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Yo desvelo:

 

 

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15

(DCCCXLIII-CMII)

 

DCCCXLIII

DCCCXLIV

DCCCXLV

 

Seguidores del mal e incrédulos

se unen en contra mía y

no ven en mis palabras la

verdad que de ellas brota,

sino confusión y desorden

que a nada llevan. Ellos

buscan, sin hallar, el error

o la contradicción de lo dicho

por mi, y al no hallarlo, sus

almas perniciosas se retuercen

de rabia como se retuercen

las llamas en un incendio.

Mis palabras no son para

ellos, ya que en ellos

no pueden prender, y resbalan

por su alma infecunda al

bien y a la verdad. Yo

hablo para la tierra fértil,

para los espíritus sedientos

de mi y para las almas

hambrientas de necesidad

de mi, ellas me comerán

y me beberán y se hartarán

de mi, ya que yo soy

para ellas y ellas son para

mi. Mi palabra es alimento

eterno ya que su consuelo

no es para aquí y ahora, sino

para la eternidad del

hombre: Mis palabras emanan

de Él, son Él.

 

Quien no me busca en mis

palabras, no me hallará. Yo

vivo dentro de él y si no

mira dentro de sí, no me

verá. Quien sólo cree que

ha sido creado por la

naturaleza, sólo verá

naturaleza en él y

permanecerá ciego a lo

más evidente. Quien

sólo cree en el ciclo

de la vida y la muerte

de la naturaleza, se

quedará ahí y será

incapaz de   superar su

ignorancia. Quien ve

el firmamento y sólo

ve lo que sus ojos

alcanzan a ver, sin

preguntarse nada sobre

ello, ve lo mismo que

cualquier animal que

alcance a ver lo mismo

y piense igual que ese

animal.  Quien ve la

naturaleza y al hombre

que le rodea, y sólo es

capaz de ver lo que sus

ojos contemplan sin

preguntarse sobre su origen

y fin, vivirá y morirá ciego,

ciego de la peor ceguera: La

ignorancia del Espíritu.

 

Muchos son los caminos

que llevan a mi y al

hombre le es dado el

recorrer cualquiera de

ellos, pero si son muchos

los caminos, muchas

más son las dudas, en

su tránsito, que confunden

y paralizan al hombre.

Esas dudas cubren sus ojos

con la gruesa tela de la

ignorancia y el desencanto

de la desesperanza. La

fe inicial se pierde en

el sendero de la vida

y el hombre ha de

recobrarla si quiere llegar

a ser el que fue, el mismo

que inició su recorrido

lleno de fe, esperanza e

ilusión. Sólo así llegará

a donde ha de llegar y

como ha de llegar. Para

ello habrá de sortear las

dudas de su razón, y las

piedras de su desesperanza,

y continuar con la ilusión

del caminante primerizo:

El Espíritu Santo le guiará

en su andadura, más los

ojos de su espíritu ha de

llevarlos abiertos, y su bondad

habrá de entregarla sin medida.

DCCCXLVI

DCCCXLVII

DCCCXLVIII

 

En el camino que el

hombre ha de recorrer

para llegar al final que

merece, ha de ganarlo,

y para ello ha de

entregarse al bien sin

importarle nada, más

allá de él. En el bien

habrá de entregarse y darlo

sin medida. Con esa

entrega habrá cumplido

su deber hacia los demás

hombres, ya que el bien

que el hombre ha de dar,

es a todos los seres que

le rodean y están a su

alcance: Quien no gana

su vida, no alcanza su

eternidad de Bien. El bien

es amor.

 

Mi palabra ha sonado

muchas veces en el corazón

vacío de los hombres. Pocos

la han seguido, de los pocos

que la han atendido. Esos

pocos son los que estarán

a mi lado cuando les

llegue su momento de

eternidad. El resto habrá

de esperar en espíritu y

ganar su bien y su verdad.

En el vacío de la noche

silenciosa y eterna, se debaten

las almas de los que aspiran

a la presencia de lo más

anhelado. Ellos serán atendidos

y alcanzarán la Verdad

Suprema.

DCCCXLIX

DCCCL

DCCCLI

 

Teme el hombre a perderse

para siempre cuando muere,

a dejar de ser el que ha sido

y es, pero el hombre no ha

de temer ya que él no

dejará de existir y ser el

que es, ya que su espíritu

pervivirá para siempre.

 

Mi presencia es inmutable,

no varía desde antes del

inicio del tiempo y el

espacio. Yo estoy en Él

y Él está en mi. Su

Espíritu de Bien y de Verdad

está en Él y está en mi.

Ese Espíritu de los espíritus

se halla  en el hijo de la

tierra, aunque rara vez lo

escucha y menos aun lo

sigue: Quien atienda y

sigua al Espíritu Eterno

de Amor, me atiende

y sigue a mi, y atiende

y sigue al Creador de

Bondad Suprema. Ese

accederá al Bien y a la

Verdad infinitas.

 

El Espíritu Santo no

juzga ni condena, sólo

alienta en el espíritu

dubitativo y cambiante

del hombre, el camino

hacia la Verdad del Que

Todo lo Ama y hacia el

Bien que Todo  Contempla:

El Espíritu del Bien y de la

Verdad alisa de asperezas

y de recelos el camino del

hombre.

DCCCLII

DCCCLIII

DCCCLIV

 

El Espíritu de la Verdad

ayuda al hombre en su

desesperanza, en su duda.

Es el apoyo de su espíritu

cuando flaquea a la luz de

su razón. Es el amigo que

mitiga la soledad de su

alma y es el que lo lleva

al Amor y la Verdad, y

lo acerca al Bien Supremo.

 

 

Igual que la duda es

privilegio de la razón, la

certeza de la fe es privilegio

de la esperanza del ama.

Ambas son inseparables del

hombre y ambas han de

convivir entre sí. En la

razón interviene la inteligencia

del hombre que lo ayuda

a diferenciar lo verdadero

de lo falso. En la certeza

de la fe, intervienen la

esperanza inquebrantable

prestada por el Espíritu

de la Verdad y capaz

por sí misma, de reconocer

lo que no se ve y sólo

es posible sentir con la

mirada del espíritu del

hombre, iluminado con

su luz de eternidad.

 

El hombre, en su ceguera

de su vanidad, no cree

que vaya a morir y vive

conforme a una eterna vida.

Pero tan cierto es que el

día sucede a la noche,

como que al hombre

llegará su momento de

muerte, igual que le llegó

su momento de vida. En

ese momento en el que

se le abre ante sí la

eternidad, ha de estar

preparado y no temer a

lo inevitable, ya que yo

estaré con él y el Espíritu

Santo acompañará su

camino para apartarlo

de todo mal que lleve

consigo.

DCCCLV

DCCCLVI

DCCCLVII

 

Un abismo violento se

abre en el corazón del

hombre cuando muestra

odio a su hermano. El

abismo se cerrará cuando

cambie mal por bien y

odio por bondad.

 

En el espacio que existe

entre el espíritu de tu yo

y tu, me encuentro yo.

Tan cerca de ti que parezco

tú y sólo soy yo. Tu conciencia

de bien me debe su voz y

tu conciencia de mal me

debe su cambio, cuando así

actúa. Aunque estoy contigo

y en ti, estoy solo. Estoy

contigo y con todos los hombres

al tiempo. Ningún hombre

me conoce y yo los conozco

a todos. Mi voz les hace

desistir de su mal, y cuando

su voluntad de mal los

inclina hacia su lado, mi

voz les señala lo equivocado

del camino seguido y su

necesidad de enmendarlo. No

todos los hombre me escuchan,

ni todos siguen mi voz. Soy

el Espíritu que habla al tuyo,

el que te acompaña siempre

y con el que no hay soledad.

Yo estoy contigo desde tu

concepción y seguiré hasta que

tu cuerpo muera, sólo entonces

tu espíritu me reconocerá

y seguirá su camino hacia

su lugar sin mi compañía.

 

Mi voz se elevará por encima

de las conciencias. Mi voz

llegará a todos los rincones

del pensamiento y del corazón.

Nadie podrá alegar que no

me oyó, así y todo, unos me

escucharán y otros no querrán

oírme. Cuando mi voz sea

un estruendo en los corazones,

nadie podrá negarme sin

negarse a ellos mismos, así

y todo me negarán, y su

pensamiento y su razón

permanecerán cerrados a mi,

y su corazón se inclinará

hacia el Mal y su espíritu

se apoderará de ellos por

toda la eternidad: El hombre

elige su destino de Bien o de

Mal.  

DCCCLVIII

DCCCLIX

DCCCLX

Cuando oigas mi voz, síguela

ella te señalará el camino

hacia mi: No temas tu

destino de eternidad ya que

él será el mío y el mío

es el camino de la Gloria

Infinita.  

 

Cuando la oscuridad más

espesa y el vacío más perfecto

envuelvan al hombre en su

halo de inquietud y en su

quietud de lo inimaginable,

se abrirá al hombre el

origen de la Verdad, y el

Camino del Bien se ofrecerá

luminoso hasta el Que

Todo lo Ama. Sólo al

hijo de la tierra que odie

todo bien, pese a serle dado,

se le negará este camino

ya que el camino de lo

puro, no debe contaminarse

de lo impuro y el bien,

no debe caer en su negación

eterna. Todo bien es amor

y todo mal nace del odio

y del egoísmo humano. Uno

y otro son antagónicos y

anidan en el corazón del

hombre, y uno y otro habrán

de separarse en su momento

de eternidad y elegir su

esencia de infinitud. El

hombre deberá decidir qué

parte de él perecerá y qué

parte de él, existirá en la

eternidad de su existencia

infinita.

 

 

Una luz que no es luz, sino

esencia infinita de Verdad

se abre al espíritu del

hombre. El alma que la

acoja, ya no será la misma,

pues la luz que la inunda,

saldrá de ella sin límite

y será luz a otras almas.

El alma iluminada con

la esencia de la Infinita

Bondad, será infinita

bondad a su vez y no habrá

más que amor en su esencia

luminosa.

 

DCCCLXI

DCCCLXII

DCCCLXIII

Cuando estuve entre ellos,

los hombres no me creyeron,

sólo unos pocos se atrevieron

a seguirme. Algunos

sufrieron con mi sufrimiento

y otros se regocijaron con él.

Unos siguieron mi camino

y otros se alejaron de él:

Cada hombre elije su

destino.  

 

 

El sueño del hombre no es

la bondad, ni siquiera la

verdad, el sueño del hombre

es alcanzar y poseer lo que

no alcanza y no posee, y yo

os digo: Mientras el sueño

del hombre no sea el

amor hacia los demás seres,

no alcanzará sino la

futilidad, y lo valioso

permanecerá dormido en

él. El hombre ha de

despertar a él mismo.

 

 

Lo que le hagas a tu

hermano te lo hacer a ti

y a mi. Si amas a tu

hermano, me amas a mi

y te amas a ti. Si hieres

a otro hombre, te hieres

a ti y me hieres a mi.

Si ayudas a tu hermano

en su dificultad, te ayudas

a ti y me ganas a mi

para tu dificultad. El

hombre no sólo comparte con

otros su tiempo y el mismo

espacio, sino su mismo

origen e igual fin. Comparte

el pan de la tierra y el

agua que bebe. Lazos

invisibles y poderosos unen

a todos los hijos de la

tierra entre sí y conmigo,

y esos lazos nos hermanan

para lo bueno y para la

dificultad, para la vida y

para la muerte, para la fe

y para la esperanza, para

la desgracia y para la

desesperanza: Ayuda a tu

hermano y te ayudarás, ya

que formáis un solo, entre muchos.

 

DCCCLXIV

DCCCLXV

DCCCLXVI

 

De la indiferencia hacia lo

ajeno, se pasa con facilidad

a no importar el daño o el

sufrimiento de los demás. Esa

actitud es negativa y muestra

un bloqueo de la voluntad de

bien. Ese bloqueo está provocado

por la indiferencia de la razón

y no es más que egoísmo del

corazón. El hijo de la tierra

ha de ser sensible al sufrir

de sus hermanos y ha de procurar

mitigarlo con su voluntad

de bien. El espíritu indiferente

no se inclina, ni hacia su

voluntad de bien ni de mal,

sino que permanece quieto

ante el mal o el dolor,

no actúa como un ser vivo

provisto de cualidades de

eternidad, sino como un

ser inanimado encerrado

en sí mismo e insensible

hacia los demás: Si los

indiferentes de espíritu no

se movilizan con mi palabra,

ni actúan en ayuda de su

hermano necesitado, se

alejará de mi sabrán

de lo tenebroso del mal,

al que atraen con su actitud

de pasividad ante su hermano

en necesidad.  

 

Os di mi palabra y no

la quisisteis oír. Os di

mis señales y no las

quisisteis ver. Os di mi

cuerpo y mi sangre y no

las quisisteis comer ni

beber. Os di mi vida y

no os importó. Vuelvo

a daros mi palabra

y tampoco queréis oírla,

hacéis oídos sordos y

volvéis el rostro para no

verme en vuestros

corazones. Os entrego

lo más precioso de mi,

y preferís la mentira

que otros os ofrecen. Os

doy la Vedad y la Vida

y elegís la mentira y

la muerte: Vuestra falsa

elección os perderá, pues

no queréis oír a vuestros

corazones y no queréis

ver con vuestra alma.

Mi espíritu se alejará

de vosotros y sólo acudirá

ante vuestras súplicas

y deseos de bien y de

verdad.  

 

Os di piedras preciosas y

oro fino y preferisteis las

baratijas y el cobre. Cuando

la Verdad se os presentó

no la quisisteis ver y

preferisteis la comodidad

de lo aprendido, sin querer

distinguir, en vuestra

comodidad, la verdad

de la mentira. Y si eso

habéis elegido, eso tendréis,

baratijas y cobre que os

hacen pasar por valiosas

joyas: No hay peor

engañado que el que

quiere dejarse engañar

y prefiere la mentira

a la verdad, ni peor

mentiroso que el que se

cree sus propias mentiras

y las ofrece por verdad.

Uno y otro buscan lo

mismo y eso encontrarán.

 

 

DCCCLXVII

DCCCLXVIII

DCCCLXIX

Hay una sola verdad

y muchos caminos para

llegar a ella, en cualquiera

de ellos es necesario

la buena voluntad del

que quiere alcanzarla y

su voluntad de bien, si

así obra, conocerá parte de

la verdad, no toda ella,

ya que la Verdad sólo

la alcanza el hombre

cuando le llega su

momento de eternidad

y esa Verdad es sólo

para él.   

 

Ningún hombre ha de

disponer de la vida de

otros o de la suya propia,

ya que ésta es un don

proveniente de la Gracia

del Que Todo lo Da y al

no proceder del hombre,

ni su origen ni su fin,

no debe usarla como

algo propio. Aunque el

hombre sufra o se retuerza

de dolor, ha de soportarlo

con la entereza que otorga

la fe y la esperanza en lo

venidero: Su sufrir le

abrirá de par en par las

puertas por las que su

dolorido espíritu llegará

hasta mi.

 

Él es Yo Soy. El

Que nunca Abandona.

El Que siempre Acoge.

El Que nunca Deja e

Amar. El Que siempre

Otorga. El Que nunca

Pide. El Que siempre

Acompaña. El Que ve

lo mejor de nosotros. El

Que nunca Espera Nada.

El Que siempre Está.

El Que siempre Ayuda.

El Mejor Amigo del

hombre. Él es, Él

Hacedor Incansable.

 

DCCCLXX

DCCCLXXI

DCCCLXXII

Yo soy el Que sufre

Contigo, El Que Ama

contigo, El Que vive

contigo. El Que te

acompañará en tu

desdicha y en tu

dicha. Conmigo estás

tú y yo estoy contigo.  

 

Yo soy para el hombre

el agua de su desierto.

El trigo de su campo,

la luz de su tiniebla.

El valor de su cobardía,

la estrella de su esperanza.

Yo soy para el hombre,

el escudo de su fe, la

piedra de su vivienda,

el fuego de su frío y

el alimento de su hambre.

Yo soy para el hombre

el brillo de su oscuridad,

la luz de su esperanza,

el saber de su ignorancia,

la gratitud de su ingratitud

y el fin de la ilusión de

su perpetuidad.

 

Él es Yo Soy y

Yo soy es Él, somos

lo mismo, pues de

lo mismo somos.  

 

DCCCLXXIII

DCCCLXXIV

DCCCLXXV

Igual que el aire

va al aire, el agua

va al agua y la

tierra va a la tierra,

la vida del hijo de

la tierra, y de los demás

seres, vuelve a su origen.

Eses origen es indescifrable

para el hombre y sólo

a Él corresponde.  

 

El hombre vive entre lo

visible y lo invisible. Su

invisible es eterno y su

visible se diluirá en la

tierra de la que procede.

Yo estoy en su invisible

y para verme o sentirme

tiene que mirarme o

tocarme con los mismos

ojos o dedos que le

hacen ver lo que no se

ve, o tocar lo que no

se palpa, u oír lo que

sólo él puede oír, ya

que lo escucha en su

interior. Qué hombre es

capaz de ver un perfume

o tocar el aroma que

desprende y que oído es

capaz de oír lo que uno

sólo puede oír.

 
 

Cuando el corazón dolorido

del hombre llora en su

desesperanza y ante la

pérdida de la vida, ha de

conformarse con la pérdida,

ya que así es, así ha sido y así

será. Es en esa desesperanza

cuando la fe en lo invisible

se pierde y sólo queda la

fe y la esperanza de lo

aparente, de lo visible, y

esa fe no alcanza a lo

verdadero, ya a la Verdad

Suprema que aguarda

al hombre más allá de

su visible.

 

DCCCLXXVI

DCCCLXXVII

DCCCLXXVIII

Muchas veces muere el

hombre antes de morir,

cada muerte señala un

paso más hacia el nuevo

nacer. El que al final

de su vida no alcanza

ha vislumbrar la propia

verdad, morirá en la

ignorancia de lo acontecido

en él: Sólo el que mira

dentro de sí descubre lo

que hay más allá de si.  

 

Qué quedó del niño

al ser hombre, sólo un

recuerdo de inocencia

perdida, de deseos

incumplidos y de sueños

de cruel despertar. Ese

niño que murió para

dejar paso al hombre

que ocupó su cuerpo

y su mente, ha de

renacer y volver a

ser el que fue, ha

de apoderarse de

nuevo de su infancia

que le fue arrebatada,

ha de volver a soñar

con lo imposible, con

lo que no se ve y

se desea con la fuerza

de la vida temprana,

ha de creer en la

pureza de lo puro y

de lo impuro, ha de

apiadarse de su hermano

hasta llorar por él y

ha de creer en mi,

como yo creo en él.

 

 

Y de todos los mundos

posibles, Él escogió éste,

y este mundo fue su mundo,

y lo eligió entre todos los

mundos y sus hijos fueron

llamados los hijos de la

tierra, pues la Tierra es su

nombre. En la Tierra se

prodigó en forma de vida

y la vida llenó el

planeta. Y de entre todos

los seres creados escogió

al hombre para dotarlo

de existencia inmortal,

y para que ordenara el

mundo que le ofreció, le

dio la inteligencia que

le hiciera comprender y

le dio la conciencia que

le hiciera distinguir y

todas las capacidades de

las que el hombre dispone.

Todas esas capacidades habrá

de usarlas en su beneficio y

en el de las demás especies.

Y el hombre no debe olvidar

su destino más allá de su

vida: Él les espera.  

DCCCLXXIX

DCCCLXXX

DCCCLXXXI

 

No te rías de lo que no

comprendes, ni llores de lo

que no alcances. Tus límites

son aún inalcanzables para

ti. Muchos hombres se refugian

en el escudo de su ignorancia

y así creen evitar cambiar

sus modos de vida. El miedo

a descubrirse y desentrañar

parte de su interior, les

sume en la ignorancia

más cobarde, en la de no

querer saber. El hijo de la

tierra ha de afrontar sus

propios límites y llegar hasta

donde teme llegar a conocer,

sus cualidades en su total.

Cuando el hombre se alcance

a si mismo, estará más

cerca de mi y sabrá que

posee cualidades que ahora

sólo intuye: El hombre

más sabio será más bueno

y su bondad le llevará

hasta mi presencia. Sus

límites alcanzarán su

perfección humana y su

ignorancia será bendecida:

El mal nada podrá contra

ellos.  

Hay dos clases de ignorancia

la ignorancia del que aún

no ha llegado a aprender ni

a saber y la ignorancia maliciosa

del que no quiere saber ni

aprender y se cierra a cualquier

conocimiento que de el mismo

provenga. En esa ignorancia

maliciosa prospera la maldad

humana y se pierden los

bienes del hombre que lo hacen

conocerse y llegar a mi.  

 

Dos son las negaciones del hombre,

la negación hacia si mismo, y de

los dones que posee, y la negación

hacia todo lo creado, incluido él,

y por lo tanto la ignorancia del

Espíritu del Bien y de su propia

eternidad. Estas dos negaciones

atraen hacia el Espíritu

del Mal. Sólo el que trata

de vencer la barrera invisible

de su ignorancia se acercará

al Espíritu de la Verdad y por

lo tanto a mi: Ese me conocerá

en su momento ya que él me

ha buscado en su corazón.

 

DCCCLXXXII

DCCCLXXXIII

DCCCLXXXIV

 

El hombre ha de perder

la ignorancia de su miedo

si quiere llegar a él y a

mi. Sólo a través de su

propio vencimiento superará

la cobardía de su ignorancia.

Cuando el hombre se halla,

me hallará a mi. Cuando

el hombre se descubra, me

descubrirá. Cuando el hombre

se ame, me amará. Cuando

el hombre se pierda, me

perderá. Cuando el hombre

se encuentre y se sepa, me

encontrará y me sabrá.

Cuando el hombre se

comprenda, me comprenderá.

Cuando el hombre se

olvide de sí y se busque

en los demás, me hallará

para siempre.

 

Ningún hombre ha de

disponer de la vida de

otros o de la suya propia,

ya que esta es un don

proveniente de la Gracia

del Que Todo lo Da y al

no proceder del hombre

ni su origen ni su fin,

no debe usarla como

algo propio. Aunque el

hombre sufra o se retuerza

de dolor, ha de soportarlo

con la entereza que otorga

la fe y la esperanza en lo

venidero: Su sufrir le

abrirá de par en par las

puertas por las que su

dolorido espíritu llegará

hasta mi.  

 

 

Él es lo más entre lo

más. Lo indefinible,

lo único entre lo único,

lo inacabable entre lo

eterno, lo inabarcable entre

lo imposible, lo sin medida

entre lo infinito, la bondad,

de la bondad, lo inimaginado

de lo existente. Él es la

paz infinita de las almas.

El amor inacabable. Él es

la luz de la luz. Él es

el Que Todo lo Cura Él

Que a Todo y Todo lo

Ampara. Con Él no hay

perdición pues todo Él

es Salvación. Él es

la Armonía del Universo.

Él es la música de las

almas. Él es el amor de

los corazones. Él es la

Estrella de la Fe. Él

es Anhelo de los

Corazones. Él es la Luz

de la Pasión. Él es la

Flor de la Vida. Él es el

Amor del Amor. Él es la

Estrella Omnipotente de la

Luz Perpetua. Él es Él.

 

DCCCLXXXV

DCCCLXXXVI

DCCCLXXXVII

 

No hay bien en el que

Él no esté, ni mal en

el que no se halle el

Espíritu de Maldad. Nada

es indiferente o indeciso

pues todo tiene un sentido

más allá de lo cercano o

aparente. Lo neutro no

existe, es sólo una

apreciación humana

nacida de su ignorancia.

No hay duda en el

bien o en el mal, entre

lo vivo o lo muerto o

entre lo existente o lo

que no existe ni existirá:

No hay duda entre la

verdad y la mentira.   

 

Quien no me sabe,

no sabe. Quien no

me conoce, no conoce.

Quien no me siente,

no siente. Quien no

me sufre, no sufre.

Quien no me ama,

no ama. Quien no

me llora, no llora.

Quien no se entristece

o se alegra conmigo,

no se entristece ni se

alegra. Quien no se

acerque a mi, no me

tendrá: Yo estoy para

ti en los demás y en ti.

Yo te espero en la piedad

a los hombres. 

 

 

Llora el hombre la ausencia

de lo irremediable, pero no

ha de llorar ya que, si así

lo quiere, lo llevará en su

corazón mientras vida y

cuando muera su espíritu

se unirá a su espíritu en

la eternidad: Del hombre

sólo muere su perecedero, su

imperecedero existirá siempre.

Su invisible será visible y

el hijo de la tierra

conocerá su verdadero rostro

y el de los suyos, las máscaras

no existen más allá de los

hombres, allí sólo hay verdad

y el que que se sienta se

reconocerá y el que sienta

conocerá. El invisible no

lo será.

 

DCCCLXXXVIII

DCCCLXXXIX

DCCCXC

No hay mérito en amar

lo que merece serlo. El

mérito es amar lo que se

odia, amar lo que se

aborrece. Sólo con este

amor a los demás se

hace digno el hombre

de ser amado y será

grato a Quien Todo

lo Sabe.  

 

 

Mi palabra no se perderá

en los flecos del viento del

olvido, mi palabra quedará

prendida en los corazones,

y sus almas serán guía

de otras almas que se llenarán

de mi aliento y darán

aire y luz a quienes les

falte. Mi palabra es

consuelo. Mi palabra

mitigará el dolor de los

sufrientes y quien las

escuche, hallará en ellas

el camino hacia mi. 

 

 

A ti peregrino de luz

que buscas la verdad

en lo que existe a

tu alcance. Tú la

hallarás y serás guía

de los sordos y los

ciegos que no quieren

oírme ni verme.

Aunque mi voz resuene,

no la oirán y aunque

me vean, no me verán.

Tú los guiarás hasta mi

y a ti te seguirán. Tú

has querido hallarme

y me has hallado. Tú

has querido seguirme y

me has seguido y mi

Luz has visto y sentido.

Tú me buscastes en tu

corazón con el valor

que te daba la esperanza

de tu fe, y me has

hallado, no allí donde

buscastes, sino en otros

corazones, en otros

espíritus que también

me buscaban sin saberlo:

Tú los llevarás a mi.

 

DCCCXCI

DCCCXCII

DCCCXCIII

 

No hay camino seguro

en el hombre desde que

nace y aún antes de

nacer. En cualquier lugar

al que el hombre se dirija,

acechan sus enemigos que

no son otros que los míos.

El mal se disfraza de

mil formas distintas para

destruir en el hombre lo

que de puro e inocente

hay en él. Su bondad

se verá perseguida y

atacada y sólo cesará

su lucha con su final.

Una vez que el hijo de

la tierra acuda a ella,

ya no será sino  su

esencia y en esa esencia

estará lo que de él

es perdurable más allá

de cualquier tiempo o

espacio. No por morir

cesa la lucha del

espíritu del hombre, ya

que el Espíritu del Mal

pugnará por él: El

Espíritu del Bien lo

librará de cualquier

mal y lo llevará hasta

mi en forma de alma

victoriosa si así lo quiere. 

No hay bien en el mal

ni mal en el bien. No

hay duda en uno ni en

otro. El hombre elige su

camino en su corazón y su

camino llenará su

eternidad. El hombre

miente cuando hace

mal y no lo reconoce.

El bien no se ufana

de ello y prefiere no

ser notado, para escapar

tanto del agradecimiento,

como del odio de la

envidia: Quien siegue

un camino que no es

el suyo, cambia su

destino por otro distinto,

ya que él no es él,

ya que no actúa o piensa

como él debería actuar

o pensar, sino como si

fuera diferente al que

es.  

 

 

De los enemigos del hijo

de la tierra, son más

dañinos y poderosos los

que el mismo lleva en

su interior que los que

le esperan fuera de él.

Unos y otros quieren lo

mismo: Su mal. El

único refugio de si

mismo es la oración

a través del Espíritu de

Bien, María o yo y

dirigida hacia El

Absoluto del Bien Eterno.

El Mal se anula con

el Bien.

 

DCCCXCIV

DCCCXCV

DCCCXCVI

Mientras más avance el

hombre en el mal, más

se aleja de mi y cuando

más avance en el bien,

más se acerca a mi:

Sigue el camino de mi

Luz.  

 

Hijo de la tierra que no

te cambie tu exterior y

seas otro del que eres.

Tú eres tú, único y distinto

a cualquier otro ser y así

deberás ser y seguir. Tú

posees dones propios que te

diferencian de cualquier

otro hombre y esos dones

deberás acrecentarlos y

con ellos obsequiar a los

demás hombres, ya que

para eso se te han dado.

Regala a los demás seres

lo mejor de ti, pues para

eso has sido creado.

 

 

Yo soy el padre y la

madre del mundo, de

todo lo creado y de lo

por crear. Todo procede

de mi y sin mi no

sería. Yo soy el creador

de lo visible  y de lo

invisible. De lo cierto y

y la duda. De lo vivo

y de lo no vivo. De

lo inerte y de lo que

hay más allá de la

vida. De mi procede

todo lo que es y

todo lo que no es.

Sin mi nada sería

y conmigo todo es.

 

DCCCXCVII

DCCCXCVIII

DCCCXCIX

Lo vivo existe, pero

no todo lo que existe

está vivo. En el más

allá de la vida no hay

vida, sólo existencia

de la esencia espiritual.

En esa existencia en

espíritu, se hallan los

que en un tiempo fueron

hijos de la tierra. En

el más allá no hay

tiempo ni espacio, ya

que no son necesarios.

Lo que allá es, aquí

no es, lo que allá hay,

aquí no hay. Lo que aquí

es, allá no es.  

 

No hay oscuridad que no

busque su luz, ni luz

que no busque su tiniebla.

Igual que hay día y noche

en los días del hijo de la

tierra, hay luz y oscuridad

en su existencia eterna.

La oscuridad siempre busca

la luz que la ilumine y

la luz siempre busca la

oscuridad para iluminarla.

Más hay una tiniebla tan

espesa y poderosa que la

luz nada puede contra

ella, pues la absorbe y

la devora y pasa a ser

densa negrura. En esa

negrura sin límite se

hunden las almas de los

que no buscaron mi luz.

Esas tinieblas eternas son

la negrura infinita de la

desgracia eterna y sólo

es capaz de vencerla el

Creador de lo Creado, si

a Él se entregan sin

medida los condenados a

soportarla. Si así obran

y desean, Él los librará

de su desesperanza eterna

por su Misericordia Infinita.

 

 

Caen los hombres a la

tierra como las hojas secas

de los árboles, sin importar

lo poderosos que hallan sido.

Sus vidas han sido un soplo

de orgullo y desaliento y su

miedo ante lo inevitable

no les ha impedido su

camino de maldad. Ellos

no han querido oír ni ver

y ya no es tiempo, ya

su tiempo pasó. Ahora

ya no son sino almas,

esencias de vida sin vida,

esencia de existencia eterna

donde ya no hay tiempo,

ni espacio, ni soporte

de materia, sólo queda

la pureza del espíritu

separado de su envoltura

terrena y ese espíritu

ha de buscarme si quiere

hallarme, si no vagará

en la incertidumbre de

su desesperanza. Hijo

de la tierra sigue mi

Luz y me hallarás, sigue

la tiniebla y eso

hallarás. Hijo de la tierra

tu duda te perderá en

el desaliento eterno, busca

en ti la fe de la esperanza

que te llevará a mi. Yo

estoy en ti.

 

CM

CMI

CMII

 

Buscan y no me hallan

los que me buscan con

la razón de su inteligencia

en vez de la razón de

su corazón. Yo estoy

en ellas y ellas están

en mi, pero han de querer

verme y oírme con los

ojos y los oídos de su

espíritu. En sus almas

desoladas por la angustia

de la soledad eterna,

estoy yo. En sus ojos

ciegos, estoy yo. En sus

oídos sordos, estoy yo.

Yo les abro a todos

los hijos de la tierra

y pocos son los que

escuchan mis palabras

y menos aún los que

las siguen. El hombre

ha de confiar en él

mismo y en lo que de

él hay de mi.  

 

 

Perdido en su soledad

angustiosa se halla el

hombre que no cree en

mi, ya que tampoco

cree ni confía en él.

La amenaza de la

muerte es para él

la pérdida de todo,

ya que sólo cree en

la vida y para él

no hay nada más.

Con la pérdida de la

vida, ese hombre cree

perderlo todo, ya que

para él todo se reduce

a la vida. Su falta

de fe y de esperanza

lo llevan al desaliento

y lo lleva hasta la

angustia permanente

de la nada. Ese

camino no es el

suyo y ha de pararse

y oírme en su

corazón.

 

 

Eres la luz precursora

del amanecer, la luz

indecisa del anochecer

que tiembla asustado

entre mis manos, como

las hojas del álamo al

viento. Para tu valor

se asomó el mundo

a tus ojos y para tu

valor se te concedió

el saber de mi. Para

ti es lo que está a tu

alcance y aún lo que

está lejos de ti. Tu

fe y esperanza en lo

que sabes que es, aunque

no lo veas, es tu

valor más poderoso y

lo que te distingue

a mis ojos de las

demás criaturas. Tu

amanecer será de luz

y tu anochecer no

te asustará con su

tiniebla, ya que tu

confías en mi y yo

no te soltaré de la

mano.

 

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