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  En PUNTOS DE VISTA... Carmen Pérez

 
 

UNA VENTANA ABIERTA

Carmen Pérez

 

EL GRAN MILAGRO

Primero una aclaración para que se vea claro al gran milagro a que me refiero

 Me ayuda Lewis con su libro Los Milagros del que ya hemos hablado en alguna ocasión. Expone de manera magnífica que el milagro central establecido por el cristianismo es la Encarnación con la que Dios se hace hombre. Cualquier otro milagro prepara el camino a la Encarnación o es su consecuencia.  Nos muestra que el cristiano no sólo debe aceptar los milagros, sino regocijarse en ellos como el testimonio del compromiso del Dios personal y único con su creación.  El que haya leído al profesor Lewis conoce su claridad y lucidez, tanto de pensamiento, como de razonamiento. Desafía a racionalistas, agnósticos, deístas y escépticos en su mismo campo, y establece los fundamentos para demostrar la irracionalidad de sus presupuestos.

Si lo pensamos, los tres grandes milagros a los que nos abrimos o nos enfrentamos de inmediato son el hecho de la Creación,  el de la Encarnación, y  el de la Resurrección. Y es fácil entender lo que nos dice Lewis de que todo prepara el camino a la Encarnación o es su consecuencia. ¿Quién es el ser humano para trazar la línea a Dios de lo que Le es posible o imposible hacer? ¿Que ser humano puede tener atado y bien atado el poder Dios, el amor de Dios, la grandeza de Dios, la misericordia de Dios, la paciencia de Dios? 

Pero yo estoy pensando en el gran milagro que es la conversión humana. ¿No es el gran milagro, el milagro por antonomasia no que Dios haga lo que quiere el hombre, sino que el hombre, con su libertad, haga lo que quiere Dios? ¿Cuando Dios realiza lo que llamamos milagro, de la índole que sea, no está en la raíz la conversión del corazón? Cada vez más hemos de penetrar en las palabras de Jesucristo: ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir  “tus pecados están perdonados”, o decir “levántate y anda” ?

 Mi conversión. La conversión del corazón. Cuando en el interior sentimos lo que sentimos ante personas  que creemos nos han hecho daño, ante personas que no nos gustan sus juicios sobre nosotros, y a ellas tampoco les gustarían nuestros juicios, la conversión, la limpieza de corazón es el gran milagro. Y en realidad eso es lo que Dios con su “milagro central” quiere de nosotros. Ese es el milagro que realmente cada uno cada uno necesita. Buscad el reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura.

Me ha hecho mucha impresión la frase de Jesús en el Evangelio de Lucas cuando está advirtiendo de manera fuerte a fariseos y escribas: Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo. Dad limosna, dad lo que se da a cambio de nada. Limosna es dar lo que es bueno para el otro, lo que el otro necesita y de manera gratuita. Esto es entrar en la dinámica de Jesucristo, el amor. Y lo tendremos limpio todo. Es la constante llamada de Jesús al gran milagro que nos puede acontecer en la vida: la conversión del corazón,  la limpieza de corazón en nuestras relaciones y actuaciones. Y lo de siempre,  no está nuestro mal en lo que nos viene de fuera, sea los que sea, injurias, incomprensiones, daños, sufrimientos, sino en nuestro interior. “Con todo, dad limosna de lo que hay dentro y lo tendréis limpio todo”.  La raíz de todos nuestros problemas, de todas nuestras tristezas, está en nosotros mismos.

En el libro de Jose María Cabodevilla La Jirafa tiene las ideas muy elevadas, uno de los monólogos de Javier Montesinos Olcoz, el viajero del tren en el trayecto de Madrid-Barcelona, está centrado en torno a “el milagro”. Y una reflexión suya es:  la esposa de un jubilado en situación económica nada brillante, que no puede permitirse ningún gasto extraordinario, ha decidido peregrinar a Lourdes en busca de salud. Un día antes de partir, renuncia al viaje por amor a su marido ¿no es esto un verdadero milagro? ¿Qué es mayor milagro que un enfermo sepa con fe, y hasta con alegría, aceptar su dolencia o ser curado milagrosamente?

Por cierto cuenta algo graciosísimo. En una oficina de correos de Valencia se recibió una carta con este destinatario: “S. Antonio de Padua en el Cielo”. Y no se sabe bien si por curiosidad o por ver si había más detalles sobre lo que se quería, el empleado de turno decidió abrir el sobre. La carta venía firmada por un obrero en paro, el cual pedía al santo 10.000 pesetas que necesitaba urgentemente. Allí mismo los empleados de correos hicieron una colecta y recogieron 8. 000 pesetas que acto seguido fueron enviadas al remitente. Días más tarde llegó otra carta con la misma dirección y la misma firma, decía: S. Antonio bendito, ya sabía que tu me ayudarías, pero ten cuidado otra vez que te pidan dinero, porque en Correos se han quedado con 2.000 pesetas de las 10.000 que me enviaste” Tengo que acabar ¡la de cosas que podríamos comentar del milagro que hizo S. Antonio por delegación¡

Vuelvo al inicio, a lo que es la raíz de todo en mi vida: el gran milagro es que yo me convierta, que quiera a los que no me quieren, que ame a mis enemigos y ore por los que me persiguen y calumnian, que no haga frente a los que me agravian. Al contrario si uno me azota en la mejilla derecha, que le presente la izquierda…Sí, son las palabras de Jesucristo: el habéis oído  que se dice…pero Yo os digo.

¿Cada uno sabe cuál es el gran milagro en su vida?   Otra vez las palabras de Jesucristo, que Dios quiera empiece a vislumbrar: con todo, dad limosna de lo que hay dentro y lo tendréis limpio todo.