Yo desvelo
pulsar 1,2,3,4,5,6,7,8,9,11,12,13,14,15,16,17y18 10 (DXLII - DCI) DXLII | DXLIII | DXLIV | | Él no acusa, Él no daña, Él no reclama, Él no juzga, Él no ataca, Él no exige, Él no se venga, Él no condena. Él ama, Él perdona, Él acepta, Él cura, Él da. Él se ofrece al hijo de la tierra para fortalecer su voluntad de Bien y su anhelo de Verdad: Él ilumina con su Luz la oscuridad del hombre y la llena de Bondad eterna. | Quien no cree, no halla consuelo en sus horas amargas. Sólo el olvido aliviará sus males y curará sus heridas. El que cree no necesita el consuelo del tiempo que olvida, ya que su esperanza en el más allá y en la Providencia le permitirá afrontar su desdicha y apurar hasta el fondo su ración de hiel, porque Él así lo quiere: Su aflicción lo elevará y su abatimiento se disolverá. | En el más allá, nada hay más lejano. En el más allá se halla todo lo que falta en el mundo. En el más allá nada falta ni nada sobra. En el más allá los espíritus afines se encuentran. En el más allá reina la armonía de las almas libres. En el más allá se recogen todos los pensamientos y sensaciones humanas desde su nacimiento, hasta su muerte. En el más allá se halla el ser humano entero en todo su tiempo vital. En el más allá no hay temor ni ambición, deseo ni dolor. En el más allá nos hallamos los hombres donde la Creación del mundo. En el más allá se halla la plenitud humana. En el más allá no hay tiempo ni espacio. En el más allá se halla Él, el Creador de Todo lo Posible y de lo Imposible: En el más allá Todo se sabe y nada se ignora. |
DXLV | DXLVI | DXLVII | | Nada de lo que el hombre piensa, siente o hace, se pierde. Todo lo humano queda recogido en el Libro Invisible del más allá, el Libro donde las almas se refugian en busca de su yo. La maldad y la bondad humana quedan consignadas de forma indeleble. La voluntad de mal o de bien y su expresión terrena. Los espíritus irán desnudos ante los demás espíritus y todo se sabrá. No habrá intención oculta que no se sepa y los propios espíritus se juzgarán a sí mismos ante los demás. La vergüenza del mal los avergonzará y el bien los liberará con su mayor peso en la balanza: No hay bondad ni maldad pura, excepto la Bondad del Hijo del Hombre, de María y la del Creador, que son Absolutas, y la absoluta maldad del Espíritu del Mal que seduce y esclaviza a los que se valen de él. | En el origen del origen, en el principio del principio, antes que la nada fuese la nada, estaba Él. Antes del inicio del inicio, cuando el vacío se apoderaba del Universo, estaba Él. Antes de la existencia, estaba Él. Él es lo primero, lo primigenio y antes de Él estaba sólo Él y después de Él, seguirá Él, ya que Él no tiene inicio ni final: Él es el Ser Supremo y Único del que parte lo demás. | El hombre ha de mirar fuera de él para hallar lo más valioso de sí. Más allá del hombre me hallará, y en mi se hallará a sí mismo: Yo soy él cuando cree en mi y él es yo cuando ayuda a los que así lo necesitan. |
DXLVIII | DXLIX | DL | | Nada acerca más al hombre a Él, que cuando el hombre ayuda al hombre. | No hay vida sin cuerpo, el espíritu existe sin un cuerpo que lo sustente, más no vive, ya que el espíritu no es materia, sino inmateria y no puede vivir por sí mismo independiente de un soporte físico humano. El no vivir permite no morir y lo que no muere es eterno: Una vez que acabe la vida, comienza la existencia continua. | En el mundo de la materia existe la inmateria, en el mundo de la inmateria, no existe la materia. El mundo de la inmateria no acaba, no sufre desgaste y la palabra siempre, es su definición, ya que existe desde siempre y siempre existirá. |
DLI | DLII | DLIII | | Igual que las venas de los ríos llevan su agua por todo el cuerpo de la tierra para nutrirla y apagar su sed, mi palabra se extenderá por la tierra como agua vivificadora y apagará y saciará la sed de saber que consume al hombre desde su creación: Mi palabra será el agua del conocimiento y del consejo para el hombre ausente de mi. Quien me bebe, sabrá. | No pierden al hombre sus virtudes y buenas obras, sino sus debilidades y ambiciones. De lo bueno hacia el hombre, se derivará bien y del mal que se le ocasione, producirá mal. El mal al hijo de la tierra por obra de otro igual, causará daños inútiles, ya que todo esfuerzo negativo o malvado es inútil en sí, y cualquier esfuerzo a favor del hombre, será grato para Él y válido para su hacedor. | Hombres sin humanidad van entre los humanos. Se confunden entre ellos ya que es difícil distinguirlos. Una profunda maldad les hace distintos a los demás: Ellos no aman, su indiferencia hacia el necesitado no lo hace grato a los ojos de Quien Todo lo Ve. Esos hombres pueden ser injustos o crueles con sus hermanos y no percibir el dolor ajeno causado por ellos. Su corazón está seco como los sarmientos de la vid antes de reverdecer, pero igual que la vid, pueden florecer de nuevo y dar dulces frutos sin son regados por el agua del Bien y beben sus raíces de esa Verdad única. |
DLIV | DLV | DLVI | | Él siempre escucha al corazón que sangra, la voz dolorosa del sufriente llega hasta El Que Todo lo Sufre, Él escucha en el silencio los gemidos del hijo de la tierra. Él toma sus lágrimas, sean húmedas o secas, y las guarda para sí. Lo que parece mal al hijo de la tierra, no lo es y lo que le parece bien, puede que no lo sea: Él es el Bien Supremo y su obrar supera el saber del hombre. | Los hijos de Caín abaten con furia sus espadas sobre las cabezas de sus enemigos. Los hijos de Caín se han enseñoreado de la tierra y la sangre tiñe los campos y aguas. Los hijos de Caín son los herederos del Mal y ellos no poseerán la tierra, sólo la herirán con su saña maldita. | Nada apiada al malvado cuando realiza su mal, ni los gritos, lamentos o lloros de sus víctimas. Ellos hacen de sus oídos muros de piedra y de sus ojos no se les escapa un gesto de bondad. Son los instrumentos elegidos por el Espíritu del Mal y nada les aparta de él. En el mal no hay risas ni alegría, sólo el silencio eficaz de la destrucción: El silencio es el sonido del Mal cuando finaliza su daño. Sólo queda el silencio y la pena de los sobrevivientes a él. El Mal parece alejarse, pero sigue ahí, cerca del hombre, dentro de él. |
DLVII | DLVIII | DLIX | | El mal es la quiebra del orden del Universo. El mal perturba la exactitud del bien y altera lo interno de los seres. El mal es el desafío de lo armónico, es la ruptura de lo unido, la nota discordante sin otro objeto que la destrucción. Su fin es el caos del Universo en el que todos sus seres poseen su razón de existir, es la pérdida de la confianza y el triunfo de la duda. La única ley que acata el mal es la destrucción continua. | La voz oscura del Mal se oirá en la tierra. Es la insidia pérfida del que trata de rebajar al hombre a su más baja expresión. Su voz es la voz de las torcidas razones que hacen dudar al hombre de su espíritu eterno. El Mal dice: Tú, hombre, eres el fruto indeseado o no de la fornicación y por ello tu origen es tan impuro como tú. Tus hijos al conocer su origen te despreciarán y ellos a su vez serán despreciados por sus hijos. Nada en el origen del hombre señala o indica su vocación de bien o su instinto de eternidad. Sin embargo así es y el hombre, es capaz de elevarse por encima de sus necesidades humanas en busca de la fe de su espíritu en el Espíritu Puro. | ¡Oh hijos de Zoetelbec! Vosotros sois conscientes de vuestra impureza y de la imperfección de vuestros deseos y sentimientos, vosotros sois los verdaderos hijos del Mal, fruto de la fornicación como lo son los demás animales que se gruían del instinto de la especie. Para vosotros nada hay más allá de vosotros mismos, excepto la satisfacción de vuestras apetencias más rastreras. Vosotros os creéis los seguidores supremos de la realidad y despreciáis a los que siendo como vosotros, se creen portadores de más. Vosotros sois los hijos de la fornicación y jamás podréis significar más de lo que sois, ya que así lo queréis. El hombre es mucho más de los creéis ser, ya que su vida es antesala de eternidad de Bien o de Mal. |
DLX | DLXI | DLXII | | Quien se cree más que los demás, no es más ni menos, es un igual, un hermano de sus semejantes, sujeto al mismo origen y fin. Su soberbia le hace ser presa del engaño y aunque los otros hombres finjan ante él, lo desprecian tanto como son despreciados por él. Su vanidad y orgullo le harán creer que es, no sólo diferente a los demás, sino mejor que ellos y eso lo apartará del camino de su perfección humana y lo acercará al camino de su maldad humana. | La debilidad del hombre es su mayor falta, ya que es incapaz de vencerse y superar su propia flaqueza. Su debilidad no lo perderá, ya que su espíritu de bondad es superior al de su maldad. No obstante, mientras mayor sea su debilidad ante sí mismo, más le costará hallar su camino de fe y esperanza. El mundo debilita al hombre y su propia naturaleza no ayuda a su fortaleza, sólo su voluntad de bien le hará superarse y seguir la luz que ilumine su conciencia de Bien y de amor y no entregarse a la oscuridad que envuelve las conciencias perdidas: Quien es fuerte ante sí, es fuerte ante los demás y su palabra es escuchada, y su gesto imitado y seguido su camino. | No hay maldad en la debilidad, sino sólo flaqueza y vencimiento. El Mal busca el camino más fácil y tienta las fuerzas de voluntad remisas. Sé reacio al halago del Mal y huye de la ocasión de Mal que se te ofrezca: El Mal sólo quiere tu mal y sus adornos no deben vencerte. Cada vez que superes una ocasión de Mal, te harás más fuerte y tu fortaleza será guía de otros tan débiles y escasos como tú. El Mal buscará en otras conciencias debilitadas y en otras voluntades perdidas y se alejará de ti. |
DLXIII | DLXIV | DLXV | | El hombre se cree poderoso en su ignorancia ya que sólo roza el saber como las alas de una mariposa la flor y ya cree conocer la flor. El hombre en su torcida vanidad cree que todo saber proviene de él y que el mismo posee la llave que le abrirá las puertas de su dicha. Nada más falso, el único saber del hombre es el de su experiencia y ese corto saber es tan mudable como él. El único conocimiento de hombre le viene desde fuera de él, sin conocer su causa, ni origen ni su finalidad, sólo lo utiliza y no se pregunta en su soberbia el por qué de su saber ni a donde le llevará y si es conocimiento del Bien o del Mal: Nada de lo que sepáis es gratuito o inocente y os exigirá dedicarle vuestra vida a su perfección. | Si la Luz te ilumina, no huyas, es la Luz del Bien que te señala el camino de la bondad que debe seguir para alcanzar tu eternidad. | La Luz del Bien sólo alumbra a los elegidos por el Espíritu de Bien para que ayuden a los demás hombres en su lucha contra las tinieblas de su oscuridad. |
DLXVI | DLXVII | DLXVIII | | Los hombres de Bien están entre nosotros y no se significan, actúan con la humildad y silencio y quien sabe de ellos, sabe de sus bienes. | Así como el Mal se detiene ante el Bien, no hay obstáculo capaz de detener el Bien, ya que es la fuerza más poderosa, la fuerza que vence al desorden y al caos y vuelve a imponer su paz en el Universo: La cadencia del Bien es imparable y su quietud nunca es duradera ante el Mal. | Él está en ti y más allá de ti, está en los demás y está más allá de lo que hay. Él es la esencia de la sustancia y la misma sustancia y también su forma y apariencia. En Él todo está contenido, y nada existe sin Él. Él es el Todo y la Nada, nada hay sin Él y nada existe sin Él: Quien se aparta de Él o lo niega, se aparta de sí mismo y se niega a el mismo. Sin Él nada existe. Todo tiene su razón de ser y Él es la Razón Suprema de Todo cuanto existe. Él es al vida y su fin y la existencia y su eternidad. |
DLXIX | DLXX | DLXXI | | Lo eterno del hombre convive con su efímero, uno y otro son inseparables mientras los adorna la vida, después cada uno sigue su camino, uno la eternidad y otro la destrucción y la transformación en parte del Universo: La vida se acaba y la existencia continúa por separado, el espíritu en su eternidad y la materia en la suya, ambas sin vida que las alumbre. | El Padre de Bondad nos acoge a todos los seres ya que Él es nuestro Creador, es decir, el responsable de nuestra vida y de nuestra existencia y sin Él nada habría y nada sería. | Lo que está por ser, ya es en otra forma. Esa forma ha de cambiar y recibir la vida para ser un ser vivo. Lo inerte seguirá a la forma viva y la forma viva seguirá a la forma inerte. La sangre de la vida es el agua y sin ella todo es inerte. |
DLXXII | DLXXIII | DLXXIV | | No se te dio la vida para que la vivieras con temor. Quien teme, no vive y el hombre vive por si y no por los demás hombres, por lo que no debes temerlos. Tampoco debe temer a la muerte, aunque no debe buscarla, ni para sí ni para otros, ya que la muerte es el fin de la vida y ésta es regalo del Creador y no debe malgastarse: Vive con valor, esfuerzo y dedicación al bien en los demás y vivirás una vida plena y conforme a ella. | El mal no afecta a los demás seres, sólo atañe al hombre al poseer conciencia de ello. Ningún otro ser de la Creación sabe distinguir el mal del bien. Esta cualidad lo hacer ser vulnerable a las fuerzas negativas del Universo y al Espíritu del Mal que las sostiene. En la ayuda del hombre hay fuerzas poderosas, las más poderosas que existen y sólo es vencido si su debilidad le hacer engañarse sobre sus fuerzas y se entrega sin oponer resistencia de su voluntad de bien. Esta voluntad de bien está cimentada en el Espíritu del Bien, el más poderoso Espíritu del Universo. Hay hombres que buscan el Espíritu del Mal para obtener ventajas sobre otros hombres. Estos hombres han hecho su elección y sólo los salvará su arrepentimiento y enmienda total. | Quien mucho espera del hombre, se decepcionará ya que el hombre está lleno de límites reales y ficticios. Quien mucho espera de Él será satisfecho ya que Él es Todo y no posee nada que pueda contenerlo o limitarlo en la inmensidad de su Bien. |
DLXXV | DLXXVI | DLXXVII | | Muchas son las voces que lo buscan, y todas esas voces que parecen perderse, en sus lamentos y plegarias, lo hallarán y ningún lamento y ninguna plegaria se perderá, Él atenderá a los necesitados y ninguno llorará ni orará al vacío: Él los recibirá en su Presencia y ellos serán hartos de su hambre de consuelo y amor. Quien sufre en su vida, será consolado en su eterna existencia. | Quien me busca ha de mirar con los ojos de su interior y hablarme con la voz de su corazón y oírme con el oído de su espíritu. Sólo así me verá, le oiré y él me escuchará. Quien me busque en el infinito de lo eterno, no me hallará, pues yo estoy más allá de allí, estoy en él, si el quiere saber de mi, y no estoy sí él no quiere que esté. | Yo no me oculto del hijo de la tierra, ya que se que me necesita. Cuando el hombre quiere saber de mi, sabe y cuando el hombre quiere ignorarme, no me halla: Yo estoy cerca y lejos del hombre, según sus deseos y su voluntad de bien. |
DLXXVIII | DLXXIX | DLXXX | | Conmigo el hijo de la tierra poseerá esperanza. Conmigo el hombre no conocerá el desaliento. Conmigo el hombre no padecerá soledad. Conmigo el hombre mitigará su dolor. Conmigo el hombre vencerá su angustia. Conmigo el hombre vencerá su temor mortal. Conmigo el hombre será pleno. Conmigo el hombre conocerá la paz de cuerpo y espíritu. Conmigo el hombre sabrá la razón de su existir. Conmigo el hombre no padecerá hambre ni sed de mi. Para estar conmigo el hombre necesita de su fe y de su voluntad de bien. | No he elegido a sabios ni a doctos conocedores, sino a hombres como tú, hombres sencillos y tan llenos de faltas como tú. Ellos te harán llegar mi voz y tú lo entenderás sin necesidad de que te explique nada pues mis palabras son fáciles y son para todos. No debes temer ni el sonido ni el contenido de mi voz, ya que no son para dañarte, sino para saciarte y que alcances el Bien: Ellos son como tú y debes tratarlos como a ti. | Sólo el Mal persistente más allá de la vida es capaz de alejarse de mi. El aliado del Mal, incapaz de renunciar a él más allá de su vida, no conocerá la paz y su existencia será maldita mientras no renuncie al Espíritu de Maldad y a su propia condición de mal: Su arrepentimiento lo salvará. |
DLXXXI | DLXXXII | DLXXXIII | | El infierno para el espíritu es no estar en la Presencia de Él, sino en la Presencia del Espíritu del Mal. El sufrimiento por esta ausencia es tal, que ningún espíritu puede soportarlo y sólo cabe renunciar a Zoeltebec y arrepentirse de su elección: Él los acogerá si así hacen. | La oscuridad tenebrosa de las tinieblas eternas se abren para los seguidores y aliados del Mal, cuando llega su muerte. Lo peor es ver la maloliente y débil Luz del Mal delante de ellos y sin poder evitarla. El dolor intenso provocado por la ausencia del Espíritu del Bien, resulta insoportable para ellos. Fuera de allí resplandece la Gloria Infinita del Bien y la Luz del Amor y la Bondad. Su privación resulta atroz y la idea del Mal eterno y su presencia oscurece los espíritus de dolor y angustia. La Gloria Infinita del Creador les ofrece el perdón si renuncian al Mal y aborrecen de Zoeltebec por toda la eternidad: El Bien acoge a los arrepentidos, antiguos hijos de la tierra. | En la montaña oscura reina la tristeza incalculable, la angustia opresiva del Mal se esparce por todas partes. No queda un resquicio de esperanza y la hiel del desencanto es derramada a raudales. El dolor de los condenados a padecer no es el dolor conocido antes, sino la más profunda desesperación. Su intensidad no cede, sino que aumenta hasta lo máximo soportable y aún más. No queda sino gemir con los gemidos de las almas perdidas. No hay lloros ni lágrimas de piedad, nada parece querer a nada y la soledad absoluta se recrea en la angustia total. Pasar a la Luz requiere una gran fuerza, ya que debe abstraerse de su sufrimiento extremo y entregarse a lo que recuerde del Bien que conoció. Su entrega debe ser absoluta, sin duda alguna, sólo así logrará alejar el mal de su alma atormentada: Si lo logra, su alma será acogida y el Mal se apartará de su lado. |
DLXXXIV | DLXXXV | DLXXXVI | | Cada hombre posee cualidades únicas que lo adornan y distinguen de los demás hombres: Unos tienen en sí el don de sanar. Otro, el de distinguir las plantas y sus propiedades. El don de otro será su oratoria y el de otro su capacidad de razonar y hacerse entender. Otro es adornado por la fuerza física o por su fuerza espiritual. Otro es capaz de trabajar sin casi descanso y otro sólo puede pensar en su desdicha. Así hasta cualquier ser humano. Todo hombre ha de tratar de buscar no tanto su igualdad, sino su diferencia, ya que este es el don que lo hará ser uno entre los demás. Renunciar a su diferencia es no aceptar las cualidades para integrarse en el rebaño del que deber ser quizás, su pastor renunciar a ti es renegar de lo que se te ha concedido por Él. | El hombre debe bajar la cuesta de su soberbia y volver a ser el que es. Su soberbia nubla su entendimiento y se cree merecedor de lo que posee, sin considerar que todo en él es dado para darlo, quiera o no, ya que no dependen de él la entrega, sino de Quien Todo lo Dispone: Todo lo de la tierra, se queda en ella y lo que no pertenece a ella, vuelve a su origen. | El mal es la ausencia del bien, ya que si hubiera bien, ya no sería mal, sino una mezcla de ambos y ambos son como el agua y el aceite cada uno ocupa su lugar y su mezcla es una unión imposible. |
DLXXXVII | DLXXXVIII | DLXXXIX | | Todo lo que forma parte del infinito de lo eterno, es a su vez infinito y eterno. Todo lo existente, existirá para siempre y el hombre no es ninguna excepción. La forma de lo existente variará, más la existencia perdurará por la eternidad, tanto para lo vivo como para la materia inerte: Lo que es, será y lo que fue, es. | No cesará de brotar el manantial de mi palabra, y de quien el beba no tendrá jamás sed. Mi agua se extenderá pura y fresca por la tierra y no sólo limpiará el cuerpo, de los hombres, sino también sus corazones. Su sangre recorrerá sus cuerpos con la alegría del que sabe de la vida eterna y que jamás morirá. | No he venido para entristecer, sino para alegrar. No he venido al hombre para prometer, sino a dar. No he venido a crear temor de vida o muerte, sino ha liberar de él. No he venido a angustiar al hombre con una doctrina imposible, sino a mostrarle su camino de Verdad. No he venido para que el hombre huya del Mal, sino para que lo venza con el Bien. No he venido para que el hombre tema a su Creador, sino para que lo ame como se ama al padre bienhechor. No he venido a mandar o dirigir, sino a dar a conocer al hombre su existencia eterna. No he venido para dejarlo solo, sino para acompañarlo en su vida con el Espíritu Santo, con mi madre y mi Padre eterno. No he venido a acusar, sino a perdonar. No he venido para que el hombre odie o se dañe a sí o a los demás, sino para que sepa de su mismo origen y final y se acepten y se traten como yo los he tratado. No he venido para alterar el mundo, sino para que sepan a donde van los hombres de buena voluntad. No he venido a recibir, sino a dar palabras y hechos de eternidad: Si me escuchas, serás escuchado. Si me crees, serás creído. Si me amas, serás amado. No es tiempo de dudar, sino de creer. Mi voz es la del corazón de los hombres de bien, a ellos hablo y a ellos escucho. |
DXC | DXCI | DXCII | | Aunque a veces la maldad cree tocar las estrellas y la bondad parezca arrastrarse por el lodo, ambas son apreciaciones distantes de la realidad, ya que ni una ni otra dejan de verse con ojos humanos y esos ojos están cargados de maledicencia, sospecha, temor, y bajas intenciones diversas. Lo único válido del hombre es su espíritu y eso no lo distingue el ojo humano. El hombre sólo ve lo que quiere ver y sus ojos parecen cegarse a la realidad que no quiere ver. La maldad crece donde haya su propicio y la bondad debe alejarse de ella para no torcer sus raíces. | Nadie que busque sabiduría en la tierra la hallará de ningún hombre, ya que no ha nacido ningún hombre sabio. Si cree hallar saber verá que no lo es, sólo son conocimientos acumulados a lo largo de la vida o la historia de los hombres. La única sabiduría, el único saber es el de la Verdad, y esa Verdad se le ha ofrecido al hombre que no la rechace, al hombre que sepa aceptarla en su espíritu temeroso. | Mucho teme el hombre perder sus privilegios y los perderá. Nada en la vida queda, ni siquiera el recuerdo fugaz del que antes fue. Lo único que el hombre no perderá, será su espíritu, su alma inmortal guardará todo lo que fue, lo que es y lo que será, y lo llevará ante El que puede Verla. Su Presencia es el mayor privilegio para el hombre que fue. |
DXCIII | DXCIV | DXCV | | El que soporta lo que le toque que soportar, sin renegar ni renunciar a su fe, vence en la prueba de adversidad a que se le somete. Es en los momentos amargos, cuando la amarga copa de hiel rebosa su borde, cuando el hombre se prueba a sí mismo y prueba su fe en la esperanza eterna. Esa fe lo acercará a mi en su sufrimiento, como todo inocente que padece se acerca a mi que padecí por todos los inocentes de la tierra. | No es la devoción o la fe por imitación la que llega a mi, sino la fe por convencimiento, por la convicción más allá de la razón, la inteligencia o el corazón. La fe que no se enseña ni se transmite, sino que se porta con el espíritu e inseparable de él. | Quien se busca en sustancias, no sólo no se encontrará, sino que se perderá entre los recovecos de su razón perturbada. Para buscarse el hombre, sólo precisa meditación, silencio y esperanza de saberse: Su espíritu le espera, con él no hay tedio ni soledad. Cada ser es una unidad completa en sí, aunque busque su igual o distintos para confirmarse en su ser único y completo. |
DXCVI | DXCVII | DXCVIII | | En la libertad de la voluntad de elegir subyace los Espíritus del Bien y del Mal. Los Espíritus presentan a la conciencia del hombre su camino: Uno, abyecto y repugnante, otro, luminoso y valiente. La cobardía y la voluntad de mal se inclinará por seguir ese camino. El valor y la esperanza de bien, el suyo: El hombre elige y su elección persistirá en el tiempo más allá de su momento y más allá de su vida. | No hay sabiduría en el hombre que no quiebra en ignorancia. La única sabiduría está más allá del hombre y fuera de su alcance. Mientras siga la búsqueda del hijo de la tierra, la sabiduría huirá de su lado. Sólo al morir nos llega a todos el conocimiento de lo invisible y la verdad de la Verdad. | Muchos son los temores del hombre. Quien más posee, más teme. El hijo de la tierra teme perder su salud, teme perder su pequeño o gran poder, su honra, su honor, a los seres que ama. Teme perder su negocio o su tierra, su medio de vida. Teme a la pobreza, a la desdicha y a la melancolía. Teme perder sus bienes. Teme por encima de todo a la muerte que le arrebatará su don más preciado: la vida. De lo que se carece, o ya se ha perdido, no se teme su pérdida, ya que no hay que perder. Sin embargo el hombre no teme perder la fe, la esperanza, errar su camino, extraviarse entre la niebla del mal. Más teme perder sus propiedades que su espíritu. Parece no importarle el destino de su alma cuando le llegue su momento de libertad eterna, y ese momento le llegará, y todo lo demás lo perderá. |
DXCIX | DC | DCI | | Un hálito luminoso alumbra la vida de cada ser. En el hombre ese hálito es el soplo de vida que incorpora al cuerpo su espíritu inmortal. Y ese soplo es el rayo de luz invisible que el Espíritu Santo deposita en cada recién nacido humano y ese rayo de luz lo alumbrará cuando quiera él, y esa luz lo guiará a través de sus momentos de oscuridad y el Espíritu de Luz lo acompañará cuando lo requiera: Muchos son los protectores del hijo de la tierra. Ningún espíritu camina solo. | Los padres forman el cuerpo de su hijo, más ningún padre terreno es capaz de transmitir nada que no sea perecedero. Su espíritu le acompaña desde su concepción al hijo de la tierra y ese espíritu no procede de sus padres, sino de más allá. Ese espíritu humano no es de procedencia humana, sino de Él. | De la vida nace vida, de la muerte de la vida, viene muerte para ella. Vida y muerte van unidas al ser de forma inseparable y del origen del que proceden van hacia el mismo fin del que procede. Origen y final son lo mismo para los seres vivos y el hombre no es excepción a esta regla universal y perpetua: Su excepción es el espíritu que les adorna de forma única y eterna. |
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