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  En Puntos de vista |Yo desvelo:,  hoy 

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                         YO DESVELO:                                        

          

                                                                                                          

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1

(I - LXI)

 

I

II

III

Ya no contengo nada,

estoy vacío.

Me vacié  en hombres

 y mujeres

y me quedé sin nada

para mí.

 

Ven maestro de ceremonias

¡Acudid gentes del mundo!

Ha nacido un niño

y no sabemos quién será.

Celebremos la ocasión,

de que sea el qué,

desde hace tanto, esperamos.

 

 

 

Os hablo a vosotros

 antiguos hijos

 de la bruma,

 quiero hablaros

 antes de que os

 sumerjáis en la

 oscuridad tenebrosa

 de la que salisteis.

 Sé que vuestra

 estancia es necesaria

 aunque no se me

 alcance la importancia

 de la misma. Pienso

 y digo qué: si no

 hubieseis venido,  no

 se os habría echado

 en falta.  Por mí

 podéis iros cuando

 gustéis, ya que sólo

 dejasteis dolor y angustia.

 Seréis llamados, y no

 sin razón, "los hijos

 de la muerte".

 ¡Qué vuestra maldita

 madre os acoja pronto!

 

IV

V

VI

 

 

 

El viento barre

la huella de

la arena como

las nubes de

fuego borrarán

las huellas de

la vida.

Como el viento

riza la arena

así quedará

la tierra.

 

No desees el pasado

 está hecho del fruto

 corrompido de las tinieblas,

 créeme, tu vida no es más

 que fuego en mis manos.

 Se deshará como los rizos

 del agua al viento.

 Búscame a mí  y yo

 te encontraré antes

 de tu olvido.

 

 

 

¡Deja en paz al viento

 no lo alejes con tu cháchara,

 él me traerá las almas

 de los postergados,

 de los que huyeron a las

 montañas  y de los que no

temían el rugido del león

 en las oscuras noches de

  Babilonia!

 ¡Aléjate de mi  oh Zualtebec

 rey de los infieles!

 Deja que manen ríos de leche

 y miel  y aléjame de los

 malos presagios.

 

VII

VIII

IX

Los hijos de la ira

 blanden sus hierros

 amenazadores.

 No hay hermano

 ni padre que pueda

 pararlos.

 Los hijos de la furia

 han de morir

 para que reine la paz.

 

 

De mis orillas surgen

guerreros inmortales,

cabalgan en lomos plateados

de hosco rugir.

Van sedientos de la sangre

de los mil hijos de la tierra

que ese día llevarán lejos

de mi presencia.

Buscarán la sombra de

la noche para repartirse

su botín de miedo y muerte.

¡Huye ahora que puedes, aléjate

de las orillas del mal! ¡Busca

el refugio de la luz!

 

No temas perderte

en la noche, yo

te guiaré hacia

la puerta serena

que acoja tu sueño

de luz.

 

X

XI

XII

 

Los guerreros de Baal

sucumbirán a mi fuego,

sus cuerpos caerán  a

mis pies en el desierto

y un águila de aire

se llevará en sus plumas

sus lenguas sedientas

para calmar la sed

 de sus heridas.

 

La tierra sabrá de mí

y conocerá mi Paraíso,

antes, ríos de fuego

repartirán dolor.

No temas, está escrito,

el hijo del hombre

sobrevivirá a su penuria

y a su perdición.

 

 

Carros de fuego vuelan

sobre las montañas

de Cafarnaúm.

Viejos y jóvenes huyen

aterrados. El mal

sufrirá su castigo.

¡Vuela cisne majestuoso

tu blancura es invencible!

 

XIII

XIV

 

Quién recuerda al profeta

solitario, al loco perdido

que vagaba hambriento.

Sin embargo ahora a él

acudís en busca de consuelo.

¡Alejaos, no necesito vuestro

miedo! ¡Dejad que muera

 tranquilo en mi soledad

 infranqueable!

 

Vuelven las espinas a mi frente

mi sangre es salada.

¿Por qué me humilláis si

voy a morir?

No siento el peso de mi

cuerpo, pronto mi sufrir

acabará. ¡Alejaos, no

queráis verme morir!

 

XV

XVI

XVII

Sujetan las alas con sus picos

cuatro cisnes silenciosos

con cuidado lo dejan en la tierra,

limpian su rostro sudoroso

y tocan las trompetas

¡Ha muerto el Profeta!

 

 

 

Las tierras arderán

 a mi paso.

 Una nube maloliente

 señalará el fin del

 camino y mi voz

 escuchareis entre  las

 montañas: Se acabarán

 los desmanes,  ya no

 habrá paz para

 quien no la merece.

 La inocencia renacerá

 de sus cenizas,  sólo

 ellos se salvarán.

 

El viejo Yavé

no ha muerto.

Él tiene la edad

del mundo y,

todo le debe su ser.

 

XVIII

XIX

XX

 

Nubes de cenizas

caen sobre Babilonia

la emperatriz de los

infieles ha huido.

El ruido es espantoso

el tronar no cesa

el mal se cobra su

tributo: sólo queda

llorar.

 

Vuelven las espadas

 a erigirse, ya no

 hay salvación. La

  furia desatada

 no obedece a su causa.

 Los enemigos huyen

 aterrados. La venganza

 tiñe de rojo la tierra:

 Sólo queda llorar.

 

 

Mis espinas ya no duelen,

he alcanzado la paz.

Mis ojos se nublan,

el sueño eterno se

apodera de mi, ya

no hay dolor, ni llanto,

sólo una paz infinita

me rodea desde dentro.

Sus brazos me llevan muy

 lejos.

 

XXI

XXII

XXIII

 

Betsabé, reina entre las

 reinas, ya no queda

 de tu hermosura, tus

 brazos se secaron y

 los huesos son polvo.

 Betsabé qué queda

 de aquella tu belleza,

 de tus ojos luminosos

 que prometían todo

 lo que un hombre desea.

 Betsabé tu recuerdo me

 entristece, sólo queda

 una mota de tu polvo

 prendida entre los flecos

 del aire del desierto.

 

Vete profeta del mal,

escucho, sólo los niños

quieren oírte, sólo ellos

te entienden. Y sólo

ellos podrán salvarse,

digo entre lágrimas.

 

Sobrevuelan las águilas

   el lago Tiberiades. Esperan

   verlo caminar entre los

    hombres. Quien quiera

    entender, que entienda.

 

XXIV

XXV

XXVI

 

Vientos rojos

tiñen el cielo,

brota fuego de

la  tierra,  no

queda adonde

 ir.  Las gentes

huyen despavoridas.

Líbranos Yavé

de tu justa

cólera.

 

Camellos cansinos

 recorren el desierto

 la caravana se ha

 perdido. Una luz

 en el cielo les

 invita. La profecía

 se cumplirá.

 

Luces vienen

del cielo,

ruidos atronadores,

han matado

al Hijo del Hombre,

ya no hay salvación

hasta nuestra redención.

 

XXVII

XXVIII

XXIX

Un cuerpo vacío

 de vida. Lo

 perfumo y Juan

 lo envuelve en

 una sábana de

 lino. Al tercer

 día su espíritu

 volvió a por él.

 

La tierra está

vacía. No hay

vida sin Él

¡Vuelve maestro!

 

 

Las tierras requemadas

 de la Becá se alimentan

 de la sangre de sus

 hijos. Come tu ración

 de tierra. Lo de la

 tierra vuelve a ella

 ¡Campesino únete a

 nosotros! Los hijos

 de David esperan

 la señal.

 

 XXX

XXXI

XXXII

XXXIII

Se derrumban las

murallas, el estrépito

ensordece. Nada del

hombre queda

en pié. Sólo su

esencia permanecerá

inmutable.

 

Ya no quedan

 huellas del destino

 las borró el viento

 del desierto. Vuelve

 con los tuyos, aquí

 ya no hay nada

 para ti.

 

Señor apiádate de

mí. Los hijos de

los hijos olvidaron

las sagradas formas

y son estiércol

entre el estiércol.

Sólo queda llorar.

 

 

Vuelve tu mirada

a las sombras,

allí se retuercen

los infames que

renegaron de ti.

Nadie que te

conoce puede

ignorarte.

 

 XXXIV

 XXXV

XXXVI

XXXVII

Señor rompe mis

cadenas de esclavo

y llévame contigo

allí donde el

desierto es verde

y feraz y donde

nunca falta tu

presencia inmutable.

 

 

La batalla se apresta

y el enemigo huye,

abandona sus armas,

miro desolado sus

huellas ¿Qué queda

de su fanfarria?

Sólo les queda

el terror a la

verdad inmutable.

 

Rey de Reyes

me dicen y

yo sonrío, Rey

de qué, sólo

hay uno Señor

y ése eres tú.

 

Se retuercen las

vides en el aire

del dolor de

sus heridas.

Llora la planta

de la cual

brotará la sangre

de la tierra.

 

XXXVIII

XXXIX

 XL

XLI

Hijos de Getsemaní 

volved el rostro

para Él. No oséis

 levantar la mirada.

Su majestad es

infinita.

 

Brillan las hogueras

de Jericó . El enemigo

rodea la ciudad. La

fortaleza parece inexpugnable.

Resuenan las trompetas

relinchan los caballos.

Los hombres preparan

sus armas, la batalla

está próxima. Sólo

uno vencerá.

 

 

Los que debieron

decir callaron

y los que debieron

callar hablaron.

Muerde tu lengua

antes de decir

mentira, la verdad

se enseñoreará del

mundo. Nada

quedará por decir

y el que quiera

oír que oiga.

 

Caballos de fuego

recorren los cielos,

el enemigo huirá

espantado.  No hay

salvación,  la tierra

arde por sus heridas.

No es fuego purificador

sino destructivo. Protégenos

Jehová, salva a tu pueblo

indefenso.

 

XLII

XLIII

XLIV

XLV

Una nube de fuego

se abate sobre

Israel. Sálvanos

Señor del Universo.

Defiende a tus hijos.

 

 

Las montañas se

hundirán en la tierra.

Una boca voraz se

tragará lo vivo,

chorros  de fuego se

elevarán a las alturas,

ya no queda huir.

 

Viejos sátrapas

volverán la mirada

hacia mí, más

yo no querré saber

nada de ellos.

El tiempo del

perdón pasó.

 

Un soplo de olvido

recorre la tierra

calcinada.  Aire

ardiente que empuja

las tierras  rojas.

Sólo hay desolación.

 

XLVI

XLVII

XLVIII

XLIX

Mezclan mentira

y verdad y hay

que separar lo que es

de lo que no.

 

 

Llega el momento

de la verdad, la

mentira huirá

a su guarida

y lo que haya

de saberse, se

sabrá. Mi reino

no tendrá fin.

 

Tiemblan los cobardes

ya no hay donde

esconderse. Un soplo

de luz viene a

descubrirnos lo que

permanecía oculto,

los misterios ya

no lo serán.

 

Los pastores llevan

 su ganado al redil

  pero allí no estarán

 seguros, ya no

 queda ningún lugar

 apartado de mi mano,

 lo que ha de saberse

 se sabrá.

 

 L

 LI

LIII

LIII

No temas

lo que ha

de venir.

Si crees

en mí.

 

 

Los pastores abandonarán

su ganado.  La nube

de fuego lo cubrirá

todo y ni hombres

ni bestias se salvarán.

Sólo mis fieles

me alcanzarán.

 

Ríos de sangre

llenarán la tierra,

piedras quemadas,

y el sol explotará.

La Tierra será

barrida del Universo.

 

Todo volverá

a ser como era

y de nada

quedará rastro.

 

 LV

LVI

LVII

LIV

Mis mensajeros

extenderán la nueva,

los que quieran

oír, oirán.

 

 

Mis enemigos

se burlarán

de los mensajeros

y arrastrarán a

los incrédulos.

Ellos serán los

primeros en

padecimientos.

 

No vine para

condenar sino

a salvar.  Los

que crean en

mí serán

salvos.

 

Sólo mis espíritus

permanecerán conmigo

y sólo ellos

alcanzarán su

recompensa.

 

LVIII

LIX

LX

LXI

 

El tiempo del

hombre se acaba

¡Escuchad la voz

de los profetas,

hablan por mí!

 

Quien crea en

mí nada ha

de temer. El

mal será exterminado

para siempre.

 

El reino del mal

tiene su tiempo

contado ¡Apártate,

aún es tiempo!

 

Dejé al hombre

a su albedrío

y buscó el mal.

El castigo es

el fuego purificador.

 

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