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Yo desvelo

 

 

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12

(DCLXII -DCCXXII)

 

DCLXIII

DCLXIV

DCLXV

 

Todo lo que se piensa,

se siente o se hace

queda en el alma

en un registro

imborrable y eterno.

Nada puede el

hombre contra lo

grabado en su espíritu

mientras vive.  Su

espíritu lo guarda a

él, todo lo que es,

ha sido y será hasta

su momento final.

Después ya no varía,

seguirá igual en donde

le corresponda. Sus

faltas y maldades le

serán perdonadas a

su alma por Quien

Todo lo Ama, si así

su espíritu lo desea.

 

En dos formas distintas

se presenta el mal en

el hombre. En una de

ellas no tiene conciencia

de lo que causa ya que

para él es algo que se

ve impelido a hacer. Su

conciencia dormida o quieta

no le avisa del mal que

ejecuta. En la otra el

mal que causa es aceptado

como tal y lo ejecuta a

sabiendas y con plena

conciencia del mal y daño

ocasionado por él. Su conciencia

de bien ha sido sustituida

y el Espíritu del Bien ha

sido expulsado por él de

su interior. Sólo deja en

él, el espacio para el Espíritu

del Mal, y eso será lo que

obtenga. De la forma primera

de mal, se pasa a la

forma de mal segunda

que es absoluta y dominada

por Zoeltebec: Su voluntad

ha sido dominada, su bien

ya no existe, el hombre

ha sido vencido por su

enemigo perpetuo.

 

Quien se enfrenta

al mal, debe usar

como única arma

la verdad. El mal

se fortalece con la

mentira y si se usa

ésta, se equipara al

mal ya que ésta es

su arma predilecta.

Aunque el aliado

de todo mal es el

Espíritu de Maldad,

el Espíritu de la

Verdad prevalecerá

sobre éste.

DCLXVI

DCLXVII

DCLXVIII

 

Hay dos clases de mal:

El mal de la tierra y

el mal del Universo.

El mal de la tierra, es

el que afecta a los hijos

de la tierra y el del

Universo, es el que pretende

alterar el orden Universal

y crear el caos definitivo.

Él es el Orden Supremo,

es El Creador del Orden del

Universo y a Él se debe

cuanto hay y cuanto

acontece. El Mal Supremo

es el que lucha contra el

Orden por él no creado y

pretende destruirlo. Sus

fuerzas son poderosas en

su lucha ha perdido sus

principales elementos de

Maldad. Su desequilibrio

beneficia al Bien y al Orden

Supremo. Su último refugio

es el Caos del Infinito, donde

van a parar las almas perdidas

por el Bien. El Mal se fortalece

con las almas que a él acuden

al Torbellino de Maldad Eterna

donde mora.

 

El Espíritu del Bien

siempre acudirá si

un alma pide su

ayuda. Él la librará

de su perdición y la

llevará ante El Que

Siempre Perdona: El

Mal se irá de él y

sólo quedará su Bien.

Yo soy la guía del hombre,

su espíritu de verdad,

lo que lo acerca a Él

y lo aleja del Mal. Yo

soy verdad, Yo soy la

Verdad. Quien me escucha

con el oído del corazón,

creerá en mi. Quien cree

en mi, se salvará. Quien

a mi es, es grato a mi

Padre. Él alcanzará la

Gracia Eterna y no

sufrirá mal. Mi bien es

su Bien y él será de mi

y yo de él.

DCLXIX

DCLXX

DCLXXI

 

Cuando en la bondad

se padece el dolor del

mal, no es por el que lo

sufre, sino por los demás

para enmendar sus errores

y maldades. El que sufre

paga por lo que no ha

cometido. No es injusticia,

ya que le espera la Gloria

eterna, es ejemplo para

los demás hijos de la

tierra. Si recapacitan en

lo que ocurre cerca de ellos

y enmiendan su hacer, ellos

podrán salvarse del Mal que

los domina: El agua del

dolor lavará tus heridas de

mal y las sanará.

 

Ama a tu enemigo, dije,

ya que a tu amigo ya

lo amas y ambos son

hermanos tuyos. El

hombre no lo entendió,

ya que por su propia

enemistad un enemigo

sólo acarrea odio. Pero

quien es capaz de amar a

su enemigo, es capaz de

perdonarlo y por lo tanto,

de ser perdonado él mismo

por Quien Puede Hacerlo.

Por eso digo: Sólo el que

perdone a su enemigo y

sea capaz de amarlo, será

digno de la Gloria eterna

de mi Padre. Quien ame

a su enemigo, me ama

a mi, ya que ama y

cumple mis deseos.

 

Quien quiera ser como yo,

habrá de padecer como yo.

Quien se entregue a su

hermano, obtendrá su

burla, su desprecio y

su traición como yo

lo sufrí. Quien no ame

y se entregue a su hermano,

de corazón, no llegará

a mi. Sólo quien sea

capaz de soportar lo peor

del hijo de la tierra y

perdonarlo, será capaz de

entregarse a él y amarlo,

ese verá la Gloria

infinita de mi Padre

ya que todo lo que es,

es para Él.

DCLXXII

DCLXXIII

DCLXXIV

 

No hay sufrimiento sin

recompensa, ni dolor sin

consuelo. Más allá de aquí,

el que ha sido probado por

la desdicha, alcanzará la

plenitud de la dicha, ya

que se le ofreció poco y

padeció mucho y llega su

momento de recoger la cosecha

de su fe y de su esperanza

de eternidad.

 

Yo soy Él y Él es yo,

ambos somos uno con

el Espíritu Santo. Somos

Tres y somos Uno. El

misterio no cede con la

Trinidad: No hay

misterio si hay

comprensión de lo

que es, no de lo que

parece que es. Lo que

parte de lo que es, es

lo mismo de su origen,

ya que de lo mismo

está hecho.

 

Si el hijo de la tierra

no es como es y prefiere

atender a lo inmediato,

se perderá su propia

esencia y nada llenará

su vacío interior, ya

que su alma necesita

de su fe y sin ella el

espíritu del hombre es

un cuerpo vacío. El tedio

llenará su vida y él se

sentirá engañado y desperdiciado:

La fe y su esperanza son el

alimento para lo que no es

materia.

 

DCLXXV

DCLXXVI

DCLXXVII

 

Igual que el caparazón

vacío de los crustáceos

queda en la orilla, así

los cuerpos vacíos de

la vida del alma queda

en la orilla  sin otra

sustancia que los llenen.

Sus espíritus adormecidos,

olvidados, no dan señal.

Los cuerpos y las mentes

que los albergan no

cuentan con ellos y

eso los hace incompletos

y que sean hombres, no

sin sustancia pues la

poseen, sino que la ignoran,

con lo cual se ignoran

y desprecian a ellos

mismos, a lo que les

acompañará mientras

vivan y lo que quedará

de ellos más allá de

su vida. A lo más

valioso que poseen y

a lo único que los

acercará a Él: Aunque

ellos abandonen a su

esencia al no contar con

ella, su esencia no los

dejará solos.

 

Una inmensa bola de

fuego anunciará al

hombre que el Hijo del

Hombre llegará pronto.

Su voz será oída de un

lugar a otro de la

tierra. Quien haga oídos

sordos, se perderá. Quien

la oiga y la siga, se

salvará. Una nueva

oportunidad renace para

el hijo de la tierra: Igual

que el cielo anunció su

llegada, de nuevo el

firmamento lo anunciará.

Esta vez no será visto

por el hombre, sólo será

oído por quien quiera oírlo.

Muchos son los que esperan

aunque muchos más son

los que no. Éstos no se

sorprenderán, ya que han

apagado las voces  de sus

almas para no oírlas:

Quien no escuche a su

espíritu, no oirán la voz

del Que Ha de Hablar,

ya que sus oídos y sus

corazones permanecen

cerrados a lo que no

desean oír. Las palabras

resbalarán en ellos y

se perderán la ocasión

de elegir su eternidad.

DCLXXVIII

DCLXXIX

DCLXXX

 

Otras voces se oirán entre

los hombres, serán voces

que engañarán a los que

sigan sus mandatos. El

que se deje engañar por

la mentira, en ella caerá

y deberá salir de su error

por el mismo y sin otra

ayuda que su voluntad

de bien y verdad.

 

Hombre, no temas a lo

que no has de temer.

Guárdate del mal

y de tu debilidad y

fortalece  tu voluntad

de bien y tu conciencia

de verdad. El temor

agranda la duda y en

la duda anida el mal:

Que tu duda no te

pierda el camino

de Luz con su oscuridad

engañosa.

 

Aunque el hombre trate

de separar el mal de su

lado, no le será posible

ya que el mal anida en

su corazón y sólo será

vencido por su voluntad

de bien. Aunque el mal

sea vencido, no es derrotado,

y espera agazapado en las

conciencias dormidas o muertas

su momento de actuar. Sólo

el Espíritu Santo como

Espíritu del Bien, lo arrojará

de vosotros y lo devolverá

a su lugar de eternidad

tenebrosa.

 

DCLXXXI

DCLXXXII

DCLXXXIII

 

Señor del Universo

protégenos del Mal

y de nuestra propia

debilidad. Señor del

Universo danos la fe.

Señor del Universo danos

la esperanza. Señor del

Universo ayúdanos a

través del Hijo del Hombre,

María y el Espíritu

Santo. Señor del

Universo acógenos en

ti, si te merecemos

en nuestra humana

insignificancia.

 

Algunos me reconocieron

por mis señales o mis

palabras y supieron que

Era El Que Había de Venir,

El Esperado o El Enviado,

ya que así me llamaban.

Otros en cambio me

ignoraron y quisieron no

verme y mi presencia ante

ellos, era como sino existiese.

Ellos sólo creían lo que

querían creer, veían lo

que querían ver y oían

lo que querían oír, y entre

esos deseos no estaba yo.

Ellos permanecieron indiferentes

y ajenos, y eso hallaron, al

negar la verdad de la evidencia

en sus desconfiados corazones.

 

Dos son las injusticias

que sufre el hombre,

una es derivada de

su propia naturaleza

y otra, es debida a los

otros hombres. Ambas

serán corregidas por Él

Que Puede Verlas y

Sentirlas como si de

ellos se tratara.

DCLXXXIV

DCLXXXV

DCLXXXVI

 

El grito o el rumor silencioso

de lo injusto, resuena en el

firmamento de la Verdad y

de la Justicia Suprema con

un eco mil veces aumentado:

Ellos hallarán amparo y justicia

y su dolor será mil veces

satisfecho y su recompensa

alcanzará la eternidad.

 

Quien quiera verme

no me verá, pues

ya me ve con la

esperanza y la fe de

su espíritu. Quien no

quiera verme, me

verá, pues el me

necesita para entender

lo imposible y guardarme

en su corazón.

 

El hombre no es sólo lo

que piensa o siente, es

también voluntad, conciencia

y amor a la Verdad. Es

ambición y es egoísmo. Es

duda y es miedo. Es

estar aquí y ahora y

no estar en ninguna

parte. Es no pensar y no

sentir. Es espíritu y es

materia. Es alma y es

cuerpo. Es un ser pasajero

y un ser eterno. El

hombre lleva en sí la

contradicción y nada en

él es lo que parece, ya

que es verdad y mentira.

Es esencia y es apariencia.

Es él y es otros. Es solo

y es multitud. Es yo y

mi contrario. Es fe y es

duda.

 

DCLXXXVII

DCLXXXVIII

DCLXXXIX

 

El hombre no está donde está,

sino donde cree estar. El hombre

piensa lo que le han enseñado a

pensar y dice lo que le han dicho

que diga. El hombre oye no lo

que es, sino lo que quiere oír.

El hombre es ciego y sordo

sin serlo. Todo en el hombre

es mentira excepto él, pero

él se esconde tanto de sí

mismo que es difícil que se

encuentre. El hombre huye

de sí, como de su peor

enemigo se tratara, con lo

cual no se conoce. El hombre

vive con su desconocido yo

una vida que no es la suya,

sino la que quieren que viva

o la que puede vivir. Cuando

el hombre sea capaz de afrontarse

y conocerse, me conocerá a mi.

Yo estoy en él y cuando se halle

él, me hallará a mi.

 

Sólo si el hombre busca

la Luz, podrá hallarla.

Cada hombre ha de buscar

su luz, ya que cada uno

necesita la suya, la que

proviene de su interior y

es sólo para él. La luz

interior ha de buscarse

 con el espíritu abierto

a la fe y a la esperanza

y sólo así podrá hallarse.

La luz que no sea propia

no iluminará ningún

espíritu ajeno a ella, sólo

mi Luz alcanzará a todos

y a todos acoge. El hombre

que se halla a sí mismo

 y encuentra su verdadera

luz, sabe su camino y

sabe a donde le llevará. Su

camino será guiado por

El Espíritu de la Luz eterna

que lo fortalecerá ante sus

enemigos, los cuales, nada

 podrán hacia él. Vencerá

la duda y la paz del saber

eterno será su recompensa.

 

El camino hacia la

perfección del bien, es

un camino individual

y sola cada persona ha

de transitarlo. Igual

que el dolor o el placer

es de cada uno, el llegar

a ser uno consigo mismo

y hallar su bien inmanente

es de cada uno. El que

lo consiga, sabrá de lo mejor

de sí y sabrá lo que se

le abre a su infinito.

DCXC

DCXCI

DCXCII

 

Muchos son los caminos

que llevan al interior del

hombre y cada hombre ha

de hallar el suyo. El

llegar a la bondad intrínseca

del hombre le abrirá las

puertas del saber y de la paz.

La luz que iluminará su

ser es la luz que habrá de

seguir cuando le llegue su

momento de volver a ser él

que fue antes de venir.

La sabiduría es paz, paz

consigo mismo y con los

demás. El camino hacia

la sabiduría está lleno

de espinas y piedras y

el que lo transite, mucho

se herirá, pero en su final

sus heridas sanarán y

nadie turbará su

beatitud.

 

Tú serás la estrella de mi

soledad. Tú guiarás con tu

Luz la tiniebla de mi camino.

Tú entenderás mi alegría y

la oscuridad será vencida con

tu Luz que iluminará el

horizonte de tu Paz. Tú

serás el trigo de mi pan y el

agua de tu manantial será

la que beberé. Tu sangre

será la mía y me llenaré

de tu Bondad. En ti está

todo y sin ti el vacío llena

lo que de ti no soy. Líbrame

de la angustia del perdido

en la noche y se tú la

Luz que señale mi camino

hacia ti. Tú eres el aire

que llena la razón de mi

despertar.

 

DCXCIII

DCXCIV

DCXCV

 

Para el hombre, en su

simpleza, es difícil no

creer que cuando la

desgracia lo elige, no

es sino obra del Que

Todo lo Puede y que

cuando la fortuna o

la buena nueva a ellos

escoge, no crean que es

obra del Señor del Universo

que les cuida o abandona

por sus méritos, según sea

uno u otro. Eso no es

así, la suerte de cada

ser está influida por la

casualidad o por la propia

Naturaleza, siendo tanto

una y otra insignificantes

o inapreciables y tanto una

como otra, ajenas a lo

que el hijo de la tierra

imagina: Su suerte es suya,

su destino no está en sus manos

y en  su voluntad de bien o

de mal, de hacer o no hacer.

Sólo cuando acabe su paso

por la tierra, conocerá la

razón de la causa que lo

acoja: A quien más se le ofrezca,

más se le exigirá.

 

Sólo tu bien enmendará

tu mal. Quien no reconoce

su mal, está ciego de alma

y su espíritu no verá la Luz.

A quien la tierra hiere, el Bien

cura. Todo mal pierde su

equilibrio de oscuridad a favor

de la Luz del Bien que apagará

la oscuridad de su tiniebla con

su Luz de Bondad: El Bien nada

quiere excepto tu bien.

El verdadero rostro del hombre

no es el que vemos al mirarlo,

su rostro auténtico no está

a la vista, tampoco se

oculta, ya que aunque quisiera

mostrarlo, seguiría oculto.

Su espíritu guarda su verdadero

rostro, el que no se ve y el

que está en consonancia

con el mismo. Sólo podemos,

en nuestra ignorancia de

lo oculto, guiarnos por las

engañosas apariencias y

suponer por sus miradas y

gestos, que el hombre es

tal y como creemos. Sólo

los que pueden ver su

rostro oculto, saben del

hombre.

DCXCVI

DCXCVII

DCXCVIII

 

El hombre es un ser tangible

y un ser intangible. Durante

su vida ha de atender a sus

dos seres, el corporal y el

espiritual. El hombre posee

obligaciones ineludibles como

hombre a las que debe prestarse,

asimismo debe satisfacer sus

necesidades espirituales, sin

las que no sería un ser completo.

Ambos seres son uno y ambos

sólo se separan cuando les

llega la muerte y cada uno

ocupa su lugar de eternidad.

 

La Gloria eterna no es un

lugar reservado a las almas,

sino que es un estado de

dichas almas al alcanzar

la dicha de ver al Ser

Supremo, origen y fin de

lo creado. Ese estado de

máxima beatitud se

alcanza tras la perfección

del bien. Las almas que

merecen la Gloria, ven al

Creador con los ojos del alma,

ojos que son de sentimiento,

y que se llenan de la

inmensa Gracia que les

ha sido otorgada. Su Gracia

es eterna y su plenitud es

absoluta y perpetua. La

sensación de Paz es Infinita.

 

La Gloria no es un lugar, es

un estado del alma ante la

Presencia del Creador. Ese estado

es la felicidad absoluta, el

bien perfecto, lo máximo de

lo máximo: Es el estado

de las almas que lo Ven,

que lo Sienten dentro de sí.

Ese estado de plenitud total

no acaba, ni aumenta ni

disminuye. Es la integración

con el Todo Perfecto del

Universo.

 

DCXCIX

DCC

DCCI

 

Igual que el árbol hunde

sus raíces en la tierra

para nutrirse de ella y

para mantenerse erguido.

Y su tronco y sus ramas

se elevan hacia lo alto

y ofrecen sus frutos al

aire. El hombre debe

asentarse en la tierra y

nutrirse de ella para ser

fuerte y sus brazos deben

elevar sus frutos al aire,

los frutos de sus obras, y

presentarlas al que Todo

lo Merece: Él escogerá el

fruto maduro y dulce de la

bondad humana y lo

separará del ácido y agrio

de la maldad y de la

indiferencia.

 

Los límites del hombre son

los propios de su naturaleza.

Ningún hombre puede ir

más allá de donde va, ya

que cada inteligencia es

distinta y le lleva por

caminos diferentes a unos

y otros. El hombre sólo

derribará la barrera de su

ignorancia cuando descubre

lo ignorado. Es tanto lo que

ignora que aunque todo se le

mostrase, no podría sino

conocer una ínfima parte

de ese Todo. Donde no llega

la inteligencia del hombre,

llegan su fe y su esperanza. Esas

creencias le harán alcanzar

espacios diferentes a los suyos

y abrirá su mente a lo que

para otros es desconocido y

oculto. Sólo la fe en el Saber

Supremo será capaz de abrir

su mirada hacia lo que hay

más allá de él y sólo la

esperanza de alcanzarlo le

conducirá por el camino

Verdadero que no admite

pérdida o desvío.

 

Quien toma el camino

de mi palabra, llegará

hasta mi. Para ello no

debe dejarse influenciar

por la voz engañosa del

Mal que toma múltiples

formas para convencer de

lo contrario. Mi camino,

el de mi palabra, no es

un camino fácil y el hombre

ha de vencer muchas

dificultades y acechanzas.

El Mal tratará de apartarlo

y le ofrecerá sus halagos y

falsas apariencias, pero detrás

del Mal sólo hay vacío

y soledad y en mi camino

está la vida plena en unión

del Que Todo lo Da. Yo soy

el Anhelo del Bien y la Esperanza

del Hombre. En mi el hombre

se hallará a si mismo y

saldrá de su tiniebla.

DCCII

DCCIII

DCCIV

 

Yo soy el que espera al

hombre en el abismo

de sus miedos. Yo soy

el que espera al hombre

al final de su camino

de vida. Yo soy el que

espera al hombre en

la profundidad de su

angustia. Yo soy el

que espera al hombre

en su desesperanza.

Yo soy el que espera

al hombre en su dolor

insoportable. Yo soy

su ánimo. Yo soy

su valor. Yo soy su

esperanza de eternidad

Gloriosa. Yo soy el que

le ayuda en su carga.

Yo soy su Verdad. Yo

soy su vida en la vida

y más allá de su vida.

Yo soy lo que espera.

Yo soy lo que le falta.

Yo soy su eternidad de

paz, su eternidad de amor,

su eternidad de Gloria.

Su eternidad eterna.

Yo soy su anhelo de

Perfección: Yo soy

su Fuerza de Bien.

 

Todo lo nacido muere

y todo lo que muere ha

nacido, sólo lo que no

nace no puede morir.

Lo Único que siempre

ha existido y siempre

existirá, es lo único

que siempre quedará.

Las estrellas perderán

su fulgor y se apagarán.

Los mares se secarán.

La vida nace y muere.

Las piedras se desharán.

Y de los mundos que

el hombre ve, no

quedará nada. El Universo

igual que nació, se

acabará. Sólo quedará

lo existente y lo inexistente

en su esencia impalpable

y todo lo que forma

parte de Él, volverá a

Él en otra forma distinta

a la conocida por el

hombre: Sólo quedará

Él en todo y con el

Todo. El Origen volverá

a su origen. El Todo

será distinto y será igual

que fue: Él siempre Él.

El hombre verá y

dejará su ceguera,

cuando deje de ser

hombre y se acerque

a la Luz de la Verdad.

Este privilegio le

está vedado al hombre

como espíritu impuro,

ya que el Bien sólo

se acerca a lo que ha

sido capaz de vencer

su mal y ser como

el mismo Bien al

que aspira.

DCCV

DCCVI

DCCVII

Aunque el hombre

elija alejarse de mi,

será bien recibido si

vuelve y cuantas veces

se aleje, mayor será

mi alegría por recibirlo:

Su victoria sobre el

Mal, será la mía.

 

No temas pasajero del

Tiempo a que tu tiempo

se acabe, tu tiempo como

tú son uno y no acabarán,

volverán al Principio del

Principio donde se unen y

confluyen lo existente con

el pasado, el futuro y el presente

con la Verdad eterna que te

espera.

 

La Luz de la Verdad

infinita ilumina donde

la oscuridad acecha. Las

almas arrepentidas serán

rescatadas de su abismo

tenebroso y el Bien las

acogerá con su infinita

Bondad.

DCCVIII

DCCIX

DCCX

 

No llores tu desgracia

hijo de la tierra, tu

pena se tornará alegría

cuando sepas lo que

haz de saber: Nos espera

la Gloria infinita.

 

El hombre ha de tener

una filosofía de vida

que vaya más allá de la

propia vida, ya que ésta

se acaba pronto y es en

sí un paso para ir más

allá. Perderse en lo

cotidiano y cercano es

perderse el verdadero

camino: Que tu pensamiento

de vida te  guíe por el

camino del Bien

y de la Verdad que no

muere.

 

 

María, mi madre no

es mediadora de Bien

y de Verdad, es el Bien

y la Verdad misma. Ella

es la intermediaria de

los necesitados, de los

sufrientes, de los tristes

de corazón, de los apartados,

de los oprimidos, de los

enfermos, de los que no

ven esperanza en sus

vidas. Ella es el Espejo

de la Bondad infinita

y acoge a los hombres

y mujeres como hijos

e hijas necesitados de

su amor y comprensión.

Con ella no hay mal,

Todo es dulzura y

bienestar. Ella es la

madre del hijo de la

tierra e intercesora de

ellos ante El Que Todo

lo Puede. Su Luz es propia

y emana de su Bien

e ilumina toda desgracia. Ella

es el Consuelo de Toda pena,

el Pañuelo de Toda Lágrima y el

abrigo de todo frío. 

 

DCCXI

DCCXII

DCCXIII

 

El hombre ha de conocerse

para descubrirse, ya que

quien no se conoce se

ignora y no sabrá de sí, ni

de los demás. Ignorará sus

cualidades, defectos y vicios,

con lo cual llevará una

vida que no será la suya,

sino que irá con un desconocido

del que no sabrá nada,

ni sus talentos, ni su bien,

ni su mal. Su camino

será de ceguera y su don

se perderá sin provecho:

El hombre ha de comprenderse

para amarse y poder amar

a otros. Ha de descubrirse

para saberse. Quien se ignora,

se pierde para él y para los

demás: Qué tu oculto te

lleve a donde debes ir. Quien

se conoce, puede amarse y

quien se ama, puede

amar.

Hay dos mundos, el que

se ve y se percibe con los

sentidos y el que no se ve

ni se percibe con los sentidos.

Uno y otros existen en la

realidad, aunque el que no

se percibe, va más allá de la

realidad del hombre. Ese

mundo donde no hay materia

es sólo percibido por los sentidos

del alma, allí moran los

espíritus y su energía, positiva

o no, se extiende por el

Universo. Muchos hombres

temerosos de lo que se les

escapa a su ínfimo control,

prefieren negar lo que son

incapaces de percibir. Eso

es indiferente a la

existencia de lo invisible

a donde llegará lo más valioso

del hombre: Su esencia.

 

Un saber imposible para el

hombre es algo que cierra

su inteligencia y no la

abre a la luz del conocimiento.

A ese saber al que no se

alcanza, sólo es posible

acceder mediante la fe.

La fe en lo que no es

comprendido pero se intuye

que existe. Esa fe fue

reforzada por mi venida

al mundo de los hijos de

la tierra e hizo

comprensible a la razón

del hombre, que hay fuerzas

poderosas que no ve, aunque

si puede sentirlas, que hay

otras dimensiones a las que

conoce y que no puede

explicarlas con su sola razón,

ya que sólo es posible llegar

a ellas por la fe y la

esperanza: Lo que el hombre

no es capaz de saber, ha de

sentirlo para creerlo.

 

DCCXIV

DCCXV

DCCXVI

 

Qué tu cotidiano no te

distraiga de tu esencia

verdadera, la que está más

allá de lo cercano y más

allá de ti. En esa esencia,

tú eres tú, un ser único

e irrepetible más allá de

tu propia razón y de tu

propio ser: Eres un espíritu

que ha de llenarse de

eternidad verdadera.

El aliado del Mal podrá

ganar la tierra, pero

cuando le llegue su

momento, sabrá que no

es nada lo obtenido

y su precio es un precio

de eternidad.

 

Ríos de fuego ennegrecerán

la tierra. Las gentes huirán

sin saber a donde. Los ríos

se tornarán un fuego y de la

tierra surgirán lavas ardientes.

Muchos que no creen, querrán

creer, más la fe no se aprende

por el miedo. La fe es un

convencimiento interior de lo

que rige, lo que se ve y lo que

no: El que quiera salvarse,

se salvará. El hombre será

escuchado y sus súplicas serán

atendidas. Sólo quedará lo

que importa al hombre, lo

accesorio se perderá.

 

DCCXVII

DCCXVIII

DCCXIX

 

Quien daña o hiere en

cualquier manera a alguna

de mis criaturas, me daña

o hiere a mi. Quien ayuda

y ama a cualquiera de mis

criaturas, lo hace conmigo

y sus recompensa será de

eternidad.

 

Todo bien procede del Bien

y todo mal procede del Mal.

Todo bien ha de volver a su

lugar de procedencia y todo

mal al suyo. Si el bien no

vuelve a su lugar y es devuelto

por su poseedor, se volverá

contra él y derivará en mal.

El bien es dado para ser usado

en el bien del hombre y si su

uso es en beneficio único de

su poseedor, se transforma en

elemento de mal, ya que mal

hace al no cumplir su propósito

para el que fue dado: Ayudar

a los necesitados y mitigar

el daño y el mal de los

desfavorecidos por los dones

de la naturaleza. Ni el

bien se volverá mal, ni el

mal se tornará bien. El uso

que el hombre haga de su bien

lo acrecentará o disminuirá a

los ojos del Que Todo lo Da.

 

Lo incomprensible no se

comprende, no por falta de

inteligencia para ello, sino

por falta de datos. Es debido

a la ignorancia de lo oculto

por parte del hombre. Vencer

esta ignorancia de lo oculto

es desvelar los secretos que no

lo son, ya que todo lo creado

se haya a disposición del

hijo de la tierra en donde

su inteligencia y razón

pueden hallarlo: Cuando

el hombre use todas sus

facultades sin temor a lo

que desconoce, sabrá de

lo oculto y descubrirá lo

que desconoce.

DCCXX

DCCXXI

DCCXXII

Muchos son los defectos que

el hombre lleva. Deberá

librarse de ellos y convertirlos

en estela de su propia luz

que iluminen su camino:

Por cada defecto que se logre

corregir, una nueva luz

surgirá de ti, que no sólo

te alumbrará a ti, sino al

que te conozca o te vea. Tu

serás tu propio fanal y faro

de otros.

 

Son defectos del hombre:

la envidia que corroe

sus entrañas. El odio

que carcome su alma.

El resentimiento que atrofia

y anula su bondad. La

soberbia que entorpece su

débil espíritu. El egoísmo

que le hace atesorar, en

su desconfianza en la

Providencia. La avaricia

que le hace despreciar

lo que no aumenta su

beneficio. La gula que

lo enfermará de cuerpo

y mente. La lujuria

que lo apartará de la

pureza que le fue entregada.

La crueldad que provoca

tanto daño y mal. La

incredulidad, que le impide

acercarse a la única verdad.

La ruindad, que le anula

la generosidad de espíritu con

la que fue dotado. La indiferencia

que tapa el sufrimiento de

los demás y no ayuda a

mitigarlo. La impiedad que

consume su tiempo en el

vacío. La pereza que impide

cumplir con las obligaciones.

El rencor que niebla su

razón, ahoga su corazón

y oscurece su bondad.

La envidia enfermiza que

desasosiega su espíritu.

La debilidad que lo entrega

a vicios y excesos. La ambición

desmedida a costa de otros

sin importarle el daño que

pueda causar. La codicia

de los bienes ajenos y

de lo que no sea suyo.

El egoísmo de mirar para

sí en exceso y a costa de otros.

La deslealtad para consigo

y para otros. La traición,

ya que quién así obra, se

rebaja ante sí y ante los

demás. La deshonestidad,

que hace perder al hombre

el respeto hacia sí. La

malevolencia, la maledicencia

y la maldicencia, frutos

innobles del corazón. La

cobardía que nace del

miedo que no se es capaz

de vencer. La ignorancia

a causa de la indiferencia

hacia el saber o por

negarse al esfuerzo de

aprender.

Estos defectos del hijo de

la tierra son adquiridos

en su camino de vida

y éstos habrá de corregir

para ser el que era y el

que debe ser para llegar a

alcanzar el sendero de

Luz.

 

Más son los defectos del hombre

que posee en su interior, que

los que presenta a la vista,

ya que éstos no dañan su

alma y los que posee en

su interior, son adquiridos

en lo más negativo de sus

intenciones. Son algunos

frutos de apariencia

sana y agusanados por

dentro: Al Que Todo lo

Ve, no se le oculta ninguno

de los disfraces de la

maldad, por mucho que

trate de disimular su

condición.

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