Yo desvelo
pulsar 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,12,13,14,15,16,17y18 11 (DCII - DCLXII) DCII | DCIII | DCIV | | En el Universo invisible donde moran los espíritus, las almas afines llegarán a encontrarse. Su unió será indivisible y formarán un solo espíritu en dos imágenes distintas. Una y otra se fundirán en un abrazo eterno en presencia del Espíritu del Bien y del Amor Infinito. Los espíritus que no lo deseen, permanecerán igual y ambos, los unidos y los que no, si son de Bien y Verdad, se unirán ante la Suprema Presencia del Creador de lo Creado. | Si tu logras ser tu, serás diferente y los demás hombres distinguirán tu diferencia, que ellos también poseían y que prefirieron perder. Los demás hombres te admirarán y te colmarán de honores sólo por ser tú, por no dejar perder tu cualidad única, esa que te señala como ser distinto y por ello valioso y verdadero. Tú eres de verdad y tu eres verdad, en ti no hay artificio y todo en ti es natural. A ti va dirigido mi mensaje, al hombre que ha decidido ser como es y no una copia de otros que a su vez son imitación de otros, remedos de hombres, y caricaturas de ellos mismos. Caminos sin fin que se pierden entre la niebla. Seres sin identidad, hombres sin conciencia de quienes son, que se han extraviado en la corriente humana y van al mar de la duda. | Lo que vive existe y lo que existe es, todo lo que vive y existe ha de cumplir con su función primordial: La piedra existe y ha de ser piedra. El mar existe y ha de ser agua. El Universo existe y ha de ser como es. El hombre vive y existe y ha de cumplir ambas funciones. La sociedad de los hombres pretende sustituir con sus poderes e influencias sobre el hombre, cualquier otro mandato que no sea el suyo y el de sus leyes. Más el hijo de la tierra está sujeto a otras fuerzas y poderes, fuerzas y poderes que el hombre lleva en sí y donde el poder de otros hombres nada ha de hacer, ya que nada puede contra ellos. El hijo de la tierra es también hijo de lo infinito de lo eterno y allí, en el Reino del Espíritu nada son vida, ni siquiera la palabra del hombre, ya que vida y muerte nada cuentan más allá de aquí, y el hombre está destinado al infinito de lo eterno. |
DCV | DCVI | DCVII | | El hombre sabe lo que ha de saber y sabrá lo que habrá de saber. Las dudas del hombre no son dudas, sino sus propios límites de saber. Hay un saber que no es de inteligencia, sino de sentimiento, de corazón. Ese saber que no proviene del intelecto sino del instinto genético o de su espíritu, es un saber que no contempla la duda, ya que lo que sabe es instruido o sentido, no pensado o razonado. De ese saber proviene la fe y la esperanza y también la ilusión. Quien sobrepone un conocimiento a un saber instintivo o heredado, llega a la duda y esa duda azotará su razón y lo llevará a sus límites y si persiste en su perniciosa actitud puede llevarle al desvarío de la locura: El hombre no debe luchar contra él, ya que siempre perderá. | Hay dos inteligencias en el hombre, la inteligencia de la razón y la inteligencia de su espíritu, ambas deben evitar su confrontación, ya que se debilitarían en la disputa y la duda sería la vencedora. Esa duda lo inmovilizaría en su actitud y sería incapaz de tomar una decisión ya que no sabría hacia qué lado habría de hallar su verdad. El hombre debe dejar actuar sus inteligencias y no tratar de inclinarse hacia una u otra. Si obra con buena voluntad, el Espíritu del Bien y de Verdad le mostrará el camino que debe seguir. El hombre no debe dejar que el mismo lo engañe y no engañarse a si mismo, sino que ha de confiar en su espíritu de verdad y ser fiel a sí mismo. | No hay hombre superior o inferior a otro hombre a los ojos que Todo lo Contemplan. Sólo el hombre diferencia a unos de otros según sus preferencias o actitud y siempre al juzgar a otros hombres procura situarse por encima de ellos. El hombre en su erróneo juicio no se guía de su razón, sino de su soberbia y esa vanidad le hace creer que él es más que otro o menos que ese otro, según valore lo que ese otro posea o el cree que posee: Todo hombre en cuanto hombre es portador de un espíritu único y propio y eso lo hace ser singular y diferente a cualquier otro. Su alma inmortal y su elección lo acercará o alejará de la única Gloria Eterna, lo demás son quimeras humanas. |
DCVIII | DCIX | DCX | | Más debe valorar el hombre el saber natural o adquirido de otro hombre, que su poder o riqueza y mucho más aún su bondad, ya que esta cualidad lo acerca al Bien y otras cualidades no. Ante la bondad, el hombre se siente agradecido de serlo y reconoce que aún le falta camino que recorrer en su propia vida, ya que la vida del hijo de la tierra debe ser la aspiración al Bien y para ello ha de prescindir del amor hacia él y su exceso debe verterlo en los demás: Mientras más améis a mis criaturas, más os amaré a vosotros. | Quien pisa las aguas cenagosas del mal, se mancha con su fango y aunque se lave, su olor le acompañará mientras viva, ya que el mal penetra hasta los cimientos del alma y no es fácil de erradicar. Sólo su abandono y olvido, de cuerpo y espíritu, lavará lo encenagado y lo volverá como era antes de entrar en esas malolientes ciénagas: Quien se baña en las aguas puras del Bien, se lava y limpia de las miasmas del mal y podrá así presentarse ante Él. | No hay veneno sin su antídoto, ni mal que no tenga cura. Lo difícil es conocer su sanación y aplicarla como se debe. El hijo de la tierra podrá sanar su alma enferma por el mal, si conoce y aplica su remedio. Este remedio lo posee en sí mismo y para que aflore ha de recuperar la fe en sí mismo y en la esperanza de existencia eterna. Esa fe y esa esperanza llenarán su vacío y recuperará su salud perdida. |
DCXI | DCXII | DCXIII | | La barca del hombre está hecha de restos y retazos de otras muchas naves. A esto se le unen los propios suyos y así se forma una embarcación distinta y lista para surcar las aguas tranquilas o turbulentas de su vida. Cada trozo de madera lleva impresa su historia y esta no es otra que la de la Humanidad entera que porta cada hombre. Aunque su propio orgullo y soberbia le arrastrarán a cometer los mismos errores que otros antes que él cometieron y que él sabía antes de cometerlos que lo eran. Su olvido está inspirado por el soplo del Mal y su acierto por el Espíritu del Bien que inspirará sus pasos hacia la Verdad. | Desde que nace hasta que muere el hombre es ignorancia con deseo de saber, ese deseo por conocer lo que ignora, le permite avanzar en su estrecho sendero de Luz. El hombre sólo con sus cualidades, nunca llegará a conocer la Verdad, ya que su límite le impiden sobrepasarlo y la Verdad se halla más allá de él y de su inteligencia. Sólo puede saber el hombre a través de la fe y la esperanza, fe en lo que ha sido dicho para él y esperanza en lo venidero más allá de su propia mortalidad. Confiar en lo dicho para él, es creer con los ojos cerrados y con la vista abierta del espíritu que ve más allá de su propia inteligencia. | Hijo de la tierra mira tus manos vacías después de dedicarte a tu trabajo, a tu familia y amigos, mírate, tus manos son lo que eres, lo que cuando llegue el momento habrás de presentar. Aún estás a tiempo de llenarlas, para ello debes mirarte con los ojos que miran el alma y mirar a tu alrededor con los ojos de la vista. En tu interior te descubrirás a ti mismo y fuera verás a los demás, los muchos necesitados a los que debes socorrer: Lo que le hagas a mis criaturas, me lo haces a mi y así será puesto en tu balanza de eternidad. Lo que ayudes, serás ayudado y lo que dañes, serás dañado: Ayuda y te ayudarás. |
DCXIV | DCXV | DCXVI | | Muchas son las obligaciones del hijo de la tierra y ha todas ha de atender: A su trabajo, a su pueblo, a su familia, amigos y conocidos, a las leyes de su territorio y a las leyes de donde vaya. Estas obligaciones con ser muchas no bastan, ya que aún le quedaría por cumplir las obligaciones para con el mismo y con su fe y estas son igual de importantes que las demás y más aún. Le quedarían también las obligaciones con los necesitados, ya que como tales hay que tomarlas. De todas las obligaciones del hijo de la tierra no debe dejar al olvido las que se debe a él en cuanto ser sujeto a voluntad de elección y ha de procurar que no le abandone su voluntad de bien y afianzar la fe y esperanza de su espíritu en su trascendencia inmaterial y eterna. | El hombre persigue el infinito de lo eterno porque es infinito en su eterno. Nada del hombre muere excepto su vida que se acaba. Su materia pervivirá en forma distinta. Su agua continuará y sus minerales se incorporarán a la tierra. En el agua, en la tierra y en el aire, el hombre permanecerá diseminado. De él beberán, de él respirarán y de él comerán en las plantas o animales que se alimentarán de él. Su espíritu, su alma que es lo inmaterial que porta desde su concepción, es materia inaprensible e infinita. A ella se agregan sus pensamientos, su inteligencia y todo cuanto contiene su mente que no es materia corruptible, sino incorrupta y etérea. Esa sustancia en forma de energía luminosa es cuanto es, ha sido y será el hombre, y su ser es infinito en su eternidad: El ser forma parte del Infinito de Él, el Ser Supremo. | Cuando el espíritu del hombre se une a su espíritu de eternidad y forma uno solo, el hombre se transforma en un ser distinto y único y al mismo tiempo igual al que era: Su palabra será oída y entendida. Su aliento exhalará perfume a flores en primavera. Su cuerpo se deslizará por la tierra sin esfuerzo y sus pasos no pesarán en el aire y no dejarán huellas en la tierra. Su figura emitirá una tenue claridad que alegrará a los hombre en lo más profundo de sus corazones. Vuestro corazón se unirá al suyo y sus deseos de bien se transformarán en bondades. Su pensamiento estará unido al Que Todo lo Ama y os comprenderá sin hablar. Su cuerpo no se fatigará, ni el dolor lo castigará. El tiempo detendrá su senectud. Su palabra aliviará y su contacto sanará. El Mal nada podrá contra él ya que el Espíritu del Bien lo ilumina con su Luz de eternidad. |
DCXVII | DCXVIII | DCXIX | | No por negar el hombre su alma inmortal, ésta deja de ser y existir en vida y cuando ésta cesa. Quien no tiene fe y la niega, no tiene esperanza en otra existencia más allá que la que vive en la tierra. Ello le hace encerrarse dentro de los límites estrictos de la materia, con lo que limita su propia inteligencia, a la que no valora más que por su utilidad y piensa que morirá con él. El hombre que vive conforme a su mortalidad total y se cree ausente de espíritu, desperdicia su vida en obras y afanes de los que ninguna consecuencia quedará. Mi palabra resbala por sus oídos y mis señales son ignoradas. Ese hombre incrédulo, habrá de creer en mi Padre si no quiere negarse a aceptar el Bien que se le ofrece, siempre que su vida sea de bien, sino habrá de aceptar su negación y sus consecuencias. | No porque no creas en la existencia del más allá, dejará de existir. El hombre que no cree, vive una vida ficticia y teme enfrentarse a su verdadera verdad mortal. Su temor le angustia y se refugia en la distracción que ofrece el mundo de los hombres, para escapar al pensamiento de una vida sin sentido. El hombre que cree, al contrario del incrédulo, no teme aceptar la muerte, ya que es un tránsito obligado a una existencia completa. No le preocupa la muerte, ya que para él no existe como tal, sino como una continuación de eternidad y una posibilidad de Gloria eterna cerca del Creador. El incrédulo es incapaz de vivir una vida plena, ya que la muerte acecha para arrebatársela y la inquietud por ello lo acobarda mientras vive: Quien cree en mi, no temerá ni en vida ni en muerte. | Quien no cree, puede no creer por distintos motivos. Porque no ha conocido ninguna posibilidad para creer o porque se ha negado a conocerla al no admitirla. Sea por el motivo dicho o porque su razón no cree lo que no ve, ni siente, el hombre ha de poseer una conciencia que le avise del mal cometido y su necesidad de corregirlo o de no volver a dañar o cometer mal. El que no posea esa conciencia de corrección no le afectará el mal que ocasione y si hace algún bien, será para obtener algún beneficio, no por deseo de bondad. Quien no tiene conciencia, no vive, está muerto entre los vivos y sólo puede fingir que siente dolor ante el daño de los otros. Su alma está vacía y no puede creer en nada ni nadie que no sea él. |
DCXX | DCXXI | DCXXII | | Ellos han nacido así y no pueden evitarlo. El Espíritu del Mal se apoderó de su conciencia en su concepción y al no distinguir el bien del mal en su corazón, aunque sí en su inteligencia, los hacen ser presa fácil de la Maldad. Su vida es la tortura de no sentir y el fingimiento de representarlo de continuo. A su muerte serán llevados ante El Que Todo lo Puede y ellos elegirán en espíritu, si se quedan con el Bien Absoluto o con el Mal Eterno. | Lo que existe es lo que hay y lo que no hay, lo que se ve y lo que no se ve, lo que amamos y lo que no. Lo que existe es para ti y lo que existe y percibes o crees que existe, también. Lo que piensas o imaginas, existe o puede existir. Lo probable existe tanto como lo improbable. Lo real no es menos cierto que lo irreal o aparente. Las formas no son nada, ya que de nada dependen. No ves, ni sientes, ni percibes lo que hay, sino una minúscula parte de ello. En tu propia limitación está tu grandeza, hijo de la tierra, ya que eres capaz de ver lo que no ves, creer lo que sientes y percibir lo que está fuera de ti. Esa cualidad te hace único y grato a los ojos del que te creó, antes, mucho antes de lo que te imaginas. En ti hombre está el Todo y está la Nada, eres lo real y el absurdo, lo poco y lo mucho. Lo que es capaz de amar y lo que no. Lo perdido y lo hallado. Lo que está aquí y fuera de aquí. Tú hombre eres lo más cercano y lo más lejano. Eres como el rizo del agua y una ola inmensa. En tu pequeñez está tu grandeza, y en tu bondad tu quimera, tu ilusión de ser más allá de ti. En tu fe se halla tu esperanza y nada de lo que existe para ti podrá defraudarte, ya que es lo que anhelas desde que llegaste. En ti todo pasará rápido y también lento, pasará y no pasará y se quedará para siempre en tu eternidad. Amas el silencio y la luz, la oscuridad y la algarabía. Amas lo que odias y odias lo que amas. En tu contradicción está tu grandeza y de ella no podrás salir, sino es para glorificar la grandeza de la Gloria, tan aparente como real y tan llena como vacía: Todo es como tú crees que sea. | En la razón de lo absurdo radica lo absurdo de la razón cuando no tiene uso de ella quien debería tenerla. El absurdo de la razón se contagia entre los que no usan la razón de forma usual, sino para justificar su absurdo de vida o su vida de absurdo: La razón es parte de la inteligencia y ha de usarse con la coherencia que justifica su nombre. |
DCXXIII | DCXXIV | DCXXV | | Si los demás no piensan en lo que debería de pensar, has de pensar en los demás, ya que no puedes pensar por ellos: El pensamiento es individual e indestructible y tan libre como el aire. | Quien teme a la Verdad no la afronta en su razón, ni en su corazón y no llega a conocerla, sino cuando llega su momento de Verdad. En ese instante ya no habrá nada que temer, pues su espíritu dejará su cuerpo y conocerá lo que cada hombre ha de conocer: Su momento de Verdad habrá llegado. | Se explica la no vida con la vida, lo ilógico con lo lógico, lo irracional con lo racional, lo irrazonable con lo razonable, la sinrazón con la razón. Todo es explicable cuando se desea comprenderlo y nada se explica, ni se comprende cuando no se desea. El hombre sólo entiende lo que desea entender, lo que no desea obstruye su razón y oscurece su entendimiento. No sólo vive quien vive, sino todo aquel que existe en la vida mientras esta es. La vida une a todo lo vivo con lazos e hilos invisibles. La muerte, al contrario, separa lo vivo de lo que no, aunque una a lo que vive hasta el infinito de la eternidad. |
DCXXVI | DCXXVII | DCXXVIII | | Cuando las palabras se unan en tu mente sin causa ni motivo para ello, escúchalas peregrino de luz algo quieren que sepas de lo mucho que ignoras. Oye pero ten cuidado, pueden ser palabras sabias, palabras eternas o palabras engañosas que te lleven al error: Lo que nace en ti, no siempre es tuyo. El mundo de las palabras del silencio, está plagado de miedos, engaños y verdades. A ti toca distinguirlos. | Dos son las palabras del hombre: La que viene de fuera y la de su interior. La palabra de los demás hombres es en beneficio de ellos y la suya, es beneficio suyo. Sólo la palabra de fuera que llega para ayudar es digna de escucharse e incluso de seguirse, más no suele ser así y el hombre usa la palabra como entretenimiento o engaño a los demás. La palabra de uno tampoco ha de seguirse siempre, ya que aunque la voz interior no suele ser engañosa, a veces se equivoca y lleva al error o ir contra las normas de los hombres, lo que ocasiona perjuicios que deben ser evitados: El hombre sólo ha de seguir la voz de su conciencia de bien, ya que esta no le ocasionará mal alguno. Cuando hable tu bien, escúchalo. Cuando hable tu mal, ignóralo. | Cuando la noche eterna cierra los ojos del hombre, un nuevo día comienza para él. Un día lleno de Luz y promesas esperadas. Su paso por la tierra ha sido obligado para dar éste. Allí le espera al hombre la razón de su fe y el fin de su esperanza. La certeza a su duda y el principio sin final, el principio continuo de su existencia más allá de su vida. El paso es inevitable y nada es más cierto. El que lo disimula, se miente a sí mismo y auque no hay disimulo en la existencia eterna, si lo hay en la vida, más esa mentira no engaña sino a los que desean engañarse o ser engañados: Cuando acaba la vida, se inicia la existencia incorpórea. |
DCXXIX | DCXXX | DCXXXI | | Rasga el velo de tu tiniebla y ábrete a la luz que nunca cesa, la Luz que mana de la existencia eterna para guía de la bondad. El hombre que no cree, no será capaz de rasgar su velo de oscuridad y habrá de esperar a que llegue su momento de Luz y se le señale su camino, para ello ha debido de ser tan bueno con los demás como consigo mismo incluso más. Sólo así verá iluminarse su tiniebla con luz de eternidad. | No te olvides de los que amastes y se fueron más allá de la vida, pues ellos no se olvidan de ti. Ellos te confortan en la soledad de tu angustia y te ayudan en tu paz de espíritu. Ellos saben que un día irás a ellos y las almas sentirán el gozo de su compañía anhelada. | Yo soy el agua de tu río, el grano de tu pan y la carne de tu cuerpo. Y lo mío me llevaré cuando llegue su momento. Me llevaré tu agua, tu grano y tu carne y a otros saciará y alimentará. Más lo tuyo que eres tú, ese, se quedará contigo para siempre. |
DCXXXII | DCXXXIII | DCXXXIV | | Tu agua va en una gota que se desliza por la corriente de un arroyo violento, baja hasta el llano y se aplaca su furia. Se vuelve manso y riega la tierra de sus orillas. Tu agua es la misma y ya no es igual, ha perdido el ímpetu de su inicio. Tu agua va en mi río con otras muchas y siguen mi cauce sin extraviarse. Una gota es poco en sí, pero muchas forman un río. Aunque tu gota forma agua, sigue siendo la misma y si la separas o la bebes, verás que eres tú. Tu gota es única y como única será tratada. Tu agua siempre pervivirá aunque llegue al mar o a un lago, o auque se evapore y vuelva a caer. Siempre será la misma agua. | Mira a los hijos de la tierra, parecen hormigas presurosas que siguen el camino trazado. Otros parecen hormigas exploradoras y se salen de los transitados caminos. Unos y otros van afanosos en busca de su alimento. Las poblaciones parecen gigantescos hormigueros. Los hijos de la tierra entretenidos con sus afanes e igual que las hormigas, no miran al cielo. Sus miradas rara vez se levantan y se pierden en el azul o se entretienen en observar la forma cambiante de las nubes. Todo su mundo parece reducirse a lo cercano, a lo inmediato y se olvidan, o no quieren pensar que hay un más allá que deberán conocer, y que sus vidas no son tan simples o complicadas como creen, sino algo más y distinto que lo ordinario. La vida del hombre está dada pera su continuidad, y para la búsqueda de la luz de su espíritu. | No temas la losa del olvido por quienes serán olvidados. Tú, lo que eres tú, no podrás ser olvidado porque siempre estarás, en la tierra, en el agua, y en el aire en otra forma. Y con la forma de tu espíritu que no ha variado ni variará nunca, estarás en tu lugar merecido. |
DCXXXV | DCXXXVI | DCXXXVII | | Las almas de los condenados se retuercen como las llamas de una hoguera movida por el viento. Buscan y no hallan sino soledad, vacío, horror y desesperación. No sienten dolor pues no pueden sentirlo. Sienten la angustia de las fuerzas oscuras que las empujan y las doblan y aplastan. Son oscuras, son casi tan oscuras como la tenebrosa tiniebla que las rodea. El cerco es opresivo y fuerzas malignas impiden escapar. Es un inmenso agujero negro que gira vertiginoso sobre sí mismo. Su atracción es enorme y su influjo, en un descomunal torbellino de maldad, lleva al centro mismo del horror del Mal. No es posible huir, evadirse de su fuerza. Sólo queda sobreponerse al Mal y a su poder e implorar al Señor del Universo piedad y perdón: Sólo así podrán salir del lugar donde mora el Espíritu del Mal eterno y las almas perdidas por él y entregadas a él. | La luz oscura del Mal emana hacia las almas de los perdidos y las tiñe de tinieblas. El torbellino del Mal que todo lo engulle las arrastra de forma implacable hacia el centro de la oscuridad eterna. Las almas tratan de evitar ser absorbidas por su fuerza maldita, pero es inútil resistir su poderosa atracción: Su salvación sólo está en ellas y en el Que Todo lo Puede. | En la luz oscura del Mal late el corazón de su espíritu: El corazón de Zoeltebec. Allí se retuercen las almas, condenadas a su presencia eterna, en el más absoluto desamparo. Su soledad es total y cada alma sufre por ella sin importarle las demás. Una vez llegados al Espíritu del Mal, se integran en éste y forman parte de la negrura del Mal y de lo incierto de lo cierto. |
DCXXXVIII | DCXXXIX | DCXL | | No hay vida después de la vida, sino muerte y existencia. Lo que existe después de la vida no tiene porqué estar vivo, sino que sólo existe. Su forma varía, más su esencia se recoge en su espíritu y su alma perdurará eterna en los hijos de la tierra. En los animales no hay alma, ya que ésta es sólo privilegio humano, no obstante los animales son diferentes unos de otros y son capaces de albergar sentimientos. Estos sentimientos positivos no dejan de existir con ellos, y los negativos tampoco. Ese casi espíritu animal no se pierde con la muerte y aunque no sea igual al del hombre, puede unirse con los seres a los que han amado, sean animales u hombres: Los que se aman se unirán en espíritu más allá de su muerte. | No porque el hombre quiera detenerse, se detiene, ya que donde está se halla en continuo movimiento. Movimiento éste, tan invisible como inapreciable. El hombre no porque no quiera pensar, es capaz de detener su pensamiento, ya que éste no parará mientras esté vivo. En pararse y en no pensar o pensar, no influye la voluntad, sino de forma aparente, ya que tanto pensamiento como otras energías se manifiestan de manera y forma independiente del propio hombre que las porta. Otras energías son plenas y conscientes del que las ejecuta, ya que en ellas predomina y actúa la voluntad del ejecutante. De esos actos voluntarios y propios, el hijo de la tierra habrá de responder ante Quien Todo lo Puede. | El hombre no vería lo justo, sino existiera lo injusto. Hay dos justicias: La del hijo de la tierra y la del orden Universal, una y otra se rigen por principios distintos. La justicia del hombre, se aplica con la mira del hombre y ésta ha de regirse por leyes y normas admitidas entre los hombres. Esta justicia es tan variable como necesaria en la convivencia humana. Esta justicia del hombre es capaz de contemplar el mal como acto necesario de convivencia y admitirlo como si de bien se tratara. Pasar actos injustos por justos es propio de la confusión del hombre propiciada por los seguidores del Espíritu del Mal, los cuales logran convencer a muchos de la bondad de su maldad y que sea admitida como tal bondad: Los inspiradores del mal, sufrirán por ello cuando les llegue su momento de verdad. |
DCXLI | DCXLII | DCXLIII | | La ira nubla el entendimiento y confunde a la razón. Los actos guiados por la ira caen con facilidad en el error. El error es fruto de la ignorancia o de la ira descubierta o oculta. El hijo de la tierra ha de mitigar su ignorancia y calmar su ira. También nace el error de la distracción o de la desidia o pereza. En todo error hay consecuencias no deseadas que el hombre ha de tratar de mitigar, sino puede evitarlas. En el error al no ser movido por una acción de mal, no es negativo en sí, y puede derivar en acción positiva, ya que sólo el mal causa mal intrínsico y cierto. El error puede o no causar mal o daño, aunque de él se responderá por el daño o mal causado. | Al ser elevado el hombre entre los hombres, se alimenta su vanidad y llega a creer que vale más que otros hombres. Ese es un error de vanidad ayudado por su ignorancia: Todo hombre es igual de valioso para El que Todo lo Ama. | La justicia del hombre contempla el error y lo castiga como tal. En el orden Universal ni se contempla el error, ni es posible su castigo, ya que lo deficiente o defectuoso no es posible, y si surge o acontece es debido a influencias o acciones contrarias al referido orden Universal: Lo no humano es como Él Quiere que sea y lo humano también. |
DCXLIV | DCXLV | DCXLVI | | Los hombre del Mal son los hijos del Mal. Ellos caminarían sobre las brasas encendidas antes de cambiar sus ideas o acciones de maldad. El Mal anida en sus corazones como el fuego perpetuo que no se consume y antes de renunciar a él prefieren que les acompañe después de sus vidas: Ellos verán cumplidos sus deseos. | Toda injusticia es una perturbación de la razón que debe iluminar cualquier acción humana. El injusto causa daño con su acción, ya que, como El que Todo lo Da, debe repartir a cada cual según le corresponde: Si así lo hace actuará como debe, si no causará daño y mal. | Sólo los hombres de Mal incapaces de mostrar piedad por sus males causados y orgullosos de serlo, verán las tinieblas espesas de la eternidad del Mal. Ellos ni se apiadan, ni desean que se compadezcan de ellos. Su soberbia de Mal les llevará al fin que buscan: Ellos han elegido y sus deseos de maldad eterna se cumplirán. |
DCXLVII | DCXLVIII | DCXLIX | | Quien no ama al hombre, no me ama a mi. Quien desprecia al hombre, me desprecia a mi. Quien daña o hace mal intencionado al hombre, me lo causa a mi. Quien abusa del hijo del hombre en cualquier modo o sentido, abusa de mi. Ama al hombre, tu hermano, y me amarás a mi. Lo que a ellos hagas de bueno, me lo haces a mi. Y de lo bueno que hagas a otros, yo lo sabré y el Espíritu Santo te protegerá contra todo mal. | Aunque el Espíritu de Bondad acompañe a todo hombre, algunos se apartan de su Bien y desprecian su compañía y lo apartan con fiereza de su lado. Ellos prefieren el lado oscuro del Mal y a él se entregan. Para ellos el hombre no es un hermano, ni siquiera su semejante igual a él, sino algo a utilizar y destruir si le estorba en su camino o ambición. Esos hombres no dudan en su elección de Mal y dañan al Hijo del Hombre, y ese mal y ese daño me lo causan a mi y a ellos mismos. Cuando les llegue su momento de Verdad. | Hay dos vidas en el hijo de la tierra: La vida externa o de relación con la naturaleza y los demás hombres y la vida interior donde se relaciona con el mismo. Ambas vidas han de estar equilibradas y el hombre ha de saber hallar a otros hombres y ha de saber hallarse a sí mismo. El Espíritu del Bien y de Bondad acoge a las dos vidas del hombre y quien se deja guiar por Él, llega a Él. |
DCLX | DCLXI | DCLXII | | Durante el sueño del hombre, su espíritu vaga libre de su cuerpo y es capaz de permitir que otros espíritus se acerquen a él. También es capaz de rememorar vidas o momentos suyos o de otros hombres. En el sueño el hombre es más vulnerable, ya que su voluntad está debilitada por el cansancio: Sus ángeles guardianes velan por él. | Cuando nací a la vida en la tierra, las estrellas del firmamento palidecieron aunque pocos hombres lo vieron. Una estrella luminosa, más luminosa que las otras, señaló el lugar de mi nacimiento. Aunque muchos vieron esa estrella de luz, pocos supieron entender su mensaje. Sólo unos pastores y unos adivinos supieron lo que se decía en el firmamento. Ellos sintieron que un prodigio diferente a lo conocido acababa de llegar, y ellos fueron a adorarlo y a entregarles sus presentes: Ellos fueron bendecidos por mi Padre, y ellos vieron lo que había de ver y supieron lo que había de saber: Su Enviado había llegado. | Existen dos clases de espíritus: Los vivos de los vivos y lo que sólo existen. Los espíritus vivos no es que vivan, ya que no pueden ni vivir ni morir, sino son los que habitan en los hombres mientras estos son. Una vez que dejan de ser, su existencia deja de estar condicionada por su huesped y van libres por dimensiones desconocidas para los hijos de la tierra. Mientras los espíritus habiten en un cuerpo, dependen de él y de su voluntad de bien, de mal o de indiferencia. Una vez libres de sus cuerpos se quedan como son, sin capacidad de mejorar o empeorar: Para ellos comienza su eternidad. Ellos portan la esencia de los hombres que habitaron: Son sus almas inmortales. |
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