecedera y él mismo

lo será, él mismo

lo es.

Así como el Mal es

insaciable en sí y

nunca se conforma en

su maldad, el Bien

no cesa en su bondad

y su reflejo ilumina

la oscuridad del espíritu

del hijo de la tierra. 

MCCCLII

MCCCLIII

MCCCLIV

 

Igual que las estrellas

iluminan una a una

el firmamento y su

lejana luz llega

a nosotros, para alumbrar

a la noche más oscura,

y su luz sirve de guía

a los caminantes y

navegantes de la noche,

una a una se apagarán

y otras surgirán nuevas

y relucientes para guiar

a los extraviados de la

noche más larga y oscura

a los peregrinos de la

noche eterna, a los hijos

de la tierra que buscan

su luz de eternidad.

Y yo digo: Igual que

las estrellas se unirán

a la noche eterna, los

hijos de la tierra irán

a ella y la iluminarán

con su luz de eternidad,

con mi Luz de Bien

y la noche más oscura,

será una noche de

Luz de Paz de Luz de

Bien y Verdad, de Luz de

Amor y la noche más

oscura ya no lo será

más.

 

 

El que sólo se busca a

sí en sí, sólo a él

hallará. El que busca

en el hombre sólo al

hombre, sólo al hombre

hallará. El que me

busque en sí, me

hallará y el que me

busque en otros hombres,

en ellos me hallará.

Sólo habrá de buscar

su bien y en él estoy

y sólo habrá de buscar

el bien de los otros y

en él estoy. Yo soy

el Bien del Bien y

en todo bien estoy.

Yo soy la Verdad de

la Verdad y en toda

verdad me hallo.

Quien se aleja de su

bien y de su verdad,

de mi se aleja. Aunque

yo no me muevo de

él, él no me busca

ni me siente en sí.

Cuando regrese a mí,

en él seguiré.

 

Se retuerce el mal

sinuoso en el corazón

del hombre dormido.

Su razón se envenena

de ponzoña y su mente

le miente, ya no es

capaz de distinguir

su mal de su bien,

ni su verdad de su

mentira. Donde antes

había compasión, hay

crueldad, donde antes

había piedad, hay

indiferencia impía.

Donde antes había

piedad hacia su

hermano, hay injusticia.

Donde antes había

seguridad de bien en

su corazón, hay duda

y desesperanza. El amor

que sentía, es odio

y su paz de espíritu

ahora es inquietud

de perdición. Su fortaleza

es debilidad y nada

es capaz de satisfacer

sus apetitos sin freno.

El hombre ha de

despertar de su sueño

dormido, ha de volver

a ser el que es, el

que supo desafiar y

vencer a la maldad

que pugnaba en su

corazón de bien. Ha

de arrojar de sí la

semilla de maldad,

sin que le importe

el dolor ni el sufrimiento

que se cause. Yo

estoy a su lado y

mi mano lo elevará

hacia mí, cuando

me tienda la suya

la sentirá en él y

yo en mí.

 

MCCCLV

MCCCLVI

MCCCLVII

 

El hombre que en su

sueño perdido pierde

su equilibrio de bien

y verdad, ha de recuperarlo

y volver el rostro hacia

su luz de esperanza

eterna, su luz de bien

y verdad, su luz de

espíritu, su luz de paz,

su luz de amor, su

luz de bienestar continuo.

Ha de buscarme de

nuevo en su corazón de

bien y verdad, en su

razón de amor y en

su mente de bondad

y fortaleza. Sólo al

buscarme alejará el

espíritu de maldad

que lo pretende, de sí

y de lo que le rodee,

pues el Espíritu de Bien

y Verdad, mi Espíritu,

es el Espíritu que guía

el camino del hombre

que quiere saber de

él y de mi.

 

Igual que la noche

cede al día y el

día a la noche. Igual

que el hombre ve la

vida llegar y partir,

igual que los astros siguen

su curso inmutable,

igual que la cadencia

de la naturaleza sigue

su ritmo invariable y

todo lo que ha sido es,

todo lo que ha sido será,

y todo volverá al principio

del principio, al inicio

del inicio y todo volverá

a mi como ha sido y

como será, ya que todo

es de mi: Yo soy lo

Variable de lo Invariable,

lo Invariable de lo Variable.

No dejes que las dificultades

agranden tu culpa. Tu

estado de bien vencerá

la debilidad de tu

espíritu. Un aire fresco

y limpio llenará el vacío

de tu mal y se llenará

de tu bien.  La fortaleza

de tu bien es más

poderosa que la vergüenza

de tu mal y ella te

protegió y cuidará de

ti. Tú me llevas en ti

y yo soy invencible, por

lo que tú lo eres en mi.

El pasado ya no es nuestro,

aunque antes lo fuera.

MCCCLVIII+

MCCCLIX

MCCCLX

 

Sólo quien quiere amor, ama.

Sólo quien quiere aliviar, alivia.

Sólo quien quiere sanar, sana.

Sólo quien quiere dar, da.

Sólo quien quiera tenerme,

me tendrá. Sólo quien

quiera conocerme, me conocerá.

Sólo quien quiera mi Bien,

lo poseerá. Sólo quien quiera

oírme, me oirá. Sólo quien

quiera sentirme en él, me

sentirá. Sólo quien quiera

saber, saberme, sabrá.

 

Espíritu Creador, Espíritu

del Bien, Espíritu del

Hombre, Espíritu de la

Verdad Eterna: Yo te

llamo, dame tu Bien

para que pueda sanar

el mal del cuerpo,

el mal del alma,

el mal del espíritu.

De tu Bien sólo bien

hay, de tu Bien sólo

Bien doy, de tu Bien

sólo Bien acude a mi hermano

dañado, alivia su dolor,

cura su alma, sana su

cuerpo a través mío, a

voluntad tuya.

 

Tú que curas, no podrás

curarte, tú que sanas,

no podrás sanarte. Tú

que alivias el dolor y

la angustia de la pena,

no podrás aliviarte.

Lo que te doy no es

para tu salud, sino

para la salud de tus

hermanos, para el bien

de sus cuerpos y almas,

para el bien de sus

espíritus doloridos.

MCCCLXI

MCCCLXII

MCCCLXIII

 

Tres son los Espíritus

Universales: El Espíritu

del Mal, el Espíritu del

Bien y de la Verdad y El

Espíritu de los Espíritus,

El Espíritu Creador de

Todo lo Creado y de lo

Increado. El Espíritu de

los Espíritus es El Padre

y la Madre de lo Creado

y Todo a Él obedece y

Todo lo que es, ha sido

y será es proveniente

de Él y a Él volverá.

 

Yo soy el Espíritu del Infinito,

el Espíritu Eterno, El Espíritu

de la Luz y de las Tinieblas,

El Espíritu de los Espíritus.

En mi Todo Está y Todo

Contengo.

Hijo de la tierra, cuando

las aguas del saber o del

sentir no mitiguen tu

sed, habrás de acudir a

mí, mis aguas son claras

y sacian la sed de quien

la busca. Mis aguas son

para quien la quiere beber

y a todos alcanzan.

MCCCLXIV

MCCCLXV

MCCCLXVI

 

Señor del Bien y de la

Bondad Infinita, aparta

de mí los malos presagios

y haz dulce y leve mi

camino hacia ti. Tú,

Espíritu Eterno de Bien

y Bondad Perpetua, Tú,

Amor Infinito de lo Creado

y de lo Increado, guía

mi camino hacia ti y

haz que tu Verdad permanezca

en la debilidad de mi

espíritu. Haz que tu Bien

y Bondad resplandezcan en

la oscuridad de mi alma

y que esa, tu Luz guíe

mi camino eterno hacia

tu eternidad luminosa.

 

Igual que nadie puede

cegar al que mira y ve

con los ojos del alma,

tampoco nadie puede

matar lo invisible del

hombre, su espíritu, ya

que éste se eleva por

encima del propio

hombre y llega hasta

mí. Igual que nadie

puede enmudecer al

que habla con el corazón

o ensordecer al que oye

la voz de su interior,

ya que lo invisible y

lo inaudible no está

al alcance del hombre

que quiera causar perjuicio

a otro. Así yo puedo

escuchar la voz que no

se pronuncia, saber lo

que no se dice, ver lo

pensado y sentir en mi

el espíritu que me busca,

yo sé de él y él

sabrá de mí.

 

Yo invoco al que todo

lo Puede, al que Todo

lo logra, al que Todo

consigue. Yo invoco

al Dador Universal,

al que Todo lo Da y

Nada Pide a quien lo

pide. Yo invoco al

Perpetuo Vencedor del

Mal, a la Gloria que

no cesa, al Infinito

Bien. Yo invoco al

Principio del principio

y al Fin del fin. Por

Él Todo lograré, por

Él Todo Conseguiré,

por Él Todo podré,

Él es mi Todo, yo soy

Todo de Él.

MCCCLXVII

MCCCLXVIII

MCCCLXIX

 

Un fuego frío cubrirá

la tierra de un manto

pálido. Los hombres

temerán su fin y una

nube persistente los

envolverán. El miedo

llenará los corazones y

mirarán hacia ninguna

parte, pues todo es

igual. El sol les

devolverá la esperanza

y su calor disipará

el frío y su luz las

tinieblas. Después el

hombre olvidará su

temor y será el mismo

que es, su duda

volverá a inmovilizarlos

y sus manos se extenderán

para tomar, no para

dar. El día sucederá

a la noche y algunos

tornarán sus rostros y

sus almas hacia mí,

esos serán mis

seguidores perdurables,

mis escogidos.

 

Una neblina mortífera

cubrirá la tierra y no

se distinguirá el día

de la noche. Ya no

es tiempo de huir de

mí, sino de acercárseme

y de confiar en su

esperanza de eternidad,

no es tiempo de duda,

sino de aceptación de

la verdad, de la única

verdad que atañe al

hombre. No será el

fin del hombre sobre

la tierra, pero sí el fin

de su ceguera hacia

mí, hacia él y hacia

todo lo que le rodea.

Yo soy para el hombre,

el Bien de los Bienes,

el Dios de los dioses,

el Espíritu Universal,

el perdón de su ofensa,

el remedio de su culpa,

la razón de su bien

y el Bien de su razón.

Yo soy el que sabe

y su sabido. Yo soy

lo cerca y lo lejos,

el ahora y el siempre,

el instante y su eterno.

El hombre me habla

y él recibe de mí.

MCCCLXX

MCCCLXXI

MCCCLXXII

 

Sólo quien me invoque

con el corazón puro,

será escuchado. Sólo

quien desee el bien

para otros, hallará su

bien, sólo quien renuncie

a él, me llevará en

sí. Sólo quien una

su bien al mío, lo

obtendrá para sí y para

los demás.

 

Señor del Universo.

Creador de Todo lo

Creado: Líbrame de

cualquier mal que

me aceche y de

cualquier mal que

me llegue. Haz que

tu Bien resplandezca

en mí. Ilumina

mi camino para

que no me pierda

en la oscuridad del

Mal y cuando llegue

mi momento, llévame

a ti. Haz que tu

Bien venza a mi mal

y que el resplandor

de tu Luz aniquile

mi tiniebla.

 

No hay bien en el mal,

ni mal en el bien.

No hay mentira en la

verdad, ni verdad en

la mentira. Sólo el

que ha visto y oído la

verdad, sabe distinguirla

de la mentira. El que

sólo ha oído y visto

la mentira, cree que

es la verdad y aunque

le muestren la verdadera

y única verdad, no

creerá en ella, ya que

su alma y su inocencia

ha sido engañadas y

es incapaz de llegar más

allá de la mentira.

Grande ha de ser el

esfuerzo del Bien para

vencer al Mal y

grande ha de ser el esfuerzo

de la Verdad para

llegar al corazón de

los mentidos.

 

MCCCLXXIII

MCCCLXXIV

MCCCLXXV

 

La oscura melodía del

mal resuena en los

oídos de quienes quieren

escucharla. Su música

es tan suave como

engañosa y quien se

deja envolver por ella,

cae en su influjo de

mal. Las más bellas

y hermosas palabras la

adornan y sus gestos

parecen cargados de las

poderosas razones de la

verdad. Cuando su

música alcanza el

corazón del hombre,

pocos son capaces de

resistirla y se entregan

a su falso mensaje con

la esperanza de su

beneficio. Yo digo:

No hay beneficio en

el mal, sólo es

lo que se siente en

las profundidades de

la pureza de bien.

En el mal sólo

hay dolor y desesperanza

disfrazados de éxito

y poder. No entres ni

te dejes invadir por

la falsa dulzura del

mal, el Mal solo

quiere tu mal.

 

El mal se infiltra

sinuoso en el corazón

inocente del bien. No

se presenta con su

verdadera verdad de

mal, sino con una

falsa apariencia de

bien. Esa falsa apariencia

le facilita el acceder

al interior de bien

del hombre. Sólo la

defensa de su bien,

apartará al mal de

sí y descubrirá a los

ojos de su inocencia

su verdadera verdad.

En la oscuridad más

profunda, en la pesadumbre

de los mundos sin luz.

En el alma perdida

para siempre. En la

tiniebla de la angustia

sin fin: Estoy.

En el despertar de

una flor. En el primer

vuelo de un ave. En

la risa de la vida. En

el corazón esperanzado

del bien: Estoy.

En el espíritu contrito,

en el dolor que oscurece

la razón. En la tristeza

de lo perdido. En el

fracaso de la esperanza

en el alma fracasada.

Estoy. Yo estoy en

ti, para ti. En todo

lugar, en toda ocasión.

MCCCLXXVI

MCCCLXXVII

MCCCLXXVIII

 

En la oscuridad más

tenebrosa del alma.

En el dolor que hiere

nuestra conciencia de

bien.  En el lamento

inacabable del espíritu

perdido. En la agonía

del desesperanzado que

siente acercarse su final.

En la existencia infinita

del hombre. En la eternidad

de mi Gloria para él:

Estoy.

 

En la sombría esperanza

de la duda se abre el

amanecer de la Luz de

la Verdad Eterna, la única

y verdadera verdad capaz

de disipar la tiniebla de

la ignorancia del corazón

del hombre. Yo soy la

Verdad de la Verdad y

en mi todo lo es. El

Mal cubre con un velo

invisible la razón débil de

bien del hombre y nubla

y oscurece su luz de verdad.

La duda se fortalece en

la ignorancia de mal y se

cree certeza lo que sólo es

mentira. Muchos son los que

sucumben al engaño y ciegan

su luz de razón con la

espesa oscuridad del velo

de su ignorancia de maldad,

aunque nunca llegan a lograr

la negrura a la que aspiran.

La Luz, mi Luz, se filtra

a través de los recovecos

de su razón e ilumina su

alma de bien con la Luz

incandescente de la esperanza

eterna, con la Luz de la

Verdad Infinita, y esa Luz,

mi Luz, los llevará a

mí. Esa Luz, mi Luz

quebrará para siempre su

tiniebla. Esa Luz, mi

Luz, vencerá la desesperanza

que oprime, la desesperanza

que ciega, la desesperanza

que hace dudar. Esa

Luz, mi Luz, soy Yo.

 

La sombra oscura del mal

revolotea incansable

 alrededor del hombre.

Espera su momento de

debilidad para llegar a

él, para acceder a su

corazón de bien, para

quebrar la coraza de

su verdad y destruir la

pureza de su espíritu.

Su arma más poderosa

es la duda de la razón,

con ella derriba los muros

de protección del alma

oscurecida y tambalea la

razón de bien, la razón

de verdad. Su corazón

de bien se estremece ante

el mal y cede su verdad,

la única y verdadera

verdad de bien. Su

palabra se tornará mal

y la mentira se hará

fortaleza en él. El Mal,

el único y verdadero Mal,

se creerá vencedor y

extenderá su dominio a

través de él. Su influencia

llegará a otros hombres

debilitados en su razón

de bien. El humo oscuro

del Mal cubrirá el corazón

de muchos hombres y se

creerán su falsa verdad,

nacida del corazón de la

mentira. Mi Luz, la Luz,

disipará el viento de

maldad del corazón del

hijo de la tierra. Su

razón de bien y de verdad

se purificará a la luz

de su razón y la verdad,

la única y verdadera

 Verdad, llegará al corazón

del hombre para no irse

jamás de él. Su razón

de bien apartará para siempre

la duda insidiosa del Mal,

y la claridad será luz de

Luz, bien de Bien, verdad

de Verdad, y su espíritu

será espíritu de luz y verdad,

y esa luz y verdad iluminará

el alma del hombre con

la Luz de mi Bien Eterno,

con la Luz de mi Gloria

Infinita.

 

MCCCLXXIX

MCCCLXXX

MCCCLXXXI

 

Tres sombras se ciernen

sobre el espíritu del

hombre. La sombra

del mal y de la

mentira, la sombra

del bien y de la

verdad y la sombra

de su indiferencia

ante mí y de lo

todo que de mí

proviene. Tres caminos

que se ofrecen a los

pasos del hijo de la

tierra: El camino recto

y luminoso del bien

y de la verdad. El

camino sinuoso del

mal y de la mentira

oscurecido por la luz

oscura del Mal, por

las tinieblas de la eterna

maldad, y el camino

de la indiferencia que

envuelto en la penumbra

de su duda, vuelve

una y otra vez a su

origen en círculos cada

vez más cerrados y de

los que cada vez cuesta

más salir. Las sombras

son el influjo del

espíritu que el hombre

seguirá o no en su

voluntad de decisión

para elegir su camino,

el camino que lo lleve

a mí o le aleje, aunque

yo en él, Estoy.

 

En la pureza del bien

se haya la luz de su

camino, la razón de

su luz y la luz de

su razón, la luz de

su bien y el bien de

su luz. En la intención

de bien, en la conciencia

iluminada, en el

espíritu de bondad que

sobrecoge de amor al

alma entregada a mi

Bien, al único y

verdadero Bien que ha

 mí llega del hombre,

el bien que a otros

hijos de la tierra

alcanza y que de su

espíritu de bondad

emana, se haya la

pureza de bien de su

corazón, la pureza

que a mí llega de

él, la pureza de bondad,

y esa pureza es él, es

su esencia de bien, es

su esencia de mí.

Para invocar mi Bien,

ha de hacerse con pureza

de intención, con pureza

de bien, con pureza

de corazón y con pureza

de espíritu. Sólo así,

el hijo de la tierra

que invoque mi Bien,

podrá acceder a él, podrá

acceder a mi Bien, podrá

llegar a mí: Es mi

condición de Bien.

MCCCLXXXII

MCCCLXXXIII

MCCCLXXXIV

 

Mis mensajes soy yo

y yo soy mis mensajes

ya que en ellos está

mi Palabra, estoy yo.

Quien escuche mis

mensajes con su corazón,

me oirá. Quien quiera

verme, en ellos me verá.

Quien quiera sentirme,

en ellos me sentirá.

Quien quiera saber de

mí y de él, en ellos

me sabrá y sabrá de

él.

 

Mírame con ojos de niño,

óyeme con oídos de niño.

Siénteme con corazón

de niño. Búscame con

ilusión de niño. Quiéreme

con amor de niño. Ven

a mí con tu pureza

de niño. Así podrás

verme, oírme, sentirme,

encontrarme y amarme

con tu espíritu libre,

bueno y valiente de

niño.

Conmigo no hay desamparo,

conmigo no hay soledad,

conmigo no hay tristeza,

conmigo no hay miedo,

conmigo no hay incertidumbre,

conmigo no hay indiferencia,

conmigo nada es irremediable,

conmigo nada es definitivo.

Conmigo siempre estarás contigo.

Conmigo tú, siempre serás tú.

MCCCLXXXV

MCCCLXXXVI

MCCCLXXXVII

 

En el dolor que atormenta

al hombre hasta lo profundo

de su ser, Estoy. En el daño

causado a lo más querido

por el hijo de la tierra,

Estoy. En la enfermedad

que aniquila, Estoy. En

la muerte que sobrecoge

el ánimo de quienes

la contemplan, Estoy. No

hay dolor, daño, enfermedad

o muerte, donde no esté.

Yo estoy en todo lo que

hay, ha habido y habrá.

No hay lugar en el

universo, por pequeño o

inmenso que sea, donde

no esté, donde no me

halle. No hay espacio

visible o invisible, donde

no esté. No hay vida

o no vida, donde no

me halle: Yo estoy en

todo, yo soy todo.

 

El hombre que hiera

o dañe a otro hombre,

me hiere o daña a mí,

ya que yo estoy en él

y en su hermano. El

hombre que hiera o dañe

a otro ser, me hiere o

daña a mí, ya que yo

estoy en el otro ser. El

hombre que dañe la materia,

me daña a mí, ya que

yo estoy también en ella.

Sólo si el hombre hiere

o daña a seres vivos para

su subsistencia, no me

dañará ni herirá. Sólo

si el hijo de la tierra

daña la materia para su

bien, no me dañará.

Si el hombre daña o hiere

a otro hombre, siempre me

herirá y dañará a mí.

Todo bien que el hombre

haga a otro hombre, a

otro ser, a mí llegará,

ya que yo estoy en

ellos y su bien a mi

Bien, llega.

MCCCLXXXVIII

MCCCLXXXIX

MCCCXC

 

No temas enfrentarte

al mal, yo estoy

a tu lado en todo

momento y así me

sentirás en ti. Si sientes

tus fuerzas flaquear

ante los ataques del

mal en ti y contra

ti, invócame y saldrás

vencedor de toda lucha,

de todo mal. El

Espíritu de tu espíritu

te dará la fortaleza

que tu debilidad precisa.

 

Tu dolor es mi dolor,

tu bien es mi Bien,

tu mal es sentido

en mí. Tu sufrimiento,

me llega. Tu debilidad

me tiene en ti. Tu

duda desvelo en mi

certeza infinita y eterna:

Lo que es, no necesita ser.

 

 

Creador de la Piedad

y del Consuelo: Apiádate

de mi maldad, hazme

digno del consuelo de tu

perdón. Apiádate de mi

duda que no es sino

ignorancia grave de ti,

ignorancia de mi. Apiádate

de mi culpa, de mi

debilidad y flaqueza,

apiádate de mi. Consuela

mi dolor, mi angustia

y la pena que oprime mi

corazón. Apiádate de mi

miedo, pues todo temor

es duda de ti, duda

de tu Gloria infinita

y eterna. Apiédate de

mi desesperanza y consuela

el miedo a la noche

eterna, a la muerte sin

final en ti, que sobrecoge

la debilidad de mi espíritu

humano: Apiédate y

Consuélame, pues tú eres

la Piedad y el Consuelo.

 

MCCCXCI

MCCCXCII

MCCCXCIII

 

Deshaz mi miedo,

mi temor al infinito

eterno de la muerte.

Haz que disuelva en

su cielo las nubes

negras y resplandezca

su azul de esperanza.

Que la duda abra

paso a la certeza de

tu Verdad y que la

angustia de mi

corazón se diluya

ante la Luz de tu

Bien. Que mi razón

sepa lo que ignora

y cuando llegue mi

momento no sienta

temor ni miedo al

vacío eterno, sino

esperanza de tu Luz

y deseo de tu Gloria.

Que la ausencia

de la nada se llene

con tu Presencia de

Luz y Amor y yo

esté contigo.

 

 

Hijo de la tierra: no

dejes que la cólera

inunde tu espíritu, ya

que todo lo concerniente

al hombre es tan

cambiante y efímero

como él mismo.  No

dejes que la ira nieble

la luz de tu razón, ya

que toda ira es soberbia

de corazón y a nada

lleva. No permitas que

el miedo enturbie las

aguas claras de tu alma

con las sobras de su

duda, pues donde irás

no hay tiempo ni espacio

para el temor o la duda.

No dejes que la desilusión

nacida de la desesperanza,

obligue a las fibras de

tu ser a seguir otro

camino que el que debe

transitar, el que lo lleva

a ti, el que lo lleva

a mi. No permitas

que el dolor angustioso

del final de tu vida,

ciegue tu sendero de

luz, el que te lleva

al origen de tu ser.

No dejes que la agonía

de tu certeza final te

aleje de lo que ves

sin ver, de lo que oyes

sin oír, de lo sientes

sin sentir, de lo que

ya sabes por encima

de cualquier otro

saber, lo que ya sabes

de ti y lo que ya

sabes de mí: No

permitas que la mentira,

que tu mentira se

sobreponga a la verdad,

a mi Verdad, a tu

verdad: No dejes de

estar en ti, en mí.

 

No hice al hombre

para que se arrastrase

por el fango de su

miedo, ni para que

gimiese por su suerte.

No hice al hombre

para que ambicionara

el mundo, ni para que

se conformara con un

mismo vivir. No hice

al hombre para que

envidiase a su hermano

y menos aún para que

le deseara algún mal.

No hice al hombre

temeroso de sí, sino

conforme de él y de

lo que le rodeara. No

hice al hombre para que

dañase su mundo, sino

para que lo utilizase en

su beneficio sin perjuicio

hacia él. No hice al

hombre para que odiase,

sino para que respetara

y amara lo que a su

alcance puse. No hice

al hombre para que

viviese en soledad de

otros hombres, sino en

su compañía. Hice

al hombre para que se alzara

sobre sí y caminara

erguido y lo doté de

cualidades y deseos

únicos entre los demás

seres. No dejé al

hombre solo a su suerte,

sino que lo acompañé

desde su vivir a su

existir. No hice al

hombre para que ignorase,

sino para que supiera

de mí y de él. No

hice otro ser, sino hice

al ser, y lo doté para

que así fuese y actuase

en su vida conforme

a él, conforme a mi

obrar en él, conforme

a mí.

 

MCCCXCIV

MCCCXCV

MCCCXCVI

 

No dejes que la oscuridad

de la noche ciegue la

luz de su mirada. No

dejes que la tristeza

apagada de su alma,

borre tu sonrisa de bien.

No dejes que tus enemigos

te hieran con su maldad.

No dejes que la desesperanza

se apodere de tu corazón.

No dejes que la amargura

llene de hiel del dolor

tu espíritu de bondad.

No dejes que la sombra

de tu duda tape la

luz de tu verdad. No

dejes que la fría noche

de tu miedo cubra

la alegría de tu vivir.

No dejes que la bondad

de tu bien no venza

a la maldad de tu

mal. No dejes que

el peso de tu soledad

aplaste la belleza de

tu alma de bien.

 

Los espíritus de las tinieblas

eternas caminan por el

fango de su ingratitud.

No me desampares,

no los desampares.

La espesa niebla del

Mal turba las conciencias

de bien de los hijos del

Bien. No me desampares,

no los desampares. No

hay tiempo para más

dolor y desesperación.

No me desampares,

no los desampares.

Haz que tu rayo de

Esperanza llegue a las

almas que te esperan

y a las que te ignoran.

No me desampares,

no los desampares.

Creador del Universo

de la Luz y las tinieblas

no dejes que mis

sombras oscurezcan tu

Verdad. No me desampares,

no los desampares.

Haz que la duda que

atormenta y destruye

la esperanza, se diluya

en el agua cristalina

de tu Bien Eterno.

No me desampares,

no los desampares.

Tú que nunca abandonas,

acógeme en tu Luz.

No me desampares,

no los desampares.

Brillan en el cielo

las estrellas de tu

Verdad, que su Luz

guíe la esperanza de

mi alma hasta la

verdad de tu Verdad.

No me desampares,

no los desampares. 

 

En el lamento apagado

del alma indefensa, se

oye la voz de su conciencia

de bien, de su conciencia

de verdad. Si el hombre

no se deja arrastrar por

la duda que enturbia

su corazón, elegirá su

camino de bien y verdad,

su camino de razón, y ese

camino le apartará de

cualquier mal, de todo

mal, pues esa voz es la

voz del Espíritu de Bien

y Verdad, del Espíritu

de su Espíritu, de mi

Espíritu, y de ella sólo

bien a de recibir.

Si desoye mi Voz, me

desoye a mí. Si sigue

mi Voz, me sigue a

mí.

MCCCXCVII

MCCCXCVIII

MCCCXCIX

 

En el silencio de la noche

eterna sólo se oye el

gemir de las almas

perdidas, el llanto compungido

de los espíritus convulsos.

No son lágrimas ni

lamentos los que que caen en

el vacío de la nada, sino

pensamientos de miedo

y duda, pensamientos y

sentimientos que conforman

las almas sin camino.

Ellas no han de entregarse

a la desesperanza, pues mi

Luz las recatará de su vacío

y las llevará a mi: Ellas

son Yo. Y Yo soy ellas.

 

No hay mal eterno

e infinito en la existencia

eterna e infinita. Sí

hay Bien eterno e infinito

en la existencia eterna

e infinita: El Bien

prevalece ante el Mal.

No germina la semilla

sin mí, no mueve las

alas la mariposa sin mí.

No parpadea el ojo del

hombre sin mí. No giran

los astros en el firmamento

sin mí. No se abren ni

se cierran los ojos sin mí.

No se forma la materia

sin mí. No nacen los

pensamientos ni las acciones

sin mí. No hay roca,

piedra, grano, árbol, vida

o no vida sin mí. En

mí está todo, conmigo

está todo, quiera o no

quiera estar en mí.

MCD

MCDI

MCDII

 

Háblame Señor, quiero

oír tu voz invisible

en mi callado corazón.

Quero oír lo que no

oigo, quiero sentir lo

que no siento, quiero

amar lo que no amo.

Quiero creer lo que no

creo. Quiero que la luz

de tu Luz ilumine mi

sombrío camino. Quiero

que el sonido inaudible

de tu Voz guíe en mi

alma la paz de tu

Bondad Infinita, de

tu Bien Perpetuo. Quiero

que la Voz de tu Silencio

llene mi espíritu de

ti: Háblame Señor.

 

En la quietud del ocaso,

en la serenidad de la

noche tranquila. En

la calma sosegada del

mar después de la

tormenta. En los

colores cálidos del

crepúsculo. En la

pálida luz del amanecer.

En esos lugares y

momentos puede buscar

refugio el alma atormentada

del hijo de la tierra. Su

espíritu sentirá la paz

de la naturaleza que

yo le ofrezco y esa paz

redimirá los pesares

del corazón del hombre

y lo acercará a mí.

Camino sin esperanza

en un mundo de

tinieblas, Señor muéstrame

la Luz que va a ti.

No me abandones

en la oscuridad de mi

ignorancia y aléjame

de la Sombra Perpetua

que ennegrece el corazón.

Señor muéstrame la

Luz de tu camino.

Ilumina mi razón y

libera mi corazón de

amarguras. Deja que

mi espíritu se acerque

alegre a ti y se inunde

de tu Bien, de tu

Verdad y de tu Amor

Infinito.

MCDIII

MCDIV

MCDV

 

Quien duda de ti

no te sabe, no te

siente en lo profundo

de su ser. Quien duda

de ti no te alcanza

en su ceguera de

razón. Quien duda

de ti no llega a tu

esperanza eterna. Quien

duda de ti se pierde

en el sendero de su

angustia. Quien duda

de ti no te conoce.

Quien duda de ti,

sufre por ti.

 

A ti Peregrino de las

Tinieblas que caminas

por senderos de dolor.

A ti Hijo de la noche

oscura que te alimentas

de la desdicha del

hombre. A ti Discípulo

del Mal incapaz de

sentir piedad por la

desgracia que ocasionas

a tu paso. A ti maldito

entre los malditos por

el hijo de la tierra,

te digo: Bastará que

mires hacia mi para

que tu corazón sonría

y su ponzoña se disuelva

en el agua de mi

Espíritu. Libre de tu

mal, me seguirás.

 

Los Hijos de las tinieblas

no conocen la paz. Sus

espíritus se retuercen como

las llamas de una hoguera

al viento. Pero basta con

que ellos quieran llegar

a mi, para que acabe

su sufrir y sepan de

mi: Los que así quiera,

me tendrán.

MCDVI

MCDVII

MCDVIII

 

Espíritu de las Tinieblas

Eternas: Tu mal tendrá

fin y será la Armonía

Universal. El Todo

volverá al Uno y el

Fin al Principio: Yo

soy el Uno y el

Principio.

 

Voces de fuego ascenderán

montañas y bajarán

 profundas simas. Nadie

dejará de oírlas. No

habrá lugar para el

olvido ni refugio

seguro: Mi Voz a

todos llegará y todos

sabrán de mi.

 

Mi símbolo para el hijo

de la tierra es un círculo

del que emana mi Luz

de Amor que parte en

todas las direcciones

y a todos alcanza con

la bondad inconmensurable

de mi Bien.

MCDIX

MCDX

MCDXI

 

Tú que curas,  no podrás

curarte, tú que ayudas,

no podrás ayudarte.

Tú que das, no podrás

darte. Tú que consuelas,

no podrás consolarte.

Tú que te apiadas,

no podrás apiadarte.

Tú que esperanzas, no

podrás esperanzarte.

Tú que ofreces, no podrás

ofrecerte. Tú que perdonas,

no podrás perdonarte.

Tú que salvas, sí podrás

salvarte. Tú que confortas,

no podrás confortarte. Tú

que alegaras, no podrás

alegrarte. Tú que ilusionas,

no podrás ilusionarte:

Lo que no puedas en

ti, yo lo podré por ti,

pus todo lo que hay

de ti, emana de mi.

Lo que tu amas, es

amado por mi. Y lo

que tu sufras, a mi

llegará.

 

Tú verás lo que otro

no ve, tu oirás lo

que otro no oye, tú

sentirás lo que otro

no siente, porque

a ti me muestro,

a ti te hablo y a

ti siento.

Tú sabrás lo que no

saben, pues tu debes

saberlo para decirlo

a lo que no saben,

a los que no creen,

a los que no oyen,

a los que no ven

y a los que no me

sienten en ellos. A

los que me aman

sin saberlo.

MCDXII

MCDXIII

MCDXIV

 

Para qué buscas mis palabras

hijo de la tierra, ellas

resbalan en ti como el

agua en la vasija sin

dejar huella en ella y

sin alterar su composición.

Mis palabras, como el agua,

son para beberlas, para

sentir su frescor y calmar

la sed que nos devora,

son para sentirlas llegar

dentro y vivificar nuestro

cuerpo, para despertar el

fruto de espíritu de nuestra

semilla dormida y se haga

árbol de luz, árbol de bien,

árbol de paz. Mis palabras,

como el agua, llega a todas

las almas, pero sólo prenderán

en las almas deseosas de

ellas, en las almas sedientas

de mi.

Yo soy el consuelo del

afligido, el bálsamo de

su dolor, la mano

amiga que aplaca el

rencor de su dolor, la

tristeza de su pena y la

angustia de su duda.

No debe sólo el hijo

de la tierra querer

saber de mi en su

momento de desolación,

sino en todo momento,

en toda ocasión, sea el

momento alegre o triste,

festivo o amargo, de

principio o final, de

llegada o partida, pues

yo estoy en él para

él en todo momento,

en toda ocasión, yo

soy Siempre.

 

Hablo para los que son,

no para los que fueron

ni para los que serán.

Hablo para los expulsados

de los hombres, para los

que se apartan de ellos

para buscar lo que no

hallan en ellos ni en los

demás. Hablo para que

los que están ciegos puedan

ver, para los que están sordos

puedan oír, para que los

que están inmóviles puedan

moverse, para los yertos

de pensamiento, palabra

y obrar. Hablo para los

postergados, para los perseguidos

por los males, para los

que sufren en sus cuerpos y

en sus almas, para los que

ven sufrir a los suyos y

a los de los demás. Hablo

a los dolidos por las miserias

para que sean hartos en

sus necesidades y carencias.

Hablo a los tristes de espíritu

y a los alegres de corazón.

Hablo a los incrédulos y a

los esperanzados para que

sepan de mi y de ellos.

Hablo por la voz de

Espíritu a través del hijo

de la tierra, para que sea

cercano a ti y para que

el temor no nuble tu

entendimiento y oscurezca

la Luz de mis palabras.

Hablo para que los ciegos

de cuerpo y espíritu vean,

para que los sordos que

sólo oyen lo que desean

oír, oigan lo que hay más

allá de ellos. Para que

los inmóviles de corazón

lo echen a andar hacia

ellos, hacia mi. Hablo

para los que tienen su

mente cerrada por un

cerrojo de falsa razón,

para que abran la puerta

de su vida a la luz

de su bien, a la Luz

de tu Bien y de mi

Verdad, a la única Luz

que iluminará sus almas.

 

MCDXV

MCDXVI

MCDXVII

 

Hablo por boca del hombre

pues al hombre va dirigido

mi mensaje. Quien quiera

oír, oiga, quien quiera ver,

vea, quien quiera saber,

sepa, pues yo hablo al

corazón sediento del hombre

que me busca para beber

de mi agua infinita y

eterna, y él será saciado

y jamás necesitará beber

de otra agua, pues mi

agua es agua de vida

para siempre, agua de

Luz, agua de Amor,

agua de Esperanza y

agua de Mí.

La esencia de los cuerpos

no volverá a ellos, pues

ya no los necesitan para

venir a mí.

 

El que siga mi Luz

no andará a ciegas,

el que oiga mi palabra

en su corazón y la

albergue en su espíritu

y la medite con la

inteligencia de su razón,

la seguirá y con ella

me seguirá a mí. El

que mire lo que sus

ojos le muestran y vea

lo que de verdad hay,

sabrá lo que ha de saber,

de él y de mí. El

que sienta en todo su

ser la necesidad de mí,

me llevará en él y lo

llevaré  a mí. El que huela

el aire perfumado por el

bien de los hombres y lo

haga suyo, exhalará su

perfume de bien y su

aroma extenderá el bien

a su paso. El que apague

la sed de su alma con

mi agua, la sentirá

fresca y limpia en su

interior y podrá ofrecerla

a los sedientes de mí.

El que sienta en sí el

dolor ajeno más que el

suyo, podrá aliviarlo

con la fuerza bondadosa

de su espíritu de Bien.

El que llore en su alma

por los sufrimientos de otro,

también reirá con sus

alegrías, y él y el otro

serán uno, serán hermanos

de sentir y nada separará

lo unido. El que me vea,

me oiga y me sienta en

su interior y en lo que le

rodea, me lleva en sí

para siempre y, yo sé

de él.

 

MCDXVIII

MCDXIX

MCDXX

 

Nada se oculta a mí,

ni el más recóndito

pensamiento, ni la

intención más escondida.

No sólo sé de la luz

de tu corazón, sino de

su oscuridad. Sé lo

que haces y lo que sientes,

sé de tu verdad y de

tu mentira, de tu valor

y de tu miedo. Sé lo

que te aleja y lo que

te acerca a mí, a ti.

Sé que tu bien vencerá

y que tu duda no lo será. 

El que ama a otro ser

me ama a mí, pues

todo amor, todo bien,

viene de mí. El que

odia a otro, me odia

a mí, pues todo odio

va contra mí. El que

perjudica a otro, el que

daña a otro ser, lo hace

contra mí, pues todo ser

de mi procede. Todo

bien que se hace se vuelve

bien, todo mal que se

hace se vuelve mal.

 

Mi Luz no ilumina la

superficie de los cuerpos,

como la luz de los astros

del firmamento, sino que

ilumina también su interior.

Mi Luz es luz de Amor que

a todos los seres alcanza, ya

que son de mí. Mi Luz soy

yo, yo soy mi Luz. Quien

mi Luz rechaza, a mí

me rechaza, quien mi Luz

acepta y acoge, a mi me

acepta y acoge. Y mi Luz

señalará su camino de

Bien. Y mi Luz lo

llenará de mí. Y mi

Luz lo llevará a mí.

 

MCDXXI

MCDXXII

MCDXXIII

 

Yo soy la Luz de mi

Luz, Luz imperecedera

que acoge a lo creado.

Sin mi Luz nada es,

pues a todos y a todo

llega. Todo orden es orden

de mi Luz y todo

desorden es no aceptación

de mi Luz. Su rechazo

conlleva el caos en el

espíritu de la materia.

Todo caos significa la

destrucción de lo hecho

por mi: Todo volverá

a su inicio, a mí.

 

A ti Peregrino de Luz

que buscas incansable

la esencia de tu ser,

la Verdad de mi Ser.

A ti alma dolorida

por las espinas del

mundo, que buscas

curar tu herida y

que cese su sangrado.

A ti que me hablas

de la oscuridad

de tu alma y buscas

mi consuelo. A ti que

caminas por los senderos

 invisibles de tu mente

y buscas más allá de

tu razón la razón

de tu razón y la

Razón de Mí. A ti

espíritu humano que

vagas perdido en tu

prisión de hombre y

buscas desconsolado

la luz de tu existencia.

A ti luchador de

la vida que no temes

perder y que buscas

mi victoria de eternidad.

A ti caminante de

tristezas que no te

dejas vencer por el

desánimo y buscas

llegar a la meta de

la perfecta armonía

de mi Ser. A ti

soldado de la vida

luchador en mil batallas

invisibles que buscas la

victoria eterna en mí.

A ti hombre, hijo de

la tierra que vislumbras

mi Verdad entre las

brumas de tu mente

y buscas que te sea

mostrada por mí,

por el Que Puede

hacerlo. A ti que

proteges y cuidas al

desvalido, al necesitado

de ti y de mí y que

buscas el bien en su

desamparo, tendrás

mi Bien, me tienes

a Mí en él: Todos

seréis hartos, todos

me hallaréis en los

demás seres y en

vosotros mismos, pues

en Todo estoy y de

todos soy. Yo soy

El Todo y la Nada.

A ti que me buscas

entre la neblina

de tu alma dolorida,

te guiaré hasta mí

eternidad y tu Bien

no tendrá fin.

 

El que no habla

lo ha dicho todo:

Faltarán las estrellas

a su noche. Temblarán

de frío las tinieblas.

Lo hecho se deshará

como sal en el agua.

El sol apagará su luz.

Y una lluvia de muerte

acogerá al mundo.

No habrá refugio para

vencedores ni vencidos.

Y todo volverá a

su silencio.

MCDXXIV

MCDXXV

MCDXXVI

 

Un viento frío recorre

la tierra desolada.

Sólo quedan cenizas

de lo que fue. Nadie

contemplará su ruina,

ya que no quedan ojos

que la vean. Olas de

piedra líquida se

abaten contra las

montañas. Ríos rojos

recorren los llanos,

nada detiene su

furia. Sólo el viento

helado es mudo testigo

del acontecer.

 

Nubes de fuego descienden

sobre la tierra calcinada.

Crujen las entrañas de

la tierra y despiden su

hervor. Toda vida ha

sido saqueada, nada

queda de lo que fue.

Del cielo caen lágrimas

de fuego. Fuerzas destructivas

pugnan entre sí: La

piedra será polvo, el

fuego humo. Todo estallará

y se repartirá en el

firmamento: Y El Silencio

habló.

No debe albergar temor

ni duda el hijo del

hombre, el hijo de la

creación, el hijo de la

tierra, pues para él no

habrá fin, sino que habrá

llegado a su momento

de unión, a su momento

de Gloria infinita y eterna,

a su momento de mí:

La espera de su esperanza

habrá acabado en mí. Su

estado será el de infinita

eternidad en mí.

Todo está en el Uno.

MCDXXVII

MCDXXVIII

MCDXXIX

 

Búscame y me hallarás.

Mírame y me verás.

Siénteme y me tendrás.

Óyeme y me sabrás.

Yo estoy para ti, yo

soy para ti, para que

puedas verme, oírme,

sentirme y tenerme,

sólo tendrás que mirar

lo que no ves, oír

lo que no oyes, sentir

lo que no sientes y

amar lo que no amas.

Yo estoy en ti para

ti. Yo soy todo lo

que te rodea, todo

lo que ves, todo lo

que sientes, todo lo

que ames. Yo soy

todo lo que ver, sentir,

oír, amar o saber.

No busques fuera de mí,

pues fuera de mí nada

hay. No busques lejos de

mí, pues nada hay.

Busca en mí y allí

me hallarás. Yo estoy

en lo más pequeño y

en lo más grande y

en todo lo demás, y

si quieres saber de mí,

si quieres hallarme, habrás

de buscar en mí, habrás

de mirar en ti y allí

en todo tú, estoy.

 

No busques en el hijo

de la tierra lo que él

no puede darte, lo

que tu corazón necesita

y tu alma ansía. Si

quieres saciar tu hambre

y apagar la sed que te

consume, sólo a mi

debes acudir, pues yo

soy agua de vida eterna

y alimento de saber y

quien beba y coma

de mi, jamás volverá

a conocer la sed que

abrasa el espíritu y

nunca conocerá el

hambre de la ignorancia

que asola a las almas

que me ignoran y que

no quieren saber de

mi: sólo me hallará

quien quiera hallarme

y sólo me encontrará

quien quiera encontrarme.

Sólo el que me busque

con todo su espíritu y

todo su ser, sabrá

de mi.

 

MCDXXX

MCDXXXI

MCDXXXII

 

El hijo de la tierra

que me halla en su

corazón de bien, nada

temerá, pues sabe y

conoce que yo estoy con

él, que yo estoy en

él. Y quien me sabe

en sí, nada más

necesita, pues todo

en mi lo posee

Igual que aletea

el pájaro, ansioso

por probar sus alas,

así se alegra el

corazón del hombre

cuando sabe de mí,

cuando sabe de él.

 

Sólo llega a saber el

hijo de la tierra que

me sienta en su corazón

y me vea en todo lo

que contemple, sea vivo

o no, sea animado de

alma o no. Y llegará

a la bondad de bien

de su corazón, cuando

me vea y sienta en

cada hermano, en

cada ser vivo, sólo

entonces sabrá y sentirá

que yo soy él y él es

yo. Y entonces amará

todo lo creado por mí

para él. Y entonces

me amará en lo

más profundo de su

ser. Y entonces se

amará en lo más

profundo de sí,

en mí. Y entonces,

sólo entonces, se

unirá a mí en

vida.

 

MCDXXXIII

MCDXXXIV

MCDXXXV

 

Caminan altivos los hombres

que sólo serán una sombra

de sí mismos, un recuerdo

pasajero. Miran a su paso

con la antigua mirada el

Mal, mientras se creen superiores

a todo lo creado. Sus almas

no conocen la piedad y se

vanaglorian de su suerte. Sin

embargo, nada les pertenece,

su vida y su destino son

míos y hasta el más simple

de sus gestos es conocido

antes por mi. Su tiempo

se acaba y su rastro en el

mundo no llevará a lugar

alguno. Nada puede detener

el curso del tiempo: La eternidad

infinita espera. Sus vidas

 sólo serán espejo de sus almas

en el que habrán de verse

antes de partir.

 

¿Quién soy yo?, se

pregunta el hijo de

la tierra, lleno de la

inquietud de su

ignorancia. ¿Quién

soy yo?, se dice, mientras

contempla la fragilidad

de su esperanza. ¿Qué

será de mí y de los

míos?, se interroga, mientas

la duda resquebraja

su certeza. Ha de saber

el hombre, que forma parte

del espíritu del mundo,

del espíritu de la creación,

de mi espíritu. Y todo

lo que de mi procede,

a mi volverá.

Nada puede la sonrisa

torcida del mal, ante

la dulzura del bien. Nada

puede la propia maldad

del Mal, ante la infinita

bondad de mi Bien. Nada

puede la oscuridad de la

noche, ante la claridad

del día. Nada puede la

amargura del pesimismo,

ante la felicidad de mi

Bien. Nada puede la

desesperanza de la duda,

ante la firmeza segura

del acontecer eterno, de

la dicha infinita. 

MCDXXXVI

MCDXXXVII

MCDXXXVIII

 

No hay vida más allá

de la vida, ni muerte

más allá de la muerte.

Hay existencia eterna,

existencia infinita para

todo lo creado. Existencia

en mí, para los que así

lo quieren y desean y

existencia fuera de mí,

para los que así lo

demanden.

 

Sólo muere la materia

no la vida que la sustenta,

pues esta no es materia

y lo que no es materia

viva no puede morir.

La vida que alberga

la materia es eterna

e infinita para el

hombre. Toda la materia

viva, muere, más lo que

no es materia no, ya

que existe y existía

antes que la materia

que la cobija y existirá

fuera de ella. En esa

existencia sin cuerpo,

en esa existencia sin

materia, estoy. La

vida sin materia

es existencia y esa

existencia está en

mí.

 

Qué será de mí cuando

la vida abandone mi

cuerpo, se pregunta el

hijo de la tierra en su

desolación. Y yo digo:

Tu vida eres tú y tú

eres tu vida, una y otro

son lo mismo. Y lo que

hayas hecho en tu tiempo

de vida, será tu obra.

Tu bien pesará más que

tu mal. Se te preguntará

una sola causa: ¿Y tú

que has hecho por tu

hermano? Y a ello habrás

de responder.la me

MCDXXXIX

MCDXL

MCDXLI

 

No hay mentira fuera

de la vida del hijo

de la tierra. La mentira

va unida a la materia

y fuera de ella nada

la sustenta. Yo soy

la Verdad y todo en

mí lo es. Sólo verdad

vendrá a mí del

hombre y sólo verdad

quedará de él

De dónde vengo y a dónde

voy, se pregunta el hijo

de la tierra. Y yo digo:

Viene de mí y a mí

vuelve y su camino

todo es por mí

conocido.

 

Para qué he venido

al mundo, se pregunta

el hombre en su

extrañeza al no hallar

ninguna respuesta que

le contente o conforme.

Y yo digo: Has nacido

de mí y has vivido

fuera de mí, pues tu

espíritu y tu voluntad

de bien o de mal te

han señalado tu senda.

Has venido al mundo

para seguir el camino

que debes seguir, de ti

depende la elección que

sigas, ya que posees

voluntad propia. Habrás

de soportar tus males

y habrás de recibir tus

bienes. Sólo al llegar

a mí conocerás la

respuesta a la pregunta

que entretiene tu

espíritu.

 

MCDXLII

MCDXLIII

MCDXLIV

 

El hombre es llamado

el hijo de la tierra,

porque la tierra lo

cuida y sustenta como

una madre. Ella

le procura alimento

y todo lo necesario.

De la tierra procede

su materia y a ella

vuelve. Sin embargo

lo inmaterial del

hombre no procede

de la tierra, sino de

mí. Y la vida,

cualquier forma de

vida, no procede de

la tierra sobre la que

se asiente, sino de

 mí. Sólo yo soy

dador, creador de

vida y sólo a mí

ha de volver.

Por qué he de morir,

se pregunta angustiado

el hijo de la tierra.

Y yo digo: Has de morir

para llegar a mí, para

volver a tu inicio en

mí. Has de morir para

ser tú, para ser yo.

 

Procede el hijo de la tierra,

de la materia de la que es

hecho y de la inmateria que

recibe.  Su materia procede

de la misma materia de

sus padres y su inmateria

de mí. Su materia morirá,

y su inmateria existirá en

mí. Los hombres son mis

enviados, ya que todo

hombre de mí procede y por

mí nacieron y vivieron.

Ellos deben ayudarse unos

a otros, pues son hermanos

de nacimiento, vida, muerte

y eternidad. Ellos nacen y

viven en la tierra y de ella,

ya que así está dispuesto

por mí. Su materia habrá

de cumplir las leyes de la

materia, y su inmateria lo

por mí dicho. Su sustancia

y su insustancia se unen

en ellos hasta su muerte,

en la que se separan para

no volver a unirse. En los

hombres hay un más allá

de ellos mismos, un más

allá en mí.

 

MCDXLV

MCDXLVI

MCDXLVII

 

Sí el hombre quiere

saber quien es, ha de

mirarse en su corazón.

Su bien proviene de mí,

y su mal es fruto de

su voluntad de mal,

de su espíritu de mal.

En su origen primigenio

el hombre, antes de ser

hijo de la tierra, era un

Espíritu Puro y Luminoso

que no conocía sino

bien en en su alma. Su

Espíritu estaba unido

a mí, ya que de mí

procedía. Él era todo

Espíritu Puro. Pero el

Mal logró penetrar en

él y empozoñar su Luz

de Bien. Quiso ser materia

perecedera y eso fue.

Quiso apartarse de mi

Bien y se alejó en su

Espíritu de Mal, aunque

en su corazón lleva parte

de mí. Quiso ser de

la tierra, y de la tierra

es. El hijo de la tierra

puede llamarse a sí

mismo, hijo de mí,

ya que de mí procede.

El hombre fue hijo de

la tierra, porque así lo

quiso y eligió.

 

El hombre no es igual

a otro hombre, aunque su

origen sea el mismo. Todo

hijo de la tierra es distinto

a otro. Algunos hombres

son más Espíritu de Mal

que Espíritu de Bien y otros

son lo contrario. El hombre

elige caminar por su

sendero de bien o de mal.

Entre ellos hay enviados

de mi Bien, espíritus

puros que conviven entre

los impuros. Ellos señalan

el camino del Bien al

hijo de la tierra que quiera

verlo: Unos lo seguirán y

otros no. El hombre elige. 

Sólo ve mi Verdad quien

se maravilla de ella,

quien la busca en su

corazón de bien y en

su razón de verdad.

Sólo siente mi Verdad

quien me siente en sí

y en todo lo que hay.

Sólo oye mi Verdad

el que quiere oírla en

su corazón más allá

de su mentira, más

allá de la voz de su

duda, más allá de

la voz apagada del

tiempo del mundo.

Al que halla mi Verdad,

no herirá la mentira

su corazón, la duda

no conturbará su razón

y la Luz de mi Esperanza

se abrirá en él.

MCDXLVIII

MCDXLIX

MCDL

 

El hijo de la tierra

que hable, que suplique,

que implore por él,

será escuchado. El

que use palabras de

otro no será oído, pues

cada hombre posee

su forma de hablar

única y distinta y

yo los escucharé en

sus palabras, en sus

pensamientos, en sus

deseos.

 

Mi Verdad no necesita

comprarse por el hijo

de la tierra, ya que

la Verdad no se adquiere

por precio, sino por

convencimiento del

que la busca y la halla.

Los mercaderes de mi

Verdad serán apartados

de ella, serán apartados

de mí y no la hallarán

en su corazón: Ellos

venden lo que no pueden

comprar.

 

El hombre adora lo

que está más allá de

su conocimiento o

control, adora lo que

teme de la naturaleza

o fuera de ella, y adora

lo que de ella lo

beneficia. El hijo

de la tierra adora

el temor de lo oculto,

lo grandioso del universo,

y con todo ello me

adora a mí. Para

su adoración se mortifica.

Y yo digo: Ese sacrificio

es vano para mí.

Si el hijo de la tierra

quiere adorarme, habrá

de hacerlo a través

de su hermano: Todo

bien a su hermano

es bien para él y todo

mal a su hermano,

en él recaerá.

 

MCDLI

MCDLII

MCDLIII

 

En la conciencia eterna

de la noche infinita, el

hombre, el hijo de la tierra,

no busca la Verdad, sólo

quiere saber su verdad, la

que permite creer lo

que cree y ser como es.

Y yo digo: No hay una

verdad a la medida de

quien la busca, sino una

sola Verdad que espera ser

conocida por el hombre

que quiere saberla y la

busque con el corazón

puro y la inocencia de

su niñez. Sólo así se

le mostrará en su corazón

de bien. Sólo así la sentirá

en lo profundo de su

espíritu. Sólo así la palpará

con las manos limpias

del alma. Sólo así sabrá

de la Verdad, de su verdad.

 

Y yo digo: Caerán una a una

las estrellas del firmamento

antes de que el hijo de la

tierra sepa de sí, sepa de

mí. Sentirá que el cielo y

tierra se unen y él se

une a ellos hasta su

eternidad luminosa. Su

noche no será más. 

Nada hay eterno para

la vista del hijo de la

tierra, lo que ve, lo que

desea, lo que gusta a sus

sentidos, desaparecerá y

será diferente a lo que

era y fue. No quedarán

estrellas que alumbren el

firmamento, ni que

calienten con sus rayos

a ningún ser. No

habrá tierra que cobije

y alimente, ya que

tampoco hay nada que

necesite cobijo o alimento.

Las aguas que cubren las

tierras volverán a ser lo

que fueron y después ni

siquiera eso serán.

Todo principio acaba,

sólo lo eterno e infinito

es inacabable. Sólo lo

que de mi es, será. 

 

 

MCDLIV

MCDLV

  

Tú eres única entre las

únicas, lo más escogido

de lo creado por mi. La

única merecedora del

altísimo destino que le

fue confiado. Fuiste hija

de la tierra porque así

lo dispuse antes de tu

creación. Tus padres te

 engendraron porque así

habrías de aparecer ante

los hombres, pero tu ser

entero, tu naturaleza

de mi procede y lo

engendrado por ti es

de igual origen y uno

y otro conmigo están

ya que de mi son.

 

 

Muchos son los hombres,

los hijos de la tierra,

que dicen hablar por mí.

Sus palabras parecen decir

lo que no dicen y no

dicen lo que parecen decir.

Ellos son hombres y hablan

como hombres, no pueden

conocer ni conocen lo

que puedo o no hacer

y sólo se atribuyen lo

que parece convenir a

sus intereses y apetencias.

Mis palabras sólo yo las

digo y el que las recibe

las conoce y sabe como

de mí son. Los hijos

de la tierra que dicen saber

de mí, no saben, ya

que de mí sólo yo sé.

Sólo sabe de mí el

que me conoce y sabe

mi nombre, el que me

escucha en la profunda

soledad de su corazón

callado para que los

demás sepan, para que

él sepa.

 

MCDLVI

MCDLVII

MCDLVIII

 

El que se encomiende

a ella, a mí lo hace,

ya que ella y yo somos

unos, somos uno en dos

para la eternidad infinita.

El que se entregue en

cuerpo y alma a ella

a mí lo hace, ya que

unidos estamos por la

eternidad. El que implore

a ella, a mí me llama,

y ella y yo lo escuchamos

más allá de su voz, más

allá de sus palabras. El

que a ella suplique, a mí

pide, ya que a mí va

dirigida su súplica igual

que a ella. El que a ella

ora, a mí ora  y sus

palabras llegan a ella y

a mí por igual: Quien

a ella ama, a mi me

ama, ya que los dos

somos el mismo ser. Ella

está en mí y yo en

ella.

 

En la desesperanza del ocaso,

en la negrura de la noche,

en la tristeza más honda,

en el dolor y la pena que

inunda el corazón y lo llena

del amargor de la hiel, en

la injusticia aparente que

envuelve lo natural y la

percepción de lo humano, en

la permanencia y profundidad

del mal que no cesa en su

daño al hijo de la tierra,

brilla la Luz de mi Esperanza,

brilla la Luz de mi Eternidad,

brilla la Luz de mi Amor,

brilla la cálida Luz de mi

Gloria Infinita. No hay dolor,

ni desesperanza, ni oscuridad

o daño que cubra la Luz de

mi Bien hacia el hombre,

que oculte mi Verdad. No hay

Mal que enturbie la claridad

y pureza de mi agua. No hay

congoja que pueda apartar

al hombre de mí, pues yo

soy la alegría de su pena,

la esperanza a su dolor, la

Luz de su oscuridad, el Bien

 de su mal. Yo soy la

Justicia que Todo lo Sabe.

El Amor que Todo lo Ama.

El Bien que Todo lo Sana.

 

Mi palabra es pura, clara

y limpia como el agua

de manantial y quien

la beba la llevará en

sí y saciará su sed

de saber, su sed de

amor y su sed de bien

y verdad. Yo estoy

en los hijos de la tierra,

pero sólo soy de quien

quiera beberme y saciarse

de mí de mi palabra.

Sólo quien quiera conocerme,

me conocerá. Sólo quien

quiera sentirme, me sentirá.

Sólo quien quiera tenerme,

me sentirá en él. Bebe

mi agua hasta apurarla

y jamás volverás a tener

sed de mí, pues mi agua

apaga el fuego de la sed

de la ignorancia de amor,

mi agua sacia la esperanza

de bien y verdad: Quien

beba de mí, sabrá que

estoy en él, que estoy

con él. Quien beba de mí

me sabrá para siempre.

Mi agua es fresca y su

frescor llenará para siempre

a quien apague su sed

en ella, en mí.

 

MCDLIX

MCDLX

MCDLXI

Sólo el que me ve, me siente

en la profundidad de su

espíritu. Sólo el que es capaz

de verme y sentirme es capaz

de seguirme más allá de su

vida, más allá de su razón

de ser y existir. Sólo el que

me ama sin verme ni

sentirme podrá verme y sentirme.

Nada es poco para el

espíritu puro que me anhela,

pues sabe que yo estoy allí,

en todo lo que alcanza la

razón y en todo cuanto niegue.

Yo estoy más allá de su razón

de ser y existir, yo soy lo

Imposible y lo Posible, El Todo

y la Nada, El Ser y el no

Ser, la Vida y la no Vida. Yo soy

lo que siempre es.

 

Yo soy el Espíritu de la Razón

Pura, el espíritu olvidado del

hombre cuando quiso ser hijo

de la tierra y quiso olvidarse

de mí. Desde entonces el

hombre vive en sueños, en

un letargo del que sólo saldrá

cuando deje de ser hijo

de la tierra y sea de nuevo

el que fue, hombre. El hijo

de la tierra sólo posee parte

de mí y su razón no llega

a dónde el quisiera. Por esa

causa el hijo de la tierra

no llega a saber, no llega

a comprender lo que tiene

cerca de él, ya que así lo

quiso cuando eligió su

camino de luz y oscuridad,

de ser y no ser, de saber

y de ignorar.

 

Caen las hojas del árbol

de la vida una a una

para volver a renacer,

así los hombres, como

las hojas, caerán para volver

a renacer en el mismo

árbol del que nacieron

que se renovará cada

vez con hojas nuevas y

brotes nuevos que seguirán

en su ciclo venidero hasta

su fin. Las hojas caídas

alimentarán la tierra

de la que se nutrirá la

savia vivificadora del

árbol de la vida y asegurará

su nuevo verdor y su

cadencia vital y así

seguirá hasta que el hijo

de la tierra la abandone

y venga a mi y ya no

sea hijo de la tierra, sino

parte indisoluble de mi

Gloria Infinita.

 

MCDLXII

MCDLXIII

MCDLXIV

 

Sólo caen las hojas una

vez y ninguna vuelve

al árbol del que brotó,

así el hombre sólo cae

una vez y no regresa

más a su lugar en la

tierra. Su materia vivifica

la tierra y su inmateria

vuelve a su origen primigenio,

al Origen de todo origen,

al Principio de todo principio,

a mí.

No ha de esperar el espíritu

del hijo de la tierra a

que expire la vida para venir

 a mí. Él vendrá a mí

cuando cuerpo y espíritu

dejen de ser uno y su

alma desee acudir a

mí: Su bien le guiará

por senderos de Luz hasta

alcanzar mi Bien.

 

Quien propaga odio será

odiado, quien propaga amor,

será amado. Quien ayuda,

será ayudado, quien desprecia,

será despreciado. Quien da,

sin esperar recibir, será enaltecido.

Lo que des al hombre te será

devuelto por el hombre antes,

o después. Nada queda en el

vacío, toda acción lleva a

una consecuencia y ésta

se valorará por el hijo

de la tierra que ha de

recibirla o padecerla. Más

allá de la acción y su

consecuencia o inconsecuencia,

está el hombre, a él deberá

dirigirse todo bien. Y todo

bien que llegue al hombre por

el hombre, a mí llega. Y

todo mal que reciba el

hombre por el hombre, a

mí llega: Sólo el que

dé todo el bien que sea

capaz de dar, me sentirá

en él, me sentirá en la

bondad de su bien, me

sentirá en su corazón y

sabrá que me lleva en

él. Y su alma se iluminará

para siempre con la Luz

Infinita de mi Bien.

 

MCDLXV

MCDLXVI

MCDLXVII

 

Cuando la sombra de la duda

atraviesa el corazón del hombre,

mira y no es capaz de oír, siente

y no s capaz de sentir, ya que

su alma se pierde en la

bruma que la asola. El hombre

ha de mirar y sentir la

luz de la esperanza, esa luz

de su alma le lleva a mí,

esa luz disipará la tiniebla,

esa luz le hará ver lo que

ve, oír lo que oye y sentir

el latido de su corazón de

bien. La vida no e escapará

como agua entre los dedos

abiertos, y el hijo de la tierra

aprenderá a saber y ese

saber sólo a mí lleva.

 

No lo envié a luchar, sino

a mostrar. No lo envíe a

dañar o herir, sino a mar.

No lo mandé a recibir, sino

a dar. No lo mandé para

que mostrase su poder, mi

poder, sino mi Verdad y mi

Bien. No lo mandé lejos

de los hombres, sino entre ellos.

Yo envié al hombre, al hijo

de la tierra, la Esperanza en

Mí, El Bien y el Amor en

forma viva y cercana. No lo

envié para que contemplara

el dolor y el mal, sino para

que lo mitigara y anulase

al Espíritu del Mal ente los

hombres.  Su palabra es mi

Palabra y sus hechos son mis

Hechos, ya que de mí son.

 

Caen las sombras de la noche

sobre el corazón sobrecogido

de espanto. Su incertidumbre

lo devora con un fuego

inextinguible, alimentado

por la duda que corroe

las entrañas y la ignorancia

que destruye la razón.

Sólo puede confiar en él

y él poco es, ya que nada

o casi nada queda del

que fue. Es llegado su

momento final rodeado

de atroces dolores acompañados

por un temor insoportable,

menos soportable aún que

el dolor que lo escarnece.

Sabe que su hora se acerca

y nada puede hacer para

evitarlo o retrasarlo unos

instantes más. Sólo le

queda un hálito de luz

de su esperanza antigua

e ignorada, guardada en

lo más profundo de su

espíritu. Ve en esos instantes

que esa invisible luz se

agranda ante sus ojos

hasta iluminar todo

lo que puede ver. Al

mismo tiempo el dolor

que le atormenta desaparece

de su cuerpo y su espíritu

parece querer salir de él

hacia la claridad infinita.

Ya no hay temor, pues

ya pasó su tiempo y una

desconocida sensación de

paz y bienestar lo inunda

en una esperanza infinita.

Oye o cree oír una voz

que le dice: ¿por qué lloras

Peregrino de Luz?. Y sin

hablar contesta: Lloro

porque la felicidad ha

llegado a mí y ha llenado

mi vacío espíritu de

Bien y Verdad y ya todo

lo tengo en mí.

 

MCDLXVIII

MCDLXIX

MCDLXX

 

Todo se disipa a mi alrededor,

una niebla fría y densa

envuelve mi mente. Mi

razón se nubla y mi espíritu

se resquebraja de mi cuerpo.

Lo temido se acerca hacia

mí de forma inevitable.

No hay escapatoria posible,

nada ni nadie puede

ayudarme, mi hora final

ha llegado. Mi tambaleante

paso por el mundo de la

vida se acaba, ya que ninguna

otra opción tengo. Mis

piernas y brazos se enfrían,

ya que la sangre no los

calienta. Mi cerebro también

se enfría, se apaga poco a

poco, De improviso mi

cerrado horizonte se abre

y una luz difusa y cálida

parece querer recibirme.

La luz me habla, o eso me

parece, y yo hablo a la luz

sin hablar, ya que mi boca

permanece cerrada. Un hondo

bienestar cala en mí. La

luz se enciende más y más

hasta que me llena de

su paz. Me entrego a ella

y mi espíritu la siente

en toda su pureza. Yo

soy desde mí de ella y

ella de mí. Luz y yo

somos uno y la felicidad

que emana de ella, me

penetra hasta lo más

oculto de mi ser, hasta

fundirme con ella. Yo

ya no soy yo, soy ella,

soy luz.
 

Bien de Bienes infinitos,

Luz de Luz eterna y

Verdadera. Amor Absoluto,

Dador Universal, Bien de

Bien, Luz de Luz, Amor

de Amor: Yo te llamo

desde mi pequeñez humana,

yo te imploro desde mi

debilidad humana, yo

te suplico desde mi flaqueza

humana, yo te pido desde

mi impotencia humana:

No me abandones en mi

soledad, no me dejes en

la mentira. Líbrame de

la duda del mal que pugna

con mi voluntad de bien.

Haz que mi espíritu se llene

de ti y venza mis temores.

Contigo nada he de temer,

sin ti sólo me queda el

vacío oscuro de la nada,

la sombra del mal que

atenaza el corazón y la

duda que corre las entrañas,

haz que mi débil cuerpo,

que mi cambiante espíritu

se fortalezca en tu Bien

Perpetuo, en la Paz de tu Amor,

en la Luz de tu Verdad:

Líbrame de todo mal.

Sin mí el hombre, el

hijo de la tierra, se debate

entre el vacío y su propia

debilidad humana. Sólo

puede mirar de frente

su cotidiano, ya que más

allá le aterra la oscuridad

de su nada. Su horizonte

sólo puede ser material,

ya que otro destino para

él no existe. Su pobre

consuelo le lleva a la

desesperación íntima, ya

que su espíritu reclama su

lugar más allá de su

pensamiento y no puede

ofrecer lo que cree que no

es, sino invención humana.

Yo soy la Luz de la

Esperanza que ilumina la

ignorancia humana. Sólo

en mí hallará y halla lo

que su espíritu reclama más

allá del cobijo de la materia.

Sólo en mí halla y hallará

el consuelo a la soledad y

al dolor de su materia.

Sólo en mí hallará la mano

cálida de la luz de su

futuro. Sólo en mí, el

hombre, no temerá.

MCDLXXI

MCDLXXII

MCDLXXIII

 

Qué importan las brumas

de la noche, si sé qué

tú estás conmigo. Qué

importan las penas del

alma, si sé que tú no

me abandonas. Qué

importan las angustias

ante lo desconocido, si tú

me acompañas. Qué

importan los miedos del

alma, si tú me amparas

en el frío eterno. Qué

importa el desconsuelo

de mi desesperanza, si tú

me das calor de Bien. Qué

importan las incertidumbres

de la duda, si tú eres lo

más Cierto de lo Cierto, la

Verdad de la Verdad, la

Certeza Infinita.

 

Ningún viento dispersará

las nubes de tu alma

si no crees en mí.

Ningún fuego calentará

tu espíritu si no me

amas. Ningún agua

saciará tu sed si no

amas la vida. Ninguna

tierra te acogerá si no

amas lo que en ella hay,

lo que te ofrece, pues

en todo estoy para ti.

 

Caen despeñadas las sombras

de la noche al abismo

de la desesperación, pronto

serán vencidas por la luz

del día que enarbolará

la enseña de la esperanza.

El Mal será expulsado

de su reducto en el

corazón del hijo de la

tierra y sólo habrá lugar

para el Bien. El Mal

extinguirá su poder entre

los hombres y la Luz del

Bien iluminará los corazones

y borrará de ellos la

desesperanza y el daño

del Mal. El hijo de la

tierra será hombre de

luz y eternidad en

mí.

MCDLXXIV

MCDLXXV

MCDLXXVI

Cae el frío de la noche

eterna sobre los hombres

del hijo de la tierra. Su

camino vital ha acabado,

su materia se disuelve y

nada queda de lo que fue,

del que fue, ni del que creyó

ser. Su inmateria permanece

intacta y viva y ella viene

a mí, ella es el hombre,

hasta el Principio de su

creación, hasta el Principio

del Principio, al Fin del

Fin, al Fin del Principio,

al Principio y Fin, a mí.

 

 

Como el aleteo de un pájaro

prisionero por la bruma

del tiempo. Como el sonido

inacabable del suspiro del

silencio en la noche. Como

el ruido inabarcable del

trueno en la tormenta del

espíritu descontento. Como la

suave muerte del día al

atardecer. Como el misterio

insondable de lo oculto, de

lo ignorado que huye de

la razón más poderosa.

Como el secreto no desvelado

de la eternidad que gusta

disfrazarse de tiempo. Como

el invisible desgaste de la

vida que causa el aire que

se respira. Como la pálida

luz de una estrella inexistente

que busca permanecer en el

recuerdo de lo imposible.

Como la semilla que busca

el abrigo de la tierra

para mostrarse a la vida.

Como las preguntas incontestables

del hombre ante su insondable

futuro. Como la pugna insostenible

de lo contrario ante su

inconcebible cierto.

Como la infinitud de lo

increíble cuando se acerca

a la Verdad de la Verdad.

Como el llanto insatisfecho

del que no llega a la luz

del día. Como la presa

que huye para no cumplir

su destino de víctima. Como

la duda incompleta del

que cree saber sin saber.

Como las nubes, que obedientes,

siguen al viento que las

lleva. Como la esperanza

de lo inacabado en completar

su camino. Como el soplo

de la brisa en el rostro

del caminante: Así

soy Yo más allá de ti,

más allá del allá, más

allá de la luz del tiempo

y de la oscuridad del

espacio infinito, más allá

de la materia y de la inmateria,

más allá de lo alcanzable

y de lo inalcanzable. Más

allá del sueño y más allá

de la razón que me supone

y cree. Más allá de la

conciencia eterna y más

allá del malestar de la duda

que entretiene la incertidumbre

y el deseo de saber lo incognoscible.

 

Como la ceguera del ciego

que no quiere ver, ya

que teme a la luz que

lo sacará de las tinieblas

y le abrirá las puertas

de lo visible, así es la

ceguera del que no quiere

creer y prefiere seguir

en la oscuridad que

conoce, por miedo a la

claridad que intuye

y que sabe que cambiará

su vida de ciego a la que

se había adaptado, y sabe

que deberá adaptarse a su

nueva percepción y que lo

aprendido antes con tanto

esfuerzo, no sirve en su

nueva situación. En temor

ante lo nuevo acrecienta

su cobardía y prefiere seguir

con su antigua ceguera

que con su nueva visión de

luz. El es el incrédulo

que teme a la verdad

y prefiere continuar con

su mentira a la que ya

se ha acomodado: Su

temor lo perderá.

MCDLXXVII

MCDLXXVIII

MCDLXXIX

 

Así el hijo de la tierra

prefiere seguir ciego y sordo

que ver la luz de la verdad

y oír lo que mi palabra

le dice en su corazón de

bien. Su razón se cierra

y no deja ningún resquicio

para que llegue a él. Los

vendedores del mal y de

la ignorancia han ofrecido

en su momento, su mercancía

y él la ha adquirido. En

su mente cerrada sólo entra

y hay cabida para las ideas

que la han conquistado, y

él está atado a ellas. Y

es prisionero de su perdición

perpetua: Su ignorancia

lo arrastrará. El Mal ha

cubierto su rostro, tapado

sus ojos y cerrado sus oídos.

Sólo su voluntad de bien

y verdad podrá liberarlo

y llevarlo a mí.

El hombre ha de luchar

por su verdad, no hay

verdad sin esfuerzo y

el hijo de la tierra ha

de esforzarse por hallarla

y conservarla. Su verdad

es mi Verdad y para

llegar a ella, habrá de

enfrentarse al espíritu

de la mentira, al

Espíritu del Mal que impregna

toda obra humana y

deberá vencerlo y sobreponerse

a su daño.  Sus heridas

dejarán cicatrices en su

alma que yo veo. El

espíritu vencedor del hombre

llega a mí.

 

La ceguera de la razón

enciega el alma y el

espíritu al quien la sufre.

No podrá ver el ciego del

espíritu lo que se ofrece a

sus ojos y oídos más allá

de su vista y oído, ya

que su alma está cerrada

a todo lo que no quiere

ver ni oír, y su corazón

es como una piedra en

la que resbala el bien

y la verdad, como resbala

el agua en la piedra

de un arroyo. Su mente

es un redil en el que no

cabe más ganado y del

que no sale ningún animal,

su razón gira sobre sí

misma y es incapaz de

salir de su propio torbellino:

Sus falsas creencias le

han vencido y no queda

espacio en él para la

verdad que se le ofrece.

 

MCDLXXX

MCDLXXXI

MCDLXXXII

 

En la inquietud del

hombre incrédulo, ante

la angustia de su vacío

espiritual y ante la

ira de su ignorancia,

disfrazada de calmo

saber, late la inconsistencia

de la nada, la congoja

ante la ausencia infinita

y la incontinuidad de su

yo, la pérdida total

de su ser material e

inmaterial. Ante él

se cierne pavoroso su

fin, sólo le espera su

eternidad silenciosa

y vacía de él y los

suyos. Su vida es un

instante condenado al

olvido, nada de él

importa más allá de él,

lo que le lleva al

egoísmo más atroz:

Su vida no tiene

ningún significado

y lo hecho por él,

sólo ha servido para

aplacar el momento.

La furia de la nada

lo espera para abatirse

sobre él y los suyos.

La desesperanza se apodera

de su razón y busca en la

materia su fin de vida,

para él sólo la materia

le ofrece cobijo a su alma

sedienta de algo que

intuye y a lo que no

alcanza. Está perdido

en el mundo y él lo

sabe, su ley es la nada

y su fin el vacío eterno.

Nada es capaz de ofrecer

que no sea material,

pues en un instante

sabe que de él se

apoderará la nada

eterna y yo digo:

el incrédulo ha de

oírme y verme con

la voz y apariencia

que guarda en lo

profundo de sí, que

guarda en su espíritu

y que oculta y esconde,

avergonzado de lo que

su razón no comprende,

y sin querer oír y ver

con su corazón de bien,

con su alma de verdad,

con su mío en él.

 

Hablo al hombre crédulo,

al que se deja envolver

por charlatanes y engañadores

al que se deja subyugar

por la apariencia de la

verdad y no profundiza

más allá de las palabras

de otro. Al que es incapaz

de vislumbrar a la luz

de su razón la verdad

de la mentira, al que no

distingue lo bueno de

lo malo, ya que su

conciencia está dormida.

Al que no sabe o no

puede separar el grano

de la tierra, ya que sus

sentidos están atrofiados.

Al que no siente en su

corazón y se deja guiar

por lo que supone o cree

que sienten otros. Al que

le parece bien lo que

se le ofrece sin analizar

o estudiar a la luz de

su inteligencia lo que

se le indica como

algo bueno para él.

Al que cree que muchos

no pueden caminar

por el camino del

error y se une a ellos

con los ojos cerrados

y el espíritu entregado

o favorable a ellos.

Al que sigue otras

inteligencias sin guiarse

por la propia, de la

que desconfía. Al que

desconfía de la verdad

que se ofrece a su vista

a sus oídos y a la luz

de su razón. Al que

acepta verdades engañosas

sin pasarlas por el tamiz

de su corazón ni de su

razón de bien y verdad.

Al que recela del Bien

que se le ofrece y no

duda en aceptar su

engañosa apariencia y

disfraz del mal, sin

pensar que el mal

y la mentira usan

ropaje equívocos.

A ese hombre digo:

Su buena intención

sola no lo apartará

del camino del mal

y de la mentira, habrá

de seguir el camino

de la razón de su inteligencia

y del bien de su espíritu,

habrá de pensar por sí

y mirar a la luz de

su verdad. La verdad

es un camino sin

atajos y su andadura

pone a prueba al hijo

de la tierra, al hombre,

el bien no es el que

se aparenta para fingir

bondad ante uno mismo

y los demás, el bien

como la verdad, es

silencioso y busca el camino

escondido del corazón

sin notarse sus pisadas.

El bien en el corazón

es una luz que ilumina

a quien se guía de él.

El Espíritu de Bien

y Verdad se alberga

y vive en el corazón

de todo hombre: Sigue

su Luz y te llevará

a mí.

 

Igual que el ser más

poderoso es vencido por

el ser más minúsculo,

la mentira más extendida

será vencida por la verdad

más oculta y reducida.

Todo lo que acontece,

ha acontecido y acontecerá

escapa a los atributos

del hombre, ya que no

provienen de él y su

origen y causa no pueden

ser percibidos por el hijo

de la tierra. El hombre

incrédulo es un Peregrino 

de la Nada, pues a la

nada cree que lleva su

camino y su ceguera de

razón y espíritu le impide

ver lo que sus ojos le

muestran. El hombre

 crédulo es un Peregrino

de la Mentira, pues en

ella cree y a ella se debe,

y aunque no provenga de

él, la hace suya y la

admite y propaga como

propia. Sólo posee el

hombre una vida y ha

de esforzarse por ver lo

que se presenta a sus ojos

y se dice en sus oídos,

ya que si no lo hace,

caminará su camino

de vida ciego y sordo

y al negarse a la

verdad, la verdad

irá con él sin verla,

oírla ni sentirla.

MCDLXXXIII

MCDLXXXIV

MCDLXXXV

 

Más allá de la vida

y de la esperanza sublime

del hombre, estoy. Más

allá del dolor de todo

mal, de cualquier mal

que acontezca, está mi

Bien, estoy. Más allá

de la ira del desengaño

que oscurece las conciencias,

estoy en mi Bien. Más

allá de la agonía del

que nada espera, estoy.

Más allá de la huella

del tiempo y del lugar

infinito, estoy. Más allá

del último firmamento,

estoy.  Más allá del acontecer

que se pierde en el tiempo

de la Conciencia Eterna,

estoy. Más allá de los mundos

que escapan a la razón

del hombre, estoy. Más

allá de lo posible y lo

imposible, estoy. Más

allá del Bien y del Mal

que entretienen la conciencia

del hijo de la tierra, estoy.

Yo soy la huella invisible

que porta el mundo, la huella

de lo que es y de lo que

no es.  Yo soy la

Conciencia del Mundo.

Y a mi han de venir

 todas las conciencias, ya

que forman parte de mí,

son yo.

 

No busques brillo de luz

en las tinieblas, por que

allí sólo hay y sólo hallarás

oscuridad. De la luz emana

 luz, y de la oscuridad sólo

sombras y tinieblas. Nada

ni  nadie puede dar lo

que no posee y nada

puede ofrecer quien

nada posea. No busques

luz en la oscuridad,

ni verdad en la mentira,

pues una y otra allí

no se encuentran: Busca

verdad en la Verdad y

luz en la Luz, busca

amor en el Amor y

bien en el Bien, sólo

así lo hallarás. El Mal

sólo mal ofrece, el Bien

sólo bien da.

 

 

Hablo al hombre que busca

los enigmas de la noche

eterna, al hombre que

quiere saber lo que ignora,

ver lo que su vista no le

muestra, oír más allá de

lo que llega a sus oídos

y sentir en su corazón

lo que vislumbra su alma,

hablo al hombre al que

le han cerrado su razón

y es incapaz de abrir

las puertas de su inteligencia.

Al que desprecia su conciencia

y sigue el camino del

mal sin ánimo para

salir de él. Al que habla

 al viento o las estrellas

y no oye la voz de su

hermano que le llama

para apagar el fuego

de su angustia y la

soledad de su espíritu.

Al que se guarda su

esperanza para él y no

la comparte con el

necesitado de ella. A

que ve y no muestra el

camino al ciego del corazón.

Al que descubre lo que sus

deseos ocultan entre los

recovecos secretos de su

verdad y no quiere

aceptarlo, pues prefiere

vivir en su mentira.

Hablo al hombre que vence

su desesperanza con la

luz de su bien y la

vuelve esperanza de

bien y verdad, esperanza

de Bien Infinito.

Al hijo de la tierra que

dejará de serlo para ser

hijo de la eternidad

luminosa. Hablo al

desventurado de corazón,

pues llegará el tiempo

en el que la ventura

llegará a él y se resarcirá

de su dolor. Hablo al

hombre que no levanta

su vista, pues la elevará

y verá lo que hay reservado

para él. Hablo al hombre

hijo del dolor y la tristeza,

pues sus males cesarán y

todo en él será en mí.

 

MCDLXXXVI

MCDLXXXVII

MCDLXXXVIII

 

No ha sido creado el hombre

para arrastrarse por el fango

de su ignorancia, sino para

elevar su vista al cielo y

desarrollar sus dones a la

luz de su inteligencia y

su voluntad de bien

 y verdad.  No ha nacido

el hombre para no ser,

sino para ser lo preferido

de mi creación. Todo ser

ha de recorrer su camino

y todo camino a mí

llega. No por detenerse

el hombre su camino se

detiene, sino que continúa

hasta el fin de su existencia

vital, hasta el fin de su vida.

 

En el helor que la indiferencia

desprende en el alma que

la anhela, se halla el aliento

espeso del que no ama a su

hermano, del que sólo es capaz

de sentir el frío profundo de

la indiferencia ante el

dolor, la angustia o el sufrir

del que no es él, ya que

sólo él se importa y lo

que no es él se oscurece

en el vacío existencial

de su espíritu. La capa

espesa de su egoísmo cubre

su corazón y su bien y

verdad están al mismo

tiempo en ellos y lejos de

ellos, ya que la calidez de

la bondad y la esperanza

de eternidad no son aceptados

por quien es incapaz de

amar lo que no sea él,

a su hermano en humanidad,

a su hermano en camino,

a su hermano en bien y

verdad. A su hermano en

la tierra, a su hermano de

principio y fin, a su hermano

de destino en mí.

 

Hablo al hombre, al hijo

de la tierra incapaz de

ver a otro como su hermano

y sólo es capaz de verse él

a sí. Al que desprecia a

los otros seres no humanos

y no ama a lo que hay

dispuesto para él. Al que

al ver a otro ser humano

sólo ve otro ser nada

más, sin importarle su

situación. Al que sólo

utiliza a los demás para

sus fines y sus intereses.

Hablo a ese ser torcido

de intenciones al que

sólo él importa y lo

que posee. Y yo digo:

Si no ve mi persona

en cualquier ser humano

o no quiere verla, pues

sus ojos se niegan a

reconocerme, no vendrá

a mí en su momento

de eternidad, ya que no

quiere ser de mí, sino

de él y sólo da él se

tendrá.

MCDLXXXIX

MCDXC

MCDXCI

 

Hablo a la frialdad del

corazón humano que no

se estremece ante el dolor

de su hermano, que no

sufre con él y que huye

de lo que cree que no

le afecta o concierne.

Al que se aparta y aleja

de sí las obligación que

debe a su hermano en

su infortunio o desgracia.

Al que se aleja de los

demás y se encierra entre

las paredes de su ser sin

querer oír los gritos de los

afligidos, de los desesperados,

de los desesperanzados y sólo

es capaz de oírse a si

mismo. Ese hombre ha

de saber que mientras

más se aleje de su hermano,

más se aparta de mí y

que mientras más se acerque

y atienda lo que necesite

su hermano, más se acerca

a mí. El hijo de la tierra

ha de saber que ha de mitigar

toda desgracia que alcance.

 

El que se compadece

de sí, no deja lugar

en su sufrimiento para

el sufrimiento de otro.

El que se apiada de

sí, no mira a los demás,

ya que sólo se ve a

sí mismo. Quien no

se lleve su parte del

dolor de su hermano,

no es digno de él, ni

de su hermano, ya

que no comparte su

carga con quien la

padece, nadie le ayudará

a sobrellevar la suya.

No temas a las tinieblas

Peregrino de Luz, ellas se

iluminarán a tu paso para

 ti. Y la luz invisible que

emana de ti, llegará hasta

mí y tú alcanzarás la

infinita eternidad luminosa,

la Luz de la Eternidad,

mi Luz.

MCDXCII

MCDXCIII

MCDXCIV

 

Yo soy el Guardián de

la Noche Eterna y el

Dador de la Luz Infinita,

en mí se halla lo creado y lo

increado, yo soy la

Verdad Absoluta e Inabarcable,

la verdad que a todos

llega y a todos alcanza.

Yo estoy en todo lo

creado y lo increado,

en el aire que discurre

y en la noche que acaba,

en el latido de la vida

y en el suspiro de la

muerte. En la estela de

luz y en la tiniebla

más profunda. En el

girar de los astros y en

la quietud absoluta de

la nada. Yo soy el Dador

Universal, en mí todo

es.

Rosa de la mañana

que dibujas en el cielo

el oropel de tu belleza

el saber de tu apalabra.

Qué no permitas se diluya

en las sombras eternas

el calor de tu mirada

y el amor de tu presencia.

De qué sirven mis ojos,

sino para mirarte.

De qué sirven mis ideas,

sino para pensarte.

De qué sirve mi alma,

sino para seguirte.

Dame tu luz y guíame

más allá del país

de la noche infinita.

Dame tu abrazo

y llévame a ti

pues tuyo soy y seré

ahora y siempre.

 

El hijo de la tierra

no debe creer en lo

escrito sobre mí, sino

en mí, ya que lo

escrito son palabras

de hombre y yo no

soy palabras de hombre

sino la Gloria Infinita

de la Creación para el

hijo de la tierra. Yo no

puedo medirme ni

contenerme en palabras

de hombre y ellas no

son sino expresiones de

la ignorancia y de la

soberbia humana. Quien

se refiera a mí ante

otros hombres miente

ya que ningún hombre

sabe de mí y lo único

que busca de una u

otras forma es su pequeño

provecho humano o

la vanidad de creerse

en posesión de mi

Verdad.

 

MCDXCV

MCDXCVI

MCDXCVII

 

Todo hijo de la tierra

que hable en mi nombre

miente, ya que mi voz

es silenciosa para los

oídos de hombre, mi

voz sólo la escucharán

en su corazón y, es

sólo para él y a él

sólo concierne. Ningún

hombre a de atreverse

a hablar por mí pues

nadie sabe de mí, aunque

yo sé de todo y todos.

Su mentira no penetrará

en los corazones que la

oigan con oídos de verdad

y sí en oídos que quieran

creer palabras falsas

de hombre. Yo no

estoy en palabras de aire,

sino en palabra de

corazón y verdad que

prenden en el espíritu

de bien y verdad del

hombre.

 

Viajero que transitas

por los caminos de la oscuridad

y ansías la luz. Haz de saber

que todo es apariencia,

incluso esto y como todo,

está  sujeto al principio

de la incertidumbre Universal,

al principio de la duda,

y a la agonía de la muerte.

Viajero: No hay más verdad

que la que crees, y aún esa

sólo será tu verdad,

o lo que es lo mismo,

la migaja de verdad,

que conforma tu caminar

y atenúa los rigores de tu senda.

La oscuridad es tu destino

y la duda tu pecado.

Tu travesía acabará en mí,

tu vació se llenará

y tu inseguro no lo será más.

Tu tiniebla se abrirá

y mi Luz te inundará.

Sólo el que busca

la verdad podrá

hallar parte de  ella,

el resto se guarda en

lo profundo de su

corazón y no tendrá

más que ir allí a

buscarla, y si quiere

la verdad encontrarse

con su buscador, se

unirá a él y será

un hombre sabio,

un hombre completo

que ha sido fiel

a sí mismo.

 

MCDXCVIII

MCDXCIX

MD

 

No hablo a los hombre

ahítos de ellos mismos,

sino al hombre necesitado

de mí, al que me busca

 incansable en la sombra

oculta de su hermano

o más allá de su

pequeño universo y en

él mismo. No hablo

al hombre conforme de

sí y de los demás hombres

sino al hombre oscuro

que me busca en silencio

y con sus propias y limitadas

fuerzas. No hablo al hombre

que dice y cree haberme

encontrado en las palabras

de otro, sino al desconfiado

de él y de los demás al

que nada logra llenar

su vacío corazón de duda.

No hablo al hombre

conforme con lo que cree

que es su verdad y la

que le han dicho otros

hombres de las suyas,

sino al hombre perdido

en sí mismo y que no

es capaz de hallarse él

entre la niebla de su

razón y la niebla

interesada, fruto de la

mentira de los charlatanes

del mundo. Hablo al

hombre interesado en

saber de mí por mí

y por la razón de su

inteligencia, por la razón

de su espíritu de bien

y verdad y por la

Gloria de los tiempos

en la eternidad infinita. Hablo

al hombre asustado

ante la eternidad

de la ausencia de la

muerte en su corta

vida humana y que

ansía una prueba que

conforme a su razón,

a la razón de su inteligencia

y a la razón de su

espíritu. Hablo al hombre

que me busca incansable

en y durante su vida y

no al que cree haberme

hallado a través de otros.

Hablo al hombre inquieto

y no al que me ignora

o cree haberme hallado

sin esfuerzo y a través

de la palabra humana.

Yo no estoy en la

palabra humana sino

mucho más cerca y mucho

más lejos de ella, yo

sólo estoy en el que

busca con anhelo

ferviente de hallarme,

sin importarle dónde

o cómo me busca, ya

que me encontrará

allá donde me busque,

siempre que su corazón

de bien y verdad sea

su guía.

 

Yo no estoy en palabras

de hombre y aire, ni

en palabras no dichas

por mí. Mi presencia

llena el mundo visible

y el invisible y en todo

lugar y tiempo estoy.

Yo me contengo en la

Nada y llena está

de mi presencia. Quien

no me vea y sienta

en todo lo que ve y

siente no sabe de mí,

pues me ignora en

la ceguera de su ignorancia.

Cuando el hijo de la

tierra vea que el día

se hace noche y la noche

día, me buscará en su

mundo y en él. Llamaradas

del Sol llegarán a la

tierra del hombre y purificarán

los espíritus. Mi voz se

oirá en todos los corazones

y confortará a la humanidad

sedienta y hambrienta

de mí. El hijo de la

tierra dejará su ignorancia

y su duda y se confortará

en mí.

No hay muerte para

el que espera lleno

de esperanza, hallarme

al final de su camino

de vida, pues él me

hallará y se unirá a

mí. Mi Gloria lo

llenará de mí y

volverá a ser lo que

fue y el que fue antes

de ser hijo de la tierra,

antes de ser una mota

de olvido y dolor,

antes de que olvidara

quiera era.

MDI

MDII

MDIII

 

Quien no me espera

al final de su camino

de vida sufrirá del

dolor de la desesperanza

de la nada antes de

volver a mí. De volver

al Ser de su ser: Yo

estoy en él y él en

 

Entre la niebla

de lo invisible

emerge la esperanza

del hombre que busca

incansable más allá

de ella. Su búsqueda

es continua aunque él

no lo sabe. Quiere

llegar más allá de sus

sentidos y más allá

de la inteligencia

de su razón, quiere

ver la luz que vislumbra

en su espíritu y que

no es capaz de ver

con sus ojos. Esa luz

es su sentido de vida

y sólo podrá verla cuando

su vida llegue o esté

próxima a su final y

cuando su espíritu de

bien y verdad se abra

a sus ojos de bien y

verdad, cuando uno

y otro se unan y sean

lo mismo, entonces su

espíritu y él serán uno

y su esperanza de razón

de bien se mostrará a él.

Hablo al hombre anhelante

de verdad, al que ve como

la vida se le deshace

entre los dedos del tiempo,

al que busca en las

entrañas de su ser lo

que no alcanza a vislumbrar

más allá de las estrellas,

más allá del firmamento.

Hablo al hombre dolorido,

al hombre herido por la

enfermedad o por otras causas.

Hablo al hombre consciente

de sí y de su destino final,

al hombre angustiado por

su incertidumbre y la de

los que ama, al que sólo

se le ofrece la negrura del

vacío más aterrador, la

nada infinita y eterna.

Y yo digo: Una luz le

espera al final de su camino,

una luz que es el nuevo

camino que le llevará

a mí, a la existencia

eterna e infinita, a

su origen de Verdad y

Luz. El hombre nada

ha de temer.

MDIV

MDV

MDVI

 

La larga mano del tiempo

a todos llega y por mucho

que vacíes tu copa de hiel,

volverá a llenarse una

y otra vez. Habrás de

apurar hasta el último

suspiro de vida. La oscuridad

de la noche eterna querrá

hacerte suya, pero mi Luz

barrerá las tinieblas a tu

paso e iluminaré tu

corazón de bien y verdad.

Mi camino se abrirá a ti

y me oirás en tu esencia

luminosa. Antes aparecerán

mis Enviados que tomarán

las manos de tu alma

y la llevarán a mí, te

llevarán a mi. Tú serás

yo y yo seré tú. La

esencia de bien se unirá

a la Esencia Universal

y una y otra serán una.

Tú eres la estrella

de la mañana, la

última luz de la noche

y la primera señal

del amanecer. Después

de ti la luz inunda

la tierra y llama

a la vida. La oscuridad

abandona su reino

vencida por la luz de

tu presencia que llama

al día. Ya todo es

claridad, luz, color

y armonía para los

hijos de la tierra.

Quien quiera saber

que sepa, y quien quiera

entender, lo entenderá.

 

Sólo hay un Señor del

Universo y más de él

nada hay pues es

El Todo del Todo, Él

es Único y, todo Él

es. Contra Él nada

pueden las fuerzas

del Mal, Él es la

 montaña sobre la

que se estrellan las

olas del mar sin

moverlas ni gastarlas.

Él es El Ser que siempre

es, El Ser del que son

todo lo demás, El Ser

Primero y Unitario, El

Ser de todos los seres.

No hay abismo que no

sepa ni espíritu que no

conozca. El hijo de la

tierra le debe su ser

y su no ser, él nunca

será abatido, pues él

es de Él. Él es Él.

Él puede detener  el

tiempo y la sincronía

del espacio, pues tiempo

y espacio son de Él, son Él.

Él es lo único Inmutable

y Eterno, Inacabable e

Infinito. El Todo lo

Puede, pues es Él

Todopoderoso Señor del Universo.

Sin Él nada es, pues

todo es de Él, todo es

Él. Él es inamovible,

Inacabable e inabarcable,

con Él Todo Es, sin Él

Nada es. Él es el Ser

de todos los seres. 

 

MDVII

MDVIII

MDIX

 

Peregrino del tiempo,

haz de saber que: Ni la

tierra sabe a dónde va.

Vivimos gracias a un sol

que se extinguirá. El fin

del hombre es previsible y

nadie volverá nunca más

a ver amanecer. La Tierra

no girará más y el frío se

apoderará de la noche

eterna. Lo apagado no se

encenderá más y la humanidad

sentirá el terror del fin.

Sólo quedar llorar, gemir y orar,

ya no habrá más hijos

de hijos y la vida detendrá

su cadencia. Y todo volverá

al principio del principio.

La importancia de lo humano

será polvo y ceniza y sólo

quedará un soplo de aire

del olvido. La Tierra  será

un planeta desolado

barrido por el frío sideral

y volveremos a ser,

lo que fuimos antes de ser.

 

No hablo a convencidos

de haberme hallado

en palabras de hombre,

sino a los que me

buscan en lo que hay,

en lo que ven. A los

que resbala en sus oídos

los cantos de alabanza

de hombres sin piedad

que se creen poseedores

de mi verdad de la

única verdad de verdades.

No hablo a los que creen

saberlo todo, sino a los

que saben que nada saben.

No hablo a los que tocados

por el orgullo de su soberbia

creen y aseguran conocer

mi verdad, conocerme

a mí, sino a los humildes

de corazón y de sentimiento

noble. No hablo a los

que se han dejado enredar

en la ignorancia de otros

y en la suya propia, sino

a los espíritus independientes

que saben que el hombre

nada sabe y que todo

en él es ignorancia y

falsedad y que los caminos

de hombre sólo a su

provecho conlleva a

quien a ellos conduce.

Hablo a quien no se

deja guiar por la pobre

luz del hombre y busca

mi Luz de Bien y Verdad

en mi visible y en

mi invisible. Hablo

a quien no teme llegar

hasta el fondo de sí

en su búsqueda de

mí. Hablo al hombre

que me ve en lo que

hay y en lo que no,

al que siente mi

presencia sin palabras

que lo apremien y

confundan. Al que

me oye en el silencio

y en el rumor, al

que sabe que es de

mí y yo de él.

 

No es la muerte

el final, sino de

la vida de materia,

la inmateria es

inmortal y en ella

se halla la esencia

de lo que es su poseedor,

se halla él en su

verdad única y cierta.

Sin materia que la

sustente la vida no

es tal, ya que la materia

es su soporte vital. Lo

inmaterial no vive, existe

y por tanto no conoce

el dolor y el sufrimiento

propio de la materia, sino

el profundo sentir del

espíritu, el alma y la

conciencia que posee.

Cada inmateria es

tan única como eterna

y todas llegarán a

mí, El Hacedor de

Todo lo Eterno.

MDX

MDXI

MDXII

 

En todo mal hay odio,

ya que el odio es la

madre y origen del mal.

En todo bien hay amor,

ya que el amor es el

origen de cualquier bien,

de todo bien. Sin odio

no hay mal y sin amor

no hay bien ya que uno

y otro son condiciones

imprescindibles del mismo.

No hay bien en el mal,

ni mal en el bien. Uno

y otro discurren por caminos

distintos y si llegan a

converger se separarán al

instante, ya que sus

condicionantes son opuestos

y se repelen entre sí.

Sólo el Corazón del Amor

acoge todo lo creado sin

excepción alguna, esté teñido

por la sombra del mal o

sea limpio y bueno: El

Amor Universal todo lo

Ama.

 

Te he hablado y no

me has escuchado.

Te he dicho lo no

dicho y no me has oído.

He abierto tus ojos

cerrados y los has vuelto

a cerrar.  Te he mostrado

lo que hay más allá de ti

y no lo has querido saber.

He disipado la niebla

de tu alma para que

la luz entrara en ti

y has dejado que la duda

anide en tu corazón.

He iluminado tu camino,

de sombras y oscuridad,

y has apagado mi luz.

Y ahora ¿Qué quieres

de mí?.

Te he despertado de tu

sueño y has vuelto a

dormirte. Has oído mi

voz y has sentido el

poder de mi Bien y

lo has olvidado.

Y ahora ¿Qué quieres

de mí?.

Te he ofrecido mi

alimento que no harta

y mi agua que apaga

el fuego de la sed eterna.

Y no has comido ni

bebido. Y ahora ¿Qué

quieres de mí?.

Te he llamado y no has

venido. Te he señalado

el camino y no has

querido recorrerlo. Has

oído el silencio de la

noche eterna y has

visto lo no visto por

el hombre y aún así

no has querido venir

a mí. Y ahora ¿Qué

quieres de mí?

 

No mires con ojos humanos

ni oigas con oídos humanos,

ni juzgues con criterio humano

lo que no lo es, pues

el hombre es incapaz de ver,

oír o juzgar lo que le excede,

lo que sobrepasa el poder

de su razón y la comprensión

de su espíritu. El Hombre

no entiende lo que está

más allá de él, pues sólo

alcanza a lo humano y

a lo que precede y no a lo

que le supera en bienes

y armonía. Y el que se

atreve a hacerlo, opinará y juzgará

como hombre y el error hará

presa en él y no se apartará

de su lado y arrastrará a

otros, tan equivocados como

él, en el camino de la

ignorancia, el camino que

lleva a perderse a la razón

y dónde la inteligencia

resbala como sin anduviera

sobre piedras en el río.

No pretendas, hijo de la

tierra, entender lo que es

incomprensible para tu

razón, sentirás lo que no es

sino el fruto amargo de la

mentira, del error, de la

suposición interesada y de

la maldad inspirada por

el Espíritu que la gobierna.

Ten en cuenta que si pudieras

entender mi pensamiento

y obra, serías igual a mí,

y esa facultad excede de

lo vivo y lo no vivo y sólo

se alcanza en existencia

eterna y unión infinita

y perfecta en mí.

MDXIII

MDXIV

MDXV

 

No te burles de la muerte,

pues ella te atrapará.

No te burles de la vida,

pues es lo único que posees.

No te burles del tiempo,

que es el que lima tus asperezas.

No te burles de tu hermano,

pues él es como tú.

No te burles del dolor ajeno,

pues tú también lo sufrirás.

No te burles de quien cree,

pues él tiene esperanza.

No te burles de quien gime,

pues tú también gemirás.

No te burles de quien sufre,

pues tú estarás condenado.

No te burles de quien teme,

pues a ti te alcanzará.

No te burles de quien ría,

pues está feliz.

No te burles de quien llora,

pues sus lágrimas te quemarán.

No te burles del hombre,

pues tú lo eres.

No te burles de ti,

pues debes respetarte.

No te burles de mí,

pues eres de mí.

 

Quien de sí se compadece,

no ve el dolor ajeno.

Quien sufre por su suerte,

es incapaz de sentir el

sufrimiento de otro. Quien

sólo mira para sí, no

alza su vista al cielo.

Quien sólo procura su

bien, se olvida de su

hermano. Quien no

mitigue su culpa y su

dolor, no podrá mitigar

la culpa y el dolor de

otro. Quien no reparte

su bien, se oscurecerá

en su día. Quien quiera

verme, me verá en otros.

Quien quiera sentirme,

me sentirá en otros.

Quien quiera saber de

mí, habrá de saber

de otros. Quien quiera

amarme, me amará

en otros.

No hay más vida

que la que se vive,

ni más muerte que

la que se muere. Nadie

vive más de una vez

ni muere más veces,

ya que una y otra

van unidas en los

seres igual que el día

y la noche se unen

en el firmamento

y son sólo uno.

MDXVI

MDXVII

MDXVIII

 

No seas la duda

de tu verdad, pues

tu verdad eres tú

y no debes luchar

contra ti, ya que

siempre serás vencido.

No tengas la duda

del caminante ante

dos senderos, pues ambos

llevan a mí, si se

recorren con el corazón

y la verdad que brilla

en los ojos de la

esperanza. Camina

sin temor, pues yo

guío tus pasos.

 

 

Lo que viene de mí

no ha de cansar al

hombre, pues es ligero

como la piel del día

o la noche. Lo que

vine de mí, ha de

conformar al hombre

y disolver el cieno de

su duda, como el

arroyo de agua fresca

mitiga la sed del

caminante. Lo que

viene de mí, no es

para envolverlo y

guardarlo para uno,

sino para mostrarlo

a quien lo necesite.

Lo que viene de mí,

guía al hijo de la

tierra por los senderos

del universo hasta

la Luz de mi Bien.

Lo que viene de mí,

es la mano que lleva

al Bien de mi Bien y

a la Verdad de mi

Verdad.

 

Yo te invoco Señor

del Universo, Espíritu

de la Eternidad

Luminosa. Yo suplico

la fuerza de tu Bien

que a todos alcanza

y a todo llega, para que

venza el mal de mi

hermano, la duda de

mi alma y se llene

mi espíritu de ti.

Seños de la Vida, de

la Verdad y del Bien,

libra a quien sabes que

sufre por enfermedad

y dolor, alivia y sana

su mal. Escucha su

lamento callado y llena

su espíritu de tu Bien,

de tu Verdad y de Esperanza

en ti. Señor del Amor

Perpetuo, derrama la

Gracia de tu Bien sobre

el cuerpo y alma del dolor.

Que la pena de la desdicha

evapore las lágrimas de

su dolor ante tu consuelo

de eternidad.

 

MDIXX

MDXX

MDXXI

 

El que se ciegue en su mentira

y no sea capaz de librarse

de ella, no verá la Luz de

mi Verdad, vivirá entre

sus propias tinieblas y de

ellas no saldrá hasta que

quiera que mi Luz ilumine

y vivifique su corazón.

Sólo quien quiera ver mi

Verdad, la verá y la sentirá

en él. Sólo quien quiera

oírme me oirá, pues mi

Voz habla para él. Sólo

quien quiera saberme, me

sabrá y sabrá de él.

 

Hablo al hombre eterno,

al que se debate en la

niebla de su duda entre

su finitud y su infinitud

de eternidad. Al que se

sabe una partícula del

Universo que nunca acaba,

destinado a unir su

invisible a su Principio

y al que se cree destinado

a la nada eterna e infinita.

Al que se cree insustancial

en su esencia y al que se

sabe portador de mi Presencia.

Uno y otro han de vivir

conforme a su naturaleza

humana y no humana, pues

ambas naturalezas son

consustanciales en él y distintas

a cual otro ser por

mí y de mí: Todo hombre

de mí viene y a mí llega

cuando su momento acaba

y comienza.

 

Yo hablo a los que dudan,

a los inseguros y a los

inquietos de espíritu. A los

que buscan más allá de

las palabras que les han

mostrado, a los insatisfechos

de esperanza y a los que

se sienten perdidos en un

mar sin orillas. A los que

el terror de la muerte les

susurra cada día en sus

oídos su canción de desánimo.

A los que no ven más allá

 de las estrellas y a los que

sienten en su alma el

vacío de la nada, el

dolor del vacío. A los que

enmudecen ante lo

inexplicable, que los hiere

en su más profundo.

A los que no recuerdan

el por qué de su llegada

ni el por qué de su partida,

ni son capaces de adivinar

hacia donde caminan.

A todos ellos les digo:

Vienen a mí y su camino

es necesario, aunque esté

erizado de obstáculos que

parezcan insalvables. En

mí todo será distinto

y su tiempo no acabará.

 

MDXXII

MDXXIII

MDXXIV

 

No hay caminos más allá

de la vida eterna, allí

sólo hay un camino que

a mí lleva, ese camino

todo lo ocupa y nadie

puede perderse en él, pues

sólo tiene una dirección.

Sólo quien de mí huye

o se aparta en su momento

de eternidad puede salirse

del camino y escoger la

dirección contraria que

lo aleja de mí, hasta que

su necesidad de mí le

vuelva al inmenso sendero

del Bien y de la Verdad.

Sólo el perdido puede hallarse

y hallarme, ya que quien no

está perdido ya se ha hallado

y me ha hallado y no precisa

encontrarse más allá de él,

pues está en mí y yo en él.

El velo de la niebla se

desvelará ante él y su duda

se disipará ante la Luz

Eterna de mi Verdad.

 

No adores al hombre

el no ha nacido para

ser adorado por sus

iguales, sino para ser

quien es, no quien

cree ser o quieren que sea.

El hombre ha de hallarse

y hallará, pues en su

camino estoy para él.

Has de saber que tu

camino es sólo para ti,

ya que cada ser a de

recorrer el suyo y

sólo a él toca el

recorrerlo. No hay

atajos para el hijo

de la tierra para

llegar a mí, habrá

de caminar su senda

hasta el final y apurar

su cáliz de vida.

Su niebla no se

disipará hasta que no

llegue a mí, a su

Luz de Eternidad.

 

La cálida mansedumbre

de la verdad lucha

contra el frío amargo

y rabioso de la mentira.

Los granos de la verdad

se disuelven en el mar

de la duda y la desesperanza

y sólo queda de ellos

el tenue reflejo de su

resplandor en el agua.

No dudes de mí ni

de mi palabra, hijo

de la verdad, pues estás

destinado a conocerme

desde que naces y aún

antes de ser engendrado:

Fuera de mi nada hay,

dentro de mí todo está.

Fuera de mí nada es,

dentro de mí todo es.

En mí todo está,

en mí todo es.

MDXXV

MDXXVI

MDXXVII

 

Lo que es de mí

llegará a mí,

al estado de Gloria

Infinita y Eterna

 

Señor del Universo

líbranos de los malos

presagios, aquellos que

vislumbran nuestras

almas atormentadas

por lo desconocido.

Líbranos del dolor

de la pérdida y que

la esperanza de tu

Bien Eterno conforte

la piedad de nuestros

corazones adormecidos

por la luz del mundo.

Aplaca la ira de la

soberbia de nuestra

ignorancia y la duda

que corrompe nuestra

razón de bien. Líbranos

del halo de nuestra

maldad que nos

ciega los ojos que

sienten y nos impiden

reconocer en el otro

a nuestro hermano

que sufre por nosotros.

Que nuestras culpas

nos eleven por encima

de ellas y vuelvan

bien el mal que

causaron.

 

Todo lo que hay

será aire, pero

aire vivo, vivificado

por mí. Lo vivo

por mí vendrá a

mí, pues forma

parte de mí y sin

mí no viviría.

Toda vida es esperanza

y esa esperanza es de

mí y a mí volverá.

Lo que a mí viene

se queda en mí, ya

que de mí era. No

hay mal más allá

del Mal y todo lo

que quiera evitarlo

será de mí y a

mí vendrá. Todo

bien es del Bien

y a Él irá.

MDXXVIII

MDXXIX

MDXXX

 

La sangre del dolor

mana de los corazones

heridos por la injusticia,

mientras los hacedores

de mal pasean sus

conciencias dormidas

y sus egos desmedidos

por los bellos jardines

de la indiferencia, ajenos

a todo lo que no sean

sus propios deseos e

intereses, ignorando

que todo dolor les

será devuelto con

intereses impagables,

ya que nadie podrá

ayudarles con el pago

de sus deudas. Gota

a gota su sangre

colmará los vasos

y los rebosará y sus

gritos de pena y dolor

resonarán en la

eternidad de sus

noches imposibles

de la paz de los justos.

 

Sólo la voluntad de bien

guiará al hombre en su

camino de eternidad.

Sólo la voluntad de bien

será como el filo de la

espada ante la espesura.

Mi espada no es de

acero ni de fuego o aire,

mi espada es de Voluntad

de Bien y ante el brillo

de su Luz se abren las

sendas de la oscuridad más

tenebrosa. Mi Espíritu

de Bien y Verdad llevará

al hombre a mí.

Sólo quien sufre,

sabe de dolor.

Sólo quien teme,

sabe de temor.

Sólo quien ama,

sabe de amor.

Sólo quien odia,

sabe de odio.

Sólo quien me siente,

sabe de mí.

MDXXXI

MDXXXII

MDXXXIII

 

Mi palabra no es dicha

para que se diluya

en el viento del olvido,

sino para que se recuerde,

se siga y se lleve en el

corazón de bien. Mi

palabra es palabra de

Bien e hiere al espíritu

del Mal y a quien

lo sigue. Mi palabra

espera el bien del

hijo de la tierra, para

que oiga lo que debe

oír y vea lo que hay

ante sus ojos. Mi palabra

lo alejará del Mal y

lo llevará a mi Verdad

de Eternidad. Mi

palabra se siente en el

corazón de bien y a él

va dirigida. Mi palabra

es yo y Yo soy mi

palabra.

 

Señor de la Noche Eterna

y de la Luz Verdadera,

Señor del Universo y de la

Potestad del Alma Infinita,

Señor de la Equidistancia

y de la Distancia, de la

Cercanía y del Alejamiento,

Señor Cercano y Lejano,

Señor del Ahora y del

Siempre, del Tiempo y

del No Tiempo, Señor

Intemporal, Señor del

Pasado, Presente y Futuro,

Señor del Hoy, del Ayer y

del Mañana, Señor de

la Materia y lo Etéreo,

de lo que Existe y de lo

que No, Señor de lo Creado

y de lo Increado, de la

Materia y de la Inmateria

Inmanente a ella y fuera

de ella, Señor del Bien Único

y Verdad Suprema:

Soy Antes del Principio y

después del Fin, Soy El Antes

y El Después, Soy El Durante

y El Siempre, Soy El Todo

y La Nada.

 

No temas a la muerte

hijo de la tierra, pues

no hay muerte para ti.

Nada de lo que eres

morirá, ya que no

puede morir lo que

no es materia, sino

vida que emerge de

la materia para alcanzar

su camino a mí.

Tu materia no arrastrará

en su final, a lo que no

lo es, ya que tu materia

es sólo eso, materia

que sustenta lo que no

lo es. Tu vida llega

más allá de ti y no

pertenece a tu materia,

sino a lo infinito y

eterno que late en su

interior y ha de volver

al inicio del inicio,

a mí.

MDXXXIV

MDXXXV

MDXXXVI

 

El Espíritu de la Noche Eterna

pugna con el de la Luz Infinita.

De esa Luz y Oscuridad

emergió el hijo de la tierra,

que se debate hasta su fin

entre sus contendientes internos.

Y allí en el corazón de su

esperanza, guarda el secreto

que no vislumbra y que

no siempre es capaz de

sentir o discernir. Sólo

quien me busque podrá

salir de la duda y encontrar

el camino de su Luz, y su

esperanza de bien se unirá

a la Esencia del Bien

Eterno e Infinito que

hay en mí. Y el hijo de

la tierra, ya no lo será.

No hay calor que mitigue

el frío de la muerte, pues

este viene de dentro del

cuerpo y se apodera de

todo el ser. El calor

de la vida se diluye

ante la frialdad de la

no vida. La muerte es

frío, la vida calor tibio

que calienta el alma

que cobija. Fuera de

la vida hace frío,

un frío que sólo

lo apagará la llama

de mi Luz y el

calor volverá de nuevo

a ese espíritu apagado

por la frialdad de

la noche eterna.

 

Yo soy el que siempre está,

el que nunca falta y nunca

abandona. Yo soy el que

siempre ayuda, el que a

todos y todo ama. Yo

soy la esperanza de la

vida y el fin de la no

vida. Yo soy el anhelo

eterno del hombre, su primer

y último recurso. Yo

soy lo que el hombre teme

y ama y no puede

comprender. Yo soy la

esperanza de vida, más allá

de lo que el hombre llega

a vislumbrar, la esperanza

cierta de lo eterno que a

todo y a todos alcanza.

Yo soy lo inmenso e inconmensurable

y lo menos imaginable.

Yo estoy en lo más y

en lo menos, en lo claro

y en lo oscuro. Yo soy

el Todo y la nada.

Yo estoy en la huella

del viento y en el suspiro

de la madre ante su

recién nacido. Yo estoy

en la fuerza y en la debilidad,

en la compañía y en la

soledad más angustiosa del

alma del hijo de la tierra.

Yo estoy en la fortaleza

y en la debilidad de los

espíritus. Estoy dentro y

fuera. Y mi amor a todo

no conoce límite. Dentro

de mí todo es, fuera de

mí, nada es. Quien

me ama, todo lo ama.

Quien no me ama, nada

ama. Toda vida y toda

no vida son eternidad

en mí.

MDXXXVII

MDXXXVIII

MDXXXIX

 

Hasta los caminos se

anegarán de mal.

Ríos de fuego inundarán

lo que antes fue tierra.

El magma brotará libre

sin ningún obstáculo

que se lo impida y no

habrá refugio donde

refugiarse. No habrá tiempo

para gemir y no

quedará ni la sombra

e lo que fue. Las montañas

caerán y su peso levantarán

olas de fuego y lava que

todo cubrirán. Los mares

no podrán vencer y se

evaporarán entre las llamas

victoriosas. No hay lugar

libre de mal donde quepa

un pie humano. Todo

volverá a su principio y

su principio fue ese.

Lo que se fue de mí