Yo desvelo
pulsar 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,14,15,16,17y18 13 (DCCXXIII-DCCLXXXII) DCCXXIII | DCCXXIV | DCCXXV | | Caballos furiosos hieren el aire con sus pezuñas. Su galope es imparable. Son las fuerzas del mal desatadas por el hombre. Recorren la tierra y dejan un rastro putrefacto. Sólo quedará lo que merezca quedar, el resto será devorado por las fieras. El horror es el rey y el dolor su príncipe heredero: Hombre, únete al bien y no dejes que nada te separe de él y él te salvará. | Corto es el tiempo del hombre y larga su eternidad. Largo es el camino con dolor y corto el placentero. Así es la vida del hombre. Donde no hay tiempo ni distancia, el que fue hombre en su vida no la añorará, ya que en ella abunda la lucha absurda de la especie por sobreponerse unos a otros. Allí esa lucha continua no existe, pues es el reino de la paz, allí no hay rencillas, ni dolor ni sufrimiento, ya que son cuestiones humanas. Sí existe el gozo supremo ante la presencia del Creador para las almas que acceden a Él. resto de almas habrán de purificarse hasta borrar sus faltas terrenales y ser aceptados en su Presencia. | En el mundo de lo real y tangible para el hombre hay dolor, sufrimiento, desesperación, alegría y felicidad. En el más allá la realidad del hombre no cuenta. Allí no hay dolor y las almas sienten de forma distinta a lo conocido, tampoco hay sufrimiento, ni desesperación, alegría o placer. En el mundo intangible y fuera de la realidad humana, nada de lo humano es. Los espíritus errantes buscan un camino en la nada, una luz que les señale su fin de eternidad. Otras almas se unen y funden entre sí por haberse encontrado. Otras muchas buscan su lugar de eternidad y unas pocas ascienden hasta el Creador de lo Imposible. Esas almas saben que han llegado y que su camino ha llegado a su fin. Otras almas esperan que les llegue su Luz de eternidad. Allí no hay tiempo, ni espacio. Unas pocas almas malditas han accedido al Mal, su agonía es atroz. Sólo Él, y ellas, pueden salvarse, si ellas renuncian al Mal, y se entregan al Bien. |
DCCXXVI | DCCXXVII | DCCXXVIII | La vida es energía vital, por esa fuerza o energía, lo seres vivos, incluido el hombre, realizan sus funciones. Esa misteriosa, para el hombre, energía vital desaparece con la muerte del ser, al transformarse en otra sustancia y disolverse sus elementos esenciales y repartirse por la tierra. Los elementos quedan ahí, pero sin la cohesión que los unió, son materia nada más. El hombre como ser vivo, realiza funciones guiados por el instinto. Entre esas funciones se halla la reproductiva, y aunque a diferencia de los demás seres el hombre sepa que va a morir, no le importa, aún así, el tener hijos, los cuales morirán como él, ya que su instinto así se lo impone. El hombre tiene hijos que a su vez dejarán de ser. Esa condena a nacer y en consecuencia a morir no es razonada, ya que el instinto supera a la razón e incluso al sentimiento al condenar a seres que no han pedido nacer, a morir por la propia perpetuación de la especie. Seres que en su inocencia ignoran su final. Seres tan amados, como condenados. Pero el hombre no es sólo un ser vivo más, no es sólo un animal más inteligente que el resto, sino que está dotado de alma que no muere con él, esa alma, ese espíritu lo acompañará en vida y continuará después en su trascendencia eterna: Eso salva al hombre de su irracionalidad vital. | Una nube venenosa cubrió la tierra, su ponzoña se extendió por tierra y mares y a su abrigo la vida dejaba de ser. Como vino se fue y dejó un rastro de desolación, muerte y soledad. El silencio sustituyó a los sonidos de la vida y sólo se oía el sonido de las aguas y el rumor del viento en las resecas hojas, al trueno y a la lluvia en su golpear tierras y aguas. Sólo sobrevivieron los que quiso su suerte y aún esos se sintieron tan abandonados, que algunos se quitaron la vida. La Voz de lo Eterno se oyó en la claridad del día y en las tinieblas de la noche. El espanto asustó a los injustos y los justos se prepararon para sus últimos momentos. Pero aún no era la hora para el fin del hombre y muchas generaciones llenarían el mundo de nuevo. Ellos no caerían en los mismos hechos que sus antecesores. El mundo del hijo de la tierra sanó sus heridas, más su corazón no recobró su alegría hasta pasadas varias generaciones. El Mal fue mucho y los corazones tardan en sanar más que los cuerpos. | En su desierta desolación brota la angustia de la tierra. El abrazo mortal de las tinieblas se ha ceñido sobre ella. Los pocos hombres que quedan deambulan desorientados, no saben a donde ir. El hedor es insoportable. Las ciudades y pueblos son cementerios de hombres y bestias. De entre los vivos algunos han perdido la razón y lloran sin consuelo su amargura. La soledad invade el mundo conocido del hombre. Campos asolados sin aparente vida se extienden hasta el horizonte. Pero el fin del hombre aún no es. Es tiempo de pensar, de enmendar viejos caminos y de reconstruir lo destruido. El hombre herido y su Creador están más unidos que nunca. Un nuevo horizonte se deja entrever entre la pedida esperanza. La fe del hombre se afianza en su desgracia: Ya nada volverá a ser igual que fue. |
DCCXXIX | DCCXXX | DCCXXXI | La fiera humana afila sus garras para el zarpazo final. El hombre en su torpeza se ha aliado al Mal y la destrucción de lo humano es su único objetivo. Las fuerzas del Mal nunca han sido tan fuertes y numerosas. Las risas se tornarán llantos y la salud muerte. Sólo encontrará el hombre su salvación en la bondad. El Bien sin límites del Espíritu Santo, se derramará sobre el hijo de la tierra: Si lo acepta, se salvará, si no, se perderá. | Una nueva era se acerca al mundo. El hombre no debe conocer su momento, antes de que ésta llegue. Lo conocido no lo será y lo desconocido será. Sólo permanecerá inmutable la presencia del Bien y del Mal. El hombre se inclinará para siempre hacia el Bien y esa nueva era será de paz y felicidad duradera. Los descendientes recogerán la cosecha. La semilla del Bien ha germinado. | Lo que hoy es, mañana no será. En lo igual de cada día subyace su distinto. El hombre de hoy no es el hombre de ayer, ni será el de mañana, siendo el mismo hombre. Lo que ayer pensaba el hombre, hoy no lo piensa y lo que piensa hoy, mañana cambiará. Quien no creía ayer, hoy cree y mañana para él puede ser de esperanza en la Gloria venidera y alcanzar el Bien eterno. De la ignorancia ir hacia la Verdad única, es ir hacia Él. Nadie va de la Verdad a la ignorancia, ya que Quien Sabe, sabe para siempre. |
DCCXXXII | DCCXXXIII | DCCXXXIV | | Los ojos están secos, ya no les quedan lágrimas. Los corazones lloran en silencio. Las entrañas duelen como si se desgarrasen. La pena ya no tiene donde refugiarse. Las cabezas parecen estallar del dolor acumulado. Las manos duelen de tanto enterrar cadáveres. El silencio lo ocupa todo. Donde antes habían alegres e insustanciales charlas, ahora sólo hay silencio y tristeza. Qué ha sido del hombre, qué ha sido de la especie preferida de Él. Dónde quedó su arrogancia, su desprecio a lo que no comprendía. El hijo de la tierra retorcerá su pañuelo de angustia y beberá de su propia desesperación. La explicación de su culpa lo llevará por el camino verdadero. Su verdad hallará la Verdad y todo será distinto a como fue. | No te lamentes hijo de la tierra, consuela tu aflicción pues lo perdido aquí, no es nada con lo ganado en el más allá. Allí tendrás lo más valioso que aquí posees: Tu espíritu y el de tus seres queridos y la presencia del Bien Infinito que aquí no puedes alcanzar, sólo vislumbrar en su Grandeza Absoluta. | El hombre no camina solo en la oscuridad, siempre lleva en él una Luz que le indica su camino de verdad y salvación. Esa Luz es el Espíritu Santo, guía de los desesperados, de los afligidos, de los quebrados por la vida, de los sufrientes y de los dañados. A todos ellos conforta y les da esperanza en su desesperanza. |
DCCXXXV | DCCXXXVI | DCCXXXVII | | En una humanidad condenada a muerte generación tras generación, el hombre sigue negándose a ver la realidad de su vida, la cual pende de la casualidad, la naturaleza o su propia intención. El hombre vive como si creyese que lo hará para siempre y se niega a mirar la evidencia de su realidad: La vida es una y termina con la muerte. Sin prestar atención a lo perdurable en él y que nunca morirá: Su espíritu, al que acechan sus enemigos, es lo único de él que quedará para siempre y a lo que presta menos interés que a lo vivo que morirá para siempre. Si el hombre no procura salvarse, no se salvará. Si el hombre no reconoce la evidencia de su realidad, vivirá y morirá en el engaño. | Todo lo humano se deshará como sal en el agua y lo no humano tendrá su misma suerte. Hombre, no te afanes por perseguir fantasías, pues aunque no lo sean igual será su fin. El día ya no será y la noche no será igual. Lo conocido será desconocido. Las estrellas se apagarán una a una y el espacio se parará. El firmamento dejará de ser azul para el hijo de la tierra, y la oscuridad perpetua llenará el alma del mundo. La vida será un lejano recuerdo para lo que no recuerda, y la nada extenderá su abrazo infinito hacia lo que hay. Lo que es, dejará de ser, y todo volverá a su estado primigenio: Lo que principia, acaba y lo que acaba, volverá a su principio. Todo es un estado pasajero, excepto Él y las almas a Él unidas. Sólo lo que no vive, no morirá, sólo lo que no existe, no dejará de existir. | Apártate de mi lado, Oh peregrino de la injusticia, de la maldad y del horror. Vete lejos de mi a donde no te alcancen ni mi vista ni mi pensamiento. Deja libre el camino del bien. Deja que vaya por él sin salirme de su lado, hasta llegar hasta Él. |
DCCXXXVIII | DCCXXXIX | DCCXL | | Sólo el que quiere salvarse, se salvará. Sólo el que quiere creer, creerá. Sólo el que quiera amar, amará. Sólo el que quiera luchar contra sus fuerzas negativas y sus debilidades, luchará. Sólo el que quiera saber, sabrá. Sólo el que quiera hacer el bien, lo hará. Sólo el que quiera conocer al Ser Único, lo conocerá. Sólo el que quiera vencerse, se vencerá. Sólo el que quiera ganarme, me ganará. | Todo lo que principia acaba, excepto lo inconmensurable del Ser Infinito. El Principio del Principio es eterno en su misma esencia. Su materia no lo es y su sustancia es su propio ser. Él es el Todo ante la Nada. Lo eterno ante lo finito. La sustancia ante la inconsistencia. La Bondad ante la Maldad. El Orden ante el Caos. Lo que vive ante lo eterno y no precisa morir. Lo que crea y no es creado. Lo que existe por sí y sin inicio en su principio ni fin en su existencia. Todo lo que existe es Él y Todo lo que no existe. Sin Él nada es posible y con Él Todo lo es. Lo que es, es con Él: Todo es Él y Nada es Él. Él es el Todo y la Nada. | Quien guía la mano del artista. Quien guía la palabra del orador. Quien guía el pensamiento del filósofo. Quien guía la escritura del poeta. Quien guía la inteligencia matemática. Quien guía el buen juicio. Quien guía el instinto de la madre y el del niño. Quien guía la voz que canta o el corazón que siente. Quien guía la música. Quien guía la inventiva. Quien guía la imaginación. Quien guía la lógica en el pensamiento y en el comportamiento. Quien guía el camino del amor. Quien guía los instintos o la maduración de las flores. Quien guía a los insectos, aves o peces en sus rumbos invisibles. Quien guía al hombre en su labor. Quien enseña a mar lo que se ama. Quien guía la fe y la esperanza. Quien guía la bondad, la caridad, la piedad o la amistad. Quien guía el valor de bien. Una mano guía todo lo conocido y lo que no lo es. Esa mano es la de Él, el Guía Invisible del Mundo. |
DCCXLI | DCCXLII | DCCXLIII | | Nada está quieto. Todo está en continuo movimiento y variación. Cada momento es distinto y cada distinto tiene su momento. No existen dos instantes iguales. Todo tiene su momento y ese momento es y no es otro. Sólo la voluntad humana puede cambiar su momento al elegir en uno y otro sentido: La elección del hombre prevalece en su cotidiano, no en su esencia de eternidad. | Rosa de Jericó, quien se atrevió a robar vuestro perfume. Quién, mientras dormías, tomó tus sueños y los enredó en los suyos. Quién quiso robar tu alma inmortal y hacerla suya. Quién fue el que no se conformó con tu vida y quiso unirte a su ejército infernal mientras tu alma vagaba sin dueño. Aunque sea poderoso, su poder se deshará, como la niebla en el viento, cuando lo hiera la Luz de la Verdad. Sólo entonces sabrá que ya no es el que creía ser, sino uno más entre los que no quisieron ser sino aliento del Mal y alimento de su perdición maldita. | Hombre, no te dejes arrebatar tu esencia de divinidad, tu imperecedero, por quien tiene el poder de las tinieblas. El Mal hastía a los malvados, a su voluntad débil no le permite alejarse de él. Aléjate del Insaciable de Maldad que siempre busca el momento más débil de lo humano y busca tu fortaleza en el Espíritu del Bien que lo alejará de ti. El Mal querrá herirte para siempre y alejarte de la bondad que llevas en ti: Sana tu maldad encomendándote al Bien y tu herida ya no será. |
DCCXLIV | DCCXLV | DCCXLVI | | La sombra espesa de la Tiniebla del Mal, oscurece la razón de Bien y apaga su Luz de Bondad. Los poderosos enemigos del Bien claman en la oscuridad de la eterna noche por sus víctimas a las que reclaman para sí. Sólo el rayo de Luz de la Esperanza Eterna vencerá su viscosidad tenebrosa. A Él deberán acudir las almas vencidas de los desgraciados si quieren salirse de su influjo pernicioso. Los hijos del mal verán abrirse ante ellos los dominios del Espíritu del Mal que los engullirá para fortalecerse con sus almas perdidas. Sólo oirán estas almas los gritos de terror de los que las preceden, antes de perderse para siempre en el camino sin retorno de la oscuridad tenebrosa del Mal. | Donde no llega la mano del hombre, llega el Que Todo lo Puede. Aunque mucho de tu mal y de tu bien provengan del hombre, es sólo lo que atañe a tu bien o a tu mal pasajero, ya que el hombre no llega más allá de el mismo y de su influencia sobre otros hombres sobre ti. En el hijo de la tierra todo es y deja de ser, sólo Él es de siempre y para siempre y lo que de Él venga ha de ser bienvenido, ya que sólo bien proviene del Bien. | El mal gusta de disfrazarse de bien y usar la mentira como si de verdad se tratara. Si el mal se presentase con su verdadero rostro, el hombre huiría o se apartaría de su lado, ya que el natural del hijo de la tierra es inclinarse hacia el bien, con lo que no conseguiría adeptos para su maldad. El disimulo, la mentira y el engaño son sus armas para no presentarse tal cual es. Al mal, la verdad es lo que más odia y evita, aunque no duda en usarla como arma de engaño presentándola mezclada con la mentira, para hacer creer que todo lo que propone, dice o hace es cierto y verdad y debe ser así tratado: Las víctimas del mal son inocentes en su debilidad de espíritu y deben apartarse cuando saben de su mal, si continúan en su maldad, serán tratados por El Que Puede Hacerlo como malditos. |
DCCXLVII | DCCXLVIII | DCCXLIX | | El hombre vive entre lo visible y lo invisible, entre lo real y lo imaginario. Entre el sueño y la vigilia. El hombre teme lo invisible ya que, aunque no es capaz de distinguir sus formas, conoce de su existencia. El mal que le sorprende es el que no ve, aunque lo presienta. También el bien suele permanecer oculto a sus ojos, aunque esté cercano a él. La vida toda del espíritu es invisible a los ojos humanos, no así el corazón de la fe que es capaz de sentirlo. La suerte del hombre es invisible y nadie es capaz de vislumbrarla. Nadie conoce lo que le espera y pocos son capaces de imaginar su futuro, aunque no resulte así en su momento. El hombre escarba en su pasado en busca de su futuro y éste no está ahí, sino en los pliegues secretos de su destino, este destino es inalcanzable e inacabable para el hijo de la tierra. | El hombre no deja de ser, sino de vivir cuando acaba su vida. Su existencia continúa más allá de las estrellas y más allá del mismo tiempo: Su existencia es eterna. | Todo lo humano es cierto, pero tan cierto es como dejará de ser. Lo humano se deja en la vida humana y lo que queda, es su esencia verdadera que no es sustancia ni materia, sino su único y valioso que el hombre lleva en sí. |
DCCL | DCCLI | DCCLII | | El mal gusta de parecer bien, para disimular sus intenciones. Hay un solo mal que adquiere mil formas diferentes y un solo bien que en ocasiones prefiere ocultarse para evitar ser atacado en su bondad. Uno otro habitan en el corazón del hijo de la tierra y solo su voluntad de bien o de mal, los hará florecer. | Lo distinto y lo opuesto, se necesitan para equilibrar la balanza del Bien y del Mal. Si sólo existiese un poder sin sombra de duda, no existiría la perfección ni la imperfección y el ser humano carecería de mérito en su paso por la vida. | En la esencia de la sustancia se halla lo que no es sustancia, sino que carece de ella. La sustancia de la esencia no es sustancia de materia sino que es inmateria, es insustancia, esa es el alma de la materia. Cuando esa esencia de la sustancia se activa por la vida, aparece el ser vivo, si no es latente en su esencia y no vive ni muere, es la materia inanimada. |
DCCLIII | DCCLIV | DCCLV | | Dos son los momentos del hijo de la tierra: Cuando es y cuando deja de ser. Esos momentos son iguales en todo ser vivo. De lo vivo nace lo vivo y de lo vivo nace lo que deja de vivir. Sólo lo no vivo permanece inmutable aunque su forma se cambie por el paso del tiempo. La vida surgió de la Vida y la muerte es su consecuencia necesaria para su continuidad en su existencia eterna para el hombre. Los demás seres nacen y mueren y se continúan en sus descendientes y afines de su especie. Sólo la primera vida surgió cuando y como Él quiso. Ese paso del no ser al ser que vuelve al no ser, es obra del Que Todo lo Puede, como es obra suya Todo lo que hay y existe y lo que no hay o no existe. | Lo que vive, vive y existe hasta que deja de vivir y en su consecuencia de existir, excepto el hijo de la tierra que vive y existe y cuando deja de vivir continua existiendo fuera de su materia original y en un estado distinto: El estado de espíritu, porque Él así lo quiso. | Igual que el pan que comiste ya no sacia tu hambre y el agua que bebiste no calma tu sed, las palabras antiguas no te valen, ya que se han consumido a sí mismas, y necesitas nuevas palabras para tu alimento espiritual. Para el hijo de la tierra no todo está aún dicho y poco es sabido. Lo nuevo es nuevo para lo joven y para lo viejo: Toma tu pan y tu agua y escucha mi palabra que, aunque te parezca nueva, es tan antigua como el hombre ya que para él fue dicha desde el principio: Quien desdeña mi voz, me desdeña a mi y no sabrá de la esperanza de la fe. |
DCCLVI | DCCLVII | DCCLVIII | | De la Nada surgió el Todo y todo volverá a la nada. No quedará rastro de lo que fue, ni de lo que quiso ser. El hijo de la tierra se deshará entre los restos de su maldad y el Universo será sin él más solitario, más oscuro y triste en su grandeza. Sus atormentados y livianos espíritus ocuparán su lugar donde no hay lugar, espacio ni tiempo: Lo que se inicia, acaba. | La maldad y la ignorancia del hombre, le impiden que pueda evitar su funesto destino. La destrucción acecha entre los hilos de la maldad. El hijo de la tierra habrá de cortar esos hilos que le atraen hacia el Mal. La suerte del hijo de la tierra está en sus manos y sus manos decidirán su destino. | Lo más preciado para el hombre, no será más que humo ente los dedos del tiempo. Todos sus bienes, todas sus posesiones, todo su poder y toda su persona, no son más que niebla presta a disgregarse ante el viento del destino. La suerte del hombre es tan variable como el vuelo del vencejo. Lo que sube o baja, quedará al mismo nivel y lo ficticio perderá su lugar de honor entre la mentira. La verdad reinará fuerte, y el mayor privilegio del hombre será el de ser creído, y será creído porque creerá, y su fe le dará la fuerza de la Verdad que no se Acaba y de la Esperanza que no se Disipa. |
DCCLIX | DCCLX | DCCLXI | Cuando el hombre llegue a armonizar su mundo interior y exterior, llegará a su armonía y a su bienestar. En el equilibrio de sus fuerzas se halla el secreto de su salud y de su fuerza, tanto física como de su razón: Toda enfermedad o carencia no es sino desequilibrio, recuperarlo es su remedio. | Escucha tu interior, él te habla con palabras que vienen del corazón. Oye tu voz solitaria, la que no quieres oír, la que apartas de ti para no seguir sus dictados. El hombre que se oye a si mismo y se acepta en su debilidad y en su fortaleza se acerca a él mismo y se acerca a mi. No sólo yo hablo al hombre sino el Espíritu del Mal también, el vierte veneno y maldad en sus oídos, incluso cuando duerme y no puede defenderse de su influjo maligno, más el hijo de la tierra posee recursos y fortaleza suficientes en su interior para apartar de si el influjo del Mal, su conciencia de Bien lo ayudará en su lucha constante y le hará salir victorioso: Oye y sigue lo que debas oír y seguir y aparta de tu lado lo que debas rechazar y alejar de ti. | Muchos son los males que el hombre causa y pocos son los males por lo que responde. Aunque parezca que el mal es impune, no es así, ya que el hombre no ha de responder ante otros hombres, sino ante sí mismo y ante El Que Todo lo Sabe. El hijo de la tierra en su soberbia humana pretende el control de todo lo humano, control que no consigue, ya que lo humano se guarda de mostrar su verdadera cara ante otros hombres y usa la mentira y el engaño para ocultarse y ocultar sus hechos de maldad. La justicia de los hombres es un remedo de lo que debería ser, no de lo que es, ya que para el hombre la justicia es inalcanzable, tanto, como la verdad a la que aspira en su ignorancia continua. |
DCCLXII | DCCLXIII | DCCLXIV | | Ella es la fresca pureza del rocío. El aleteo del ruiseñor en la noche. El aire cálido de una noche de verano. El copo de nieve que se funde en tu mano. El azahar y la rosa que perfuma tu paso. Un suspiro, o un sueño interrumpido, un vacío que se llena de espacio. Un encuentro celebrado, una sonrisa, una risa un beso y un abrazo. El resurgir de las flores en primavera y el blanco de una nube que se quiebra en pedazos de cielo. Ella es la luz y el color y el calor que apaga el frío y el miedo y nos envuelve con su aire cálido e invisible en la noche asustada del hombre. | Él quiso alegrar al hombre y le dio la risa. Él quiso asombrar al hombre y le dio la vida. Él quiso hacer pensar al hombre y le regaló la muerte. Él quiso que el hombre soñase y le regaló la imaginación. Él quiso que el hombre lo conociese y le regaló la música. Él quiso que el hombre supiera de la belleza y le regaló el mundo. Él quiso que no estuviera sólo y le dio el amor. Él quiso darle esperanza y le dio la fe. Él quiso mostrarle su camino y le dio su Luz cercana. | No dudes de Él porque Él no es duda, Él es La Certeza Absoluta, Él es lo Cierto de lo que parte cualquier otro cierto. La duda guarda la mentira dentro de ella. No hay duda en lo Más Cierto de lo cierto. |
DCCLXV | DCCLXVI | DCCLXVII | | El hijo de la tierra conoce su inevitable destino y aún así pretende engañarse así mismo e ignorarlo. Aunque no se recuerde el destino del hombre es implacable y él recordará al hombre que dejará de vivir, se engañe o no. Al hijo de la tierra no le sirve el huir de lo que ha de acontecer, ya que así está dispuesto desde su nacimiento y aún antes, desde que fue engendrado. | Siempre que el hombre avanza retrocede de nuevo, con lo que su camino ha de volver ha recorrerse mil veces y otras tantas ha de regresar a su origen. Sólo el que no vuelve su vista a lo que deja atrás, avanza y mientras más se aleje de lo que lo sujetaba, más horizontes nuevos descubrirá: El pasado ha de ser ayuda y experiencia, no lastre que retrase o anule el futuro. Sólo quien venza su pasado, descubrirá su futuro. | Nazareno, me llaman unos porque soy de Nazaret. Galileo, me dicen otros porque soy de Galilea. Pero no, no soy de Nazaret, ni de Belen, ni de Galilea. Soy de vuestros corazones y en vosotros me hallo. Soy de la tierra en que nací y de la que no nací, soy de toda la tierra y de sus mares y de sus cielos. Yo soy del Universo Todo y todo en mi se halla: Quien me ama, me lleva en sí. Yo soy Él y Él es yo. |
DCCLXVIII | DCCLXIX | DCCLXX | | Silencio, sólo silencio oye el que me habla, pero si me habla con el corazón, con él habrá de escucharme. Yo soy el silencio del que escucha con sus oídos y la voz del que escucha con su alma. Mi voz resuena en el interior del que quiere escucharme, por el aire oirá lo que va por el aire, no la voz del Que Todo lo Oye. | Yo soy la Luz y la vida. Yo soy el cuidado y el amor a las criaturas. Yo soy la Verdad y la Bondad. En mi no se haya doblez ni mal alguno. Lo que no proviene de mi, proviene del Halo Oscuro del Mal: Dolor, sufrimiento y muerte de allí proceden. Más el dolor, el sufrimiento y la muerte no vencen a lo que no puede morir. Esa es la victoria eterna del Bien Eterno: El espíritu es inmortal por la Gracia del Que Todo lo Puede. | La Presencia de lo eterno rodea y llena la materia y la inmateria. Lo que no está en materia, está en inmateria, lo que existe es, en una u otra forma. Está lo que está y ocupa un espacio visible, y lo que ocupa lo invisible y no necesita ningún espacio. Lo invisible es Todo lo que no es visible, allí se halla la inmateria que en sí es indestructible, eterna en su esencia inmanente. |
DCCLXXI | DCCLXXII | DCCLXXIII | | Aunque los hijos de la tierra viajen en la misma nave y la muchedumbre llene las calles. Al separarse de sus ataduras de la tierra y disgregarse la multitud, cada hombre escoge un camino distinto. Hay tantos caminos como hombres y cada uno posee el suyo que es único e irrepetible. No hay dos vidas iguales, como no hay dos destinos iguales. Tu camino sólo lo recorrerás tú. | Es privilegio del poder el imponerse. Sin esa imposición no habría poder. Todo poder terreno se basa en la fuerza y en la coacción que ella representa. El único y verdadero poder, no implica coacción ni subordinación a nada humano, ya que Él sólo implica Bien y Él no obliga, ya que el hombre dispone de su voluntad para acatarlo y de su conciencia de Bien para seguirlo: El Bien no obliga, a de seguirse con el corazón y el espíritu de bondad. | Todo poder humano es tan falible como falso, ya que no está basado en la razón, sino en la coacción, la fuerza del miedo y la fuerza contra el que se le opone. El único poder humano que es digno de ser considerado como tal, es el que se basa en la razón y en la aplicación de la bondad inherente del hijo de la tierra. El verdadero poder no está en la tierra, sino cuando el hombre deja su vida y comienza su existencia en la Verdad. Ese Poder infinito y eterno, es poder de Amor y de Luz y poder de Bien y de Verdad, es el Poder Supremo infalible y cierto y ningún humano dejará de conocerlo. |
DCCLXXIV | DCCLXXV | DCCLXXVI | | No por morar el hombre en un gran palacio, aumenta su estatura y no por usar ropajes finos, mejora en sus modales. Tampoco aumentan ni su inteligencia ni su cordura, por leer a filósofos, literatos y hombres de ciencia. No será el hombre más rico, en su verdadera riqueza, por poseer muchos bienes materiales. No será el hombre más sabio, por ir entre ellos y repetir sus ideas. Ni tendrá fe por querer tenerla. La fe es un regalo que otorga el Espíritu del Bien a los hijos de la tierra que son poseedores de la pureza de corazón y de la inocencia de un niño. Ellos, son los preferidos de Él y ellos serán los primeros en su Presencia. | El hombre se anula a sí mismo con la mediocridad de lo cotidiano. En la rutina de su diario, niega su propia capacidad de ser y pensar en su propia sustancia inmortal, abstraído con su inmediato. El hombre ha de sobreponerse a lo accesorio e ir hacia su fundamento: El bien durante su vida y acercarse a la Verdad de eternidad. | Muchos son los caminos del bien y todos están abiertos al hombre que quiera transitarlos. Quien se niega a caminar por su bien se niega a ver la Verdad, más la Verdad lo verá a él. Si no enmienda su andar no será grato al hombre, ni al Que Todo lo Ama: El bien es obligado al hombre. |
DCCLXXVII | DCCLXXVIII | DCCLXXIX | | Quien desprecia su conciencia e ignora sus indicaciones, deprecia a su propio espíritu de bien y el camino que debe seguir. El no querer oír la voz del bien que lleva dentro de sí, lo llevará a seguir la voz silenciosa y poderosa del Mal, que agazapado en su interior espera su oportunidad de triunfo de sus torcidas intenciones. Quien se rinde a su mal, se hace servidor del Mal y de su Tenebroso Espíritu de Maldad. Sólo la voluntad de bien, con la ayuda del Espíritu de Bondad, recuperará el camino que debe seguir y cumplir lo que debe cumplir en su preludio de eternidad. | Más allá de la cortina de humo de la realidad cotidiana, se halla la realidad del sueño y la realidad de lo imaginario, y más allá aún se encuentra la verdadera lucidez de conciencia eterna, la claridad de la mente que descubre su camino de verdad entre las brumas de la engañosa realidad. Seguir ese camino hará distinto entre los hombres al que lo siga: Será más bueno, más sabio y caminará despierto en un mundo dormido. | Sólo el hombre que ayuda a su hermano, más allá de su propio límite de razón, me hallará a mi. En la bondad la razón no cuenta, la bondad no es fruto de la inteligencia, sino del corazón señalado por su Espíritu de Bien. |
DCCLXXX | DCCLXXXI | DCCLXXXII | | Sólo el hombre capaz de vencer su mal, hallará su bien y quien así obre, encontrará a su igual en un mundo distinto, donde el egoísmo encierra a los hombres en una invisible prisión, cuyos muros habrán de derribar para hallar su yo de bondad, anticipo de su yo verdadero, de su alma inmortal y de su eternidad victoriosa de bien. | Más allá del espejismo de la vida, se halla la certeza de la muerte, y más allá de ella, se halla la certeza absoluta, la que acerca al espíritu, que ha dejado el cuerpo que lo albergó, a su propio límite que es ilimitado y eterno: Sus límite es y será, lo Ilimitado. | La sensación de eternidad nace de la esperanza y ésta, a su vez, proviene de la fe, que ilumina las sombras más apagadas del espíritu del hijo de la tierra y le señala el único camino posible de acercarse al Bien Supremo: La bondad de cuerpo y espíritu. |
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