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  En Puntos de vista |Yo desvelo  hoy 

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Yo desvelo

                                                                                                                              

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3

(CXXII - CLXXX)

 

CXXII

CXXIII

CXXIV

CXXV

Antes se oirá

un gran estruendo

y la tierra se

abrirá por muchas

bocas que engullirán

a los hijos del

Mal. Los míos

se librarán del

horror y no perecerán.

 

Nada volverá a ser

 como antes y renacerá

 un mundo distinto,

 la paz reinará y

 mis hijos gozarán

 de mi presencia.

 La verdad será

 reina en la tierra

 y nadie la temerá.

 

 

Los hijos de la

tierra se quedarán

en ella. Los hijos

de las sombras en

ellas morarán, y los

hijos de la luz

serán por siempre

iluminados junto

a mi Padre.

Cada cual elige

su camino según

sus deseos.

 

 

Las mujeres no se

 mirarán en María

 y sus huellas

 se borrarán de

 ellas. Su perdición

 será la de todos.

 Sus risas se tornarán

 llantos eternos.

 

CXXVI

CXXVII

CXXVIII

 CXXIX

 

El estrépito aún

resuena. Gritos

de agonía llenan

el aire. Nadie

escucha, sólo

huyen despavoridos

en cualquier

dirección. Lo que

ha de quebrarse

se quebrará y

lo que ha de

morir, morirá.

Lo que principia

acaba.

 

Mis carros de fuego

 salvarán a mis

 elegidos que se

 unirán a mí.

 Sólo ellos se

 librarán del

 horror.

 

Espíritus malignos

pueblan las tinieblas.

Sus halagos son

demoledores. No los

escuches. Por su boca

salen serpientes

venenosas que

te infectarán con

su ponzoña. Son

los aliados de

Zoaltebec.

 

Quien fue maligno

en vida lo será

más en espíritu.

No escuches su

voz engañosa y

evita su aliento

fétido. Ellos

contaminan el

aire con su maldad.

 

CXXX

CXXXI

CXXXII

CXXXIII

El camino del

 bien está alfombrado

de pétalos de rosa.

El del mal está

lleno de espinas y

abrojos que te

herirán hasta

quitarte tu

preciosa sangre:

No lo transites

peregrino de luz.

 

Yo soy la

Verdad y la

Vida. Quien

crea en mí

tendrá vida

eterna y

quien no

quiera saber

de mí no

conocerá la

Verdad ni

la eternidad

a mi lado.

 

Lo que digo

y hago es

para todos,

aunque unos

lo recibirán

y otros no.

A quien no

alcance mi

mensaje le

bastará con

desear el bien.

El rey del mal

es Zoatelbec. Satán

es el príncipe de

las tinieblas y rey

de los ángeles caídos.

Tanto uno como otro

son aliados inmortales.

CXXXIV

CXXXV

CXXXVI

CXXXVII

El temor

al gran día

no lo parará.

Se apurará

hasta el fin.

Sólo queda orar.

Señor otórgame

tu gracia para

que no me aleje

de ti.

 

Las montañas

del Averno

son resbaladizas

y nadie puede

subirlas. Quien

cae no subirá

por mucho que

lo trate. Sólo

saldrá si quiere

ver a mi Padre.

 

Sin Mí nada

se explica,

conmigo todo

se sabe. El

que no cree

está muerto.

Sin mí nada

vivirá porque

ya nació muerto.

 

CXXXVIII

CXXXIX

CXL

CXLI

 

Muros insalvables

separan a los

hombres. Viven

unos sin querer

saber y otros

me buscan

en sus corazones.

Los que me

nieguen se

mienten y

vivirán en la

mentira  y

los que me

busquen, encontrarán

mi verdad.

 

Ríos vacíos,

mares secos,

tierras estériles.

De ahí hice

surgir la vida

que todo llenó.

Llegará el

tiempo en el

que lo mío

me llevaré

a su lugar

primigenio.

Quien no conozca

la compasión

no será digno

de mí. Su

soberbia le perderá

y lo alejará

de mi Padre.

Limpia tu corazón.

La voz del dolor

llega muy alta

y Él la escuchará.

Su sonido apaga

las risas de la

tierra.

CXLII

CXLIII

CXLIV

CXLV

Quien no consuele

no será consolado

y será una piedra

arrojada a un lado

del camino.

Yo soy el

Profeta de mi

mismo. Anuncio

lo que tendrá

que ocurrir.

El hombre debe

preparar su

espíritu para

acercarse a su

hora final.

Señor apiádate

de los pobres

hombres indefensos

ante la maldad

de Zoaltebec. Él

los arrastra a su

mundo de perdición.

 

 

El mal es

Zoaltebec. Él

es el origen

de todo daño.

Su figura

es la serpiente.

Líbranos Señor

de su mal,

protégenos de

su veneno

infecto.

 

CXLVI

CXLVII

CXLVIII

CXLIX

María nos

ayudará en

el trance

mortal. Ella

es la luz que

nos acerca a

Él.

 

He apurado

hasta la última

gota el cáliz

amargo de mi

Padre. Muchos

que creían en

mí ya no

creerán.

 

Mi momento

final se acerca,

es la voluntad

de mi Padre:

sólo queda obedecer.

 

Mis huesos crujen,

el dolor es inmenso,

lágrimas de sangre

brotan de mis

 ojos. Las risas

 multiplican mi

dolor. Sólo cabe

esperar el fin.

CL

CLI

CLII

CLIII

¡Padre, Padre,

imploro, y no

parece oírme.

Mi desesperación

es infinita! Sólo

queda encomendarme

a Él.

 

No, no debo

dudar , Él no

me ha abandonado.

He de apurar

la hiel.

 

Mis discípulos

sufren conmigo,

ellos tomarán

mi relevo y

extenderán mi

mensaje de amor

y eternidad.

 

 

El nombre del

mal es Zoetelbec,

su poder destructivo

es inmenso. Su

nombre permanece

secreto al hombre,

para que no sea

invocado por sus

seguidores.

 

CLIV

CLV

CLVI

CLVII

 

La familia del

mal está regida

por Zoetelbec, su

mayor seguidora

y fiel discípula

es Jezabel y el

hijo de ambos es

Lucifer, príncipe

del infierno y

rey de los espíritus

demoniacos.

 

El mal se vale

de argucias para

atraer a sus

víctimas y devorarlas

en su fuego

maligno y destructor.

¡No caigas en sus

halagos!

Mi Padre está

atento a tus

súplicas. Él te

librará del Mal

si lo imploras.

El mal ataca

a los débiles

y se hace fuerte

en ellos. No te

debilites con ayunos

y placeres, sé fuerte

y el mal no

accederá a ti.

CLVIII

CLIX

CLX

CLXI

No seáis hipócritas

como esos que son

incapaces de sacrificar

un cordero y no

dudan en comerlo

después. No participes

del festín del mal.

Para llegar a mi Padre,

y Padre de lo creado,

debe mediar el Espíritu

Santo, mi madre María

o yo. Sin nosotros no

llegarás a Él.

 

No debe haber

sacrificio en el

bien, debe ser

tan natural

como es el

hombre recién

nacido. Sólo

así será recibido

donde ha de

llegar.

 

Quien quiera

hallarme ha de

buscarme en su

corazón. Yo estoy

dentro del hombre

y si quiere

escucharme me

oirá.

CLXII

CLXIII

CLXIV

CLXV

Dentro de ti

se halla la

luz y la

oscuridad:

Debes elegir.

Si amas al hombre

amas lo que de

mí lleva.

 

Las montañas de

Cafarnaum caerán

con estrépito horrísono,

la tierra se abrirá

y tragará lo que

se sustenta

sobre ella.

No se oirán los

gritos de los

desterrados: Sólo

cabe orar.

 

Vientos de guerra

soplan sobre la

tierra. Los jinetes

dejarán sus monturas

y abandonarán sus casas.

La lucha es a muerte,

sólo uno de los

contendientes quedará

en pie. Después la

paz reinará duradera.

 

CLXVI

CLXVII

CLXVIII

CLXIX

No hablo para

los hartos, sino

para los hambrientos.

No hablo para los

satisfechos, sino para

los necesitados. No

hablo para los felices,

sino para los afligidos.

No hablo para los

ricos, sino para los

pobres. No hablo

para los que no

tienen sed, sino para

los sedientos. Mi

palabra es para ellos

y en ellas hallarán

su consuelo.

Todo lo que es

me lo debe el

hombre, más yo

no se lo exijo.

Cada cuál dará

según los dones

que haya recibido.

 

 

No vengo a ocultar,

sino a desvelar.

No vengo a oír gemir,

sino a llorar contigo.

No vengo a llorar contigo,

sino a consolarte.

No vengo para los

que ríen, sino para los

que sufren.

No seré yo el que

venga a ti, sino

tú a mí. Quien

quiera seguirme ha

de venir al resplandor

de mi luz eterna e

iluminarse de eternidad

con la luz que nunca

acaba. Yo soy el

resplandor de mi luz

y tú mi acogido.

Bajo mí se guardarán

los que me aman y

serán iluminados. Sus

almas no conocerán

la angustia de las

sombras tenebrosas.

 

Yo haré que no

sufra el moribundo.

Su paz será conmigo

y su corazón se

entregará a mí

sin lucha ni dolor.

CLXX

CLXXI

CLXXII

CLXXIII

 

Las cinco señales

que anunciarán mi

llegada son:

El Sol aumentará

su tamaño y nubes

rojizas envolverán

la Tierra.

Vientos calientes y

poderosos barrerán

todo a su paso.

Los ríos se secarán

y los lagos seguirán

su misma suerte.

Lluvias torrenciales

arrastrarán todo

con la fuerza de

lo imparable.

Bolas de fuego

se abatirán sobre

la tierra.

En medio del caos

se escuchará mi

voz en todos los

confines de la tierra,

quien me siga

se salvará y quien

me ignore se

perderá. No será

tiempo de duda,

sino de seguir mi

Verdad o negarla.

 

Nunca ha sido

nombrado, su sola

invocación atrae su

mal. Ha sido

llamado el Innombrable

y su nombre es

Zoetelbec, Zoaltebec

o Zoeltebec.

El Espíritu Santo

lo aleja para siempre.

Vengo a descubrir

no a ocultar.

¿Qué crees,

que puedes

desafiar la

Gloria Infinita

del Creador?

No temas a

tu miedo

y ven a mí

cuando te

llame.

No atormentes

tu espíritu con

nimiedades.

Déjalo en paz

que se acerque

a Mí.

CLXXII

CLXXIII

CLXXIV

CLXXVI

 

Estoy con Él

y con los que

me amen en

su corazón.

No permitas

que la duda

prenda en ti.

Ella es

serpiente

sibilina

que repta

por las hierbas

de la ignorancia.

 

No desbarates

la obra de

mi Padre.

Lo vivo debe

vivir y lo

inerte ser

útil.

No temáis

vuestro momento,

yo os tomaré

de mi mano

y os llevaré

junto a mi

Padre.

Resuenan las trompetas

celestiales. El mundo

de los hombres se

derrumba. Se acerca

un reino que no

tendrá fin.

CLXXVII

CLXXVIII

CLXXIX

CLXXX

Gritos de angustia

parten de la tierra,

son las voces de

los perseguidos, de

los ignorados y

maltratados. Mi

Padre las atenderá

a todas. El dolor

y la pena serán

desterrados para

siempre.

 

Las heridas que

se causa el hombre

no son suyas, es

Zoatelbec que actúa

a través de los

débiles. Él llena

de llanto y dolor

la tierra. Su

influjo maligno

es poderoso.

Todo mal

no es sino

debilidad

humana.

Todo bien

no es sino

fortaleza.

Si me

necesitas

para fortalecer

tu corazón, ora.

 

Caminas cabizbajo,

negros pensamientos

mortifican tu ánimo.

Negros nubarrones

revolotean por tu

cabeza. Has de

salir de tu desdicha,

tú ánimo es sólo

 tuyo y sólo a ti

corresponde elevarlo.

Ora a mi Padre

en nombre de mi

Madre María, el

Espíritu Santo o

en el mío propio

y aliviarás tu

desventura.

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