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Yo desvelo:

 

 

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16

(CMIII-CMLXI)

 

CMIII

CMIV

CMV

 

La inseguridad de la duda

paraliza la razón y en esa

inmovilidad que la propia

duda crea, a parece la señal

primera de la sinrazón, donde

el mal penetra en los huecos

que la razón descubre con

su duda. Sólo la certeza de

la fe iluminará la razón

oscurecida por la duda, y

sólo la esperanza que acompaña

a la fe, abrirá el camino

de tinieblas por el que la

razón camina a tientas. La

esperanza y la fe son las

manos que yo ofrezco al

alma angustiada para

aliviar su dolor y su desesperanza,

con ellas los espíritus sufrientes

dejarán de serlo ya que se

abre a ellos la paz y la razón

del Espíritu Eterno.

 

El camino de la sabiduría

es solitario y pobre, pero está

lleno de flores. Quien lo recorre

me encuentra y quien me

halla es feliz, pues yo no estoy

en la ignorancia, sino en el

saber que va más allá de la

razón, el saber del alma.

Si sigues mi camino, verás

que caminas solo, si eso crees,

es que aún no has llegado

a el, ya que no vas solo,

yo voy contigo.

 

Mírame, yo estoy en las

estrellas que iluminan la

noche. Búscame, yo estoy

en la risa inocente del

niño. Ámame, yo estoy

en el corazón enamorado.

Siénteme, yo estoy en todo

lo que tocas, en todo

lo que miras, en todo

lo que buscas y en todo

lo que amas y además

estoy en todo lo que

odias. Para hallarme,

ahí me encontrarás.

Escúchame, yo estoy

en todo lo que oyes.

Yo estoy en el aroma

de una flor, en el

vuelo de un pájaro,

en el canto de un

insecto y en el agua

de los peces. En el

pensamiento del solitario

y en el fuego que

calienta al mendigo.

Yo estoy en la tierra

que alimenta y en la

arena árida del

desierto. Yo estoy en el

aire quieto y en el

vendaval. Yo estoy en

el mar calmo y en la

tempestad, en las aguas

tranquilas y en las

turbulentas. En las mañanas

luminosas y en las apagadas.

En los días cálidos y en los

fríos. En la noche clara

y en la oscura. Yo estoy

en el corazón del hombre

acorralado y en el animal

que huye del fuego. Yo

estoy en el corazón de

una madre angustiada

y en la fuerza de la

vida. Yo estoy más allá

de donde alcanza la

vista y tan cercano que

estoy dentro de ti. Yo

estoy en tu visible y

en tu invisible. Yo

estoy en la piedra que

apartas del camino y

en la semilla que espera

a germinar. Yo estoy

en el corazón de lo

aborrecido. Cuando ames

lo que aborrezcas me

hallarás ahí, cuando

perdones a quien te ofende,

ahí estaré y me sentirás

en ti.

 

 

Yo estoy en la lágrima

y en la risa, en el

alma desolada y en el

espíritu errante.

Yo estoy en lo que ves

y en lo que no. Si

quieres verme, busca

mi reflejo en los

hombres y cuando los

halles me hallarás.

Si quieres oírme, busca

mi voz en tu oído

y escucha  mi  palabra

en los hombres que saben

y quieran decirla. Come

de mi y bebe de mi

y nunca conocerás el

hartazgo. Quien de mi

se llena, poco más

necesita. Yo soy la salud

del enfermo y la gloria

del muerto. Yo soy la

esperanza del moribundo

y la razón de la vida.

Yo estoy en la soledad

del desarraigado y en

la agonía de los que

en mi creen: Yo estoy

en todo y estoy en ti.

Yo estoy en el que sufre,

dentro de su sufrimiento

para que pueda soportarlo.

Yo estoy con el vencido,

con el olvidado de los

suyos, con los desamparados

dentro de su pena y

dentro de su desgracia.

Yo estoy en la alegría

de corazón alegre, en

la alegría de vivir. Yo

estoy en la música del

mundo. Yo estoy en lo

vivo y en lo inerte, en

la gracia y en la

desgracia. Yo estoy con

los que padecen un

aciago destino. Yo

estoy en el dolor para

aliviarlo. Yo estoy en

la vida para guiarla

y en la muerte para

consolarla. Yo estoy

más allá de la muerte

para recibir a los

espíritus ausentes de

vida. Yo estuve antes,

ahora y después contigo.

 

Yo estoy en las lágrimas

pavorosas ante lo inevitable.

Yo estoy con los humillados

y dentro de ellos para que

soporten hoy lo que mañana

será para ellos. Yo

estoy con los vencidos en

su derrota y en ellos

para que asimilen sus

momentos de victoria. Yo

estoy en los despreciados

y también cuando ganen

aprecio. Yo estoy con los

apenados en su pena, con

los olvidados en la injusticia,

con los doloridos por la

enfermedad. Yo estoy en

los humildes y en los

soberbios. Yo estoy en los

necesitados y en los que

creen no necesitar. Yo

estoy en la desesperanza

que hunde a los hombre

en el pozo negro de

la nada, y en la esperanza

que invita a sonreír al

futuro. Yo estoy aquí y

lejos. Cerca del que quiere

acercarse y lejos del que

de mi quiere alejarse.

 

Yo estoy en la duda

y en la certeza infinita.

Yo estoy en tu dentro

más íntimo y en tu

fuera más lejano.

Si me quieres en ti,

en ti estaré y si no

me quieres en ti, también

estaré para ayudarte

en tu vacío y en la

melancolía de tu

desesperanza. Yo estoy

en la congoja más

desesperada de tu

tribulación. En la

agonía más triste de

tu vida. En el dolor

más desesperanzado y

en la pena más

profunda. Estoy allí

para tomarte de la

mano y llevarte hasta

donde sólo el hombre

puede ir.

CMVI

 

CMVII

 

Yo soy el aire que respiras,

el trigo de tu pan y el

mismo pan. Yo soy el

que oye tu lamento, la

voz callada de tu pena

y de tu angustia que

escucha los latidos de

tu alma y sosiega

tu espíritu atormentado.

Yo soy el murmullo del

arroyo y el canto del

pájaro. Yo soy el que

está en el recodo de

tu esquina. El que

mira en los recovecos

más ocultos de tu alma

y espera que tu bien

venza a tu mal para

que vivas en mi. Yo

soy el que no dejará

que te extravíes en el

camino azaroso de tu

vida y te guiará con

la luz del Espíritu del

Bien más allá de ella.

Yo soy el que no soltará

tu mano y el que te

llevará hasta la Gloria

Infinita del Creador. 

 

Yo soy tu agua de vida

y seré tu agua de eternidad.

Yo soy el que siempre acude

cuando lo llamas y aún sin

llamarlo está a tu lado. Yo

soy lo que miras cuando

ves y lo que imaginas cuando

sueñas. Yo soy lo que

sientes en tu corazón. Yo

soy la fortaleza de tu

debilidad y la muralla

de tu fortaleza. Yo soy

lo que piensas cuando

piensas en mi, y lo que

esperas cuando no esperas

nada, cuando ya tu

tiempo se acaba. Yo

soy la voz de tu alma

cuando resuene en la

noche imposible, la noche

que no es, sino la ausencia

infinita de la vida. Allí

estaré contigo, con la esencia

verdadera de ti: Yo encenderé

tu noche, y tu día no

tendrá fin. Yo soy la paz

de tu lucha. Yo soy la

respuesta a la duda, lo que

llena el vacío y lo deshace

en claridad de Bien y Verdad.

 

Ningún hijo de la tierra

puede nombrar lo que

no está a su alcance,

a dónde no llegan ni

su saber ni su voz,

lo Innombrable es para

ellos lo Imposible, lo

Inalcanzable por ellos

mismos y que sólo

pueden ver con la

mirada de su espíritu

puro y acceder a Él

en su momento, cuando

ya no sean hombres,

sino espíritus esencias

de la existencia humana.

En esa existencia de la

inexistencia como seres

vivos, se halla Él, El

Espíritu de la Pureza Eterna.

CMVIII

CMIX

CMX

 

Más allá del mundo

real y cotidiano, más

allá del mundo inventado

por el hombre, se halla

el mundo de la verdad

invisible, el mundo que

a todos los seres espera

cuando se acabe su

tiempo. En ese mundo

no valen las argucias

y mentiras que el hijo

de la tierra lleva en

sí. Ese mundo es tan

invisible como eterno

y tan lleno de gracia

y armonía como el

espíritu del hombre desea

en su anhelo más profundo:

Quien lo desee, lo conocerá

y quien no lo desee o lo

quiera ignorar en vida, no

lo conocerá hasta que lo

anhele con la fuerza de

su espíritu de bien. En

ese mundo el hombre es

en espíritu lo que es él,

libre de todo impedimento

y apariencia, el es sólo

su verdad.

 

 

Los caminos que el hombre

emprende, confluyen en su

último camino, el que le

lleva más allá de si, el

camino para el que no

precisa de su cuerpo ni

de sus ataduras terrenas.

En ese camino no hay

límite ni tiempo y nada

de lo que para el hombre

tuvo valor, lo tiene. En

ese camino ya no existe

el peso ni el cansancio,

el sueño, el valor o el

temor, allí existe lo no

conocido, la certeza de lo

imposible para el hombre.

En ese camino no hay

frío ni calor, ni se precisa

comer o beber. El hombre

no necesita nada de lo que

necesitó: En ese camino el

hombre ya no lo es, es otro

que llevaba dentro de sí, es

su esencia infinita, es lo

que guarda su invisible, es

su intimidad más suya,

la que carece de la influencia

de los demás hombres, ya que

sólo a él pertenece. Ese

suyo propio y único es el

que recorrerá el camino

ilimitado del más allá,

el que él haya querido

elegir para si y el que

aún elija cuando llegue

su momento de elección:

Su bien, su mal o su

indiferencia, señalará su

camino. Ese camino no

es solitario, las almas de

sus afines le acompañarán,

unas hasta mi y otras lo

alejarán en la distancia

que no lo es, sino desesperanza

de lo perdido. En lo

infinito existe lo que

no existe en el mundo,

ya que lo que allí hay

no es para ellos hasta

que llegue su momento

de eternidad.

 

Más allá de la vida no

hay vida, sólo existencia

sin límite para la esencia

del espíritu . Las almas

bienhechoras del hombre

saldrán a recibirle y las

almas causantes de su

mal, se alejarán de la

suya. Allí el bien prevalece

ante el mal que se

retira y no se mezcla

con el bien, ya que su

lugar son los abismos

tenebrosos donde reina

su Espíritu de Maldad.

El Espíritu Santo, Espíritu

del Bien Eterno, acogerá

a los espíritus de los hombres

que a Él se encomienden.

CMXI

CMXII

CMXIII

 

Sólo muere la vida, la no

vida no muere, es inmortal

e indestructible. El espíritu

del hombre existe pero no

es vida, está hecho y formado

desde su concepción hasta

la muerte del hombre, es

de inmateria y como tal

infinito. En su espíritu

el hombre lleva su esencia

de ser y existir y esa

esencia es lo que de él

quedará en la eternidad.

 

El vértigo de lo infinito

asombra y asusta al

hijo de la tierra que ha

de conocerlo. Su camino

que no es camino, sino

designio de lo que hay

más allá del hombre y

de lo visible que no es,

sino invisible. En ese

su invisible destino,

la esencia humana

conocerá la felicidad

del alma en la Gloria

eterna o la infelicidad

absoluta en la espesura

de la Maldad eterna.

La Verdad Suprema

descorrerá su velo y la

mentira no tendrá donde

refugiarse.

 

El hombre que conoce el

bienestar impalpable de la

Verdad eterna, se llena de

la sustancia del Saber. Esa

y no otra es la fuente del

conocimiento humano que

va más allá de lo humano

y que el hijo de la tierra

usa en su beneficio terreno.

Por ese Saber, que le es

infundido, el hombre llega

a conocer lo que no ve y

a sentir lo que no percibe

con sus propios sentidos. Ese

Saber beneficia a la especie

humana, la preferida de Él.

CMXIV

CMXV

CMXVI

 

No hay cobijo para el mal

y el daño intencionado en

el más allá de la vida

del hombre. La mentira y

la traición quedarán al

descubierto igual que el

mal y el fruto de la

violencia. Allí no hay

disimulo ni encubrimiento

de la verdad. Nada que

no sea bien y verdad se

mezclará con el Bien y la

Verdad. La maldad irá a

refugiarse a los abismos

tenebrosos del Mal Absoluto.

 

Más allá del Mal se halla

el Espíritu de Maldad que

recoge lo que de mal hay

y en él se fortalece. Más

allá del Bien se halla su

Espíritu del Bien que acoge

todo bien y toda bondad,

ese Bien unido al Espíritu

de Bien  y Verdad llegará

a mi y en mi se unirá.

El Bien se expandirá

por el Universo y no

quedará lugar en el

que no esté. El Mal

 será apartado y reducido

a sus dominios tenebrosos.

La Luz del Bien llenará

el mundo con su benéfico

resplandor y las almas

sentirán que han llegado

al fin de la búsqueda

de su creación ya que

se unirán a mi, volverán

a su origen de Paz Infinita

y el Infinito de la eternidad

será suyo.

 

Detrás de la zozobra del

espíritu, detrás de la

inquietud del alma perseguida,

estoy yo. Detrás del temor

a dejar de ser, estoy yo.

Detrás de la enfermedad

sin esperanza, detrás de

los invisibles enemigos del

hombre, estoy yo. Detrás

del dolor que aniquila,

detrás de la angustia sin

esperanza, estoy yo. Yo

soy la esperanza del

desesperado, el remedio

de su culpa y el valor

de su miedo. Yo soy

el bien de cualquiera

de su mal. Yo soy

el consuelo de su

inconsolable.

CMXVII

CMXVIII

CMXIX

 

Yo soy el recuerdo de

tu olvido. Yo soy el

valle de tu monte. Yo

soy el azul de tu día

y el oscuro de tu noche.

Yo soy la risa de tu

alma y la pena de tu

espíritu. Yo soy la tierra

que te alimenta y el fuego

de tu calor. Yo soy tú y él.

Yo soy el agua que

calma tu sed y lava

tu cuerpo. Yo soy la

lluvia que nutre a la

vida. Yo soy tu vida,

el soplo que alienta

tu espíritu y el cuerpo

que lo contiene. Todo

lo que hay está hecho

de mi.

 

Tú incrédulo, que sólo

crees en lo cercano a ti.

Tú que te crees lo único

del universo. Mira a tu

alrededor y pregúntate

quién hizo lo que ves.

Mira al cielo y dile

a quien quiera oírte

quién lo hizo con todo

su contenido. Mírate

y explica a tu hermano

y a ti, quién te hizo

a ti y a él. Si tu

razón se conforma con

tu negación a lo que

está, tu razón sigue un

camino falso que te

llevará lejos de ti y de

tu verdad. Tú incrédulo,

deberás creer en lo que ves

y en lo que no ves.

 

Si el hombre no quiere

conocerme, no me conocerá

y no existiré para él

aunque  me lleve consigo

en todo su ser. El

hombre niega la existencia

de lo que no comprende

y de lo que le atemoriza,

pero no por negarse

lo que existe deja de ser

y existir, ya que el hombre,

no tiene facultad para

elegir lo existente o no

existente. La ceguera

del alma lleva al

hijo de la tierra al

temor y la desesperanza

ante lo inevitable de

su momento.

CMXX

CMXXI

CMXXII

 

Muchos son los hombres que

viven una vida alejada de

ellos mismos. Esos hombres

son sordos a la voz de su

espíritu y siguen la senda

de otros hombres. Ese

camino no es el suyo y

les envuelve  con su error,

del que no saldrán hasta

que no se oigan su propia

voz y sigan su camino

verdadero.

Sólo el hombre ca

En el anhelo de lo imposible

se halla lo perdurable y

eterno. Sólo el hombre que

lo busque lo hallará dentro

de si. Para ello han de

vencerse las dudas del alma

que la aprisionan en lo

cercano y ciegan los ojos de

lo evidente. Ninguna lucha

más encarnizada que la del

hijo de la tierra en busca

de su verdad eterna.

 

paz

No se borra lo hecho

ni lo pensado, aunque

de ello no quede ni

la leve sombra del

recuerdo. Todo lo que

al hombre concierne

queda en él y perdurará

en su esencia infinita

y eterna.

 

 

CMXXIII

CMXXIV

CMXXV

 

Sólo el hombre capaz

de buscar en su inexplicable,

será capaz de hallar su

verdad y en esa su verdad,

me hallará. Sólo el hombre

que no se tema, me hallará,

pues yo estoy en su verdad,

en lo más profundo de su

miedo. Yo soy la verdad

y en mi no hay resquicio

para la duda o el temor

a mi.

 

 

 

No hay más temor más profundo

en el hombre que el de

enfrentarse a su verdad, allí

en lo pavoroso de su momento

estoy yo, yo soy su Verdad

y quien en mi confía

la conocerá sin temor, sabrá

de sí y sabrá de mi y

su momento final de vida

no será, sin el momento

de su esperanza en mi,

y el inicio de su existencia

en la Verdad eterna.

 

Lo creado existirá, nada

existe para dejar de existir,

ya que no habría sido creado

para ello. La forma de lo

existente y su materia

variarán e incluso en nada

se parecerá a lo que era,

pero en otra forma de materia

o inmateria  existirá, porque

así está dispuesto desde que

fue creado.

CMXXVI

CMXXVII

CMXXVIII

 

No ha sido creado el

hombre para el mal,

sino para el bien. El

mal es una desviación

humana de mala voluntad

del espíritu del hombre.

Todo mal y todo bien

queda consignado en el

Libro Invisible del

Espíritu. En ese Libro

Imborrable del Destino,

el mal pesa como una

pluma y el bien pesa

mil veces más, aún así

no siempre el bien es

capaz de inclinar hacia

sí el peso de su obrar.

 

Todo hombre es nacido

igual y es diferente y

en esa su diferencia

radica su verdadero

valor, ya que ningún

hombre puede sustituir

a otro en cuanto sus

done son únicos e

insustituibles. Nada

existe en lo tangible

más valioso que el

hijo de la tierra y

quien a uno de ellos

dañe, me daña a mi.

Prepárate maestro de ceremonias,

el tiempo se acerca, ya suenan

los timbales. La gentes se

aprestan, quieren  ver lo que no

pueden ver. Unos ven la injusticia,

otros el sufrimiento que conlleva,

otros se conforman con la

representación en sí, con su

puesta en escena. Los más ni

siquiera prestan una pequeña

atención y los muchos ni se

acuerdan de ello. Pero a todo

hombre llegará su momento de

perder el mundo que conoce y

hallar la verdad que su razón

esquiva y su corazón teme.

CMXXIX

CMXXX

CMXXXI

 

El que busque mi palabra,

la hallará. El que me busque,

me hallará. El que me anhele,

me tendrá. El que me espere,

me llagará. El que quiera

saber de mi, sabrá. El que

me ame, me conocerá. El que

sufra por mi, me conseguirá.

El que me siga con su razón,

me comprenderá. El que me

vea con sus ojos de infinito,

me verá. El que me oiga

con su oído de esperanza,

me oirá con su corazón. El

que me tema, me amará.

El que se pierda por mi,

me ganará. El que me

insulte, se insultará. El

que quiera herirme, se herirá.

El que extravíe su razón por

mi, hallará mi lucidez. El

que me siente en sí, nada

le apartará de mi. Yo estoy

en él y sólo ha de mirarse

con ojos de verdad y oírse

con oídos de bien. Su

Espíritu de Bien y Verdad

le llevará a mi. Y aún

sin buscarme, me hallará

en su bien y en su verdad.

 

Lo que del hombre es

de la tierra, volverá

a ella y lo que no

es de la tierra, volverá

a su origen. Nada del

hombre se pierde en el

vacío de la insustancia

de la nada. Todo lo

del hombre queda.

El hombre no se deshace

en la insustancia de la

nada, el hombre permanece

en su esencia de eternidad

fuera de los límites de

tiempo y espacio. El espíritu

de cada hombre sigue

fuera de él y fuera de

sus límites por él conocidos

en el camino de su

eternidad infinita.

CMXXXII

CMXXXIII

CMXXXIV

 

En el camino del vacío

de la nada, donde la

oscuridad oculta las sombras,

se debate el alma inconstante

del hijo de la tierra. Me

busca fuera y dentro de sí

y no me halla. Yo no me

oculto, estoy en él y en

todo pero ha de verme y

oírme con la pureza de

su espíritu y con su inteligencia

más noble, la que posee

más allá de su razón. La

que es él y la que posee

y guarda lo mejor de sí, la

que no está influenciada por

otros hombres ni pervertida

por el mundo. Yo no estoy

en el simple deseo, ni en

el anhelo del que me busca

en su beneficio, yo estoy

en su bien y en su verdad

más profunda. Si mira lo

que le rodea, me hallará, pero

ha de mirar con la misma

verdad de espíritu con la que

se busca el misterio y con

el mismo espíritu de bien

con el que se ama. Si así me

busca, me hallará.

 

Yo estoy en el absoluto de

tu eternidad. Yo estoy al

pie del abismo para ayudarte

cuando caigas a levantarte.

Yo estoy en el fondo de tu

desdicha y en el principio

de tu consuelo. De mi

procede el Bien y todo

lo que en mi hay es Bien.

Yo soy la Verdad de tu

angustia suprema. Lo que

inicia y termina todo lo

creado. Yo soy lo Absoluto

de tu Bien y el Bien de tu

Absoluto. El hombre sólo

me sabrá cuando deje de

ser hombre y sólo sea su

esencia. Yo soy lo que

hay, sin mi nada hay y

todo lo que hay es por

mi. No cae el agua

sin mi, ni la mota de

polvo se pierde en el

aire sin mi. No se

mueve el mar sin mi

y sin mi, nada de lo

que ves o sientes existiría.

En mi Absoluto está el

Todo.

En el vacío de la inconsistencia

de la duda, el vértigo del

abismo infinito se abre ante

el hijo de la tierra. Él debe

elegir entre lo que le ofrece

el fruto de la ignorancia de

su razón o la certeza de la

Evidencia Eterna. Contra

la angustia de la desesperanza

infinita, se halla a su alcance

la fe en la esperanza Absoluta:

El hombre elige su camino.

CMXXXV

CMXXXVI

CMXXXVII

 

En la desolación de la soledad

se distingue la luz de mi

esperanza, sigue mi Luz de Bien

y de Verdad y a mi te llevará,

para ello debes caminar con

pasos de bondad y razón de

verdad: Ningún hombre que me

busque será rechazado.

 

Él es el que mira en el

alma humana. Él es el

único que conoce lo que

habla y siente el corazón.

Él es el que puede medir

lo invisible, lo que piensa

y siente el hombre. Y sabe

de su debilidad, miedo

y esperanza. Él sabe lo

que merece cada cual

y qué oscurece su bien.

Él ve lo que no se ve

y nada ni nadie puede

ocultarse a su mirada. Él

es El Todo Absoluto,

sin Él nada es y con Él

Todo es.

 

Muerte y vida no son sino

el paso obligado del ser al

no ser y del no ser al

ser. Es lo invisible que se

muestra visible y lo visible

que regresa a su invisible

original. En lo invisible

no hay vida sino existencia.

La vida es la facultad

de lo invisible para acceder

a lo visible. De lo impalpable

para ser visto o sentido a lo

contrario. No todo lo invisible

llega a ser visible, ya que

el don de la vida lo

otorga Él a lo invisible

para devolverlo de nuevo

a su estado original

cuando así lo dispone.

 

CMXXXVIII

CMXXXIX

CMXL

 

Quien en mi crea, verá

su miedo convertirse en

valor. Su esperanza en

certeza. Su fe se convertirá

en Verdad. Su oscuridad

en luz cegadora. Su desdicha

en dicha. Su desesperanza

en eternidad. Podrá ver

lo invisible y oír lo

inaudible. Pasará ante

la nada y hallará el

Todo. Quien en mi

crea, me tendrá en él.

 

Los días del mundo del

hijo de la tierra no son

los días del Universo. Esos

días volverá a su inicio

cuando el tiempo y el

espacio dejen de ser. La

energía se recogerá en

su seno y el firmamento

detendrá su ser. Nada

acabará, sino que volverá

a su Principio en su Principio:

Lo visible dejará de serlo

y lo invisible aparecerá.

Las almas tomarán su

antigua forma y vendrá

de nuevo a mi encuentro.

Las almas serán acogidas en

la Dicha Eterna.

 

Encomendarse a mi es

entregar su espíritu a quien

puede aceptarlo para conseguir

acceder a mi. Para hacerlo

no basta con desearlo y sentirlo,

sino que para que su espíritu

sea grato a mi, ha de amar

lo que desprecia y ha de

entregarse antes a los que

lo necesiten. Esa dádiva

ha de ser total y sin

medida: Sólo a través de

otros hombres, el hombre

accederá a mi.

CMXLI

CMXLII

CMXLIII

 

Lo único que lleva a la

muerte es la vida. Toda

vida acaba aunque se

transmita a otras vidas,

éstas también acabarán y

la tierra quedará yerma,

ninguna semilla germinará

ni ninguna raíz asomará

de la tierra para vivificarla.

No habrá vida ni continuidad

para ella. El hombre, señor

de la tierra, también acabará

su tiempo y nada le

sucederá ni podrá sucederle,

pues nada quedará para

ello. Sólo quedará de lo

que fue, lo que no es

materia, el alma invisible

e inmortal que guarda

el espíritu de lo vivo,

su esencia de vida, que

existirá y persistirá para

siempre.

 

Una oscuridad repentina

se abatirá sobre la tierra.

Los hijos de la tierra

sabrán que lo que ha de

venir, vendrá y nada

podrá detenerlo. Nada

podrá apaciguar la maldad

del Espíritu que se avecina.

La tierra está inerme

ante el Mal y no hay

lugar donde no llegue.

Sólo desean el momento

los hijos del mal, los

hombres que han sucumbido

a su propia maldad. Al

resto les protegerá el Espíritu

de Bien que vive en sus

corazones. Pronto será mi

llegada y el Mal será

barrido de la faz de

la tierra y del corazón

de los infames. Su reinado

en el corazón de los hombres

acabará para siempre, mi

Luz quebrará la tiniebla.

 

Voces amargas suspiran

de los labios temerosos.

La vida se escurrirá entre

los dedos del hombre como

el agua de los árboles

cuando la lluvia los

visita. Nadie está

seguro en su casa ni

fuera de ella. El

viento de la maldad

recorre los recovecos

del alma humana,

muchos son los que

sucumben a sus

halagos. Ellos no me

verán. Sólo el que

desafía la fuerza

del Mal podrá vencerle

dentro de él y el que

así obrare, lo vencerá

y él será de mi y

yo de él.

CMXLIV

CMXLV

CMXLVI

 

El ánimo conturbado de

los que temen la verdad

les hará no saberla, ya

que  con el escudo de su

ignorancia, pretenden

ocultar su temor a ella.

Ellos buscarán refugio

en lo próximo, y lo

inmediato calmará

su miedo, pero la verdad

seguirá imperturbable

su camino y pasará

por encima de los que

la ignoren o quieran

ignorarla: Lo que ha

de ser, será.

 

Sólo quien busque la

verdad, la hallará.

Para encontrarla habrá

de mirar en su corazón

y allí la verá. No

habrá de temerla, pues

en la verdad se halla

la salvación eterna,

para el hijo de la

tierra, lo demás son

cantos para adormecerlos

en la duda de la

nada: Mientras el

hombre no la busque

en sí, no la hallará.

Los siervos del mal

son seres que han

dejado que el Mal los

envuelva con sus

promesas. Ellos han

renunciado al Bien y

a la Verdad. Su

arma es la mentira

y su consecuencia es

el daño de su

crueldad. Ellos

recogerán su daño

en su eternidad.

CMXLVII

CMXLVIII

CMXLIX

 

La ponzoña de la serpiente

flota como una nube

infecta y maloliente en

el corazón del hijo de

la tierra. Muchos aceptarán

sus designios y su alma

se gangrenará para siempre.

Su poder es mucho y

muchos son sus halagos y

promesas y muchos son los

que se entregarán a él.

El hijo de la tierra cree

que conseguirá los bienes

que ambiciona si a él se

somete, sin medir el precio

de su obrar. Sólo quien

renuncie al Mal será capaz

de vencerlo, para ello habrá

de entregarse al Bien con

todo su corazón, con toda

su alma y con todo su

ser.

 

Yo soy Yo, todo es Yo

y sólo Yo soy Yo. En

mi no hay y hay, ya

que soy todo, el Todo

y la Nada. El que en

mi cree, cree en él y

quien en mi confía,

confía en él. En

mi confluyen todas

las fuerzas del Universo,

pues yo soy el Universo,

el visible y el invisible,

que el hijo de la tierra

conocerá cuando deje

de ser. Yo soy el ser

de todo lo existente

que ha sido, es y será.

Sin mi nada es, con

mi es el todo y la nada.

En mi está lo Absoluto

y comprende cualquier

relativo. Nada es sin

mi. Quien se aleja

de mi, se aleja de él.

 

Ya no quedan sino brumas

que envuelven el corazón

de la noche eterna. Ya

pasaron los tiempos de

alboroto y fiesta y los

hombres se dejan vencer

por un desaliento miserable.

Alguien ha de venir a

sacarlos de su sopor, ya

no es tiempo de rendirse,

sino de luchar. El hombre

no ha de dejarse vencer

antes de ser vencido, sólo

la lucha le abrirá las

puertas de su victoria. Sin

lucha no hay victoria

posible y el hombre se

derrotará a sí mismo:

Vencerse es vencer.

CML

CMLI

CMLII

 

Tinieblas azules envuelven

el día y de oscuridad la noche.

La tiniebla oculta lo que hay

dentro de ella. El hombre ha

de vencer su tiniebla, la que

oscurece su razón y confunde

a su espíritu. Dentro de esa

luz apagada, en el interior

del hombre, late el corazón

de la fe y brilla la llave

de la esperanza infinita.

Toma tu llave y abre tu

puerta, no te temas, tu

llevas tu secreto y si lo

buscas, lo hallarás en ti.

 

Puntos de luz señalan el

camino del hombre en la

oscuridad de su noche, igual

que las estrellas jalonan la

oscuridad del firmamento.

El hombre ha de guiarse por

su propia luz y entregarse

a su verdad y a su bien,

ellos le llevarán hasta mi.

Quien no quiera ver su

luz y la niegue, no verá

la mía y caminará sin

rumbo por un camino que

no es el suyo, sino busca

su buen camino, no lo

hallará y se perderá en

la angustia de la duda

y en la desesperanza de

su vacío.

 

Mi palabra no es para

guardarla, sino para decirla

y ser oída. Nada que de

mi provenga ha de ser

guardado al hombre, ya

que a él va destinado.

El hijo de la tierra ha

de saber lo que no sabe

y vencer la duda de

su espíritu. Para no

equivocar su camino, el

hijo de la tierra debe

seguir la luz de mi

palabra en su corazón,

Ella guiará su alma

sombría a la paz de

los bienaventurados. Yo

estoy y soy el camino

de Bien y Bondad que

lleva a mi. Quien oye

mi llamada, me oye

a mi, quien desoye

mi llamada, de mi

se aleja. Mi Espíritu

acompaña al hombre en

su desdicha y esperanza

su pena.

 

CMLIII

CMLIV

CMLV

 

Las culpas del hombre

por su obrar de mal,

ha de enmendarlas con

su obrar de bien. El

mal que persiste en el

corazón humano y se

sobrepone al bien, es

poderoso y sólo es posible

vencerlo con la entrega

total al bien, con la

ayuda del Espíritu

del Bien. Todo mal

ha de ser vencido, ya

que si no se vence, se

apoderará del espíritu

del hijo de la tierra

y lo esclavizará, no

sólo en vida, sino en

su existencia eterna:

Sólo el bien, vencerá al

mal.

 

El mal en el hijo de

la tierra anida en su

corazón, invade su pensar

y se apodera de la razón

de su espíritu. Sólo podrá

vencerlo quien lo padece

como una enfermedad,

para ello deberá usar

sus armas de bien. Sus

armas son: Su voluntad

de bien, su conciencia de

bien y la ayuda del

Espíritu de Bien al que

deberá llamar e implorar

con la fuerza de su

oración de fe y de

verdad. Si el hombre

se entrega al mal, se

perderá, si lucha contra

él, lo vencerá. 

Quien se mienta y se

convence y sigue su

propia mentira, navega

en su propio lodazal

y su mentira se apoderará

de él. Todo lo verá

a través de su propio

engaño. Deberá, no

sólo salir de su lodazal,

sino lavarse el barro

de su razón con el

agua cristalina de la

Verdad. Sólo así su

espíritu será admitido

ante El Que Puede

Hacerlo.

CMLVI

CMLVII

CMLVIII

 

No miréis con ojos humanos

lo que no lo es. Yo no envié

a un hombre entre los hombres,

sino al Hombre de los hombres,

al que no quisisteis ver,  pese

a sus señales y palabras. Su

sufrimiento pasó, pero el vuestro

seguirá y no acabará mientras

no miréis a los demás como

parte de mi parte y ser

de mi ser.

 

No hay gota de agua ni

lágrima que no me lleve.

No hay aire ni suspiro que

no me contenga. No hay

semilla ni árbol que no

me tenga. No hay polvo

ni piedra donde no

esté. No hay camino ni

senda que a mi no venga.

No hay canto ni ruido

que de mi no provenga.

No hay palabra ni gesto

que a mi no lleve.

Yo soy lo que hay y

lo que no.

 

Yo no soy algo, sino

Todo. Yo no estoy a

la medida del hijo

de la tierra, sino al

contrario, lo que hay

es a mi medida. En

mi todo está, yo

Todo lo contengo. Sin

mi nada hay y

esa nada, sería yo.

CMLIX

CMLX

CMLXI

 

Cuando el hombre se olvide

de su propio beneficio y se

entregue a los demás, se

entregará a mi y a mi

me tendrá en sí. Cuando

el hombre sienta el dolor

y el padecer de los demás,

me sentirá a mi y sabrá

de mi. Cuando el hombre

ame a los demás como el

se ama, me amará a

mi, aunque yo ya lo

amaba a él.

 

Mi palabra es para ser dicha

y oída por el hijo de la

tierra. Mi palabra es para

usarla y para seguirla. El

que lo haga, me verá en su

corazón y su dicha no

tendrá fin desde ese

momento. Nadie puede

usar y oír mi palabra

sino quiere usarla u oírla.

Mi palabra es vida en la

vida y Gloria en su existencia

eterna.

Mi voz ha de oírse en el

corazón que lo desee. Mi

palabra no es silencio ni

quietud, mi palabra es

vida y aliento y no ha

de ser guardada, sino

dicha, ya que va dirigida

al corazón de los hombres

que la aguardan.

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