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En Puntos de vista | Epícaris  hoy 

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BAJO Y CLARO

EPÍCARIS

pacogarciamartin@telefonica.net




LAS ESCUELAS TALLER.
 

Las Escuelas Taller tienen puesta la espada de Damocles en la continuidad de sus actividades. Sería un grave error que las Escuelas Taller en Toledo desaparecieran, dejando de prestar así su innegable papel a favor de la enseñanza profesional en sectores tan sensibles como la restauración y el trabajo en madera, piedra, forja, cerámica, vidrio etc.
Más de 25 años durante los cuales ha colaborado en la recuperación de trabajos artesanales, rehabilitación de espacios y restauración de monumentos, jardines, vías públicas, objetos artísticos o espacios festivos, posibilitando a los alumnos que han salido titulados durante este tiempo, la obtención de un trabajo cualificado, además de la obtención, en muchos casos, de una titulación académica para unos jóvenes que habían arrastrado un fracaso anterior en su vida escolar.

Escuelas Taller, Casas de Oficios o Talleres de Empleo han sido fórmulas que han sorteado el fracaso escolar, la falta de cualificación o, en muchos casos, la posibilidad para muchas localidades de recuperar monumentos, espacios u oficios que de otra forma no hubieran podido ser atendidos. Desde la Casa del Diamantista, la Fábrica de Armas, las Puertas de la ciudad, la plaza de Abdón de Paz o el colegio de Doncellas, estos establecimientos han sido ejes dinamizadores de un modelo que con más o menos altibajos, oportunidad o acierto, han atendido a las distintas necesidades que los distintos órganos patrocinadores: Ayuntamiento de Toledo, Diputación o Junta de Comunidades, con la financiación de fondos europeos, estatales o privados, han propuesto para los objetivos puntuales de cada momento, y han supuesto un revulsivo y una experiencia socio-laboral copiada más allá de nuestras fronteras que no puede ser tirada por la borda por unos ajustes puntuales.

Ahora que tanto se habla del fracaso escolar, la lucha contra el paro y las oportunidades laborales, debería la Consejería de Educación y Cultura aunar esfuerzos para que desde las Escuelas de Artes, los programas de Cualificación Profesional Inicial, las Escuelas Taller y las Casas de Oficios, junto con otras entidades públicas y privadas, actualizar un modelo que tan buen resultado ha dado a lo largo de los últimos años y que puede ser reeditado en sus mejores aspectos para cubrir un espacio económico, social, educativo y cultural, que no puede quedar desatendido.
 



SERVICIOS PÚBLICOS
 

Últimamente escuchamos que el Gobierno regional cierra los Parques Arqueológicos de Alarcos en Ciudad Real, Recópolis en Guadalajara y Carranque en nuestra provincia. Los cierra temporalmente, a la espera de iniciar un proceso de privatización de la gestión de los mismos. Efectivamente, y como ya comentamos en esta misma página para el caso de Carranque, en los últimos años ha habido despilfarro en los dineros públicos que provocaron la quiebra técnica de sus presupuestos, por lo que habría que depurar responsabilidades en el Patronato que lo ha dirigido, pero en ningún caso justifica la generalización del ajuste y menos el cierre del Parque, aunque se den todas las garantías para la conservación de los conjuntos arqueológicos y monumentales. La medida supone no solo una pésima imagen para el gobierno regional, sino también desorientación para el posible visitante y desaprovechar la inversión y el esfuerzo que ha supuesto la marca de imagen de los Parques Arqueológicos, que en su día se convirtieron en un modelo de gestión de los conjuntos arqueológicos en nuestro país.

Pero los Parques Arqueológicos son un botón de muestra. La Consejería de Educación y Cultura ha desmantelado servicios didácticos en los Museos de su titularidad o gestión, ha restringido al mínimo los trabajos en Archivos y Bibliotecas, y ha cerrado, prácticamente el Centro regional de Restauración de Bienes Muebles. A ello se suma la paralización en la ampliación y modernización del Museo de Santa Cruz, en nuestra ciudad, del Ruiz de Luna en Talavera de la Reina o el cierre indefinido del Taller del Moro o el Museo de Arte Contemporáneo, así como la paralización, hasta el momento, en la gestión e intervención en la Vega Baja.

Todo ello nos muestra no sólo la parálisis en la que encuentra la política cultural en nuestra región, sino también la voluntad de precarizar al máximo posible los servicios públicos culturales. Los cierres y los recortes abusivos de recursos humanos y económicos se intentan justificar por el déficit público o la deuda heredada. El programa político que dio la mayoría al partido que gobierna actualmente en la región y en nuestro país llevaba en el programa electoral la privatización de la gestión de los servicios públicos, pero el actual estado de cosas no nos hace sino pensar en que la radicalidad ideológica los lleva a no creer en los servicios públicos, tan necesarios, creemos que imprescindibles, en la gestión cultural.



LA MALA EDUCACIÓN
 

Abordamos el comienzo de un curso escolar que se promete más complicado que otros debido a los recortes presupuestarios, al aumento del número de horas lectivas a los docentes o el número de alumnos por aula, y por los enésimos cambios en las programaciones.

Una de las novedades es la aparición de asignaturas relacionadas con la “iniciativa empresarial”, fiel a uno de los programas estrellas del gobierno regional. Nos parece bien que al alumnado se le oferte, dentro de la opcionalidad, más posibilidades de formación de acuerdo a los intereses personales o a las necesidades sociales del momento.

Pero también es cierto que la asignatura de conservación del patrimonio cultural desapareció hace unos años y a la Consejería del ramo –que además de Educación lo es también de Cultura- no se le ha ocurrido volver a ofertarla adecuando los contenidos a los nuevos presupuestos de la gestión del patrimonio cultural. A eso hay que añadir que aquellas asignaturas relacionadas con las artes y las humanidades en general, pierden protagonismo, bien sea por la reducción de contenidos, anulación de oferta o infravaloración en los perfiles curriculares.

Vivimos en una ciudad “Patrimonio de la Humanidad”, sabemos que el turismo cultural es una de las economías punteras de la región, y que nuestros alumnos, además de áreas instrumentales como la ciencia o la tecnología, necesitan para su formación o futuro profesional, el disfrute plástico o sensitivo, o para su equilibro emocional, una educación humanística y una valoración del patrimonio cultural.

No está mal que volquemos ahora el esfuerzo en áreas económicas, científicas o técnicas, áreas que tradicionalmente han sido minusvaloradas en nuestra cultura, pero no por ello hemos de olvidar aquellas otras que aquí nos ocupan, y que, convenientemente actualizadas en su proyección educativa, pueden complementar a aquellas otras disciplinas, no solo en la educación formal, sino en la educación permanente y en la educación no formal, poco o nada desarrollada en nuestra comunidad.



LA MALA IMAGEN
 

Una de las cosas que más nos llama la atención cuando paseamos por Toledo y, por extensión, por muchos de nuestros campos, pueblos y ciudades, son las aberraciones visuales. Quizá por ser una ciudad “Patrimonio de la Humanidad” y tener en su seno tanta belleza arquitectónica, urbanística y paisajística, nos obligue a fijarnos en aquellos lugares o momentos llenos de “basura” estética.

Es en el Corpus, cuando después de ver la carrera adornada con sus mejores galas vemos en la plaza del Ayuntamiento unos “chiringuitos” de un color chillón con la propaganda de la marca que lo patrocina. O cuando en Zocodover se permite una campaña promocional que llena el espacio de ruido, cartelería chillona y mal gusto.

Son los grandes cartelones de las constructoras que realizan una obra pública, permitidos en espacios cuasi sagrados y tolerados meses y meses tras la finalización de la intervención. Es la cartelería publicitaria que, pese a las Ordenanzas Municipales, exhibe sus peores diseños, invade aceras o crea espacios más propios de centros de atracciones feriales que de espacios declarados por su interés artístico e histórico.

Son las pintadas que, asombrosamente, unos incívicos plasman en venerables muros o en lugares bien visibles –estamos pensando en el Palacio de Congresos o en las escaleras mecánicas-, sin que las empresas encargadas de su mantenimiento las eliminen o la policía pública lo denuncie. Los actos vandálicos se reproducen por imitación cuando no se elimina el mal ejemplo. No nos extendemos, porque necesitaría otra columna, con la basura exhibida en los sitios más emblemáticos, como en el Valle, donde la vista de una ciudad monumental exige el peaje de rodaderos llenos de toneladas de basura, muestra de incivismo por parte de nuestros vecinos y de falta de una gestión municipal adecuada, ya sea preventiva, paliativa o sancionadora.

Se requiere por tanto, en primer lugar sensibilidad por parte de los ciudadanos y de las autoridades. Los primeros para no realizar actos vandálicos ni permitir que se maltrate impunemente el mobiliario público o los edificios de valor patrimonial, los segundos para estar atentos a las infracciones de la normativa y ordenanzas que claramente estipulan el respeto por el espacio público y el paisaje y que se han de hacer cumplir, bien mediante una vigilancia escrupulosa, bien con sanciones ejemplarizantes que inhiban la reproducción de las conductas delictivas e incívicas.



RUIDOS

Otro de los temas recurrentes en el periodo estival para esta columna –ahora apaisada-, son los ruidos. Ruidos en una ciudad que, aparte del tradicional sonido de las campanas, el ronroneo del Tajo en los azudes o el bullicio lógico del deambular por sus calles y plazas, deberían ser los menos posibles. Ruido, nos dice el diccionario, es el exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente en una determinada zona.

Y es que vivimos en una cultura del ruido. Pólvora para cualquier ocasión, ya sea fiesta del barrio, boda o celebración; rugido de motores por acelerones gratuitos y tubos de escape trucados en motocicletas y voces altas en las conversaciones de calle, a altas horas de la madrugada o en la sagrada hora siestera. En el casco histórico las estrechas calles acentúan el efecto de estos ruidos, y, por tradición, en sus plazas se celebran conciertos, concentraciones y manifestaciones. Y siempre con ruidos y sonidos estridentes. Lo que para un ciudadano un vecino puede ser ruidoso, para las autoridades públicas es defensa de puestos de trabajo o costumbres respetables.

No es ya que Luz Greco aumente la potencia visual con una paralela potencia sonora. Dirán que es puntual, que sólo son dos fines de semana. Súmense festivales folklóricos, de cante jondo, jazz o de música sefardí; conciertos de solistas, verbenas populares y un largo etcétera; carreras atléticas, ciclistas o de cualquier otra índole.

La grave situación económica y social que vivimos hace que se multipliquen concentraciones y manifestaciones, que en su mayoría se realizan o terminan en Zocodover, el Palacio de Fuensalida o en la plaza del Ayuntamiento. Todas ellas, lógico, ruidosas y bullangueras.

No menos alarmante es la utilización del espacio aéreo de la ciudad, muy estimado por su evidente atractivo y, prohibido por la norma de circulación aérea, se utilice continuamente por helicópteros, aviones y parapentes, emitiendo siempre un ruido característico y molesto.
Me dirán pejiguero con este asunto, pero piensen que el casco histórico no solo es vivido por casi diez mil personas, sino que es visitado por miles de turistas al día. Visitantes que buscan en la ciudad, no sólo monumentos, museos e historia, sino también un marco adecuado para su disfrute, que incluye, indudablemente, la calidad ambiental, que necesita no sólo de la ausencia de circulación a motor, de olores o de elementos disonantes, sino también de ruido. Ruido con mayúscula, sonido molesto, ruido evitable.



JARDINES
 

Abordamos hoy un tema que, por tradición, lo convertimos en estival. Quizá porque es ahora cuando más utilizamos y nos recreamos en esos espacios vegetales que pueblan nuestras casas, nuestras plazas o barrios. Con el valor añadido de que Toledo cuenta con una serie de jardines históricos de especial relevancia: claustros en catedrales, iglesias, conventos y monasterios. Huertos conventuales, plazas recoletas y paseos históricos como el de El Miradero, las Vegas Alta y Baja, cigarrales y paisajes únicos.

La profunda crisis que atravesamos nos hace ver cómo el jardín botánico de Albacete fue una decisión meramente política y derroche de otro momento, innecesario, como afortunada fue la no construcción del otro proyectado en Cuenca. Y, sin embargo, la huerta del Rey en Toledo, el primer jardín botánico de Europa, se urbanizará contribuyendo así a perder uno de los ángulos visuales y paisajísticos más interesantes de nuestra ciudad.

Al comienzo de la legislatura aplaudimos la decisión de reforzar el número de jardineros y redoblar los esfuerzos en el mantenimiento de las superficies verdes. Hoy vemos que no es así, que hay alcorques vacios, que hay espacios enteros descuidados –la huerta de San Pablo está silvestre-, lugares llenos de suciedad, como El Valle, y proyectos sin la debida atención, como la tan publicitada senda ecológica. Las superficies verdes necesitan un mantenimiento mínimo que, de no hacerlo, malogra el trabajo de tantos años, por unos recortes mal dirigidos. Otro asunto será la vigilancia. No deja de llamarnos la atención que en el “Martes” se vean los parterres como simples percheros o alhacenas para mercancías ante la mirada impasible de los policías municipales.

Una decisión que criticamos el pasado año, la de encementar los rodaderos de la ciudad, sigue su curso. No sabemos si es por evitar las arrolladas de tierra por las tormentas o por dar trabajo a los alumnos de las escuelas taller. No dejan transpirar la tierra y crean unas superficies opacas en la vista general de la ciudad, existiendo, como hay, especies vegetales que pueden cubrir y sujetar los taludes.

No podemos por menos que destacar la labor de ciertas asociaciones de vecinos que han cuidado o cuidan espacios verdes de sus barrios, o de aquellos vecinos que crean verdaderos oasis públicos por propia iniciativa y un trabajo continuo digno de encomio, y los citamos en público homenaje: Onhuma con su jardín oriental en la senda ecológica o Eddy con su frondoso jardín en San Miguel el Alto. A los dos, ejemplos de ciudadanía y amor por la naturaleza, muchas gracias por su labor.




FERNANDO JIMÉNEZ DE GREGORIO
 

Más que centenario, creíamos que Fernando Jiménez de Gregorio era parte de la historia de nuestra provincia, casi inmortal al estar en el podio de los ilustres. Decenas de publicaciones, miles de artículos, calles dedicadas, esculturas erigidas en vías públicas, premios que pregonan su nombre. Licenciado en Filosofía y Letras y en Derecho, ha sido miembro de número, correspondiente honorario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y correspondiente de otras reales academias, miembro fundador del Instituto de Estudios Toledanos y de otros institutos de investigación etc. Y, sobre todo, identificado con su origen jareño y toledano, hijo adoptivo de Talavera de la Reina y diploma de Honor por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Profesor de Instituto en Plasencia, Valdepeñas y en “El Greco” de Toledo, catedrático en el Instituto Isabel la Católica de Madrid, profesor de la Universidad de Murcia y, sobre todo, maestro de generaciones de historiadores, para los que siempre tenía unas palabras, un momento. Consulta obligada para cuantos hemos trabajado en la historia de cualquier localidad de nuestra provincia, Jiménez de Gregorio es algo más que cronista oficial de la provincia. Nos ha enseñado a conocer los paisajes, a transitar por la historia, a descubrir los topónimos y la arqueología del territorio provincial, a valorar las tradiciones y la cultura local. Investigó y diseñó numerosos escudos y banderas de nuestros pueblos, fue animador de certámenes literarios, conferenciante y pregonero en muchas localidades, donde siempre daba una visión personal y profesional del pasado lejano o cercano de la población en cuestión. Pero, lo que más resaltan los que conocieron a Fernando Jiménez de Gregorio es que fue un hombre bueno, querido por paisanos, discípulos y todos cuantos se acercaban a su casa madreña o belviseña.

Jiménez de Gregorio aportó a la historiografía el interés por globalizar el territorio, quizá guiado por la importante escuela francesa de entonces. Influido por su origen jareño, sus investigaciones y análisis comarcanos marcaron un hito en los estudios locales. Romeu de Armas, Presidente que fue de la Academia de la Historia y profesor del Instituto de Talavera de la Reina en la época republicana, le animó a ampliar su campo de estudio. Le contestó Jiménez de Gregorio que era “una mezcla de universitario y de campesino labriego”. Humildad y laboriosidad que, fiel a su origen, no ha abandonado nunca a nuestro historiador y que logra el reconocimiento a su enorme trabajo, premiado ya en vida con esa longevidad que hoy celebramos con este póstumo recuerdo.




AÑO FUNESTO
 

Dejamos el curso 2011-2012 con la sensación de un recuerdo imborrable por la profundidad de una crisis que nos afecta a casi todos pero, a la vez, con la percepción de que será un periodo que intentaremos anular de la conciencia colectiva en una catarsis que procurará tiempos mejores.

A los ahorros tempranos, que siempre tienden a acudir a los gastos culturales como superfluos, y que afectaron al Consorcio de la Ciudad de Toledo, se añadieron pronto los recortes en la inversión en patrimonio, la acción cultural y los sectores creativos. Ahora los despidos de trabajadores –muchos de ellos precarios-, la no renovación de contratos, la supresión de empresas públicas o la aplicación del IVA comercial a los sectores culturales darán la puntilla.

Dirán muchos ciudadanos que los gastos en cultura son prescindibles, accesorios, a veces superfluos. Y contestaremos que, precisamente cuando los sectores productivos [materiales] fallan, es cuando hay que incidir en inversiones a largo plazo y en profundidad. La formación, el ocio y disfrute cultural –el más democrático y no consumista- y la educación en la sensibilidad artística, es más necesario que nunca.

A ello añadimos que hay sectores sensibles, como son los bienes patrimoniales: inmuebles, museos, archivos y bibliotecas, que requieren inversiones mínimas, imprescindibles para que los bienes se conserven y los servicios mínimos se mantengan. No importa tanto si la gestión se realiza desde el sector público o con la iniciativa privada, aunque en estos campos es preferible, por lo obvio, lo primero. Hagamos un proyecto de mínimos, para que la línea roja no se atraviese y tengamos que lamentar en un futuro inmediato la pérdida irreparable de una inversión y una labor que se ha realizado a lo largo de generaciones y que cualquier desatención puede desandar lo conseguido con tanto esfuerzo.

Se nos exige cooperación a todos, se nos pide que soportemos carencias y dificultades. La cultura y la gestión patrimonial es, como los servicios esenciales de la educación, la sanidad y la seguridad, algo que por su propia sustancia es de raíz estatal. Debemos y podemos reclamar a nuestros gobernantes coherencia y sensatez en las medidas que se tomen en este campo. Las lamentaciones posteriores no paliaran los daños, irreversibles, que se produzcan.




OBVIEDADES y CONTRADICIONES
 

Hay, con estas alturas de curso político, una serie de asuntos que resultan contradictorios y de una obviedad absoluta para todos, a saber:

Que haya sido el que fuera alcalde de la ciudad, José Manuel Molina, el que diga alto y claro que el remonte del Miradero se ha de terminar, sea el color cual fuere el que gobierne la ciudad, ya sea el despropósito que resulta de su paralización ya por la imperiosa necesidad que tiene de él el Plan de movilidad de la ciudad y la conservación del Casco Histórico.
De la misma forma, y para que la opinión pública se haga crítica con la decisión de paralizar la construcción de la Vega Baja que tomó el anterior gobierno regional, se deja abandonado el espacio arqueológico y se ralentiza la redacción del Plan Director.

Que se hable de transparencia, de rentabilidad social de los bienes públicos y que los ciudadanos se pregunten sin respuesta, desde hace años, sobre el destino de la Casa de las cadenas y del Taller del Moro, ambos espacios de alto valor simbólico y artístico, y sin uso.
Que se plantee un macro proyecto de creación artística –Quixote Crea- y que, sin embargo, se deje sin uso el Oratorio de San Felipe Neri, o que se deje morir por inanición la Galería Tolmo.

Que se recoja la gestión directa de los parques arqueológicos regionales y que sin embargo se proyecte la privatización de la gestión de las actividades culturales de los museos.

Que se estén declarando entornos a proteger de distintos inmuebles BIC de la provincia y que, sin embargo, se deje a su suerte el salón rico de los Trastamara o la Casa de las Torres de Tembleque.

Que el Ayuntamiento de Toledo hable de bloqueo en la política de gestión patrimonial por parte de la Junta cuando no desarrolla el Plan Especial del Casco Histórico ni procede a su actualización.




CÓDICES

Parece ser que la codicia está detrás del robo del códice Calixtino de la catedral de Santiago. Un operario, acostumbrado a robar del cepillo y ofendido porque se le despide, sustrae la pieza más emblemática del templo. Muchas lecciones nos transmite la lectura de los hechos a los que ya ha dedicado La Tribuna un editorial.

En primer lugar, el que los bienes eclesiásticos no están todos inventariados, pues nos enteramos por las sustracciones de aquellas otras piezas que faltaban o cuya falta no había sido denunciada en su momento. De ahí la necesidad de terminar, de una vez, con el inventario de bienes muebles de la iglesia católica, proceso inacabado en el caso de nuestra diócesis y de obligado cumplimiento por ley.

En segundo lugar, nos enteramos que al buen canónigo custodio no se le ocurría otra cosa que puntear con bolígrafo la preciada pieza sacra. Esto viene a subrayar la necesidad de contar con una gestión profesionalizada del arte sacro, ya que sacerdotes y canónigos se han arrogado la especialidad de restauradores y conservadores de bienes muebles e inmuebles.
Por último, algo muy de nuestra tierra: cuando se produce un suceso de esta índole, enseguida nos damos cuenta de la falta de medidas de seguridad con las que se conservaban. Inmediatamente se quieren poner grandes remedios y en el oportunísimo viaje del Jefe de Gobierno, que se traslada a “entregar” el tesoro, se publicita una inversión extraordinaria por parte del Ejecutivo para reforzar la seguridad del templo.

Nos podíamos preguntar: ¿No hay un “Plan de catedrales” con una comisión conjunta dónde estos temas se tratan y, presuntamente, se planifican y priorizan las acciones tendentes a la mejor conservación de los recintos catedralicios?. Estúdiense los problemas en ese foro y apórtense los fondos necesarios para ello. Y allí también dígase la aportación que tienen que realizar los cabildos, que como en el caso compostelano y toledano, cuentan con un recinto museístico o sustanciosos óbolos y establézcanse las compensaciones a las cuantiosas inversiones públicas que se realizan, traducidas en facilidades a los estudiantes o ciudadanos para su estudio o visita.



ALMADÉN

Debemos de estar de enhorabuena, la localidad ciudadrealeña de Almadén ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ha sido la perseverancia – ya se intentó en 2009 y 2010- y el trabajo bien hecho lo que ha logrado que un informe previo del órgano consultivo recomendara la declaración y fuese aprobada por unanimidad. La candidatura de Almadén era más ambiciosa y bajo el título de “Camino Real Intercontinental” intentaba incluir como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, en la categoría de Itinerario Cultural, a la ruta del mercurio y de la plata de la Monarquía Hispánica que supuso una parte esencial en el comercio entre Europa y América entre los siglos XVI y XVIII, así como contactos culturales e innovaciones tecnológicas, y que incluía a las ciudades de San Luis Potosí (México), Huancavelica (Perú), y a las que, finalmente han sido solamente declaradas, Idrija (Eslovenia) y nuestra pequeña localidad de Almadén.

Es interesante porque no es ningún conjunto histórico ni un monumento artístico, sino un complejo de arquitectura industrial y una historia compartida entre el tiempo –milenario- y un territorio –el imperio español-. La repercusión es evidente sobre una población que desde hace años está abocada a un declive económico, demográfico y cultural, que hace unos meses ha estado a punto de perder la Escuela Superior de Minas y que gracias a la declaración apuntala su futuro con un turismo que sepa descubrir sus recursos naturales, históricos y culturales.

La localidad ciudadrealeña se convierte así en la tercera ciudad castellano-manchega en alzarse con este título, sumándose a Toledo y Cuenca. Tendrá, por tanto, que compartir recursos y desvelos del gobierno de la nación y de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para llevar a cabo una óptima gestión del patrimonio a investigar, conservar y divulgar, y con más ahínco en este caso puesto que el ayuntamiento almadenense cuenta con muy pocos recursos para tamaña empresa.

Llegue desde aquí nuestra felicitación al enriquecer esta declaración nuestra común herencia cultural, estímulo para seguir trabajando en la conservación de espacios culturales, estén o no declarados, como el de la Mancha que refleja la universal obra de Cervantes, y estimularnos en la mejora de la gestión de aquellos espacios ya declarados, como los citados cascos históricos de Cuenca y Toledo.




LA PREVENCIÓN

La conservación preventiva es una intervención continua e integral que afecta a los bienes culturales en conjunto. Su campo de actuación implica tanto las condiciones ambientales (temperatura, humedad relativa y contaminación), intensidad y calidad lumínica, control orgánico de plagas, como las de exposición, almacenaje, mantenimiento (limpieza, revisiones periódicas) y el uso que se hace de los espacios o las piezas. Casi todos los centros y organismos que gestionan nuestro patrimonio focalizan su atención en la Restauración: El Centro de Restauración de Castilla-La Mancha, el Consorcio, la Real Fundación etc.

El ICCROM (Centro internacional de estudios para la conservación y la restauración de los bienes culturales) plantea las dos orientaciones complementarias: la conservación y la restauración. Ya en el siglo XIX, Adolphe Napoléon Didron escribía: “Conservar lo más posible, reparar lo menos posible, no restaurar a ningún precio”. La Restauración es el último cartucho que se ha de tirar en la conservación de un monumento o de una pieza artística. La acción preventiva ha de priorizarse, porque no solamente conserva mejor el bien a intervenir, sino que a la larga es mucho más barata para conseguirlo, cosa que hay que tener muy en cuenta en época de crisis económica.

Ya hemos hablado de la necesidad de realizar una ficha de seguimiento de cada bien y pieza introducida en el inventario de bienes muebles e inmuebles de Castilla-La Mancha, del obligado cumplimiento de la conservación de los inmuebles propiedad del Estado, Junta de Comunidades, diputaciones y ayuntamientos, y de destinar, por parte de los propietarios de los bienes inmuebles una inversión constante en su conservación. La Iglesia Católica debería pensar en constituir un servicio técnico permanente de peritación del estado de los templos y edificios religiosos, la limpieza de retablos y de retejo de sus techumbres. La Ley de Patrimonio que se redacta en estos momentos debía contemplarlo como uno de los artículos de obligado cumplimiento y, en todo caso, vinculado a posibles intervenciones públicas o a la obtención de subvenciones o desgravaciones fiscales.

 


EL AYUNTAMIENTO

Muchas expectativas creó la promesa electoral de titular la que había sido concejalía de Educación y Cultura como de “Patrimonio”. En realidad se ha convertido en una concejalía de Festejos, pues ni en Educación ofrece alternativa a la filosofía política que campa en el Estado y en la región, ni en la de Cultura ha producido algo más que actos conmemorativos por el veinticinco aniversario de la declaración de Toledo como Patrimonio de la Humanidad.
Pero, no sólo es lamentable la ausencia de realizaciones. Ni siquiera declaraciones programáticas por boca del alcalde o del concejal del ramo han creado estado de opinión, establecido crítica a otras políticas o elaborado principios políticos sobre la gestión en materia de patrimonio cultural.

Ni la pertenencia a otros foros de gestión públicos o privados, ni la acción directa a través de los órganos municipales como la Empresa municipal de la Vivienda o la presidencia en el Consorcio de la Ciudad de Toledo ha tenido la mayor relevancia en este asunto. No se ha renovado el P.E.C.H. No se ha dado participación a los colectivos ciudadanos a través del Consejo Social, ni se han creado siquiera las Comisiones que el propio Pleno se obligó a desarrollar. El futuro de la Vega Baja sigue hibernado, es decir, muerto, acción premeditada que demuestra oportunismo político y nulo empeño por lo que significa de valor paisajístico o patrimonial, convirtiéndose en fracaso de gestión que da pábulo a todo tipo de tropelías urbanísticas y especulativas –quizá para mientras tanto realizar el “pelotazo” del Corte Inglés y la urbanización de lo que eufemísticamente se llama “Santa Teresa”, o para desarrollar la urbanización de la Peraleda, reedición de lo que ya pasara al otro lado del río-.
Se recibe la escoba de oro pero hay multitud de inmuebles en ruinas, solares que son escombreras y edificios de propiedad municipal sin uso –Hospitalito de San Pedro, el salón rico de los Trastámaras o el casino obrero-. Las convocatorias públicas sin realizar, ya sea de investigación, de creación literaria, plástica o musical. Únicamente los organismos autónomos siguen realizando una gestión más meritoria si cabe en época de penurias, como el Archivo Municipal o el Teatro de Rojas, mientras la política de gestión cultural se guía por el espectáculo, la iluminación de edificios o los actos multitudinarios
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BALANCE DE UN AÑO

Llega la hora de hacer balance de un año de gestión de gobierno popular al frente de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes, departamento encargado de la gestión de nuestro Patrimonio. Y, de nuevo, en este apartado tan delicado de la gestión pública –todos lo son, pero éste trata de bienes frágiles y valiosos para el común patrimonio de todos los ciudadanos-, encontramos otro año de compás de espera a cualquier decisión.

Otras veces ha sido por cambio de consejero o consejera, ahora se agrava por ser también cambio de partido gobernante y se vuelve crítico por el recorte presupuestario, que ¡como no!, a cultura le llega hasta el 50 % del recorte presupuestario, e incluso nos atreveríamos a pensar que es más severo.

Si la inversión en obras de restauración, labor arqueológica, gestión museística, archivística o bibliotecaria, prácticamente se ha paralizado, los trabajos administrativos se han limitado a la publicación de un borrador de Ley de Patrimonio y a desempolvar deudas de la anterior administración para justificar políticas de recorte y privatización de servicios. Es necesario que, sin necesidad de incrementar mucho la inversión, se pongan en marcha políticas de gestión preventiva para la conservación del Patrimonio, se planifiquen acciones a medio y largo plazo, se establezca un marco normativo sólido para la gestión del patrimonio y se imbrique realmente el patrimonio cultural en el sistema educativo.

Otro campo de batalla política se libra en la “guerra” entre administraciones. Ya sufrimos los toledanos con el gobierno de José Manuel Molina bajo la tutela socialista de la Junta de Comunidades, periodo en el que se paralizaron los proyectos de futuro para la ciudad, para que volvamos a ver cómo obras emblemáticas para la conservación y gestión de su patrimonio como el remonte mecánico, las Escuelas Taller o las inversiones en restauración de edificios y vías urbanas, se paralizan. Además, so pretexto de la crisis económica, se mantienen cerrados servicios sociales importantes para el tejido social del Casco Histórico como el Hospitalito del Rey o se deja arruinar el Hospital de San Juan de Dios, a la par que se vacían de actividad edificios administrativos emblemáticos como el de la calle Trinidad. Una ciudad tan emblemática para el Patrimonio como Toledo, no se lo merece.

 

PATRIMONIO INMATERIAL

Parece que es el año del llamado “patrimonio inmaterial”. La cosa empezó por los toros, asunto politizado que, tras la supresión de las corridas en Cataluña, lideró Esperanza Aguirre y consiguió adhesiones en otras comunidades, como en la nuestra, donde se convirtió en la primera iniciativa en material patrimonial de la consejería de Educación y Cultura tras las últimas elecciones. Declaración demasiado amplia por la ambigüedad en la delimitación de espacios, fechas o características de la fiesta taurina, a la que no hay que encorsetar en una rígida descripción, dejando que el arte de la lidia tenga su propia deriva.

Quizá gracias a ese antecedente, la nueva ley de Patrimonio recoge en su articulado dicho epígrafe, del que hemos reivindicado desde estas líneas más de una vez para muchas manifestaciones culturales de nuestra ciudad, saltándonos de una vez la etiqueta “turística” que hasta el momento se le daba. Así, urge declarar la fiesta del Corpus Cristi en Toledo o a la Semana Santa capitalina y, a cuya lista añadiríamos, la liturgia mozárabe. De rango menor hay otras manifestaciones interesantes en nuestra ciudad, como lo son la fiesta de la Virgen del Sagrario o el ciclo de romerías primaverales, con un calendario, paisajes, bienes muebles e inmuebles, ritos y gran participación popular. Lástima que no hayan arraigado, con identidad propia, otras actividades festivas laicas, como los carnavales, festivales u otras manifestaciones de índole festiva, cultural o social.

Aparte de las posibles fiestas o manifestaciones culturales dignas de destacarse, la ciudad posee un estrato cultural inmaterial innegable. Ahí está la obra del obispo Ildefonso, Cervantes, Lope de Vega, Teresa de Cepeda, Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Agustín Moreto, Tirso de Molina, Garcilaso, Calderón, Baltasar Eliseo, Rojas Zorrilla, Bécquer, Benito Pérez Galdos, Félix Urabayen, Vicente Blasco Ibáñez, Lorca, Alberti y tantos otros escritores –incluidos los autores de obras hoy anónimas- que utilizaron la ciudad como fuente de inspiración o escenario de sus obras, universalizando a la ciudad y enriqueciéndola con un sustrato cultural de valor incalculable.

 

CIUDAD PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Veinticinco años celebrando que Toledo es una ciudad patrimonio de la Humanidad. Traje de cristianar entonces estrenado que no puede tornarse traje de boda porque el banquete aún no está contratado.

La ciudad durante estos veinticinco años ha contemplado cómo se han hecho planes de gestión (PECH) para que creciera como era debido, pero que no ha prosperado por los grandes o pequeños intereses especulativos de empresas o ciudadanos. En una primera comunión tuvo como regalo órganos de tutela que se han quedado cortos en sus ambiciones [Real Fundación de Toledo, Real Patronato de Toledo] o presupuestos [Consorcio de la ciudad de Toledo]. Y que ha visto, cómo sus principales valedores [Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Ayuntamiento de Toledo], atienden a intereses cercanos a los cambios políticos o a las necesidades recaudatorias más que a los menesteres de la criatura.

Un conjunto monumental que, indefenso, asiste al hundimiento de decenas de casas con valor patrimonial o al cierre de museos y conventos. Urbe a la han vestido de luces, de adornos y cambalaches para prometerla a un galán llamado turismo, prostituyendo con ello su esencia –que algunos tradicionalistas identifican aún con virginidad-. El novio la ha acotado espacios sagrados y laicos, públicos o privados, para su provecho [que no para el de la ciudadanía], llenándolos de terrazas, ruido y fríos tiempos, mientras que los regidores miran para sus propios provechos [ascender a un puesto allí o acullá].

¿Se quedará soltera?. Nos tememos que si los intereses de estos taimados “familiares” siguen cortejando a la novia, se marchitará anhelando su otrora esplendorosa belleza y mundo de misterios infantiles para, decrépita, convertirse en un parque temático, donde riadas de turismo de masas consuman un “patrimonio” reflejo de eslóganes, spots publicitarios o películas de recreación.

Y, en este momento crucial, víspera de estas nupcias con la madurez, se oyen las amenazas del padrastro que clama porque la moza es una derrochona y la recorta en los gastos más perentorios. Triste novia que no tiene ni para cubrir sus más íntimas necesidades, y mientras el padre [Estado] y el padrino [Unesco] esperan en la antesala, aquél dormitando y éste último harto del vodevil.

 

 MUSEOS

Mañana, día 18 de mayo, cita obligada para los que nos encontramos cerca de la gestión del patrimonio, ya sea en su faceta de investigación, conservación, educación o divulgación. Celebración anual que nos permite festejar el patrimonio en ese recinto sagrado que son los templos de las musas, allí donde el goce de la belleza, el desarrollo de la sabiduría o, simplemente, el diletantismo, tienen su acomodo.

Pero no solo nos complacemos en la celebración festiva, sino que nos vemos obligados al balance del año pasado. Y, en Toledo, no da para muchas alegrías. A pesar de la inauguración de los remodelados recintos del Museo del Greco, la cada vez más engrasada maquinaria del Museo del Ejército, las novedades siempre incorporadas al proyecto museístico del Sefardí, todo ello en el ámbito estatal, sin embargo, al descender al autonómico, la situación cambia completamente, como ocurre con el Museo de Santa Cruz paralizado en la encrucijada de la provisionalidad y la precariedad, sin que la incorporación del edificio de Santa Fe se contemple a corto plazo, y sin que las filiales de San Román o Talavera de la Reina solucionen sus carencias y ampliaciones, o el triste destino del Museo de Arte Contemporáneo, de cuyas colecciones nos vemos privados los toledanos en una exposición permanente y autónoma.

Mientras, se multiplica el número de colecciones, monumentos o “museos” privados que se presentan como tales, con mayor o menor acierto en la disposición expositiva o en la gestión museística. La imagen que damos hacia los usuarios de dichos servicios es de una disparidad en su definición y calidad, encontrando magníficas propuestas frente a auténticos fiascos. Y, frente a este panorama, el proyecto de Ley de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha no atiende a la necesidad de reglamentación de la oferta museística, y con ello los mínimos exigibles para la seguridad de las piezas, la calidad del servicio al visitante, la garantía de una gestión rigurosa o la precisión que requiere la definición de una mera colección, bien inmueble o a aquellos proyectos que se exigen titular así mismos como “museos”.

 

LEY DE PATRIMONIO

Por fin se desarrolla una nueva Ley de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha, aunque los prolegómenos no permitan vislumbrar un cambio de estilo en el gobierno de la cosa pública, pues la tan cacareada transparencia de gestión y participación ciudadana no se ha buscado, salvo la obligada exposición pública del borrador del anteproyecto de Ley, a la que hemos tenido que acudir para ver de qué va el nuevo marco legal que guiará la gestión patrimonial durante los próximos años.

Se agradece la fundamentación teórica que nos ofrece el prólogo, así como las novedades que aporta el desarrollo normativo: La tipificación de tres niveles de categorías de protección –categorías intermedias tan demandadas-, la incorporación de los Jardines Históricos o los bienes inmateriales -reivindicación realizada desde aquí repetidas veces-, la creación de un catálogo del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha, el pago de impuestos con bienes culturales y beneficios fiscales, la prescripción de un informe de “impacto sobre el Patrimonio” previo a una intervención urbanística, los criterios y protocolos de intervención en bienes muebles e inmuebles, la creación de un programa de mantenimiento y gestión tras una intervención o el régimen estricto de inspección de los Bienes Culturales. Se refuerza el concepto de expropiación forzosa o la intervención subsidiaria de la administración sobre los Bienes Culturales, el tratamiento más exigente sobre los Conjuntos Históricos. Se introduce la declaración de B.I.C. de los contenedores de bienes muebles, la imposición del 1 % a las inversiones regionales o la tipificación sancionadora de las faltas contra el patrimonio y responsabilidades debidas. Además se habla de un Consejo Regional y de una Junta de Valoración de Bienes.

Una debilidad, congénita en el desarrollo legislativo español, es la posterior aplicación de la Ley, tanto con decretos que la deben desarrollar como los reglamentos que determinarán su aplicación. Duro trabajo de gestión tienen por delante los técnicos y legisladores ya que hay que desarrollar la elaboración del Catálogo e Inventario de Bienes del Patrimonio Cultural, la visita pública a dichos Bienes o su inclusión en el ámbito educativo reglado. Por último, se nota una cierta disfunción entre la exposición de motivos y la introducción de los Bienes de Interés Patrimonial y Elementos de Interés Patrimonial en la redacción del articulado, sospechando un ejercicio, tan habitual ahora en la enseñanza, de “corta y pega” que deberá ser corregido después del periodo de alegaciones.

 

CONVENTOS

Si me siguen los lectores, tras la propuesta de creación de un Seminario permanente sobre la restauración, rehabilitación, uso y difusión de nuestro patrimonio, comenzamos ahora a trazar políticas concretas de reflexión y debate que podrían vertebrar dicha cátedra o seminario. Y es sobre un tema muy complejo y no exento de dificultad a la hora de abordar posibles soluciones. Nos referimos al estado actual y futuro de los conventos toledanos. Unos complejos edificatorios que llegaron a ser medio centenar en la ciudad y que desamortizaciones, guerras y falta de vocaciones han ido menguando hasta poco más de la docena de centros conventuales históricos que quedan en nuestra ciudad.

Acertadamente dijo Gregorio Marañón que es una de las joyas menos conocidas de nuestro patrimonio y, a la vez, nos recuerda su nieto, un patrimonio inmaterial y espiritual inapreciable. Es por tanto, la vida conventual, el mejor “uso” que pueden tener estos cenobios, manteniendo su espíritu fundacional, su razón de ser y la mejor forma de mantener sus bienes muebles.

Pero he aquí que unos edificios pensados para contener 20, 50 o 200 religiosas y numerosas dependencias de servicio, con sus correspondientes rentas, ahora apenas logran retener en el mejor de los casos de media docena a veinte religiosas y una precariedad económica que en muchos casos deja asombrados a los que viven de cerca este tipo de vida conventual. Y los inmuebles se resienten en su mantenimiento, se introducen, a veces, actividades que perjudican su conservación, y los institutos religiosos buscan desesperadamente vías que les reporten recursos para la propia supervivencia de las religiosas en alquiler de espacios, musealización o venta de productos.

Urgen planes integrados, coordinación y asesoramiento a unas comunidades que lo que quieren es dedicarse a la vida contemplativa. La implicación de autoridades religiosas, civiles y académicas es fundamental para crear un modelo exportable a otras ciudades españolas donde el fenómeno se multiplica. Estamos hablando de casi un tercio de nuestro Casco Histórico y, sobre todo, de una tradición milenaria que debemos atender con sumo cuidado y urgencia.

 

SEMINARIO

No, no se asusten las autoridades eclesiásticas por el título de nuestra columna apaisada de hoy. No vamos a proponer la demolición de los seminarios conciliares, ni su incautación para uso social, deportivo o cultural. La acepción la tomamos para, cerrando el ciclo que nos propusimos sobre inmuebles abandonados en la ciudad, proponer la creación, en la Universidad de Castilla-La Mancha de un Seminario o Cátedra permanente sobre la restauración, rehabilitación de los inmuebles en la ciudad –fíjense que no nos ceñimos al Casco Histórico-, de sus usos y de su difusión. La Real Fundación de Toledo y Consorcio de la ciudad podrían incorporarse como entidades animadoras y patrocinadoras, persiguiendo los objetivos que le marca sus respectivos Reales Patronatos.

Un Seminario o cátedra donde se concrete el debate que la Facultad de Humanidades o donde su máster de Patrimonio vuelque todas sus reflexiones y experiencias, que fuese una proyección de su propia actividad académica e investigadora y que generase cursos, conferencias o seminarios específicos, de los cuáles ya se han realizado algunos sobre restauración o rehabilitación, pero que se extendería a cuestiones como los usos o la difusión –cultural o turística- del patrimonio.

Los temas, realmente, son enormes y variados: desde políticas de gestión e inversión en patrimonio, hasta usos económicos, culturales o sociales del mismo, hasta ejemplos concretos de tutela de inmuebles por las administraciones públicas o eclesiásticas, tratamiento de la labor arqueológica, restauradora y rehabilitadora.

Un tema importante, de calado y larga trayectoria, en el que debe implicarse la presidenta de nuestra Comunidad Autónoma como lo que es: una cuestión de estado, dejando que la Consejería de Educación, Cultura y Deporte como entidad garante de la conservación del Nuestro Patrimonio, dé cauce a esta iniciativa. Y es que Toledo, una de las mayores y mejores ciudades “patrimonio de la humanidad” de nuestro país, lo merece.

 

SAN JUAN DE DIOS

En esta tercera entrega sobre inmuebles con valor patrimonial abandonados a su suerte lo hacemos, siguiendo el ejemplo que nos propone Jesús Fuentes con Santa Fe -edificio cuyo estado ha sido denunciado repetidas veces por el que suscribe a lo largo de estos últimos años, al igual que la falta de un Museo de Arte contemporáneo para nuestra ciudad-, con el que cobijara hasta hace unos años la residencia de ancianos de la Diputación, el magnífico edificio de corte neoclásico de San Juan de Dios.

La política de la Diputación con respecto al patrimonio ha sido errática. Si el venerable hospital de Misericordia fue cruelmente malbaratado, complejos como el Hospital Provincial maltratado por las sucesivas ampliaciones, otros como el Hospital del Nuncio o el cementerio de monjas ha sufrido mejor suerte, o las dependencias que, alquiladas para usos de la institución provincial, rehabilitó con acierto en el monasterio de San Clemente.

Pero el desalojo, abandono y trato que está dando al que fuera complejo hospitalario de San Juan de Dios, posteriormente maternidad y por último residencia de ancianos, es lamentable. La connivencia en este asunto, como en otros muchos, de los dos partidos que se alternan en la corporación provincial por su falta de interés en su rehabilitación y posterior uso, hace que se vaya a sumar a esta desgraciada lista de inmuebles que vamos engrosando semana tras semana.

Ya propusimos la ampliación en este edificio –despojado de añadidos posteriores- de las dependencias del Museo Sefardí, creando una sub-sede de la Casa Sefarad en España. Sabemos que la crisis da para pocas alegrías, pero los fondos europeos para un proyecto de trascendencia intercultural e internacional, podría ser de ayuda para lograrlo. No tendría que mendigar el Museo Sefardí salón de actos para sus conferencias, cursos y seminarios, desahogaría a su biblioteca de espacio y podría ser un centro que dinamizase el turismo cultural, educativo y de calidad en nuestra ciudad, complemente el Museo Nacional y aglutinase un Centro de Estudios Hebreos.

Pero cometimos el error de no soplar la idea a algún político para su lucimiento, no interesa a los propios directores de la Casa Sefarad, ni ningún político local ve la oportunidad que supone para nuestra ciudad. En fin, un edificio maldito para un proyecto sin futuro.

 

TRANSPARENCIA

El 23 de Diciembre, cuando el actual gobierno regional comenzaba a transmitir, calculadamente, los gastos innecesarios que había realizado el anterior equipo, publicamos una columna titulada “Transparencia y participación”. Parece ser que la transparencia se ha convertido en uno de los nuevos hitos del gobierno de la nación que, esperemos, recoja y aplique nuestro gobierno regional.

El derecho a la publicidad de los actos de gobierno y a la información requerida, es fundamento del estado democrático. La informática permite hoy en día introducir en las páginas web, no sólo las convocatorias y concursos, sino también las agendas y actas de las reuniones públicas, los expedientes administrativos que interesan a la opinión pública o las cuentas de interés general. Bases de datos que cuanto más amplias y transparentes más invitarán a la participación y a la mejor gestión de la cosa pública, independientemente de las directrices que marque el gobierno legítimamente elegido.

Así, toda la información registrada [archivada], elaborada o recibida, y en posesión de las instituciones públicas debe ser publicitada, con la excepción y protección de datos personales. No es de recibo, por ejemplo, que se limite el acceso a documentos públicos, a la correspondencia mantenida con organismos de la extinta Consejería de Cultura o falten documentos en los archivos de la administración regional relativos a nuestro patrimonio.

Se debería crear un organismo independiente cuyo mandato incluya conocer los recursos de denegación de información, velar por la implementación de una Ley de transparencia y promocionar el derecho de acceso a la información, haciendo el nombramiento de su presidente el parlamento regional por mayoría. Dicha Ley debería incluir sanciones para los funcionarios que no cumplan con sus obligaciones de publicación de obligación o que no contesten a las solicitudes de información.

No es de recibo que el consejero de Educación, Cultura y Deportes, Marcial Marín, publicite un anteproyecto de una nueva Ley de Patrimonio, en la que dice que se van a constituir Consejos consultivos, invite a la participación ciudadana y, sin embargo, no divulgue dicho anteproyecto para, precisamente, lograr el concurso de cuantas gentes en esta región estamos dispuestas a aportar lo que creemos lo mejor para la conservación y divulgación de nuestro patrimonio.

 

PATRIMONIO ECLESIÁSTICO

La semana pasada hablábamos de los inmuebles, con valor patrimonial, que las instituciones “civiles” abandonaban a su destrucción o deterioro por dejación de sus responsabilidades de buen gobierno, tanto los que son de su propiedad o están bajo su tutela, que son todos los que están declarados B.I.C. o con algún nivel de protección patrimonial.
Hoy centraremos nuestra atención en aquellos de la Iglesia, cuya responsabilidad diluye en el entramado legal que enreda entre la titularidad de los inmuebles y la gestión de los mismos por cofradías, capellanías, conventos, monasterios, parroquias o diócesis. En todo caso, la colegiación eclesial entiende, cuando es preciso, de obediencia debida y corresponsabilidad moral.

Últimamente hemos asistido, con parabién, a la firma de un protocolo de financiación que permitirá la rehabilitación, tantas veces reclamada desde estas páginas, del antiguo Colegio de Infantes, cuyo destino será –según indicaciones de los titulares- el de exhibición de las ropas y tapices catedralicios. Hemos, no obstante, recordar al cabildo catedral que posee otros inmuebles de especial valor patrimonial que se encuentran descuidados de su conservación y uso, como el complejo eremítico de San Eugenio o los inmuebles de “obra y fábrica” que la catedral tiene repartidos por la ciudad, incluido la interesantísima, etnográficamente, casa de campanas.

Hay en la ciudad otros inmuebles infrautilizados que requerirían un convenio global para su rehabilitación, mantenimiento, e inclusión en circuitos de valoración patrimonial, ya fuese como monumentos visitables, museísticos, o cualquier otro uso que fuese compatible con su esporádica utilización como lugares de culto. Es el caso de la parroquia de la Magdalena, cerrada desde hace decenios, los templos de Santa Eulalia o San Lucas, casi desconocidos para los amantes del arte, o los espacios conventuales y monásticos que pueden perfectamente compatibilizar su visita con la clausura.

El tener unos bienes “atesorados” que no son de uso y disfrute del ciudadano, está en contra del espíritu de la Ley de Patrimonio y es, cuanto menos, inmoral si se analiza desde la óptica de la titular que hoy se arroga su propiedad y gestión.

 

    RESPONSABILIDADES

Este apartado se va pareciendo cada vez más a un ejercicio jaculatorio donde, periódicamente, se repite, como un mantra, aquello que cada alumno ha de repetir hasta haber eliminado de su memoria la irresponsabilidad, el sentimiento de culpa de no haber solucionado el problema como debiera.

Y es que cada vez se le acumulan a las instituciones más deberes por cumplir. Nos estamos refiriendo a aquellos inmuebles que se encuentran en eternas obras de reparación y acondicionamiento, y nunca salen de su letárgica existencia. Es el caso de las obras en el callejón de los Bécquer, el antiguo casino obrero, aspirante añoso a residencia de estudiantes. A cualquier vecino se le hubiera obligado a rehabilitar por ser edificio catalogado y solar insalubre en pleno Casco Histórico.

Es también el estado en el que se encuentra el Taller del Moro o el Museo de Arte Contemporáneo. Espacios museísticos que no esperamos ya que recuperen su antigua función, pero sí al menos que se les dé una utilidad cualquiera para facilitar su mantenimiento y se permita su visita al público, ya que ambos casos son edificios emblemáticos. De la misma forma el complejo de Santa Fe duerme en el sueño de los justos, edificios vacíos que se deterioran por falta de ocupación y uso.

Hace ya un año los servicios culturales de la Junta de Comunidades recibieron la petición formal para declarar Bien de Interés Cultural (B.I.C.) a las fábricas de Luz, batanes y molinos del río Tajo a su paso por Toledo. Y allí siguen, dejándose lamer por las fétidas aguas sus cada vez más deterioradas fábricas, sobre las han sobrevolado tantos y tantos planes “integrales” de recuperación y valorización del tan alabado pero denostado cauce.

Por no hablar de la inanición de las autoridades ante la ruina de tantos inmuebles que se caen por falta de denuncia pública, o rehabilitación forzosa y que únicamente servirán para que Jean Passini los utilice en sus acertadas publicaciones como ejemplo de lo que se dejó perder irremediablemente por desidia de unas administraciones que, por activa o por pasiva, deberían ser más diligentes en estos asuntos de nuestro patrimonio inmueble.

 

25 AÑOS DE ETNOGRAFÍA EN NUESTRA REGIÓN

Me sucede que, cada vez que viajo por el centro de la región, al atravesar la infinita llanura manchega, la mente se distrae en una y mil cuestiones pendientes en la cada vez más abultada mochila de la vida. Y en esta ocasión, volviendo a ver, como algo consustancial al paisaje, las construcciones de adobe ya apenas insinuadas en el horizonte, te da por pensar en lo efímeras que son las manifestaciones materiales del hombre.

Y recordé que hace ahora 25 años comenzamos una serie de entusiastas jóvenes a investigar, escribir y debatir sobre los trabajos etnográficos. Fundamos la Asociación regional de Etnología y, con mucha ambición recogimos datos y nos reunimos varias veces haciendo proyectos que resultaron imposibles por la tozudez de la entonces Consejería de Cultura que no creyó en ello. Año tras año, al haber sido el único presidente de aquella asociación que apenas duró un lustro, me atribuí la obligación de recordarle a las sucesivas titulares que desfilaron por la Consejería –todas del PSOE-, la necesidad de abordar esta asignatura pendiente. No se hizo mucho más que un Plan Estratégico nunca llevado a cabo.

Ahora, al cambiar el signo del gobierno regional, a través de estas líneas, vuelvo a recordar al consejero de Educación y Cultura que existe este patrimonio material e inmaterial que irremediablemente se pierde con la muerte de sus creadores, transmisores o con la modernidad destructora de vestigios del pasado. Arquitectura popular, artesanía, voces y palabras que en otro momento identificaron comarcas, tradiciones u oficios se extinguen en la memoria si no hay un plan sistemático de recopilación y conservación. Urge ahora más que nunca una política regional de coordinación en la investigación, musealización y divulgación de este rico patrimonio etnográfico. Y, créanme, no cuesta tanto, es, simplemente, tener la voluntad de ejecutarla.

 

PICOTRAZOS

De nuevo se agolpan asuntos menores que no por ello requieren una atención mayor, veamos, ahora en el formato apaisado, como repartimos lo que se diseñó como columna:
- El alcalde anuncia la instalación de una señalización urbana para el Casco Histórico en piedra. ¿será cartón-piedra, piedra granito o piedra artificial?. Es para ponerse a temblar, pasamos del diseño ultramoderno de Alberto Corazón al corazón de las tinieblas más oscuras de la caverna “información y turismo” franquista para un decorado que cada vez pretende ser más tramoya hollywoodense.

- Vemos como avanzan las obras del aparcamiento disuasorio de Arzaquiel, y nos preguntamos: ¿por qué no se diseñarán alcorques para, con árboles, recordar que fue una zona de huertas? ¿Por qué no se utiliza un cubierta más adecuada en color, textura y transpiración?. Seguimos con la cultura de rápido / barato y asfalto, repitiendo lo que ya se hizo en el que se proyectó como vivero de Safón: Grandes manchas de alquitrán en lo que fuera la vega toledana que resaltan en las vistas desde la ciudad. Ya redactado este pico-trazos, el grupo municipal de IU denunció este particular. Valga como subrayado.

- En este lado de la muralla observamos cómo el Paseo del Carmen, tras unos proyectos futuristas, sigue siendo un aparcadero de coches, basurero y zona degradada de la ciudad por excelencia, transmitiendo al visitante una imagen de desolación que no se merecen, ni ellos ni los propios vecinos de la ciudad.

- La Real Fundación de Toledo sigue firmando colaboraciones y patronazgos con grandes empresas españolas de la comunicación, la energía y los servicios urbanos. Nos preguntamos si, más que una aportación para desgravar impuestos o dar imagen de marca, sería oportuno exigirles que cumpliesen –con el Ayuntamiento capitalino- con la legislación vigente en materia de conservación del patrimonio cultural, es decir: soterrando cables y dando un servicio universal a los vecinos del Casco

 

PATRIMONIO RECIENTE

Terminó el ciclo de conferencias sobre cigarrales con una ponencia que actualiza lo que ya iniciara J.L. Isabel y B. Maquedano, prosiguiera con los trabajos dirigidos por R. Barroso desde la Universidad Complutense de Madrid, y culmina ahora con el proyecto que, patrocinado desde la Real Fundación de Toledo ha codirigido J. Carrobles y J. Morín: el estudio de restos, ya arqueológicos, de la Guerra Civil en lo que fue el Frente Sur del Tajo en los alrededores de la ciudad de Toledo.

Y se hizo con tanta brillantez como nos ha ido mostrando a lo largo del curso el valor cultural del paisaje del entorno toledano, y los monumentos, casi desconocidos de cigarrales como la Quinta Mirabal, verdadero tesoro para el Toledo Renacentista, o la riqueza arqueológica que nos ha deparado la labor arqueológica realizada en el cigarral de Menores.

Efectivamente, hemos visualizado, en la voz de J. Carrobles, el trabajo realizado durante tres años y que “Archivo Secreto” ya nos adelantó en su último número: el valor de esos restos, tanto por el “espesor” arqueológico de los mismos como por la labor investigadora llevada a cabo por el numeroso equipo multidisciplinar con el que han contado que han dado como resultado unos descubrimientos sorprendentes. Así, consultando fuentes de un bando y otro, alemanas o italianas, se ha documentado detalladamente lo que fueron las campañas, y batallas, que se libraron en torno a Toledo y que, han demostrado, decisivas para el devenir de la pasada Guerra Civil. Protagonismo histórico ensombrecido por el mito generado alrededor del sitio del Alcázar, olvidado debido a las numerosas bajas que ocasionó en el ejército vencedor, o por la precipitación que ocasionó el final de la Guerra que ocultó la que fue la última gran batalla de la misma.

Patrimonio, que como se reconocía en la ponencia, hay que valorizar y explicitarlo tanto en la normativa actual –carta arqueológica-, como en la futura –Renovación del Plan de Cigarrales-, motivo para una política de conservación y divulgación de dicho patrimonio que así enriquece aún más nutrido acervo capitalino.

 

GASTOS NECESARIOS

La columna publicada la semana pasada bajo el título “Transparencia” ha tenido amplio eco y una respuesta dispar según quién. Hay lectores que han aplaudido el texto señalando que sigue la línea habitual de crítica constructiva –desear lo mejor en la gestión del patrimonio cultural-, mientras que otros, más partidistas, lo atribuían a la ola de leña al árbol caído que se arroja sobre la tea ardiendo que el actual gobierno regional enciende contra su antecesor. Recordamos que tan criticada era la política de despilfarro y ocultación de datos de aquellos como la falta de oposición de estos últimos, en aquel momento. Oposición eficaz, tan necesaria entonces y ahora, como la del gobierno.

Es lamentable que se descubra que en su día se dio prioridad a la cultura-espectáculo o a infraestructuras que se proyectaron y ejecutaron siguiendo criterios arbitrarios o que se han demostrado que no respondían a una demanda real. Y más aún lo es el saber que se gastó por encima de lo necesario, dejando un lastre que, en época de crisis económica generalizada, es una larga cadena que nos sujeta en la inanición presupuestaria.

Y es que queda mucho por hacer, lo que demuestra que no se hizo en su momento, cuando había más recursos. La carta arqueológica está sin terminar, como también lo está el inventario de bienes muebles de nuestra región. El Centro regional de Restauración tiene largas listas de espera –en algo que, aunque es un pozo sin fondo, es necesario y urgente-, mientras que los inventarios y catálogos de los museos provinciales, o no están accesibles, no se han publicado o mucho menos, digitalizado. Museos, Archivos y Bibliotecas tienen la plantilla –transferida en su día con su dotación correspondiente- sin completar, o en su aspecto material están sin ejecutar los proyectos museísticos, o como en el Archivo Provincial de Toledo, mantiene la mitad de sus instalaciones inutilizadas a falta de su habilitación y restauración. Tampoco la falta de eficacia en la gestión va a la zaga a falta por actualizar los marcos normativos que regulan la gestión del patrimonio, o de los elementos ya declarados B.I.C.

Inversión y gestión de lo más básico, necesario y urgente que puede servir a los actuales gestores de nuestro patrimonio para establecer prioridades y no repetir errores del pasado. 

 

TRANSPARENCIA

En esta mirada retrospectiva a la que nos obliga la apertura de cajones en la administración regional, nos fuerza a realizar, también, un análisis de lo que fue y lo que debe ser la política cultural en la región.

Los análisis que en su día pudimos hacer sobre las millonarias inversiones en la “ruta de D. Quijote”, en el montaje de determinadas exposiciones o de singulares fastos conmemorativos, quedan así en el aire, incompletas, por la falta de suficiente información, que se vierte ahora, en parte, para justificar la atonía de la actual administración.

Sabemos por los papeles desempolvados que se gastaron sumas importantes en proyectos que respondían a caprichos particulares, intereses determinados, espectáculos que se consumían en sí mismos, ahondando mucho más en la percepción que entonces teníamos de despilfarro, improvisación o de gasto desproporcionado. No se realizaban así gastos que considerábamos necesarios o urgentes, proyectos interesantes, más concretos y modestos que las cifras que ahora se barajan. No se respaldaban trabajos de gentes más modestas, proyectos concretos muy interesantes que se quedaron en el tintero, inversiones en infraestructuras o políticas más sólidas no tan vistosas pero que hubieran perdurado en el tiempo.

No basta ahora decir desde el partido que entonces gobernaba que las cuentas son correctas. A la pésima gestión política del amiguismo, el disimulo, se añade la inmoralidad en la ocultación de datos y, ahora, la amargura del engaño y la rabia por el tiempo perdido en una región en la que si algo sobra es pobreza y atraso.

El actual partido de gobierno también debería haber hecho autocrítica al no haber actuado entonces diligentemente en la oposición, exigiendo cuentas, analizando expedientes, exigiendo al tribunal de cuentas los datos oportunos.

La transparencia en la gestión es más urgente que nunca, para que el juego político sea limpio y eficaz, y para que los ciudadanos tengamos una percepción de la realidad más justa.

 

PROPÓSITOS

Después de seis meses de reflexión, el titular de la Consejería de Educación y Cultura nos ha sorprendido con anuncios que han logrado titulares en la prensa local: la propuesta de un Plan de Vega Baja y la redacción de una nueva Ley de Patrimonio de Castilla-La Mancha.

Sin saber exactamente aún el contenido de dichos proyectos, la polémica ha surgido al informar del primer asunto a los representantes locales del partido en el gobierno antes que a los órganos colegiados que tutelan dicho espacio arqueológico. En principio bien está que salgamos del punto muerto en el que están los trabajos de la Vega, donde hasta el momento ha reinado bastante confusión debido a los cambios de gestión, intromisiones urbanísticas, proyectos ambiguos, auténticos despropósitos, y, sobre todo, falta de coherencia y ambición ante un asunto de tanta envergadura.

Con respecto a la anunciada Ley de Patrimonio, aunque tarde, bienvenida sea, siquiera para poner al día la actual normativa y concretar mejor los objetivos e instrumentos para llevar a cabo una mejor política de conservación y divulgación de nuestro patrimonio cultural. A lo largo de estos años hemos insistido en la necesidad de penalizar ciertas prácticas delictivas, en especial el uso de los detectores de metales, concretar los criterios de valoración y calificación de bienes protegidos, especificar los campos de gestión, ya sea la arqueología, la etnografía, los museos o los bienes inmateriales, así como la clara delimitación competencial, la nítida exposición de las penas impuestas por su infracción y la necesidad de garantizar la gestión de los bienes culturales mediante planes de actuación.

Y, sobre todo avanzar en los procedimientos. Urge la creación de órganos consultivos que alejen las decisiones políticas de la improvisación, la parcialidad o la falta de consenso en materias tan delicadas, órganos que, una vez publicada la Ley, velen por su cumplimiento y, en su caso, colaboren en la redacción de los tan deseados Planes de actuación para desarrollar, lo mejor posible, dicho marco normativo.

 

PAISAJES CULTURALES

Ha comenzado el interesantísimo ciclo dedicado por la Real Fundación de Toledo al paisaje cultural que crean los Cigarrales con una elaborada y sugerente conferencia sobre la aportación que la labor arqueológica ofrece en la interpretación de estos espacios únicos y que completa aún más, si cabe, el rico acerbo patrimonial de nuestra ciudad.

No sólo hace Jesús Carrobles una revisión del método de trabajo para abordar un análisis tan complejo como es el de un paisaje cultural en el entorno de la ciudad monumental de Toledo, sino que da una sólida base argumental para modificar la legislación proteccionista sobre este espacio que últimamente está sometido a una brutal presión especulativa.

Una iniciativa de la Real Fundación de Toledo que viene dada, en gran parte, por la vinculación que Gregorio Marañon tiene con la ciudad a través del Cigarral de Menores, y que se manifiesta no sólo en este encargo, sino en la puesta a disposición del propio cigarral para realizar estudios arqueológicos y paisajísticos.

Tras la exhaustiva puesta al día del estado de la cuestión que va a suponer este ciclo de conferencias no sólo hay que revisar la política de declaraciones de B.I.C. para algún cigarral histórico más, sino que, como indicaba el conferenciante, hace necesario replantearse el límite que actualmente tiene el área de proyección de este paisaje singular, límites, que como evidenciaba la propia ponencia, son tan imprecisos como cambiante ha sido el uso del contorno de la ciudad.

Es una lástima que los límites del estudio estén marcados por el Plan Especial adjudicado a parte de este rico paisaje, por la salvedad que los terrenos que utiliza el Ministerio de Defensa impone a la actual ley de Patrimonio o por el propio planeamiento de crecimiento urbano que condena a la destrucción de grandes espacios. El estudio del paisaje, y la valoración que resultare de unos trabajos que han de ser más amplios y exhaustivos han de incorporarse a futuras revisiones del planeamiento urbano y periurbano, de la ciudad y a una proyección más ambiciosa de este paisaje que, como se ha repetido aquí, es algo más que un decorado para la ciudad, convirtiéndose en un complemento indispensable para su interpretación y valoración.

Y, al igual que se nos descubre un pasado mucho más rico y unos restos arqueológicos y paisajísticos de gran valor cultural en estos predios, procúrese idéntico ahínco sobre las Vegas y en ese sugerente espacio que, ya intermitente, nos llega desde la Sagra hasta el borde de nuestra ciudad.