Yo desvelo:
pulsar 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14, 16,17y18 15 (DCCCXLIII-CMII) DCCCXLIII | DCCCXLIV | DCCCXLV | | Seguidores del mal e incrédulos se unen en contra mía y no ven en mis palabras la verdad que de ellas brota, sino confusión y desorden que a nada llevan. Ellos buscan, sin hallar, el error o la contradicción de lo dicho por mi, y al no hallarlo, sus almas perniciosas se retuercen de rabia como se retuercen las llamas en un incendio. Mis palabras no son para ellos, ya que en ellos no pueden prender, y resbalan por su alma infecunda al bien y a la verdad. Yo hablo para la tierra fértil, para los espíritus sedientos de mi y para las almas hambrientas de necesidad de mi, ellas me comerán y me beberán y se hartarán de mi, ya que yo soy para ellas y ellas son para mi. Mi palabra es alimento eterno ya que su consuelo no es para aquí y ahora, sino para la eternidad del hombre: Mis palabras emanan de Él, son Él. | Quien no me busca en mis palabras, no me hallará. Yo vivo dentro de él y si no mira dentro de sí, no me verá. Quien sólo cree que ha sido creado por la naturaleza, sólo verá naturaleza en él y permanecerá ciego a lo más evidente. Quien sólo cree en el ciclo de la vida y la muerte de la naturaleza, se quedará ahí y será incapaz de superar su ignorancia. Quien ve el firmamento y sólo ve lo que sus ojos alcanzan a ver, sin preguntarse nada sobre ello, ve lo mismo que cualquier animal que alcance a ver lo mismo y piense igual que ese animal. Quien ve la naturaleza y al hombre que le rodea, y sólo es capaz de ver lo que sus ojos contemplan sin preguntarse sobre su origen y fin, vivirá y morirá ciego, ciego de la peor ceguera: La ignorancia del Espíritu. | Muchos son los caminos que llevan a mi y al hombre le es dado el recorrer cualquiera de ellos, pero si son muchos los caminos, muchas más son las dudas, en su tránsito, que confunden y paralizan al hombre. Esas dudas cubren sus ojos con la gruesa tela de la ignorancia y el desencanto de la desesperanza. La fe inicial se pierde en el sendero de la vida y el hombre ha de recobrarla si quiere llegar a ser el que fue, el mismo que inició su recorrido lleno de fe, esperanza e ilusión. Sólo así llegará a donde ha de llegar y como ha de llegar. Para ello habrá de sortear las dudas de su razón, y las piedras de su desesperanza, y continuar con la ilusión del caminante primerizo: El Espíritu Santo le guiará en su andadura, más los ojos de su espíritu ha de llevarlos abiertos, y su bondad habrá de entregarla sin medida. |
DCCCXLVI | DCCCXLVII | DCCCXLVIII | | En el camino que el hombre ha de recorrer para llegar al final que merece, ha de ganarlo, y para ello ha de entregarse al bien sin importarle nada, más allá de él. En el bien habrá de entregarse y darlo sin medida. Con esa entrega habrá cumplido su deber hacia los demás hombres, ya que el bien que el hombre ha de dar, es a todos los seres que le rodean y están a su alcance: Quien no gana su vida, no alcanza su eternidad de Bien. El bien es amor. | Mi palabra ha sonado muchas veces en el corazón vacío de los hombres. Pocos la han seguido, de los pocos que la han atendido. Esos pocos son los que estarán a mi lado cuando les llegue su momento de eternidad. El resto habrá de esperar en espíritu y ganar su bien y su verdad. | En el vacío de la noche silenciosa y eterna, se debaten las almas de los que aspiran a la presencia de lo más anhelado. Ellos serán atendidos y alcanzarán la Verdad Suprema. |
DCCCXLIX | DCCCL | DCCCLI | | Teme el hombre a perderse para siempre cuando muere, a dejar de ser el que ha sido y es, pero el hombre no ha de temer ya que él no dejará de existir y ser el que es, ya que su espíritu pervivirá para siempre. | Mi presencia es inmutable, no varía desde antes del inicio del tiempo y el espacio. Yo estoy en Él y Él está en mi. Su Espíritu de Bien y de Verdad está en Él y está en mi. Ese Espíritu de los espíritus se halla en el hijo de la tierra, aunque rara vez lo escucha y menos aun lo sigue: Quien atienda y sigua al Espíritu Eterno de Amor, me atiende y sigue a mi, y atiende y sigue al Creador de Bondad Suprema. Ese accederá al Bien y a la Verdad infinitas. | El Espíritu Santo no juzga ni condena, sólo alienta en el espíritu dubitativo y cambiante del hombre, el camino hacia la Verdad del Que Todo lo Ama y hacia el Bien que Todo Contempla: El Espíritu del Bien y de la Verdad alisa de asperezas y de recelos el camino del hombre. |
DCCCLII | DCCCLIII | DCCCLIV | | El Espíritu de la Verdad ayuda al hombre en su desesperanza, en su duda. Es el apoyo de su espíritu cuando flaquea a la luz de su razón. Es el amigo que mitiga la soledad de su alma y es el que lo lleva al Amor y la Verdad, y lo acerca al Bien Supremo. | Igual que la duda es privilegio de la razón, la certeza de la fe es privilegio de la esperanza del ama. Ambas son inseparables del hombre y ambas han de convivir entre sí. En la razón interviene la inteligencia del hombre que lo ayuda a diferenciar lo verdadero de lo falso. En la certeza de la fe, intervienen la esperanza inquebrantable prestada por el Espíritu de la Verdad y capaz por sí misma, de reconocer lo que no se ve y sólo es posible sentir con la mirada del espíritu del hombre, iluminado con su luz de eternidad. | El hombre, en su ceguera de su vanidad, no cree que vaya a morir y vive conforme a una eterna vida. Pero tan cierto es que el día sucede a la noche, como que al hombre llegará su momento de muerte, igual que le llegó su momento de vida. En ese momento en el que se le abre ante sí la eternidad, ha de estar preparado y no temer a lo inevitable, ya que yo estaré con él y el Espíritu Santo acompañará su camino para apartarlo de todo mal que lleve consigo. |
DCCCLV | DCCCLVI | DCCCLVII | | Un abismo violento se abre en el corazón del hombre cuando muestra odio a su hermano. El abismo se cerrará cuando cambie mal por bien y odio por bondad. | En el espacio que existe entre el espíritu de tu yo y tu, me encuentro yo. Tan cerca de ti que parezco tú y sólo soy yo. Tu conciencia de bien me debe su voz y tu conciencia de mal me debe su cambio, cuando así actúa. Aunque estoy contigo y en ti, estoy solo. Estoy contigo y con todos los hombres al tiempo. Ningún hombre me conoce y yo los conozco a todos. Mi voz les hace desistir de su mal, y cuando su voluntad de mal los inclina hacia su lado, mi voz les señala lo equivocado del camino seguido y su necesidad de enmendarlo. No todos los hombre me escuchan, ni todos siguen mi voz. Soy el Espíritu que habla al tuyo, el que te acompaña siempre y con el que no hay soledad. Yo estoy contigo desde tu concepción y seguiré hasta que tu cuerpo muera, sólo entonces tu espíritu me reconocerá y seguirá su camino hacia su lugar sin mi compañía. | Mi voz se elevará por encima de las conciencias. Mi voz llegará a todos los rincones del pensamiento y del corazón. Nadie podrá alegar que no me oyó, así y todo, unos me escucharán y otros no querrán oírme. Cuando mi voz sea un estruendo en los corazones, nadie podrá negarme sin negarse a ellos mismos, así y todo me negarán, y su pensamiento y su razón permanecerán cerrados a mi, y su corazón se inclinará hacia el Mal y su espíritu se apoderará de ellos por toda la eternidad: El hombre elige su destino de Bien o de Mal. |
DCCCLVIII | DCCCLIX | DCCCLX | Cuando oigas mi voz, síguela ella te señalará el camino hacia mi: No temas tu destino de eternidad ya que él será el mío y el mío es el camino de la Gloria Infinita. | Cuando la oscuridad más espesa y el vacío más perfecto envuelvan al hombre en su halo de inquietud y en su quietud de lo inimaginable, se abrirá al hombre el origen de la Verdad, y el Camino del Bien se ofrecerá luminoso hasta el Que Todo lo Ama. Sólo al hijo de la tierra que odie todo bien, pese a serle dado, se le negará este camino ya que el camino de lo puro, no debe contaminarse de lo impuro y el bien, no debe caer en su negación eterna. Todo bien es amor y todo mal nace del odio y del egoísmo humano. Uno y otro son antagónicos y anidan en el corazón del hombre, y uno y otro habrán de separarse en su momento de eternidad y elegir su esencia de infinitud. El hombre deberá decidir qué parte de él perecerá y qué parte de él, existirá en la eternidad de su existencia infinita. | Una luz que no es luz, sino esencia infinita de Verdad se abre al espíritu del hombre. El alma que la acoja, ya no será la misma, pues la luz que la inunda, saldrá de ella sin límite y será luz a otras almas. El alma iluminada con la esencia de la Infinita Bondad, será infinita bondad a su vez y no habrá más que amor en su esencia luminosa. |
DCCCLXI | DCCCLXII | DCCCLXIII | Cuando estuve entre ellos, los hombres no me creyeron, sólo unos pocos se atrevieron a seguirme. Algunos sufrieron con mi sufrimiento y otros se regocijaron con él. Unos siguieron mi camino y otros se alejaron de él: Cada hombre elije su destino. | El sueño del hombre no es la bondad, ni siquiera la verdad, el sueño del hombre es alcanzar y poseer lo que no alcanza y no posee, y yo os digo: Mientras el sueño del hombre no sea el amor hacia los demás seres, no alcanzará sino la futilidad, y lo valioso permanecerá dormido en él. El hombre ha de despertar a él mismo. | Lo que le hagas a tu hermano te lo hacer a ti y a mi. Si amas a tu hermano, me amas a mi y te amas a ti. Si hieres a otro hombre, te hieres a ti y me hieres a mi. Si ayudas a tu hermano en su dificultad, te ayudas a ti y me ganas a mi para tu dificultad. El hombre no sólo comparte con otros su tiempo y el mismo espacio, sino su mismo origen e igual fin. Comparte el pan de la tierra y el agua que bebe. Lazos invisibles y poderosos unen a todos los hijos de la tierra entre sí y conmigo, y esos lazos nos hermanan para lo bueno y para la dificultad, para la vida y para la muerte, para la fe y para la esperanza, para la desgracia y para la desesperanza: Ayuda a tu hermano y te ayudarás, ya que formáis un solo, entre muchos. |
DCCCLXIV | DCCCLXV | DCCCLXVI | De la indiferencia hacia lo ajeno, se pasa con facilidad a no importar el daño o el sufrimiento de los demás. Esa actitud es negativa y muestra un bloqueo de la voluntad de bien. Ese bloqueo está provocado por la indiferencia de la razón y no es más que egoísmo del corazón. El hijo de la tierra ha de ser sensible al sufrir de sus hermanos y ha de procurar mitigarlo con su voluntad de bien. El espíritu indiferente no se inclina, ni hacia su voluntad de bien ni de mal, sino que permanece quieto ante el mal o el dolor, no actúa como un ser vivo provisto de cualidades de eternidad, sino como un ser inanimado encerrado en sí mismo e insensible hacia los demás: Si los indiferentes de espíritu no se movilizan con mi palabra, ni actúan en ayuda de su hermano necesitado, se alejará de mi sabrán de lo tenebroso del mal, al que atraen con su actitud de pasividad ante su hermano en necesidad. | Os di mi palabra y no la quisisteis oír. Os di mis señales y no las quisisteis ver. Os di mi cuerpo y mi sangre y no las quisisteis comer ni beber. Os di mi vida y no os importó. Vuelvo a daros mi palabra y tampoco queréis oírla, hacéis oídos sordos y volvéis el rostro para no verme en vuestros corazones. Os entrego lo más precioso de mi, y preferís la mentira que otros os ofrecen. Os doy la Vedad y la Vida y elegís la mentira y la muerte: Vuestra falsa elección os perderá, pues no queréis oír a vuestros corazones y no queréis ver con vuestra alma. Mi espíritu se alejará de vosotros y sólo acudirá ante vuestras súplicas y deseos de bien y de verdad. | Os di piedras preciosas y oro fino y preferisteis las baratijas y el cobre. Cuando la Verdad se os presentó no la quisisteis ver y preferisteis la comodidad de lo aprendido, sin querer distinguir, en vuestra comodidad, la verdad de la mentira. Y si eso habéis elegido, eso tendréis, baratijas y cobre que os hacen pasar por valiosas joyas: No hay peor engañado que el que quiere dejarse engañar y prefiere la mentira a la verdad, ni peor mentiroso que el que se cree sus propias mentiras y las ofrece por verdad. Uno y otro buscan lo mismo y eso encontrarán. |
DCCCLXVII | DCCCLXVIII | DCCCLXIX | Hay una sola verdad y muchos caminos para llegar a ella, en cualquiera de ellos es necesario la buena voluntad del que quiere alcanzarla y su voluntad de bien, si así obra, conocerá parte de la verdad, no toda ella, ya que la Verdad sólo la alcanza el hombre cuando le llega su momento de eternidad y esa Verdad es sólo para él. | Ningún hombre ha de disponer de la vida de otros o de la suya propia, ya que ésta es un don proveniente de la Gracia del Que Todo lo Da y al no proceder del hombre, ni su origen ni su fin, no debe usarla como algo propio. Aunque el hombre sufra o se retuerza de dolor, ha de soportarlo con la entereza que otorga la fe y la esperanza en lo venidero: Su sufrir le abrirá de par en par las puertas por las que su dolorido espíritu llegará hasta mi. | Él es Yo Soy. El Que nunca Abandona. El Que siempre Acoge. El Que nunca Deja e Amar. El Que siempre Otorga. El Que nunca Pide. El Que siempre Acompaña. El Que ve lo mejor de nosotros. El Que nunca Espera Nada. El Que siempre Está. El Que siempre Ayuda. El Mejor Amigo del hombre. Él es, Él Hacedor Incansable. |
DCCCLXX | DCCCLXXI | DCCCLXXII | Yo soy el Que sufre Contigo, El Que Ama contigo, El Que vive contigo. El Que te acompañará en tu desdicha y en tu dicha. Conmigo estás tú y yo estoy contigo. | Yo soy para el hombre el agua de su desierto. El trigo de su campo, la luz de su tiniebla. El valor de su cobardía, la estrella de su esperanza. Yo soy para el hombre, el escudo de su fe, la piedra de su vivienda, el fuego de su frío y el alimento de su hambre. Yo soy para el hombre el brillo de su oscuridad, la luz de su esperanza, el saber de su ignorancia, la gratitud de su ingratitud y el fin de la ilusión de su perpetuidad. | Él es Yo Soy y Yo soy es Él, somos lo mismo, pues de lo mismo somos. |
DCCCLXXIII | DCCCLXXIV | DCCCLXXV | Igual que el aire va al aire, el agua va al agua y la tierra va a la tierra, la vida del hijo de la tierra, y de los demás seres, vuelve a su origen. Eses origen es indescifrable para el hombre y sólo a Él corresponde. | El hombre vive entre lo visible y lo invisible. Su invisible es eterno y su visible se diluirá en la tierra de la que procede. Yo estoy en su invisible y para verme o sentirme tiene que mirarme o tocarme con los mismos ojos o dedos que le hacen ver lo que no se ve, o tocar lo que no se palpa, u oír lo que sólo él puede oír, ya que lo escucha en su interior. Qué hombre es capaz de ver un perfume o tocar el aroma que desprende y que oído es capaz de oír lo que uno sólo puede oír. | Cuando el corazón dolorido del hombre llora en su desesperanza y ante la pérdida de la vida, ha de conformarse con la pérdida, ya que así es, así ha sido y así será. Es en esa desesperanza cuando la fe en lo invisible se pierde y sólo queda la fe y la esperanza de lo aparente, de lo visible, y esa fe no alcanza a lo verdadero, ya a la Verdad Suprema que aguarda al hombre más allá de su visible. |
DCCCLXXVI | DCCCLXXVII | DCCCLXXVIII | Muchas veces muere el hombre antes de morir, cada muerte señala un paso más hacia el nuevo nacer. El que al final de su vida no alcanza ha vislumbrar la propia verdad, morirá en la ignorancia de lo acontecido en él: Sólo el que mira dentro de sí descubre lo que hay más allá de si. | Qué quedó del niño al ser hombre, sólo un recuerdo de inocencia perdida, de deseos incumplidos y de sueños de cruel despertar. Ese niño que murió para dejar paso al hombre que ocupó su cuerpo y su mente, ha de renacer y volver a ser el que fue, ha de apoderarse de nuevo de su infancia que le fue arrebatada, ha de volver a soñar con lo imposible, con lo que no se ve y se desea con la fuerza de la vida temprana, ha de creer en la pureza de lo puro y de lo impuro, ha de apiadarse de su hermano hasta llorar por él y ha de creer en mi, como yo creo en él. | Y de todos los mundos posibles, Él escogió éste, y este mundo fue su mundo, y lo eligió entre todos los mundos y sus hijos fueron llamados los hijos de la tierra, pues la Tierra es su nombre. En la Tierra se prodigó en forma de vida y la vida llenó el planeta. Y de entre todos los seres creados escogió al hombre para dotarlo de existencia inmortal, y para que ordenara el mundo que le ofreció, le dio la inteligencia que le hiciera comprender y le dio la conciencia que le hiciera distinguir y todas las capacidades de las que el hombre dispone. Todas esas capacidades habrá de usarlas en su beneficio y en el de las demás especies. Y el hombre no debe olvidar su destino más allá de su vida: Él les espera. |
DCCCLXXIX | DCCCLXXX | DCCCLXXXI | No te rías de lo que no comprendes, ni llores de lo que no alcances. Tus límites son aún inalcanzables para ti. Muchos hombres se refugian en el escudo de su ignorancia y así creen evitar cambiar sus modos de vida. El miedo a descubrirse y desentrañar parte de su interior, les sume en la ignorancia más cobarde, en la de no querer saber. El hijo de la tierra ha de afrontar sus propios límites y llegar hasta donde teme llegar a conocer, sus cualidades en su total. Cuando el hombre se alcance a si mismo, estará más cerca de mi y sabrá que posee cualidades que ahora sólo intuye: El hombre más sabio será más bueno y su bondad le llevará hasta mi presencia. Sus límites alcanzarán su perfección humana y su ignorancia será bendecida: El mal nada podrá contra ellos. | Hay dos clases de ignorancia la ignorancia del que aún no ha llegado a aprender ni a saber y la ignorancia maliciosa del que no quiere saber ni aprender y se cierra a cualquier conocimiento que de el mismo provenga. En esa ignorancia maliciosa prospera la maldad humana y se pierden los bienes del hombre que lo hacen conocerse y llegar a mi. | Dos son las negaciones del hombre, la negación hacia si mismo, y de los dones que posee, y la negación hacia todo lo creado, incluido él, y por lo tanto la ignorancia del Espíritu del Bien y de su propia eternidad. Estas dos negaciones atraen hacia el Espíritu del Mal. Sólo el que trata de vencer la barrera invisible de su ignorancia se acercará al Espíritu de la Verdad y por lo tanto a mi: Ese me conocerá en su momento ya que él me ha buscado en su corazón. |
DCCCLXXXII | DCCCLXXXIII | DCCCLXXXIV | El hombre ha de perder la ignorancia de su miedo si quiere llegar a él y a mi. Sólo a través de su propio vencimiento superará la cobardía de su ignorancia. Cuando el hombre se halla, me hallará a mi. Cuando el hombre se descubra, me descubrirá. Cuando el hombre se ame, me amará. Cuando el hombre se pierda, me perderá. Cuando el hombre se encuentre y se sepa, me encontrará y me sabrá. Cuando el hombre se comprenda, me comprenderá. Cuando el hombre se olvide de sí y se busque en los demás, me hallará para siempre. | Ningún hombre ha de disponer de la vida de otros o de la suya propia, ya que esta es un don proveniente de la Gracia del Que Todo lo Da y al no proceder del hombre ni su origen ni su fin, no debe usarla como algo propio. Aunque el hombre sufra o se retuerza de dolor, ha de soportarlo con la entereza que otorga la fe y la esperanza en lo venidero: Su sufrir le abrirá de par en par las puertas por las que su dolorido espíritu llegará hasta mi. | Él es lo más entre lo más. Lo indefinible, lo único entre lo único, lo inacabable entre lo eterno, lo inabarcable entre lo imposible, lo sin medida entre lo infinito, la bondad, de la bondad, lo inimaginado de lo existente. Él es la paz infinita de las almas. El amor inacabable. Él es la luz de la luz. Él es el Que Todo lo Cura Él Que a Todo y Todo lo Ampara. Con Él no hay perdición pues todo Él es Salvación. Él es la Armonía del Universo. Él es la música de las almas. Él es el amor de los corazones. Él es la Estrella de la Fe. Él es Anhelo de los Corazones. Él es la Luz de la Pasión. Él es la Flor de la Vida. Él es el Amor del Amor. Él es la Estrella Omnipotente de la Luz Perpetua. Él es Él. |
DCCCLXXXV | DCCCLXXXVI | DCCCLXXXVII | No hay bien en el que Él no esté, ni mal en el que no se halle el Espíritu de Maldad. Nada es indiferente o indeciso pues todo tiene un sentido más allá de lo cercano o aparente. Lo neutro no existe, es sólo una apreciación humana nacida de su ignorancia. No hay duda en el bien o en el mal, entre lo vivo o lo muerto o entre lo existente o lo que no existe ni existirá: No hay duda entre la verdad y la mentira. | Quien no me sabe, no sabe. Quien no me conoce, no conoce. Quien no me siente, no siente. Quien no me sufre, no sufre. Quien no me ama, no ama. Quien no me llora, no llora. Quien no se entristece o se alegra conmigo, no se entristece ni se alegra. Quien no se acerque a mi, no me tendrá: Yo estoy para ti en los demás y en ti. Yo te espero en la piedad a los hombres. | Llora el hombre la ausencia de lo irremediable, pero no ha de llorar ya que, si así lo quiere, lo llevará en su corazón mientras vida y cuando muera su espíritu se unirá a su espíritu en la eternidad: Del hombre sólo muere su perecedero, su imperecedero existirá siempre. Su invisible será visible y el hijo de la tierra conocerá su verdadero rostro y el de los suyos, las máscaras no existen más allá de los hombres, allí sólo hay verdad y el que que se sienta se reconocerá y el que sienta conocerá. El invisible no lo será. |
DCCCLXXXVIII | DCCCLXXXIX | DCCCXC | No hay mérito en amar lo que merece serlo. El mérito es amar lo que se odia, amar lo que se aborrece. Sólo con este amor a los demás se hace digno el hombre de ser amado y será grato a Quien Todo lo Sabe. | Mi palabra no se perderá en los flecos del viento del olvido, mi palabra quedará prendida en los corazones, y sus almas serán guía de otras almas que se llenarán de mi aliento y darán aire y luz a quienes les falte. Mi palabra es consuelo. Mi palabra mitigará el dolor de los sufrientes y quien las escuche, hallará en ellas el camino hacia mi. | A ti peregrino de luz que buscas la verdad en lo que existe a tu alcance. Tú la hallarás y serás guía de los sordos y los ciegos que no quieren oírme ni verme. Aunque mi voz resuene, no la oirán y aunque me vean, no me verán. Tú los guiarás hasta mi y a ti te seguirán. Tú has querido hallarme y me has hallado. Tú has querido seguirme y me has seguido y mi Luz has visto y sentido. Tú me buscastes en tu corazón con el valor que te daba la esperanza de tu fe, y me has hallado, no allí donde buscastes, sino en otros corazones, en otros espíritus que también me buscaban sin saberlo: Tú los llevarás a mi. |
DCCCXCI | DCCCXCII | DCCCXCIII | No hay camino seguro en el hombre desde que nace y aún antes de nacer. En cualquier lugar al que el hombre se dirija, acechan sus enemigos que no son otros que los míos. El mal se disfraza de mil formas distintas para destruir en el hombre lo que de puro e inocente hay en él. Su bondad se verá perseguida y atacada y sólo cesará su lucha con su final. Una vez que el hijo de la tierra acuda a ella, ya no será sino su esencia y en esa esencia estará lo que de él es perdurable más allá de cualquier tiempo o espacio. No por morir cesa la lucha del espíritu del hombre, ya que el Espíritu del Mal pugnará por él: El Espíritu del Bien lo librará de cualquier mal y lo llevará hasta mi en forma de alma victoriosa si así lo quiere. | No hay bien en el mal ni mal en el bien. No hay duda en uno ni en otro. El hombre elige su camino en su corazón y su camino llenará su eternidad. El hombre miente cuando hace mal y no lo reconoce. El bien no se ufana de ello y prefiere no ser notado, para escapar tanto del agradecimiento, como del odio de la envidia: Quien siegue un camino que no es el suyo, cambia su destino por otro distinto, ya que él no es él, ya que no actúa o piensa como él debería actuar o pensar, sino como si fuera diferente al que es. | De los enemigos del hijo de la tierra, son más dañinos y poderosos los que el mismo lleva en su interior que los que le esperan fuera de él. Unos y otros quieren lo mismo: Su mal. El único refugio de si mismo es la oración a través del Espíritu de Bien, María o yo y dirigida hacia El Absoluto del Bien Eterno. El Mal se anula con el Bien. |
DCCCXCIV | DCCCXCV | DCCCXCVI | Mientras más avance el hombre en el mal, más se aleja de mi y cuando más avance en el bien, más se acerca a mi: Sigue el camino de mi Luz. | Hijo de la tierra que no te cambie tu exterior y seas otro del que eres. Tú eres tú, único y distinto a cualquier otro ser y así deberás ser y seguir. Tú posees dones propios que te diferencian de cualquier otro hombre y esos dones deberás acrecentarlos y con ellos obsequiar a los demás hombres, ya que para eso se te han dado. Regala a los demás seres lo mejor de ti, pues para eso has sido creado. | Yo soy el padre y la madre del mundo, de todo lo creado y de lo por crear. Todo procede de mi y sin mi no sería. Yo soy el creador de lo visible y de lo invisible. De lo cierto y y la duda. De lo vivo y de lo no vivo. De lo inerte y de lo que hay más allá de la vida. De mi procede todo lo que es y todo lo que no es. Sin mi nada sería y conmigo todo es. |
DCCCXCVII | DCCCXCVIII | DCCCXCIX | Lo vivo existe, pero no todo lo que existe está vivo. En el más allá de la vida no hay vida, sólo existencia de la esencia espiritual. En esa existencia en espíritu, se hallan los que en un tiempo fueron hijos de la tierra. En el más allá no hay tiempo ni espacio, ya que no son necesarios. Lo que allá es, aquí no es, lo que allá hay, aquí no hay. Lo que aquí es, allá no es. | No hay oscuridad que no busque su luz, ni luz que no busque su tiniebla. Igual que hay día y noche en los días del hijo de la tierra, hay luz y oscuridad en su existencia eterna. La oscuridad siempre busca la luz que la ilumine y la luz siempre busca la oscuridad para iluminarla. Más hay una tiniebla tan espesa y poderosa que la luz nada puede contra ella, pues la absorbe y la devora y pasa a ser densa negrura. En esa negrura sin límite se hunden las almas de los que no buscaron mi luz. Esas tinieblas eternas son la negrura infinita de la desgracia eterna y sólo es capaz de vencerla el Creador de lo Creado, si a Él se entregan sin medida los condenados a soportarla. Si así obran y desean, Él los librará de su desesperanza eterna por su Misericordia Infinita. | Caen los hombres a la tierra como las hojas secas de los árboles, sin importar lo poderosos que hallan sido. Sus vidas han sido un soplo de orgullo y desaliento y su miedo ante lo inevitable no les ha impedido su camino de maldad. Ellos no han querido oír ni ver y ya no es tiempo, ya su tiempo pasó. Ahora ya no son sino almas, esencias de vida sin vida, esencia de existencia eterna donde ya no hay tiempo, ni espacio, ni soporte de materia, sólo queda la pureza del espíritu separado de su envoltura terrena y ese espíritu ha de buscarme si quiere hallarme, si no vagará en la incertidumbre de su desesperanza. Hijo de la tierra sigue mi Luz y me hallarás, sigue la tiniebla y eso hallarás. Hijo de la tierra tu duda te perderá en el desaliento eterno, busca en ti la fe de la esperanza que te llevará a mi. Yo estoy en ti. |
CM | CMI | CMII | Buscan y no me hallan los que me buscan con la razón de su inteligencia en vez de la razón de su corazón. Yo estoy en ellas y ellas están en mi, pero han de querer verme y oírme con los ojos y los oídos de su espíritu. En sus almas desoladas por la angustia de la soledad eterna, estoy yo. En sus ojos ciegos, estoy yo. En sus oídos sordos, estoy yo. Yo les abro a todos los hijos de la tierra y pocos son los que escuchan mis palabras y menos aún los que las siguen. El hombre ha de confiar en él mismo y en lo que de él hay de mi. | Perdido en su soledad angustiosa se halla el hombre que no cree en mi, ya que tampoco cree ni confía en él. La amenaza de la muerte es para él la pérdida de todo, ya que sólo cree en la vida y para él no hay nada más. Con la pérdida de la vida, ese hombre cree perderlo todo, ya que para él todo se reduce a la vida. Su falta de fe y de esperanza lo llevan al desaliento y lo lleva hasta la angustia permanente de la nada. Ese camino no es el suyo y ha de pararse y oírme en su corazón. | Eres la luz precursora del amanecer, la luz indecisa del anochecer que tiembla asustado entre mis manos, como las hojas del álamo al viento. Para tu valor se asomó el mundo a tus ojos y para tu valor se te concedió el saber de mi. Para ti es lo que está a tu alcance y aún lo que está lejos de ti. Tu fe y esperanza en lo que sabes que es, aunque no lo veas, es tu valor más poderoso y lo que te distingue a mis ojos de las demás criaturas. Tu amanecer será de luz y tu anochecer no te asustará con su tiniebla, ya que tu confías en mi y yo no te soltaré de la mano. |
^ |