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Yo desvelo:

 

 

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(DCCLXXXIII-DCCCXLII)

DCCLXXXIII

DCCLXXXIV

DCCLXXXV

 

Quien sólo ve la piel y

la forma, no ve. Quien

sólo oye la voz, no oye.

Quien sólo saborea, no

siente. Quien sólo escucha,

no aprende. Quien sólo toca,

no conoce. Todo lo aparente

sobresale de lo oculto y

todo lo oculto se disimula

en lo aparente. Cuando

mires, mira más adentro

y más lejos y verás el

interior, sabrás de la belleza

de la bondad y el equilibrio

perpetuo de lo creado.

Cuando sientas, no te

detengas en la sensación,

profundiza dentro de ti

y hallarás la causa que

lo origina. Cuando escuches,

no oigas sólo la voz y

su contenido, ve y mira

y sigue más allá de las

palabras y descubrirás la

esencia palpable del que

las pronuncia, su bien o

su mal que las empuja.

Cuando pienses, no te

detengas en tu imaginación,

sigue más allá y llegarás

a la nada y a su perfección

pura, en la nada se halla

la pureza de lo impoluto

y la perfección de lo que

no se alcanza. Lo que

hay es para ti y lo que

no percibes, pero está, también

es para ti. En la apariencia

se halla lo simple, aunque

no lo sea, ya que nada

lo es. Quien huye de lo

humano, huye de si y de

sus hermanos y por lo tanto

de mi. No huyas de ti,

ni de los demás, búscame

en ti y en los demás. Que

tu mal no te impida tu bien:

Todo tú estás en ti.

 

 Tu eres el fruto perverso

del Árbol de la Ciencia

del Bien y del Mal. Sólo

tu fruto saciará, si comes

de mi carne y bebes de

mi sangre hasta fundirte.

Conmigo en comunión de

eternidad.

 El hombre es el más obligado

de los seres, ya que no sólo

ha de seguir las leyes de la

naturaleza, sino que también

ha de seguir las suyas y las

leyes que no provienen de

él.

DCCLXXXVI

DCCLXXXVII

DCCLXXXVIII

 

Quien me habla con su

corazón, es escuchado.

Quien me ama con su

amor, es amado. Quien

sufre con los demás o conmigo,

será compensado en gozo

eterno. Quien pide con

su alma, será harto. Quien

me suplica, será atendido.

Quien llora conmigo,

reirá conmigo. El

hombre justo recibirá

el desequilibrio del Bien

en su balanza de eternidad.

 

A ti peregrino de tierra

que pretendes ser peregrino

de luz: No des un paso

para decir mi palabra,

antes de que tu aliento

sea igual al perfume

de las flores. De que tu paso

sea liviano como una

pluma al viento. De que

tu sonrisa ilumine tu

cara con la luz de tu

alma. De que tu hablar

sea tan puro como tu

pensamiento. De que tu

voz lleve mi nombre sin

que sea el que lo pronuncies.

De que la Verdad te cubra

con su manto de Luz. De

que ames al hombre más

que a ti. De que su sufrir

te haga sufrir y su llanto

llorar. De que mi palabra

te desborde y debas decirla.

De que tu espíritu esté

tan lleno de mi que debas

repartirlo. De que estés

dispuesto a compartir

tu pan, tu agua y tu

persona con tu hermano

hasta no quedar nada

para ti. Sólo entonces

podrás, peregrino, decir

mi palabra y será

escuchada con provecho y

serás un Peregrino de mi

Luz.

 

Tu eres Luz de Bondad,

cortina de bien que

cubre la oscuridad del

hombre en su apagada

noche de inquietud. Tu

resplandeces la esperanza

del desasosiego en el

desierto inmortal de los

desamparados. Tu acunas

el sueño de un niño

solitario en el regazo de

su madre asustada  ante

la inmensidad de su bien.

Tú volviste tu mirada

y todo resplandeció con

tu Luz. Tu Luz regó

campos y valles y nunca

más volvió la oscuridad

a las conciencias de bien.

Desde ese día fue más fresco,

más puro el aire del mundo

y lo creado encajó en su lugar

de ser y existir: El hijo

de la tierra nunca más estaría

solo.

DCCLXXXIX

DCCXC

DCCXCI

 

No te mires en el

espejo de la muerte,

allí solo hay putrefacción

y dolor, mírate en la luz

de tu vida que aunque

se apague te iluminará

mientras vivas. Así

hablan los que no quieren

ver más allá de lo que

quieren ver. El hombre

no es sólo presente del

instante es también

esperanza de futuro y

en esa fe de esperanza

se halla el espíritu de

la inmortalidad que adorna

al hijo de la tierra. Más

allá de lo vital está su

esencia perpetua que guarda

lo que no puede ver, tocar,

oler, oír o saborear y que sólo

puede sentir, imagina o soñar

con los sentidos del alma.

En ese invisible para los ojos

de la vida, se hallan las

existencias  imperecederas de

los que ya no viven y de

los que fueron y ya no

son  sino parte de lo

invisible.

 

Más allá de toda duda,

más allá de toda pena,

se arrastra el espíritu

inmortal del hombre

que desvió su camino

y corrió en pos de las

maldades que anidaron

en su corazón debilitado

por la acechanza del mal.

Su torcido camino lo

aleja del que fue y

del que es y lo acerca

al que no desea ser,

ya que es incapaz de

resistir el influjo de

la maldad que lo lleva,

en su torbellino pestilente,

hacia su perdición eterna.

Detén hombre el abrazo

del mal que te empuja

fuera de ti y recupera

el sendero de bien, para

el cual naciste. Tu

espíritu de bien te alzará

sobre ti y te señalará

tu bien: síguelo y no

desfallezcas.

Mis palabras soy yo

y no son dichas para

divertir o entretener,

sino para ser seguidas

en su Verdad por el

que quiere escucharlas.

Muchos las oirán, pero

sólo unos pocos las

seguirán, esos serán

mis preferidos cuando

llegue su momento,

y un soplo de mi

Luz los iluminará

en la tiniebla de

su duda.

DCCXCII

DCCXCIII

DCCXCIV

 

En mi palabra se halla

la Luz de mi verdad.

Esa Luz ha de extenderse

y multiplicarse entre

los hombres: Ellos elegirán.

 

Venimos de un árbol

que no conocemos

y cuyas raíces también

ignoramos. Somos

los frutos de ese árbol

y portamos la semilla

de otros frutos, no

de otros árboles ni

de otras raíces. De esa

necesidad proviene

el deseo de conocer

nuestro origen, nuestro

árbol. De nosotros sólo

hay semillas, semillas

sin árbol ni raíces.

 

Yo soy la Certeza de lo

Absoluto, la certeza de lo

inevitable. A mi acude

el hombre en su momento

de soledad más desamparada.

Yo amparo el desamparo y

estoy tan cerca del hombre

que formo parte de él,

aunque no me sienta en

su cercano, estoy en él.

A mi acuden los desesperados

y si dejan de lamentarse,

escucharán mi voz desde

ellos mismos, y mi voz los

consolará y les aliviará de

su desesperanza. Si dejas

de oírte a ti, me oirás

desde ti. Escucha tu voz

de Bien y ningún mal podrá

contra ti el influjo del

Espíritu del Mal. Mi voz te

dará fuerza para alejar

cualquier mal o daño de

ti.

 

DCCXCV

DCCXCVI

DCCXCVII

Yo soy el espíritu del

mundo y quien en mi

confía, confía en él

mismo. Conmigo el

hombre es indestructible

para sus enemigos, ya

que mi fuerza y mi

influjo de Bien le prestan

el amparo de su infinito.

Su infinitud será de Bien.

 

 

Fuerzas poderosas empujan

al hombre, aunque ninguna

de ellas logra apartarlo

de su camino si él no

quiere. La voluntad del

hombre es su fuerza más

poderosa y el Bien su

aliado más fiel. El

hombre debe dejarse guiar

en su duda y en su

desesperanza por su

voluntad de Bien, que

siempre lleva consigo,

y a la que debe oír

y prestarse.

 

Caminos de Luz marcan

la negrura de lo infinito

como cometas en la noche

del hombre. Esos caminos

serán seguidos por las almas

que me buscan. Y ellas me

hallarán. Las que no me

busquen, se perderán en la

oscuridad eterna hasta que

sean rescatadas por el

Espíritu del Mal que las

llevará a su destino final:

Sólo cabe seguirme y

buscarme.

DCCXCVIII

DCCXCIX

DCCC

Yo estoy en el desamparo

y en la desesperanza y en

el sufrimiento más atroz del

hombre. Yo estoy en él

en los momentos en los

que ya no es ni siquiera

él. Yo estoy en él y

estaré, hasta que siga su

camino más allá de él

y más cerca de mi. Yo

lo acompañaré hasta que

me halle y se halle de

nuevo en mi.

Hijo de la tierra, haz

de apurar tu copa de

hiel hasta el final. Tu

amargura habrás de

soportar y el dolor de

tu cuerpo. Tu vida

haz de vivir hasta

el final de su tiempo:

Siempre estaré contigo. 

 

Brillan las montañas

de Canaan. El sol

se oculta tras ellas.

Pasó el día y los

hombres guardan las

bestias y ellos mismos

se recogen. A la luz

aún endeble se

encienden las lámparas.

Es la hora de hablar

y de orar al Señor

del Universo. El día

tiembla indeciso y las

primeras estrellas iluminan

el firmamento. En

dos borriquillos, por los

caminos, van José, María

y el niño camino de

Egipto.

 

DCCCI

DCCCII

DCCCIII

 

A vosotros a quienes

creéis que la muerte

es sólo una contracción

involuntaria del cuerpo,

os digo: La muerte es

mucho más, es el paso

más importante que da

el ser vivo. En ese paso,

al hombre se le abre un

mundo que no percibe

y al que sólo puede

acceder una vez que ha

dejado la vida. En

ese mundo tan nuevo y

distinto en el que nada

es igual a lo conocido y

en el que no sirve de nada

la experiencia de su

pasada vida, el hombre ha

de afrontarlo y no equivocar

la dirección de su ruta:

Una conduce a mi, y es

una ruta de Luz, otra

lleva a la Nada y es una

ruta de incertidumbre

y desasosiego, y una

tercera, es una ruta de

tiniebla y lleva hasta

el Espíritu del Mal: El

hijo de la tierra humano,

ha de elegir su camino

no humano. Un camino

en el que no se anda, no

se ve y no se siente, es

un camino que se recorre

con el corazón a una

velocidad inimaginable

para el hombre. En cada

una de las direcciones,

hay un todo distinto.

En mi camino hallará

paz, alegría y la Gloria

Eterna en compañía de

las almas justas que han

accedido a mi. En el

otro camino hallará la

penumbra indescifrable de

la Nada y su espíritu se

extraviará en el laberinto

de su duda indescifrable

para él. En el tercer

camino, la oscuridad

espesa e impenetrable

del Mal absorberá al

hijo de la tierra hasta

su agonía más atroz: El

que siga esa ruta no verá

la Luz y eso le dañará

en su eternidad: Si

el hijo de la tierra lo desea

accederá, aún así, a mi.

 

Cuando el hijo de la

tierra legue al final

de su posible, accederá

al principio de su

imposible. En ese

momento su mundo

ya no será el que

fue y su distinto

cubrirá su espíritu

hasta su alma de la

atracción hacia lo

imposible. En su infinito

se haya Él y el

hijo de la tierra que

lo ame o que quiera

amarle y renuncie a

cualquier otra atracción,

dejará en el abandono

cualquier otra inquietud

y accederá a la Verdad

Sublime de la Gloria que

es la maravilla del Que

Siempre nos Ama, él

llegará a Él.

De la inquietud del

desasosiego de la duda,

nace el extravío de las

almas y en esa incertidumbre,

el Espíritu del Mal

accede al desguarnecido

espíritu del hombre y extrae

y desprecia su bien para

apoderarse de su mal.

DCCCIV

DCCCV

DCCCVI

 

En el camino que el

hombre ha de seguir, una

vez que muere, no va sólo,

sino que es acompañado por

espíritus afines que le ayudan

en el despertar de su existencia

eterna.

 

En el laberinto del desamparo

se halla la Luz de la esperanza

perpetua. Esa luz que guardas

dentro de ti, no es tuya, ni

proviene de ti, esa luz es la

Luz de la esperanza eterna

y procede del Que Todo lo

Espera: Guíate de tu luz

que no es tuya y ella te

llevará hasta el Bien que

toda alma noble anhela:

En tu espera de eternidad

se guarda tu paciencia de

bondad, usa tu bien hasta

agotarlo, ya que el bien es

una fuente que no cesa y

aumenta su caudal según

más uses de su agua en los

demás.

 

El niño que al nacer

mira al cielo, conocerá

los secretos de la tierra,

ya que estos están más

allá de la tierra. El

ser que al morir mira,

en su última mirada,

al cielo, busca su amparo

y su protección última,

y el firmamento se la

dará.

DCCCVII

DCCCVIII

DCCCIX

 

La razón de la duda

se fortalece en la duda

de la razón. En la duda

no hay esperanza, la duda

es una flor sin agua que

se secará sin el agua de

la fe. La fe no tiene duda,

sólo esperanza en lo

venidero. La flor de la

fe no se marchita, ya

que se abona en su esperanza

de futuro infinito.

De entre las espinas

de la duda surgió

la flor amarga de la

razón. De la flor de

la razón, nació la

flor alegre de la

esperanza, y de ésta

creció la flor dulce

de la fe, ésta, nos

llevará con su aroma

indescifrable hasta

Él.

 

Los que se sirvieron y se

sirven de mi para engañar

a otros e incluso para

eliminar a los que consideran

o consideraban molestos o

peligrosos. Los que utilizaron

mis palabras, mi obra o mi

imagen para perjuicio de

otros, esos hombres que sólo

buscaban o buscan su beneficio

inmediato o futuro y utilizan

o utilizaron mi palabra, obra

o figura deberán arrepentirse

de ello. El daño realizado

a los que engañaron o fueron

víctimas de sus maquinaciones,

fue mucho y mucho ha de ser

su arrepentimiento para poder

ser aceptados por El Que Todo

lo Perdona: Han de padecer, por

el mal causado, para ello.

 

DCCCX

DCCCXI

DCCCXII

 

Los que se disfrazaron

de bien para hacer el

mal, son fieras disfrazadas

que no dudaron, en su fines,

en utilizar palabras de

bien para enmascarar su

maldad. Ellos fueron

elegidos por el Espíritu

del Mal para extender,

y con ello aumentar, su

dominio de maldad

entre los débiles hijos

de la tierra. Los que

así obren son los más

perjudiciales entre los

hombres, pues usan bien

para mal, a ellos les

costará arrepentirse y

quedarán prendidos del

espíritu al que sirven:

El que utiliza bien para

mal, usa el arma más

dañina para el hombre

y por tanto, para mi.

 

Te hablo a ti hijo de

la tierra. Mi palabra

es la Verdad y aunque

huyas de ella y no quieras

oírla, ella es más fuerte

que tu mentira, en la

cual vives, y ella se

abrirá camino en las

mentes obtusas y cerradas

al Bien. Mi palabra

resplandecerá en ti, en

toda tu alma y cuerpo

y su luz se expandirá

entre los que necesitan de

ella. No quieras renunciar

a lo que ya está escrito

en el Libro de la Vida

antes de que tu nacistes.

Tu destino es tuyo y mío,

en mi está señalártelo

en ti seguirlo.

No hay mensaje más

poderoso que el Bien y

no hay más bella obediencia

que el seguirlo. Si el

Bien se te ha concedido,

haz de aceptarlo y de él

habrás de comer y beber y

todo tu habrás de ser

él. El Bien te absorberá

y tú lo absorberás y nada

de ti quedará sin él.

Tú y él seréis lo mismo

y Él se deberá a ti y tú

a Él. Tu camino no será

más solitario y tu compañía

será la mejor.

DCCCXIII

DCCCXIV

DCCCXV

 

No mires la piel del

hombre, mira su interior

y lee en su corazón antes

que en sus labios. La verdad

del hombre está dentro

de él y fuera es sólo

su forma, una forma

que nada dice de lo que

guarda.

 

No temas peregrino de Luz,

tú que me buscas incansable

en la oscuridad de tu alma,

me hallarás y todo tu

resplandecerás cuando llegue

tu momento de Luz. Tu

camino es áspero y cuajado

de ingratitud, pero a ti toca

el recorrerlo hasta el fin.

No temas peregrino, yo estoy

contigo y a tu lado y tu

camino se tornará de

pétalos de luz que te

conducirán en un halo de

bondad hasta la paz de

la Gloria eterna: Tú

peregrino de Luz me hallarás

en tu infinito.

 

 Tu camino no se halla

en la tierra, sino más

allá de ella, y en ese

camino que habrás de

recorrer, me hallarás

si así lo deseas y me

buscas con la luz de tu

espíritu y a la Luz de

mi Eternidad Verdadera.

 

DCCCXVI

DCCCXVII

DCCCXVIII

 

Muros de silencio y oscuridad

se levantan dentro y fuera

del hombre. La oscuridad

del Espíritu de las Sombras. Es

poderosa, más la Luz

cegadora del Que Todo lo

Puede, las derribará y el

hijo de la tierra accederá

a mi Luz para siempre

en mi eternidad. El

Espíritu de la Luz del

Bien y de la Verdad os

espera para llevaros hasta

mi, no temáis, es

vuestro verdadero camino.

 

Muchas son las batallas

que el hombre libra

y en cada una de

ellas se deja algo de

sí. El hombre ha

de ganar la batalla

suprema, la que ha

de librar contra su

mal, si vence o cae

derrotado depende de

ello su infinitud. En

esa lucha ha de contar

con sus aliados que

le apoyarán en sus

momentos de debilidad

o flaqueza, siempre

que él quiera que así

sea: Su voluntad de

bien es necesaria para

su victoria infinita.

 

Vine para que el hombre

supiera, no para que ignorase.

Mi palabra fue dicha a

muchos y muchos fueron los

que las guardaron en su

corazón. Otros no oyeron o

no quisieron oír, pero vieron

mis señales y supieron de

mi. Vine para acercar al

hombre a su Creador, para

que supieran de Él por alguien

cercano a ellos y cercano

a Él. Yo fui el puente

tendido entre el hombre

y su eternidad. Puente

que todos habrán de pasar.

En ese puente muchos lo

atravesarán y otros caerán

al agua y serán arrastrados

por ella hacia el abismo

de su desesperanza. De

su desgracia muchos serán

salvados, y otros habrá

que no quieran ayuda

y perecerán en sus cenagosa

corriente. Mi palabra

os visita de nuevo y de

nuevo os tiende su mano

El Que Todo lo Puede a

través de mi: No temáis

al cruzar el puente, pues

yo os guiaré a la otra orilla

y veréis la Gloria Infinita del

Creador.

 

DCCCXIX

DCCCXX

DCCCXXI

 

Quien quiera oír mi palabra

la oirá, quien no, hará

oídos sordos y seguirá su

camino. Sin la voluntad

de fe y de esperanza no es

posible oír ni ver, ya que

quien no posee esa voluntad

permanecerá ciego y sordo

hacia mi, aunque no lo sea

para lo demás. Otra voluntad

habrá de poseer el que quiera

ganar su eternidad en la

Gloria eterna, y esa voluntad

es la de bien: Con esas

voluntades llegará a mi

y yo estaré en él.

 

Cuando el hijo de la

tierra se extravíe en su

noche sin luz, yo seré

la Luz que iluminará

su camino. Mi Luz

le señalará lo verdadero

entre lo falso  y él podrá

elegir. El Espíritu Santo

y mi madre pretejerán

sus desdichas y tendrá

fuerzas suficientes para

vencerlas, ya que le

serán dadas para ello,

sólo habrá de decir: Os

imploro ayuda Espíritu Santo,

María, Señora del Bien Eterno,

y a vuestro amado hijo,

ayudadme en esta mi

desgracia y podré sobrellevarla

y vencerla. Con esta invocación,

la aflicción que sobrecoge

aliviará su angustia y se

reconfortará con la fe de

la esperanza.

 

El hombre no está solo

aunque así se lo parezca

a su percepción. Desde el

momento en que es

concebido, el hombre

está acompañado, aunque

no vea a nadie a su

lado. Su compañía es

invisible a sus ojos y a

los de otros hombres. Esos

invisibles estarán con él

hasta que muera e incluso,

una vez muerto, acompañarán

a su alma hasta su

eternidad: No temas a

tus invisibles, ellos forman

parte de ti, aunque no sean

tú.

DCCCXXII

DCCCXXIII

DCCCXXIV

 

Un espejo de luz iluminará

con su reflejo al mundo y

esa será la señal que el

hombre espera. El firmamento

cegará y ningún hombre

podrá mirarlo. Mi voz

resonará en la tierra y

todos la oirán, auque no

todos la querrán escuchar y

menos aún querrán seguirla.

Sólo los que se atrevan a

escucharme y seguirme irán

conmigo, el resto de los

hombres habrán de buscarme

en sus corazones y purificar

sus espíritus incrédulos. Sólo

así accederán a mi.

Muchas son las promesas que

el hijo de la tierra hace,

aunque pocas son cumplidas,

ya que su momento de

necesidad pasa y el hombre

tiende a olvidar lo que le

cuesta cumplir: Mis promesas

serán reclamadas y los hijos

de la tierra habrán de

cumplirlas antes de acceder

a mi.

 

La belleza de lo imposible

llenará tu invisible y tu

eternidad será un infinito

de Grandeza y de Gloria.

Sólo tu Creador te pertenece

y tú perteneces a Él.

Cuando mueras, hombre, podrás

saber lo que no sabes, ver

lo que no ves, oír lo que

no oyes y sentir lo que

no sientes. Todo en tu

vida ha sido, incluso tus

mejores instantes,  un leve

remedo de lo que es la

Infinita Gloria del

Creador, de tu Creador, ya

que tú eres Él y Él es

de ti. Cuando te unas a Él,

volverás a ser el Ser del

que partistes y tu origen y final,

tu destino se habrá cumplido.

Las almas van a Él y Él

es el Alma de las almas: Él

es el Alma Universal que a

todos acoge.

 

DCCCXXV

DCCCXXVI

DCCCXXVII

 

Sólo encontrará la verdad

quien la busque, a él y

sólo a él se le entregará.

A quien huya de ella aunque

se le muestre la verdad, será

condenado a no verla aunque

la tenga delante de los ojos:

Quien busque la verdad, la

hallará y su saber lo acercará

a mi.

 

Ella es la Señora de la Bondad

Infinita. El refugio seguro contra

cualquier mal. La esperanza

del perdido. La Que Siempre

Acoge. La que nunca desprecia.

La que todo lo da y nada

espera a cambio. La que

ama sin medida. El sostén

del desfavorecido, del olvidado,

del perseguido, del vilipendiado,

del derrotado, del vencido,

del débil de carácter y voluntad.

Ella es la ayuda segura, la

que nunca falla al que lo

necesita. La que siempre

escucha nuestra súplica. La

que todo perdona y a todos

Ama. A ella debes encomendarte

en tu desdicha. Ella enjugará

tus lágrimas. Ella te acogerá

en su regazo materno. Para

ella tu eres su hijo o su hija,

y tu debes sentirla como tu

madre eterna y amarla

como a nadie más puede

amarse.

 

Antes de que el Universo

existiese, estaba el vacío

sideral. En el espacio no

había nada aunque no era

la nada. Antes del vacío

absoluto, antes incluso de

antes, en el principio

de la nada, la ausencia

de algo, la ausencia de

la nada, lo llenaba todo

de lo que no hay. No había

luz, ni oscuridad, ni siquiera

un algo de nada. No existía

el infinito, ni lo eterno.

En ese vacío total del

principio del principio se

hallaba El Todo, lo Inconmensurable.

Él creo el tiempo, el espacio,

la luz, el sonido, la oscuridad,

lo finito y lo infinito, el

algo y la nada, lo que existe

y lo que no, lo visible y lo

invisible. Llenó el espacio

de materia y de inmateria,

y creó la vida y al hombre,

la energía y el movimiento.

Con Él fue Todo, sin Él no

sería nada. Él creó el

principio del principio y Él

es el fin del fin. Lo que hay

y lo que no hay es Él y Él es

el alma y el cuerpo del hombre,

ya que Todo procede de Él:

Todo es Él.

 

DCCCXXVIII

DCCCXXIX

DCCCXXX

 

El hombre sólo puede

imaginar una sombra

de su infinito y un

soplo de lo inconmensurable.

El hombre está limitado

en su percepción y sólo es

capaz de conocer lo que se

le muestre, el resto

permanece invisible y

secreto para él. Sólo

es capaz de atravesar

la barrera de su ignorancia

con la fuerza de la fe

y con el poder de su

esperanza. Así llega

a vislumbrar algo de

lo que se le oculta hasta

que llegue su momento

de saber. Sólo mi

Luz alumbrará su

oscuridad y sólo la

verá, quien quiera verla

y sentirla.

 

En la noche más larga

y oscura del hombre,

más allá de la ausencia

infinita y amarga del

hijo de la tierra, estoy

yo. En la desesperanza

de su derrota vital y

en la angustia de su

final, estoy yo. Más

allá de su miedo

insuperable, estoy yo.

En su pérdida de vida,

estoy yo. Desde que

nace el hijo de la

tierra no está solo,

yo estoy con él y él

está conmigo y si él

quiere me acompañará

en su eternidad.

El hombre no conoce,

sino la apariencia que

cubre sus sentidos.

Más allá de lo aparente

se guarda la esencia de

lo verdadero y esa verdad

se le descubrirá cuando

alcance su momento. El

hombre teme a su muerte,

porque sólo conoce de ella

su apariencia en los demás

y el sufrimiento de la

ausencia, no su verdad.

DCCCXXXI

DCCCXXXII

DCCCXXXIII

 

Todo lo que nace o lo

pretende, merece nacer

o pretenderlo y su lucha

por vivir obedece a una

razón, razón esta que no

está al alcance del hijo

de la tierra, ya que va

más lejos que él mismo

y su existencia de

eternidad. Sus designios,

se hallan en el Libro

invisible del Destino y

sólo Él lo sabe, al

hombre no le es dado

el conocerlo.

 

El hombre nace, vive

y muere, o no nace,

porque Él así lo quiere

y el hijo de la tierra

nada puede contra ello.

El hombre dispone de

su voluntad de elección,

no de su voluntad de

destino, ya que no influye

ni en su nacimiento

ni en su final, aunque

él así lo crea: Todo

lo creado guarda su

finalidad más allá

del hijo de la tierra.

 

La nada está llena de

vacío y el vacío ya es algo.

En la nada no hay ni

siquiera vacío, el vacío de

la nada no es, ya que

la nada es lo que no es,

lo antagónico a lo que es

y lo opuesto a lo existente.

La nada está llena de

nada y lo que es, se

difumina en su no ser

hasta integrarse en el

vacío de la nada, que

es nada y no vacío,

aunque al ser la nada,

nada, ya es también

algo: La nada es lo que

no es y es sólo nada,

vacío, ausencia. La nada

es un estado invisible

y desprovisto de límites

y de otra cualquiera

 cualidad.  La nada

es de imposible comprensión

para el hombre.

 

DCCCXXXIV

DCCCXXXV

DCCCXXXVI

 

La nada es el lugar,

sin ser ningún lugar, donde

se guarda lo que no llega

a ser, como una idea

jamás pensada. Es una

dimensión a donde llega

lo que no ha llegado a

ser, aunque podía haber

sido. Allí se halla lo no

nacido, lo no hecho, lo no

pensado, lo no sentido. El

lugar infinito del no

lugar, donde nada es

y ni siquiera parece ser

y mucho menos llegar a

ser. Es un futuro sin

antes y un presente que

no existe ni llegará nunca

a ser. La nada no es

la ilusión de algo, ni

siquiera es la ilusión de

nada: La nada es lo

indefinido inexistente

que nunca será definición,

ni existencia.

 

Un espíritu poderoso nos

envuelve a todos, es el

más poderoso de todos,

es el Espíritu de los

espíritus, de Él parten

los demás espíritus y a

todos alimenta con su

bondad y amor. Aunque

de Él sólo proviene Bien,

no todos aceptan su

alimento y prefieren

beber y comer de otros

espíritus, algunos de ellos

llenos de maldad. De

entre ellos sobresale su

espíritu más poderoso:

El Espíritu del Mal, que

acoge a quien no

acepta al Espíritu de

Bien y Verdad y lo

hace suyo hasta pretenderlo

más allá de la vida

en su existencia eterna.

El hijo de la tierra

ha de apartarse de su

mal y buscar el refugio

seguro del Bien que

siempre lo acogerá.

 

La fe de la esperanza

es la esperanza de la fe

para el hombre. En

esa esperanza y en esa

fe ha de pasar su

tiempo de vida. Esa fe

y esa esperanza le ayudarán

en sus momentos de

duda y de desesperanza

y lo acercará aún más

al Espíritu del Bien Eterno.

DCCCXXXVII

DCCCXXXVIII

DCCCXXXIX

 

Mi palabra soy yo y yo

soy mi palabra. Quien

la escuche, me escuchará

y quien la niegue, me

negará: Es tiempo de

oír.

 

Desde el silencio viene

mi palabra que no está

hecha de silencio, sino

de vida, de fe y de

esperanza. Mi palabra

no es sólo para ahora

o para aquí, sino para

siempre y para cualquier

lugar. Mi palabra no

es para un hombre, sino

para todos los hombres. Mi

palabra es vida eterna

para el que quiera alimentarse

de ella. Mi palabra no

viene del silencio ni

vuelve a él, ya que no

es silencio ni sonido y

quedará prendida en las

almas que la quieran.

 

Mi voz viene del silencio

y es silencio, ya que mi

voz sólo se oye en los

corazones de quienes quieren

oírme. Mi voz está hecha

no de sonido, sino de verdad,

de luz y de amor para

quien la desea oír. Mi

voz anidará en su espíritu

y acompañará su camino.

DCCCXL

DCCCXLI

DCCCXLII

 

Sólo me calma tu

palabra, sólo me alimenta

tu alimento que siempre

me satisface. En tu

palabra sin sonido se halla

la luz que hace ver al

ciego, entender al

incrédulo, reconfortar

al necesitado y convencer

a los espíritus perdidos.

En tu palabra hay vida,

vida que no cesa y mana

para siempre. Con tu

palabra no tengo hambre

ni sed, ella es comida

y agua, luz, vida y

amor a raudales. Sin

ella soy un espíritu

perdido y hambriento

en la oscuridad de mi

ignorancia. Tu palabra

es abrigo y calor en

el frío de la noche

más larga y solitaria,

ella es consuelo en la

aflicción y sosiego en

la aspereza del espíritu

equivocado. Con ella

la maldad desaparece y

la bondad perfuma el

corazón más extraviado.

 

Mi palabra no es agua

mansa que cae en los

corazones, sino agua viva

que penetra y vivifica

en los dormidos espíritus.

Mi palabra no es mía,

sino que es la palabra

del Espíritu del Que

Todo lo Ama y ella es

la vida para el alma

del necesitado de ella.

Para quien no la precise,

porque haga oídos sordos

a ella, resbalará hasta

el fondo de su conciencia

y se perderá como se

pierde el agua infecunda

que cae en terreno

estéril y a nadie ni

a nada aprovecha.

El Espíritu del Bien

es Él y nada pueden

contra él ni el Espíritu

del Mal ni la indiferencia

del hombre incrédulo y

menos aún su maldad,

que resbala por el Espíritu

de la Verdad sin tocarlo

ni mancharlo: Él es

el Poder de los poderes.

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