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  En Puntos de vista |Yo desvelo  hoy 

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Yo desvelo:

 

 

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19

(MLXXXIII-MCXLIV)

 

MLXXXII

MLXXXIII

MLXXXIV

 

Igual que el rocío

prende en la hierba

y la vivifica, mi

palabra prenderá en

el corazón del hombre

sediento de ella

y lo vivificará para

su eternidad, no

volverá a padecer

la sed de su ignorancia,

ya que quien me

sabe, me tiene en

sí y quien me tiene,

sabe de mi y sabe

lo que debe saber, ya

que todo saber de

mi proviene y en

mi palabra se

halla.

 

Los muros del silencio

que guardan a los que

ya no están, se derrumbarán

con estrépito y ellos

volverán a estar como

estuvieron, pero libres

de amenazas y sufrimientos.

Sus huesos recuperarán

su carne y su carne sus

huesos, aunque ya nada

será como fue, su tiempo

pasó y su vida se cumplió.

Ocuparán un espacio que

no es y estarán en un

tiempo y lugar distinto

a lo que conocieron. Ya

no necesitarán ni el

tiempo ni el sitio, ya que

no son lo que fueron.

No sentirán frío ni calor,

hambre ni sed y sus emociones

no serán las que fueron

antes de dejar de ser.

Los que quieran venir a mi,

a mi vendrán y los que

no, sin mi se quedarán:

Nada volverá a ser como fue.

 

La montaña volverá a

ella y las gotas de agua

del aire volverán a

sus ríos, lagos o mares.

Todo volverá  a su lugar

y el hombre no será

una excepción. La tierra

mezclada con polvo del

hijo de la tierra, se

separará de él y el

agua que le pertenezca,

también volverá a él.

Lo que es del hombre,

volverá al hombre, y lo

que es de la tierra,

volverá a ella. Nada

quedará fuera de su

lugar y todo volverá

a su ser. Más la

tierra ya no tendrá

vida, sino existencia

y será como fue y

será distinta sin

el don de la vida:

Lo etéreo sustituirá

a lo corpóreo y guardará

su forma y apariencia.

Sólo el hombre será

igual que fue y será

llevado a mi presencia.

Y se verán unos a

otros como fueron y

los muertos reconocerán

a los vivos y éstos

a los muertos, y vivos

y muertos serán iguales,

pues nada los separará,

excepto su materia que

ya no será, sino su

energía que proviene

de mi, y a mi

volverá.

 

MLXXXV

MLXXXVI

MLXXXVII

 

Yo no soy duda,

sino certeza. Quien

me busque en su duda

no me hallará, pues

allí no estoy, sino

en su verdad, en

la que no admite

la duda de su

razón. La verdad

no está en la duda,

ya que no se puede

creer en algo  y en

lo opuesto  al mismo

tiempo. La duda es

el engaño de la razón

a la evidencia de

la verdad. Quien

duda, distrae su

verdad hasta no

reconocerla, ni en

su mente, ni en

su corazón. Seguir

el camino de la

duda es querer ir

por dos caminos

opuestos al mismo

tiempo: La duda

inmoviliza. La duda

es la indecisión

de la ignorancia.

 

No solo con su fe

y su esperanza de

eternidad, llega el

hombre a mi. Para

ello habrá de cumplir

mis preceptos, que

lleva dentro de sí,

y de los que ningún

hombre puede alegar

ignorarlos, ya que

le son repetidos desde

su interior y por

otros hombres durante

su vida: Quien los

cumpla, me ganará,

quien no, me perderá.

El hijo de la tierra

ha de saber que no

hay mayor mal

para él, que verse

privado de mi por

su equivocada

elección de mal.

Los hijos de la esperanza

caminarán a oscuras,

pues ellos extraviaron

la luz que los guiaba

y ya nada les diferencia

de los demás hijos de

la tierra. La esperanza

no se hereda, ha de

buscarla cada cual

en las profundidades

de su alma indefensa.

La esperanza camina

con la fe en el

sendero de luz que

lleva a mi. Nadie

que la posea dejará

de llevarme a su

lado en el camino:

Yo soy la Luz de

la esperanza que nunca

se apaga para el

hombre de fe y amor.

 

MLXXXVIII

MLXXXIX

MXC

 

Camina el hombre

hacia su noche más

larga y solitaria, sin

más compañía que su

fe y su esperanza de

eternidad. Yo estoy

ahí con él y yo

estoy en él. El

hombre incrédulo

cree que su existencia

no puede continuar y se

abandona al vacío

de su desesperanza,

a su inutilidad de

vida y a su pérdida

de lo que ama, nada

puede consolar su

espíritu, pues en nada

cree. Sólo reconfortará

a su indefensa alma

si confía en lo que

no ve, si se entrega

a lo que presiente

sin temor, y se da

a lo que oye en su

corazón y tanto ha

negado. Sólo así,

me hallará en él.

 

Muros de temor jalonan

la vida del hombre,

son muros falsos llenos

de artificio y maldad.

Sólo el hijo de la

tierra que cree en mi,

es capaz de derribar

esos muros. Conmigo

no hay temor y nada

puede el hombre hacia

otro hombre, ya que yo

estoy con él y él lo

sabe, yo soy para el

hombre su bien profundo,

su valor de verdad y

la seguridad de su

existencia eterna. En

mi está la Gloria que

no cesa y el hombre

que ame más que dañe,

habrá de conocerla.

Yo soy el silencio

que habla a su

corazón en su angustia

más callada. El trigo

que lleva el pan a su

alma hambrienta y

el agua que le sacia.

No hay duda en la certeza

ni certeza en la duda,

una y otra son incompatibles

entre sí. No hay verdad

en la mentira ni

mentira en la verdad,

una y otra son opuestas.

No hay amor en el odio,

ni odio en el amor, uno

y otro son antagónicos

entre sí. No hay bien

en el mal, ni mal

en el bien, uno y otro

son tan distintos como

distantes entre sí. Sólo

yo puedo hacer bien

del mal y el mal,

tratará de hacer mal

del bien en toda

ocasión que se le ofrezca

flaqueza o debilidad

de espíritu: Sé fuerte

en tu bien y las fuerzas

del mal nada podrán

contra ti.

MXCI

MXCII

MXCIII

 

La ignorancia es como

el cielo del día que

el hombre ve, donde

no se distinguen las

estrellas de la noche.

El hombre al no verlas

puede pensar que no

están en el firmamento

y sólo aparecen en la

noche para ocultarse

durante el día. Sin

considerar que puede

existir tanto lo que

ve, como lo que no

ve y que lo que existe,

no existe en función

de que él lo vea o

perciba o no, sino que

es independiente de él

y nada influye en

su existencia el hombre.

La vanidad y el orgullo

del hijo de la tierra,

le hace creerse que es

mayor y más poderoso

de lo que es y en

su soberbia, llega a

creer que el mundo

gira a su alrededor.

Lo único que engrandece

lo minúsculo del hombre

en el universo, es

su eternidad de Bien

y mi preferencia por

él: El hombre no

debe mirar sólo con

los ojos de sus ojos,

sino con los ojos de

su razón y con los

de su corazón.

 

 

Cuando el hombre se

atreva a tocar lo intocable,

a ver lo invisible y

a sentir lo impalpable,

podrá decir lo indecible

y expresar lo inexplicable

y se acercará a la

Verdad que se le oculta.

Podrá pensar lo impensable

y su mente no conocerá

límite que lo aprisione.

Lo que antes estaba

lejos para él, se le

acercará y podrá saber

lo que ignora, desde la

certeza de lo cierto

hasta la mentira de

la duda: Su saber

lo llevará a mi. En

su intangible estoy yo.

 

Quien no cree en mi,

se abandona a su

muerte. El desamparo

de su espíritu lo llenará

del vacío de la nada,

y su propia vida no

tendrá para él ningún

sentido. Quien en mi

cree, llenará su vida

de esperanza y su espíritu

se reconfortará en mi

ante su aflicción . Su

vida será plena y

buscará mi Luz allá donde

esté y mi Luz encontrará

y lo guiará en su

camino a mi.

MXCIV

MXCV

MXCVI

 

Os hablo a vosotros

a los  testigos silenciosos

del dolor ajeno. A aquellos

incapaces de sentir ante

el sufrimiento de otros

seres. Vosotros también

pasareis por momentos

de dolor y sufriréis  por

ello y os gustará sentir

el calor de la mano

amiga y el consuelo

de la esperanza de los

demás. Vosotros no

querréis padecer la

soledad del mal cuando

éste se cebe en

vuestras carnes y mente.

Por eso os digo: Quien no

padezca con el dolor

de su hermano,  no será

acompañado en el suyo

y su mal se duplicará.

Quien sienta con su

hermano, sabrá que yo

siento con él y nunca

se sentirá solo con su

padecer. 

 

 

 

Señor del Universo:
Sé que no soy devoto
de tu Verdad y que
me olvido con frecuencia
de ti y de lo que
significas en mi.
Sé que sospecho de
hasta el aire que
uso para respirar
y sólo confío en la
realidad a mi alcance.
Sé que me escondo
en la cobardía de
mi razón para no
aceptar la Verdad
de tu Palabra. Sé
que huyo de lo que
no comprendo con
mi sola razón y
no me molesto en
buscar dentro de mi.
Sé que mi ambición,
mi orgullo y yo
mismo no son nada
que a nadie pueda
interesar. Sé que
mis hechos y mis
obras son pobres y
tan escasas como
insignificantes. Sé
que mis pensamientos
y yo mismo estamos
en manos de mi propia
debilidad y flaqueza.
Sé que no merezco
y menos aún te
merezco, ya que olvido
a los demás si no
me interesan para
algún beneficio propio.
Sé que mi piedad
está muy lejos de lo
que debiera ser y que
procuro olvidar lo más
pronto posible el dolor
y las carencias de los
necesitados. Sé que
he olvidado cómo
consolar al sufriente
y sólo en mi cerrado
egoísmo, de mi me
ocupo. Sé que la duda
atenaza mi espíritu
y me desvía de ti.
Sé que tu presencia
me intimida y
tu claridad de
Bien y Verdad me
abruma. Sé Señor,
así y todo, que te
necesito como el
aire que respiro y
sin ti nada significaría
algo, ya que sé que
tu eres el Todo. Sé
que sin tu agua y
tu pan me moriría
de hambre y sed de
ti. Perdona
.

 

 

Quien no cree en mi,

se abandona a la

soledad de su penumbra.

Su espíritu sentirá la

angustia de los abandonados

y su alma no podrá

venir a mi,  ya que

la incredulidad del

que fue hijo de la tierra,

se lo impide. Quien

no cree, no halla

consuelo ni en él , ni

en los demás, ya que

nada ni nadie

podrá llenar su vacío

de mi, excepto yo.

Quien cree en mi,

lleva una vida plena

de significado cercano

y último, ya que sabe

que yo soy la razón de

su ser y el ser de su

razón y de su espíritu.

Quien me siente dentro

de sí, nada teme pues

sabe que yo estoy en él

y con él por la eternidad

de su existir.

 

MXCVII

MXCVIII

MXCIX

 

Siento como se clavan

en mi frente las

espinas del silencio,

de la ingratitud y

de la cobardía de los

que me temen sin

motivo. Ellos no

han de temerme,

pues mis espinas

serán flores para

ellos y llenarán su

espíritu de mi.

Siento como los

clavos atraviesan

mi piel y mi

carne, son los

clavos del odio,

del rencor y del

resentimiento sin

culpa que los

ampare, de enemigo

sin enemistad

de mi. Ellos no

tendrán mi odio,

sino que mi amor

los inundará de fe

y creerán en mi,

mi venganza es amor,

y en ella se diluirá

su dolor por el daño

causado. Sus corazones

vendrán a mi y yo

lo acogeré en mi

perdón eterno.

Los que me golpean

y me escupen  o me

insultan al pasar,

verán que sus golpes,

insultos y ofensas

a mi no llegan,

pues yo no los

recibo en mi, sino

que llegan a ellos

mismos envueltos

en amor a ellos

y en forma de

caricias en sus

asustados corazones.

La crueldad de

los crueles se volverá

haz en sus espíritus

atormentados y en

todos ellos estaré

siempre. Ellos vendrán

a mi.

 
 

En todo misterio

hay ocultación, ignorancia

y mentira. El misterio

no es verdad oculta,

sino engaño de verdad,

es una fruta agusanada

con apariencia de sana.

El hombre cambia lo

que no sabe en misterio

y esa forma de ignorancia

lo reconforta en su duda.

En mi no hay misterio,

ni ocultación ni

ignorancia, sino Luz y

Verdad. Quien a mi

me busca, busca la

verdad y quien a mi

me halla, la encuentra.

 

Señor ilumina la

ceguera de mi

corazón con la luz

de tu verdad, haz

que vea lo que no

veo, lo que se me

oculta por la muralla

de mi ignorancia. Por

la mentira que aflige

mi espíritu. Haz que

oiga lo que no escucho

y mi corazón sienta

tu presencia. Que

mis oídos se liberen

de palabras engañosas

y se reconforten con

tu palabra. Que mi

espíritu se entregue

a tu verdad sin

temor ni desconfianza,

sino con la entrega

absoluta de quien

en ti confía más

allá de su propia

vida.

 

MC

MCI

MCII

 

Muchos son los que

pretenden hablar por

mi, porque repiten

lo que creen son mis

palabras. Ellos son

falsarios, ya que lo

hablado por mi, no

es para uno, sino

para todos y el que

los repite ha de saber

que mi palabra es

para ser escuchada

o leída desde mi,

no desde él, y ellos

sólo en ellos creen.

Ellos utilizan mi palabra

para su enaltecimiento

o provecho, no para su

enseñanza de saber y

de hacer. Ellos no creen

en mi, ni en mi palabra, ni en mis

hechos.

 

Señor, Señor, ilumíname

con tu Luz para que no

yerre mi camino y

siga al que a ti lleva.

Haz que no me aparte

de ti ni la debilidad

de la tentación, ni

el dolor de mi ignorancia.

Hazme Señor de ti y

en ti estaré en vida

y más allá de ella.

 

Sal de tu encierro

peregrino del viento,

ven a mi y olvida

lo que fuiste y quien eres.

Ahora ya no perteneces

al pasado que te vio

nacer, sino a lo que

te espera más allá

de lo más lejos.

No temas peregrino

del viento, yo estaré

contigo y nada

podrá contra ti. Sé

que tu valor cubre

tu peligro y los que

no quisieron dejarte

partir, te anhelan

con su dolor desesperado,

con el dolor que no

tiene cura ni remedio.

No te entretengas

en el camino, tu

nada puedes hacer

por ellos, ni ellos

por ti. Tu tiempo

ha pasado y el de

ellos pasará, sigue

hasta mi. Mi sendero

de Luz te recibirá

jubiloso, pues la bondad

adorna tu alma y

ella eres tú. Lo que

de mi partió, a mi

regresa. Lo que se fue

solitario, solitario

vuelve. Lo que se marchó

puro, puro viene.

No te cuides de los

que dejas, ellos serán

amparados por mi

y tu mediación a todos

ellos acogerá.

 

MCIII

MCIV

MCV

 

El saber que yo doy

nadie puede darlo

ya que sólo yo lo

sé. El hombre sólo

conoce lo que se le

muestra a su razón,

lo que descubre a la

luz de su inteligencia.

Donde no llega la luz

de su razón, llego yo

y donde su inteligencia

se apaga como una

vela sin mecha, se

enciende mi Luz de

saber. Quien quiera

saber, a mi ha de

venir, pues fuera de

mi, sólo hay ignorancia

y vanidad de falso

conocimiento. Todo

saber proviene de mi

y toda ignorancia

proviene de la oscuridad

de Mal: Quien posea

voluntad de saber, sabrá,

quien quiera ignorar,

ignorará.

Yo soy la Verdad,

la verdad única

de la que parten

las demás verdades,

pues toda verdad

de mi procede. Quien

a mi me busca,

busca la verdad y

la verdad irá hacia

él como los rayos

de luz llegan a

penetrar las tinieblas,

mi Luz alcanzará

su ignorancia y la

deshará como el viento

deshace el humo y lo

dispersa. Muchos son

los hombres que usan

mi Verdad para

enmascarar su mentira

y aún éstos podrán

poseerla, pues de la

mentira yo saco

verdad y de su mal

saldrá bien.

 

Camina el hombre a

oscuras en un mundo

de luz. Camina el

hombre en la ignorancia,

en un mundo de saber.

Camina el hombre en

la mentira  en un mundo

de verdad. Camina el

hombre en el temor, en

un mundo del que nada

ha de temer pues yo

estoy en él y con él.

Camina el hombre en

el sufrimiento de dolor

y él será mi preferido.

Camina el hombre por

caminos erróneos y no

sigue el suyo. Camina

el hombre en busca de

tesoros y riquezas y el

mayor tesoro y la mayor

riqueza es él mismo.

Camina el hombre tras

el poder y en él no

hay poder que se le iguale.

Camina el hombre por

caminos de espinas y

los hay de flores perfumadas.

Camina el hombre

empujado por el viento

de su ambición y descuida

lo que de él es de él.

Camina el hombre detrás

de otro y cada cual

debe seguir su camino.

Camina el hombre

 humilde con la cabeza

baja y ha de mirar

su firmamento ya que

debe gozar de su belleza.

Camina el hombre sin

valorar lo que posee y

llorará con amargura

su pérdida. Camina

el hombre ciego al

bien,  a la belleza y

cuanto le rodea es

bien y belleza. Camina

el hombre perdido y

rehúsa tomar mi

mano. Camina el hombre

en la incertidumbre de su

duda sin querer ver, sin

querer verme.

 

MCVI

MCVII

MCVIII

 

Si el hombre deja  que

yo entre en él, él

entrará en mi y

no conocerá la

soledad de la ausencia,

pues su alma estará

tan llena de mi,

como de él. La

bondad del bien

llenará su vida y

el mal nada podrá

contra él, amará

y será amado en la

tierra y más allá

de ella.

 

Al principio fue el principio,

el origen de lo originado

y ese principio primero

que no depende de nada

y del que parte cualquier

inicio y fin, soy yo.

Yo soy el Principio del

principio y el fin de

Todo fin. En mi no

hay límite, pues todo

lo abarco, lo existente

y lo que no, lo pasado

y lo por venir. Yo todo

lo contengo y todo soy

yo, ya que yo soy

el Todo.

 

Caen mis espinas una

a una, como las gotas

de sangre de una herida

abierta en el corazón

de lo vivo. Mis latidos

son tuyos, como son

tuyos todo lo que de

mi hay: Mis pensamientos

son tuyos, mis hechos

son tuyos, mis palabras

son tuyos y todo lo

que yo soy, hasta el

don de la vida, es

tuyo. Lo mío has de

emplearlo en ti, en tu

propia medida, pues

nada puede albergar

quien nada tiene para

ello. Y mucho puede

albergar quien mucho

posee de mi. Quien

en mi vive, sabrá de

la alegría del Bien, quien

de mi huye, conocerá

la tristeza de mi ausencia

en él.

 

MCIX

MCX

MCXI

 

Nada  es el hombre sin

su voluntad de bien,

ya que es el camino

que merece su don.

Quien pervierte su

voluntad de bien y

sigue otras voluntades

de él mismo o de

otros, no sigue el

camino de su don

y deberá volver a

iniciar el sendero

que debe caminar.

Sólo así irá por

donde debe ir y

llegará a donde debe

llegar. Mientras más

se adentre por lugar

equivocado para él

más deberá retroceder

hasta el inicio de

su mal y mayor

será el esfuerzo por

hacerlo. Su mérito

lo salvará.

Espíritu del Bien, guarda

mi débil espíritu y

protégelo de los malos

presagios y de sus propias

flaquezas. Guárdalo del

Mal y de sus acechanzas

y fortalece la fe que

lo sostiene y la esperanza

que lo alimenta. Sálvalo

de la ingratitud, de la

dureza de corazón y del

olvido de ti. Levántalo

cuando caiga una y

otra vez y dirígelo hacia

ti, pues en ti confío y

en tu Bien de eternidad.

 

Todo mal que aflige

al hombre, viene del

Mal y todo bien que

alegra y reconforta al

hombre, viene del Bien.

La muerte es la última

victoria del Mal, ya

que nada puede más

allá de ella, más

allá empieza mi

camino de Luz, Paz

y Gloria y quienes

renuncien al Mal, lo

caminarán hasta mi

eternidad absoluta.

Todo mal es pasajero

y mi Bien es absoluto

y eterno. Quien tome

mi camino no se

separará de mi, mi

mano lo tomará y

mi Luz, será la

suya. El Mal nada

podrá contra él,

mi Bien prevalecerá

ante él. Antes de

llegar a mi, él

hijo de la tierra habrá

de apurar su cáliz de

hiel, su dolor y sufrir

ya no será.

 

MCXII

MCXIII

MCXIV

 

Yo nunca dejaré de hablar

al corazón que quiera

escucharme, al que desee

oír la Verdad que de

mi viene y al que

necesite mi consuelo

para su dolor de vida.

Mi palabra y mi mano

nunca faltarán al hijo

de la tierra, ya que

yo estoy en él y con

él.

 

Cuando el corazón

se libere de su culpa

y su pensamiento

me siga y me desee,

yo apareceré en el

espíritu del hombre,

yo fortaleceré su

debilidad. Su conciencia

será de bien y el

Mal se retirará de

él. Su espíritu será

libre y el hombre

ofrecerá al hombre

lo mejor de sí.

 

Si el Mal se apodera

del espíritu del hombre,

sólo generará mal y

sólo cuando el hombre

quiera vencerlo y apartarlo

de él, lo vencerá y

se irá de su lado. El

Bien lo llevará al bien

y todo cuando haga o diga

asistido por el Espíritu

del Bien será bien para

él y para los demás.

Igual que la enfermedad

avisa de su presencia en

el cuerpo y lo daña, el

Mal se apodera del

espíritu indefenso del

hombre y lo daña. El

hijo de la tierra habrá

de vencer la debilidad

de su espíritu, fortalecerlo

y vencer su mal, sólo

así el bien volverá

a él.

 

MCXV

MCXVI

MCXVII

 

Ciego es el hombre

que sólo ve lo que

le muestran otros

hombres y no ve

lo que yo les muestro.

Sordo es el hombre

que sólo oye lo que

le dicen otros hombres

y no oye lo que

yo le digo. Insensible

es el hombre que

sólo se emociona

con lo que del

hombre viene y nada

siente ante lo que

de mi llega a él.

Así, ciegos, sordos

e insensibles, caminan

muchos hijos de

la tierra sin querer

escucharme y sin

querer sentirme

en cuanto les

rodea. Ellos no

me verán, no me

oirán y no me

sentirán hasta que

no me lleven en

sus ojos, no me

oigan en sus oídos

y no me sientan

en sus corazones.

Mi Verdad y mi

Bien es para ellos

y sin ello, su senda

será de mentira

y mal y no sabrán

de la gratitud del

Bien y de la Verdad

en sus vacíos ojos,

oídos y sentidos.

Sus espíritus vacíos

han de llenarse

de mi para ser

Gloria infinita

y eterna.

 

Ella caminaba en

la soledad de su noche

más triste. Sus pasos

eran tan leves como

los pétalos de una

flor al posarse en la

tierra. Sin embargo,

en su corazón puro,

la angustia y el

dolor de lo vivido

pesaba más que

el plomo derretido

en lingotes de sufrir.

Le hablaban, le decían,

pero nada oía, nada

era capaz de oír, nada

podía penetrar del aire

a su oído y de allí

a su comprensión. Sabía

que eran palabras de

consuelo, pero qué podía

aliviar su pena, qué

podía arrancar de sus

ojos y oídos lo que

había visto y oído,

lo hecho a la carne

de su carne, a su

bien más preciado,

a la luz de sus

ojos, a su hijo querido,

a su más preciado

bien, a lo mejor de

su vida, al Bien del

Bien. Sintió un brazo

en su hombro y una

mano firme que la

guiaba. Una amiga

la sujetaba por el

brazo  y  la ayudaba

en su penoso caminar.

Volvió sus  ojos velados

por el llanto y la

neblina del dolor,

y allí, junto a ella

lo vio. Él la llevaba

y él la sonreía,

su corazón no quería

comprender, sólo

sabía que su hijo

estaba allí, junto

a ella y por eso

supo que sus pasos

eran como pétalos

de rosa al acariciar

la tierra.

 

Quien no quiera saber,

no sabrá, quien prefiera

vivir en la ignorancia,

ignorancia tendrá. Quien

no quiera creer, no

creerá y quien no quiera

aceptar su vida, no la

aceptará. Quien no quiera

vivir, no vivirá. Quien

busque morir, morirá.

El hombre es el dueño

de su vida y él elige

el camino que desea.

Pero el hombre ha de

saber que dentro de él,

en su espíritu, se hallan

dos voluntades adversas

una de bien y otra de

mal y en la elección

del hombre, ha de seguir

una u otra y según su

voluntad de bien o de

mal elija, así será su

camino, tanto en vida

como en eternidad.

MCXVIII

MCXIX

MCXX

 

Igual que hay un tiempo

de nacer y de morir,

hay un tiempo de dudar

y un tiempo de obrar,

un tiempo de creer y

un tiempo de verdad

en el que la mentira

se disuelve en sí misma.

El hombre debe dejar

atrás el tiempo de rencor

y de venganza, ya que es

tiempo de perdón y olvido

de las ofensas. Es tiempo

de amar al hermano cruel,

despiadado, al que sigue

el camino del mal a

sabiendas, es tiempo

de cambiar el desprecio

por aprecio, el miedo

con temor hacia lo

irremediable, por el valor

de la esperanza en lo venidero.

Es tiempo de buscar

lo que no puedes hallar

en tu ceguera de

corazón. Es tiempo de

entrega, no de ruindad.

Es tiempo de enmendar

no de seguir por la

senda equivocada. Es

tiempo de mirar lo

que temes ver y de oír

lo que tus oídos ansían.

No es tiempo de

preocupación, sino

de decisión hacia

la bondad del espíritu

propio y abandono

de flaquezas y debilidades.

Es tiempo de fortaleza

en el bien y en la

verdad y de perdón

hacia el mal y la

mentira. Es tiempo

de alzarse con la

bandera del bien y

de la verdad y de

reconfortar a los que

no dejan de temer

en su desesperanza.

No es tiempo de dudar,

sino tiempo de amar

y obrar en dirección

a mi, en dirección a ti

y en dirección a tu hermano.

 

El bien no es sólo

renuncia al mal, sino

obrar en él. El mal

no es sólo renuncia al

bien, sino que obra en él.

Quien ejerce el mal,

conoce su influjo dentro

de él y la debilidad

le impide desafiarlo y

vencerlo y se deja llevar

por la fuerza negativa

y maligna de su espíritu.

Su cobardía le impide

luchar y prefiere ponerse

de parte de lo que su

alma rechaza en lo

profundo de su ser.

Quien sigue el sendero

del mal, se acostumbra

a transitarlo y su

espíritu se debilita

más en cada ocasión.

Su voluntad ha sido

vencida en su bien y

sólo queda el mal

para seguirlo. Mientras

más se interne en el

camino de oscuridad,

más le costará hallar

su luz. Sólo quien

de la vuelta sobre

sus pasos, podrá llegar

a mi: Sólo su valor

de bien podrá llevarlo

a su camino de bien.

Sólo el que vea su luz

podrá seguirla y sólo

el que la siga llegará

a mi. Mi Luz se halla

donde mire el que  quiera

verla, donde mire el

que quiera seguirla. Mi

Luz está en él, en su

hermano y en cuanto

le rodea. Mi Luz llega

a su oído y a su pensamiento.

Mi Luz se siente en el

corazón del alma y

en el espíritu que la

desea. Mi Luz está

en el Espíritu Santo,

el Espíritu del Bien y

de la Verdad que le

acompaña. Mi Luz

es amor y mi Amor

es Luz, quien la sigue,

me sigue, quien la

busca, me busca y

quien la halla, me

halla. 

MCXXI

MCXXII

MCXXIII

 

Igual que plantas

y animales disimulan

sus intenciones y aparentan

lo que no son, el hombre

aprende a usar el

disfraz engañoso de

una falsa apariencia

y presentan a otros

hombres un aspecto

diferente a como es.

Es el lobo disfrazado

de cordero y el cordero

disfrazado de lobo.

El hombre aunque

use el disfraz más

engañoso y el disimulo

más acorde con su disfraz,

no puede engañar al

que mira en su corazón

más allá de sus palabras.

La mentira flaquea

ante la verdad y descubre

la maldad de sus

intenciones: Más hombres

sucumben al engaño

de la mentira, que siguen

el camino de mi Verdad.

 

Mal retrocede de este

cuerpo enfermo, retírate

de él, apártate de su

lado, aléjate de él y

nunca vuelvas a apoderarte

del bien de su salud.

Mal, yo te lo mando,

te lo ordeno con la

fuerza de la invocación

del Bien que represento.

¡Espíritu del Bien, devuelve

la salud a este cuerpo

enfermo por la Gracia

de tu Bien, haz que

mis manos transmitan

tu Bien más allá de

mi y alcancen a sanar

lo que enfermó. Haz

que su espíritu se purifique

en tu Bien y lo que

en él haya de Mal se

aleje de su lado!.

¡Te invoco Espíritu

del Bien, Espíritu Santo,

Espíritu de la Verdad,

Espíritu de Él Bien,

Sana su espíritu, Sana

su cuerpo!.

 

Yo te bendigo en el nombre

Del Que Todo lo Puede,

Yo te bendigo en el nombre

Del Que Todo lo Ama,

Yo te bendigo en el nombre

Del Que Todo lo Espera,

Yo te bendigo en el nombre

Del Que Siempre Te Ama,

Yo te bendigo en el nombre

Del Que Siempre Está Contigo,

Yo te bendigo en el nombre

Del Que Nunca Te Abandona,

Yo te bendigo en el nombre

Del Señor de La Luz de la

Vida.

Yo te bendigo en el nombre

De Él.

MCXXIV

MCXXV

MCXXVI

 

El que haya de enfrentarse

al Mal e invoque mi Bien,

ha de hacerlo sin resquicio

de mal en su espíritu y

sin otro interés que no sea

el bien que ha de procurar.

Si lleva el mal en él,

la duda invadirá su

certeza y la esperanza

no podrá contra su propia

incertidumbre: Sólo quien

me lleva, podrá darme.

Sólo el espíritu sano,

podrá sanar. Sólo vencerá

el mal de otros, quien

halla vencido el suyo.

 

Cuando el hombre

oiga lo inaudible,

me oirá, pues mi

voz llega a él desde

su propio corazón, si

quiere oírme me

oirá y mi palabra

le dirá cual es

el bien que busca

y donde lo hallará,

pues nada se ocultará

a lo humano y el

hijo de la tierra

todo lo sabrá, pues

todo lo que hay

es para él, pues

para él fue hecho.

En mi nada es

oculto, yo estoy

en cuanto hay y

quien quiera hallarme,

en todo cuanto

hay me hallará.

 

Mis palabras son para

ser dichas y repetidas

hasta que lleguen a todos

lo que quieran oírlas.

Quien no quiera oírlas

permanecerá sordo a

ellas y sólo el que abra

su mente y su corazón

a ellas, llegará a ellas

y llegará al Bien que

en ellas hay. Quien

accede a mi Bien,

accede a mi y quien

a mi accede tendrá

Gloria eterna.

MCXXVII

MCXXVIII

MCXXIX

 

El velo de la vida

y la luz del sol

cubren la tierra

durante el día

y por la noche,

el cielo desvela

su grandeza y la

luz del firmamento

nos señala lo

que existe. El hombre

no debe temer

su pequeñez en el

universo, pues su

alma lo hace ser

el más grande

entre los seres

creados y el preferido

de Él.

 

 

Para conseguir el hombre

la pureza de su corazón

y que su espíritu brille

con la alegría de la

inocencia de la niñez,

ha de disciplinar su

pensamiento, ya que

toda maldad de allí

proviene. Debe impedir

que el mal se apodere

de su pensar y lo haga

suyo. Debe rechazar

cualquier debilidad

que le incline hacia

donde no se halla

la pureza del Bien.

Debe pedir ayuda

para fortalecer su

debilidad al Espíritu

del Bien eterno que

en él está. El hijo

de la tierra no debe

dejarse arrastrar por

otro camino que no

sea el suyo de bien

y de verdad y no

debe temer desafiar

crudeza del mal,

pues su bien es más

fuerte y lo vencerá.

 

Donde no ha luz

hay tiniebla y en

los recovecos de su

oscuridad se refugia

lo siniestro del espíritu,

allí, encuentra la

paz del desesperado,

la paz donde no

llega la voz que

le avisa del peligro,

la voz que clama

y no llega. Quien

en ese lugar se

guarda, se guarda

de lo que de mi

hay en él, se esconde

de mi, no quiere

oír la voz de su

interior, ni siquiera

ver su daño. Su

espíritu atormentado

allí no lo es, es

el lugar donde el

Mal escoge a sus

elegidos y donde el

Bien es rechazado

o ignorado. Mi Luz

daña su tiniebla

y de ella huye.

Quien no venga

a mi Luz, a

la claridad de su

espíritu, vivirá en

su oscuridad y morirá

en ella.  Aún así,

será guiado a mi

y podrá elegir su

camino de eternidad.

 

MCXXX

MCXXXI

MCXXXII

 

Señor del Universo

haz que tu Espíritu

de Bien y de Verdad

proteja mi espíritu

de las tentaciones

del Mal. No permitas

que entre en mi

lo que de ti no

provenga. Preserva

mi débil espíritu

de las acometidas

de la maldad y

expulsa de mi

lo que de ti no

es. Haz que sea

una coraza donde

el mal no pueda

llegar y sólo de

ti sea.

 

No temas hijo de la tierra

que tu luz se apague,

pues también tú eres

hijo de la luz y ella

alumbra tu camino

de eternidad. Sólo hallará

tiniebla el que quiera

hallarla y la busque en

su corazón de maldad,

su luz se apagará y su

camino será de oscuridad,

pero aún así, yo tenderé

mi mano hacia él y

si él quiere, me seguirá

a mi Luz de eternidad.

Pero el que no quiera

mi mano, se perderá

en su tiniebla y su

oscuridad no tendrá

fin. Su alma caerá

en el vacío eterno

de la nada, la desesperanza

absoluta del Mal será

su único camino. Sólo

hallará su luz, si desea

el Bien con la fuerza de

su esperanza de bien y

renuncia la oscuridad

a él y él al Mal que lo domina.

 

Cuando el hombre sienta

el vértigo de lo imposible,

me sentirá y sabrá de

la fortaleza de Bien de

su espíritu. Su debilidad

y flaqueza no existirá

para él pues él sabe

que me lleva en sí y que

ningún mal puede

herirle. Las llanuras

infinitas del firmamento

son para él y la dulzura

de la Verdad llenará su

esencia. Los ríos mansos

del saber le darán sus

aguas más puras y por

su esencia fluirán los

Bienes sin límite de la

bondad. La esperanza ya

no será, pues se ha

alcanzado y en ella está.

El halo infinito de

mi Gloria lo cubrirá

y él sabrá que en él

soy y que en él estoy.

 

MCXXXIII

MCXXXIV

MCXXXV

 

Brilla mi Luz en el

corazón generoso que

se entrega al bien, sin

más recompensa que el

bien que produce el

bien en los demás.

El que así obra, será

tenido en mi y él

me lleva a otros como

será traído a mi. No

hay bien que no crezca,

ni mal que no acabe.

El hombre que ayude

a su hermano, sin

doblez, será ayudado

a su vez, y mi bien

se extenderá y su

amparo cubrirá la

tierra. Cuando la

semilla del bien

fructifique, sus frutos

alimentarán a todos

y todos querrán comer

de ellos y quien de

ellos coma, dará de

ellos a otros y el bien

no tendrá fin.

 

 

Mi palabra es para el

hombre, para que siga

su camino hacia el

Bien y la Verdad, para

su consuelo en su

dolor, para su esperanza

en el desamparo de

su soledad, para vencer

la oscuridad de su

tiniebla, para alegrar

el corazón compungido

del perdido de sí.

Muchos son los que

dicen hablar por mi

y usar mi palabra

en ellos, pero éstos

sólo hablan por ellos

y por su beneficio

de poder y seducción.

Sus palabras son

tan equívocas como

falsas y habrán de

responder por ellas:

Lo que no viene

de la Verdad y del

Bien, viene de la

mentira y de la maldad.

Quienes la sigan,

seguirán un camino

que a nada y a ningún

lugar lleva.

 

Mi palabra es verdad,

pues yo soy la Verdad.

Mi palabra es bien, pues

yo soy el Bien. Mi

palabra fortalece, pues

yo soy la Fuerza del

Universo, mi palabra

consuela, pues yo soy

el Consuelo Eterno.

Mi palabra ama, pues

yo soy el Amor Supremo.

Mi palabra da, pues

yo soy el Dador Infinito.

Mi palabra es vida,

pues yo soy lo que Nunca

Muere. Mi palabra es

existencia, pues yo soy

la Existencia . Mi palabra

es paz, pues yo soy el

Calmador de los Espíritus

Afligidos y Atormentados.

Mi palabra es alegría,

pues yo soy la Felicidad

que no Acaba. Mi

palabra es luz, pues

yo soy la Luz del

Mundo. Mi palabra

es esperanza, pues yo

soy lo que Espera el

Alma. Mi palabra

es fe, pues quien en

ella cree, cree en

mi. Mi palabra es

eterna, pues quien

me ame, la llevará

siempre en su corazón.

Mi palabra es perdón,

pues el que la lleva

en sí, me lleva y

ya no lleva culpa

en él. Mi palabra

es agua y alimento,

pues quien la recibe

en sí, calma el hambre

de su espíritu y la

sed de su alma:

Mi palabra soy yo

y yo soy mi palabra.

Mi palabra es misericordia,

pues yo soy La Misericordia

del Mal.  Yo soy la Primera

y la última misericordia

 del hombre.

 

MCXXXVI

MCXXXVII

MCXXXVIII

 

Yo soy la eterna

compañía de lo

que es y de lo que

no es. Yo soy El

Que Siempre Escucha.

Yo Soy El Que Está

en lo grande y en

lo pequeño. En lo

que mires estoy y

en lo que no mires.

Yo soy la paz infinita

del crepúsculo y la

voz de la tormenta

que sobrecoge el ánimo.

Yo soy el refugio

de la desdicha y el

hacedor de la dicha.

Sin mi la oscuridad

se hace la dueña

de la vida y la muerte.

Yo soy la Luz de la

Esperanza que siempre

Acude. Yo soy el

Auxilio del perdido

de sí. Yo soy la

Gloria del fin que

nunca abandona.

Yo soy El Que todo

lo comprende y el

Que Nunca abandona

a lo que a mi va,

a lo que a mi viene.

Yo soy el suspiro

apagado de la vida

y El Que siempre acoge.

Yo soy El Saber de

la Verdad porque yo

soy la Verdad y la

Vida y la no vida.

Yo soy el Todo

Absoluto y en mi

Todo es.

 

En la angustia de su

soledad, en la soledad

de su desesperanza, en

la desesperanza de la

desesperación, en la

desesperación de lo inevitable,

en lo inevitable de

la ausencia de la vida

que sobrecoge al espíritu

del moribundo, el

hombre podrá invocar

la ayuda de mi

Espíritu en auxilio

de su consuelo desconsolado,

de su temor irrefrenable,

de su duda existencial,

de su dolor inacabado,

de su pérdida vital,

de su ausencia infinita,

de su horror al vacío,

de su miedo a perderse

para siempre en su no

retorno, de su acabarse

perpetuo, de quedarse

sin él y volver a la

nada de la que llegó.

De partir hacia un

viaje sin retorno a

su no ser. De olvidarse

hasta del olvido. De

no ser nada, ni siquiera

menos que algo. En

ese su sufrir hallará

mi mano tendida

a él. Yo mitigaré

hasta eliminar, las

dudas y temores que

acudan al espíritu

del hombre. Conmigo

no sentirá su salida

de la vida, ni la

angustia de la desesperación

se apoderará de su

ánimo. El hombre

deberá decir: Te llamo

Señor del Universo,

quiero volver a ti,

Te llamo para siempre

estar en ti. Os llamo

espíritus de los míos

para que me llevéis

a Él, yo soy de

vosotros y vosotros

de mi y todos

somos de Él. Señor

acógeme en ti.

 

Lo que es de mi,

a mi vuelve, lo

que es de la tierra,

a ella va. Yo soy

El Espíritu de los

espíritus y a mi

vendrán, a mi

vienen y a mi han

venido todos los

espíritus que son,

han vivido y serán hijos

de la tierra. Mi Espíritu

a todas acoge cuando

a mi llegan una vez

que desean llegar a mi.

No hay alma que no

busque en mi su

Bien Eterno. Y no hay

alma que no lo halle.

MCXXXIX

MCXL

MCXLI

 

Sólo quien es adornado

por los atributos de la

fe, la poseerá, quien

no, habrá de recurrir

a la esperanza en lo

venidero para su consuelo.

Quien no posea ni

una ni otra, se debatirá

entre la duda de su

fe y la duda de su

desesperanza y ni una

ni otra le consolará

de su falta de fe y

de esperanza. No por

querer creer, se cree y

no por querer amar

se ama, ya que tanto

la fe como el amor,

son frutos del corazón

generoso y no de la

razón de la inteligencia.

Quien posea fe, posee

el don más preciado,

ya que él le llevará

a mi y le librará

de la tortura de su

duda y de la desesperanza

de su miedo. El bien

de la fe es mi bien

más señalado para el

hombre y él lo llenará

de esperanza en mi:

En la ceguera de la

fe se halla mi Luz.

La fe es el amor ciego

en mi que le llevará

a mi. Mi Luz lo

guiará. Y su confianza

lo salvará. Él

me verá.

 

El hombre se pierde

en la agonía incesante

de su intrascendencia.

En el laberinto

insondable de su duda.

Y en la sombra de

su inconsistencia, el

hombre ha de hallar

la esencia de su

consistencia. Lo que

le hacer ser humano

y diferente a cualquier

otro. El hombre ha

de saber quién es

y qué es respecto a

él y a los demás.

El hombre ha de

saberse, ha de conocerse

hasta donde alcance

con su razón. El

hombre ha de saber

llegar a él para llegar

a los demás. El

hombre debe buscar su

distinto y, en ese

su peculiar, ser el

mismo, el único que

a su vez es capaz

de ser él y los demás

en él. El hombre

no sólo ha de

amarse, sino ha

de amar y si no

es capaz de lograrlo,

no llegará a él

y él será un desconocido

para él. Alguien a

quien no importa

ni él mismo. Y

menos aún los demás.

Cuando el hombre

se ame y se distinga

en su unicidad,

podrá amar a los

demás y a través

de ellos,  llegará

a mi como yo

he llegado a él:

Sólo quien se sepa,

me sabrá, sólo

quien se ame y ame,

me amará.  Sólo

quien se busque y

me busque, me

encontrará,. Sólo

quien me halle,

me tendrá.

 

Abrázate a la montaña

y ella te prestará su

fuerza, abrázate al árbol

y sentirás el fluir de su

sabia. Abrázate al viento,

lleva el aire que respiras.

Abraza la tierra, ella es

lo que fue y lo que será,

lo que fuistes y lo que

serás. Siente el agua

resbalar en tu piel,

ella eres tú y los que

fueron , los que son y

los que serán. Abraza

a tu hermano y te

sentirás tú, ya que tú

eres él y él es tú.

Lo que hay es para

ti, tú eres su dueño

y tu dueño. Y todo

lo que te pertenece,

me pertenece, ya

que de mi es.

MCXLII

MCXLIII

MCXLIV

 

Siente el sol en tu

piel y el frío que encoge

tu cuerpo para guardar

su calor.  Escucha y siente

dentro y fuera de tu

ánimo. Me oirás, si

quieres oírme y me

sentirás, si quieres

sentirme. Yo estoy

y soy para ti, pues

de mi vienes y de

mi proviene lo que

ves y sientes dentro

y fuera de ti: Sigue

mi voz y siente mi

aliento en ti, es el

aliento de la vida y

de la esperanza, es el

aliento de tu existencia,

la existencia de tu

inicio y la existencia

de tu siempre.

 

En el desamparo de la duda,

en el desamparo de la

desesperación,   en el desamparo

de la angustia solitaria

de la soledad. En el desamparo

de la desesperanza de la razón,

en el desamparo del vacío que

envuelve el espíritu de los

perdidos en ellos mismos.

En el desamparo del que ya

no es, sino un rayo apagado

del reflejo del que fue. En el

desamparo de la debilidad

de espíritu. En el desamparo

del desasosiego de la voluntad

entristecida por su camino

sin resistencia hacia su mal.

En el desamparo por la muerte

de la vida sin la fe en la

existencia eterna. En el desamparo

de los desamparados por otros

hombres. En el desamparo del

dolor imposible, del dolor que

vence a la razón y el cuerpo.

En el desamparo del que

vislumbra en su interior el

misterio de la noche eterna

sin ninguna luz de esperanza

que ilumine su camino.

En el desamparo de la noche

más triste del hombre que

ama la vida. En el desamparo

del que logra vencer su temor

a la muerte y a la vida, y

nada espera de ninguna de

ellas. En cualquier desamparo

que atribule el alma humana

con el vacío de su nada,

se halla el espíritu del Mal

que trata de vencer y apoderarse

de su voluntad de Bien, de

su esencia de Verdad y de

su esperanza infinita. El

hombre sabe y siente que

nunca está desamparado, ya

que yo estoy con él en él

y nada podrá contra él

ningún mal, si él no se

deja engañar por la sombra

entristecida de su razón, ni

por la hiel que en su espíritu

vierte la maldad. Si la voluntad

del hombre se entrega a mi,

a mi me llevará y a mi llegará

en su momento de eternidad.

 

En la angustia desolada

de la muerte, brilla la

Luz de mi esperanza

eterna. Esa esperanza en

la existencia, ayuda al

hombre a sobreponerse

de la pérdida de la

vida y que su dolor no

lo arrastre a la desesperación

de la nada perpetua. No

debe olvidar que entre su

primer aliento y su último

suspiro de vida, yo estoy

con él y aún antes y

después de ellos. En su

camino impalpable de

eternidad, yo soy mi Luz

y ella, le llevará a mi.

No debe olvidar que no

hay vida sin muerte, ni

muerte sin vida, ya que

una y otra van unidas

y son inseparables entre

sí. No debe olvidar que

él es de mi y yo soy

de él y nuestra unión es

de eternidad voluntaria.

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